DELFÍN PRATS


Canción georgiana
 
la vodka rubia me recuerda
los cabellos de Kolia sus manos
largas como espigas de trigo
su corteza de roble o abedul
 
el vino blanco de Georgia
el nombre tuyo mi danza
en las montañas el cuerpo
de tamara girando entre las sombras
del Kurá y las aguas sexuales de Borjomi
 
el vino oscuro de Georgia toda
la magia de tu piel tus ojos
abiertos como pozos tus manos
como negras sábanas de espanto
y el monte de tu sexo
 
(este abismo te sabe te conoce
por él te has deslizado y te resiste
de pie como un demonio)
 
(esta taberna te recuerda
aquel bar te palpó
en el fermento de las botellas agrias)
 
que sea tan breve la embriaguez
que sintamos la sed al despertar
y despertando oigamos
la sentencia brutal del tabernero:
“no hay un licor que ahogue los deseos”
 

Animal extraño
 
un animal extraño me visita
sin anunciar su inesperado arribo
abre la puerta callado se desliza
por entre los objetos oscuros de mi cuarto
hasta alcanzar su sitio en el armario
entonces vuelve hasta mí su rostro
y se establece nuestro impasible juego
este animal conoce mis secretos ha visto
bajo mi piel segregaciones semejantes a su 
orina ha sentido mi aliento abominable y en 
mis masturbaciones se ha estremecido un 
tanto también poseso del deseo él está 
hecho para andar por mí aún donde 
                                     yo mismo me ignoro
evidenciando mis temores y mis aspiraciones
este animal era temible antes era un niño
malcriado una criatura hostil que despertaba
mi sueño en altas horas y en el cuarto contiguo
como para un concierto indeseable
el amor afinaba sus sordos instrumentos
ahora es distinto ese animal es todo para mí
es el amor el trago la costumbre que nos amamanta
el sitio predilecto un viejo amigo
que sabe su deber: un animal extraño
que siempre me visita y me sorprende
 

Lenguaje de mudos
 
siempre nosotros apresurados vistiéndonos a tientas
acariciando nuestra piel adentrándonos en nuestra
temible verdad
afeitándonos comiendo calculando las fechas
la proximidad del año nuevo
un posible viaje a Varadero con los amigos
atemorizados frente al espejo vacío
ante la posibilidad de que alguien nos sorprenda
(deseando dolorosamente que alguien nos sorprenda)
en esta batalla sin tregua contra la adolescencia que nos
abandona
 
(cómplices también de los adolescentes
apañadores a toda prueba de sus intenciones más subversivas
en la clandestinidad evidente de sus melenas
—dejando crecer también nuestros cabellos—
amigos hasta la saciedad de sus señas de sus discursos
       entre dedos
 
mirándonos en el azul sin condición de sus camisas
en la presencia de sus collares de santajuana
y de sus amuletos de madera pulimentada y cáscara 
de coco identificándonos con ellos) dejamos escapar nuestros 
discursos nuestras interminables sentencias que no repetirán
parapetados tras el único lenguaje posible por ahora:
la elocuencia aprendida de los gestos
la frustración a simple vista de sus maneras y sus posturas
importadas lenguaje de mudos que no les pertenece
siempre nosotros tomando el ómnibus atravesando la ciudad
            y el miedo atravesando la ciudad y el miedo
nuestros pulmones llenos de nicotina
                  frotando con cera nuestro rostro
como si no fuera posible demorarse un poco más en el baño
continuar la lectura del libro que interrumpimos anoche
               escribir a la madre
 
intentar la restauración de las relaciones con los viejos
amigos siempre nosotros apeándonos en la misma 
parada de siempre volviendo el rostro para cerciorarnos 
de que nadie nos sigue —siempre volviendo el rostro— 
presas del temor de echar a andar marchamos libres 
bajo la noche de flancos impenetrables de manos arañadas 
sintiendo esa mitad de todas las cosas apretarse contra
nuestra piel esa dura porción de ti mismo que adviertes en los otros
la desesperación la soledad como una espada resplandeciente
                           en medio de los ojos
para ser el saludo que nos reconforta
la canción que asciende inadvertidamente hasta los labios:
                    el semejante
 
(Lenguaje de mudos, 1968)

 
DP en el documental presentado en el 18 Festival Internacional de Cine de Gibara. (Foto: Tomada de web oficial de FICGibara)

***
 
siempre estuvo el agua o su recuerdo
 
siempre hubo alguien entre tú y yo
siempre hubo algo poderoso intercediendo
siempre estuvo el agua o su recuerdo
o una presión suavísima de telas
colaborando sumisa clandestinamente
a nuestro placer
 
 
El fuego todo el fuego
 
debías venir
debías erguirte de las furiosas soledades de la tierra
espiga al viento espada
contra el vacío físico de las cosas
 
debías alzarte de la yerba
que invade los rincones
que ayer habitamos
y que quedaron despoblados
 
confiarte
entregarte
separar mis afectos
de todas las cosas que yo quise y quiero
—a la fuerza si fuera necesario—
desbaratar
violar
aniquilar
extinguir
—si fuera necesario—
el fuego todo el fuego
con el que se dice que serán borrados
de la faz de esta tierra
nuestros cuerpos
 
 
Pero en el viento su rumor llegaba
 
ámala pero ámala
como si todo hubiese concluido y pasado
como si desde el futuro más remoto
recordaras el vino de tus mejores años
el verano de mil novecientos ochenta
el catorce de abril
cuando fue tuya
en un hotel cercano del mar
cuyas ventanas no daban al mar
pero en el viento su rumor llegaba
y ella venía a ti como una ola
muriendo a las orillas de tu cuerpo


No vuelvas a los lugares donde fuiste feliz
 
no vuelvas a los lugares donde fuiste feliz
[a la isla que con él recorriste
como Adriano los dominios de su imperio
con el muchacho de Bitinia]
(ese mar de las arenas negras
donde sus ojos se abrieron al asombro
fue sólo una invención de tu nostalgia)
 
extraviado en medio de la noche
no puedes recordar
has perdido los senderos del sueño
y despiertas buscándolo en el ocio
y el juego de los soldados y su lengua
extraña a tus oídos había sido para él
un descubrimiento en ese día hecho
para crecer en la memoria de ambos
como las montañas que entonces los rodearon
 
di adiós a los paisajes donde fuiste feliz
vive la plenitud de la soledad
en el primer instante
en que asumes la separación
como si ya su estatua
en ti elevada por el amor
para la eternidad fuera esculpida
contra el cielo de aquella isla
contra sus ojos más grandes
y más pavorosos que el silencio
 

Entre la multitud de las armas
 
también yo
                      he buscado
                                             el placer
en cuerpos como el tuyo
                                               y ante ti
        por primera vez
me dije:
“nada la diferencia de las otras”
aunque
              un aire extraño
                                     una leve llama
              en tus ojos
                                     me advirtió
aún entonces
                         que tú eras
                                              un universo
                                                                    cerrado
que en tus vastos espacios
los potros salvajes
                        eran acosados
                                       por el viento
y el sol
              rompía
                            sobre las rocas
                                                        desoladas
eso me dijo
                     tu rostro
antes de que tus labios se abrieran
                                     mucho antes
aquella noche
                          ¡cuántas estrellas
que no vimos
                          porque la ciudad
                          las cegaba!
 
                               y luego
                    tus manos
                                abrieron los caminos
hacia tu espacio verdadero
me aproximé
                al borde del abismo
                              lentamente:
                un castillo
de altas puertas cerradas
               y adentro
                                      oscuridad
había un olor
                        a flores
              intactas
que se secaban
                      se escuchaba
el cuchicheo
                   de muchas voces
                   un ejército
confuso
entre la multitud de las armas
lejos
             muy lejos
yo estaba extraviado
                        en ese país extraviado
y no conocía
                   el camino
de regreso
 
(Para festejar el ascenso de Ícaro, (1987)

 
Delfín Prats / Facebook de DP

***
 
El esplendor y el caos
 
I
 
el amoroso cuerpo trascendido
se da a la medianoche no a las manos
que dan al viaje sus alcoholes
 
Anubis pesa el corazón del amante
 
La trascendencia está en la pulpa de la noche
en el fruto que al nombre amado otorga sus vocales
nuevo sol        sin vínculos
con las figuras del desfiladero
 
II
 
las cosas tienen una sombra amarga       un doble
del otro lado del espejo
el lago es un campo brumoso
donde cabalga un sólo jinete con tu cara
humo de las noches de Imir
misterio de tu cercanía
hasta que llegue la estación de las brisas felices
el cuerpo en sus juegos, inocente, se explica
misterioso es el rostro
del otro lado de la luna
(el jinete)
 
III
 
voy a entonar cantos
puras canciones de la luz del aire
hermosas canciones que comienzan con tu nombre
y terminan con tu nombre
(rey en tablero de Orfeo)
tu cuerpo fresno de Igdrasil
tu boca apta para evocar
nombres antiguos y sagrados
tus ojos círculos
donde la luz y la sombra combaten
hasta extenuarse
y acuerdan finalmente tablas
 
voy a entonar esos cantos
pero también los otros
los que tratan
del juego de los gladiadores en la Estigia
cantos oscuros
que pueden sacar de sus órbitas
a tus astros regentes en el país de Osiris
 
IV
 
los paisajes se abrían ante nuestra vista
como ecuaciones que plantearan idéntica incógnita
sus signos más puros entre el agua
que presagiaba cálidos itinerarios
y la tierra cargada de premoniciones
en los paisajes líquidos
bajo las lunas múltiples de las bujías
—el lago            Playa Blanca            Regla—
la boca amada no pronunció nombres de dioses
cuerpo del verano extendido a la manera de un Fénix
que reiterara en los distritos de tu piel
las ardientes connotaciones de Acuario
ahora es el momento de la expiación y estoy solo
lleno con el esplendor y el caos de los días
de los mismos labios proceden las afirmaciones y las negativas
de los mismos gestos la aceptación y el rechazo
de las mismas miradas la lira y el amoroso acento
del mismo cuerpo el esplendor y el caos
 
(El esplendor y el caos, 1991)
 
***
 
Erinias
 
solas
en su cubículo de espanto
                                         las erinias
sienten el paso del huracán
y no se sobresaltan
no las desconcierta
                                         tampoco
la bonanza           el trueno
es a sus oídos
como las canciones del hit-parade
para las secretarias
                                       y la ciudad
un tablero
donde disponen a mansalva
damas
           torres
                     alfiles
                                y peones
las erinias son grandes depredadoras
de lo sublime          en esto
su capacidad de deglución
es proverbial
                             asombra
la acometividad de las barbudas
y de las grandes erinias
de talla nacional
                        en extremo agresivas
las etíopes            las lampiñas
                en cambio
son de una tenacidad admirable
               en la virtud
y —fuerza es reconocerlo—
platónicas
                 en sus afectos
dignos ejemplos a imitar
 
suelen hacer alarde de la gracia
y en los festines y sabbats -160 -
inscriben nuestras señas
en tarjetas que luego
delicada y minuciosamente
                        reparten
 
viajan
acompañadas por sus fieles
en viejos carromatos
por sinuosos caminos
y cuando ven el mar
unas dicen: “la meer”
otras: “the seeea”
y las terceras
                    asumen
una actitud distante
                     y silenciosa
¿verdad que son divinas
las erinias?
 
 
Poeta florentino del quatroccento
 
tengo abiertas las puertas de los grandes palacios
toda la ciudad habla de mí
(aunque me reprochan excederme en el vino)
Lorenzo el Magnífico me acepta
entro y salgo del palacio de Lucrecia Borgia
cuando me viene en gana
en las paredes de mi cuarto cuelgan
cuadros auténticos de Miguel Ángel de Leonardo
poseo incluso una reproducción soberbia
de la primavera de Boticelli         mi obra preferida
los grandes señores me confían la educación de sus hijos
soy su preceptor y ellos me aceptan
y embobecidos escuchan mis discursos sobre Diotima
Plotino la biblioteca que ardió en Alejandría
y sin embargo         oh Pallas
estoy muy lejos de la felicidad
estoy lejos de Dios
 
Foto: Leandro Estupiñán.


De Catulo de Verona
 
no tomes demasiado en serio al bello niño
con el cual desafías la vigilancia de los sacerdotes
brevemente pasa la dicha que el amor da
como la brisa que desde el mar
ayer desordenaba sus cabellos
pasa la dicha
vive el instante
pero nada de él se irá contigo
el poder de los antiguos césares con ellos pereció
es sólo un relato que te entretenía
al leer las crónicas de Tácito
y los retratos de Suetonio
no tomes demasiado en serio al bello niño
no te inclines ante otro credo
como no sean tus más íntimos principios
contempla el mar y junto a él
considera su belleza antigua
contempla el mar
y mira cómo se pierden de tu vista
el bello niño el sacerdote y el César
 
 
contra los filisteos
 
ávida     inocentemente     el niño
tiende los brazos hacia el árbol
(soy el oscuro personaje tras las rejas
como custodio del cerezo
y de las cañas que una vez
sembré para burlar el ocio
saludo la mañana de diciembre)
 
la primavera es una frágil
mano que amaga tras los días
 
diciembre y mi corazón cargado de sosiego
toda una noche hablando de David
y bebiendo cerveza
ávida     inocentemente      el niño
tiende hacia mí sus brazos
soy su trampolín hacia la fruta
y mañana        si duramos
su camarada en la batalla
contra los filisteos
 
(Abrirse las constelaciones, 1994)
 
***
 
Yo me acurruco debajo de tus piernas para buscar un calor 
de remotas constelaciones e íntimo rescoldo a la vez / Y tú 
me ciñes la espalda con toda la fuerza de tu edad / y mis 
labios recorren por primera vez tu cuello / Después conocerían 
otros sitios tuyos / profundos / limpios / fluyendo en veladas 
transparencias / pero ahora disfrutaba de esos simples paisajes 
del cuello / abriéndose a lívidas irisaciones de arena.
 
§
 
Pero el que ama está siempre como a la espera de una transmutación 
gloriosa / el momento en el que el cuerpo amado cede se derrumba y
cae / se eleva sobre las ruinas de minutos / sobre el polvo de esos
pasadizos que en sueños hemos imaginado sin salida / La vida
dispone su mantel que arde y tirita / su luminosa tarde va subiendo
hacia una noche / que trenza a la postre / las nuevas espirales que 
conforman la espera del nuevo día.
 
(Striptease y eclipse del alma, 2006)
 
***
 
Lento y difuso
 
Lento y difuso es el horror del raudo mensajero que llega
con el alba.
Los espantos del día han terminado o van a terminar.
El débil apoyo de la madre en las formas pesadas
de una casa que no nos pertenece es excesivo.
Excesivo su apego a esas diminutas excrecencias que agobian.
Ni tú ni yo nos detenemos en estas encrucijadas
como un gorrión eres lo pasajero permanente.
Tus manos son tibias niño mío.
Estás extendido en un recorrido que abarca mi vida y la sobrepasa.
Es el cielo nocturno que no reconocemos en las hilachas de luz
que configuran la casa oscura.
Certero pórtico a una última mansión
que no compartiremos. Porque llegamos tarde.
El tropel de las cosas que nos abruman con su oficio experto
en recordarnos que todo es humo sueño noticias de la nada
de las infinitas nadas que constituyen lo que llamamos realidad.
El lento difuso horror de los objetos que están que son
y que creemos nos pertenecen.
Hombres mujeres niños: rincones o espacios vacíos de aquella
dimensión
que más ebria que nunca llegaba con el alba
con el amanecer que el gato cortejaba.
Helo entre mis brazos, dichoso entonces
acariciando un sueño de ratones altas ramas de árbol.
Lentas y difusas las nada apacibles bestias del vacío
se apoderan del aire inmemorial.
My inmortal, my cat.
Y caigo y me derrumbo e intento cantar
una canción que traiga entre sus líneas la blanda difusa claridad
que seguirá llegando con el alba.
 
 
la sombra de una mujer que amó
 
Yo soy la sombra de una mujer que amó.
Voy a decir del mar de los lirios crecidos a su diestra
del más perfumado lirio cargado con los roncos estrépitos
del mar y su apetencia inmemorial
en los costados de la casa fluyente.
Se desenredaba o fingía desenredarse en el crepúsculo
y la noche inminente iba a traernos otra vez el mensaje cotidiano
de esas ambivalentes expansiones sus bruscos desenlaces.
Porque allí de seguro había
islas abruptas que nada o casi nada entendían
del raudo mensajero que llega con el alba.
De otro modo cómo ibas a sacar las fuerzas necesarias
para seguir los mensajes insignificantes y enormes de la madrugada
de la marisma y de las costas que derivaban hacia la noche cierta.
Y más allá la sombra
en los portales súbitos toscos en la memoria
escarcha de las costas en pesados manglares
de la apacible historia.
Lo no visto era entonces percibido: senos
de una prudente obscenidad caderas de renacentista blancura
y aquello lo que a duras penas podríamos nombrar:
La puerta de la hembra misteriosa
que es la raíz del cielo y de la tierra.
Y la música que venía con la noche
o emergía de lo hondo de la venteada casa
en cuyos costados
una dimensión más ancha del mar más extrema e incontrolable
golpeaba batía galpones amurallados formaba colinas
de los que fueron setos de los que fueron árboles
que un último huracán desarraigó.
Árboles y memorias de árboles de finísimas hojas
que hablaban de ecuadores inmensos y frías cisternas.
Una mujer que amó ella misma era el mar
y la aventura de surcarlo.
Amamos y supimos
que más allá de este breve episodio había una isla habitada
por Circe
y la Gorgona.
 
Pero en casa en ciudad en provincia en isla
en azoteas barridas por las últimas depredaciones
de una naturaleza empeñada en borrarnos
ella ve o cree ver: tú viste o creíste ver
esa sombra grandiosa: la sombra de una mujer
que en un tiempo fue casa cielo la reincidencia de las madres
puntuales en la memoria activa
una imagen mariana
materna también como las otras ya rendidas
que duermen en praderas de asfódelos
convocabas la música sonora la soledad poblada
por esa dimensión de lo prohibido: el no res.
Oyes o creímos oír la llamada del mar.
Atiéndelo escúchalo
ese mar está reclamando a la mujer que amamos
y que somos los dos.
 
 
Velas
 
Velas
pero tu corazón pernocta en las avenidas fulgurantes.
Tú estableces ese discurso bárbaro entre los dos.
Lento y difuso el blando horror que llega con el alba
tú lo suplantas.
Eres tú el que entras.
Placidez de una infancia gastada en menudencias
tomo distancias para acercarme a ti
y los misterios de un cuerpo joven se difuminan en silencios
o se complican en palabras.
Una melodía de gastados contornos es suplantada de pronto
por furiosas descargas
solos tú y yo y la música. Y vibrar.
Hábitos     condicionamientos    un minuto que cursa y deteriora
que desfigura los más abruptos promontorios
son atropellados por estos aluviones.
El espacio va y viene
vienes y vas en el espacio que fluye
en lugares donde la luz chorrea
navego rápido desde mis últimos límites
hasta el centro donde estoy prisionero de mí mismo.
Soy Whitman    Borges    Catulo    Cavafis.
Y otra vez yo mismo. Tú duermes y yo escribo, se dijo.
Decir hermoso no da una idea de ti.
Extenso      vasto       inexplicable.
En la prolija confusión de la noche
tú estás despierto o duermes.
Vienes y vas.
Soy yo el prisionero del brevísimo sueño
de esta vida sin asideros.
 
(Aguas, 2010)
 
***
 
Evadida
 
Evadida, tu piel sigue su rumbo
en una dimensión a la que ya no accedo.
La incertidumbre que eres tendrá que reaparecer
entre desconocidos
qué va a ser de nosotros ahora que los lívidos jirones
del viento en los aleros no reconocen el calor
de tu piel contra los viejos roquedales.
Supremo instante infinita ternura en las manos que detenidas
o acariciando absorben
esa energía que viene de no sé qué latitudes
codificadas en el deseo que padece la especie,
la cercanía del rostro los olores del pelo el aliento.
Plaza en ruinas estorbo de la belleza
tendré que salir a proclamar mi angustia
rasgar el velo del corazón y ofrecer la virginidad del espíritu
como los místicos que padecieron el cuerpo como obstáculo.
Así reconozco la desmesura que me amenaza desde ti
en esa diminuta porción que das al ofrecerte.
Mi microcosmos mi arquetipo
Ah que escapes ah que se expandan
irreversibles y difíciles
entre tu piel y mis manos los mundos y las sombras.
 
 
Cavas
 
                                             Cavas dentro de tus palabras
                                              sin dar con la canción
                                                                     Salvador Espriu
 
En lenguajes ancestrales cavo:
no doy con la canción.
 
Son las formas sin refugio del verso:
ni con el mar ni con el fuego doy.
 
En el espacio, en las esferas consteladas:
no doy con la canción.
 
Ni la brisa ni la menuda lluvia
vienen a socorrer esto que soy.
Tu piel se evade
hacia otras certitudes.
No doy con la canción que contuviera
tus preciadas ausencias
y tu estar me restituye
a otro sentir a otra forma
de ver y padecer lugares y palabras.
 
Los predios
familiares bajo el ventarrón,
antesalas de mayo,
han de hacerse visibles para formar
en sucesivas apariciones
los contornos abstractos.
 
Ni la palabra madre ni la palabra patria
en vastas comparecencias bajo la llovizna
habrán de socavar la incertidumbre
que me devuelve al nombre del vacío.
En el vacío en lo definitivamente desierto:
el nombre del no-res.
 
(Los mundos y las sombras, 2011)
 
Delfín Prats en su casa

***
 
Islas Gilbert
 
I
 
Islas Gilbert: el descreer
O mejor: el no surgir el deseo de amamantar 
Ídolo además del pueril silencio
Y el labio está yendo por los dos frutos maduros en sazón
Estupefacto ante la maravilla del bosque rotundo que ya se
adentra en la noche  anclada
Y eros acecha desde las trampas suyas y busca pieles que sean 
Tambores en el éxtasis  —tahitianas o maoríes—
eros  jazz  eros cópula —garito—
Ah que  escapes círculo de fuego a tu condición de gruta
Ah que rehúyas el delicado tacto de un dígito hambriento
Ah el discurrir de las horas que reconocemos como días 
La hora del luto al revés cuando aparentamos abrirnos al jubileo 
Cuando en el interior las cosas lloran convenciones  
pleonasmos
Y la fenomenología del espíritu equivale a la miseria de lo material
Y la cosa en sí vergonzosa se aleja de su condición de árbol cortado
Qué cerca y descubierto el olor si las aletas de la nariz lo buscan
Para prorrumpir en un ay que es sofocado por  músicas
De unísonas selvas ardiendo quemándose preñando de
humo el planeta
Ah exaltar una vida desastrosa y llevarla a la condición de epos
Sólo cuando alejamos el objeto del deseo es que punza
En el momento del goce no está la frustración por haber perdido
la lotería
Ni la fatiga por el bolero ya interpretado 
ni los ruinosos pormenores que usamos para describir los sistemas 
abstrusos bañados por la duda rebanados y poco afines a una discrepancia.
 
II
 
Sustracción del círculo de fuego
A la embestida oral
Endurecimiento del tronco de ébano
—alzado sobre frutos maduros en sazón
Al  roce de labios en desembocaduras de ríos
Si se quiere—
O de ecos suaves de voz por la eclosión de géiseres
Que dan paso en las cavidades al canto órfico.
Y al esplendor del Tao
Nada como un cuerpo que resguarda sus olores
Para una madrugada donde se adormecería el asaltante
De llegada calma hasta la puerta que guarda hiena o viejo
buitre hembra
Prohibición de tocar el círculo de fuego
Perro de llamas y maldito el ejecutante del rito
De enviar la carta en porcelana que ya debe ser desterrada
Pero la miseria, caballo, cabildo de la noche cuando apetece 
El águila por poseer archipiélagos en los mares del sur.
 
III
 
Cruzarse de brazos
Y saber que la mañana va subiendo
Pulen los maderos que piden una tregua
Para solucionar ese otro dilema grandioso
Y que voy cayendo en la apatía
Cruzarse de brazos y oler la infame conjura
Que anidó en los garitos y guetos, en las cremalleras
de sicarios
Y cuarteles sombríos pusieron la metáfora de Armagedón
A pedirse la boca de los presuntos sabios  
Dejarle el tiempo la eternidad a Diego y sus lectores
Mientras la anécdota escarcha en bares de sospechosa estirpe
Y uno respira lúbricas reminiscencias de Platón
Y toca sombrías visiones de Miguel Ángel 
Pude haber sido Abraham para una humanidad de pacotilla
Creerse eso es una sega mental y veo las tuyas como una
refutación del  porvenir
Todos esos corpúsculos que pierdes diariamente
Generarían la gran selva y fecundarían a mujeres estrellas.
Ni griego ni judío: añoro los abedules de mi  juventud
Y me vuelvo de espaldas ante las razias y los guetos.
No soy hijo de oshun, dios lo hubiera querido
Y cuando digo dios lo que intento es clamar por el corazón 
de las multitudes     exaltadas 
en plazas de fantasía:
Lo que late bajo la escarcha, justo el gas metano
Seduce la belleza pero hay que saber trasmutar el cieno
Si  de una filosofía cualquiera esperamos respuesta.
Te cito: echo una carta al correo sobre la  filosofía
Te acompaño siempre mientras echas una carta al correo 
Hacia la metafísica y se rompe en el espejo la imagen de Platón. 
 
IV
 
Duermes y yo escribo, se dijo
Pero qué duerme en ti ¿Qué eres?: huésped
De un doble ruin pero hermoso en demasía
Que me sale al paso cuando robo la contemplación
Tallado en la madera más oscura 
Con rasgos más duros y viriles
Y no transige la solventada esfinge
El ventarrón en el círculo cerrado al dígito central
Cuando va a amanecer en un todos los días
Carajo la pipa ardió y el cañaveral afín a sicarios
Ola bruñida al gran tacto corta duración: un no
Otro no cerca la ardiente selva y las astillas
Bueno es el jazz para estos menesteres
De contemplarte embutido en mañanas y en esta mañana
actual que de alguna manera
se reconforta  en las persianas de madera de baja calidad
Si pudiera aventajarte: pero ¡qué va!
solo puedo desde aquí ver incendiarse una y otra vez 
la selva y acallo el recelo mudo porque un pez precipita
Un pez esculpe
Un pez dormita
Un pez nutre
Rumiante y jovencito, castrador: 
los frutos gemelos del verraco ya están afuera 
Lo he presenciado: estaba allí cuando esa operación se produjo
Se jodió el animal: ya no tendrá oportunidad de una comunión
Pero qué duerme en ti  ¿qué eres?: huésped
De un doble ruin pero hermoso en demasía
Que me sale al paso cuando robo la contemplación
Tallado en la madera más oscura 
Con rasgos más duros y viriles
Y no transige la solventada esfinge
El ventarrón en el círculo cerrado al dígito central
Cuando va a amanecer en un todos los días
Carajo la pipa ardió y el cañaveral afín a sicarios
Ola bruñida al gran tacto corta duración: un no
Otro no cerca la ardiente selva y las astillas
Bueno es el jazz para estos menesteres
De contemplarte embutido en mañanas y en esta mañana
actual que de alguna manera
se reconforta  en las persianas de madera de baja calidad
Si pudiera aventajarte: pero ¡qué va!
solo puedo desde aquí ver incendiarse una y otra vez 
la selva y acallo el recelo mudo porque un pez precipita
Un pez esculpe
Un pez dormita
Un pez nutre
Rumiante y jovencito, castrador: 
los frutos gemelos del verraco ya están afuera 
Lo he presenciado: estaba allí cuando esa operación se produjo
Se jodió el animal: ya no tendrá oportunidad de una comunión
con la Luz esencial
Y el castrador levanta el brazo con cuchillo chorreando sangre
Si se lo hicieran a él, pensaba en mi convalecencia
Y arden los alrededores: no, conforme los minutos se alargan  
Larvada la noche cómplice pudiera exasperarse
En el indetenible viaje al no ser durante largas jornadas de sueño
Los rasgos de una bestia fina emergen al exterior de una cara
obviamente satisfactoria para ser lo que eres:
émulo de un doncel de baratijas
Pero afuera lo real está esplendiendo o degradándose.
Mejor si se degrada, ¿no?
He estado respirando árboles de la noche que subastan su verde
en lo que fuera río,
Y hombres oscuros sin canoa bogando cuando ya ha amanecido
Qué me ofrecen si todavía hay una oportunidad muchachos de
ancestros oscuros
Y la náusea va como paloma como torbellino
Yo quise que la mañana se festejara por sí misma
Bolero-son nunca el cántico que en las despedidas iglesias
va a no ser más que una tertulia de sonámbulos
Hubiera sido lindo conocerse en la infancia
Un abedul dándonos sombra qué nombre te hubieran dado 
Allí estaba el camino de todo
Anfiteatro hacia la sequedad o mejor hacia el no decir
Hay un sintagma aberrante que te revierte al lodo de las
primeras especies
Y yo amo islas: los atolones Gilbert
Mi pecho ha sido proa hacia las islas náufragas
Y a través de mi mano los que las evocaron
Cómo me hubiera gustado sorber de niño el amanecer en Kiribati
Ahora vamos hacia este menú del mediodía en día nublado
Qué lejos de ti y el Doble la idea de un país y sus diásporas 
La perfectibilidad de tu vecino en Fiji o en Samoa
Qué lejos de mis preocupaciones de la mañana la cosa en sí y 
la fenomenología del espíritu
Sería  entonces el buscador de cayajabos, pero pesa mucho la
paloma de vida trunca.
Y pesa mucho el pan recortado, la suciedad que mancilla la idea
Quisiera un rompeolas: todo en este universo vale poco
Es la legitimación de una catástrofe intentar la poesía
Y el poema no puede nacer del hecho de que estés desnudo.
El poema se escribirá por sí solo, mientras te exilias en el sueño.
 
(Islas Gilbert, Ediciones La Luz, 2023)

 Portada: El poeta holguinero Delfín Prats Pupo/ 


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