Propuesta
La malú -me dijo- oye, urriola
evita el cigarro
quedarte sola en el techo fumando
es para volverse loca.
Evita las playas en invierno
las olas acostumbran aumentar
obsenas nostalgias.
Esquiva niñitas jugando al luche
tu cuartucho solitario
esquiva gatos, ventanas
y sobre todo los techos
los techos sobre todo.
§
Hecho en piedra
La malú no existe, como la casuilística, sucede; pero es sólo una proyección inanimada más en esta gran pantalla indefinible y abstracto logos: VIDA, Donde cada elemento y secuencia está fotografiada, a punto de verbalizarla y transformarla así en movimiento, que no es otra cosa que representar la palabra y ni siquiera ya la palabra, sino el maldito enjambre del código alfabético u otro aún más carajo: representar gráficamente los sonidos de la palabra VIDA, la gran interrogante sin esclarecer que es nacer para vivir y ¿qué diablos es vivir?, me contesto estar viva y aquí lo peor, ¿qué puta abstracción es estar vivo? y otra vez el verbo contesta adjetivando y littereando, entonces ¿cómo representar esta gran obra brechtiana, en absoluto silencio oral e icónico?, ¿cómo también tragarse esta necesidad de lenguaje anexo al habla normal?, si todo cabe en este país hollywoodense, entonces pienso que la palabrería individual no lo es tanto como colectiva y vuelta a hacer en cada palabra VIDA y sujeto que la enuncie y que al fin y al cabo no es tan perfecta como la palabra MUERTE, puesto que carece, en castellano por lo menos, de dos letras.
la que no existe
(Piedras rodantes, 1988)
***
III
Amores del hampa
"Este amor errante es la raíz
de todo sufrimiento"
Mira Bai
Este cuarto está frío, de tanto que he helado mis huesos, comienzo a creer que el sol brillará en otras partes, menos en este apartamento, fumo, uno, dos o más paquetes de cigarros, el placer de un dolor mayor que no llega, para alivianar la dura carga de la mediocridad, del universo inmemore. Imposible cortar mis palabras, una muralla cae dentro de este cuarto, despedazando, el único espacio solitario, el ruido del vulgar clamor, las revelaciones de la locura, una noche sin la deliciosa mudez, sin el afiebrado transpirar, de recurrir arrobada al tecleo de la máquina.
Mi querido Erasmo, dónde estará brillando la cegante luz, cuándo mi boca mantendrá alojada la saliva del retardo. La ausente línea represiva, el olvido, la angustiante llamada del final próximo.
Lo mismo que estuviera en Madrid o en cualquier otro sitio, pero no, no me he movido de la ausencia, los ojos huecos y fríos no han sido llenados de paisajes, más que las absurdas proyecciones de la imagen.
Los vecinos acallan el poco placer de la tragedia.
§
El cemento
Me perdí en Buenos Aires, ebria, me hallaron en un Bunker, bailando en medio de travestís, un hombre pensó que yo era un muchacho, salimos a la calle a tomar unas cervezas, me habló de su amado por horas, me dijo que lo golpeaba, que cuando quiso matarlo él besó su trasero, luego habló de unas luces que ve al cruzar la calle de San Telmo, un viejo barco que lo llevó una noche a un extraño lugar.
Deslizó su mano hasta tocar la mía
nos parecíamos a una breve imagen del abandono.
(Dame tu sucio amor, 1994)
***
afuera daba vueltas un farol rojo y el letrero se caía a pedazos como de boite de mala muerte, como si fuésemos a estrellarnos contra la muerte, el hombre sacó una pequeña llave. Ladraban los perros, y el hombre nos condujo hasta un cuartucho que no volveríamos a ver, encendimos la tv y unos porros, luego me fumé un cigarro detrás de otro, uno detrás de otro y te contemplé hablar y hablamos del cuartucho, de la cojera del hombre, nuestra propia cojera, de la noche que corría con una prisa extraña, las nubes pasaban rápidas, azulosas, violáceas, como golpes de la vida, como si nos fuésemos a golpear contra la vida, el hombre trajo dos cafés que se enfriaron sobre el velador, en un rincón del cuarto quedaban los restos de una fiesta que otros dejaron, qué ganas de tomarme un trago, te dije, tú te acercaste lentamente, al contrario de las nubes, al contrario de la noche que corría aprisa, al contrario de los perros que no dejaban de ladrar, de vez en cuando se callaban, y se callaban hasta que las luces de un automóvil se estrellaba contra los vidrios y encendía el cuartucho que dejaba ver tu cuerpo y luego venían las sombras que te cubrían, lejos de casa, tan lejos de casa y en la radio con las pilas medio muertas la Janis cantaba bye, bye, baby.
(Hija de Perra, 1998)
***
Como si escribiera,
como si soñara que escribo
levanto una copa por esa noche que nos perdimos por Baires
y la trava exhibía sus gomas recién operadas
y me seguiste de bar en bar,
de noche en noche,
de muerte en muerte,
mientras el esmeralda de tus ojos
se clavaba en mí.
Lo mío es lo pequeño, lo inexacto, lo turbado,
lo que apenas puedo ver es lo que la cabeza comprende,
no escribo cosas extraordinarias,
no tengo el tic del poeta nacional,
detrás de la flor, la humedad.
No nacimos para nada grande,
apenas conseguimos una vida de artificial luz amarillenta
sobre la cabeza,
lejos, lejos de la cabeza,
existe un lugar donde los cóndores rozan la cordillera
como si por alas tuvieran palabras
Abajo la carroña citadina y la cruz del sur iluminándonos el cuero,
abajo la tierra, bajo los pies la tierra,
bajo la tierra, el cielo y el deshuesado recuerdo
de miles que tampoco han muerto para nada grande.
Al frente tus ojos, el pasado del futuro y el futuro del pasado
y esas caminatas por el Forestal
cuando no teníamos nada y por ello,
el mundo era nuestro.
§
El sol que se recorta contra la cordillera de Los Andes,
va apagarse como una cerilla contra el Ocean Pacific
y las aves se pierden sobre el horizonte en el sentido contrario
a la vista,
estos ojos rastreros que no pueden volar lo saben.
Acaricio el pelaje húmedo de la noche y me tiendo,
para que me anochezca, para que me maree
y me estrelle.
¿Quién cantará ahora que la muerte habla?
La Cordillera de los Andes es la Columbia nuestra,
nuestra propia Fox,
la espina de nuestros mejores recuerdos.
No me digas que olvidaste todo, no tan inocente,
sabes que vivimos entre corderos,
el vulgo bala, sabes de lo que hablo,
exceso de palabras sin alma,
narcisos desesperados,
y detrás del silencio,
el triste bullicio vencido de la muchedumbre baja al metro,
el viento del tren les sopla los cabellos,
como ángeles ciegos
encuentran sus cuencas vacías contra el vidrio.
Yo hallo las mías tan vacías que me echo a reír.
Dentro no mora más que el recuerdo de todo cuanto
ha acontecido tan fugaz.
Un relato,
una versión entre millares.
Maybe
Y al llegar la noche, amante ansiada,
una recuesta la cabeza en la calma,
y nos quedamos contemplando a las estrellas brillar así,
tan lejos,
y estrellada así,
y anochecida así,
las ganas de apagarte como una cerilla se diluyen
y cantas al corazón sordo y metálico de la noche
hasta que de pronto
toda la vida, toda,
se abre ante los ojos negros
y resplandeces como el olvido.
Todo pasa, una y mil veces,
la tierra que mece sus muertos
sabe de lo efímero. Oh, sí.
Olvidar es una palabra obesa
que llega cuando las demás se han marchado,
y estamos vivos, medio muertos, pero vivos,
y escribimos, a duras penas, pero escribimos,
como una estrella vieja que empeñada en brillar, se apaga.
La malú -me dijo- oye, urriola
evita el cigarro
quedarte sola en el techo fumando
es para volverse loca.
Evita las playas en invierno
las olas acostumbran aumentar
obsenas nostalgias.
Esquiva niñitas jugando al luche
tu cuartucho solitario
esquiva gatos, ventanas
y sobre todo los techos
los techos sobre todo.
§
Hecho en piedra
La malú no existe, como la casuilística, sucede; pero es sólo una proyección inanimada más en esta gran pantalla indefinible y abstracto logos: VIDA, Donde cada elemento y secuencia está fotografiada, a punto de verbalizarla y transformarla así en movimiento, que no es otra cosa que representar la palabra y ni siquiera ya la palabra, sino el maldito enjambre del código alfabético u otro aún más carajo: representar gráficamente los sonidos de la palabra VIDA, la gran interrogante sin esclarecer que es nacer para vivir y ¿qué diablos es vivir?, me contesto estar viva y aquí lo peor, ¿qué puta abstracción es estar vivo? y otra vez el verbo contesta adjetivando y littereando, entonces ¿cómo representar esta gran obra brechtiana, en absoluto silencio oral e icónico?, ¿cómo también tragarse esta necesidad de lenguaje anexo al habla normal?, si todo cabe en este país hollywoodense, entonces pienso que la palabrería individual no lo es tanto como colectiva y vuelta a hacer en cada palabra VIDA y sujeto que la enuncie y que al fin y al cabo no es tan perfecta como la palabra MUERTE, puesto que carece, en castellano por lo menos, de dos letras.
la que no existe
(Piedras rodantes, 1988)
***
III
Amores del hampa
"Este amor errante es la raíz
de todo sufrimiento"
Mira Bai
Este cuarto está frío, de tanto que he helado mis huesos, comienzo a creer que el sol brillará en otras partes, menos en este apartamento, fumo, uno, dos o más paquetes de cigarros, el placer de un dolor mayor que no llega, para alivianar la dura carga de la mediocridad, del universo inmemore. Imposible cortar mis palabras, una muralla cae dentro de este cuarto, despedazando, el único espacio solitario, el ruido del vulgar clamor, las revelaciones de la locura, una noche sin la deliciosa mudez, sin el afiebrado transpirar, de recurrir arrobada al tecleo de la máquina.
Mi querido Erasmo, dónde estará brillando la cegante luz, cuándo mi boca mantendrá alojada la saliva del retardo. La ausente línea represiva, el olvido, la angustiante llamada del final próximo.
Lo mismo que estuviera en Madrid o en cualquier otro sitio, pero no, no me he movido de la ausencia, los ojos huecos y fríos no han sido llenados de paisajes, más que las absurdas proyecciones de la imagen.
Los vecinos acallan el poco placer de la tragedia.
§
El cemento
Me perdí en Buenos Aires, ebria, me hallaron en un Bunker, bailando en medio de travestís, un hombre pensó que yo era un muchacho, salimos a la calle a tomar unas cervezas, me habló de su amado por horas, me dijo que lo golpeaba, que cuando quiso matarlo él besó su trasero, luego habló de unas luces que ve al cruzar la calle de San Telmo, un viejo barco que lo llevó una noche a un extraño lugar.
Deslizó su mano hasta tocar la mía
nos parecíamos a una breve imagen del abandono.
(Dame tu sucio amor, 1994)
***
afuera daba vueltas un farol rojo y el letrero se caía a pedazos como de boite de mala muerte, como si fuésemos a estrellarnos contra la muerte, el hombre sacó una pequeña llave. Ladraban los perros, y el hombre nos condujo hasta un cuartucho que no volveríamos a ver, encendimos la tv y unos porros, luego me fumé un cigarro detrás de otro, uno detrás de otro y te contemplé hablar y hablamos del cuartucho, de la cojera del hombre, nuestra propia cojera, de la noche que corría con una prisa extraña, las nubes pasaban rápidas, azulosas, violáceas, como golpes de la vida, como si nos fuésemos a golpear contra la vida, el hombre trajo dos cafés que se enfriaron sobre el velador, en un rincón del cuarto quedaban los restos de una fiesta que otros dejaron, qué ganas de tomarme un trago, te dije, tú te acercaste lentamente, al contrario de las nubes, al contrario de la noche que corría aprisa, al contrario de los perros que no dejaban de ladrar, de vez en cuando se callaban, y se callaban hasta que las luces de un automóvil se estrellaba contra los vidrios y encendía el cuartucho que dejaba ver tu cuerpo y luego venían las sombras que te cubrían, lejos de casa, tan lejos de casa y en la radio con las pilas medio muertas la Janis cantaba bye, bye, baby.
(Hija de Perra, 1998)
***
Como si escribiera,
como si soñara que escribo
levanto una copa por esa noche que nos perdimos por Baires
y la trava exhibía sus gomas recién operadas
y me seguiste de bar en bar,
de noche en noche,
de muerte en muerte,
mientras el esmeralda de tus ojos
se clavaba en mí.
Lo mío es lo pequeño, lo inexacto, lo turbado,
lo que apenas puedo ver es lo que la cabeza comprende,
no escribo cosas extraordinarias,
no tengo el tic del poeta nacional,
detrás de la flor, la humedad.
No nacimos para nada grande,
apenas conseguimos una vida de artificial luz amarillenta
sobre la cabeza,
lejos, lejos de la cabeza,
existe un lugar donde los cóndores rozan la cordillera
como si por alas tuvieran palabras
Abajo la carroña citadina y la cruz del sur iluminándonos el cuero,
abajo la tierra, bajo los pies la tierra,
bajo la tierra, el cielo y el deshuesado recuerdo
de miles que tampoco han muerto para nada grande.
Al frente tus ojos, el pasado del futuro y el futuro del pasado
y esas caminatas por el Forestal
cuando no teníamos nada y por ello,
el mundo era nuestro.
§
El sol que se recorta contra la cordillera de Los Andes,
va apagarse como una cerilla contra el Ocean Pacific
y las aves se pierden sobre el horizonte en el sentido contrario
a la vista,
estos ojos rastreros que no pueden volar lo saben.
Acaricio el pelaje húmedo de la noche y me tiendo,
para que me anochezca, para que me maree
y me estrelle.
¿Quién cantará ahora que la muerte habla?
La Cordillera de los Andes es la Columbia nuestra,
nuestra propia Fox,
la espina de nuestros mejores recuerdos.
No me digas que olvidaste todo, no tan inocente,
sabes que vivimos entre corderos,
el vulgo bala, sabes de lo que hablo,
exceso de palabras sin alma,
narcisos desesperados,
y detrás del silencio,
el triste bullicio vencido de la muchedumbre baja al metro,
el viento del tren les sopla los cabellos,
como ángeles ciegos
encuentran sus cuencas vacías contra el vidrio.
Yo hallo las mías tan vacías que me echo a reír.
Dentro no mora más que el recuerdo de todo cuanto
ha acontecido tan fugaz.
Un relato,
una versión entre millares.
Maybe
Y al llegar la noche, amante ansiada,
una recuesta la cabeza en la calma,
y nos quedamos contemplando a las estrellas brillar así,
tan lejos,
y estrellada así,
y anochecida así,
las ganas de apagarte como una cerilla se diluyen
y cantas al corazón sordo y metálico de la noche
hasta que de pronto
toda la vida, toda,
se abre ante los ojos negros
y resplandeces como el olvido.
Todo pasa, una y mil veces,
la tierra que mece sus muertos
sabe de lo efímero. Oh, sí.
Olvidar es una palabra obesa
que llega cuando las demás se han marchado,
y estamos vivos, medio muertos, pero vivos,
y escribimos, a duras penas, pero escribimos,
como una estrella vieja que empeñada en brillar, se apaga.
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