XIII
Como fuente
de enriquecidas aguas
brotas de ti misma
en la mera mitad del desierto.
XV
Si como Orlando
buscara entre mil imágenes
a qué te pareces
diría que a la carne espesa de una aceituna
negra.
XXIV
Tu cuerpo
me gusta sin reservas:
cintura breve que afina las ideas,
cadera liviana: aligera congojas,
músculos firmes que mantienen la emoción.
XXVI
Si habitamos el Distrito Federal,
las pueblerinas románticas tenemos que resignarnos:
la vida no transcurre junto a un estanque,
sino a un costado del Periférico.
Allí, Muñeca del Asfalto,
-bajo la lluvia-
decidiste que esa noche dormirías conmigo.
XXVII
Entre tantas liberacionistas que conozco,
sólo tú
-de apariencia tan frágil-
has querido llevar a la cama
esos principios básicos de la teoría.
XXXII
¿Por qué a mí,
criatura de otras edades culturales,
entregarme la firmeza de ese músculo angelical,
las texturas diversas de tu intimidad
bañadas al instante por las aguas sagradas del amor,
el primer estremecimiento de tu entraña profunda?
XXXIII
Con aroma de fruta todavía entre los dientes,
siempre sobradas de adrenalina
y al tanto de que la consciencia del sentido
es más importante que el acto mismo,
nos olemos, nos gustamos, nos oímos,
nos tocamos y nos vemos
al embate de unos fluidos orgánicos
que sólo las emociones del amor sintetizan.
XXXIX
Propones ultrarrápidos en el Periférico
y rápidos antes de las citas importantes.
Quieres de mañana, tarde o noche,
en tu cama o en la mía, al Sol, a la sombra,
con ropa, sin ella, prendido o apagado… 5
quieres, quieres, quieres.
Y yo —oh, divina diferencia con la mujer objeto—
quiero, quiero, quiero.
XLVIII
Hay que saber cazar
a la paloma.
Y ya en la jaula de 6 x 5 x 2.50
hacerla sentir que vuela más que antes.
XLIX
Dejemos
que el amor declare su santo nombre
en cada uno de nuestros tejidos, estratos emocionales
y apetencias más escondidas
antes de comprometernos por las dos leyes:
la tuya y la mía.
LXIII
Para castigarte
-aunque ni te enteres-
esta noche dejaré cerrado
el libro que me regalaste.
LXIX
Lo que me revienta,
¿sabes?
es que no te hayas aventurado siquiera a conocerme.
¡Soy un proyecto de vida interesante, carajo!:
confronto al confrontarme y he aprendido a vivir
a salto de mata de entre las ideas.
LXXIII
—Basta verle el trasero
para saber que no frecuenta ninguna disciplina,
agrega Toto ya vociferante; exhibe los ropajes del creyente,
pero sólo practica la religión
del taco vergonzante y a deshoras.
LXXVII
Como si fueras
Pita Amor
contéstame a poemas y revela tu esencia por
entregas:
¿Dr. Jekyll or Ms. Hyde?
¿Susana San Juan o Dorotea? 5
¿La diosa o la esclava de sí misma?
¡No se pierda
el próximo capítulo!
LXXXIII
Supe que estabas rota
cuando
intentaste partirme el corazón.
CX
Me chocan
las referencias clasistas,
pero te fuiste como criada:
sin decir qué malos modos viste,
llevándote la llave (entre otras cosillas de
la casa)
y cuando nada se te debía.
CXXI
Llegaste
jurando fidelidades que nadie te había pedido,
diciendo que esos abrazos celestiales eran para
toda la vida,
que después de tantos amoríos… el amor
y que si yo esto y lo otro y lo de más allá.
Así cualquiera se pierde en el arrullo, Susana.
CXXXIX
No sé qué tienen
las diferencias ideológicas
que enfrían los besos, aligeran los abrazos
y finalmente acedan el aire que respiran los amantes.
CXLII
Soy peligrosa,
es cierto: siempre busco vengarme
de los dueños del capital, los burócratas,
los curas y las mujeres que abusaron de mi cariño.
CLVI
Algún día tenía que ser:
como que prefiero escribir poemas
a estimular deprimidas crónicas,
educar disléxicas o confrontar neuróticas agresivas.
CLX
Ahora comprendo que, desde al punto de vista de tu mamá,
yo no resulto un buen partido:
me exhibo como militante gay,
me comporto como anarquista de izquierda
y vivo la azarosa vida doméstica del artista independiente.
Peor que si fuera iletrada, tonta y pegalona.
CLXXIII
De tu piel
(y a veces).
¡Qué pobre recuerdo
para tanta dolorida
intensidad!
CLXXV
Sí, le gustan
las mujeres de las que yo me enamoro,
pero sin problema: no eran para mí.
Ni para ella.
CLXXIX
Me está gustando
que seamos novias de nuevo,
que me cites en lugares públicos
y ni tú ni yo sepamos
si se dará ese primer beso,
si llegaremos a aquellas caricias atrevidas,
si, por fin, aceptaremos la ternura.
(Cuaderno de amor y desamor, 1968-1993)
Como fuente
de enriquecidas aguas
brotas de ti misma
en la mera mitad del desierto.
XV
Si como Orlando
buscara entre mil imágenes
a qué te pareces
diría que a la carne espesa de una aceituna
negra.
XXIV
Tu cuerpo
me gusta sin reservas:
cintura breve que afina las ideas,
cadera liviana: aligera congojas,
músculos firmes que mantienen la emoción.
XXVI
Si habitamos el Distrito Federal,
las pueblerinas románticas tenemos que resignarnos:
la vida no transcurre junto a un estanque,
sino a un costado del Periférico.
Allí, Muñeca del Asfalto,
-bajo la lluvia-
decidiste que esa noche dormirías conmigo.
XXVII
Entre tantas liberacionistas que conozco,
sólo tú
-de apariencia tan frágil-
has querido llevar a la cama
esos principios básicos de la teoría.
XXXII
¿Por qué a mí,
criatura de otras edades culturales,
entregarme la firmeza de ese músculo angelical,
las texturas diversas de tu intimidad
bañadas al instante por las aguas sagradas del amor,
el primer estremecimiento de tu entraña profunda?
XXXIII
Con aroma de fruta todavía entre los dientes,
siempre sobradas de adrenalina
y al tanto de que la consciencia del sentido
es más importante que el acto mismo,
nos olemos, nos gustamos, nos oímos,
nos tocamos y nos vemos
al embate de unos fluidos orgánicos
que sólo las emociones del amor sintetizan.
XXXIX
Propones ultrarrápidos en el Periférico
y rápidos antes de las citas importantes.
Quieres de mañana, tarde o noche,
en tu cama o en la mía, al Sol, a la sombra,
con ropa, sin ella, prendido o apagado… 5
quieres, quieres, quieres.
Y yo —oh, divina diferencia con la mujer objeto—
quiero, quiero, quiero.
XLVIII
Hay que saber cazar
a la paloma.
Y ya en la jaula de 6 x 5 x 2.50
hacerla sentir que vuela más que antes.
XLIX
Dejemos
que el amor declare su santo nombre
en cada uno de nuestros tejidos, estratos emocionales
y apetencias más escondidas
antes de comprometernos por las dos leyes:
la tuya y la mía.
LXIII
Para castigarte
-aunque ni te enteres-
esta noche dejaré cerrado
el libro que me regalaste.
LXIX
Lo que me revienta,
¿sabes?
es que no te hayas aventurado siquiera a conocerme.
¡Soy un proyecto de vida interesante, carajo!:
confronto al confrontarme y he aprendido a vivir
a salto de mata de entre las ideas.
LXXIII
—Basta verle el trasero
para saber que no frecuenta ninguna disciplina,
agrega Toto ya vociferante; exhibe los ropajes del creyente,
pero sólo practica la religión
del taco vergonzante y a deshoras.
LXXVII
Como si fueras
Pita Amor
contéstame a poemas y revela tu esencia por
entregas:
¿Dr. Jekyll or Ms. Hyde?
¿Susana San Juan o Dorotea? 5
¿La diosa o la esclava de sí misma?
¡No se pierda
el próximo capítulo!
LXXXIII
Supe que estabas rota
cuando
intentaste partirme el corazón.
CX
Me chocan
las referencias clasistas,
pero te fuiste como criada:
sin decir qué malos modos viste,
llevándote la llave (entre otras cosillas de
la casa)
y cuando nada se te debía.
CXXI
Llegaste
jurando fidelidades que nadie te había pedido,
diciendo que esos abrazos celestiales eran para
toda la vida,
que después de tantos amoríos… el amor
y que si yo esto y lo otro y lo de más allá.
Así cualquiera se pierde en el arrullo, Susana.
CXXXIX
No sé qué tienen
las diferencias ideológicas
que enfrían los besos, aligeran los abrazos
y finalmente acedan el aire que respiran los amantes.
CXLII
Soy peligrosa,
es cierto: siempre busco vengarme
de los dueños del capital, los burócratas,
los curas y las mujeres que abusaron de mi cariño.
CLVI
Algún día tenía que ser:
como que prefiero escribir poemas
a estimular deprimidas crónicas,
educar disléxicas o confrontar neuróticas agresivas.
CLX
Ahora comprendo que, desde al punto de vista de tu mamá,
yo no resulto un buen partido:
me exhibo como militante gay,
me comporto como anarquista de izquierda
y vivo la azarosa vida doméstica del artista independiente.
Peor que si fuera iletrada, tonta y pegalona.
CLXXIII
De tu piel
(y a veces).
¡Qué pobre recuerdo
para tanta dolorida
intensidad!
CLXXV
Sí, le gustan
las mujeres de las que yo me enamoro,
pero sin problema: no eran para mí.
Ni para ella.
CLXXIX
Me está gustando
que seamos novias de nuevo,
que me cites en lugares públicos
y ni tú ni yo sepamos
si se dará ese primer beso,
si llegaremos a aquellas caricias atrevidas,
si, por fin, aceptaremos la ternura.
(Cuaderno de amor y desamor, 1968-1993)
Me parece que voy a desmoronarme
toda por dentro.
Como si una palabra clave
(su entonación quizás)
estuviera a punto de romper mi entereza.
Pero nada sucede.
Creo que terminaré
llorando
por cualquier cosa.
*
¿Por qué ha de sorprenderme?
(el calor nuestro
—cobijado—
en aquella tarde tan húmeda;
un fulgor huidizo que
cargaba tu mirada;
la dócil disposición
para aprenderme), ¿por qué?
A veces rompes
—a veces— 10
la espesa tierra de mis rencores.
(Vuelo acordado, 1971)
No se me antoja una rosa
que llegue diaria, si bien mensualmente liquidada.
Me gustan las evocaciones prolongadas
de la ausencia, las caricias especiales
—con o sin pretexto—,
los besos furtivos (si hay oportunidad) …
gestos que vengan de un alma emocionada.
*
Las hay
que me tratan muy Hollywood de los cuarentas:
me niegan, me calumnian, me omiten
(y de paso me roban lo que pueden).
Como si ellas fueran Joan Crawford y yo Betty Davis
o viceversa.
(El Búho, suplemento cultural
dominical de Excélsior,
1986-1990)
Graciasss/www.lainsignia.org/2004/junio/cul_020
Graciasss/repositorio-cell.colmex.mx/Antiguas_lesbianas.pdf
Graciasss/labola.com.mx/2024/03/13/nancy-cardenas-1934-1994/
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