NANCY CÁRDENAS



XIII
 
Como fuente
   de enriquecidas aguas
brotas de ti misma
   en la mera mitad del desierto.
 
XV
 
Si como Orlando
     buscara entre mil imágenes
     a qué te pareces
diría que a la carne espesa de una aceituna
    negra.
 
XXIV
 
Tu cuerpo
    me gusta sin reservas:
cintura breve que afina las ideas,
cadera liviana: aligera congojas,
    músculos firmes que mantienen la emoción.

XXVI
 
Si habitamos el Distrito Federal,
    las pueblerinas románticas tenemos que resignarnos:
    la vida no transcurre junto a un estanque,
    sino a un costado del Periférico.
Allí, Muñeca del Asfalto,
    -bajo la lluvia-
    decidiste que esa noche dormirías conmigo.

XXVII
 
Entre tantas liberacionistas que conozco,
sólo tú
-de apariencia tan frágil-
has querido llevar a la cama
esos principios básicos de la teoría.
 
XXXII
 
¿Por qué a mí,
    criatura de otras edades culturales,
    entregarme la firmeza de ese músculo angelical,
las texturas diversas de tu intimidad
    bañadas al instante por las aguas sagradas del amor,
el primer estremecimiento de tu entraña profunda?

XXXIII
 
Con aroma de fruta todavía entre los dientes,
    siempre sobradas de adrenalina
y al tanto de que la consciencia del sentido
    es más importante que el acto mismo,
nos olemos, nos gustamos, nos oímos,
nos tocamos y nos vemos
    al embate de unos fluidos orgánicos
que sólo las emociones del amor sintetizan.
 
XXXIX
 
Propones ultrarrápidos en el Periférico
    y rápidos antes de las citas importantes.
Quieres de mañana, tarde o noche,
    en tu cama o en la mía, al Sol, a la sombra,
    con ropa, sin ella, prendido o apagado… 5
    quieres, quieres, quieres.
Y yo —oh, divina diferencia con la mujer objeto—
quiero, quiero, quiero.
 
XLVIII
 
Hay que saber cazar
a la paloma.
Y ya en la jaula de 6 x 5 x 2.50
hacerla sentir que vuela más que antes.
 
XLIX
 
Dejemos
     que el amor declare su santo nombre
en cada uno de nuestros tejidos, estratos emocionales
    y apetencias más escondidas
antes de comprometernos por las dos leyes:
   la tuya y la mía.
 
LXIII
 
Para castigarte
     -aunque ni te enteres-
esta noche dejaré cerrado
     el libro que me regalaste.
 
LXIX
 
Lo que me revienta,
    ¿sabes?
    es que no te hayas aventurado siquiera a conocerme.
¡Soy un proyecto de vida interesante, carajo!:
    confronto al confrontarme y he aprendido a vivir
    a salto de mata de entre las ideas.
 
LXXIII
 
—Basta verle el trasero
      para saber que no frecuenta ninguna disciplina,
agrega Toto ya vociferante; exhibe los ropajes del creyente,
      pero sólo practica la religión
      del taco vergonzante y a deshoras.

LXXVII
 
Como si fueras
   Pita Amor
contéstame a poemas y revela tu esencia por
   entregas:
   ¿Dr. Jekyll or Ms. Hyde?
   ¿Susana San Juan o Dorotea? 5
   ¿La diosa o la esclava de sí misma?
¡No se pierda
el próximo capítulo!
 
LXXXIII
 
Supe que estabas rota
     cuando
intentaste partirme el corazón.

CX
 
Me chocan
    las referencias clasistas,
pero te fuiste como criada:
    sin decir qué malos modos viste,
    llevándote la llave (entre otras cosillas de
    la casa)
    y cuando nada se te debía.
 
CXXI
 
Llegaste
   jurando fidelidades que nadie te había pedido,
diciendo que esos abrazos celestiales eran para
toda la vida,
    que después de tantos amoríos… el amor
    y que si yo esto y lo otro y lo de más allá.
Así cualquiera se pierde en el arrullo, Susana.
 
CXXXIX
 
No sé qué tienen
      las diferencias ideológicas
      que enfrían los besos, aligeran los abrazos
      y finalmente acedan el aire que respiran los amantes.
 
CXLII
 
Soy peligrosa,
    es cierto: siempre busco vengarme
    de los dueños del capital, los burócratas,
    los curas y las mujeres que abusaron de mi cariño.
 
CLVI
 
Algún día tenía que ser:
     como que prefiero escribir poemas
     a estimular deprimidas crónicas,
     educar disléxicas o confrontar neuróticas agresivas.

CLX
 
Ahora comprendo que, desde al punto de vista de tu mamá,
    yo no resulto un buen partido:
    me exhibo como militante gay,
    me comporto como anarquista de izquierda
y vivo la azarosa vida doméstica del artista independiente.
Peor que si fuera iletrada, tonta y pegalona.
 
CLXXIII
 
De tu piel
(y a veces).
¡Qué pobre recuerdo
    para tanta dolorida
intensidad!

CLXXV
 
Sí, le gustan
    las mujeres de las que yo me enamoro,
pero sin problema: no eran para mí.
Ni para ella.
 
CLXXIX
 
Me está gustando
    que seamos novias de nuevo,
   que me cites en lugares públicos
y ni tú ni yo sepamos
   si se dará ese primer beso,
   si llegaremos a aquellas caricias atrevidas,
   si, por fin, aceptaremos la ternura.
 
(Cuaderno de amor y desamor, 1968-1993)
 

Me parece que voy a desmoronarme
                                             toda por dentro.
Como si una palabra clave
    (su entonación quizás)
estuviera a punto de romper mi entereza.
 
Pero nada sucede.
 
Creo que terminaré
llorando
por cualquier cosa.
 
*
 
¿Por qué ha de sorprenderme?
   (el calor nuestro
     —cobijado—
   en aquella tarde tan húmeda;
   un fulgor huidizo que
   cargaba tu mirada;
   la dócil disposición
   para aprenderme), ¿por qué?
A veces rompes
   —a veces— 10
la espesa tierra de mis rencores.
 
(Vuelo acordado, 1971)
 

No se me antoja una rosa
que llegue diaria, si bien mensualmente liquidada.
Me gustan las evocaciones prolongadas
de la ausencia, las caricias especiales
—con o sin pretexto—,
los besos furtivos (si hay oportunidad) …
gestos que vengan de un alma emocionada.
 
*
 
Las hay
que me tratan muy Hollywood de los cuarentas:
me niegan, me calumnian, me omiten
(y de paso me roban lo que pueden).
Como si ellas fueran Joan Crawford y yo Betty Davis
o viceversa.
 
(El Búho, suplemento cultural
dominical de Excélsior,
1986-1990)
 
Graciasss/www.lainsignia.org/2004/junio/cul_020
Graciasss/repositorio-cell.colmex.mx/Antiguas_lesbianas.pdf
Graciasss/labola.com.mx/2024/03/13/nancy-cardenas-1934-1994/

 

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