ROSA MARÍA ROFFIEL

Gioconda
 
Mi vulva es una flor,
Es una concha,
Un higo,
Un terciopelo;
Está llena de aromas, sabores, rincones,
Es de color rosa,
Suave, íntima, carnosa;
A mis doce años le brotó pelusa,
Una nube de algodón entre mis muslos;
Siente, vibra, sangra, se enoja, se moja, palpita,
Me habla.
Guarda celosa entre sus pliegues
El centro exacto de mi cosmos,
Luna diminuta que se inflama,
Ola que conduce a otro universo.
Cada veinticinco días se torna roja,
Estalla, grita;
Entonces la aprieto con mis manos,
Le digo palabras de amor en voz muy baja.
Es mi segunda boca,
Mis cuatro labios;
Es traviesa,
Retoza, chorrea,
Me empapa.
Le gustan las lenguas que se creen mariposas,
Los penes solidarios,
La pulpa de ciruela femenina
O, simplemente,
Las caricias venidas de mí misma.
Es pantera, gacela, conejo,
Se ofrece coqueta si la miman;
Se cierra violenta si la ofenden;
Es mi cómplice,
Es mi amiga,
Una eterna sonrisa de mujer complacida.
 
 
Quise ser hombre

Una vez quise ser hombre
para casarme con mi
hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación
mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.
Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de
entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan
nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias
prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los
temblores.
Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no
sentir más
el frío de sus lágrimas en
mi playera,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta
años.
Quise ser hombre
para invitarlas a volar el
periférico,
a bailar descalzas porque
el América
le ganó al Guadalajara,
para llevarlas del brazo
hasta una cama
donde no tengan que fingir
orgasmos.
Pero soy mujer y, aunque
puedo
compartir con ellas la
poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias
prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…
No es suficiente.
No les alcanza.
Porque, desde niñas,
aprendieron
que los hombres son un
premio al que
hay que amar, sin importar si ellos las
aman
 

La suave danza

Nos besamos
por el puro
absoluto
placer de besarnos
listones de lenguas
dientes como peces alados
festín de salivas
giros
valses
pájaros
tu boca ranura
cereza
grosella
mi lengua gaviota
cometa
sirena
se encuentran
se tocan
se enredan
marineras de un viaje
sin ida ni vuelta
tu boca es el mar
mi lengua, un barco de vela.


Tus sabores
 
                               Para Julia

Tu sexo me sabe a naranja
a campo
a miel
Me sabe a volcán que se alza
a leyenda
a raíz que se prende a su ser
a puño cerrado
a patria
a ti
Tu sexo me sabe a mujer.


Alguna que otra vez

Hasta mi noche llegas
y te recuerdo fiera
celosa en mi caverna

y te recuerdo sirena
nadando entre mis pechos

y te recuerdo tierna
como paloma, tierna

y te recuerdo fuego
encendida de deseo

y te recuerdo plena,
antes del miedo


Cántico

Me gustan las mujeres esdrújulas
sin brújula
sin mítica
con tónica

las que aman con las vísceras
las células
las glándulas

las rítmicas
intrépidas
impúdicas

las pérfidas
ingrávidas
poéticas
las mágicas
las lésbicas
lunáticas

Me gustas tú, Andrómeda,
erótica
magnífica
política
MUJÉRICA

En mi habitan mil mujeres

En mi habitan mil mujeres
Cumplen años
llantos
rabias
libran guerras en mi cuerpo
se libran de sus grilletes
se me cuelgan
me desgarran
Soldaderas del destino
brujas buenas de los bosques
prisioneras de los mitos
encerradas en telares
en iglesias
en fogones
fueron roca
arena
agua
sangre
lunas
montes
Siento voces en mis venas
alaridos en mi alma
carcajadas en mi entraña
con mis madres
mis abuelas
mis hermanas
Es mi historia que me llama


 

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