Mirando a Felicita lavar la
ropa
Flamea un aro de golondrinas en el cielo
y el azul,
el púrpura delicado
anuncian un día de fiesta
para mañana.
Sobre las escaleras del muelle,
como ramos de caña de ámbar,
reposa la ropa lavada.
(Tributo del mudo, 1982)
Flamea un aro de golondrinas en el cielo
y el azul,
el púrpura delicado
anuncian un día de fiesta
para mañana.
Sobre las escaleras del muelle,
como ramos de caña de ámbar,
reposa la ropa lavada.
(Tributo del mudo, 1982)
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I
Entrar
¿Secreto bosque
en continuo estado
presente?
¿Figura al acecho
hojas que fulguran
en la cautiva luz
en la sombra
que las asedia?
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Al desorden
de una zona
antípoda
Carnal su centro
Carnal el sueño
que la alude
persigue
a ciegas
Aquí
II
El arcaico felino
salta
Su sombra inmóvil
que nunca posa
sobre la presa
Entrar
Pesado cuerpo
deseado
me desangra
Fauce a
fauce carnal
nos degollamos
y estoy adentro
Dame
dame la imagen
completa
Un gesto leve
Atraviesa el umbral
y no trastoca
las zonas liberadas
del ensueño
Pies
y ruedo del vestido
apenas rozan
la seda del silencio
Suave
al corazón
sus dedos tocan
—¿Estoy más cerca?
¿Duele la costra
de sangre
la sal que esconde
a mis ojos
el sitio de acceso?
Apenas mueve
cuerpo labios
vivos y presentes
—¿Me he dejado tocar
por esta extraña?
Trepida y suda sangre
¿De terror?
De deseo acorralado
Sin moverse
la deja hacer
el corazón
Recibe el roce
la suave melodía
gestual de aquella
mano
—¿Qué precisión le exige?
¿Qué voluntad o sino
entrar aquí?
Ella
no viene a mansalva
Ni siquiera sabe
dónde
ni por qué
este banquete se prepara
La ceremonia es el espacio
cruzado por su voz
Peces
todavía palpitantes
manteles con almendras
entreabiertas y flores
sobre el prado
Líquida música licor
de cerezas donde danza
Sosiega el corazón
y no somete
La sigo
torpe en cuerpo
y en deseo
Ella
no viene a mansalva:
ni a puma ni
a ciervo
da la muerte
(Eroica, 1988)
Dilatado el pezón
Pequeño animal morado
en succión que comba
la lengua
Diente apenas
sensible
presión del hueso
Y el embudo carnal
que envuelve
la acción entera
interna
del cuerpo en su invencible
diástole
Marea
Visillos replegados
los labios
Pezón
lengua
diente apenas
sensible succión que mueve
la materia
Vesania de placer
o de muerte
Mirar
El latido acelerado
del corazón
Mirar
Los pezones enhiestos
donde vence
el invencible toro
mirar
La yugular henchida
bajo el chupón
Párpados apretados
Nervios enlazados
Latido oculto
De una intensa fantasía
Tras los ojos cegados
mirar
El balbuceo
el alfabeto
el idioma trozado
en digresión genial
Cruzado
por su precisa significación
su pérdida
de significado
puntual
pujando
a la intemperie
de la historia
Mirar
(Eroica, 1988)
Suave el ojo
se desplaza
en redondo
Arista
volumen
ripio arriba
va
Vaga sin saber
encantado
cruel en el tiempo
toca
y se desata
la tempestad
Su toque elige
tábano y tiza
el cuerpo
el cerco
Aura
que inventa
la gracia imposible
del otro
Convexo
espejo de plata
labio
y mano
se tienden
se mueren
cercando un espacio
que no ha de cruzarse jamás
Sitiado
el ojo ataca
No quiere mirar
Quiere tocar
Tábano atado a la presa
Tiza que dibuja
detrás
La invisible trama del amor
amarra
lo que es
y lo que es no
Arista
Volumen
ripio arriba
va
Rocinante
en medio de
la red
(Eroica, 1988)
Love story
Estábamos
tomando mate en su rancho
bajo un mediodía de oro
en las riberas, San Pedro
era y ella
doña Aurorita López
Iban y venían tramos
de vida con el amargo
Los vecinos,
la miseria, el que está
en el río come, dijo,
Dios y Evita y qué ojos tiene
m’ hijita
hasta que el relato ancló
en su hombre, escuchando manso
mientras hacía el estofado
Supe ser
buenamoza dijo y aquí
amarró su barco un hijo
del gringo Ford. Me propuso
matrimonio
Consulté a mi padre y él
que sabía yo esperaba
al que hoy es mi marido
sirviendo
de soldado allá en el sur,
me miró de frente y dijo:
“Sepa usted y para siempre,
el corazón es una achura
que no se vende”
(Mate Cocido, 2002)
Desobediencia civil
Más contentas que un gato
acechando mariposas
de verano relamo
la imagen de tenerte
mientras ella asiente
y seguro pensando
que desataré entonces
esa rienda maldita
capaz de separar
su instinto de la presa
bien marcada y ganada
por virtud del olfato
yéndose en vicio sólo
en razón de algo turbio
que no aprueba ni entiende
no y está bien dispuesta
a civil desobediencia
en su nombre y en nombre
de la nación fox terrier
agraviada por lógica
insensata y atisba
ahora esa lucidez
en la imagen alegre
de tenerte que yo
relamo suave aunque
bien diría un poco lenta
como la ley alzada
sin darse cuenta en contra
de su real provecho
si una necesidad
la dispara y el anhelo
que no es de fierro salta
vuelto deseo rapaz
para robarlo ya
y que al tío le cuenten
no al tino puritano
al temor del pecado
adán y eva si saber
no era sino tenerte
con alegría en mis brazos
juntas nos relamemos
acechando el pollo
la nutria o gallinita
deseada y sabrosa
que el edén no distrajo
devorar o amar no es
la misma cosa ya
sabemos pero cuánto
se parecen! especies
no extinguidas ni edad
que las termina loado
sea! y si es posible
refinado el caldero
del otoño sazón
y mando ah deseo único
bastión habilitándonos
la dulzura del alma
con tal simpleza que une
como guardar conciencia,
¡chumba! vida: a la caza
(La rebelión del instante 2005)
Tener lo que se tiene
Sólo me faltan rastas en el pelo blanco
de tan quemada por el lindo sol de marzo
sobre el río cuyas aguas se enfrían más y
más cálido el sol y helada el agua y después
el frescor de la atardecida bajo un manto
de rocío que arrastra delicadamente
marzo para largas caminatas, Talita
corretea por su coto de caza y yo
recibo las mejores melodías, versos
que se arman solos en mi cabeza afinándose
en la increíble caja de resonancia del agua,
volvemos a casa luego para dormir
como santas Talita y yo viviendo un rato
como queremos, dejá que barra cualquier
melancolía en la mañana temprano
y tener lo que se tiene, dejame el presente
(Tener lo que se tiene. Poesía reunida, 2009)
El cambio
Me levanto a las seis y veo la luz de la luna
que en el poniente mengua con delicado mordisco
veo cómo llega la otra luz
y se juntan ambas y una se funde en otra y después
el oro nuevo de sol sobre las copas más altas
de los árboles y la luna que sigue en el cielo
empalidece y se vuelve fantasma y la luz del sol
entrando al monte baña troncos y ramas y aquellas
sombras difusas de plata que la noche dibujaba
se transforman en sombras nítidas y contrastantes
de dirección cambiada: lo inclinado hacia el este
ahora hacia el oeste se tiende y hasta la sombra
parece despertada, los zorzales acompañan
el plata, luego el coro disperso de los pequeños,
las gallinetas que se desperezan en los fondos
de la casa graznan en montonera y el cucú
de torcazas que aún en la fiesta de la naciente
mañana igual suenan a duelo, a delicada advertencia
en la dicha del día donde de pronto ya nada
importa más que el día mismo
(Tener lo que se tiene. Poesía reunida, 2009)
El sonido de la vida
Si oír es interpretar con el cuerpo
ahora vos me acunás como un pájaro
en la frecuencia sonora de la radio
que rasga el silencio de la noche
o la resalta para viajar al sueño
Si mirar es ejecutar con el ojo
aquello que se mira sobre el tosco
puente de ramitas, hoy vi al Santa Rosa
enmarañado como una ciénaga
bajo los solos del bicharaje
en la húmeda tormenta
Si meterse al corazón del monte
no es aventura menor en las pupilas
educadas por el sueño, hoy
me dieron África al fin, pero en mi casa
tierra del yaguareté acariciada
por eso que se ve
en la barbarie de esteros
consagrados al sueño donde graznan
los caraos y vuelan mariposas
del tamaño de una uña
y gansos de cuello negro en mágicas
bandadas hacia el sur
Si abrir los ojos es dejar el aliento
en amor de lo mirado, ¡qué lindo
el pago y el exceso de lo nativo
y lo cautivo!, ramalazo de sangre
donde se pierde cualquier acento
de presencia humana
devorada por el malón del verde
que me acuna en una antífona
de vientos y tambores
en la húmeda campana de las islas
cuando todo ha sido hecho y nunca ha sido
la gloria y la belleza habitan el defecto
Si descubro esta polilla entre mis ropas
buscando la extensión del monte
que acoge lo que muere y lo que nace
y abro la ventana y digo ve con Dios
a las oscuras zanjas
o al brillo mortal del sol, princesa
negra como yo lo haré siguiendo un día
los acordes del sonido de la vida
si el delito natal así lo quiere
y pueda irme para siempre
en lo mirado
(Tener lo que se tiene. Poesía reunida, 2009)
Las cosas parecen lo que
hemos decidido son
Un perro cimarrón cruza los fondos
buscando rastros de algo o alguien quizá
tan huérfano sin dueño y sin manada
se lo ve a la intemperie del monte
y la mañana gris, “que los perros sean
libres como los pájaros” dijo
el vecino ayer pero ser libres qué es,
y soy el perro o mi opinión del perro
de a ratos sola como un perro
campanea el refrán la mirada
en los fondos de la casa y un jilguero
entre las ramas agita sus alitas
salta come caga como si fuera
feliz. Mudo el perro y el jilguero canta
Un perro cimarrón cruza los fondos
buscando rastros de algo o alguien quizá
tan huérfano sin dueño y sin manada
se lo ve a la intemperie del monte
y la mañana gris, “que los perros sean
libres como los pájaros” dijo
el vecino ayer pero ser libres qué es,
y soy el perro o mi opinión del perro
de a ratos sola como un perro
campanea el refrán la mirada
en los fondos de la casa y un jilguero
entre las ramas agita sus alitas
salta come caga como si fuera
feliz. Mudo el perro y el jilguero canta
(Tener lo que se tiene. Poesía reunida, 2009)
Día del perdón
De todas las cosas que me han pasado en esta vida
son las inocentes las que recuerdo con hondura
y más mientras los años a disparada como potros
en una estela de polvo también pasan y pasan,
pero el vicio nunca acaba de andar así ensuciando
esa claridad solita que viene por encanto
y por gualicho bruto se va de andar pensando fiero
o pensando mal de esto o de aquello y sobre todo
de la siempre linda inocencia franca para darle
a los demás y más aún de la que tienen los otros
o ganas de tenerlas de seguro como yo,
dar y recibir así de ida y vuelta y natural
si miramos bien las cosas qué fácil es perderse
en belleza inocente que no calcula porque ve
solamente hondura o ese espesor de la vida único
al hacer las cuentas donde es llamado el instante
que no nos dio cosa ninguna más que el alma entera
y sabionda de saber nada se lleva y sólo fue
ganar fue seguir en la montura sutil del viento
(Tener lo que se tiene. Poesía reunida, 2009)
Ekstasis
Moverme en lo abierto
como hace el cazador
bailar y silbar como el viento
en lo abierto
como la roca en el torrente y la piedra
en el granizo y el mosquito
con sus ojos abiertos
solamente a ello y nada más
en lo abierto
de una forma impensada
sin ver
ya nada, ya nada
(Pasos de baile, 2015)
DB, por Sara Facio
Salpicón de plata
Cada día a las once viene a visitarme
aunque sean días de lluvia el colibrí
y liba las flores blancas del jazmín
del país enredado en la pared
sobre los gigantes cuyas frentes asoman
y un ojo aún me ve desde el negro
de los gladiadores vuelto tumulto
del verde ahora...
arrecian las nubes oscuras
del norte y los truenos agostan
el rumor sutil de la naturaleza
en los bajos del verde,
dos mariposas se conqiuistan
al vuelo como diciendo
"a esto que siento no lo voltea
ni siquiera la tormenta"
y así pasan los días en el pueblo
de Zavalla mientras espero la llegada
de un poema que me salve
del tedio de los días
o espero a esa mujer
que vendrá con sus alas
nacaradas a volar
tras de mí
y yo
tras ella
como si fuéramos
las viejas primeras que harán
brillar la luna
con su salpicón de plata
(Fuerte como la muerte es el amor, 2018)
Algo sucede
Algo sucede
cuando me detengo en mí,
en mi silencio
y puedo pensar,
algo se despeja,
se alumbra
y es como entrar
a otro lugar. Sí,
he venido así,
sin que nada fuera mío,
he venido
buscando en mi silencio
no sentirme esclava
ni sentirme vencida
cada instante,
cada instante esa
del mar
en el poema
(La curva del tiempo, 2025)
Lucy
No estuve en Afar
pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,
en el museo de Addis Abeba
me hicieron reír y llorar
y te vi, caminando ágil por la foresta
bajo un cielo de diamantes!
Tan pequeña y tan hermosa
con tus veinte años y el bozo suave,
dorado de tu cara, hermanita mía,
hace tres millones de años
cuando empezabas a sonreír y a cantar
por todos nosotros que veníamos
atrás de vos, mi pequeña,
tan remota como lo soy yo misma
frente a estos chicos de diecinueve
aquí en la isla cuando el medioevo
vuelve con sus pestes en masa
y yo te canto, mi Lucy in the sky
with diamonds!
(La curva del tiempo, 2025)
La curva del tiempo
Donde había leones y leopardos,
lagartijas violetas con su azul de fuego
pájaros extraños con más azul
regado en la pradera y tropillas
de cebras, ninguna igual, todas
diferentes con su mapa sobre la piel,
impalas solitarios y gacelas de tres
colores, la de Thompson clavándose
en mi corazón, elefantes de bello porte
amorosos e inteligentes cuidando
a sus crías pequeñas con colmillos
gigantes y jirafas entrevistas en mi sueño
desde la infancia, mansas y esquivas
al mismo tiempo, avestruces corriendo
con sus alas desplegadas y los hipopótamos,
gordas sirenas de las charcas bajo el sol
africano vengo yo a enamorarme
de estos burros de Etiopía que se niegan
al verso y me dicen no, mientras muestran
sus caderitas cubiertas por el polvo
en tiempo de sequía donde brilla el sol
en sus piruetas bajo las nubes de tierra
seca y los negros bebiendo cerveza
a un costado de la carretera, cerveza
tibia y sabrosa en las latas de conserva
y no hay Tarzán bajando las laderas
del Congo, no hay ni un rubio que llame
mi atención, sino estos niños
con vestidos de colores, tan hermosos
que se vuelven enigmáticos corriendo tras de mí
en los mercados como corren por delante
estos burritos de carga liberados del mal,
del peso, de Dios en las iglesias ortodoxas
cristianas y hacen piruetas, vueltas de carnero
en el oro en polvo del polvo africano
para decirme que la arcadia del delta
está más cerca con sus perros sueltos al viento,
a la libertad del río sin camionetas cuatro
por cuatro llenas de idiotas como yo viendo
la fauna salvaje de África, persiguiendo
a una leona, que persigue a una gacela
que persigue al viento mientras los
campesinos de Etiopía ríen por las piruetas
de estos burritos que me llevo a América
porque todos vinimos de África lejana,
nuestra tierra natal… ¿Te acordás de ese león
soñado en los setenta sobre el río San Antonio,
el que te dio miedo y te escondiste en un sendero
de la sirga dejando que atacara a una viejita
con su pañuelo blanco? Venía del futuro
ondeando su melena al viento antes de llegar
a la curva del arroyo, la curva del tiempo…
(La curva del tiempo, 2025)
Graciasss/dianabellessi.com.ar/
Graciasss/revistacrisis.com.ar/diana-bellessi-y-la-lirica-insurgente/
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