GABBY DE CICCO

Queerland
 
III
 
El agua, oxigenada
desdibuja en el espejo
la paja
ya reseca de este rubio blanco
tipo
Marilyn.
No basta con teñirse. No basta con chuparla.
No basta con comerla. No basta con ser
este despojo, todas las mañanas.
 
 
VII
 
Lo raro de traducir el deseo
a otra lengua, es la propia lengua
que no alcanza para adjetivar o nombrar
el espasmo último de verte, desnuda, en danés,
a los pies de mi cama parisina.
 
 
IX
 
Drama queen. Tu boca
anestesiada declama
el zigzagueante pandemonio
de la belleza.
Pan y demonio. Suelta, vuelta.
Aire apenas, sufí en la cama.
 
 
XI
 
Dharma song. Plástico.
sofocando la cabeza desnuda
que el amante acaricia y besa.
 
Escribe con sangre
sobre el pastel de arroz
y quemas los deseos
que nadie debe conocer.
 
(Queerland, 2011)
 
 
Soy la distancia justa
que existe entre la sombra
de mi padre y nuestra historia.
 
La frontera cruzada por gusto
propio cuando no a desgano,
perseguida por ideas
ajenas a mi estado. Piedad
 
o monotonía familiar que angosta
la forma de parecer a ser
la primera en la vida. Sabiduría
 
lejana que en versos tristes
confunden al padre
con la hija.
 
Travestis desdoblados,
va la una sin el
otro en un juego que amalgama
la sinuosidad de un gesto,
o la altiva presencia
del que manda; no ya padre,
ni hija. Rey apenas
constituyendo orden provisorio
en historia ajena.
 
(Queerland, 2011)
 
 
Estado de terror
tras las frazadas. No hay
mantas que alcancen. Ni
un hilo de luz puede filtrarse.
Sólo la chispa del encendedor
y esa brasa que rompe con
las órdenes.
 
Pasan muy bajo los aviones
y la luna, solamente ella,
los ilumina.
 
Somos dos en ese balcón
de barrio de putas. Somos
con el mismo apellido
la misma duda ante el futuro.
 
Mi padre aspira largo
el cigarrillo. Cada vez su aire
atrae más aviones
militares.
 
-Vuelan muy bajo, papi- dije;
y la noche parecía arrasarnos
con su luna y aquel simulacro.
 
(Queerland, 2011)
 

Me dijeron que todo
lo que está fuera
de la ley es criminal.
Sin embargo vi
que lo marginal terminó
por darme la vida y un poder
en particular: ser
quien soy.
 
Desde el borde
de la infancia dibujé
un mapa que invalidó toda
cartografía previa a mi deseo. A
las maneras que tuve de crecer
en el infierno.
 
De eso no me dijeron
nada, era
lo prohibido, lo que golpeaba
a la puerta sangrando, pidiendo
refugio. Ahora no puedo
culpar
a quien no abrió, por miedo.
 
Sólo me queda
por hacer un espacio nuevo
con lo descubierto: aquello
que está del lado criminal
en donde nací, sin siquiera
sospecharlo.
 
(Queerland, 2011)
 
 
Ella me susurra caballos de arena;
me levanta en vuelo
para que los fantasmas se dispersen.
 
Me dice que escriba, que sea libre,
que gire en cueros
sobre la boca mi amante.
 
Susurro de caballos.
Montada en la boca oscura
la luna se retuerce y grita.
Montada en la punta de la lengua
el riesgo de correrse es infinito
y la caída solo divina.
 
Ella me susurra caballos de fuego.
Me incendia con su aliento.
Me adiestra con su saliva de lava, me desanuda lento
y me vuelve a atar a su cama.
 
Los caballos vuelven, al galope.
Por sus narices, cien mil lenguas de fuego.
Veo el riesgo de la caída, veo la boca
de ella susurrando mientras me coge.
Veo la gloria del cielo en la boca de la yegua
que me traga, me parte, me deshace.
 
La otra sigue susurrando caballos.
Caballos, como hormigas luchando
contra el peso de una hoja.
Ella me susurra lento, caliente, y se despide
cerrando la puerta con cuidado
para no volver abrirla.
 
(La tierra de los mil caballos, 2016)
 
 
Todes nos haremos traficantes de armas.
Todes terminaremos nuestros días
con una pierna menos, con la fiebre alta
del fastidio, del desamor.
 
Alguna vez creí en la poesía.
Era pura ilusión como cuando Cristo fue tentado:
«todo eso podrás tener, todo lo que desees».
 
L’artista en la arista escarpada, puño cerrado, arenga:
«El pueblo tiene el poder». El poder de cambiar cosas.
Yo creí en eso. Creo en eso. Yo era ese creer.
 
Ahora no veo nada en claro salvo el total vacío.
 
¿Miento? Digo la verdad.
¿Verdad? Miento.
 
Mato ese lado iluso. Intento el crimen perfecto
y no me sale. He estado mucho tiempo aquí,
y ahora no quiero morir. Alguna vez quise.
Dos veces en particular lo quise.
 
Yo soy eso otro que se te escapa, cada fucking día.
Yo soy lo que te apela y contradice. Yo soy lo otro,
lo inabarcable. Lo indecible.
Soy en mi lo que soy en vos
que sos eso que no podés ni siquiera nombrar.
 
También soy la mentira, el fuego, el deseo,
los elementos esparcidos por todos lados.
 
(La tierra de los mil caballos, 2016)
 

Voy a empezar por las preguntas más simples
¿Cómo se llama esta flor al filo
de la medianoche? ¿Alguien conoce
si sus semillas son de luz?
 
Lo que veo en el jardín
me despierta y desplaza
en esta soledad de océano
retirándose.
 
Hacer preguntas, hablar de flores
me fue dado después de la tormenta
donde creí haber perdido
 
(Transgénica, Obra reunida, 2019)
 

Con Lispector aprendí
que una cucaracha puede
ser una puerta al conocimiento.
 
Ahora la veo, tan pequeña
y marrón, irse por el desagüe
y no puedo dejar de pensar
en lo desagradable y breve
que es nadar
a veces, por esas aguas
interiores.
 
(Transgénica. Obra reunida, 2019)
 
 
Manifiesto post-apocalíptico punk
(Que explote)
(Que explote)
 
que exploten estas cabezas
armadas de chatarra
llenas de arena
de un desierto post-apocalíptico
que exploten
como en la película Scanners
y que nada quede
del pensamiento patriarcal
que arrastramos desde que nacemos
que explote la cabeza
la Matrix
el dolor mismo
del cuerpo pariendo-me
que explote
y se vuelva armar
en cámara lenta
hacia atrás
hacia la semilla
como en el cuento de Carpentier
sería mejor que exploten
los quirófanos
antes que nos sometan
sin consentimiento
a tantas operaciones
que explote el cuerpo
médico y se claven
bisturíes en los cuerpos
de quienes deciden lo que podés ser
y lo que no
que exploten los géneros
que no sean un límite
o que sean
a imagen y semejanza
de tu deseo cambiante
si se te canta
estar del otro lado
de donde te esperan encontrar
que explote este cuerpo torta
en tu boca y se haga agua
ripio en el roce de los pezones
que explote el mapa
que no sabe adónde te lleva
que explote el cuerpo
de quien empala
de quien incendia
a las mujeres que no ama
que exploten esos cuerpos
ese odio
hacia afuera
que los ciegue
que no sea solo
el motor de un movimiento
las palabras no alcanzan
para hablar de nuestrxs muertas
mujeres, tortas, travas
que explote lo que necesite
explotar cuando sea
la reserva moral
la económica
la moralina
que explote todo
en tu cara
en la historia familiar
en lo poco familiar
que suena cuando
hablamos de lo siniestro
que explote en el bulto del
violador, en la mano de
quien abusó, que explote
 
(Transgénica. Obra reunida, 2019)
 
 
Nos exponemos y somos la frágil
pieza exhibida en un museo.
La delicadeza es poca
/cuando existe/ y no solemos
llevar el cartelito: Tratar con cuidado.
La experiencia a veces cae
como porcelana antigua, pesada
haciéndose añicos.
 
Cómo recomponer lo roto,
la fisura en la boca
que grita y en primera persona
susurra
 
“Cada día tengo
que lidiar con cosas frágiles”.
 
(Un alfabeto insurrecto, 2025)
 

No se trata solo de aprender
el nombre de las cosas,
hay que nombrarlas de nuevo:
cada palabra un territorio liberado;
lo que se levantó
desde un alfabeto insurrecto.
 
(Un alfabeto insurrecto, 2025)
 

Volver al tema, dice Maillard.
Volver y romper, digo; hacer añicos
el muro de los lamentos y los engaños.
Salir por la puerta del lenguaje como se pueda.
 
Volver al tema. Darle nombre
al abuso; pensar en la lengua devoradora
de Kali cuando asfixia al culpable.
 
Volver al tema, dice Maillard.
Volver y destruir; convertir
en polvo cristalino
el muro de las excusas.
El lenguaje es un cuchillo
que afilo cada noche.
Volver al tema: nombrar
el abuso hasta que la palabra
sea colmillo, sea veneno.
Como Kali, mi lengua
es un látigo preciso
que busca la garganta
del culpable.
 
Volver al tema, dice Maillard.
No para perdonar
sino para que cada sílaba
sea una navaja exacta.
Volver al tema:
el abuso tiene nombre propio
y mi lengua, como Kali,
conoce el sabor
de la justicia.
 
(Un alfabeto insurrecto, 2025)
 

Con el verbo afilado
contra el borde del lenguaje
grabamos nombres en piedra viva
y la arrojamos donde convergen
todas las memorias.
Su caída traza
círculos temblorosos que deletrean,
por primera vez, nuestro alfabeto.
 
Respiramos sin saber que el aire
es a veces la raíz del dolor,
ese que se arranca del cuerpo
como guijarros con rastros de sangre.
 
Lo llamábamos asfixia
antes de encontrar la palabra exacta.
 
Hay veces que tu lengua
parece cortada por astillas de vidrio
al intentar decir
lo que se fuga del binarismo.
 
Lo no binarie se te atora
como un coágulo al fondo de la garganta
y tartamudeás que es imposible nombrarme,
nombrarnos, porque cuesta tragar
ese sorbo afilado.
 
¿Pensaste por un segundo, apenas,
por un instante, que somos personas
a quienes les negás la existencia
en esta lengua?
 
No somos lo abstracto
de una retórica, ni un concepto.
Somos carne, somos huesos,
las voces que ya no se callan.
Somos lo que corta, lo que te hace dudar,
acaso aprender a amar de otra manera.
 
Quizá sigas mordiendo vidrios por un rato.
Somos el vidrio.
Por eso, no nos disculpamos.
 
(Un alfabeto insurrecto, 2025)
 
Graciasss/www.enredando.org.ar/2016/09/30/entre-las-astillas-del-poema/
Graciasss/coranytermotanque.com/la-tierra-de-los-mil-caballos-de-gabby-de-cicco/


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