Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas.
Por ellas se va con la policía a la felicidad.
La poesía gafa de las ventanas es un secreto de costureras.
No hay más alegría que la de ser un hombre bien vestido.
Tu corazón es una bocina prohibida por las ordenanzas de tráfico.
Las casas rumian sus paces de buey.
Si dejaras saber que eres un poeta, irías a la comisaría.
Límpiate de entusiasmos los ojos.
Los automóviles te soban las caderas, volviendo la cabeza. Cree tú que
son mujeres
viciosas. Así tendrás tu aventura y tu sonrisa para después de la cena.
Los hombres que tropiezas tienen la carne encallecida de oficina.
El amor está en cualquier parte, pero en ninguna está de otro modo.
Pasan obreros con los ojos resentidos con la tarde, con la ciudad y con los
hombres.
¿Por qué había de fusilarte la Checa? Tú no has acaparado sino tu alma.
La ciudad lame la noche como una gata famélica.
Y tú eres un hombre feliz, quizá el único hombre feliz.
Tienes camisa y no tienes grandes pensamientos de ninguna clase.
Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores.
Spengler es un tío asmático, y Pirandello es un viejo estúpido, casi un personaje suyo.
Pero no he de enfurecerme por pequeñeces.
Mil cosas han hecho los hombres peores que sus culturas: Las novelas de
Victor Hugo, la democracia, la instrucción primaria, etcétera, etcétera,
etcétera, etcétera.
Pero los hombres se empeñan en amarse los unos a los otros.
Y, como no lo consiguen, acaban por odiarse.
Porque no quieren creer que todo es irremediable.
La polis griega sospecho que fue un lupanar al que había que ir con
revólver.
Yo no he pecado mucho, pero ya sé de estas cosas.
Bertoldo diría estas cosas mejor, pero Bertoldo no las diría nunca.
Él no se mete en honduras —ya está viejo, quiere paz y hasta apoya a
los moderados.
El mundo no está precisamente loco, pero sí demasiado decente. No hay
manera de hacerle hablar cuando está borracho. Cuando no lo está
abomina de la borrachera o ama a su prójimo.
Pero yo no sé sinceramente qué es el mundo ni qué son los hombres.
Sólo sé que debo ser justo y honrado y amar a mi prójimo.
Y amo a los mil hombres que hay en mí, que nacen y mueren a cada
instante y no viven nada.
He aquí mis prójimos.
La justicia es unas estatuas feas en las plazas de las ciudades.
Ninguna de ellas me gusta ni poco ni mucho —no son diosas ni mujeres.
Yo amo la justicia de las mujeres sin túnica y sin divinidad.
En punto a honradez, no soy de los peores.
Como mi pan a solas, sin dar envidia a mi prójimo.
Nací en una ciudad, y no sé ver el campo.
Me he ahorrado el pecado de desear que fuera mío.
En cambio deseo el cielo.
Casi soy un hombre virtuoso, casi un místico.
Me gustan los colores del cielo porque es seguro que no son tintes
alemanes.
Me gusta andar por las calles algo perro, algo máquina, casi nada
hombre.
No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los
otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.
Ahora en las calles hay un poco de sol.
No sé quién se lo ha llevado, qué mal hombre, dejando manchas en el
suelo como un animal degollado.
Pasa un perrito cojo —he aquí la única compasión, la única caridad, el
único amor de que soy capaz.
Los perros no tienen Lenin, y esto les garantiza una vida humana pero
verdadera.
Andar por las calles como los hombres de Pío Baroja —(todos un poco
perros)—.
Mascar huesos como los poetas de Murger, pero con serenidad.
Pero los hombres tienen posvida.
Por eso dedican su vida al amor del prójimo.
El dinero lo hacen para matar el tiempo inútil, el tiempo vacío...
Diógenes es un mito —la humanización del perro.
El anhelo que tienen los grandes hombres de ser completamente perros.
Pero estas cosas deben decirse en voz baja —siento miedo de oírme a mí
mismo.
Yo no soy un gran hombre —yo soy un hombre cualquiera que ensaya las
Grandes felicidades.
Pero la felicidad no basta a ser feliz.
El mundo está demasiado feo, y no hay manera de embellecerlo.
Sólo puedo imaginarlo como una ciudad de burdeles y fábricas bajo un
aletazo de banderas rojas.
Yo me siento las manos delicadas.
¿Qué soy, qué quiero? Soy un hombre y no quiero nada.
O, tal vez, ser un hombre como los toros o como los otros.
Tú no tienes las orejas demasiadas grandes.
Yo quiero ser feliz de una manera pequeña. Con dulzura, con esperanza,
con insatisfacción, con limitación, con tiempo, con perfección.
Ahora puedo embarcarme en un trasatlántico. E ir pescando durante la
travesía aventuras como peces.
Pero ¿a dónde iría yo?
El mundo me es insuficiente.
Es demasiado grande, y no pudo desmenuzarlo en pequeñas
satisfacciones como yo quiero.
La muerte es sólo un pensamiento, nada más, nada más...
Y yo quiero que sea un largo deleite con su fin, con su calidad.
El puerto, lleno de niebla, está demasiado romántico.
Citeres es un balneario norteamericano.
Las yanquis tienen la carne demasiado fresca, casi fría, casi muerta.
El panorama cambia como una película desde todas las esquinas.
El beso final ya suena en la sombra de la sala llena de candelas de cigarrillos.
¿Cómo he venido a parar en este cinema perdido y humoso?
La tarde ya se habrá acabado en la ciudad. Y yo todavía me siento la
tarde.
Ahora recuerdo perfectamente mis años inocentes. Y todos los malos
pensamientos se me borran del alma. Me siento un hombre que no ha
pecado nunca.
Estoy sin pasado, con un futuro excesivo.
A casa...
(La casa de cartón, 1928)
A cima de espina y pena,
Como ninguna... serena:
Deshumana todavía?
¿Dónde el dios y su agonía...
Dónde la tumba y la esposa!...
Dónde la lengua gloriosa!...
Dónde el azar que a ti se eche!...
Dónde la sangre y la leche!...
Dónde, Capullo de Rosa?...
Sino a sí misma, virtual...
A la agonía infernal,
En la rosa de papel.
Y mana, amarga, la miel
El duro dardo de ardor;
Cursa entrañable labor,
Por restreñar el herir,
Y jamás para a morir
La abeja del sinsabor.
Coppée
Dios ciego que haces la rosa,
Con mano que no reposa
Y de humano que no besa.
Adonde la rosa empieza,
Curso en la substancia misma,
Corro: ella en mí se abisma:
Yo en ella: entramos en pasmo
De dios que cayó en orgasmo
Haciéndolo para cisma.
(- Heme así... mi sangre sobre el ara
De la rosa, de muerte concebida,
Que, de arduo nombre sombra
esclarecida,
Palio de luz, de mi sombra me ampara.)
(-Heme así... de ciego que llameara,
Al acecho de aurora prevenida,
Desbocando la cuenca traslucida,
Porque sea la noche mi flor clara.)
(-Abrumado de él, sordo por quedo,
He de poder así, en la noche obscura,
Ya con cada yo mismo de mi miedo.)
(-Despertaré a divina incontinencia,
Rendido de medida sin mesura,
Abandonado hasta de mi presencia...)
(Travesía de extramares, 1950)
Ottava ripresa
- No eres la teoría, que tu espina
Hincó muy hondo; ni eres de probanza
De la rosa a la Rosa, que tu lanza
Abrió camino así que descamina.
- Eres la Rosa misma, sibilina
Maestra que dificulta la esperanza
De la rosa perfecta, que no alcanza
A aprender de la rosa que alucina.
- ¡Rosa de rosa, idéntica y sensible,
A tu ejemplo, profano y mudadero,
El Poeta hace la rosa que es terrible!
- ¡Que eres la rosa eterna que en tu rama
Rapta al que, prevenido prisionero,
Roza la rosa del amor que no ama!
¡Ay, que es así la Rosa, y no la veo!...
(Travesía de extramares, 1950)
Pianissimo
(III op. 28)
(Cortot: “Chopin: Troisième Prélude: Le chant du ruisseau”)
Quien este consejo quisiera fazer non avrá
miedo jamás de morir, más traspasará de muerte
a bevir vida por siempre sin le fallescer
Sánchez Calavera
Par délicatesse J’ai perdu ma vie
Rimbaud
((‒Cuando nació la diosa, de la mano
En mí vino a mirarse la Hermosura...
Y yo, su sombra, me hui... humano.))
((‒La fuente aún mana de donde dimano,
Empero sigo en trazo y estrechura,
Como riego de lloro y caz de piano.))
((‒Corrí a espuma de Venus Verdadera,
Flor u hojarasca, otoño, primavera...))
((‒Quiero irme lustral hasta mi sino!!...
¡¡Que mi curso desagüe en lo divino!!...))
(Travesía de extramares, 1950)
Allegro vivace
(Op. 51)
Aus tiefem Traum bin ich erwacht.
Die Lust wil Ewigkeit!
Nietzsche
...mais rendre la lumière
Suppose d’ombre une morne mottié
Valéry
‒Ninguno aspira más que a noche y fuego;
No quiere ser eterna tu alegría,
Sino besar la boca, y nada luego.
‒Es por tiniebla y tino de tu ciego...
Cual vitre que refracta en la ardentía,
O ríe que refringe en el aniego.
‒Tiento y tierra... no neón que el mundo labra
Es... medido marfil, mujer o piano...
‒Es pos, noctívaga, de temple a sueño,
Combusto, enciende de hembra, lar y leño...
(Travesía de extramares, 1950)
¿Sabes, Rubén?... La letra es larga y tenebrosa
Como la vida, como esta vida que vivo,
Con mis dioses adentro en mi yo de cautivo,
Furioso, y a un vidrio de ventana una rosa...
Y la letra se escribe con la mano babosa
Bajo un entendimiento de con cuerna de chivo.
Y así todo es verdad, hasta rima que escribo,
Sonriendo a mi furor que aúlla y que se goza.
Y la rosa se está, primera y dondequiera,
Y pregunta: ¿Por qué no callas, Alma Mía,
Alma mía de mano que no empuña siquiera?
¿Sabes, Rubén?... Hiciste el mundo y lo dejaste
Como el viento que pasa o como el dios cualquiera...
¡Este dios humanísimo, el que nunca me baste!
*
Una calle desierta como lo es una ola
¿No es así, Rubén? ¿O será como cabras
Y cabros que ya comen de una sola amapola?
¿O de otra flor de allá, salvaje, eterna, sola
O del propio cadáver que, sudando, te labras
O del humano único de la puerta que no abras,
O de la bestia horrenda que se lame la cola?
¡Sí, tú me lo dijiste, Rubén, y yo lo digo,
De la calle perfecta, desierta, de conmigo,
Donde todas las veces se huyeron a mi paso!
No te toco, Rubén, pero te sé aquí mismo,
Aquí mismo, Rubén, horizonte de abismo.
La Luz es otro abismo, Rubén, más ciego acaso...
*
Rubén, todo es tragedia... la flor en la maceta,
Y este cuerpo que crece y muere de su día,
Y este ir y venir sin querer del poeta...
Nada es sino que es... la flor que se está quieta
Como dicen que está, y mira en su agonía
A la luz de su muerte y a alguna mano fría
Que no toca, que sabe lo de deidad imperfeta.
¡Todo tan simple y trágico, Rubén... el alma mía,
La que mea tal vez y golpea a otra puerta
Con el golpe redondo del ebrio que se guía!
¡Tú, que hiciste tu verso y moriste y lo sabes!
¿Dónde me estaré entero en donde no me cabes
Un hueso sobre el otro, Madera, Poesía?
*
¡Sí, esta realidad de una bestia afligida,
Y este humano tremendo de dioses y razones,
Y este ser uno solo a través de la Vida!
¡Sí, la Vida es real, como una agua de huida,
Como el río que está a todos corazones
Huyendo como un río de eternas sinrazones,
Y un gato que ya teme del agua, tan bebida!
Sí, Rubén, es así, aunque yo no lo quiera.
Siempre será el verano, siempre la primavera,
Y siempre la ironía del poeta gotoso.
¡Siempre será mi ser, porque me temo y vivo,
Rubén! ¡Siempre seré con el brío del chivo
Y acaso con su muerte de camal y sin gozo!...
*
Vi comer el jamón a un muchacho. ¡Qué pena
¡Era un muchacho ebrio, con su todo y su nada!
Lo vi tragar, Rubén, y no era mi escena.
¡Qué tristeza, Rubén, de una tristeza plena
Que no sabe de sí y echa la carcajada
Como se suelta el pedo, como se mira a cada
Otro con su sombrero y con su magdalena!...
¡Que tristeza, Rubén, que tanto no sufriste!...
¡Y uno come el jamón con su boca de triste,
Del cerdo que me hizo tan buscado y presente!...
¡Tantos dioses, Rubén, pero sólo dos manos!...
¿Qué cerdo no me mira con sus ojos humanos?
¡Rubén, y ese muchacho que yo soy... el ausente!...
*
Tarda la Muerte, tarda, Mi Darío,
Todo es como el tesoro que se guarda,
Como lo ajeno que me sé, lo mío...
Tú, que alcanzaste rematar tu río,
Retener mi reflejo que me aguarda,
Mi huir contenido en cauce... flor a barda,
Que se sigue, fluyendo en su albedrío...
Así era, que es la Muerte, así la Vida,
Este querer de dentro adentro, ardido
Perseguir de mi quieto en mi corriente...
El río es una flor tan revivida,
Nunca de sobre mí, porque la olvido
Remirando, Rubén, el yo creciente...
*
Yo siempre estoy demás y defuera, Alma Mía.
No sé dónde y alguna mariposa atrasada
Que rebusca la flor que se fue todavía...
¿Si fuera mi razón, Rubén, escribirías?
¿No estarías debajo de la sombra arboleda?
Sabrías de tu todo, sabrías de tu nada
Como sabe el insecto sin saber, que tú crías?
¿Será Dios una vez... no estos dioses de entanto?
¡Rubén, tú que me dices de ignorancia divina,
Dime si debo ir el cauce de mi llanto!
¡O si debo acogerme a ojo que me adivina!
¿O si sólo seré algo de tanto en cuanto,
Una sombra no más, una sombra en la esquina?
(Mi Darío, 1967)
Poesía, mano vacía...
Poesía, mano empuñada
Por furor para con su nada
Ante atroz tesoro del día...
-Poesía, la casa umbría
La defuera de mi pisada...
Poesía la aún no hallada
Casa que asaz busco en la mía...
-Poesía se está defuera:
Poesía es una quimera...
¡A la vez a la voz y al dios!...
Poesía, no dice nada:
-Poesía se está, callada,
escuchando su propia voz.
(De Diario de poeta, 1975)
Tú adelante vas, con paso vivo
Tú fatal como el agua de derivo,
Al almo mundo que es la luz entera...
Sin estricto ciprés ni desbordada
Rosa ni sombra alguna la quimera.
Tú adelante vas, ¡ay!, porque en cada
Forma late el Origen y a tu obscura
Noche echó su chispa ya alborada...
Tu breve vida, que dura, que dura...
La agonía que te ahoga y resuella,
Que es vivaz muerte que tu paso apura...
Astro siniestro tu creciente estrella,
De tu hoy la inacabable madrugada,
Donde, tú cegato, buscas la huella
Humanal de algún dios... y no ves nada.
¿A aquel cielo que quepa tu respiro
O al tesoro de en la ínsula extraña?...
¡Ay!, tú siempre con vuelo del vampiro
Y con avidez de la musaraña...
¡A eternidad de eviterno, Poeta,
Tiempo tuyo que sea casa tuya,
Casa capaz!... ¿ninguna la perfeta?
Y vagas tú por entre duro y bulla
De la ciudad que en ti alcanzó su asiento,
Llevado tú por una voz no cuya.
Vas y vives así vivir, ya lento,
Ya raudo, ya en burdel, ya en oficina,
Como can que procura su alimento.
Y todo, voluntad, asaz, divina...
Real al ver... muro en la morada...
Cruel el cisne... bajo la rosa, espina...
Y a todo ya la mente desatada,
La que rebusca en pos de aquel su tacto...
La bestia pronta que no sabe nada,
Que nada sabe sino por el acto...
Y luz de madrugada cenicienta...
De rescoldo lívido, desmedido,
La Muerte, que te impide y que te tienta
Como lo haría cactus florecido...
¿En dura concreción de luz primera
Flor increíble, en cima y en abismo,
Esplenderá, Cactus, tu primavera,
Tu ser por alegría, tú yo mismo.
¿Yo, vivo eterno ya cuando yo muera?...
Y en fango de constante madrugada,
Tu verso brota, súbito y fungoso...
Tu propio amanecer que bulle en cada
Real creándote lo real pasmoso...
Sombra ardiendo, tenaz... ese murmullo...
Ese alarido... eso oído en vano.
Diáfano y trágico, ese verso tuyo...
Un lirio de agua intruso en tu pantano...
Alba y penumbra que se expande... sube
Quizás... pero tú pintas en tu muro,
A fuego y con espátula, tu nube...
Esa nube feliz del verso puro,
Nave del rayo que por él se irisa...
¿Vivir ya tu peligro... tu seguro...
Tú, Poeta, volando con la driza?
¡Ay, acá cada forma es con un nombre,
Y es cada nombre simple y como exento;
Acá, Poeta, donde cabe el hombre
Común con su cuadrado pensamiento!
Y así, al azar de poesía inquieta,
Descuidado de real y de sujeto,
Vas inventando el Mundo tú, Poeta,
Libre él ya de confín y de secreto.
Y vuela ya tu voz a voz no oída,
Tu invocación de en plática desierta:
A muerte que te falta y que es tu vida:
—«Tú, Muerte, tú mi vida, tú mi puerta...»
Ciego, buscas a Amor amando a tientas,
Y te quedas allí donde te evades
De ti mismo: tú siempre representas
Lo trágico de todas las mitades.
Y tú repites tu torpe, tu vano
Batir de tiburón en albufera...
Perfecto el tiburón... el deshumano...
Breve la mente... larga la carrera...
No otra el alma que el cuerpo sin desgano.
Y esa tu actualidad, que desparece...
Y esa gana de eterno y desmedido
Que crece en ti como la uña crece,
Afuera del recuerdo y del olvido...
Y el mundo real y su imaginería,
Ese hueso real que tu alma encierra...
Sí, tú vas adelante todavía
Por sobre huesos hondos en la Tierra
(De Diario de poeta, 1975)
Escrito a ciegas
¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy,
adónde voy?… Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
y sensible volumen de ser mi humano,
que es un cuerpo y vocación,
sin embargo.
Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo,
Porque vivo, porque me mato.
Mi Ángel no el de la Guarda.
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,
que me lleva mi término,
tropezando, siempre tropezando,
en esta sombra deslumbrante
que es la Vida, y su engaño y su encanto.
Cuando lo sepas todo…
Cuando sepas no preguntar…
Sino roerte la uña de mortal,
entonces te diré mi vida,
Que no es más que una palabra más…
La toda tuya vida es como cada ola:
Sabe matar,
sabe morir,
y no saber retener su caudal,
y no saber discurrir y volver a su principio,
y no saber contenerse en su afán…
Si quieres saber de mi vida,
vete a mirar al Mar.
¿Por qué me la pides, Literata?
¿Ignoras acaso que en el Mundo,
todo de nadas acumuladas,
de desengrandar infinitudes,
no sino un trasgo
eterno, sombra apenas de apetito de algo?
La cosa real, si la pretendes,
no es aprehenderla sino imaginarla.
Lo real no se le coge: se le sigue,
y para eso son el sueño y la palabra.
¡Cuídate de su atajo!
¡Cuídate de su distancia!
¡Cuídate de su despeñadero!
¡Cuídate de su cabaña!
¿Quién soy? Soy mi qué,
Inefable e innumerable
figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin… y era al principio,
antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
asentada y de aceda ironía.
No, no soy el que busca
el poema, ni siquiera la vida…
Soy un animal acosado por su ser
que es una verdad y una mentira.
¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,
con punzada en nervio y carne!…
Yo buscaba otro ser,
y ése ha sido mi buscarme.
Yo no quería ni quiero ya ser yo,
sino otro que se salvara o que se salve,
no el del instinto, que se pierde,
ni el del entendimiento, que se retrae.
Mi día es otro día,
algún no sé dónde estarme,
a dónde no sé ir en mi selva
entre mis reptiles y mis árboles,
libros y cementos
y estrellas de neón.
Mujeres que se me juntan como la pared y como nadie…
…….o como madre,
y el recién nacido que sobre mí llora,
y por la calle
todas las ruedas
reales y originales.
Así es mí día cabal,
hasta la última tarde.
El Otro, el Prójimo, es un fantasma.
¿Existe el aire
donde te asfixias y recreas
respirando, tu cuerpo inane?
¡No, nada es sino la sorpresa
eterna de tu mismo reencontrarte
siempre tú los mismos entre los mismos muros
de las distancias y de las calles!
¡Y de los cielos estos techos
que nunca me ultiman porque nunca caen!
Y no alcancé al furor de lo divino,
ni a la simpatía de lo humano.
Lo soy y no lo siento ni así me siento.
Soy en el Día el Solitario
y el absoluto en la Zoología si pienso,
o como carnívoro feroz si agarro.
¿Soy la Creadura o el Creador?
¿Soy la Materia o el Milagro?
¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!…
¡Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?
¡Pero no, el Otro no es!
¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!
¡Y con todos mis sueños resonados,
y con toda la moneda recogida,
y con todo mi cuerpo, resurrecto
tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!…
¡Cuando no seas nada más que ser,
¡Si llegas a la edad de la agonía!…
¡Cuando sepas, verdaderamente,
que es ayuntamiento de muerte y vida!…
¡Entonces te diré quién soy,
seguro sí, que ya sin voz, Amiga!
Que se curan con hierbas eficaces
los puros animales que hablan
allá, entre piedras inmateriales
el mundo real y la ciencia humana,
donde, con una pelota
los muchachos aparentes hediondos gozaban.
Sí, la vida es un delirio así, sin embargo,
en esa vida no estuvo mi nada,
ninguna, pero real, pero celeste o volcánica.
¡Qué parte llega el tiempo
a su punto de olvido o de sensibilidad!
Viene arrastrando, como el aluvión,
de cúmulo, de suelo, de humanidad.
¡Cuán a destiempo llega uno a sí mismo!
¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,
todo yo que cae con el Tiempo
desde nunca siempre y para siempre jamás!
¡Qué madrugada eterna no dormida
lo del resolverme en el hacer y en el pensar!
La soledad es una roca dura
contra la que arroja el Aire.
Está en cada pared de la Ciudad,
cómplice, disimulándose.
Me arrojo o me arrojo, sin cesar
yo soy mi impedimento y mi crearme.
La Poesía es, amiga,
inagotable, incorregible, ínsita.
Es el río infinito
todo de sangre,
todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vívido…
¿Qué es la Palabra
sino vario y vano grito?
¿Qué es la imagen de la Poética?
¿Sino un veloz leño bajo un gato írrito?
Todo es aluvión. Si no lo fuera,
nada sería lo real, lo mismo.
El amor no sabía
sino tragarse su substancia
y así la Creación se renovaba.
Todo me era de ayer, pero yo vivo;
y a veces creo, y la Vez me amamanta.
No soy ninguno que sabe.
Soy el uno que ya no cree
ni en el hombre,
ni en la mujer,
ni en la casa de un solo piso,
ni en el panqueque con miel.
No soy más que una palabra
volada de la sien,
y que procura compadecerse
y anidar en algún alto tal vez
de la primavera lóbrega
del ser
no me preguntes más,
que ya no sé…
Supe que no era lo que no era, no sé cómo, y todo era
hasta la cosa de mi nada.
Y fui uno no sé cuándo,
Persiguiendo, por entre numen y maraña
Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con todas las armas,
yo por todo paso que me hacía,
a ello persiguiendo… a la palabra
a cualquiera,
a la de la madriguera o a la que salta.
Si mi vida no es esto
¿Qué será la vida?… ¿Adivinanza?…
Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,
y yo me reharé mi eternidad;
lo que me falta,
porque la eché… me estuvo un momento demás.
¿Sabes de los puertos encallados,
del furor y del desembarcar,
y del cetáceo con mojadísimo uniforme,
que no nada y cae ya?
¿Sabes de la ciudad tanta,
que me parece ciudad,
sino cadáver disgregado,
innumerable e infinitesimal?
Tú no sabes nada;
Tú no sabes sino preguntar,
Tú no sabes sino sabiduría
Pero sabiduría no es estar
sin noción de nada, sino proseguir o seguir
a pie hacia el ya.
(Antología, 1989)
Esquizofrenia
Manicomnio del alba, asilante un lucero
friolero, adormilado, tan ave todavía…
-Apenas la tarde se pone luz ap-te-ro,
cuerdo, inmóvil, etcétera, a toda celestía.
En la rama cimera de un arbógeno aguacero,
estrellín, estrellón, anoche se dormía,
el pico bajo el ala, a un grado bajo cero,
sin hembra al lado, al lado de un viento que rugía.
Hora aletea torpe con las alas rociadas;
loco de soledad, se ignora estrella y pía
en tema de ave y topa con las brisas cerradas.
-Avestrella, delirio, patetismo mentales…
Los anteojos de Núñez deploran tu manía
en ciegas adherencias de orvallos lacrimales.
(Antología, 1989)
Hotel
En un sabor romántico de naranja de enero,
en un dulzor de valse ácido todavía,
en el cesto de mimbre del verano frutero,
en yerbas de artificio, en pelusas de día…
-Gran hotel en arena. -Salmones sin dinero
exigen en los bares su trago de alegría.
Precipitadamente, registro del lucero.
Venus, aventurera, se da a la policía.
-El peligro venéreo de la estrella madama
en aderezos falsos, en quimono, en la cama…
-Dos quepís se la llevan de las manos, sonoras.
Cucharillas de plomo frustran la luz perfecta,
la Suzanne de a mi lado se pone azul, abyecta,
y anclan en mi jarabe las barcas pescadoras.
(Antología, 1989)
La rosa
A Enrique Peña
Pura rosa de teoría…
olor y color mental,
forma de melancolía…
Un ánima ajena mía,
deshacía y rehacía
nulo proyecto espiral.
Pura rosa de teoría,
olor y color mental,
forma de melancolía…
Mi rosa de pensamiento
en el espacio real.
Todo, todo fue un momento.
En el vaso de cristal,
cuerpo de la luz, había
la materia de lo ideal.
Pura rosa de teoría,
olor y color mental,
forma de melancolía…
El alma que sostenía
el divino movimiento,
situaba en el mundo, tento,
la creatura nadía.
Intimo tiempo cundía.
Fue un ánima ajena mía,
traspasando su deseo;
quien en la rosa que veo
vio la que no se veía.
Un ánima ajena mía,
en un vaso de cristal,
plenaba, a la luz vacía,
de olor y color mental,
forma de melancolía.
Pura rosa de teoría…
En la angustia, todavía,
claro incolor espiral.
Era la rosa absoluta
en la rosa resoluta.
Sensos miserandos pía
mente cesaban. Rosal
de espíritu se sabía.
¡Ah, la rosa material!…
(Antología, 1989)
Portada: "La casa de cartón" es la ópera prima del escritor laureado. (El Virrey/Crisol/Óleo Enrique Polanco)
Graciasss/aullidolit.com/escrito-a-ciegas-poema-martin-adan/
Graciasss/limagris.com/martin-adan-las-calles-lima/
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