VIOLETA BARRIENTOS

El jardín de las delicias
 
Graciosos cuerpos, células vivas, piel nacarada.
El mundo gira en la burbuja del placer
desnudo en ascensión espiritual.
 
Cuerpos magramente alargados
adornan fantasías interminables.
Sobre la roca negra de asfalto,
hombres de cáscara delgada y
mejillas hundidas,
un gran mural o tríptico extendido.
 
Un bestiario antediluviano inunda el paisaje
de animales y plantas sensibles al placer y al dolor.
Alegría, alegoría, la Poesía vuelta al origen salvaje.
 
Rosas como nalgas abiertas
encarnan olores translúcidos
y el aire libera una fragancia
incubada en sus pétalos desde siglos.
Mares fortificados
son tibias profundidades en reposo.

El río de la Claridad baña la orilla oculta del cielo
y el de la Armonía extiende sus brazos sobre la tierra.
El Hombre no ha descubierto aún en qué se diferencia,
su hígado le es invisible y su corazón también.
El trabajo no ha endurecido aún la mano del que acaricia
y el árbol de la Vida en medio del paraje,
recién nace, agita sus hojas brillantes
se le oye crecer.
 
Una luna hermética se balancea cristalina sobre
un estanque de agua
juego de espejos que desorienta a los amantes
la cabellera de la doncella turba la sangre
dejando entrever un reino virgen.
 
Largas reflexiones sobre el monte de Goce.
Pubis inapelable camino del alma,
hasta ti llego en peregrinaje.
 
(El jardín de las delicias, 1999)
 
*
 
12
 
Tu único miembro arde, Serpiente,
en el ritual del otoño
desprendiendo hojas,
sacude y centellea
secretamente como un leño
del árbol en que duermes
hasta consumirse en sí mismo
deseando su ausencia.
Tu única voz, Serpiente,
modula un chirrido sin fin
que la deshace.
Oscura en ti,
reposas desnuda en tu fondo,
en tu materia larga,
en tu matriz.
 
(El libro de la serpiente, 2004)
 

09.
 
Hay quienes tienen una muerte simple. Mueren del frío que se cuela por
sus pies.
 
Divagan indefensos hasta olvidar sus nombres conocidos. Solo les queda
la piel como oscuro distintivo, como un gendarme que señala dónde
están.
 
Su paso es de cartílago, su existencia, un accidente, el exabrupto de un
vientre, una arcada en las teorías- de convivencia social.
 
Del aire vienen y al aire van. Miasmas.
 
Cifras no recogidas en el balance nacional.
 
(Cosas sin nombre, 2008)


11.
 
Instantáneas.
 
Todo espacio es temporal; habitaciones de hotel, oficinas y bares,
entreactos, pasillos y ascensores.
 
Alguien asoma a la puerta. No hay hogar, ni costumbres familiares
a la vista.

(Cosas sin nombre, 2008)

 
19.
 
Murió sin conocer tantos lugares.
 
Murió sin saber secretos de familia, sin volver nunca a su pueblo ni ser
reconocido allí.
 
Murió sin amar a la mujer de su vida ni probar la ternura que otra le
habría dado.
 
Murió a secas, eso sí se cumplió, y su muerte fue como casi todas las
muertes, no llamó la atención. Fue un nombre más, llorado por pocos
que asumieron rostros graves y vestidos de luto.
 
Tuvo tiempo de sobra, pero murió como todos, antes de tiempo.
 
(Cosas sin nombre, 2008)
 
*
 
Flor de loto
 
En el museo chino me muestran unos pequeños zapatos
de mujer, diríase de niña virgen. Los pies eran flores de loto,
Pequeños para no pesar sobre los hombros.
Los ojos cerrados –los de ella-
No deben observar a quien le llena el vientre.
Los pies pequeños no pueden ir lejos
Sin ser llevados por esclavos en una litera.
 
La niña ha tomado la forma de un recipiente,
Sus pies de hueso curvo se abren a un guerrero
O señor de cien siervas semejantes.
 
(Erótica, inédito)
 
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