Veintiún poemas de amor
I
I
Mientras en esta ciudad parpadean las pantallas
con pornografía, vampiros de ciencia ficción
y asalariados doblándose bajo el látigo,
también hay que caminar… nada más, caminar
entre la basura mojada, con las crueldades
de nuestros barrios en primer plano.
Tenemos que entender que nuestras vidas son inseparables
de esos sueños rancios, del borboteo del metal, de esas desgracias
y de la begoña roja que destella peligrosamente
en la cornisa de un edificio de seis pisos
o de las chicas de piernas largas que juegan a la pelota
en el patio de la escuela.
Nadie nos imaginó. Queremos vivir como árboles,
sicomoros llameantes en el aire sulfúrico,
moteados de cicatrices, pero floreciendo con exuberancia,
con nuestra pasión animal enraizada en la ciudad.
II
Me despierto en tu cama. Sé que estuve soñando.
Mucho antes nos separó la alarma, y estás
desde hace horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:
nuestra amiga, la poeta, entra en mi cuarto
donde llevo días escribiendo, hay borradores,
carbónicos y poemas desparramados por todas partes,
y quiero mostrarle un poema
que es el poema de mi vida. Pero dudo,
y me despierto. Me besaste el pelo
para despertarme. Soñé que eras un poema,
te digo, un poema que le quería mostrar a alguien…
me río y vuelvo a soñar otra vez
con el deseo de mostrarte a todos los que amo,
de andar juntas sin reservas
con el impulso de la gravedad, que no es simple,
que arrastra un largo trecho al plumerillo en el aire exhalado.
III
Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar
por los años que perdimos. Así y todo, solamente esta peculiar distorsión
del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana
con los miembros flameando de la más pura alegría?
¿O me incliné desde una ventana sobre la ciudad
a escuchar el futuro
con los nervios afinados, como escucho tu llamada ?
Y tú, tú te acercas a mí con la misma cadencia.
Tus ojos son inmortales, la chispa verde
del lirio a principios del verano,
el berro verdeazul que lavó la primavera.
A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.
Te toco sabiendo que no nacimos ayer,
y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir.
IV
Vuelvo de estar contigo por donde la luz temprana
de la primavera destella en las paredes de siempre,
el Pez Dorado, la casa de saldos, la zapatería…
arrastro la bolsa de las compras, corro el ascensor
donde un hombre viejo, tenso, almidonado, deja
tranquilamente que las puertas casi me cierren encima.
le grito –¡Párela, por el amor de dios!,
y él me dice –histérica– por lo bajo.
Me instalo en la cocina, descargo los paquetes,
hago café, abro la ventana, pongo a Nina Simone
que canta Here Comes the Sun… abro el correo
mientras bebo el café delicioso, la música deliciosa
con el cuerpo liviano y pesado a la vez, todavía contigo.
Del correo se cae una fotocopia de algo que escribió
un hombre de 27 años, un rehén, torturado en prisión:
Mis genitales fueron objeto de tal despliegue sádico
que me mantienen siempre despierto del dolor…
Haz lo que puedas para sobrevivir.
Sabes, creo que a los hombres les encantan las guerras…
Y mi enojo incurable, mis heridas insuturables
se abren más con las lágrimas, lloro inútilmente,
ellos todavía controlan el mundo, y tú no estás en mis brazos.
V
Este departamento lleno de libros podría partirse en dos
bajo las mandíbulas gruesas y los ojos saltones
de los monstruos: una vez que abres un libro, te tienes que enfrentar
al lado oscuro de todo lo que amaste–
el estante y las pinzas listos, la mordaza
con la que hasta las mejores voces tuvieron que mascullar,
el silencio que entierra en la arena del desierto
a los niños no deseados —mujeres, desviados, testigos.
Kenneth me cuenta que ordenó los libros de modo
que mientras escribe puede ver a Blake y a Kafka;
sí, y todavía hay que ajustar cuentas con Swift,
que aborrece la carne de las mujeres pero les alaba la mente,
con el terror de Goethe por las madres, con Claudel vilipendiando a Gide
y con los fantasmas —sus manos entrelazadas por siglos—
de las artistas que murieron en el parto, de las sabias calcinadas en la hoguera,
siglos de libros sin escribir, apilándose detrás de estos estantes;
y todavía nos tenemos que quedar mirando la ausencia
de los hombres que no debieron, y de las mujeres que no pudieron, hablarle
a nuestra vida— este hoyo aún sin excavar
llamado civilización, este acto de traducción, este medio-mundo.
VI
Tus manos chiquitas, exactamente iguales a las mías—
solo el pulgar es más largo, más grande— en esas manos
podría poner el mundo, o en muchas manos como esas,
que empuñan herramientas o el volante
o tocan un rostro humano… manos así podrían acomodar
al nonato en el canal de parto
o pilotar un barco de rescate
a través de los icebergs, o reunir
los pedazos delgados como agujas de una gran crátera
que a los lados tiene
figuras de mujeres estáticas marchando
al cubil de la sibila o a la caverna eleusina—
manos como esas podrían ejercer una violencia inevitable
con tal moderación, con tal comprensión
del rango y de los límites
que la violencia se volvería obsoleta para siempre.
VII
¿Qué clase de monstruo convertiría su vida en palabras?
¿De qué se trata esta expiación?
—y sin embargo, de escribir palabras así, yo también vivo.
¿Es como la señal que aúlla el carcayú,
esa cantata modulada de lo salvaje?
¿O cuando, lejos de vos, trato de crearte con palabras,
te uso, nada más, como se usa un río o una guerra?
¿Y cómo usé los ríos?, ¿cómo usé las guerras?
¿para escaparme escribiendo de la peor de las cosas—
no de los crímenes de los otros, ni siquiera de la propia muerte,
sino del error de querer la libertad con suficiente pasión como para que
los olmos apestados, los ríos enfermos y las masacres parecieran
meros emblemas de esa profanación de nosotros mismos?
VIII
Puedo verme a mí misma años atrás en Sunion,
dolorida y con un pie infectado, Filoctetes
con forma de mujer, rengueando por el largo sendero,
recostada en un promontorio sobre el mar oscuro,
mirando las piedras rojas abajo, donde un espiral
de blancura me decía que había golpeado una ola,
imaginando el empujón del agua desde esa altura,
sabiendo que el suicidio no es lo mío,
pero todo el tiempo cuidando y midiendo esa herida.
Bueno, se terminó. La mujer que quería
a su sufrimiento está muerta. Yo soy su descendiente.
Amo la cicatriz que me legó,
pero de acá en más quiero seguir con vos
luchando contra la tentación de hacer del dolor una carrera.
IX
Hoy tu silencio es un estanque donde viven cosas ahogadas,
cosas que quiero ver levantarse chorreando y secarse al sol.
No es mi cara la que veo, sino otras caras;
también la tuya, a otra edad.
Lo que sea que esté extraviado ahí, las dos lo necesitamos—
un reloj de oro antiguo, un registro de temperatura que el agua borró,
una llave…Hasta el barro y las piedritas del fondo
merecen su cuota de reconocimiento. Me asusta este silencio,
esta vida sin articular. Estoy esperando
un viento que abra suavemente los pliegues de estas aguas
de una vez y me muestre lo que puedo hacer
por tu, que muchas veces le pusiste nombre
a lo innombrable para los otros, incluso para mí.
X
Tu perra dormita, tranquila e inocente, en medio
de nuestros llantos, nuestras conspiraciones susurradas al alba,
nuestras llamadas telefónicas. Ella sabe —¿qué puede saber?
y si en mi arrogancia humana pretendo leerle
los ojos, solo encuentro mis pensamientos animales:
que las criaturas deben encontrarse para el bienestar físico,
que las voces de la psique atraviesan la carne
más allá de lo que el cerebro torpe podría predecir,
que las noches planetarias se enfrían para los
que están en el mismo viaje y quieren tocar
una criatura-viajero inequívoco hasta el final;
que sin la ternura, estamos en el infierno.
XI
Cada pico es un cráter. Esa es la ley de los volcanes,
lo que los hace eterna y visiblemente femeninos.
No hay altura sin profundidad, sin un centro candente,
aunque nuestras suelas se deshilachen contra la lava endurecida.
Quiero viajar contigo a cada montaña sagrada
que humea por dentro, encorvada como la sibila sobre su trípode,
quiero estirarme para alcanzar tu mano al escalar la senda y
sentir tus arterias brillando en mi mano,
sin dejar de notar nunca la flor pequeña como una joya
desconocida, sin nombre hasta que la nombramos,
prendida a la roca que cambia lentamente—
ese detalle de fuera que nos lleva hacia dentro,
que estaba ahí desde antes, sabía que íbamos a venir, y ve más allá.
XII
Durmiendo, turnándonos para girar como planetas
que rotan en su prado nocturno:
un roce es suficiente para hacernos saber
que no estamos solas en el universo, ni siquiera al dormir:
fantasmas del sueño de dos mundos
que andan por sus ciudades fantasmas, casi guiándose entre sí.
Desperté con tus palabras murmuradas
hace años luz —u oscuridad—,
como si mi propia voz hubiese hablado.
Pero tenemos voces diferentes, incluso en sueños,
y nuestros cuerpos, tan semejantes, también son tan distintos
que el pasado que reverbera en la corriente sanguínea
va cargado de idiomas diferentes, diferentes significados—
sin embargo, en cualquier crónica del mundo que compartimos
podría escribirse con un sentido nuevo que
éramos dos amantes de un mismo género
éramos dos mujeres de una misma generación.
XIII
Las reglas se rompen como un termómetro,
el mercurio se vuelca sobre los gráficos,
estamos en un país que no tiene lengua
ni leyes, vamos cazando al cuervo y al reyezuelo
por barrancos inexplorados hasta el amanecer
cualquier cosa que hagamos juntas es pura invención
los mapas que nos dieron están desactualizados
desde hace años… conducimos por el desierto
preguntándonos si el agua alcanzará
las alucinaciones se convierten en aldeas
la música de la radio nos llega con claridad–
ni Rosenkavalier ni Gotterdammerung
sino una voz de mujer que canta canciones viejas
con palabras nuevas, con un bajo sereno y una flauta
robada y tocada por mujeres fuera de la ley.
XIV
Fue tu imagen del piloto
la que me confirmó mi imagen de ti: sigue
yendo, a propósito, de cabeza a las olas, dijiste
mientras nos agachábamos en la escotilla
a vomitar en bolsitas de plástico
las tres horas entre St. Pierre y Miquelon.
Y nunca me sentí más cerca de ti.
En la cabina había parejas de luna de miel
acurrucados uno en la falda o en los brazos del otro
yo puse mi mano sobre tu muslo
para darnos consuelo a las dos, tu mano se acercó a la mía
y nos quedamos así, sufriendo juntas
en nuestros cuerpos, como si todo sufrimiento
fuera físico, así nos tocamos en presencia
de extraños que no sabían nada y les importaba menos,
que vomitaban su dolor privado
como si todo sufrimiento fuera físico.
(El poema flotante, sin numerar)
Pase lo que pase con nosotras, tu cuerpo
va a rondar el mío —tierna, delicada,
tu forma de hacer el amor, como la fronda retorcida
del helecho de agua en los bosques
recién lavados por el sol. Tus muslos recorridos, generosos,
entre los que mi rostro entero vuelve y vuelve—
la inocencia y la sabiduría del lugar que mi lengua encontró—
la danza vital e insaciable de tus pezones en mi boca—
tu contacto firme, protector, descubriéndome,
tu lengua fuerte, tus dedos finos
llegando adonde estuve esperándote por años
encerrada en mi cueva húmeda y rosa— pase lo que pase, esto es.
(Twenty-One Love Poems 1974-1976, 1977)
Trad. Sandra Toro
***
Veintiún poemas de amor
II
En tu cama despierto. Sé que he estado soñando.
Desde antes, la alarma nos había separado,
llevas horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:
la poeta, nuestra amiga, entra en mi habitación
donde he escrito durante días:
esbozos, virutas, poemas dispersos por doquier
y quería enseñarle un poema
el poema de mi vida. Pero dudo
y despierto. Has besado mi cabello
para despertarme. Soñé que un poema eras tú,
sobre mi deseo de querer mostrarte a los que amo,
movernos juntas en libertad
empujadas por la gravedad, que no es simple,
que lleva la hierba plumosa por
el aire que nos abraza.
(El poema que flota, sin número)
Lo que sea que ocurra con nosotras, tu cuerpo
perseguirá el mío—suave y delicada
tu forma de hacer el amor, como la hoja casi rizada
de los helechos violín en los bosques
apenas acariciados por el sol. Tus muslos, recorridos y generosos,
entre los cuales he puesto una y otra vez mi rostro,
la inocencia y sabiduría del lugar que mi lengua ha encontrado
entre ellos,
la viva danza insaciable de tus pezones en mi boca,
tu manera firme, inocente y protectora de tocarme, buscándome
tu lengua fuerte y finos dedos
alcanzando el lugar donde por años te he esperado
en mi caverna húmeda y rosa… Pase lo que pase, aquí es.
(Twenty-One Love Poems 1974-1976, 1977)
Trad. Azul López
***
Poder
Vivir en los sedimentos de tierra de nuestra historia
Hoy un azadón reveló de un terrón de tierra desmoronada
una botella ámbar perfecta un remedio centenario
para la fiebre o la melancolía un tónico
para vivir en esta tierra en los inviernos de este clima
Hoy leía sobre Marie Curie:
debe haber sabido que enfermaba de irradiación
su cuerpo bombardeado durante años por el elemento
que ella había purificado
Al parecer negó hasta el final
la fuente de las cataratas en sus ojos
la piel quebrajada y supurante de la yema de sus dedos
hasta que no pudo asir una probeta o un lápiz
Murió como mujer famosa negando
sus heridas
negando que
sus heridas provenían de la misma fuente que su poder
Árboles
Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.
Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.
Planetarium
Inspirado en Caroline Herschel (1750-1848),
astrónoma, hermana de William, y en otras...
Una mujer con forma de monstruo
un monstruo con forma de mujer
abundan en los cielos
una mujer «en la nieve
entre los Relojes e instrumentos
o midiendo el suelo con pértigas»
capaz de descubrir a sus 98 años
8 cometas
aquella sobre quien la luna gobernó
como en nosotras
levita hacia el nocturno cielo
surca distancias en los lentes pulidos
Galaxias de mujeres, cumpliendo ahí
penitencia por impulsivas
congelados nervios
en aquellos espacios de la mente
Un ojo
«viril, exacto y absolutamente seguro»
desde las confusas telarañas de Uranusbor
encuentra la NOVA
cada impulso de luz estalla
desde el centro
como se descarga nuestra vida
Tycho susurra al fin
«Que no parezca que he vivido en vano»
Lo que vemos, lo vemos
y ver es cambiar
la luz que marchita una montaña
y le permite a un hombre vivir
Los latidos del pulsar
el corazón exudando por mi cuerpo
El impulso de radio
que fluye desde Taurus
Estoy bombardeada aun así me yergo
Me he mantenido de pie toda la vida en medio
del curso directo de una batería de señales
el más fielmente transmitido el más
intraducible lenguaje en el universo
Soy una nube galáctea tan profunda tan intrincada
que una onda de luz demoraría 15
años viajando por mí Y ha ocurrido
Soy un instrumento con forma
de mujer intentando traducir pulsaciones
a imágenes para aliviar el cuerpo
y reconstruir la mente.
(Antología poética, 2020)
Trad. Myriam Diocaretz
***
Consumirse
a EK
Podemos mirar esta noche la estufa
como un espejo, sí,
el leño serrado, el núcleo
gaseoso amarillo y azul
la ceniza gris en la que palpita el carmesí, sí,
sé que bajo mis párpados
y bajo mi piel
el Tiempo nos arrastra como una corriente de aire
que se eleva, avivando el fuego
en el vientre, en el cerebro
Tú me estabas contando cómo habías puesto la mano
sobre la huella de un indio muerto hace tiempo
y, por un momento, distinguió aquella mano
aquella huella, aquella roca,
aquel sol que producía sueños intensos
Una palabra puede hacer eso
o, como esta noche, el espejo del fuego
de mi mente, ardiendo como si pudiera seguir
consumiéndose, calcinando
alimentándose de todo
hasta que no quede nada en la vida
que no haya alimentado ese fuego
Desde prisión
Bajo mis párpados se ha abierto otro ojo
mira al desnudo
la luz
que penetra desde el mundo de dolor
hasta cuando duermo
Sin pestañear contempla
cuanto vivo
y más
ve las porras y las culatas de los rifles
subiendo y bajando
ve
(detalle que no sale en la tele)
los dedos de la mujer policía
inspeccionando el coño de la joven prostituta
ve
las cucarachas que caen en la cazuela
en la que cocinan el cerdo
en la cárcel
ve
la violencia engastada en silencio
Este ojo
no es para llorar
visión su
debe ser nítida
aunque haya lágrimas en mi rostro
su propósito es la claridad
no debe olvidar
nada
Diálogo
Está sentada con la cabeza apoyada en una mano, la
otra gira un viejo anillo a contraluz,
durante horas nuestra conversación ha estado batiendo,
como la lluvia contra los cristales,
como esa sensación de agosto y el relámpago.
Me levanto, voy a hacer té, vuelvo,
nos miramos,
entonces dice (y esto es lo que revivo
una y otra vez)…, dice: no sé
si el sexo es una ilusión
si el sexo es una ilusión
no sé
quién era cuando hacía aquellas cosas
o quién dije que era
o si deseaba sentir
aquello sobre lo que había leído
o quién estaba allí conmigo en realidad
o si sabía, ya entonces,
que cabía la duda acerca de estas cosas.
Intentando hablar con un hombre
Estamos probando bombas en mitad de este desierto,
por eso hemos venido.
A veces siento un río subterráneo
que se abre paso entre riscos deformes,
un ángulo agudo de entendimiento
que se interna como la trayectoria del sol
en este paisaje condenado.
A qué hemos tenido que renunciar para llegar hasta aquí:
colecciones enteras de LP, películas que protagonizábamos
proyectadas en los barrios, escaparates de pastelerías
a rebosar de galletas judías, rellenas de chocolate, resecas,
el lenguaje de las cartas de amor, de las notas de suicidio,
tardes a la orilla del río
finciendo ser niños.
Viniendo a este desierto
cuyo rostro pretenderíamos cambiar,
conduciendo entre suculentas de un verde insípido,
caminando a mediodía por la ciudad fantasma
envueltos en un silencio.
que suena como el silencio del lugar,
solo que vino con nosotros
y resulta familiar
y todo lo que hemos estado diciendo hasta ahora
era un intento de obliterarlo…
Viniendo aquí le plantamos cara
Aquí fuera me siento más desvalida
contigo que sin ti
Mencionas el peligro
y haces una lista del equipamiento,
hablamos de las personas que cuidan unas de otras
en las emergencias –laceración, sed–,
pero tú me miras como una emergencia
Tu calor seco se percibe como energía,
tus ojos son estrellas de una magnitud diferente,
reflejando las luces que deletrean SALIDA
cuando te levantas y mides en pasos el suelo.
Mientras hablas del peligro
como si no fuéramos nosotros mismos,
como si estuviéramos poniendo a prueba otra cosa.
Después de veinte años
a APC
Dos mujeres sentadas a la mesa junto a una ventana.
La luz cae
de forma desigual sobre ambas.
Su conversación echa chispas
que observan los transeúntes en la calle
como si fuera un centelleo en el cristal de la ventana.
Dos mujeres en la flor de la vida.
Sus hijos son lo suficientemente mayores para tener hijos.
La soledad ha sido parte de su historia durante veinte años,
el tenebroso filo de la lengua aguda,
el lado oscuro de la imaginación.
Nieva y truena en la calle.
Mientras hablan el relámpago destella púrpura.
Resulta extraño ser tantas mujeres,
comiendo y bebiendo en la misma mesa,
las que bañaron a sus niños en la misma palangana,
las que no se contaron sus secretos,
las que recorrieron los suelos de sus vidas en habitaciones separadas
y desembocan ahora en la historia como mujeres de su tiempo,
viviendo en la flor de la vida
como en una ciudad en la que nada está prohibido
y nada permanece.
El extraño
Mirando como he mirado antes, directamente a través del corazón
de la calle al río,
recorriendo los ríos de las avenidas,
sintiendo el temblor de las cavernas bajo el asfalto,
viendo las luces encenderse en las torres,
caminando como he caminado antes,
como un hombre, como una mujer, en la ciudad,
mi ira visionaria aclarándome la vista
y las detalladas imágenes de piedad
visibles de esa ira.
si emergiendo de la intensa luz neblinosa entra en un cuarto
y los oigo hablar una lengua muerta,
si me preguntan mi identidad,
qué puedo decir sino
soy el andrógino,
soy la mente viva que no lográis describir
en vuestra lengua muerta,
el sustantivo perdido, el verbo superviviente
solo en el infinitivo,
las letras de mi nombre están escritas bajo los párpados
del niño recién nacido.
(Sumergirse en el naufragio, 2021)
Trad. Patricia Gonzalo de Jesús
***
1 – 10.*
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤBueno,
tardó mucho en su venida, la que debe ser
más despiadada con ella misma que la historia.
Con la mente al viento, la veo zambullirse
y atravesar de pecho la corriente,
atrayendo la luz
por lo menos tan hermosa como cualquier chico
o helicóptero,
tardó mucho en su venida, la que debe ser
más despiadada con ella misma que la historia.
Con la mente al viento, la veo zambullirse
y atravesar de pecho la corriente,
atrayendo la luz
por lo menos tan hermosa como cualquier chico
o helicóptero,
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤen suspenso, llegando,
estremeciendo el aire con sus aspas finas
pero su carga
entonces ninguna promesa:
entregada
tangible
nuestra.
pero su carga
entonces ninguna promesa:
entregada
tangible
nuestra.
(Instantáneas de una nuera,1967)
2 – 1.*
Una conversación empieza
con una mentira. Y cada
interlocutor de ese supuesto lenguaje común
siente la partición del témpano, el distanciarse
como con impotencia, como si se enfrentara
a una fuerza de la naturaleza
Un poema puede empezar
con una mentira. Y destrozarse.
Una conversación tiene otras leyes
se recarga con su propia
falsa energía, no se puede destrozar.
Se nos infiltra en la sangre. Se repite.
Talla con su estilete sin retorno
el aislamiento que niega.
(Cartografías del silencio, 1978)
3 – 3.*
La tecnología del silencio
Los rituales, la etiqueta
la confusión de los términos
silencio no ausencia
de palabras ni de música ni siquiera
de sonidos en bruto
El silencio puede ser un plan
ejecutado con rigor
la copia heliográfica de una vida
Es una presencia
tiene una historiaㅤㅤㅤ una forma
con cualquier clase de ausencia
(Cartografías del silencio, 1978)
4 – II.*
Me despierto en tu cama. Sé que estuve soñando.
Mucho antes nos separó la alarma, y estás
desde hace horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:
nuestra amiga, la poeta, entra en mi cuarto
donde llevo días escribiendo, hay borradores,
carbónicos y poemas desparramados por todas partes,
y quiero mostrarle un poema
que es el poema de mi vida. Pero dudo,
y me despierto. Me besaste el pelo
para despertarme. Soñé que eras un poema,
te digo, un poema que le quería mostrar a alguien…
me río y caigo en el sueño otra vez
con el deseo de mostrarte a todos los que amo,
de andar juntas sin reservas
con la tracción de la gravedad, que no es fácil,
que arrastra al plumerillo un largo trecho en el aire exhalado
(Veintiún poemas de amor, 1976)
5 – III.*
Puesto que no somos jóvenes, las semanas tienen que contar
por los años que nos perdimos. Así y todo, solo esta distorsión
peculiar del tiempo me dice que no somos jóvenes.
¿Acaso a los veinte alguna vez caminé por la calle a la mañana
con los miembros flameando de la más pura alegría?
¿O me incliné desde mi ventana sobre la ciudad
a escuchar el futuro
con los nervios afinados como para escuchar tu llamada ?
Y vos, vos te acercás a mí con la misma cadencia.
Tus ojos son inmortales, la chispa verde
del lirio a principios del verano,
el berro verdeazul que lavó la primavera.
A los veinte, sí: pensábamos que íbamos a vivir para siempre.
A los cuarenta y cinco, quiero conocer incluso nuestros límites.
Te toco sabiendo que no nacimos ayer,
y de algún modo, cada una va ayudar a la otra a vivir,
y en algún lugar, cada una va a ayudar a la otra a morir
(Veintiún poemas de amor, 1976)
La ley de los volcanes. (Instantáneas de una nuera,
Cartografías del silencio, Veintiún
poemas de amor),
Elefante,
Elefante,
2021.
Edición bilingüe con
Edición bilingüe con
traducción de Sandra Toro
y prólogo de Margaret Randall.
Graciasss/trianarts.com/adrienne-rich-veintiun-poemas-amor/
Graciasss/amediavoz.com/rich
Graciasss/vein.es/sumergirse-en-el-naufragio-6-poemas-de-adrienne-rich/
Graciasss/www.laprimerapiedra.com.ar/2021/07/poemas-de-adrienne-rich/
y prólogo de Margaret Randall.
Graciasss/trianarts.com/adrienne-rich-veintiun-poemas-amor/
Graciasss/amediavoz.com/rich
Graciasss/vein.es/sumergirse-en-el-naufragio-6-poemas-de-adrienne-rich/
Graciasss/www.laprimerapiedra.com.ar/2021/07/poemas-de-adrienne-rich/
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