He estudiado los rizos de la parte trasera de tu cuello
más allá de la ira o el fracaso
tu rostro, en las escuelas nocturnas del anhelo,
Siempre estábamos diciéndonos adiós
antes de correr a los ascensores, yendo
sin decir adiós.
No me recuerdes como un puente y menos como un techo,
como una leyenda
a ese mundo
donde los oficinistas negros y blancos
torciendo sus hombros, evitando tocar a otros
ahora
hay alguien que alce la voz por ellos
despreciado y advirtiendo
que la arena va en nuestra contra
hacia mañanas a solas
donde las excusas y la resistencia se mezclan
como un desastre
ni como una confidente
como lentamente te levantas de mi cama
(From a Land Where Other People Live, 1973)
(Trad. Azul Martínez López)
***
Cae la tarde
los niños duermen o están cansados.
Terminé de plantar tomates
bajo un sol breve tras cuatro días de lluvia,
tengo tierra marrón bajo las uñas
y mi piel rebosa de sol.
Siento la cabeza densa como miel
las puntas de los dedos me arden
por la tierra fértil
pero más aún por la ausencia de tu cuerpo.
Ya estuve antes en este lugar
donde la sangre bulle de rabia
y mis dedos frescos de tierra
sueñan con arar un surco
cuyo nombre sería el tuyo.
A mi hija, yonqui en el metro
Prole que no hemos parido
nos atormenta encarnándose en
sí misma
dolorosamente precisa e inevitable
como una aguja en la carne.
Vuelvo a casa en el metro tras una reunión de la APA[iii]
mentes tan comprometidas con su lucha privada
como un asesinato
o un suicidio
una chica patilarga con un caballo en el cerebro
se desploma junto a mí
ruega que la lleven dormida
lejos del deseo
por el precio de un tren nocturno.
Muchachita dopada
si nos medimos por los sueños que evitamos
tú eres la pesadilla
de todas las madres que duermen.
Meciendo una y otra vez
el peso muerto de tus brazos
abrazas nuestros cuellos
más pesados que la costumbre
de buscar razones.
Mi preocupación viciada no reemplazará
aquello que una vez necesitaste
pero soy presa de mis adicciones
y te ofrezco mi ayuda, un ojo
alerta
en mi propia estación.
Despierta e indigente
tu caro sueño explota
por todo el vagón
en una terrible risa tecnicolor
por mi fracaso.
Las mujeres desvían la mirada
y las otras madres que no supieron ser útiles
maldicen a su prole convertida en basura.
Oaxaca[iv] [v]
Bajo la madera que se arrastra y la esculpe
La tierra se mueve despacio.
Pero viene ya un rayo.
Cultivar su secreto en la tierra marrón
Extensa como una mujer
Intrépida
Es duro trabajo de hombres de mirada quieta
Que rompen la tierra, cuidan su semilla,
Y la vigilan afanosamente en la estación seca.
Pero en la orilla del día tenue y brillante
Más allá del arado, llevan los ojos
A las colinas, al trueno que se condensa
Pues conocen la tormenta.
La tierra se mueve despacio.
Aunque el ojo del trueno
Puede partir de un fogonazo
La corteza frágil como cristal de la cara de la montaña,
La tierra se mueve despacio.
Aunque puede quebrar
Toda la fuerza de un hombre y en los brazos de su hijo
Esculpir una manga en tierra de insolente roca.
Y la tierra extensa espera.
Lento arado, largo,
Por el marrón de la estación seca,
Y la tierra se mueve despacio.
Pero viene ya un rayo.
Berlín no es fácil para las chicas de color
Puede que una extraña
se acerque desde la esquina
a mi habitación
nidos de avispas tras sus orejas
come una banana medio madura
con motas marrones en forma de lagartija
lleva gaviotas en el pelo
sus axilas huelen a apio
quizá
habla mi lengua
con un tempo distinto
el ritmo de ballenas grises que rezan
oscura como un bol de granito
puede que
ella sea una piedra.
Cruzo sus fronteras a medianoche
los guardias, aturdidos, sueñan
con el pan caliente de Mother Christopher
con el fin de la guerra, quizá
la chica vende entradas para toda la temporada
de la ópera de Berlín
impresas en la tapa de una caja lánguida
que frena el crecimiento de rosas vagabundas.
Puede que los santos de hielo nos hayan avisado
el tierno perdón de los contrastes
metal muslos de seda un bote varado
puede que se esconda
tras la bandera americana
tras el andar de cabellos vivaces
de una alegre ladrona de flores
puede ser que
un ruiseñor espere en el callejón
junto a la cabina de teléfono amarilla.
Bajo mi almohada
una piel de banana se marchita.
Cine en el Soho
La mujer que vive en el número 830 de Broadway
pasea a su bebé cuando cae el sol
por las calles del vecindario
almacenes una fealdad que resulta moderna
blusas de seda de 200 dólares donde antes colgaron martillos
entre cafés y muelles de carga.
En las alcantarillas los químicos florecen como rosas salvajes
su hija en el carrito a cuadros
con una pegatina del movimiento antinuclear
disfruta tanto como es posible
del paisaje urbano.
¿Promete a su hija una vida
más fácil más segura en esta isla
que las que ellas corren a descifrar a casa
26 pisos sobre una bahía
que agoniza,
el complejo
acróstico doble de la cultura actual?
Cuando acaba el telediario de las seis,
¿da una palmadita la niña en la mejilla húmeda de mamá
acuna ella a su hija contra su cuerpo
y llora por lo que ha visto
junto a la cama bajo la que yacen
el hedor de muerte en la alfombra
su hijo muerto a bayonetazos junto a una puerta en Santiago de Chile
una corola de moscas tse-tse que se encostra en la nariz de su hija
los hipopótamos militares que disparan contra los dolientes
en Bleecker Street
sangre en sus cuchillos Escoffier
sangre empozando el triturador de basura
la sangre de su bebé oscureciendo la pantalla
su próxima década a todo color
conectada de polo a polo,
cuando acaba el telediario de las seis
llora por lo que ha visto?
¿O regala su rebozo naranja
de flecos Soho magenta
a una campesina de Vieques
con seis hijos y sin tierra
tras el paso de los morteros
y la Marina
que navega hacia la puesta de sol?
Para la chica que vive en un árbol
Una carta en mi buzón dice que has llegado
a Honduras y me pregunto de qué color
es la madera que cortas ahora.
Cuando te fuiste de esta ciudad pasé un año llorando
por la 14th Street por Taconic Parkway
frente a las casitas de tejas para pájaros a lo largo de Riverside Drive
y me alegraba porque tu partida
me dejaba un país nuevo
donde Riverside Drive se convirtió en un asedio
que ni la dinamita podía reventar
donde hacer a la vez el amor y la guerra fue
menos contradictorio
y al regar mis lágrimas la mañana me convertí
en mi propio lugar que desentrañar
mientras parte de mí te sigue aún por los bosques de Oregón
cortando madera muerta con un hacha oxidada
interpretando las pesadillas de la piel
color crema de tu madre, bañada en hollín de fuegos comunales
donde trabajas para disciplinar tus sueños
cuyos símbolos se inmortalizan en mentiras de la historia
narradas como cuentos de hadas que llaman poder
tras el trono o noble esclavo de la frontera y
ambas sabemos que no eres blanca
iracunda o furiosa pero solo por sangrar demasiado
al caminar fatigosamente tras un vagón y, en confianza,
¿de verdad conquistaste Donner Pass con solo un carrito?
Las pesadillas de mi madre no son las tuyas pero te conciernen.
Si mientras duermes te subiera a la boca el sabor de la sangre de un niño
y no pudieras levantar tu mano negra encadenada
para quitarte su muerte de los labios
quizá considerarías
por qué elijo este ladrillo de porquería
en lugar del reto verde de la buena tierra.
Las pesadillas de tu madre no son las mías pero me conciernen.
Compartimos más que una trampa entre las piernas
donde largas presas aúllan una y otra vez por el país
al encontrar menos de lo que regatearon
pero más de lo que jamás temieron
así que con o sin sueños, creo que volverás pronto de Honduras
donde el bosque es aún más tupido que en Oregón.
Terminarás viéndolo también como una elección
entre amar mujeres o amorosos árboles
y aunque solo sea por su libertad de movimiento
las mujeres ganan,
no cabe duda.
Generación II
Una chica Negra
camino de ser
la mujer
por la que su madre
rezó
y rogó
camina sola
temiendo
la ira
de ambas.
(The collected poems of Audre Lorde, 1997)
(Trad. Jimena Jiménez Real)
[i] La ponencia se convertiría posteriormente en un capítulo del libro Sister Outsider: Essays and Speeches (1984, Nueva York: The Crossing Press).
***
Poder
La diferencia entre poesía y retórica
es estar listo para asesinarte
a ti
Estoy atrapada en un desierto de heridas de bala, abiertas
todavía y un niño muerto arrastra su rostro negro y destrozado
al borde de mi sueño
es la sangre de sus mejillas y hombros perforados
y mi estomago
se revuelve al imaginar el sabor mientras
del desierto donde estoy perdida
sin imaginación ni magia
tratando de sanar con besos a mi hijo que agoniza
solo el sol limpiará con rapidez sus huesos.
Un oficial que en Queens le disparo a un niño de diez años estaba
de pie a lado de él, con sus zapatos bañados en sangre infante
y una voz dijo “Muérete, hijo de puta” y
“No me percaté de la edad ni en nada más
hay videos que prueban esto también.
Hoy, ese hombre blanco de 37 años
porque se había hecho justicia
de cuatro siglos de aprobación de hombres blancos
hasta que cedió
el primer poder real que alguna vez tuvo
y revistió con cemento su propio vientre
No he sido capaz de tocar la destrucción
que habita dentro de mí.
mi poder también se corromperá como un hongo venenoso
o quedará tendido e inservible como un cable suelto
y mientras la golpeo hasta dejarla inconsciente y prendo fuego a su cama
Una mujer habla
Marcada por la luna, acariciada por el sol
mi magia no está escrita
pero cuando el mar se aleje
inquebrantable, como la maldición del amor
o mi orgullo
amor con compasión
y si tú quisieras conocerme
donde los inquietos océanos golpean sin cesar.
No me detengo
en mi nacimiento ni en mis divinidades
como nuestra madre lo hacía
estando de luto.
He sido mujer
por mucho tiempo
cuidado con mi sonrisa
soy traicionera con la magia antigua
y la renovada furia del mediodía
con todos tus grandes futuros
prometidos
soy
mujer
y no blanca.
(The Collected Poems of Audre Lorde, 1997)
(Trad. Azul Martínez López)
***
Quién dijo que era fácil
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se juntan antes de marchar,
hablan sobre las chicas problemáticas
que contratan para ser libres.
Un empleado casi blanco ignora
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no se dan cuenta ni rechazan
los pequeños placeres de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
como por mi cama
veo la causa en el color
como también en el sexo.
y me siento acá preguntándome
cuál de mis yoes sobrevivirá
a todas estas liberaciones.
Origen
Aquello que está dentro de mí
que grita
que lucha por entrar o salir
que nombra el viento
que quiere el poder del viento
que quiere el poder de la voz
no es mi corazón
y estoy tratando de hablar
sin arte ni adornos
con partes de mí saliendo en todas las direcciones
gritos recuerdos dolores pasados
arrancados como una corteza seca
de un árbol caído aguantando
o no reteniendo o haciendo nacer
a un niño o un demonio.
¿Es esto un nacimiento o un exorcismo?
O los primeros engranajes del ser
delineando, recordando
el mandato de mi padre
lo que debo ser
y ocupándome de mi propio
mandato.
Tendré que separarme o cortarme
por la forma o la falta de
forma de la palabra
y en qué dirección
se hará el corte
para mostrar mi verdadero rostro
que yace expuesto y unido.
Mis hijos tus hijos
sus hijos
todos inclinados
ante nuestro mandato común.
Letanía de la supervivencia
Para las que vivimos en la orilla
paradas sobre el borde constante de la decisión
cruciales y solas
para las que no nos podemos permitir
los sueños pasajeros de la elección
las que amamos en los umbrales yendo y viniendo
en las horas entre los amaneceres
mirando hacia dentro y hacia fuera
al mismo tiempo antes y después
buscando un ahora que pueda engendrar
futuros
como el pan en la boca de nuestros hijos
para que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros;
Para las que
fuimos marcadas por el miedo
como una suave línea en el medio de nuestras frentes
aprendiendo a tener miedo con la leche de nuestra madre
porque con esta arma,
la ilusión de poder encontrar más seguridad,
los torpes esperaban silenciarnos
Para todas nosotras
este instante y este triunfo
No se suponía que íbamos a sobrevivir.
Y cuando el sol sale tenemos miedo
de que no permanezca ahí
cuando el sol se pone tenemos miedo
de que tal vez no salga en la mañana
cuando nuestros estómagos están llenos tenemos miedo
de la indigestión
cuando nuestros estómagos están vacíos tenemos miedo
de nunca volver a comer
cuando nos aman tenemos miedo
de que el amor desaparezca
cuando estamos solas tenemos miedo
de que nunca vuelva el amor
y cuando hablamos tenemos miedo
de que nuestras palabras no se escuchen
ni sean bienvenidas
pero cuando estamos calladas
todavía tenemos miedo
Así que es mejor hablar
recordando
No se suponía que íbamos a sobrevivir.
(Quién dijo que era fácil, 2019)
(Trad. Gabriela Raya y María Eugenia Soler)
Graciasss/revistatransas.unsam.edu.ar/los-usos-de-la-ira-versiones-poemas-de-audre-lorde/
Graciasss/circulodepoesia.com/2026/03/
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