En las duchas
Porque es un muchacho muy bello
y entonces cuesta creer
Él riega talco sobre sus pies
y quedan huellas en el piso
Y sus huellas se desdibujan
si uno las roza con los dedos
Pero el talco no sabe a nada
cuando uno se lleva los dedos a la lengua
De verdad
es como un acto de fe
V.I.H.
Soy joven y estoy aún,
digamos,
en ese tiempo inverosímil
que para mis mayores ha huido
tan de prisa.
En mí el deseo
se encabrita a cada instante
de cada noche y de cada día,
y bien podría ser recomenzado
sin dar, por otra parte, mucho.
Así, no tengo por qué pedir la fuerza
y el coraje: yo no los tengo simplemente
y sigo -sin proponérmelo siquiera
echando cosas en el talego de mis sueños.
Aún conservo -no sé explicar cómo
una pizca de esperanza
suficiente
para creer que serán mejores las cosas
-no las mías: las cosas llanamente
e intento,
aunque no puedo evitarlo a veces,
no ser cruel.
Pero hacia mí la muerte se apresura.
En verdad, hace años la tengo
pegada a mis talones,
soplándome su vaho en los carrillos.
Manos arriba contra la pared,
apretados los muslos y los ojos,
ella me tiene;
y aguardo, solo, a que por fin me aseste
su triste golpe.
¿Qué espera, pues, la muerte?
¿Qué pretende conmigo esa señora
sólo rozando mi cuerpo
sus tiernos velos
sin abrazarme?,
mientras a mi espalda bulle y me excita
la vida
y el amor,
y el deseo: los muchachos,
el fresco aroma en sus axilas...
En la madrugada
En la madrugada
a unas cuadras del bar
es el parque
Parado frente a un árbol
el muchacho que no bailó conmigo
le ofrece el don de sus orines:
a una luna que destella
sobre su tronco viejo
Muy cerca de ese árbol
como diciéndole un secreto
que no me incluye.
Esta hora de moteles
Sigue por su cintura
mi pierna
y está para mi mano
su espalda
-arriba mirón el techo
para mi corazón
su silencio
Pero suenan
como alarmas terribles
en su dulce ensueño
los cuatro golpes firmes
tras la puerta
-¿hemos ya gastado nuestro rato?
si sobre el piso
al pie de esta cama sucia
todavía nuestro deseo
permanece tibio
entre su pantaloncillo
y el mío
Porque es un muchacho muy bello
y entonces cuesta creer
Él riega talco sobre sus pies
y quedan huellas en el piso
Y sus huellas se desdibujan
si uno las roza con los dedos
Pero el talco no sabe a nada
cuando uno se lleva los dedos a la lengua
De verdad
es como un acto de fe
V.I.H.
Soy joven y estoy aún,
digamos,
en ese tiempo inverosímil
que para mis mayores ha huido
tan de prisa.
En mí el deseo
se encabrita a cada instante
de cada noche y de cada día,
y bien podría ser recomenzado
sin dar, por otra parte, mucho.
Así, no tengo por qué pedir la fuerza
y el coraje: yo no los tengo simplemente
y sigo -sin proponérmelo siquiera
echando cosas en el talego de mis sueños.
Aún conservo -no sé explicar cómo
una pizca de esperanza
suficiente
para creer que serán mejores las cosas
-no las mías: las cosas llanamente
e intento,
aunque no puedo evitarlo a veces,
no ser cruel.
Pero hacia mí la muerte se apresura.
En verdad, hace años la tengo
pegada a mis talones,
soplándome su vaho en los carrillos.
Manos arriba contra la pared,
apretados los muslos y los ojos,
ella me tiene;
y aguardo, solo, a que por fin me aseste
su triste golpe.
¿Qué espera, pues, la muerte?
¿Qué pretende conmigo esa señora
sólo rozando mi cuerpo
sus tiernos velos
sin abrazarme?,
mientras a mi espalda bulle y me excita
la vida
y el amor,
y el deseo: los muchachos,
el fresco aroma en sus axilas...
En la madrugada
En la madrugada
a unas cuadras del bar
es el parque
Parado frente a un árbol
el muchacho que no bailó conmigo
le ofrece el don de sus orines:
a una luna que destella
sobre su tronco viejo
Muy cerca de ese árbol
como diciéndole un secreto
que no me incluye.
Esta hora de moteles
Sigue por su cintura
mi pierna
y está para mi mano
su espalda
-arriba mirón el techo
para mi corazón
su silencio
Pero suenan
como alarmas terribles
en su dulce ensueño
los cuatro golpes firmes
tras la puerta
-¿hemos ya gastado nuestro rato?
si sobre el piso
al pie de esta cama sucia
todavía nuestro deseo
permanece tibio
entre su pantaloncillo
y el mío
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