FERNANDO MOLANO VARGAS

En las duchas
 
Porque es un muchacho muy bello
y entonces cuesta creer
 
Él riega talco sobre sus pies
y quedan huellas en el piso
 
Y sus huellas se desdibujan
si uno las roza con los dedos
 
Pero el talco no sabe a nada
cuando uno se lleva los dedos a la lengua
 
De verdad
es como un acto de fe
 
 
V.I.H.
 
Soy joven y estoy aún,
                        digamos,
en ese tiempo inverosímil
que para mis mayores ha huido
                        tan de prisa.
En mí el deseo
se encabrita a cada instante
de cada noche y de cada día,
y bien podría ser recomenzado
sin dar, por otra parte, mucho.
Así, no tengo por qué pedir la fuerza
y el coraje: yo no los tengo simplemente
y sigo -sin proponérmelo siquiera
echando cosas en el talego de mis sueños.
Aún conservo -no sé explicar cómo
una pizca de esperanza
                      suficiente
para creer que serán mejores las cosas
-no las mías: las cosas llanamente
e intento,
aunque no puedo evitarlo a veces,
no ser cruel.
Pero hacia mí la muerte se apresura.
En verdad, hace años la tengo
pegada a mis talones,
soplándome su vaho en los carrillos.
Manos arriba contra la pared,
apretados los muslos y los ojos,
                     ella me tiene;
y aguardo, solo, a que por fin me aseste
                     su triste golpe.
¿Qué espera, pues, la muerte?
¿Qué pretende conmigo esa señora
sólo rozando mi cuerpo
                                     sus tiernos velos
sin abrazarme?,
mientras a mi espalda bulle y me excita
la vida
y el amor,
y el deseo:                      los muchachos,
                                      el fresco aroma en sus axilas...
 

En la madrugada
 
En la madrugada
a unas cuadras del bar
es el parque
 
Parado frente a un árbol
el muchacho que no bailó conmigo
le ofrece el don de sus orines:
                                       a una luna que destella
                                       sobre su tronco viejo
 
Muy cerca de ese árbol
como diciéndole un secreto
que no me incluye.
 
 
Esta hora de moteles
 
Sigue por su cintura
                     mi pierna
y está para mi mano
                     su espalda
-arriba     mirón        el techo
para mi corazón
                     su silencio
 
Pero suenan
                     como alarmas terribles
                     en su dulce ensueño
los cuatro golpes firmes
tras la puerta
-¿hemos ya gastado nuestro rato?
 
                     si sobre el piso
                     al pie de esta cama sucia
                     todavía nuestro deseo
                                   permanece tibio
                     entre su pantaloncillo
                                   y el mío

 (Todas mis cosas en tus bolsillos, 1997)

Graciasss/todasmiscosasentusbolsillos.blogspot.com/


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