HAROLD ALVARADO TENORIO

La forma de tu cuerpo
 
        ¿Qué dulces ojos
qué manos
tuvieron la fortuna
de conocer la fresca forma de tu cuerpo
y tallarla en el bronce
para nuestro goce?
 
 
Tango
 
Valiente y hermoso
no pudo la muerte malgastarte.
 
Mis labios
te hacen inmortal:
te he amado mucho.
 
Sin falta recuerdo
el fulgor de tus ojos
la magnolia de tu piel
tu  sonrisa de malevo
tu rítmico andar
y  esa manera de engañar
que sólo en ti perdono.
 
No volverás,
ya lo sé.
 
Tampoco soy el mismo
que  amaste.
 
El daño y las penas
han hecho de mi un despojo
y de mi alma
una errante sustancia.
 
Y entonces
de repente
en un café
de Alvear con Uriburu
apareces.
 
Te veo llegar,
me buscas
y como si nunca hubieses partido
me saludas
y sonríes desde esa eternidad
donde te amo.
 
Vana es la muerte
para quien sobrevive
y sigue amando.
 
Vana también la vida.
 
 

 
Tú, que has viajado al país de los altos edificios.
 
Tú, que conoces los sabores del vino extranjero.
 
Tú, que has oído la música del timbal y de la flauta,
¿has encontrado, como el mío, corazón alguno?

 

Cuando fuimos uno con otro...

Cuando fuimos uno con otro
contamos numerosas estrellas
Cuando hacíamos el amor
las noches se detenían en la nuestra
Cuando de toda palabra nos recibíamos
escribíamos un libro
Los dioses no han sido derrocados
y su poder nos asignó varios caminos
Cuando nos separamos
todo retornó al futuro y al vacío
Habíamos recobrado nuestra contingencia
y el pasado habitaba en la memoria.
 
 
Último tango
 
Fue aquel verano es cierto.
Bien lo has dicho.
En Praga hizo esos días 
un sol inagotable,
de junio, y tú, 
con tus 20 cumplidos
mentías por la diestra
y la siniestra
a todo el respetable.
 
Hubo que verte 
con los suéteres chillones
y el vaquero rapé
que decías lograste
en una almoneda 
de Salamanca
a precio de Zara o de Oro,
hubo que verte,
o cuba o beodo o borracho 
noches y semanas
repasando un destino perdido.
 
No hubo, hoy lo sabemos,
futuro para ti.
 
Toda belleza acaba y pronto, 
dijiste entonces.
 
Estos días, 
en Cartagena de Indias,
vi un despojo que venía 
de Eckernförde 
y creí eras tú,
tú, aquel mismo
que en un hotelito de la 
de la Calle U Obecniho Dvora
todo un estío amó
incluso hasta entretiempo
a quien le había adorado
en plena juventud.
 
Oh días con sus noches
de la Praga de Dubček
esperando, 
con champán en las manos,
un cambio en nuestras vidas.
 
Todo se esfumó en una noche.
Mientras los tanques rusos
ocupaban las calles
nuestro amor se hizo trizas
en un vagón de pompas
camino de Berlín.
 
Ay, Brando, Brando, Brando
chillaba María Schneider
al salir de aquel piso,
abandonado y solo de
Último tango a Parigi.
 
Graciasss/www.haroldalvaradotenorio.com/biografia
Graciasss/letras-uruguay.espaciolatino.com/conversando_con_alvarado_tenorio
 

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