Versos IV
Sin forma te soñé y así te adoro,
¡espíritu inmortal del mío hermano!
Ha tanto tiempo que te espero en vano.
¡Sueño de una ilusión que ansioso imploro!
Por fuera río, mas por dentro lloro,
que huyo el consuelo del amor liviano
y es mi alma para todos un arcano
que guarda para ti rico tesoro.
De ti espero alegrías no gozadas,
y guardo para ti las que he soñado.
Para ti mis tristezas no contadas;
¡mas ven pronto, que tanto te he esperado,
que si el pecho no alivian confiadas,
encontrarás mi pecho destrozado!
(Versos, 1893)
De opio
ENTRE azuladas nubes, mal ocultas,
bellas huríes al placer se ofrecen.
Fragancia de perfumes y de flores,
resplandor de astros, dulces armonías,
deleite inextinguible, de la mente
grato sopor, y luego como en humo
se disipa la luz, negrura todo.
¡Risueña embriaguez de los sentidos!
¿Por qué a tu lado la locura acecha?
(Versos, 1893)
¡Quién retiene al amor cuando se aleja!
Tanto es mi amor, por todos mis amores,
que en el jardín de la existencia mía
a verlas marchitarse día a día
preferí siempre deshojar sus flores.
Cuanto más encendidos sus colores
mueran en su triunfante lozanía,
más triste que la muerte es la agonía
de un amor entre dudas y temores.
Triste fin de un amor, cuando engañoso
quiere fingir que a su pesar nos deja,
y más ofende, cuanto más piadoso.
¿Y qué logrará la importuna queja
del ofendido corazón celoso?
¡Quién retiene al amor cuando se aleja!
(Versos, 1893)
En el "meeting" de la Humanidad…
En el "meeting" de la Humanidad
millones de hombres gritan lo mismo;
¡yo, yo, yo, yo, yo, yo!...
¡yo, yo, yo, yo, yo, yo!...
¡Cu, cu, cantaba la rana!
¡Cu, cu, debajo del agua!
¡Qué monótona es la rana humana!
¡Qué monótono es el hombre mono!
Y luego: a mí, para mí;
en mi opinión, a mi entender.
¡Mi, mi, mi, mi!
¡Y en francés hoy un "moi"!
¡Oh!, el "moi" francés, ¡ése sí que es grande!
"¡Monsieur le moi!"
La rana es mejor.
¡Cu, cu, cu, cu, cu!
Sólo los que aman saben decir ¡Tú!
(Versos, 1893)
TIENES ojos marineros,
marinero es su color,
esmeraldas y zafiros,
celos y esperanzas son,
entre verdes y entre azules,
color de mar y de amor.
Mar adentro de tus ojos
se ha entrado mi corazón,
mar adentro en tu mirada
quisiera perderme yo,
marinero de mi vida,
marinero de mi amor.
(Poesías, O.C., 1958)
El reino de las almas
LA noche amorosa, sobre los amantes
tiende de su cielo el dosel nupcial.
La noche ha prendido sus claros diamantes
en el terciopelo de un cielo estival.
El jardín en sombras no tiene colores,
y es en el misterio de su oscuridad
susurro el follaje, aroma las flores,
y amor… un deseo dulce de llorar.
La voz que suspira, y la voz que canta
y la voz que dice palabras de amor,
impiedad parece en la noche santa,
como una blasfemia entre una oración.
¡Alma del silencio, que yo reverencio,
tiene tu silencio la inefable voz
de los que murieron amando en silencio,
de los que callaron muriendo de amor,
de los que en la vida, por amarnos mucho,
tal vez no supieron su amor expresar!
¿No es la voz acaso que en la noche escucho
y cuando amor dice, dice eternidad?
¡Madre de mi alma! ¿No es luz de tus ojos
la luz de esa estrella
que como una lágrima de amor infinito
en la noche tiembla?
¡Dile a la que hoy amo que yo no amé nunca
más que a ti en la tierra,
y desde que has muerto sólo me ha besado
la luz de esa estrella!
¡Madre de mi alma! Yo no he amado nunca
más que a ti en la tierra,
y desde que has muerto sólo me ha besado
la luz de esa estrella!
(Los intereses creados, 1907. Poema de la Escena X del cuadro
segundo que recitan a dos
voces Silvia y Leandro)
Sin forma te soñé y así te adoro,
¡espíritu inmortal del mío hermano!
Ha tanto tiempo que te espero en vano.
¡Sueño de una ilusión que ansioso imploro!
Por fuera río, mas por dentro lloro,
que huyo el consuelo del amor liviano
y es mi alma para todos un arcano
que guarda para ti rico tesoro.
De ti espero alegrías no gozadas,
y guardo para ti las que he soñado.
Para ti mis tristezas no contadas;
¡mas ven pronto, que tanto te he esperado,
que si el pecho no alivian confiadas,
encontrarás mi pecho destrozado!
(Versos, 1893)
De opio
ENTRE azuladas nubes, mal ocultas,
bellas huríes al placer se ofrecen.
Fragancia de perfumes y de flores,
resplandor de astros, dulces armonías,
deleite inextinguible, de la mente
grato sopor, y luego como en humo
se disipa la luz, negrura todo.
¡Risueña embriaguez de los sentidos!
¿Por qué a tu lado la locura acecha?
(Versos, 1893)
¡Quién retiene al amor cuando se aleja!
Tanto es mi amor, por todos mis amores,
que en el jardín de la existencia mía
a verlas marchitarse día a día
preferí siempre deshojar sus flores.
Cuanto más encendidos sus colores
mueran en su triunfante lozanía,
más triste que la muerte es la agonía
de un amor entre dudas y temores.
Triste fin de un amor, cuando engañoso
quiere fingir que a su pesar nos deja,
y más ofende, cuanto más piadoso.
¿Y qué logrará la importuna queja
del ofendido corazón celoso?
¡Quién retiene al amor cuando se aleja!
(Versos, 1893)
En el "meeting" de la Humanidad…
En el "meeting" de la Humanidad
millones de hombres gritan lo mismo;
¡yo, yo, yo, yo, yo, yo!...
¡yo, yo, yo, yo, yo, yo!...
¡Cu, cu, cantaba la rana!
¡Cu, cu, debajo del agua!
¡Qué monótona es la rana humana!
¡Qué monótono es el hombre mono!
Y luego: a mí, para mí;
en mi opinión, a mi entender.
¡Mi, mi, mi, mi!
¡Y en francés hoy un "moi"!
¡Oh!, el "moi" francés, ¡ése sí que es grande!
"¡Monsieur le moi!"
La rana es mejor.
¡Cu, cu, cu, cu, cu!
Sólo los que aman saben decir ¡Tú!
(Versos, 1893)
TIENES ojos marineros,
esmeraldas y zafiros,
celos y esperanzas son,
entre verdes y entre azules,
color de mar y de amor.
Mar adentro de tus ojos
se ha entrado mi corazón,
mar adentro en tu mirada
quisiera perderme yo,
marinero de mi vida,
marinero de mi amor.
(Poesías, O.C., 1958)
El reino de las almas
LA noche amorosa, sobre los amantes
tiende de su cielo el dosel nupcial.
La noche ha prendido sus claros diamantes
en el terciopelo de un cielo estival.
El jardín en sombras no tiene colores,
y es en el misterio de su oscuridad
susurro el follaje, aroma las flores,
y amor… un deseo dulce de llorar.
La voz que suspira, y la voz que canta
y la voz que dice palabras de amor,
impiedad parece en la noche santa,
como una blasfemia entre una oración.
¡Alma del silencio, que yo reverencio,
tiene tu silencio la inefable voz
de los que murieron amando en silencio,
de los que callaron muriendo de amor,
de los que en la vida, por amarnos mucho,
tal vez no supieron su amor expresar!
¿No es la voz acaso que en la noche escucho
y cuando amor dice, dice eternidad?
¡Madre de mi alma! ¿No es luz de tus ojos
la luz de esa estrella
que como una lágrima de amor infinito
en la noche tiembla?
¡Dile a la que hoy amo que yo no amé nunca
más que a ti en la tierra,
y desde que has muerto sólo me ha besado
la luz de esa estrella!
¡Madre de mi alma! Yo no he amado nunca
más que a ti en la tierra,
y desde que has muerto sólo me ha besado
la luz de esa estrella!
(Los intereses creados, 1907. Poema de la Escena X del cuadro
POR ti, por ti clamaba cuando surgiste,
con tus neutros encantos, tu faz de efebo,
tus senos pectorales y a mí viniste.
Sombra y luz, yema y polen a un tiempo fuiste,
despertando en las almas el crimen nuevo,
ya con virilidades de dios mancebo,
ya con halagos tiernos de mujer triste.
Yo te amé porque a trueque de ingenuas gracias,
tenías las supremas aristocracias;
sangre azul, alma huraña, vientre infecundo,
porque sabías mucho y amabas poco,
y eras síntesis rara de un siglo loco
y floración malsana de un viejo mundo.
(Soneto que Andrés González Blanco introduce en sus comentarios
sobre la poesía de Benavente, que no ha sido localizado ni en los
Versos, ni en las Poesías del autor)
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Graciasss/colorssitgeslink.org/j-benavente-haciendo-malabares-en-un-armario-transparente
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