DICEN los
libros inmortales que fue mortal
(mitad mujer maravillosa) La insaciable Moineau.
Uno de los jeroglíficos prohibidos del Urdur
la llama “Ruin Señora de la Playa Perpetua de Anímone”
o “Ruiseñor Ávido del Jugo de la Salamandra
y traza su viaje de la muerte hasta las polvorosas
catacumbas del salitroso islote de San Juan.
Cuando llueve, la erosión del mar inunda
su tumba con caballitos de mar, fetos nómadas
de la ballena blanca y babosas tentáculos de pulpo.
Por ella edificáronse hoteles subterráneos donde se
celebraban fastuosas fiestas a la Falange Criolla
y en más de una ocasión, sus pechos,
tatuados con las negras dalias del destino,
fueron oráculo de espiritistas guerreras
o lunas terrenales de los hombres.
Dicen quel fiel y frágil Borges la conoció en un Barco.
(mitad mujer maravillosa) La insaciable Moineau.
Uno de los jeroglíficos prohibidos del Urdur
la llama “Ruin Señora de la Playa Perpetua de Anímone”
o “Ruiseñor Ávido del Jugo de la Salamandra
y traza su viaje de la muerte hasta las polvorosas
catacumbas del salitroso islote de San Juan.
Cuando llueve, la erosión del mar inunda
su tumba con caballitos de mar, fetos nómadas
de la ballena blanca y babosas tentáculos de pulpo.
Por ella edificáronse hoteles subterráneos donde se
celebraban fastuosas fiestas a la Falange Criolla
y en más de una ocasión, sus pechos,
tatuados con las negras dalias del destino,
fueron oráculo de espiritistas guerreras
o lunas terrenales de los hombres.
Dicen quel fiel y frágil Borges la conoció en un Barco.
En las ruinas indígenas de Guayanillas nace Marina
Arzola vestida de negro noche sola y racimo de uvas
enmarañando el pelo. Ya conoce la muerte de antemano,
las plazas desoladas de los pueblos. El amante invisible
del poeta. El poema prohibido que nunca escribirá.
Me imagino que rosas y heliotropos eternos en su selva.
Me imagino que no esperaba encontrarse el homenaje
de su rostro en bronce al subir la ciudad del cementerio.
Me imagino que fantasmalmente flaca trataba de parecerse
al trigo, que su nariz de garfio era un ancla al aire,
que siempre la sombra de Marina Arzola tuvo traje de luto.
Hoy habrá regresado por los hilos al centro luminoso de
la araña, como Eva, como Pandora, como la Luna de Cáncer.
Para llegarse al tiempo tienen que retornar los muertos.
Los queridos amigos del infierno tienen que amar el fuego
como nosotros conocemos los colores absurdos de la soledad.
Del cementerio de la Norzagaray ya no hay salida, parece
que es domingo por las lanzas y puñales enmohecidos, por
las caretas del carnaval, por las chiringas de sangre
desgarradas al viento. El mar es un teatro de náufragos.
Las manos achicharran adioses detrás de las persianas,
panderetas de paja para el último sol de los balcones.
Que dicen quel futuro caminará la calle, que dicen que
la gente lo dejará que pase, que otra vez las mujeres
inventarán los dioses y parirán sus sombras, y la frontera
roja caerá mutilando las manos amorosas del mago y el poeta.
(El libro de la muerte, 1985)
SEGÚN el informe de accidente de tránsito Q-1-21-06868
de la policía de Puerto Rico “al atardecer, fuera del paseo
en solar yermo, cayó casi muerto Jesús Ramos Robles…
El Agente Chapman 9 – 1289 tomó fotos… de la mancha de sangre
hasta el borde del carril derecho…” Ya era noche.
La viuda descubriendo el cadáver comentó: “Este cuerpo
que asombró a esta mujer… este cuerpo que ya no tiene miedo”.
Un corifeo de mandrágoras tejiéndole un sudario:
“No conviene que muera cualquier hombre…
el primero que pase con pan hacia el mar…”
Si hablara dijera el profeta de su entierro.
de la policía de Puerto Rico “al atardecer, fuera del paseo
en solar yermo, cayó casi muerto Jesús Ramos Robles…
El Agente Chapman 9 – 1289 tomó fotos… de la mancha de sangre
hasta el borde del carril derecho…” Ya era noche.
La viuda descubriendo el cadáver comentó: “Este cuerpo
que asombró a esta mujer… este cuerpo que ya no tiene miedo”.
Un corifeo de mandrágoras tejiéndole un sudario:
“No conviene que muera cualquier hombre…
el primero que pase con pan hacia el mar…”
Si hablara dijera el profeta de su entierro.
En el encasillado indique lo que sucedió en este diagrama
hay una cruz entrecortada sombra de su propia cruz
hay un círculo con flecha que apunta para el norte
(como si el norte fuera la misma dirección predestinada
de los muertos)
sin que se quiera, hay un bosque fantasma de robles cuyas
ramas se escapan del mapa, hay los rieles de un tren
sin pasajeros.
Es la estación solar de un cementerio yermo frente al mar.
Mientras cavan la tumba, la sirena del barco, la bahía y el sol,
el hombre vigila la brisa, abre la sombrilla, respira la lluvia,
y va reconociendo esa imagen perpetua de tarjeta de postal.
Todos los familiares allegados que descansen.
Un diluvio de flores, un murmullo en silencio,
telegramas y llamadas telefónicas, cables de Western Union,
visitas inesperadas de muy lejos, llorando inevitablemente
la existencia del tiempo, estuvo y ya no está la separación
nos une.
Por la calle de la funeraria la sacerdotisa de Flores de Fuego
deshoja sus dedos de incienso. Dan las campanadas.
Los comensales empiezan su banquete fúnebre.
Los actores ya saben la escena: es la Última Cena de la temporada.
(El libro de la muerte, 1985)
ABERRACIÓN de ceniceros sucios aquí
el hombre es de polvo por el sol
no hay otro masallá que todo es isla
pero se sueñan calles y el poeta es
de polvo por la luna.
el hombre es de polvo por el sol
no hay otro masallá que todo es isla
pero se sueñan calles y el poeta es
de polvo por la luna.
Hambre de muelles pero se van los barcos.
No hay otro masallá que todo es mar.
El único remedio para la muerte.
Pero todos se van. Cuando llega una carta
hasta el balcón de la Norzagaray.
¿Quién destruye y quién se queda destruido?
¿Y quién entierra el bisturí
abriendo los tumores de la nada?
El salitre se pega como un cáncer al espejo.
¿Cómo es posible que una calle abarque al mundo?
¿Cómo es posible que un ojo de mar defina al tiempo?
(El libro de la muerte, 1985)
(mitad mujer maravillosa) La insaciable Moineau.
Uno de los jeroglíficos prohibidos del Urdur
la llama “Ruin Señora de la Playa Perpetua de Anímone”
o “Ruiseñor Ávido del Jugo de la Salamandra
y traza su viaje de la muerte hasta las polvorosas
catacumbas del salitroso islote de San Juan.
Cuando llueve, la erosión del mar inunda
su tumba con caballitos de mar, fetos nómadas
de la ballena blanca y babosas tentáculos de pulpo.
Por ella edificáronse hoteles subterráneos donde se
celebraban fastuosas fiestas a la Falange Criolla
y en más de una ocasión, sus pechos,
tatuados con las negras dalias del destino,
fueron oráculo de espiritistas guerreras
o lunas terrenales de los hombres.
Dicen quel fiel y frágil Borges la conoció en un Barco.
Uno de los jeroglíficos prohibidos del Urdur
la llama “Ruin Señora de la Playa Perpetua de Anímone”
o “Ruiseñor Ávido del Jugo de la Salamandra
y traza su viaje de la muerte hasta las polvorosas
catacumbas del salitroso islote de San Juan.
Cuando llueve, la erosión del mar inunda
su tumba con caballitos de mar, fetos nómadas
de la ballena blanca y babosas tentáculos de pulpo.
Por ella edificáronse hoteles subterráneos donde se
celebraban fastuosas fiestas a la Falange Criolla
y en más de una ocasión, sus pechos,
tatuados con las negras dalias del destino,
fueron oráculo de espiritistas guerreras
o lunas terrenales de los hombres.
Dicen quel fiel y frágil Borges la conoció en un Barco.
En las ruinas indígenas de Guayanillas nace Marina
Arzola vestida de negro noche sola y racimo de uvas
enmarañando el pelo. Ya conoce la muerte de antemano,
las plazas desoladas de los pueblos. El amante invisible
del poeta. El poema prohibido que nunca escribirá.
Me imagino que rosas y heliotropos eternos en su selva.
Me imagino que no esperaba encontrarse el homenaje
de su rostro en bronce al subir la ciudad del cementerio.
Me imagino que fantasmalmente flaca trataba de parecerse
al trigo, que su nariz de garfio era un ancla al aire,
que siempre la sombra de Marina Arzola tuvo traje de luto.
Hoy habrá regresado por los hilos al centro luminoso de
la araña, como Eva, como Pandora, como la Luna de Cáncer.
Para llegarse al tiempo tienen que retornar los muertos.
Los queridos amigos del infierno tienen que amar el fuego
como nosotros conocemos los colores absurdos de la soledad.
Del cementerio de la Norzagaray ya no hay salida, parece
que es domingo por las lanzas y puñales enmohecidos, por
las caretas del carnaval, por las chiringas de sangre
desgarradas al viento. El mar es un teatro de náufragos.
Las manos achicharran adioses detrás de las persianas,
panderetas de paja para el último sol de los balcones.
Que dicen quel futuro caminará la calle, que dicen que
la gente lo dejará que pase, que otra vez las mujeres
inventarán los dioses y parirán sus sombras, y la frontera
roja caerá mutilando las manos amorosas del mago y el poeta.
(El libro de la muerte, 1985)
SEGÚN el informe de accidente de tránsito Q-1-21-06868
de la policía de Puerto Rico “al atardecer, fuera del paseo
en solar yermo, cayó casi muerto Jesús Ramos Robles…
El Agente Chapman 9 – 1289 tomó fotos… de la mancha de sangre
hasta el borde del carril derecho…” Ya era noche.
La viuda descubriendo el cadáver comentó: “Este cuerpo
que asombró a esta mujer… este cuerpo que ya no tiene miedo”.
Un corifeo de mandrágoras tejiéndole un sudario:
“No conviene que muera cualquier hombre…
el primero que pase con pan hacia el mar…”
Si hablara dijera el profeta de su entierro.
en solar yermo, cayó casi muerto Jesús Ramos Robles…
El Agente Chapman 9 – 1289 tomó fotos… de la mancha de sangre
hasta el borde del carril derecho…” Ya era noche.
La viuda descubriendo el cadáver comentó: “Este cuerpo
que asombró a esta mujer… este cuerpo que ya no tiene miedo”.
Un corifeo de mandrágoras tejiéndole un sudario:
“No conviene que muera cualquier hombre…
el primero que pase con pan hacia el mar…”
Si hablara dijera el profeta de su entierro.
En el encasillado indique lo que sucedió en este diagrama
hay una cruz entrecortada sombra de su propia cruz
hay un círculo con flecha que apunta para el norte
(como si el norte fuera la misma dirección predestinada
de los muertos)
sin que se quiera, hay un bosque fantasma de robles cuyas
ramas se escapan del mapa, hay los rieles de un tren
sin pasajeros.
Es la estación solar de un cementerio yermo frente al mar.
Mientras cavan la tumba, la sirena del barco, la bahía y el sol,
el hombre vigila la brisa, abre la sombrilla, respira la lluvia,
y va reconociendo esa imagen perpetua de tarjeta de postal.
Todos los familiares allegados que descansen.
Un diluvio de flores, un murmullo en silencio,
telegramas y llamadas telefónicas, cables de Western Union,
visitas inesperadas de muy lejos, llorando inevitablemente
la existencia del tiempo, estuvo y ya no está la separación
nos une.
Por la calle de la funeraria la sacerdotisa de Flores de Fuego
deshoja sus dedos de incienso. Dan las campanadas.
Los comensales empiezan su banquete fúnebre.
Los actores ya saben la escena: es la Última Cena de la temporada.
(El libro de la muerte, 1985)
ABERRACIÓN de ceniceros sucios aquí
el hombre es de polvo por el sol
no hay otro masallá que todo es isla
pero se sueñan calles y el poeta es
de polvo por la luna.
no hay otro masallá que todo es isla
pero se sueñan calles y el poeta es
de polvo por la luna.
Hambre de muelles pero se van los barcos.
No hay otro masallá que todo es mar.
El único remedio para la muerte.
Pero todos se van. Cuando llega una carta
hasta el balcón de la Norzagaray.
¿Quién destruye y quién se queda destruido?
¿Y quién entierra el bisturí
abriendo los tumores de la nada?
El salitre se pega como un cáncer al espejo.
¿Cómo es posible que una calle abarque al mundo?
¿Cómo es posible que un ojo de mar defina al tiempo?
(El libro de la muerte, 1985)
Nobleza de sangre
Gracias, Señor, por habernos enviado el SIDA.
Todos los tecatos y los maricones de Nueva York,
San Francisco, Puerto Rico y Haití te estaremos
eternamente agradecidos por tu aplomo de Emperador del Todo y
de la Nada (y si no me equivoco, de Católicos Apostólicos Romanos).
Los heterosexuales del centro de África, creo,
que son ingratos al no reconocer que el SIDA
les ha permitido entrar a la modernidad sin prejuicios,
aunque ya sí saben que la falta de lluvia y de alimentos
son tus justas artimañas de purificador y arquitecto de almas.
Señor, perdona a los bisexuales por su confusión innata
de creer quen la variedad de cuerpos es el gusto,
y sobre todo perdona a la mayoría moral, intachable y serena
que aún ignora la dulce cortadura de tu espada de carne.
Señor, si a alguien le debes agradecer la restauración de tu fama
es al evangelio de carpas, al ejército de circos y jaulas invisibles
que como un río de agua viva de hermanos y hermanas sementales
de fe rechaza tu perfecta belleza de almanaque y como de botánica,
y restituye en lenguas desconocidas hasta por filólogos, tu palabra.
Señor, perdona mi soberbia con los evangelistas de la televisión
y el decoro obsesivo con que piden tanto dinero en tu nombre
porque saben que tuyo es todo el oro de los Incas y el dólar noble.
Perdona a dos o tres poetas de la palabra escrita ya dos o tres
del cine que saben que la seda ni el terciopelo ni el brocado
pudieron ser tus telas favoritas y restituyeron tu divina mugre
de cuneta, igualando loza y broza en blanco y negro y tecnicolor.
Señor, me consta que muchos pacientes de SIDA que tiernamente creen
que el hombre (y creo que también la mujer) fueron hechos a tu imagen
y semejanza, piensan que tú has pasado por toda esa caterva
de enfermedades infecciosas que a los pacientes de SIDA nos aquejan
(y mira que hemos sido pacientes): esos sudores o escalofríos nocturnos
(como si para ti la noche existiera), ese cansancio eterno, Señor,
que no me deja caminar (y mucho menos dejar de escribir mi poesía),
esa marginación sin límite, ese asco colectivo al Kaposi Sarcoma
ya la tuberculosis, a la flaquencia ya los hongos epidérmicos.
Pero el apego a la vida de este mundo ha hecho a los pacientes de SIDA
ignorantes del contrato. Los cuentos mágicos de los leprosos y el de
Lázaro deben haber sido escritos en la China y como dice el refrán:
yo no creo ni en el médico chino, aunque sí creo en Las mil y una noches.
Señor, me voy a tomar la poca libertad que me queda, colonizado al fin,
y definir nuestra identidad: ¡Que nos llamen sidosos de una vez y todas!
Ya han cometido contra nosotros las barbaridades (y muchas más) que
dicen haber hecho contigo (con métodos privilegiados por nuestra era,
claro está). Señor, sólo me queda bregar con el asunto de tu identidad.
No voy a entrar en cuestiones personales ni a invadir tu intimidad
(que es inviolable), pero ¿qué te llevó a otórgales la franquicia
de la segunda destrucción de Sodoma, a los americanos? Freud diría:
¿Será, tal vez, tu soledad total, tu colosal hastío, tu complejo de culpa
con tantos genocidios, tu
frustración sexual con los apóstoles,
o la ingenua ilusión de
creer que el derecho al amor, a la carne secreta,
a la vida y la muerte aún te pertenecen con affidavit de cuna?
(Invitación al polvo, 1991)
Invitación al polvo
a la vida y la muerte aún te pertenecen con affidavit de cuna?
(Invitación al polvo, 1991)
Invitación al polvo
Éramos flores desterradas desde un Caribe ancho
y luminoso a un apartamento nocturno y estrecho.
Éramos un recuerdo distinto y similar de voces
amorosas que quedaron atrás encerradas en el mar,
jugando al escondite por bosques milenarios
y volcanes dormidos. Éramos todo eso y mucho más:
el eco de un espíritu sincero que cambió brisa
por humo, fuego de sol por ceniza, gente de carne
y hueso por máscaras anónimas, hombres de la ciudad
que en el amor volvieron a sus islas infinitas.
Cubanacán boricua y Borikén cubano, finalmente
abrazados, con las alas cortadas falsificando vuelos,
como cambiando pétalos por plumas. Éramos boleristas
de la misma loseta: vereda tropical y niebla de riachuelo,
un desvelo de amor bajo Venus, olas y arenas
de una nave sin rumbo, besos de fuego para una canción
desesperada, yo era una flor y tú mi propio yo.
Con lágrimas de sangre quise escribir la historia que ahora
escribo con sangre, con tinta sangre, del corazón.
Éramos compañeros del desorden profundo, pasión de vellonera
hombres por fuera y por dentro, no solamente cuerpos sino historia.
Éramos la victoria de amarnos sin prejuicios, sin posesión
ni celos, sabiendo que lo eterno dura un segundo.
Éramos los remeros de la misma galera en busca
de esa isla que al final los libera.
Éramos mucho menos de lo que ahora somos.
(Invitación al polvo, 1991)
10
Tus manos José tus dedos José
tus brazos José tus hombros
tus labios José tus besos José
tus ojos José tu pelo
todo en mis manos José
todo tu cuerpo en mis manos
todo tu sudor José para mi único vaso
de carne cristal José de papel y de palabras
como un bolero de barcos que al puerto llegaron.
¿En qué fábrica José te hicieron como te hicieron?
Virgo de barro José huevo de hierro forrado
que no se atreve a nacer
por miedo a ser desplumado
y quiere seguir callado
cayendo de lado a lado
como borracho olvidado
de la Cuba que te trajo
hasta este exilio José
espejo del que te ha amado
y aquí está mi pelo plateado José
y mis besos y mis labios
y mis hombros y mis brazos
y mis dedos y mis manos
todo sudado José poema y cuerpo sudados.
(Invitación al polvo, 1991)
20
No digáis que por falta de su bicho
mi verso resplandece hasta que arde
el culo es llamarada por la tarde
de noche, como Dios, vuelve a su nicho.
Si el lector me rechaza por cobarde
por miedo a la verdad es que lo ficho
tentación de poeta es lo entredicho
ignorancia juzgar por puro alarde.
Que no compre mi libro por la fama
para ser en la esquina muy discreto
que hasta muerto mi tumba será cama
una orgía de huesos y esqueleto
apasionado mármol para el que ama
bajo el sol y la luna sin secreto.
(Invitación al polvo, 1991)
26
Dejé las calles de la patria mía
abrumador templete del relajo
catedral desacrada del carajo
burdel del vacilón que a todos fía.
Errante me lancé como un gargajo
cordón umbilical yo cortaría
enferma de fantasmas mi poesía
aislada sucedió como un colgajo.
¿Qué país inventado en la memoria
se vuelve macharrán con su desprecio
hartísimo de tanta vanagloria?
Aquél que te soñó tú llamas necio
lo ignoras en el curso de tu historia:
lo que de ti contó no tiene precio.
(Invitación al polvo, 1991)
VUELVO a cantar dejando atrás la muerte
sumándome a la horrible ternura del amor
que ahora llega cuando la vida es tarde
para ser inocente de las guerras futuras.
Vuelvo a la noche eterna de la espera
al prejuicio sagrado de un solo hombre
después de haber hecho la paz
en los atardeceres remotos de la soledad.
Vuelvo al mundo separándome más
habiendo parido otro fantasma
habitante de playas neblinosas
enemigo fugaz de las metáforas.
Y estás aquí.
Prometiendo un amor que rebasa este siglo.
Repartiendo la lluvia sedienta del verano.
Pintor fidelísimo de paredes humanas.
Animal de otro espacio ilimitado.
Tanto reloj sin horas nos seduce
tanta gana inconclusa nos aprieta
tanta ilusión apenas nos inicia
en el lento funeral de nuestra dicha.
Tenemos poco tiempo y pocas cosas:
una alfombra manchada, dos vasos sin memoria,
un teléfono negro, un escondite,
una llave de luz que cierra la tristeza
y un pasado inmediato que ahora nos rechaza.
Caminando perdidos de la mano
de nuevo nos sorprende que tanto amor exista.
que ahora llega cuando la vida es tarde
para ser inocente de las guerras futuras.
Vuelvo a la noche eterna de la espera
al prejuicio sagrado de un solo hombre
después de haber hecho la paz
en los atardeceres remotos de la soledad.
Vuelvo al mundo separándome más
habiendo parido otro fantasma
habitante de playas neblinosas
enemigo fugaz de las metáforas.
Y estás aquí.
Prometiendo un amor que rebasa este siglo.
Repartiendo la lluvia sedienta del verano.
Pintor fidelísimo de paredes humanas.
Animal de otro espacio ilimitado.
Tanto reloj sin horas nos seduce
tanta gana inconclusa nos aprieta
tanta ilusión apenas nos inicia
en el lento funeral de nuestra dicha.
Tenemos poco tiempo y pocas cosas:
una alfombra manchada, dos vasos sin memoria,
un teléfono negro, un escondite,
una llave de luz que cierra la tristeza
y un pasado inmediato que ahora nos rechaza.
Caminando perdidos de la mano
de nuevo nos sorprende que tanto amor exista.
(Invitación al polvo, 1991)
AQUÍ SÍ SOMOS NEGROS
desde el hombro hasta el hambre.
Es el luto inherente de los hombres del miedo.
Las almas son los templos devastados.
Los velones son velas con ojos derretidos,
las últimas mujeres enterraron sus hijos en guitarras
y llevaron sus velorios al mar.
¡Qué no se piense nunca que terminó la guerra!
Tanto remiendo al fuego debilita la vida.
Lo que se quiere es sangre que anochezca la carne,
que los niños aprendan que el cuchillo esconde
la imagen del niño asesinado.
Antes de que los sueños remolquen a la noche,
colgaremos collares de ajo en los portones,
comenzarán las fiestas patronales del pueblo,
la soledad tendrá sus hospitales
y amolaremos los colmillos del Ángel.
Tenemos todo el tiempo de las olas de paz.
Nuestros soldados viran sus relojes de arena
en los nuevos lugares de la desolación.
Es Martes cada vez que la invasión aborta sus cadáveres.
Habitualmente somos. Sé que somos.
Arquitectos perfectos del pasado.
La cena sirve siempre los crepúsculos.
Los uniformes siempre almidonados.
Inevitablemente se enmohecen los fusiles.
Y siempre habrá café con pan para los héroes.
(Invitación al polvo, 1991)
Graciasss/lowfiardentia.wordpress.com/2018/muestra-poetica-manuel-ramos-otero-1948-1990/
Graciasss/claridadpuertorico.com/los-libros-mas-terribles-manuel-ramos-otero/
Graciasss/revistaacrobata.com.br/florianomartin/5-poemas-de-manuel-ramos-otero-porto-rico-1948-1990/
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