Amantes disfrazados de dioses lobo
Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia,
en las concupiscencias de sus corazones,
de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos
Romanos 1:24
I
El lobo es un árbol, una ráfaga, el pasto;
el lobo corre por lo alto del bosque
y el viento sobre el rostro de la tierra
los árboles gritan, el pasto tararea,
un alma permanece rígida, desnuda,
cubierta de entrañas y sangre,
colmillos de aliento, lo rojo de un grito,
el manto y los pliegues de la sombra
aleteando en el aire,
dientes que muelen y crujen,
espuma blanca,
garras rasgando el barro y la nieve,
el lobo junto al árbol, la ráfaga en el pasto:
el árbol-lobo es el viento
y la ráfaga en el pasto es el lobo
II
¿Quién devorará el fuego?
¿Quién correrá con el viento?
¿Quién será el que destroce
el corazón temblando en su mano?
¿Quién cambiará
el bosque repleto de verde
por árboles cubiertos de nieve,
cambiando un nido de amor
por arbustos de hierba infértil?
El lobo, la oscuridad ágil,
devora fuego, llena sus flancos hambrientos,
corre con el aire
y su abrigo de agujas brillantes,
el calor de la sangre
se hunde en sus dientes y garras
Con su aliento congelado,
el lobo, espíritu del invierno,
polvo de hueso y ceguera
que cambia el bosque
en un sitio de muerte
y a los ojos del fuego
en ojos de barro
III
Cuando mama de mi pecho
el hombre se convierte en lobezno,
mastica sin pausas, mordidas pesadas
en mi pezón durazno
hasta que la última gota
ha sido vaciada,
cuando la leche ya no brota,
la sangre y el dolor se derraman,
mi vida es chupada,
tambaleo, me desmayo,
en mi inconsciente, temeroso,
sin percatarme,
me he convertido en lobo también
IV
Nuestro amor nos devoró,
es un amor que se desgarra
entre los dientes,
en nuestros ojos
que intercambian miradas
hay árboles en llamas
rasgamos, devoramos,
las espaldas de nuestras bocas se besan,
colmillos de aliento,
sangre hirviendo
brota y, de inmediato, se congela
nuestra tortura
es complicidad,
dolor, placer,
nuestro pelaje se estremece
junto con nuestras sombras alargadas
mientras nos abrazamos
V
Es de noche en los arbustos del parque,
los amantes ponen la cabeza del lobo
encima de ellos,
mientras los lobos ponen las cabezas de los amantes
sobre sí mismos y mueren de hambre
en la cima de la luna
VI
Una pareja de lobos baila
mientras sus pechos se rozan,
pelaje suave contra pelaje suave,
el pequeño pájaro del amor
es destazado hasta la muerte,
una pareja brinda con copas
llenas de vino parecido a la sangre,
sobre ellos, el suave pelaje del aire
brilla con resplandor pleno,
en un sillón largo,
la pareja inclina su oído hasta escuchar un canto
que produce música sedienta de sangre,
con pasos arrastrados,
la pareja sale y se desliza
hasta el pasillo oscuro
y chupa la sangre
del cuello de otras personas,
en el jardín,
la pareja asesina un capullo de rosa
en el borde de una fuente que hierve,
un dedo delgado y enfermo difumina
la sangre fresca,
un lobo confronta la pared y, en silencio,
tacha poemas de amor en una máquina de escribir
cuya tinta
es cálida, de un rojo parecido a la sangre
VII
Los santos empujan las vidrieras quebrándolas en pequeños fragmentos
luego llaman y nacen en la penumbra dentro de la campana caída,
polvo plateado e innumerables ecos,
acumulaciones de plantas arrastrándose hacia abajo,
un temible borde de oro en las nubes de tormenta,
dentro de los arbustos, aúlla un lobo escondido,
y los amantes beben sin pausa su sangre mutuamente
VIII
En el cementerio donde las almas muertas
y la carne llena de gusanos
sostienen su respiración y sus murmullos,
pisamos los frenos,
las llantas sonaron y resbalaron por la maleza.
Envueltos en nuestro silencio,
lanzamos los abrigos
y tiramos la ropa interior,
de repente, golpeando como si estuviera molesto,
afuera, un serbal rasgaba nuestra ventana
era como si los muertos dijeran:
“Queremos vivir”
“Queremos vivir”
pero en medio de nuestros gemidos y dolores
sólo los ignoramos
IX
Un frasco de vidrio con alcohol parecido a la miel,
un bote de cristal lleno de caramelos macizos,
un pequeño frasco de aceite perfumado,
un mortero de veneno,
el vidrio del techo
se rompe de repente
y brillan fragmentos sobre fragmentos
que caen
hacia el rugiente azul marino,
sintiendo la punzada de un fragmento, por un instante,
la ciudad de cristal hace eco sobre la tierra
y se rompe en pedazos,
en ese momento, los amantes ponen
la cabeza del lobo sobre sí mismos
X
Frente al cielo despejado
las torres se empujan
brillo de puntas afiladas
mil campanas suenan
mil campanas resuenan
un reloj de palomas suena por el universo
un reloj cucú grita
un reloj de búho enseña su boca roja
el péndulo del gran reloj del cielo
salta fuera de lugar, los resortes
y engranajes se rompen y vuelan
en distintas direcciones,
los números romanos VIII IX X XI XII
giran y caen,
los amados amantes, con prisa,
ponen las cabezas de los lobos en las suyas,
son hombres que se aman,
desnudos, en pareja,
y que se precipitan en la forma de su amor
(Árbol de rosas, amantes falsos, 1964)
Trad. Mario Frausto Grande
Declaración de amor por las muñecas
1
¿De dónde viene nuestro amor por las muñecas, Pigmalión?
El padre amarillo con un paraguas empuja el carrito por un callejón
y la pálida madre pedaleando en su máquina de coser es violada en
la puerta de entrada.
El violador no es una personalidad
sino un hirsuto y sudoroso sujeto en bata de cirujano.
Siento el bulto enorme de su espalda en la habitación contigua.
Odio al padre con su débil voluntad, odio a la madre que no opone
resistencia,
odio el coito indiferente entre padre y madre que nos trajo al mundo.
Bajamos la mirada, nos ovillamos
y no podemos más que fingir un parto en el piso de tatami.
A lo lejos se escucha una voz, es el comerciante de residuos de papel.
Es la mañana apacible de un día de primavera
cuando el olor del baño impregna la calle principal.
2
En cuanto a nuestro sexo, no somos ni hombre ni mujer
mucho menos algo neutro.
Un muchacho: ni el tercero ni el cuarto, siempre el sexo del número cero.
Así que, como euglenas o medusas comunes
llevamos a cabo, sin cesar, nuestra diáfana monogénesis.
Las copias de nosotros que se multiplican interminablemente
llenan la pequeña habitación, se derraman sobre los espacios huecos del
piso de tatami,
salen a la calle a través de las rendijas de las ventanas y flotan en el aire.
Si existe el término «embarazo imaginario», el término «alumbramiento imaginario»
también debería existir.
La imaginación es una forma de existencia.
Esto es una certeza.
Pigmalión,
como una mujer embarazada que he experimentado muchos partos,
Nosotros hemos envejecido siendo jóvenes
y con un ojo negro, nos convulsionamos sin cesar.n
3
La muñeca: se trata de un concepto antes que de una cosa,
una idea mucho más llena de sustancia que una cosa.
Porque la sustancia es más delicada que las células o partículas,
se nos revela a través de las paredes o del empapelado de las puertas
y se planta frente a nosotros.
Se hunde en nuestra cabellera y se agazapa en el cerebro.
El cráneo termina por parecerse, cada vez más, al útero.
Parir una muñeca, dar a luz a través de las pupilas y las puntas de los
diez dedos, Pigmalión,
no tiene el tipo de entrañas o de alma que hay dentro de nosotros.
No, en lugar de un alma o de entrañas, su ausencia lo colma todo.
La superficie brillante de su cuerpo cubriendo una sustancia llamada
ausencia ni siquiera es material.
¿Es él? ¿Es ella? Si nuestro sexo es el de un niño,
su sexo es el de una muñeca. Si somos el número cero, el sexo es la
enésima potencia.
4
El cuchillo, la sierra, los alicates, el martillo, la lima,
las tenazas, las tijeras, el tornillo, el taladro, las pinzas,
cinta de goma, guantes de caucho, algodón, el secador…
¡Cuánto se parecen estos utensilios para hacer muñecas
a los instrumentos para matar a un hombre!
Pigmalión,
no hacemos muñecas que se nos asemejen,
somos nosotros, tan bien como podemos, quienes nos asemejamos
a las muñecas.
Habría que rehacer al padre, habría que rehacer a la madre.
Que salga la carne deformada del padre y hagamos de nuevo a la madre.
Si no pueden rehacerse, dejemos que sean aniquilados.
La cabeza y el torso, piernas y brazos, ojos y lengua, cabello y vello púbico—
Diseccionar es unir o, por decirlo de otra manera,
dar muerte es dar vida.
5
¿Es posible dar muerte a una muñeca?
Esta es la máxima consideración en nuestro amor por las muñecas.
¿Cómo determinar clínicamente la hora de la muerte
de una muñeca que no tiene corazón o cerebro?
La cabeza separada del cuerpo,
los ojos arrancados de las cuencas
miran fijamente nuestras manos sin expresión alguna.
Aun si blandimos nuestro martillo contra ellos,
los aplastamos y los despedazamos,
la imagen póstuma de los globos oculares seguirá mirándonos.
No sólo la cabeza, no únicamente los ojos,
el ombligo, la entrepierna, las palmas, las plantas,
cada parte nos observa fijamente.
Si antes de nacer ya vivía,
¿cómo es posible darle muerte?
Pigmalión,
estamos muertos antes de ser asesinados.
(Sleeping, Sinning, Falling, 1992)
Trad. Daniela Camacho.
Graciasss/pijamasurf.com/cinco_poemas_sobre_el_amor_entre_hombres/
Graciasss/www.revistaelgolem.com/2019/03/24/mutsuo-takahashi/
Esto es una certeza.
Pigmalión,
como una mujer embarazada que he experimentado muchos partos,
Nosotros hemos envejecido siendo jóvenes
y con un ojo negro, nos convulsionamos sin cesar.n
3
La muñeca: se trata de un concepto antes que de una cosa,
una idea mucho más llena de sustancia que una cosa.
Porque la sustancia es más delicada que las células o partículas,
se nos revela a través de las paredes o del empapelado de las puertas
y se planta frente a nosotros.
Se hunde en nuestra cabellera y se agazapa en el cerebro.
El cráneo termina por parecerse, cada vez más, al útero.
Parir una muñeca, dar a luz a través de las pupilas y las puntas de los
diez dedos, Pigmalión,
no tiene el tipo de entrañas o de alma que hay dentro de nosotros.
No, en lugar de un alma o de entrañas, su ausencia lo colma todo.
La superficie brillante de su cuerpo cubriendo una sustancia llamada
ausencia ni siquiera es material.
¿Es él? ¿Es ella? Si nuestro sexo es el de un niño,
su sexo es el de una muñeca. Si somos el número cero, el sexo es la
enésima potencia.
4
El cuchillo, la sierra, los alicates, el martillo, la lima,
las tenazas, las tijeras, el tornillo, el taladro, las pinzas,
cinta de goma, guantes de caucho, algodón, el secador…
¡Cuánto se parecen estos utensilios para hacer muñecas
a los instrumentos para matar a un hombre!
Pigmalión,
no hacemos muñecas que se nos asemejen,
somos nosotros, tan bien como podemos, quienes nos asemejamos
a las muñecas.
Habría que rehacer al padre, habría que rehacer a la madre.
Que salga la carne deformada del padre y hagamos de nuevo a la madre.
Si no pueden rehacerse, dejemos que sean aniquilados.
La cabeza y el torso, piernas y brazos, ojos y lengua, cabello y vello púbico—
Diseccionar es unir o, por decirlo de otra manera,
dar muerte es dar vida.
5
¿Es posible dar muerte a una muñeca?
Esta es la máxima consideración en nuestro amor por las muñecas.
¿Cómo determinar clínicamente la hora de la muerte
de una muñeca que no tiene corazón o cerebro?
La cabeza separada del cuerpo,
los ojos arrancados de las cuencas
miran fijamente nuestras manos sin expresión alguna.
Aun si blandimos nuestro martillo contra ellos,
los aplastamos y los despedazamos,
la imagen póstuma de los globos oculares seguirá mirándonos.
No sólo la cabeza, no únicamente los ojos,
el ombligo, la entrepierna, las palmas, las plantas,
cada parte nos observa fijamente.
Si antes de nacer ya vivía,
¿cómo es posible darle muerte?
Pigmalión,
estamos muertos antes de ser asesinados.
(Sleeping, Sinning, Falling, 1992)
Trad. Daniela Camacho.
Graciasss/pijamasurf.com/cinco_poemas_sobre_el_amor_entre_hombres/
Graciasss/www.revistaelgolem.com/2019/03/24/mutsuo-takahashi/
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