Rompe hogares
Y así fue como bailamos: arrastrando los vestidos
blancos de nuestras madres, agosto volvía nuestras
manos rojo oscuro.
Y así amamos: medio litro de vodka y una tarde en el
desván, tus dedos acariciando mi pelo; mi pelo un
incendio.
Nos cubríamos los oídos y los arranques de tu padre
se convertían en latidos. Cuando nuestros labios se
tocaron el día se cerró como un ataúd.
En el museo del corazón dos personas sin cabeza
construyen una casa en llamas.
La escopeta siempre estuvo sobre la chimenea.
Siempre hay tiempo para matar, sólo para rogarle a
un dios que lo devuelva. Si el desván no, el coche.
Si el coche no, el sueño.
Si el chico no, su ropa. Si vivo no, cuelga el teléfono.
Porque el año es una distancia que hemos recorrido
en círculos. Es decir: así bailamos: a solas en cuerpos
dormidos. Es decir: así nos amamos: en la lengua un
cuchillo que se vuelve una lengua.
Algún día amaré a Ocean Vuong
A partir de Frank O’Hara y Roger Reeves
Ocean, no tengas miedo.
El final del camino está tan adelante
que ya lo dejamos atrás.
No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
hasta que alguno de los dos lo olvide. Así como tu columna
no recordará sus alas
sin importar cuántas veces
se doblen tus rodillas. Ocean,
¿me escuchas? La parte más hermosa
de tu cuerpo es donde sea
que caiga la sombra de tu madre.
Aquí está la casa con la niñez
reducida a una cerca de alambre rojo.
No te preocupes. Sólo llámala horizonte
y nunca la alcanzarás.
Aquí está hoy. Salta. Te prometo que no es
un bote salvavidas. Aquí esta el hombre
con brazos lo suficientemente amplios para abarcar
tu partida. Y aquí el momento, justo
después de apagar las luces, en el que aún puedes ver
la antorcha débil entre sus piernas.
Cómo la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y te han dado una boca donde vaciarte.
No tengas miedo, los disparos
son sólo el sonido de la gente
tratando de vivir un poco más. Ocean. Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es a dónde se dirige. Y recuerda,
incluso la soledad es tiempo
que pasas con el mundo. Aquí está
el cuarto con todos adentro.
Tus amigos muertos atravesando
tu cuerpo como el aire
las campanas de viento. Aquí un escritorio
con una pata coja y un ladrillo
que la sostiene. Sí, aquí hay un cuarto
tan cálido y sanguíneo
que, te juro, al despertar
vas a creer que estas paredes
son de piel.
Dime algo bueno
Estás en el campo minado otra vez.
Alguien que ahora está muerto
te dijo que es aquí donde aprenderás
a bailar.
Nieve sobre los labios como una cortada
con sal, saltas entre tus muertes, negro como
la menstruación
de un dios.
Tus brazos abren pequeñas heridas
en el viento. Eres algo hecho. Y luego
te hicieron sobrevivir, lo cual quiere decir que eres
hijo de alguien.
Lo cual quiere decir que si abres los ojos habrás vuelto
a esa casa, estarás bajo una cobija estampada con veleros
amarillos.
El novio de tu madre, su calva anillada de pelo rojo
como un planeta incendiado, se hinca de nuevo junto a
tu cama.
Olor de whisky y Oreo molido.
La nieve entra por la ventana: cenizas que retornan
de una fábula fallida.
Su mano con tinta derramada sobre tu pecho.
Y sigues bailando dentro del campo minado
sin moverte. Las cortinas aletean.
La luz ambarina bajo la puerta. Su respiración.
Su cara azul y húmeda: la tierra girando en la órbita
de nadie.
Y tú quieres que alguien diga Oye… Oye…
creo que bailas precioso. Me muero por un poco de vals,
querido.
Quieres que alguien diga que todo esto sucedió hace mucho.
Que una noche, muy pronto, empacarás tu libro de bolsillo
favorito y la 45 de tu madre, que el refugio más seguro
siempre fue el pensamiento sobre tu cabeza.
Que es justo (tiene que serlo)
cómo nuestras manos nos lastiman y luego nos dan
el mundo. Cómo puedes amar el mundo
hasta que no queda nada por amar más que uno mismo.
Y luego puedes detenerte.
Luego puedes alejarte de nuevo, de vuelta a la niebla
que empareda el campo minado, donde la arteria en tu cuello
te adora hasta cero.
Puedes alejarte. Puedes ser nada
y seguir respirando. Créeme.
Acción de Gracias 2006
Hace demasiado frío en Brooklyn esta noche
y todos mis amigos están a tres años de distancia.
Mi madre me dijo que yo podría ser
lo que quisiera, pero decidí vivir.
En el rellano de una vieja casa de piedra rojiza
un cigarro arde y se disipa.
Camino hacia él: una navaja
que el silencio afila.
El humo esculpe su quijada.
La boca por la que vuelvo a entrar
en la ciudad. Extraño, eco
palpable, aquí está mi mano, llena de sangre delgada
como el llanto de una viuda. Estoy listo.
Listo para ser cada uno de los animales
que dejas atrás.
De cabeza
¿Acaso no lo sabes? El amor de una madre
ignora el orgullo
como el fuego
ignora los gritos
de los que incendia. Hijo mío
incluso mañana
tendrás el día de hoy. ¿Acaso no lo sabes?
Hay hombres que tocan pechos
como tocaría
cráneos. Hombres
que cargan sueños
y atraviesan montañas, con los muertos
sobre la espalda.
Pero sólo una madre puede andar
con el peso
de otro corazón latiendo.
Niño tonto.
Puedes perderte en cada libro
pero no te olvidarás de ti mismo
como dios olvida
sus manos.
Cuando te pregunten
de dónde eres,
diles que tu nombre
fue arrancado de la boca sin dientes
de una mujer de guerra.
Que no naciste
sino que te arrastraste, de cabeza
hacia el hambre de los perros. Hijo mío, diles
el cuerpo es una daga que se afila
cortando.
Porque es verano
te vas en bici hasta el parque amoratado
por las 9pm en los arces relucen bolsas de plástico
deshechas por los días el maizal
recién arrasado y mentiste
sobre a dónde vas se supone
que saldrías con una mujer a la que no le encuentras
un nombre pero él te espera
en el campo de béisbol detrás del banco
salpicado con cigarros Newport condones rotos
él te espera con manos pegajosas y menta
en el aliento un corte de cabello barato
y los levis de su hermana
un tufo a orina se levanta del pasto húmedo
después de todo es junio y eres joven
hasta septiembre él se ve distinto
al de la foto pero no importa
porque besaste a tu madre
en la mejilla antes de venir
hasta acá porque la rendija oscura de la bragueta es suficiente
para hablar a través del cierre un grito delgado
donde plantas tu boca
para escuchar el sonido de pájaros
que golpean el agua el chasquido elástico
de las pretinas cuatro manos apresurándose
en docenas: un enjambre de deseo que vistes
como velo de novia pero no
lo mereces: el chico y
su soledad el chico que te encuentra
hermoso sólo porque no eres
un espejo porque no tienes
suficientes rostros para abandonar has venido
tan lejos para ser nadie y es junio
hasta mañana eres joven hasta que una canción pop
suene en el cuarto de un chico muerto el agua filtrándose
de cada esquina del verano y tú quieres
decirle está bien que la noche también sea una tumba
de la que logramos salir pero él ya se está arreglando
la camisa el maizal una crueldad que apesta
a estiércol te untas el cuello con
lápiz labial te vistes con manos temblorosas
dices gracias gracias gracias
porque todavía no sabes para qué sirve
perdóname porque eso es lo que dices
cuando un extraño emerge del verano
y te ofrece una hora más de vida.
Casi humano
Hace mucho tiempo desde mi cuerpo.
Y así fue como bailamos: arrastrando los vestidos
blancos de nuestras madres, agosto volvía nuestras
manos rojo oscuro.
Y así amamos: medio litro de vodka y una tarde en el
desván, tus dedos acariciando mi pelo; mi pelo un
incendio.
Nos cubríamos los oídos y los arranques de tu padre
se convertían en latidos. Cuando nuestros labios se
tocaron el día se cerró como un ataúd.
En el museo del corazón dos personas sin cabeza
construyen una casa en llamas.
La escopeta siempre estuvo sobre la chimenea.
Siempre hay tiempo para matar, sólo para rogarle a
un dios que lo devuelva. Si el desván no, el coche.
Si el coche no, el sueño.
Si el chico no, su ropa. Si vivo no, cuelga el teléfono.
Porque el año es una distancia que hemos recorrido
en círculos. Es decir: así bailamos: a solas en cuerpos
dormidos. Es decir: así nos amamos: en la lengua un
cuchillo que se vuelve una lengua.
Algún día amaré a Ocean Vuong
A partir de Frank O’Hara y Roger Reeves
Ocean, no tengas miedo.
El final del camino está tan adelante
que ya lo dejamos atrás.
No te preocupes. Tu padre sólo es tu padre
hasta que alguno de los dos lo olvide. Así como tu columna
no recordará sus alas
sin importar cuántas veces
se doblen tus rodillas. Ocean,
¿me escuchas? La parte más hermosa
de tu cuerpo es donde sea
que caiga la sombra de tu madre.
Aquí está la casa con la niñez
reducida a una cerca de alambre rojo.
No te preocupes. Sólo llámala horizonte
y nunca la alcanzarás.
Aquí está hoy. Salta. Te prometo que no es
un bote salvavidas. Aquí esta el hombre
con brazos lo suficientemente amplios para abarcar
tu partida. Y aquí el momento, justo
después de apagar las luces, en el que aún puedes ver
la antorcha débil entre sus piernas.
Cómo la usas una y otra vez
para encontrar tus propias manos.
Pediste una segunda oportunidad
y te han dado una boca donde vaciarte.
No tengas miedo, los disparos
son sólo el sonido de la gente
tratando de vivir un poco más. Ocean. Ocean,
levántate. La parte más hermosa de tu cuerpo
es a dónde se dirige. Y recuerda,
incluso la soledad es tiempo
que pasas con el mundo. Aquí está
el cuarto con todos adentro.
Tus amigos muertos atravesando
tu cuerpo como el aire
las campanas de viento. Aquí un escritorio
con una pata coja y un ladrillo
que la sostiene. Sí, aquí hay un cuarto
tan cálido y sanguíneo
que, te juro, al despertar
vas a creer que estas paredes
son de piel.
Dime algo bueno
Estás en el campo minado otra vez.
Alguien que ahora está muerto
te dijo que es aquí donde aprenderás
a bailar.
Nieve sobre los labios como una cortada
con sal, saltas entre tus muertes, negro como
la menstruación
de un dios.
Tus brazos abren pequeñas heridas
en el viento. Eres algo hecho. Y luego
te hicieron sobrevivir, lo cual quiere decir que eres
hijo de alguien.
Lo cual quiere decir que si abres los ojos habrás vuelto
a esa casa, estarás bajo una cobija estampada con veleros
amarillos.
El novio de tu madre, su calva anillada de pelo rojo
como un planeta incendiado, se hinca de nuevo junto a
tu cama.
Olor de whisky y Oreo molido.
La nieve entra por la ventana: cenizas que retornan
de una fábula fallida.
Su mano con tinta derramada sobre tu pecho.
Y sigues bailando dentro del campo minado
sin moverte. Las cortinas aletean.
La luz ambarina bajo la puerta. Su respiración.
Su cara azul y húmeda: la tierra girando en la órbita
de nadie.
Y tú quieres que alguien diga Oye… Oye…
creo que bailas precioso. Me muero por un poco de vals,
querido.
Quieres que alguien diga que todo esto sucedió hace mucho.
Que una noche, muy pronto, empacarás tu libro de bolsillo
favorito y la 45 de tu madre, que el refugio más seguro
siempre fue el pensamiento sobre tu cabeza.
Que es justo (tiene que serlo)
cómo nuestras manos nos lastiman y luego nos dan
el mundo. Cómo puedes amar el mundo
hasta que no queda nada por amar más que uno mismo.
Y luego puedes detenerte.
Luego puedes alejarte de nuevo, de vuelta a la niebla
que empareda el campo minado, donde la arteria en tu cuello
te adora hasta cero.
Puedes alejarte. Puedes ser nada
y seguir respirando. Créeme.
Acción de Gracias 2006
Hace demasiado frío en Brooklyn esta noche
y todos mis amigos están a tres años de distancia.
Mi madre me dijo que yo podría ser
lo que quisiera, pero decidí vivir.
En el rellano de una vieja casa de piedra rojiza
un cigarro arde y se disipa.
Camino hacia él: una navaja
que el silencio afila.
El humo esculpe su quijada.
La boca por la que vuelvo a entrar
en la ciudad. Extraño, eco
palpable, aquí está mi mano, llena de sangre delgada
como el llanto de una viuda. Estoy listo.
Listo para ser cada uno de los animales
que dejas atrás.
De cabeza
¿Acaso no lo sabes? El amor de una madre
ignora el orgullo
como el fuego
ignora los gritos
de los que incendia. Hijo mío
incluso mañana
tendrás el día de hoy. ¿Acaso no lo sabes?
Hay hombres que tocan pechos
como tocaría
cráneos. Hombres
que cargan sueños
y atraviesan montañas, con los muertos
sobre la espalda.
Pero sólo una madre puede andar
con el peso
de otro corazón latiendo.
Niño tonto.
Puedes perderte en cada libro
pero no te olvidarás de ti mismo
como dios olvida
sus manos.
Cuando te pregunten
de dónde eres,
diles que tu nombre
fue arrancado de la boca sin dientes
de una mujer de guerra.
Que no naciste
sino que te arrastraste, de cabeza
hacia el hambre de los perros. Hijo mío, diles
el cuerpo es una daga que se afila
cortando.
Porque es verano
te vas en bici hasta el parque amoratado
por las 9pm en los arces relucen bolsas de plástico
deshechas por los días el maizal
recién arrasado y mentiste
sobre a dónde vas se supone
que saldrías con una mujer a la que no le encuentras
un nombre pero él te espera
en el campo de béisbol detrás del banco
salpicado con cigarros Newport condones rotos
él te espera con manos pegajosas y menta
en el aliento un corte de cabello barato
y los levis de su hermana
un tufo a orina se levanta del pasto húmedo
después de todo es junio y eres joven
hasta septiembre él se ve distinto
al de la foto pero no importa
porque besaste a tu madre
en la mejilla antes de venir
hasta acá porque la rendija oscura de la bragueta es suficiente
para hablar a través del cierre un grito delgado
donde plantas tu boca
para escuchar el sonido de pájaros
que golpean el agua el chasquido elástico
de las pretinas cuatro manos apresurándose
en docenas: un enjambre de deseo que vistes
como velo de novia pero no
lo mereces: el chico y
su soledad el chico que te encuentra
hermoso sólo porque no eres
un espejo porque no tienes
suficientes rostros para abandonar has venido
tan lejos para ser nadie y es junio
hasta mañana eres joven hasta que una canción pop
suene en el cuarto de un chico muerto el agua filtrándose
de cada esquina del verano y tú quieres
decirle está bien que la noche también sea una tumba
de la que logramos salir pero él ya se está arreglando
la camisa el maizal una crueldad que apesta
a estiércol te untas el cuello con
lápiz labial te vistes con manos temblorosas
dices gracias gracias gracias
porque todavía no sabes para qué sirve
perdóname porque eso es lo que dices
cuando un extraño emerge del verano
y te ofrece una hora más de vida.
Casi humano
Hace mucho tiempo desde mi cuerpo.
Insoportable, lo dejé caer sobre
la tierra como mi viejo lanzaba los
dados.
Hace mucho tiempo desde el tiempo.
Pero entonces tenía peso.
Tenía
substancia y tendones, daño que era
visible si mirabas entre tus manos y
escuchabas
la sangre.
Se llama leer, me dijeron, pero tarde.
Demasiado tarde. Leí. Hice mi
agosto rojo
con palabras y fui rodeado de fantasmas.
Usé mi arsenal de verbos
difuntos y
entré en una biblioteca de segundas
oportunidades, la sala de
urgencias.
Donde me vendaron la cabeza mientras
las sílabas negras seguían
filtrándose, así.
En ese entonces, no lograba que los chicos
voltearan a verme
ni en mi mejor chaqueta
de mezclilla. Era 2006 o 1865 o .327.
¡Qué momento para
estar vivo!, me dijeron,
esta vez con más fuerza, más rifles de asalto.
¿Te lo
dije? Vengo de un pueblo de escultores
cuya obra maestra fue el escombro.
Lo
intentamos. Con corte de honguito,
trabada la lengua, indecente, diabético,
presentí algo. El piso de madera rechinaba
y yo lloré sin moverme junto a la
ventana
de rehabilitación. Si las palabras, como ellos
decían, no tienen peso
en nuestro mundo,
¿por qué seguíamos hundiéndonos,
doctor –digo Señor? ¿Por qué
el agua se tragó
nuestras manos casi humanas mientras cantábamos? Así.
(Night Sky with Exit Wounds, 2016)
(Night Sky with Exit Wounds, 2016)
***
Oración por los recién condenados
Queridísimo Padre, perdóname porque he visto.
Tras la valla de madera, un campo iluminado
de verano, un hombre pone una navaja
contra la garganta de otro hombre. El acero mira a la luz
sobre el cuello mojado de sudor. Perdóname
por no retorcer esta lengua para darle la forma
de Tu nombre. Por pensar:
así es como debe comenzar cada oración–
la frase Por Favor partiendo
el viento en fragmentos, en lo que
un muchacho escucha en su necesidad de saber
cómo el dolor devuelve el cuerpo bendecido
a su pecador. La hora se ha acallado
repentinamente. El hombre, sus labios
contra la bota negra. ¿Estoy mal por amar
esos ojos, por ver algo tan claro
y azul? ¿Por pedir que siga siendo
claro y azul? ¿Me tembló la mejilla
cuando la húmeda sombra floreció en su bragueta
y goteó sobre la ocre tierra? Qué velozmente
te vuelves la navaja. Pero déjenme comenzar
de nuevo: hay un muchacho de rodillas
en una casa en la que cada puerta ha sido abierta
a patadas hacia el verano. Hay una pregunta que corroe
su lengua. Una navaja que toca
Tu dedo atorado en tu garganta.
Queridísimo Padre, ¿qué fue de aquel muchacho
que ya no es un muchacho? Por favor–
¿qué será del pastor
cuando las ovejas son caníbales?
Día de Acción de Gracias 2006
Brooklyn está muy frío esta noche
y todos mis amigos están a tres años de distancia.
Mi madre dijo que podría ser cualquier cosa
que quisiera –pero yo escogí vivir.
En las escaleras de un viejo edificio
brilla un cigarro, luego se desvanece.
Camino hacia él: una navaja
afilada de silencio.
Su mentón dibujado por el humo.
La boca por donde vuelvo
a la ciudad. Extraño, palpable
eco, he aquí mi mano, llena de sangre delgada
como las lágrimas de una viuda. Estoy listo.
Estoy listo para ser todos los animales
a los que abandonas.
(Night Sky with Exit Wounds, 2016)
Trad. Gerardo Cárdenas
***
Llenar la brecha
El único motivo por el que… los mantuve conmigo el mayor tiempo
posible, incluso si significaba sólo quedarme con una parte de ellos.
—Jeffrey Dahmer
Llego al campo & apago el motor.
Es simple: no sé
cómo amar a un hombre
suavemente. La ternura
es algo que se muele
a golpes. Luciérnagas colgadas
en ocaso de zafiro.
Estás tan callado que eres casi
mañana.
El cuerpo se hizo suave
para resguardarnos
de la soledad.
Dijiste eso
como si el coche se llenara
con agua del río.
No te preocupes.
No hay agua.
Sólo tus ojos
cerrándose.
Mi lengua
en el quid de tu pecho.
Pequeños pelos negros
como piernas
de insectos desaparecidos.
Nunca quise
la carne.
Y es que siempre falla
en fallar
con precisión.
Mas si yo atravesara
la página delgada de la piel
igual
& encontrara el corazón
no del tamaño de un puño
sino tu boca abriéndose
tan ancha
como Jerusalén. ¿Entonces qué?
Qué ansia se somete
sin un límite. Amar a otro
hombre– es dejar
atrás a nadie
que me perdone.
No quiero dejar
a nadie atrás.
Preservar
& ser preservado.
La forma en que un campo
convierte sus secretos
en peonías.
La forma en que la luz
preserva su sombra
al tragarla.
Oda a la masturbación
porque tú
nunca fuiste
sagrado
solo suficientemente
bello
para que te encontraran
con un garfio
en tu boca
el agua se agitó
como chispas
cuando ellos
te sacaron
& a veces
tu mano
es lo único que tienes
para asirte
a ti mismo a este
mundo & es
el sonido no
la plegaria
lo que entra
el trueno no
el relámpago
lo que te despierta.
en el asiento trasero
neón de medianoche
estacionamiento
agua bendita
untada
entre
tus muslos
donde ningún hombre
se ha ahogado
de tanta
sed.
la acabada
una art-
iculación
de estrellas roídas
entonces alza
el deleite
-pulgar de costras
& enseña a
la lengua
sobre el alimento
sin brida
perderse en
una imagen
es hallar en ella
una puerta
entonces cierra
tus ojos
& ábrete
busca abajo
con cada costilla
canturreando
la desesperación
de teclas
de piano intocadas
algunos llaman esto
ser humano pero
tú ya sabes
que es la forma más breve
de por siempre sí
hasta los santos
lo recuerdan el si
bajo cada
decir
bajo
el aliento rebosado
cual flores de cerezo
haciéndose espuma en
primavera de nadie
cómo suelen estas líneas
parecerse a las marcas de las garras
de tus hermanos
cuando los arrastran
lejos de ti
tú cuyo nombre
no escuchado
por el oído
sino los más pequeños
huesos
en las tumbas tú
que enciendes el aire de abril
con todos tus pétalos
aquí aquí aquí tú
que te tuerces
por la luz
de alambrada
aunque sabes
cómo el color atrae
decapitación
yo bajo la mano
buscándote
en suelo estadounidense
en pueblos con nombres
como hope
celebration
success & sweet
lips como pequeña
saigon
laramie money
& sanford pueblos
cuyos árboles saben
que el peso de la historia
puede doblar sus ramas
hasta quebrar
líneas cuyas raíces excavan
en las piedras
& los datos duros
juntando
la memoria de herrumbre
& hierro
mandíbulas
& amatista sí
tócate
así
abre el hambre
incurable
de la más suave herida
después de todo
dios te cortó
aquí
para recordarnos de dónde
él vino
clava este latido
de astas de nuevo
a la tierra
grita
hasta que lo oscuro fluya
cada bestia
sin rostro desterrada
del arca
mientras raspas la sal
de la vergaclítoris
& lo llamas
luz del día
no
temas
ser tan
luminoso
ser tan brillante tan
vacío
las balas
te atraviesan limpiamente
pensando
que han hallado
el cielo mientras buscas
abajo presiona
una mano
contra esta sangre
-cuerpo cálido
cual palabra
que clavan a
su significado
& vive.
DetoNación
Hay un chiste que termina en — eh?
Es la bomba diciendo aquí esta tu padre.
Ahora he aquí a tu padre dentro
de tus pulmones. Mira cuan liviana
es la tierra — después.
Tan solo escribir la palabra padre
es tallar un trozo del día
de una página brillante como una bomba.
Hay suficiente luz para ahogarse
pero nunca suficiente para entrar en los huesos
& quedarse. No te quedes aquí, me dijo, mi niño
roto por los nombres de las flores. Ya no
roto por los nombres de las flores. Ya no
llores. Y corrí hacia la noche.
La noche: mi sombra creciendo
hacia mi padre.
Un poco más cerca del borde
Suficientemente jóvenes para creer que nada
los cambiará, entran, de la mano,
en el cráter de la bomba. La noche llena
de dientes negros. Su falso Rolex, semanas
tras estallar contra su mejilla, ahora se atenúa
como una luna en miniatura detrás de su cabello.
En esta versión la serpiente no tiene cabeza—quedó quieta
como cuerda desatada de los tobillos de los amantes.
Él levanta su falda de algodón blanco, revelando
otra hora. Su mano. Sus manos. Las sílabas
dentro de ellos. Oh padre, oh presagio, cíñete
a ella – como el campo se destroza a sí mismo
con el llanto de grillos. Muéstrame cómo la ruina hace un hogar
de los huesos de la cadera. Oh madre,
Oh minutero, enséñame
cómo sostener a un hombre como la sed
sostiene el agua. Que cada río envidie
nuestras bocas. Que cada beso golpee el cuerpo
como una estación. Donde las manzanas truenan
la tierra con pezuñas rojas. & yo soy tu hijo.
(Night Sky with Exit Wounds, 2016)
Trad. Beverly Pérez Rego
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Graciasss/www.zendalibros.com/5-poemas-de-ocean-vuong/
Graciasss/vislumbre.mx/los-aviones-siempre-fueron-lluvia-sobre-el-campo/
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