RENÉE VIVIEN

Ondina
 
Tu risa es clara, tu caricia profunda,
Tus fríos besos disfrutan el mal que hacen;
Tus ojos son azules como lotos sobre el agua,
Y los lirios impuros comparados con tu frente.
 
Tu forma huye, tu andar flota,
Y tus cabellos son finas enredaderas;
Tu voz se derrama como una pérfida corriente;
Tus flexibles brazos asemejan juncos,
 
Largos juncos de río, la abrazan,
Estrechan, ahogan, ahorcan con delicadeza,
En el fondo de las olas, una agonía apagada
En un nocturno desvanecimiento.
 
 
A la perversa Ofelia
 
Las evocaciones de mi fría locura
Reaniman los reflejos sobre la ciénaga estancada
Donde flota tu mirada ¡Oh perversa Ofelia!
 
El agua muerta posee, en la noche, languidez de lagunas,
Y he aquí, esparciendo agonía y amor,
Al otoño de cabellos rojos entreverados con hojas cafés.
 
Allá donde mis deseos te reencuentran, ciñendo
Con iris azules tu silencio y tu melancolía,
Allá donde los ecos se burlan alejándose.
 
La sombra sigue lentamente la lenta partida del día.
Como una reminiscencia de antiguos infortunios,
El viento jadea, y la noche prepara su retorno.
 
Yo sondeo la nada de mi fría locura.
¿Te he ahogado ayer en la ciénaga estancada
Donde flota tu mirada, oh perversa Ofelia?
 
¿He errado, en la tarde, dolorosa, y ciñendo
De iris azules tu silencio y tu melancolía
mientras los ecos se burlan alejándose?
 
¿El agua calma posee aún los resplandores de las lagunas?
¿Ves tú inclinarse sobre sobre tu difunto amor
al otoño de cabellos rojos entreverados con hojas cafés?
 
¿He llorado tu muerte en el enigma del día
que desaparece, cargado de esperanzas e infortunios?…
-¡Oh ritmo sin despertar, oh risa sin retorno!
 
 
A la hechicera
 
El despertar perturba la paz de tus párpados
Lejos ha florecido la luciérnaga con luces
La pradera, y los asfódelos con suspiros de amor.
La noche llega: Corre, mi extraña compañera,
La luna ha reverdecido el azul de la montaña,
La noche es para nosotros lo que para otros el día.
 
Yo no entiendo, en medio de los bosques taciturnos,
Nada sino el ruido de tú túnica y de las alas nocturnas,
El acónito abre bajo tus pasos.
Exhala sus perfumes de venenos y ebriedad.
Tus cabellos desanudados hacen para ti, ¡oh matriarca mía!,
Un purpura sanguíneo que las reinas no poseen.
 
Pues mi deseo te acecha y reclama su presa,
¡Que tu sollozo responda a mis lágrimas de alegría!
Los áureos ojos de los búhos se parecen a tus ojos
Que sondean los espíritus, que escrutan las tinieblas,
Que ven el destino de las fúnebres auroras
Y las sombras de la muerte sobre el lecho de los dioses.
 
Traducciones del poeta y pintor Missi Alejandrina
 

Llorando hacia el ocaso
 
El jardín sosegado y la luz que se templa
y todos mis recuerdos llorando hacia el ocaso,
la dulzura de estar sola y triste, y sentarme
serena en la penumbra, sin disfrazar mi hastío.
Laten en la espesura suspiros del pasado,
temblorosos e inciertos como la propia dicha.
Recluida en mí misma voy enhebrando el hilo
de mis recuerdos, mis recuerdos, mis recuerdos.
Se deslizan silentes como sombras furtivas,
con las manos vacías y vidriados los ojos,
por prados sin aroma que no saben de abriles.
Sus pisadas no dejan huellas en las riberas.
Ya no silencian sus sollozos ahogados:
Unos, con ojos mates como viejas cuchillas,
lloran como mujeres, velándose el semblante,
y otros, igual que niños, gimen abiertamente.
Sola estoy, y ahora sé que el amor no me ciega;
ya no me postro ante una sonrisa entronizada
por la luz del ocaso: me busco en el pasado
y rememoro aquellos tiempos menos dichosos.
… Quebradizos juguetes, livianos como alondras,
regresan los recuerdos lejanos de mi infancia,
con sus cintas al viento de color esperanza
y sus faldas henchidas de aromas de alhucema.
Les sucede el cortejo de los recuerdos fúnebres;
van desfilando ajenos a deseos y afanes,
tocados con coronas de violetas mortuorias.
El luto de sus mantos se funde en la tiniebla.
Sueño sin esperanza, como sueñan los presos…
Aquella Loreley a la que amé cruelmente
se desvanece como una rubia neblina
y el corazón me dice que he dejado de amarla.
Un recuerdo alza una carcajada convulsa
–¡risa rancia y senil, cariada de alegría!–…
Sobre el jardín se cierne un sombrío silencio
que ahonda negras grutas entre la fronda verde.
Vacía de ilusiones y yerma de deseos,
sólo busco la paz del jardín en penumbra
y ese ayer en que fui tal vez algo mejor…
Que me dejen a solas llorar con mis recuerdos.
 
(Cuando las manos se enlazan, 1906)
Traducción de Joaquín Negrón


Carne de las cosas
 
Tengo, en mis dedos sutiles, el sentido del mundo,
pues el tocar penetra como hace la voz.
La armonía y el sueño y el dolor profundo
tiemblan en la punta de mis dedos.
Comprendo mejor, por el roce, las cosas bellas.
Comparto su intensa vida al tocarlas.
Es entonces que sé lo que hay en ellas
de noble, de dulcísimo y como de canción.
Porque mis dedos han conocido la carne del barro,
la carne lisa del mármol, de femeninos contornos
que la mano que los sabe modelar ha herido,
y la de la perla y la del terciopelo.
Mis dedos han conocido la vida íntima de las pieles,
¡vellón caliente y soberbio en el que hundo las manos!
Mis dedos han conocido el ardiente secreto de los cabellos
donde se han deshojado miles de jazmines.
Y, al igual que los que vienen de muy lejos,
mis dedos han recorrido horizontes infinitos,
han iluminado, mejor que mis ojos, caras
y me han profetizado oscuras traiciones.
Mis dedos han conocido la piel sutil de la mujer,
y sus crueles estremecimientos y sus hipócritas perfumes...
¡Carne de las cosas! Creí a veces apagar un alma
con el prolongado roce de mis dedos...
 
(Poésies Complètes, 1934)
Traducción María Dolores Martínez Muñoz
 
 
Pequeño poema erótico
 
Y echo de menos a Safo y la busco....
Y echo de menos y busco tu dulce beso.
¿Qué mujer sabría complacerme y apaciguarme?
¿La que trajera las voluptuosidades antiguas
sobre los labios sin maquillaje e iguales a los tuyos?
Lo sé, mentías, tu risa sonaba hueca,
Pero tu beso fue lento, estrecho y sabroso,
Se demoraba, y ese beso alcanzaba el alma,
Pues fuiste a la vez la serpiente y la mujer.
Pero acuérdate de la forma que te amé...
Yo, ¿ya no soy nada en tu carne? Si jamás
Lloraste mi nombre en el instante sin defensa,
Acuérdate de ese grito seguido de un gran silencio.
Ya no sé amar los bellos cantos ni los lirios
Y mi casa se parece a las grandes necrópolis.
Yo que querría cantar, permanezco muda.
Yo deseo y busco y sobre todo echo de menos...
 
(II, 160)
 
(Poésies Complètes, 1934)
Traducción María Dolores Martínez Muñoz
 
 
Deseo
 
Ella está cansada, después de tantas agotadoras lujurias.
El perfume emanado de sus miembros lastimados
Está lleno de recuerdo de lentas magulladuras.
El libertinaje ha cruzado sus ojos azules ensombrecidos,
Y la fiebre de las noches ávidamente soñadas
Vuelve más pálidos todavía sus pálidos cabellos rubios.
Sus ademanes tienen languideces ebrias.
Pero he aquí que la Amante de las crueles uñas
De repente la reembarga, y la estrecha, y la abraza
Con un ardor tan salvaje y tan dulce a la vez,
Que el bello cuerpo desgarrado se ofrece, demandando gracia,
En un estertor de amor, de deseos y de espantos.
Y el sollozo que asciende con monotonía,
Se exaspera al fin de tanta voluptuosidad,
Aúlla como se aúlla en los momentos de agonía,
Sin esperanza de alcanzar la inmensa sordera.
Después, el atroz silencio, y el horror que trae,
El brusco sofoco de la quejumbrosa voz,
Y sobre el cuello, como cualquier tallo muerto,
Palideció la marca verde y siniestra de sus dedos.
 
(I, 51-52)
 
(Poésies Complètes, 1934)
Traducción de María Dolores Martínez Muñoz
 

Soneto a la muerte
 
Espero, ¡oh Bienamada!, oh jovial virgen
que alumbras con tu frente nuestra noche,
tu himen con blanquez de una eterna ternura,
tu abrazo de amor, hondo y sutil.
Llenarán nuestro lecho flores trémulas
y clamará la nupcial ebriedad
el órgano, y como un lirio infecundo
tú palidecerás entre las sombras.
La paz de los altares arderá;
lágrimas e incienso, epitalamios
y oración se alzarán hasta nosotras.
Aunque sea de día dormiremos
con un sueño letárgico de esposos,
y no temerá al alba nuestra noche.
 
(Poemas, 2007. Trad. de Aurora Luque)
 
 
En las noches futuras
 
¡No! En las noches futuras de rosas y de llamas,
misteriosas como templos hindúes,
nadie sabrá mi nombre, ni vosotras
repetiréis mi verso, ¡oh bellas jóvenes!
Ninguna de vosotras tendrá el dulce capricho
de añorar el amor de una amiga imposible,
ni pedirá ansiosamente, en voz baja,
el beso irresistible de mis labios de amante.
Buscaréis el amor, perfumadas y tiernas,
andando hacia el futuro con pasos indecisos,
y no habrá ya ninguna que se acuerde
más de mí, que tanto os habría amado.
 
(Poemas, 2007. Trad. de Aurora Luque)
 
Graciasss/www.revistapalimpsesto.com/poemas-trad-de-joaquin-negron/
Graciasss/revistes.ub.edu/index.php/lectora/article/view/
Graciasss/saficas.blogspot.com/2008/10/rene-vivien-una-safo-en-pars.


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