ALEJANDRO MÉNDEZ

“La esposa del excanciller alemán Helmut Kohl, Hannelore Kohl, de 68 años, se suicidó y fue hallada ayer en el departamento donde vivía en Ludwigshafen (oeste de Alemania). Hannelore estaba enferma a causa de una declarada alergia a la luz que sólo le permitía salir de noche. «Debido a su desesperado estado de salud, decidió acabar voluntariamente con su vida», aseguró un comunicado de la oficina de Kohl. El matrimonio acababa de celebrar su 41 aniversario”.
 
Los poemas de Hannelore Kohl
 
I
 
Sonámbula tropiezo
con el felpudo,
roído por el
afgano
-regalo de Chirac-
afuera los gritos
se mezclan
engañosamente con
la estricta fragancia
del potaje preparado
por Clara,
nacida en la Selva Negra,
«Black Forest»
como le gusta decir
a mi pequeño nieto
bilingüe.
«Hemos amurallado la
casa para vos
Hannelore»,
así
me lo repite
todos los días
el bueno de Helmut,
carcomido por la
alta política
europea y
sus intrigas palaciegas.
Deambulo por la
casa
asediada por la
luz,
mejor dicho,
por las filtraciones.
Es impredecible la luz,
se cuela por todos lados.
Ayer tuvimos que
tapiar el botiquín,
tenía una pequeña
hendija
por donde se colaba
el sol de Ludwigshafen
un sol de verano
directo y mortal,
tal como suele
decirme mi
herr doktor.
 
II
 
Mascarón de proa
y anteojos negros.
Rompecabezas letal
esparce la letanía
del dolor
punzante de la luz.
Parapetada en el
el refugio anti-misiles,
recuerdo de guerras pasadas
y advertencia para las futuras.
Aún en contra del
precepto del padre faústico,
rápido
rápido
más silencio,
más oscuridad.
 
III
 
Suspendido
el incesante
rumor
sinéstesico,
desbarranca
la visión
enturbiada
por endebles conjeturas.
Este túnel,
que es mi casa,
estos ojos que
indagan la
sutileza cromática de
la noche
-su único reposo-
esta locura,
que pestañea
ante la llegada
mortífera
del
alba.
 
IV
 
Expulso
recuerdos cromáticos
táctil y nocturna
así me quiere
él.
 
V
 
41 años
allí me detendré
para brindar con el
extraño
golem
de luz
Aniversario
de cieguitos
improvisados
ya morí
para el radiante
día,
sobrevivo en
el cadáver
noctámbulo
de las
rosas.
 
(Medley, 2003)
 
 
La navaja de Ockham
 
¿Qué formas? ¿Cómo habitará la materia
el espacio por donde te esparcirás?
Las posibilidades incluyen al grano
que algún día llevaré a mi boca.
Guillermo de Ockham desde el más allá,
como vos, me pide reducir las hipótesis
a su mínima expresión.
Podar lo accesorio, arena de las flores.
Con su voz de muerto ilustre
relata la madrugada de Mayo de 1328
en la que huyó de Avignon y del Papa,
con el sello de los franciscanos en su pecho,
para buscar la protección del emperador.
Le dijo: “defiéndeme con la espada
y yo te defenderé con la pluma”
La misma fórmula que usé seis siglos más tarde
para asociarme a mi primo, galán y líder juvenil,
una tarde en el club barrial. Fue el grito de guerra
de un erotismo auto-sustentable. Quid pro quo.
Alianza que atravesó el estertor de la edad.
Di argumentos a su belleza para hacerse soberana
de mi inconsistencia muscular.
Recibí al héroe en canchas de fútbol tristísimas,
sin laureles y el hambre intacta.
Guillermo de Ockham me dice que hay que llevar
la eficiencia de la razón a su grado máximo;
de modo tal que si uno se encuentra en una ciudad
y escucha galopar, sólo pueden ser caballos,
y no una manada de cebras.
A pesar de tener su navaja cerca de mi platónica barba,
lo desafío y pierdo el rumbo en la duda que me acuna.
Pienso en dos cosas: las cebras posibles y vos resucitado.
 
(Pólder, 2014)
 

Brasilia
 
El atardecer en Itamaraty
se refleja en los ventanales,
y en las siluetas
de los funcionarios del P.T.
 
El polvo de los Sin Tierra
llegó a la que alguna vez
fue la ciudad del futuro.
 
Alguien dijo que  era poesía concreta,
mientras las pasarelas de Niemeyer
conducen, directo, al cerebro negro
de Piranesi.
 
Racionalismo tropical
o Bauhaus a la Carmen Miranda.
 
Dizem que minhas maos falam.
 
Algo vivo que sepultado
se agita desesperadamente;
algo del sueño de Kubitschek
y sus celdas comunistas;
algo de la ausencia picnoléptica.
 
Dizem que minhas maos falam.
 
Para suplir este pliegue del tiempo,
 una compañía alemana ya está
vendiendo celulares para acompañar
al muerto, con batería suficiente
para varios meses…
…si sus manos llegaran a hablar.
 
La risa solar
atrapada en la fragua del cemento.
 
Nadie se pierde en los jardines de piedra
de Burle Marx.
Todos los caminos conducen
al Planalto y a nuestra Señora de la Aparecida.
 
Gran plato volador, Brasilia desplegando
su forma de avión o de mariposa
¿en la supercuadra 202 Norte.
 
¿La risa solar
atrapada en la fragua del trópico.
 
*
 
Tres monólogos en una Brasilia de ensueño, pertenecientes a una película 
improbable, deleitan y problematizan hasta la aporía al hipotético montajista.
 
Carmen Miranda —Dicen que mis manos hablan. No sé. Intento transmitir lo 
máximo a través de ellas, en los movimientos y las expresiones rítmicas. Al 
contrario de lo que comentan, no comencé este estilo para que los americanos 
me entendieran. Ya en Brasil, cuando canté O Que é Que a Baiana Tem? en la 
película Banana da Terra usaba las manos como coreografía. Después, 
perfeccioné mejor los gestos para el cine americano.
 
Paul Virilio —Durante el desayuno son frecuentes las ausencias, y la taza volcada 
sobre la mesa es una consecuencia bien conocida. La ausencia dura unos segundos,
comienza y termina de improviso. Los sentidos permanecen despiertos, pero no
reciben las impresiones del exterior. Puesto que el retorno es tan inmediato como 
la partida, la palabra y el gesto detenidos se reanudan allí donde fueron interrumpidos. 
El tiempo consciente se suelda automáticamente formando una continuidad sin 
cortes aparentes. Las ausencias, denominadas picnolepsia (del griego pycnos,
frecuente), suelen ser muy numerosas, cientos al día, y en general pasan
desapercibidas para quienes nos rodean. Pero para el picnoléptico nada ha 
sucedido; el tiempo ausente no ha existido.
 
Jurgen Brother —Inventé un celular para comunicarse con los muertos,  con una 
batería de un año de duración, que es enterrado junto al difunto, y da la posibili
dad de hablarle a través del teléfono. Bauticé al celular con el nombre de Ángel 
Móvil. Lo desarrollé para aquellos que no se acostumbran a la pérdida de un ser
querido, y de esta manera, pueden seguir en contacto. Lo inventé  por la reciente
pérdida de mi madre. El celular se puede adquirir a un precio de 1.500 euros.
 
 
La función oblicua
 
Un día de verano de 1968,
frente a una cámara de televisión,
el arquitecto explica el punto de vista
opuesto a la verticalidad,
y a los rascacielos.
 
«En el plano inclinado
no hay otra cosa más que suelo.
La estructura está en todas partes.
La función oblicua es una revolución coreográfica»,
dice pausadamente.
 
En medio del reportaje se desvía del tema,
para evocar al pintor, yudoca y rosacruz
que grabó las huellas de la lluvia
en un lienzo especialmente preparado,
atado al techo del auto, a 110 km/h.
 
El mismo que depositó la fórmula,
en el Instituto de la Propiedad Industrial,
para patentar un color con su propio nombre:
azul Klein.
 
El que dejó en el Monasterio
de Santa Rita de Cascia,
patrona de los imposibles,
una curiosa caja de plexiglás
pintada de rosa, azul y dorado,
acompañada de una inscripción:
 
«Te ruego que intercedas por mí,
ante Dios padre todopoderoso
para que me conceda la gracia
de habitar en mis obras.
Que todo lo que provenga de mí
sea bello».
 
También propuso que las paredes
sean sustituidas por corrientes de aire,
y que se compren espacios vacíos
a cambio de algunas monedas de oro.
 
(Cosmorama, 2016)
 

Nocturno
 
El pasillo estrecho sin escuadras como quiso
el albañil italiano que a ojo moldeó una ruta
llena de plantas hace casi imposible tu paso
con la camilla. Cada vuelta cada avance ruego
que la proa de este amasijo de fierros y sábanas
hospitalarias ancle en el living abarrotado
de platos colgados en la pared. Que se detenga
y te dejen en la cama pero tampoco ese deseo
será cumplido. Las medidas exiguas de la puerta
no permiten el giro de la camilla. Te tendrás
que conformar con un campamento en el comedor
entre el tapiz cubano y el reloj de cuerda del abuelo
detenido en aquella hora. Suelto los billetes
de la propina. El martirio de la travesía ya terminó
exhaustos nos desplomamos sin gracia pero rotundos.
Toda la casa a oscuras los muebles que reconozco
al tacto las baldosas frescas algunos ladridos.
Tu murmullo acompaña el sueño se interrumpe
con la luz clara del velador encendido como una
gruta recién descubierta en la niebla.
Me distraigo con el teléfono voy saltando de foto en foto.
La ventana abierta disipa el olor a encierro.
Puedo decir cómo suena cada cosa.
Cuál anunciará la fortuna cuál su reverso.
Qué peso y declinación tiene la espera.
Dónde caerá la rama del jazmín.
En qué rincón del patio perdí las llaves.
De esta pequeña tregua cómo pasamos a las convulsiones
que vaciaron tus ojos. No alcanzo a llevarte el recipiente
vomitás cada vez más rápido. Las manos son garras
dones precarios para economizar los gestos del amor.
—Todo esto es tuyo —me decís. Una última voluntad salpicada
de espasmos. Ya es de noche de madrugada aprendemos
a descifrar el ritmo no sé si es tu respiración o mi terror.
No tocamos nada de ese orden que nos antecede. Un naufragio
aguas en avance o repliegue. No puedo seguir durmiendo
sopeso cada movimiento cuido la luz que aparece
cuando pronunciás mi nombre.

Poema de amor
 
Una línea infranqueable amanecida
entre las montañas más altas, una cordillera
majestuosa e intimidante.
Nada, nada, pero nada detiene
estos latidos. Mi mano se posa directo
en tu mejilla, aterriza en el sesgo
dorado de la luz del mediodía.
Pienso en los poemas
de amor que me escribió Juan,
también en este que te escribo
ahora a vos; en lo poco que agradecí
los primeros, en la sangre
que corre hoy en la letra.
Nadie, nadie debería desoír esta
ni aquellas canciones.
Las canto en mí para vos
desde siempre para todos
para mí sin voz o gritando
susurradas o desesperadas.
¿Quién le pone el cascabel al gato
y al recuerdo?
¿Será una zozobra diaria nuestra casa
de plantas y palo santo?
¿Dónde guarda el cóndor las siluetas
de los amantes?
¿Será cierto que cada vez
que nos tocamos
se rompe el motorcito
ingenuo del tiempo?

Preludio de las glicinas
 
Tengo un corazón antiguo
incluso para los desbordados
frutos de la historia.
Decimonónico mi corazón
parece florecer
en el halo que desprende
el muchacho de la plaza
y su espalda apolínea.
Promesa y decepción
con esquirlas perfectas.
Un corazón teórico
que derrama excepciones,
ciego ante la evidencia
del desierto, sordo
a las trompetas
y al dios que responde
con un trueno, mudo
para la furia de la naturaleza,
dulcísimo en su religiosa ferocidad.
Tengo un corazón antiguo
descatalogado en los brotes
más verdes, su fulgor
apenas despunta
y ya es molde funerario.
Estas que ahora nacen
son las glicinas muertas,
no sus hijas bárbaras.
Tengo un corazón antiguo
indulgente como dos hombres
enamorados a la sombra
de una nube que pasa
por el campo.
Un corazón pospolítico
con miriñaque
y conciencia social.
Tengo un corazón
que late en el murmullo
del agua, agua que es la voz
del padre de mi padre.
Un corazón primordial
sostenido por los latidos
yámbicos de mi madre.
Tengo un corazón antiguo
cercado por tres murallas
chinas, inaprensible
como el vacío
donde canta el pájaro
de la leyenda,
sólo de buen augurio
si vive en el mito.
Arritmia asintomática
dijo el cardiólogo, yo
digo un corazón anacrónico,
preverbal, el corazón
en la boca.
Tengo un corazón antiguo
guiado por voces
a la manera de los santos,
dilapidado entre glicinas
como el de aquel poeta
asesinado frente al mar.
 
(Para arder, 2021)
 

La carta de las luciérnagas
 
No añoro una realidad, sino su valor
No añoro un mundo, sino su color.

no lloro porque ese mundo no vuelva,
sino porque su regreso es imposible.
 
                                                 Pier Paolo Pasolini
 
Querido Pedro
soy testigo
del dibujo efímero
de un árbol eléctrico,
sus ramificaciones en los huesos
después de la descarga.
Encuentro un eco
que no se multiplica en el futuro
sino que perfora ese día
de primavera de 1941.
Anoto con lápiz
en papel de estraza
porque resiste el desgarro
y las fases lunares.
¿Cómo puede ser
que cada vez
tenga más miedo
a los relámpagos?
Hola,
quisiera lograr
el mismo tono seco
y milagroso
de los poemas
en friulano.
Bailar desnudo
después del vino
en honor a la luz
encontrar las balas
escondidas
en la cajita de música.
Y luego
en la oscuridad sin luna
vimos una cantidad
inmensa de luciérnagas
que formaban un bosquecito
de fuego.
Un lugar tan pequeño
que seis pinos bastaban
para rodearlo,
allí nos recostamos
envueltos en las frazadas.
Querido amigo,
una carta de puño
y letra. El sobre cruzado
vía aérea, azul y rojo.
Adorado Pedro, decime
en tu lengua franca
los infortunios del pintor
provenzal de manos ásperas,
como esos amigos
que se comentan
sus aventuras amorosas.
Nosotros también
quedamos atónitos.
Las mejillas
ardiendo, tocamos
con cautela
las piedras, desplazamos
con la mirada
los fuegos artificiales
frente al río marrón.
Nos deslumbramos
con las ramas secas
que estaban muertas
y cuya muerte
parecía viva.
Hola,
retomo esta carta
para cuidar
las brasas. Borroneo
lo que debió ser
sagrado o rastro
de una pasión.
Espero
que cuando la recibas
sigas bailando
en las colinas
de Pieve del Pino.
Querido,
pido reunir
lo que fue
dispersado.
Entonces,
¿cómo se deshace
el cielo que brama
en mi cabeza?
¿Cómo cuento
de las cenizas
su triunfo?
 

Glicinas
 
El camino de tierra
se prolonga
en los gritos lejanos
y el rezo de los viejos
sentados en el jardín.
El oído humano
apenas escucha ruidos
ecos
el inicio de una canción
pero el oído absoluto
está en las flores de la glicina
no lo olviden
engañan con su perfume
mientras trepan y caen
en racimos
sobre las voces tenues
de todas las plegarias.
 

Granadas
 
No voy a pedir ayuda
al olfato ni a la vista
para traer hasta acá
eso mismo
que no sé
cómo llamarlo
quizás presencia
electricidad
pero nunca usaría
la expresión
“el recuerdo
de aquellos versos”.
En el inicio
estaban los amantes
dos hombres
en una tarde
agobiante
no puedo precisar
el lugar.
Qué rotunda
la traducción de Laura
eligió
“luz quemante”
“las frutillas reluciendo”
y la voz de Edwin
hizo eco en las colinas
de Escocia.
Ahora acá
en estos retazos
que se depositan como limo
en la isla cambié
frutillas por granadas
casi la misma pulpa
roja y ácida.
“Tus rodillas en las mías”
dice quien más adelante
celebrará que pegue
el sol sin apurar el festín
mientras aparecen relámpagos
y platos azules.
Hoy
brotaron las granadas
de 1976
rebosantes de ese líquido
inverosímil
que manchaba
los dedos de mi primo
pegajosos y veloces.
Las manos llenas
saltaban de una boca
a la otra mordíamos
cada semilla el sabor
prolongado
en nuestras gargantas
una sucesión de fogonazos
el día un borrador
que en el umbral
nocturno
esperaba su definición.
Las colchonetas en la terraza
debajo de las glicinas
hacíamos frente a los mosquitos
envueltos en el humo
de los espirales
transpirados y felices
pocas estrellas una luna
creciente los músculos
relajados la piel bronceada
nos movíamos distraídos
éramos
demasiado jóvenes.
Sólo tres palabras
ultramar granadas trasnoche.
Trabalenguas roto
como emblema del verano
canción solitaria de los sentidos
he venido a este poema
para entrar.
 
*
 
Desde la boca
el humo proyectaba
sombras en el pasto
bajo tus dedos
sucios y perfectos
o eso imaginé
no importa
tampoco sabía si retener
la savia desbordante
la tierra mojada
o tu aliento
que desplazaba
en mi cabeza
el lugar del río
para el beso
que como la fruta
estaba
por caer.
 
*
 
Cómo olvidar
la curva enérgica de tu espalda
laminada viva
irguiéndose
adentro el latido generoso
y afuera
rocío en pequeñas gotas
de sudor.
El arqueo majestuoso
caballo sin brida
cuando nos movemos
no es acople
somos tropilla
y es manso
cuando abrevamos
en la grupa común
manantial fragante
y ácido al final
para recomenzar.
 
*
 
Ahí estabas
en los ligustros
más altos
afilada y dispuesta.
Enderecé el cuerpo
para preguntarte
—¿ves mi aliento?
no las volutas humeantes
de los primeros fríos
sino esas líneas
transparentes
que salen después
de mi boca
—¿las ves?
Perdí el olfato
en el cuarto creciente
las brasas
del mediodía
alumbraron el fondo
denso
del arroyo duraznito.
Acá en el delta
te decía ayer
caen hojas
de los álamos vecinos.
Todo es brote o semilla.
Una orquesta vegetal
y para las ranas
su metrónomo.
Como la avispa
visita la higuera
así encuentro
mi oráculo
para este veinte
de abril.
Cosas pequeñas
sin importancia
sólo esta música
insensata alrededor
el gemido
en dos notas
del benteveo.
Crujen
las ramas
y cimbra
el clavel del aire
mientras pateo
los frutos díscolos
del nogal.
No acarreo
las piedras
como cada otoño
no hay sangre
ni rasguño
sin embargo
este cansancio
me visita.
—Vení por acá —me decís.
—Ponete bajo el manto
de las estrellas
y empezá a escuchar.
Arriba no hay senderos
todo se acopla
cruz del sur
chispa o cencerro
diamantino.
 
*
 
—¿Cuál es
la medida del amor?
—¿Será ese caballo
desbocado centauro
que ahora mismo
vuelve a corcovear?
En mis latidos
toma altura
por su sombra
imagino
la primera luz
de la mañana.
 
(Inéditos /septiembre 2023)



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