CÉSAR CAÑEDO

Hablo
 
Nací sin una oreja.
Y mi abuelo en sus manos
presentándome al mundo malformado,
y mi madre diciendo: ¡hay que arreglarlo!,
y mi padre diciendo: ¡yo lo pago!,
y mi abuela, tan solo: ¡qué belleza!
y ese niño incompleto creció y se hizo poesía
incompleta.
He aquí mi cántico sulfúrico.
La misericordia me llegó del culo
y me encendió las noches
en que mi cuerpo
incompleto
mi amor
incompleto
mi rostro
incompleto
se encarnaban
de la diferencia.
Con el pegamento
de los compañeritos del kínder
y el gesto inclino de Jesús abierto
y machacado en su compasión por mí,
como Dumbo de circo
sin todo lo que le sobra,
pásele a ver a la mujer araña,
pásele a ver a la carcacha humana,
pásele a ver al joto de este barrio,
pásele a ver al que será joroba,
sábana de miedo,
pesadilla de ridículo,
flor de asco,
estrella de tres picos,
chuequito,
arrancado del cielo de la simetría
perfecta, de la griega belleza,
del cerrado monumento.
Sin aristas, con cachos,
retazado de versos,
siempre copia fiel de incompletud completa.
Cuir antes de lo queer,
torcido de selección natural,
herencia de un patriarcado que te esconde,
pelo largo para ocultar sus fallas.
 
Y se me abrió el poema
como la flor de loto en que me siento
para no ser original
ni registrado made en el Olimpo
porque sería un exceso
que yo con tantas marcas
buscara lo perfecto
en lo absoluto de un culo sin flatos,
en las constelaciones de la noche Ocolome,
en el río Fuerte, que siempre es el mismo río,
porque la presa no abre la compuerta,
y empecé a sonar con voces impostadas
pedacitos de versos que eran de otros,
de Darío, de Novo, de Bohórquez,
de la víscera seca, del maizal en invierno,
de la princesa triste de labios de clítoris de fresa,
del zagal que se vino vino,
del marcial que se corre corre,
de los gachos y cursis románticos tan nuestros,
del dildo del hechizo que más quiero
y en medio de nosotrxs
mi madre oliendo a Dior
y un no sé qué que queda
que no que no
que Noa Noa
¿vamos?

Hay tantas metáforas en el mundo
que mejor las reciclo.
Hago oropéndolas de tantas tan perfectas
mamadas
y las vendo en la feria,
¿traes feria?
a peso si es barroco,
a cinco si es soneto,
a tres por diez Vallejo,
el César que me ganó
el derecho de ser único César
y entonces soy Cesárea de mi rostro
de mis versos y mis hombres
que esos sí, no reciclo.
Me enseñaron de niño
que una costilla,
un cartílago blandengue
(por más del Génesis que suene)
puede ser una oreja que no oye,
y no agradezco al cielo la ironía,
y llenarse de pelos que eran púbicos
para la alquimia de sonrisa perfecta
a la que se le nota el truco
como a mis ortosílabos,
versos que nacen del ano
que van a dar en el dar
que es el plaisir
de la petite mort jotuá
y así creí en la magia del poema
a mi manera.
 
¿Si un día no fueras mayate
qué querrías ser?
Mariposa.
Todo queda entre bichos
y entre bichis.
Y por la tambora
que si alguien no me entiende
cáigale a Sinaloa
donde se rompen los machos,
donde nací quebrado y descompuesto
en medio del narcosilencio
que te arrulla en las noches rorro nene.
 
Derramando poesía
igual que semen
en aleteos de chupa
rosa,
una tarde se entrega
otra despierta
a tanto amor
de espaldas,
y cobijo mis miedos
en toda mi asimetría,
tuércele al verso el rostro,
y mi sonrisa torcida
es la perla que brota de la pérdida,
de raspar el dolor en tantas burlas,
de soñarme poeta
y ser fallido
y encontrar gozo en ello.

 

(Rostro cuir,
Mantra Ediciones,
2016)

***
 
O negativo
 
                           A Pedro Montealegre, in memoriam
 
Poetiloca muscuflora rimbomvérgica,
retablista del sexo broadcasteado,
orgiástica saltimbanqui y poetisida,
remáchame de versos y esteroides,
conjúrame la carne que se asienta,
enséñame a deletrear Antofagasta
sin que Ibáñez nos jale de los pelos
abajeños, cresposos, bocaamantes.
Ni pobre, humana prosa, ni alopécica,
la tuya más bien es me voy, me vengo,
chaquetera y ridícula, excelsa y cuaternaria,
exiliada, ida y vuelta, de cordel y timpánica,
fermento de boundage y el S/M,
forzoso aterrizaje sin laureles ni espanto,
calavera que entierra con el bíceps poético
a la fuerza en la tumba de la democración,
rechifla pluralista en fáunico congreso,
decisiones erradas, como el bulto en calzón.
Puñístico que entras ano, trioísta
legítimo, suspensorio del tiempo,
especulador de indecencias y sexshopes,
vena salida de remarle tanto,
sangre ponzoña de negadas fallas,
cazador de dildoposas, arrojado del templo,
niño perdido para no estar en gracia,
“a veces ser feliz sólo es no serlo”,
lubrica más tu pluma
que tu ganso.
 
 
Hombre
 
                               Para Álex J. Trejo
 
Te quiero porque eres hombre y tienes vulva
y un olor aceituna de jardines,
pelos de más, caricias rubicundas,
un misterio en el sexo y en el nombre,
y en la calle, coda a coda,
digno volvemos lo trans.
Te quiero porque quererte
es romper con esa inercia
que define
niño con pene y nena con vagina
que acompasa
el pensar regular de tantas masas.
Te quiero porque haces pesas,
porque sabes
que jugar al varón
es sólo un truco
y si bailas me agarras la cintura
y me quiebras y doblas la figura,
y en la calle, coda a coda,
digno volvemos lo trans.
Te quiero porque tu voz
parece de adolescente,
esconde de los gallos femeninos
ese grito viril que ruge y quema
cuando con fuerza dice:
¡soy un vato
y quiero fornicar con otro vato!
Y así asentado,
por lo legal y lo feliz pactado
hombre serás le pese a quien le pese,
tierno viril decides por amante
quererte así para salir avante
y reclamar la o nominativa,
y en la calle, coda a coda,
transonriente varón inacabado
reta al mundo feliz desde su estado.
 
 

Jotuitero
 
La homosexualidad no se crea ni se destruye,
sólo se encubre.
 
A mí que me rompan el culo,
el corazón qué.
 
Todo cabe en un culito sabiéndolo lubricar.
 
¿Si tu ano no es cerrado, por qué tu mente sí?
 
Hay pájaros que nacen / con el pico en la cola
/ con el nido en los huevos
/ con el vuelo en reversa.
La suerte de la obvia la discreta la desea.
 
 
Bohórquez
 
                            para Orlando Mondragón
 
Nos pariste a deshoras,
Abigael Bohórquez,
gran matrona norteña
y gran artista.
De anales siempre abiertos
una estirpa
de poetales neorrabiosos inauguras,
según Borges, uno sabe quién precede
el linaje poetista que lo pare,
y eres tú, pichurrienta y rechazada
la estrella marinera y efebista
de tantos seres como yo calados
entre el sida y el miedo,
el recato y el ano,
el amor oprimido,
la familia embistiente,
amar adolescentes y pagarles a veces,
forzar besos tronados en el cine Savoy,
pagar motel de sueños y ladillas,
chacalín colorado con mi recto ha acabado.
 
Y me deshojo entero
de este abrir al lenguaje
porque en torcido rostro
la palabra que enuncio
chueca nace fonética y lamida.
Si de escriba está escrito que mi verso
hondo calar rumores
perversiones al aire
y un ring de tres caídas,
ven a rabiar en lucha gladiadora
para desierto declarar el premio
de altar poeta y dramaturgo abierto.
Sonora y Sinaloa se funden en El Fuerte,
destino recelado de unos cuantos
que burlan a Bohórquez con Cañedo,
santífico Malverde y narcorista,
entrada sobaquera y coyotuna,
la arena desertora Mayo Yaqui
pluma vuela en su máscara venada.
 
Yoremánsame el pelo,
versicúname el ritmo,
acurrúcame el sueño y la esperanza,
“ahí viene el Coco
y viene bien caliente”,
de soslayo otra vez carcajamiras.
Todo es ir y venir sin equipaje
como tu suerte echada en este cáliz.
Consagramos la muerte por la caza
del amado varón endurecido.
 
 
J canadiense
 
Ay ay ay,
mi cante jondo de la jota viaja
ay ay ay,
ir por el mundo a deleitar verguetas
y donde apunta punta entra la flecha
de academista turistear joteando.
 
En conserva de frío y talla M,
carne de maple y pierna gacelada,
de Jottawa edecán y grandes venas
con un flirteo digno del congreso
en un inglés abierto pero espeso
un canadiense macho me declara
sorber la miel trilingüe y escaldada.
Imagina el violeta de su nabo
pintando interracial mi pliegue abierto,
pátina plastinada que deforma
mis carnes amasadas de su ritmo
primermundano y colosal murmullo
cuando al revés versátil retozamos,
de dar y recibir libre comercio
que nos avala neoliberfornicio.
 

Paisanaje
 
                            Para A. E. Quintero
 
La tarde tiene un gato
que se muerde la cola de otro gato
para no estrangularse.
Bigotal maullativo sodomizas
a Caín que conjura la tristeza
en una vieja y sucia tostadora.
No hay simiente ni pan que te consuele
saberte errado niño y sinaloense,
paciente esperas descorrer el rímel
de una vida marchita porque duele.
Pájaros engarzados te anticipan
cuando cantas melódico y desnudo
y un alpiste nocturno son tus versos,
sabio poeta antiguo y deslenguado
que enseñas a volar no eclosionado.
Invítame al Parnaso, que llegaste
sin cita ni etiqueta y siempre luces,
¿será entonces que la melancolía
es la carta mayor de la poesía?
Me resisto a caer porque mi vuelo
paracaidista sube pajarrabo,
altazorado,
lemebelúnico,
pherlongenésico,
estrellado en los huevos con machaca
de piar y ser ave abigaelplúmica.
 
 
Próxima estación
 
Desde ese templo de incensario azteca,
quemada llanta de ciempiés naranja,
final vagón de un sacrificio macho,
en esa inversa cacería del génesis
donde
los últimos serán los primeros
en venirse
recorro vista Lot la oferta fresca
con la cancelación del consumista
que ve tres comerciales en la tele
y quiere que la escala sea la misma
tú no, tú fuiste gordo, tú muy loca,
adiós, lo cacarizo nunca vende,
tú tienes cara de varón de lechos,
a ti te sobra lo que a mí me falta
entre las piernas,
lo bueno de la oferta y la demanda
es que en cada estación juega la suerte
de los escaparates renovados,
cinco pesos,
una entrada en escena de actores de reparto
y en la próxima tal vez se suba ese
que dé sentido a mi The Truman Show,
en la lúbrica urgencia de lo gay sin nombre
el sexo por el sexo de varón torcido
y así claudica el reino de los cienos.
 
Pero de pronto, en la esquinita,
arrinconados en su amor destajo
dos hombres ya mayores se comparten
en sesenta y pico de fallidos sueños
y son la hidra altanera entrelazada
en el recuerdo del terror del tiempo
y cual Gorgona, congela más su vista
que la estatua de sal que tú esperabas.
 
Son los testigos de la pandemia,
del miedo, del rechazo
y están ahí juntos, erectos.
Dándose lo que les queda
de una dignidad despojo y muerte y sal.
Aprendieron a jotear sin mapas, a pelo,
tocándose la verga como señal que invita,
sin más radar que su intuición, sin Manhunt.
Destilan la paciente certeza de que no hay mañana
ni futuro mejor para los que como ellos
buscan santificarse por la luz del falo.
Una mano entrelaza sus canas de fracasos,
su estrella de David, qué importa, te miran retadores,
que tú seas joven, igual llegarás.
Y dan repudio, dan asco y un ternúrico
miedo que te inunda,
son tu memento cinaedus,
la hora que será el ahora para los que
compramos en la Zona Rosa
un futuro muy rosa y muy jodido.
Con este estigma crecerás, como ellos.
Te dará sarpullido en los huevos, como a ellos.
Te invadirán las ladillas, como a ellos.
Serás aprisionado en un matrimonio gay, no como ellos,
que en el promiscuo encontraron al profeta.
 
Repasas lo que cuesta
cada una de tus prendas
y con el dedo activas
la burla de tu smartphone
para virtual y en vivo
buscar macho calado
que quite lo salino del futuro
y que te dé esperanza en cada palo
para envilecer de puro orgasmo
para pensar con el culo y no sentir sintiendo
que la noche no es noche si está sola
 
Correspondencia con ya no quieres saber si es Garibaldi.
 
(Inversa memoria,
Valparaíso,
Valparaíso,
2016)
 
***


El abuelo revisa que todas las luces estén apagadas,
que a nadie se le haya quedado el corazón en la estufa,
que el silencio y la noche estén de acuerdo.
Pide que bajes el volumen a la tele de la sala
donde te encuentra a llegar de su trabajo.
Hay un botón para que la tele abandone su escándalo
y te deje a solas
con tus catorce años.
El abuelo lo intuye
y como todos en tu casa
sabe que no debe pasar otra vez por esa sala,
que al darte las buenas noches
te da también la hombría
y el papel de acabar y apagar todo.
Sabe que nadie debe interrumpirte
cuando te descubres adulto
con la tele prendida.
que a nadie se le haya quedado el corazón en la estufa,
que el silencio y la noche estén de acuerdo.
Pide que bajes el volumen a la tele de la sala
donde te encuentra a llegar de su trabajo.
Hay un botón para que la tele abandone su escándalo
y te deje a solas
con tus catorce años.
El abuelo lo intuye
y como todos en tu casa
sabe que no debe pasar otra vez por esa sala,
que al darte las buenas noches
te da también la hombría
y el papel de acabar y apagar todo.
Sabe que nadie debe interrumpirte
cuando te descubres adulto
con la tele prendida.
 
*
 
El joven levanta su peso entero en una barra.
Otro joven hace lo mismo en otra.
Tienen una paciencia de fierros esforzándose
por hacerse más firmes.
Llenan de músculos la tarde
y la rutina,
ése su sentirse en un lugar seguro de sí.
Otro joven hace lo mismo en otra.
Tienen una paciencia de fierros esforzándose
por hacerse más firmes.
Llenan de músculos la tarde
y la rutina,
ése su sentirse en un lugar seguro de sí.
Es como si repetirse los hiciera importantes,
los expandiera en títulos nobiliarios
y tierras fértiles.
Detrás de ellos una promesa lanzada contra su ropa
rota y holgada,
tal vez una competencia que les recuerda el rostro
de muchas adicciones,
se arrebata los golpes que recibieron en su cuerpo de antes,
la falta de trabajo,
la posibilidad de no ser nadie,
y pasan una hora o dos del día sin detenerse,
apretando los dientes con su vigor,
contracturando el cansancio.
Y a mí todo esto,
su búsqueda por ser alguien a partir de su cuerpo,
me parece bien.
 
*
 
Después de la película de miedo
ya sé que habrá una puerta que no tiene cerrojo,
un reloj detenido
o mi madre en el piano sin que se escuche nada.
Con las noticias del día
sé que me espera ser perseguido por alguien
muy parecido a mí
o que no tengo cómo pagar la cuenta.
Si cené demasiado, la pesadilla gira y tiene espasmos:
dar una clase sin la ropa correcta
donde nadie me entiende
ni yo mismo supiera de lo que hablo,
luego pasar por la misma calle cinco veces,
matar a alguien que quiero
y llegar tarde al disparo.
ya sé que habrá una puerta que no tiene cerrojo,
un reloj detenido
o mi madre en el piano sin que se escuche nada.
Con las noticias del día
sé que me espera ser perseguido por alguien
muy parecido a mí
o que no tengo cómo pagar la cuenta.
Si cené demasiado, la pesadilla gira y tiene espasmos:
dar una clase sin la ropa correcta
donde nadie me entiende
ni yo mismo supiera de lo que hablo,
luego pasar por la misma calle cinco veces,
matar a alguien que quiero
y llegar tarde al disparo.
 
*
 
¿Cuál será la otra de estar en contra,
de buscar paredes bien educadas y rayarlas?
de buscar paredes bien educadas y rayarlas?
De querer limpiarse la noche
de tantas camas.
La hora de ponerle un alto
al color que da paz a la familia.
La hora de tomarnos en serio
las promesas lanzadas en la infancia.
La hora de quitarle el cinturón de
valores calóricos al cuerpo.
Llega sencilla,
sola, sin algo que la active
como atardeceres rojos y tercos aplastando los días,
como se oye la lluvia golpeando insistentemente
en autos retirados hace tiempo.
¿O hay que ir por ella?
reclamarla,
quitársela a los jefes,
a edificios corruptos
y frustrados.
 

*
 
El héroe de este poema hace completo el súper.
Pudo escoger lechuga seria,
mangos sin cicatrices,
atún en forma.
Lleva sólo la carne contemplada.
Se reta con la bolsa de arroz.
Renuncia a lo que se meta al microondas.
Toma en cuenta productos de limpieza.
Pasa sin ver por las bebidas.
Compara porciones. Repasa las ofertas.
Pudo escoger lechuga seria,
mangos sin cicatrices,
atún en forma.
Lleva sólo la carne contemplada.
Se reta con la bolsa de arroz.
Renuncia a lo que se meta al microondas.
Toma en cuenta productos de limpieza.
Pasa sin ver por las bebidas.
Compara porciones. Repasa las ofertas.
No olvida nada esta vez.
El héroe va a la caja
como si fuera a la última cena.
Es lento en el contar.
Ve con vista de láser su cartera.
Decide en el camino.
Se quita la máscara
Pues la cajera no lo ve de frente.
Empaca él mismo su fracaso
y firma como si sellara su renuncia.
 
*
 
Mi primer contacto visual fue con un joven.
Yo era un pequeño, bastante vivo para notar el fuego,
bastante ingenuo para tomarle forma.
Fijamente detuvo su faena aquella tarde del calor.
Pulía el camión del que era boletero,
lanzaba agua a cubetazos
sin ninguna noción del excederse
y yo sencillo pasaba por la esquina de esa cuadra.
La genética ropa de muchacho silvestre,
pantalón deslavado y camiseta interior raída,
pregonaban su desafiar al mundo
y su deseo.
Notó en recelo que yo miraba absorto la soltura,
ese modo de ser ajeno al mío
y siguió actuando su papel de ebanista
con su trapo mojado.
Repentino me supe acorralado entre sus cejas.
Tuve miedo, jamás ha sido clara esa mirada
que invita igual al golpe o al abrazo.
Fue apenas un instante,
el asedio de luz que paraliza
al conejo en el camino.
Me perdí, di la vuelta,
me siguió con el hilo de sus ojos
que hace un nudo de dudas en la estatua.
A partir de esa vez fue mi adicción al vértigo
de asomarme al abismo sin palabras.
Yo era un pequeño, bastante vivo para notar el fuego,
bastante ingenuo para tomarle forma.
Fijamente detuvo su faena aquella tarde del calor.
Pulía el camión del que era boletero,
lanzaba agua a cubetazos
sin ninguna noción del excederse
y yo sencillo pasaba por la esquina de esa cuadra.
La genética ropa de muchacho silvestre,
pantalón deslavado y camiseta interior raída,
pregonaban su desafiar al mundo
y su deseo.
Notó en recelo que yo miraba absorto la soltura,
ese modo de ser ajeno al mío
y siguió actuando su papel de ebanista
con su trapo mojado.
Repentino me supe acorralado entre sus cejas.
Tuve miedo, jamás ha sido clara esa mirada
que invita igual al golpe o al abrazo.
Fue apenas un instante,
el asedio de luz que paraliza
al conejo en el camino.
Me perdí, di la vuelta,
me siguió con el hilo de sus ojos
que hace un nudo de dudas en la estatua.
A partir de esa vez fue mi adicción al vértigo
de asomarme al abismo sin palabras.
En aquella ocasión no hubo respuesta.
 
*

Cuando me gusta un hombre a primera vista
es porque se parece a alguien de mi familia.
A veces veo a mi abuelo borracho entre sus cejas
o la luz apagada de mi primo.
Las pisadas del tío favorito y mis ojos detrás, sin hacer ruido.
En todos ellos,
la manzana de adán
igual a la primera manzana que se clavó en mi espalda.
Las ganas de hablar muy hombre.
El caminar superior y prominente.
Me les quedo viendo
como si con eso desatara la fantasía.
Y cuando me miran con su desprecio
me gustan más
porque así me miraba mi padre.
 
*


Masturbarse,
a veces,
tiene que ver con esperar a que llamen de un nuevo trabajo,
a que el teléfono suene con el regreso de alguien,
a que el día nos alcance.
a veces,
tiene que ver con esperar a que llamen de un nuevo trabajo,
a que el teléfono suene con el regreso de alguien,
a que el día nos alcance.
La masturbación
es como ir siempre al mismo supermercado
y pagar lo mismo todas las veces
y olvidar lo de siempre.
Monótona y segura
como el que se pone los bóxers a toda prisa
al casi ser sorprendido.
A veces es tan seca
que me recuerda a un hombre caminando por una vieja calle
en la que podría o no nevar,
en la que podría o no haber otro hombre viéndolo nevar.
Pero puede a veces
tener que ver con desmoronarse,
con hacer de uno mismo
el cansado ejercicio de deshacerse de uno mismo.
 
*
 
¿Cuál será la hora de estar en contra,
de buscar paredes bien educadas y rayarlas?
De querer limpiarse la noche
de tantas camas.
La hora de ponerle un alto
al color que da paz a la familia.
La hora de tomarnos en serio
las promesas lanzadas en la infancia.
La hora de quitarle el cinturón de valores calóricos al cuerpo.
Llega sencilla,
sola, sin algo que la active
como atardeceres rojos y tercos aplastando los días,
como se oye la lluvia golpeando insistentemente
en autos retirados hace tiempo.
¿o hay que ir por ella?
reclamarla,
quitársela a los jefes,
a edificios corruptos
y frustrados.
 
*
 
La niña quisiera no tener que usar nunca
faldas cortas.
Quisiera meter debajo de su vestido
las horribles mangueras de sus zapatos ortopédicos,
esos aparatos
que no combinan con ninguna infancia.
Desearía no tener que correr nunca;
que usar las piernas
no la hiciera parecer estar quebrada,
en pedazos, ante los otros
(como un rompecabezas de sí misma)
y poder tocar el suelo sin tantas dudas
y que sus sueños no estén atados a un par de plantillas.
Mataría por ser
como la chica de su pintura favorita.
 
*
 
Cuando estoy muy alegre compro fruta
porque es mi manera de despertarme menos solo.
La escojo con detalle y pienso
en la deliciosa golosina que son las uvas
y en lo bien que se llevan con las tardes sin lluvia.
En las vidas enganchadas de los plátanos
y en las escondidillas que juegan las semillas de sandía.
Disfruto esa función
de adorno vivo que pueden tener en ciertas mesas,
esa función de fiesta en serio,
de familia reunida que son las frutas,
porque es difícil comprar una fruta sola,
pensarla sola,
dejarla ennegrecer.
 
*
 
Sigo siendo un niño para mi casa.
Me espera cuando llego muy tarde,
me pone la luz muy cerca
y aleja a los objetos peligrosos de mi camino.
Me da agua y ventanas.
Entiende que pierdo cosas y las pone a la vista
o a veces me da lecciones y las esconde definitivamente.
No me regaña cuando subo el volumen a mis noches
o cuando me río fuerte para llamar su atención.
Me deja llorar hasta que se me pase
y me lleva hasta mi cama
cuando quiere que crezca.
 
*
 
Qué hace el niño
meciendo a escondidas la muñeca de su hermana,
soportando distintas fragilidades,
como si esa muñeca y el niño
juntos
tuvieran otra vida,
más respirable, más de niña.
En ese jugar a la maternidad a escala
el niño la protege
cuidándose de que nadie lo vea,
perseguido por unos dientes adultos,
por tres gritos azules
y por unos ojos que nunca parpadean.
Es como si el niño
quisiera dormir toda la angustia de su casa
arrullando a la muñeca,
como si con eso detuviera los golpes del futuro.
Como si durmiéndola
toda la tormenta del cuarto de sus padres también durmiera,
se tomara un descanso para tener sueños de niños.
Qué hace el niño,
desesperado porque no logra dormirla,
destapándose la camiseta
para amamantar a la muñeca de su hermana
con un pezón que se sueña más grande.
 
*

La niña sabe que no debe tocar nada,
que algunas casas son como museos
o como aparatos
que pueden fácilmente burlarse de sus manos.
Obedece a su madre en la cocina
y limpia primero lo que es más evidente.
(Incluso podría limpiar el valor que tienen un niño
que es estorbosamente más alto
o el de una niña que se ríe como niño.)
La niña limpia las manos de las cosas,
hasta el polvo queda limpio,
hasta el polvo.
Los cuartos se dejan hacer sin tanto trámite
y son la fantasía de la niña
porque es donde sus manos juegan
con la desobediencia.
Debajo de su cama, sin que su madre sepa,
guarda una caja de zapatos
que se ensancha
con basura invisible de otras casas:
el tapón mordido de un bolígrafo,
un labial que no pinta,
la cabeza despeinada de una muñeca joven,
un empaque de mentas con una frase de la suerte
que la niña no entiende
la ropa sucia se lava en casa,
¿por qué, entonces,
ella y su madre lavan casas ajenas
con la ropa de siempre,
por qué
le limpian a otros lo sucio que les toca?
 
*
 
Encontré un gancho de ropa algo torcido,
terminé de doblarlo, de ponerle fin a su vida de gancho,
a toda su vida útil.
Me deshice rápido del cadáver
y me sentí como ese niño
que desplumaba pájaros
y azotaba ardillas contra el piso en las
horas de la tarde sin adultos.
Confundido
como también confundido
era ese amor —ardilla azotada— con el
que mis padres me amaban
cuando la tarde era ofensivamente adulta.
Quién soy yo para decidir por el gancho,
irónicamente me pregunto.
Quién fue ese niño para obligar a los
pájaros a que renunciaran
lastimosamente a su altura
y que de las ardillas brotara la sangre
para dejar de ser ardillas,
sangre
para que el niño dejara de ser niño.
Salvaje es la vida humana cuando decide
destruir lo que a sus ojos no funciona,
cuando aprende a ser adulto en otros.
 
(Sigo escondiéndome detrás de mis ojos,
Fondo de Cultura Económica,
2019,
72 páginas.
Premio Bellas Artes de Poesía
Aguascalientes 2019)
 
Autor

Sinaloa, 1988. Poeta. Doctor en Letras por la UNAM. Profesor de Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y en el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM. Becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA durante el período 2018-2019, en el área de poesía. Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2017 por su libro Loca.
 
Graciasss/www.laotrarevista.com/2019/cesar-canedo/
Graciasss/letralia.com/letras/poemas-de-inversa-memoria/
Graciasss/gambitodepapel.com/poemas-de-cesar-canedo/
Graciasss/revistaliterariamonolito.com/entrevista-a cesar-canedo/
Graciasss/periodicodepoesia.unam.mx/sigo-escondiendome-detras-de-mis-ojos/


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