Cae la noche, en oscurecidas formas que parecen-
Tantear, con misteriosos dedos hacia la ventana -luego-
Descansan en el dormir, envolviéndome, como en un sueño
Fe mía -¡que yo pueda despertar!
Y gotea la lluvia con el mismo triste, insistente ritmo.
Temblando a través del vidrio, inclinándose lacrimosa,
Y suave golpetea, como pequeños pies temerosos.
Fe mía -¡qué tiempo este!
El plumoso fresno aletea; allí sobre el vidrio,-
El fuego moribundo lanza un parpadeante rayo fantasmal,-
Y luego se cierra en la noche y la lluvia cae suave.
Fe mía -¡qué oscuridad!
(Harper’s Weekly, 1911)
*
Ocaso de lo ilícito
Tú, con tus largas y vacías ubres
Y tu calma,
Tu ropa blanca manchada y tus
Fláccidos brazos.
Con dedos saciados arrastrándose
En tus palmas.
Tus rodillas muy separadas como
Pesadas esferas;
Con discos sobre tus ojos como
Cáscaras de lágrimas,
Y grandes lívidos aros de oro
Atrapados en tus orejas.
Tu pelo teñido cardado a mano
Alrededor de tu cabeza.
Labios, mucho tiempo alargados por sabias palabras
Nunca dichas.
Y en tu vivir todas las muecas
De los muertos.
Te vemos sentada al sol
Dormida;
Con los más dulces dones que tenías
Y no has conservado,
Nos afligimos de que los altares de
Tu vicio reposen profundos.
Tú, el polvo del ocaso de
Un amanecer húmedo de fuego;
Tú la gran madre de
La cría ilícita;
Mientras las otras se encogen en virtud
Tú has dado a luz.
Te veremos mirando al sol
Unos cuantos años más;
Con discos sobre tus ojos como
Cáscaras de lágrimas;
Y grandes lívidos aros de oro
Atrapados en tus orejas.
(El libro de las mujeres repulsivas, 1915)
*
A una de otro humor
¿Oh amada querida, debería dejar
De mirarte, siempre con ojos húmedos,
Y quejumbrosos besos de estos labios donde yace
Más miel que en tus áloes? ¿Debería romper
Aún más oscuras hierbas, y suspirando no perder de vista
Con fingida lamentación y gritos temerosos,
Rodeándote lentamente con blasfemias
Porque estaría bailando? No, me falta
La necesaria torpe salmodia de la desesperación.
No resuena en mí tu sombrío humor,
No está en mi corazón. Ni en ningún lugar
Dentro de mi carne, la misma carne que enamoraste.
¿Entonces para qué aflojar mi trenzado pelo
ocultando mis ojos, y pretender que cavilo?
(Vanity Fair, 1923)
*
Transfiguración
El profeta cava con manos de hierro
En las inestables arenas del desierto.
El insecto vuelve a su larva;
Retorna a semilla la rosa trepadora.
Como humo hasta la vacía garganta de Moisés,
Irrumpen todas las palabras que dijo.
El cuchillo de Caín retira la estocada;
Abel se levanta del polvo.
Pilatos no puede encontrar su lengua;
Desnudo está el árbol del que Judas colgó.
Lucifer clama desde la tierra;
Cristo cae a su muerte.
A Adán vuelve la fastidiosa costilla;
Una criatura solloza en su flanco.
La extensión del Edén es espesa y verde;
El bosque se agita, no se ve una bestia.
Desencadenado, el sol, con rabiosa sed,
Alimenta al último día con el primero.
(Surrealist Poetry in English, 1978)
(Poesía reunida 1911-1982, 2004)
***
Como una que, recostada contra el muro,
una vez arrancó
Gruesas flores, y escuchó
el zumbido
De pesadas abejas lentas rondando la húmeda ciruela,
Y escuchó a través de los campos el paciente arrullo
De pájaros inquietos desconcertados con el rocío.
Como una cuyos pensamientos eran locos en el
doloroso mayo,
Con ojos melancólicos vueltos hacia su amada
Y hacia la inquieta tierra por la que
se extendió
El frío centeno y los nuevos espinos que echaban ramas–
Con un flaco sabueso andante, por sola compañía.
A una que se siente diferente
Esta noche no puedo conocerte y lloro
Por la amargura que sobre ti es como blando sueño
De la que tú eres la única poseída–
Y como una en larga tela de luto vestida–
Profundamente empapada en ropas que cuentan
la forma de la pena
Pliegue sobre pesado pliegue, como hoja sobre hoja.
Estás de pie, toda trémula con ahogados gritos,
Y con frías lágrimas como vidrio en tus ojos.
Delgadas sombras, más oscuras que lo oscuro hierven
Con espumosa somnolencia y monstruosa fatiga
El solemne ceceo de las cosas inoportunas
Se acerca; y en altas alas de lamento
El tiempo frío grita a nuestro lado,
desprendiendo chispas de dolor
–De las que tú eres el centro y la cantinela.
Retrato de una dama caminando
En el Norte los pájaros empluman un largo viento.
Ella es hermosa.
El otoño forma hielo en la cáscara de limón.
Sus lentas costumbres acompañan la oscura mente.
La escarcha impone una frágil quietud en la laguna.
Sobre el fresco, pequeño montón de húmeda hierba
Los pájaros caen como lluvia de vidrio.
(Poesía reunida 1911-1982, 2004)
A una bailarina de cabaret
Mil luces la han deformado
En esta cosa;
La vida la tomó y le dio
Un lugar para cantar.
Llegó con risa ancha y tranquila;
Y espléndida gracia;
Y buscó entre las luces y el vino
Un fino rostro.
Y encontró la única amplia pasión de su vida
Entre boca y vino.
Cesó de buscar, y al volverse sabia
Se hizo menos fina.
Sin embargo una cosa maravillosa en el desorden
Se controló:
-Faltaba mientras ella tanteaba y se colgaba
Alrededor del cuello de él.
Un acorde maestro que no podíamos hacer sonar
Pues perdimos las teclas,
Sin embargo ella lo sugería mientras cantaba
Entre nuestras rodillas.
La miramos cuando llegaba con fuego sutil
Y avezados pies,
Tropezando entre los borrachos lujuriosos
Pero dulce a su manera.
Vimos que el carmesí que abandonaba sus mejillas
Flameaba en sus ojos;
Pues cuando una mujer vive en terrible prisa
Una mujer muere.
Las burlas que encienden nuestras horas por la noche
Y las hacen alegres,
Mancharon un alma dulce e ignorante
Y ensuciaron su juego.
Barreras y corazón ambos rotos –polvo
bajo sus pies.
Has pasado frente a ella cuarenta veces y la has despreciado
Allí en la calle.
Mil burlas la han llevado
Al fin a esto;
Hasta que el arruinado carmesí de sus labios
creció vago y vasto.
Hasta que su alma sin canto admitió
Que el tiempo mata;
Pagas su precio y te preguntas por qué
Aún la necesitas.
Ella pasó por aquí
Aquí donde los árboles aún tiemblan por tu huida
Estoy yo y trenzo finos látigos para castigarte.
¿Cómo podremos encontrarte, a ti que te has ido
toda vestiditos, ceceando por la ciudad?
Grandes hombres a caballo te cazan, y fuertes jóvenes
Usan sus flechas en el leve aire.
Pero a mí me escucharán silbando a donde voy
Trenzando largos mechones de hierba y pelo de semental.
Y en la noche cuando treinta halcones se eleven
En ritmo pendiente, y el borde del camino en ruidos;
Cuando ellos quemen campo y mata y seto,
Yo te robaré como a un penique entre la multitud.
Silencio antes del amor
Una voz se levantó en la oscuridad diciendo “Amor”,
Y en el establo los ratones dispersos se aquietaron,
Donde aún dormía el buey blanco, y en el umbral
El gallo cantor hacía una pausa, y la gris paloma casera
Giraba dos veces sobre la elevada cornisa.
Canción de cuna
Cuando era niña dormía
con un perro,
Vivía sin problemas y
no pensaba en maldades;
Corría con los niños y jugaba a la pídola
Ahora es la cabeza de una joven la que reposa en mi brazo.
Luego crecí un poco, recogía llantén en el patio;
Ahora vivo en Greenwich, y la gente no me visita;
Luego planté semillas de pimienta y las aplasté con fuerza.
Ahora estoy muy callada y rara vez hago planes.
Entonces me pinchaba el dedo con una espina o un cardo,
Me llevaba el dedo a la boca y corría hacia mi madre.
Ahora yazgo aquí, con mis ojos en una pistola.
Y habrá un mañana y otro y otro.
Obra-en-curso: rito de primavera
El hombre no puede purgarse de su tema
Como puede el gusano de seda con la fluida hebra
Hilar un sudario para reconsiderarse en él.
Abandono (El hombre no puede...)
El hombre no puede purgarse de su tema,
Como el gusano de seda transportando su hebra,
Para hilvanar un sudario donde metamorfosearse
Desde una boca orgullosa de su seda
Pero no hay santuario en el ojo del fósil
Alcahuete, pásalo por alto.
Sátiras (El hombre no puede...)
El hombre no puede purgarse de su tema.
Como hace el gusano de seda transportando su hebra,
Comandante Supremo, ¿dime qué es hombre
y qué conjetura?
¿Se encuentra la leche del seno ya en la lamentación?
Oh depredadora víctima de la rueda,
Santa Catalina de las rosas, vuelve tu mirada
Hacia donde está la desgracia;
Purga al cuerpo de su miedo,
Como hace el algodón de relleno agitándose en su horno
Para tejer un sudario donde metamorfosearse
Para reconsiderarse en él
¿Qué centella de estragos guarda tu miedo?
¿En qué molde de terror te alimentas?
Faraón
Faraones en piedra
Piensa en Ramsés
No son bromistas de velatorio estos:
Están sentados hablando en silencio.
Hijas, esposas
Como cuchilla de carnicero colgando
Entre las rodillas
Soldadura de siglos.
Desamparo (No hay género...)
No hay género en el ojo del fósil,
Alcahuete, pásalo por alto.
Descontento
En verdad, cuando me paro a pensar
Que con cuerda de cáñamo yaceré ovillada a la cama,
Consciente de que las nacientes lágrimas de las plañideras
Son meras salpicaduras marinas de la agitada cabeza,
Entonces, como la ardilla que pelea con su nuez,
Con mi acopio para el invierno disputo mi territorio,
Pues nadie cavará madrigueras para compartir mi pan.
Sátiras (El miembro del hombre...)
El miembro del hombre, como el áspero cuello del cisne
(De suave párpado como el ojo del durmiente)
Engañando colgajos, hinchándose en su regazo
Y ¡Bang! la vida tiene otra muerte en sus encías.
(Poesía reunida 1911-1982, 2004)
Trad. Osías Stutman y Rosa Lentini
Graciasss/www.barcelonareview.com/
Graciasss/circulodepoesia.com/d-bnightwood-o-un-descenso-a-los-infiernos/
Graciasss/revistas.udea.edu.co/index.php/revistaudea/
Comentarios
Publicar un comentario