Un muxe es…
Queer es un culo en busca de material de relleno.
Sejo Carrascosa
Muxe’ es un salto a la boca del abismo.
Muxe’ es una sonrisa siempre deslumbrante.
Muxe’ es un indígena que se sueña princesa.
Muxe’ es un cuerpo de hombre con voz de mujer.
Muxe’ es una burla en la escuela,
una carcajada en la calle,
un payaso para todos.
Muxe’ es un universo poblado de hombres.
Muxe’ es estar desnudo en una calle llena de miradas.
Muxe’ es un sí a todo y a todos.
Muxe’ es retar al otro,
al que odia, al que nunca supo amar.
Muxe’ es una enagua preñada de flores bordadas a mano.
Muxe’ es una casa siempre abierta.
Muxe’ es el que nunca dice “no”.
Muxe’ es mirar a quien te desprecia con los ojos.
Muxe’ es soñar que te casas con un hombre.
Muxe’ es llegar al altar del brazo del padre que no supo
quererte.
Muxe’ es el que fue golpeado por sus hermanos.
Muxe’ es el niño que juega una muñeca de palo.
Muxe’ es la vestida que llega a una fiesta.
Muxe’ es una flor en la boca.
Muxe’ es un incendio en la montaña.
Muxe’ es despertar erecto con una minifalda.
Muxe’ es el chico que quiere llegar
con huipil a su clase de dibujo técnico.
Muxe’ es la cantina y su vientre lleno de polvo.
Muxe’ es De Profundis de Wilde.
Muxe’ es un estudiante corrido de casa.
Muxe’ es un instante siempre eterno.
Muxe’ es una cintura de 65 cm y un pene de 19.
Muxe’ es un orgullo de la familia, ah no, eso es falso.
Muxe’ es una libertad que se azota.
Muxe’ es el tacón que nunca se rompe.
Muxe’ es el ojo que llora por muchos hombres.
Muxe’ es un brazo, una pierna,
y muchos corazones.
Muxe’ es la película que verás toda una vida,
pero nunca hasta el final.
Muxe’ son los que nacieron heridos.
Muxe’ es el maíz que no engendra flores.
Muxe’ es una flor que se desgrana
para perfumar tu cama.
Muxe’ es un huipil de terciopelo, carísimo.
Muxe’ es un grabado de Goya.
Muxe’ es el acento que da sentido a las palabras.
Muxe’ es la madre legítima de la libertad.
Muxe’ es la tortilla que comes y no reconoces.
Muxe’ es la comida que desprecias en público,
pero disfrutas en privado.
Muxe’ es la perra que te muerde la oreja
a las once de la noche.
Muxe’ es un baile interminable.
Muxe’ es un poema que nunca morirá.
Al niño que fui
Nací bailando la llorona en los brazos de mi madre.
Nací siendo un niño muxe’.
Nací en un jardín de puras mujeres.
Nací en septiembre.
Nací tres años antes que Szymborska ganara el Nobel.
Nací la noche que mi tío se suicidó.
Naci en las redes de una hamaca desnuda.
Nací de un vientre que se abrió cuatro veces.
Nací en una casa sin piso.
Nací mirando un cielo de terciopelo oscuro.
Nací abrazando una muñeca de palo.
Nací con una flor en la cabeza.
Nací con un vestido amarillo.
Nací con un nombre de cinco letras, y por cada letra, tuve un amante.
Nací de un padre que odiaba muxes.
Nací de una madre que nunca conoció el miedo.
Nací de una abuela y sus múltiples hombres.
Nací pidiendo que no me maten.
Nací oliendo a guie’ xhuuba’,
porque los muxes nacen oliendo a una flor.
Nací para bailar en tacones
y con un libro en la cabeza.
Nací pidiendo que me leyeran el mundo.
Nací libre. Lo demás, es poesía.
No me abraces en la calle
No me digas “te quiero” frente a mis amigos,
si te respondo se burlarán de mí,
ellos saben que soy una perra
que no se deja amar.
Saben también, que a veces,
doy vueltas en una cama
y repentinamente amanezco en otra.
No me abraces en la calle,
me dará pena reconocer que soy tuyo
porque antes de ti
fui de Pedro,
de Samuel,
de Gustavo
y no quiero que me tachen de gata insaciable.
No me beses delante de mis hermanos
porque te preguntarán
si ya pasamos de un beso blanco
a uno más oscuro
o de qué tamaño tienes los pies,
mis hermanos son imprudentes,
no trates de caerles bien.
No me preguntes si creo en el matrimonio
porque hasta la flores saben
que hace un tiempo me casé con el VPH
y la enfermedad nunca me dio el divorcio.
No digas que me amas
si aún no conoces
la cicatriz que guarda mi cuello,
si aún no sabes que a los seis años
fui violado por mi tío
y después por mi vecino
y a los doce todos los de mi cuadra
se masturbaban en mi,
y aprendí a guardar silencio.
Si no estás dispuesto a lidiar
con mis cuatro hombres,
no te acerques tanto a mí.
Cronología de un viejo puto
En 1993 na Mariá partera
encendió una vela
y le dijo a mi madre que nació
una niña con pito.
A los seis años ya había probado
el sabor del abandono.
A los once supe que el olvido
no es únicamente un verbo.
A los quince conocí
el “dolor atroz de la felicidad”.
A los viente seguía volteando tazos
con cara de hombre.
A los veintidós me negué a partir,
no quise irme de casa
porque ninguna revolución triunfa sin tu madre.
A los veinticuatro reprobé:
la depresión,
perra que se había marchado
volvió una vez más
para arrancarme el cuello.
A los veinticinco me enamoré,
pero definitivamente, sobre el amor,
nada tengo que decir.
A los veintiséis volví a perder:
no aprendí las reglas del juego
y como siempre
me entregué sin ser correspondido.
A los cincuenta, si es que llego,
espero ser un viejo canoso
que no se cansa de bailar en tacones
y sigue moviendo el culo mientras camina.
Lección para los amantes
Nos dijeron que el mundo es la tumba
de los que no saben que están muertos,
aquí se cultiva el cuerpo
y del corazón se alimentan los perros
que tienen sus casas en la memoria.
Nos enseñaron que las estaciones son cuatro,
pero ninguna nos pertenece.
Supimos del dolor
cuando caímos sobre un cactus
que en vez de espinas
hiere con amantes que se van sin volver la vista.
Para callar, tuvimos que envejecer
cuando apenas nacíamos,
cedimos el paso a los fantasmas
que devoran distancias,
nos quitamos la camisa
para que la muerte no nos reconociera,
caímos de pie,
la lluvia nos golpeó la espalda
y fue necesario despertar,
robarle suspiros a los que se han ido.
Nos despedimos en más de una ocasión.
Alguien dijo que las despedidas
son la otra cara que ofrece la muerte
en sus ratos de venganza.
Alguien nos llamó,
suplicó que no nos fuéramos,
pero nosotros para aprender a irnos, caminamos.
Y por primera vez, supimos
que no vale la pena morir
por ningún otro amante.
Confesión
Bebí de los senos de mi abuela
el tibio sudor de la madrugada;
busqué el tesoro que guardaron mis ancestros
en el ojo de un perro que muere
y resucita para morir de nuevo.
Guardé una escoba en el vientre de la casa
y nunca limpié el vestigio de los amantes
que sólo tienen de pequeño el dedo de los pies.
Amé al tren y su silbido que anunciaba
la llegada de mi madre
engarzando un canasto colmado de pitayas;
huí del cuervo y su canto cargado de presagios;
me embriagué en la boda de mi hermana
y amanecí con un perro metido entre mis piernas.
Lo admito:
también sufrí por un hombre que no quiso casarse conmigo.
Letanía para una perra
Soy la perra que te espera a las once de la noche,
la que baila si arrojas un trozo de pan,
la que mueve la cola cuando cruzas la puerta
lleno de sudor y con la camisa rota en casa ajena.
Soy la perra que repite tu nombre sin obtener respuesta,
la que ladra feliz cuando llegas con aquello que amo,
el paraíso escondido en tu cuerpo.
Soy la perra que llamas con una tortilla en la mano,
la que salta con el mínimo beso de tu boca,
la que pateas y no te deja,
la que golpeas y no te muerde en defensa.
Soy la más mansa de tus perras,
la que mueve la cola cuando llegas borracho
y con la boca te quita los zapatos.
Soy la perra que te dedicas poemas.
Búsqueda
También busqué un hombre con barba,
de manos largas y piel de quince años;
busqué un hombre fuerte
un hombre manso.
Busqué un hombre que me amara,
que me besara una vez al día;
busqué. Te busqué, papá.
Guerrero
Puedes llevarte los vestigios
que el sol depositó en los caminos
que asfixiaron a su padre,
la dulzura que dispersan los luceros
en la negada despedida del sueño
que engarzó tus pies con sus gritos.
Recuerda todo lo que vivimos
en las eternas lunadas
sobre la arena del mar,
de las confesiones que nos hizo
la nostalgia sobre la historia
de la noche en silencio.
Puedes llevarte los llantos
y el dolor de nuestra gente,
tus huaraches, tu cuerpo,
la luz de la luna
que no te desampara en esas batallas.
Recuerda que valerosa gente somos.
Deposita en la olla de barro
la dulzura de tus besos,
la música que deleita tus días de fiesta,
tu sombra, tus cualidades.
Puedes llevarte lo que te hará falta.
prohibido empacar la ceguera y el olvido
porque no hay espacio
en esa maleta de sueños
Siempre Ramón
El beso más exquisito
es el de Ramón.
Ramón no dice «vamos a ramonear».
Él no sabe que ramonear
es dejar que otros te desvirguen
con un dedo que sabe a sal.
Ramón no sabe que está ramoneando
cuando deja que una muxe’
penetre su flor.
Ramón llega a su casa
y abraza a su esposa y a sus hijos.
Ramón responde que sí,
cuando le preguntan si ha probado una muxe’.
Porque no es lo mismo probar
a que te prueben.
Algunos suelen llamarse David,
Isidro o John,
pero para las muxes
siempre será mejor un Ramón.
Inventario a mis 24
Mi padre pregunta quién es mi novio.
No tengo novio, solo un amante
y está conmigo desde los quince años.
Mi padre pregunta si soy virgen.
Claro, eso significa que cuando me case
colocarán coronas de flores en las cabezas de mis tías,
me cubrirán de pétalos rojos
y mi cuerpo será una chimenea
llena de palos que arden y queman.
Mi padre pregunta si he cambiado.
Todos los días amanezco húmedo
y con unas ganas inmensas de equivocarme
una y otra vez con el mismo hombre.
Ya no tengo el mismo corte,
me quito la barba, me peino de otra manera;
sigo soñando con un príncipe zapoteca.
En realidad no sé si he cambiado.
Mi padre pregunta si me arrepiento de haber nacido muxe’.
No. Nunca.
Si me dieran a elegir,
volvería a ser muxe’, solo para tener de nuevo
los mismos novios que tuve en la infancia.
Mi padre pregunta si algún día le dedicaré un poema.
Papá, te dediqué un libro entero,
de hecho son los poemas que más me aplauden
(se sonroja, lleno de vanidad).
Mi padre pregunta si me puede dar un abrazo.
Adelante. Aprisa. Dame muchos abrazos.
Papá nunca me abrazó.
Yo solo estaba soñando.
No me abraces en la calle
No me digas “te quiero” frente a mis amigos,
si te respondo se burlarán de mí,
ellos saben que soy una perra
que no se deja amar.
Saben también, que a veces,
doy vueltas en una cama
y repentinamente amanezco en otra.
No me abraces en la calle,
me dará pena reconocer que soy tuyo
porque antes de ti
fui de Pedro,
de Samuel,
de Gustavo
y no quiero que me tachen de gata insaciable.
No me beses delante de mis hermanos
porque te preguntarán
si ya pasamos de un beso blanco
a uno más oscuro
o de qué tamaño tienes los pies,
mis hermanos son imprudentes,
no trates de caerles bien.
No me preguntes si creo en el matrimonio
porque hasta la flores saben
que hace un tiempo me casé con el VPH
y la enfermedad nunca me dio el divorcio.
No digas que me amas
si aún no conoces
la cicatriz que guarda mi cuello,
si aún no sabes que a los seis años
fui violado por mi tío
y después por mi vecino
y a los doce todos los de mi cuadra
se masturbaban en mí,
y aprendí a guardar silencio.
Si no estás dispuesto a lidiar
con mis cuatro hombres,
no te acerques tanto a mí.
Al niño que fui
Nací bailando la llorona en los brazos de mi madre.
Nací siendo un niño muxe’.
Nací en un jardín de puras
mujeres.
Nací en septiembre.
Nací tres años antes que Szymborska ganara el Nobel.
Nací la noche que mi tío se suicidó.
Nací en las redes de una hamaca desnuda.
Nací de un vientre que se abrió cuatro veces.
Nací en una casa sin piso.
Nací mirando un cielo de terciopelo oscuro.
Nací abrazando una muñeca de palo.
Nací con una flor en la cabeza.
Nací con un vestido amarillo.
Nací con un nombre de cinco letras, y por cada letra,
tuve un amante.
Nací de un padre que odiaba
muxes.
Nací de una madre que nunca conoció el miedo.
Nací de una abuela y sus múltiples hombres.
Nací pidiendo que no me maten.
Nací oliendo a guie’ xhuuba’,
porque los muxes nacen
oliendo a una flor.
Nací para bailar en tacones
y con un libro en la cabeza.
Nací pidiendo que me leyeran el mundo.
Nací libre. Lo demás es poesía.
Relato de una muxe’ y su madre
Mi madre sabe que tengo un novio
para cada fin de semana.
Sabe que en esta casa
hay reunión de amantes anónimos
los sábados por la noche,
y que a veces,
las sesiones pueden prolongarse
hasta el domingo por la madrugada
en una cama revuelta y de cabeza.
Para ella Pedro no es Pedro,
sino el chamaco que llega a las ocho
y se marcha a las dos;
Irving, el flaco moreno,
mototaxista, hijo de Tina Belabihui,
guapo pero sin juicio;
Ángel, el güero lleno de tatuajes,
bonito,
educado,
el que saluda cuando llega,
y sonríe cuando se va,
el que me dice suegra
y no se sonroja si le digo yerno,
se ve que te quiere,
es el menos inútil,
vivieras con él,
yo les hago de comer,
yo les ayudo con la ropa...
...Mamá, Ángel tiene esposa,
Ángel también es efímero.
Mi madre sabe que desde los once años
camino en tacones,
sabe que entre venganza y olvido,
prefiero un pito salado,
ella me enseñó que a los hombres
ni todo el amor
ni toda la tanda,
y me dijo que
para ser libre, hay que ser puto.
Mi madre es el rostro
que dibujo en la servilleta de una cantina,
ella sabe todo de mí,
excepto, que soy ramonera.
(Ramonera, 2019)
Queer es un culo en busca de material de relleno.
Sejo Carrascosa
Muxe’ es un salto a la boca del abismo.
Muxe’ es una sonrisa siempre deslumbrante.
Muxe’ es un indígena que se sueña princesa.
Muxe’ es un cuerpo de hombre con voz de mujer.
Muxe’ es una burla en la escuela,
una carcajada en la calle,
un payaso para todos.
Muxe’ es un universo poblado de hombres.
Muxe’ es estar desnudo en una calle llena de miradas.
Muxe’ es un sí a todo y a todos.
Muxe’ es retar al otro,
al que odia, al que nunca supo amar.
Muxe’ es una enagua preñada de flores bordadas a mano.
Muxe’ es una casa siempre abierta.
Muxe’ es el que nunca dice “no”.
Muxe’ es mirar a quien te desprecia con los ojos.
Muxe’ es soñar que te casas con un hombre.
Muxe’ es llegar al altar del brazo del padre que no supo
quererte.
Muxe’ es el que fue golpeado por sus hermanos.
Muxe’ es el niño que juega una muñeca de palo.
Muxe’ es la vestida que llega a una fiesta.
Muxe’ es una flor en la boca.
Muxe’ es un incendio en la montaña.
Muxe’ es despertar erecto con una minifalda.
Muxe’ es el chico que quiere llegar
con huipil a su clase de dibujo técnico.
Muxe’ es la cantina y su vientre lleno de polvo.
Muxe’ es De Profundis de Wilde.
Muxe’ es un estudiante corrido de casa.
Muxe’ es un instante siempre eterno.
Muxe’ es una cintura de 65 cm y un pene de 19.
Muxe’ es un orgullo de la familia, ah no, eso es falso.
Muxe’ es una libertad que se azota.
Muxe’ es el tacón que nunca se rompe.
Muxe’ es el ojo que llora por muchos hombres.
Muxe’ es un brazo, una pierna,
y muchos corazones.
Muxe’ es la película que verás toda una vida,
pero nunca hasta el final.
Muxe’ son los que nacieron heridos.
Muxe’ es el maíz que no engendra flores.
Muxe’ es una flor que se desgrana
para perfumar tu cama.
Muxe’ es un huipil de terciopelo, carísimo.
Muxe’ es un grabado de Goya.
Muxe’ es el acento que da sentido a las palabras.
Muxe’ es la madre legítima de la libertad.
Muxe’ es la tortilla que comes y no reconoces.
Muxe’ es la comida que desprecias en público,
pero disfrutas en privado.
Muxe’ es la perra que te muerde la oreja
a las once de la noche.
Muxe’ es un baile interminable.
Muxe’ es un poema que nunca morirá.
Al niño que fui
Nací bailando la llorona en los brazos de mi madre.
Nací siendo un niño muxe’.
Nací en un jardín de puras mujeres.
Nací en septiembre.
Nací tres años antes que Szymborska ganara el Nobel.
Nací la noche que mi tío se suicidó.
Naci en las redes de una hamaca desnuda.
Nací de un vientre que se abrió cuatro veces.
Nací en una casa sin piso.
Nací mirando un cielo de terciopelo oscuro.
Nací abrazando una muñeca de palo.
Nací con una flor en la cabeza.
Nací con un vestido amarillo.
Nací con un nombre de cinco letras, y por cada letra, tuve un amante.
Nací de un padre que odiaba muxes.
Nací de una madre que nunca conoció el miedo.
Nací de una abuela y sus múltiples hombres.
Nací pidiendo que no me maten.
Nací oliendo a guie’ xhuuba’,
porque los muxes nacen oliendo a una flor.
Nací para bailar en tacones
y con un libro en la cabeza.
Nací pidiendo que me leyeran el mundo.
Nací libre. Lo demás, es poesía.
No me abraces en la calle
No me digas “te quiero” frente a mis amigos,
si te respondo se burlarán de mí,
ellos saben que soy una perra
que no se deja amar.
Saben también, que a veces,
doy vueltas en una cama
y repentinamente amanezco en otra.
No me abraces en la calle,
me dará pena reconocer que soy tuyo
porque antes de ti
fui de Pedro,
de Samuel,
de Gustavo
y no quiero que me tachen de gata insaciable.
No me beses delante de mis hermanos
porque te preguntarán
si ya pasamos de un beso blanco
a uno más oscuro
o de qué tamaño tienes los pies,
mis hermanos son imprudentes,
no trates de caerles bien.
No me preguntes si creo en el matrimonio
porque hasta la flores saben
que hace un tiempo me casé con el VPH
y la enfermedad nunca me dio el divorcio.
No digas que me amas
si aún no conoces
la cicatriz que guarda mi cuello,
si aún no sabes que a los seis años
fui violado por mi tío
y después por mi vecino
y a los doce todos los de mi cuadra
se masturbaban en mi,
y aprendí a guardar silencio.
Si no estás dispuesto a lidiar
con mis cuatro hombres,
no te acerques tanto a mí.
Cronología de un viejo puto
En 1993 na Mariá partera
encendió una vela
y le dijo a mi madre que nació
una niña con pito.
A los seis años ya había probado
el sabor del abandono.
A los once supe que el olvido
no es únicamente un verbo.
A los quince conocí
el “dolor atroz de la felicidad”.
A los viente seguía volteando tazos
con cara de hombre.
A los veintidós me negué a partir,
no quise irme de casa
porque ninguna revolución triunfa sin tu madre.
A los veinticuatro reprobé:
la depresión,
perra que se había marchado
volvió una vez más
para arrancarme el cuello.
A los veinticinco me enamoré,
pero definitivamente, sobre el amor,
nada tengo que decir.
A los veintiséis volví a perder:
no aprendí las reglas del juego
y como siempre
me entregué sin ser correspondido.
A los cincuenta, si es que llego,
espero ser un viejo canoso
que no se cansa de bailar en tacones
y sigue moviendo el culo mientras camina.
Lección para los amantes
Nos dijeron que el mundo es la tumba
de los que no saben que están muertos,
aquí se cultiva el cuerpo
y del corazón se alimentan los perros
que tienen sus casas en la memoria.
Nos enseñaron que las estaciones son cuatro,
pero ninguna nos pertenece.
Supimos del dolor
cuando caímos sobre un cactus
que en vez de espinas
hiere con amantes que se van sin volver la vista.
Para callar, tuvimos que envejecer
cuando apenas nacíamos,
cedimos el paso a los fantasmas
que devoran distancias,
nos quitamos la camisa
para que la muerte no nos reconociera,
caímos de pie,
la lluvia nos golpeó la espalda
y fue necesario despertar,
robarle suspiros a los que se han ido.
Nos despedimos en más de una ocasión.
Alguien dijo que las despedidas
son la otra cara que ofrece la muerte
en sus ratos de venganza.
Alguien nos llamó,
suplicó que no nos fuéramos,
pero nosotros para aprender a irnos, caminamos.
Y por primera vez, supimos
que no vale la pena morir
por ningún otro amante.
Confesión
Bebí de los senos de mi abuela
el tibio sudor de la madrugada;
busqué el tesoro que guardaron mis ancestros
en el ojo de un perro que muere
y resucita para morir de nuevo.
Guardé una escoba en el vientre de la casa
y nunca limpié el vestigio de los amantes
que sólo tienen de pequeño el dedo de los pies.
Amé al tren y su silbido que anunciaba
la llegada de mi madre
engarzando un canasto colmado de pitayas;
huí del cuervo y su canto cargado de presagios;
me embriagué en la boda de mi hermana
y amanecí con un perro metido entre mis piernas.
Lo admito:
también sufrí por un hombre que no quiso casarse conmigo.
Letanía para una perra
Soy la perra que te espera a las once de la noche,
la que baila si arrojas un trozo de pan,
la que mueve la cola cuando cruzas la puerta
lleno de sudor y con la camisa rota en casa ajena.
Soy la perra que repite tu nombre sin obtener respuesta,
la que ladra feliz cuando llegas con aquello que amo,
el paraíso escondido en tu cuerpo.
Soy la perra que llamas con una tortilla en la mano,
la que salta con el mínimo beso de tu boca,
la que pateas y no te deja,
la que golpeas y no te muerde en defensa.
Soy la más mansa de tus perras,
la que mueve la cola cuando llegas borracho
y con la boca te quita los zapatos.
Soy la perra que te dedicas poemas.
Búsqueda
También busqué un hombre con barba,
de manos largas y piel de quince años;
busqué un hombre fuerte
un hombre manso.
Busqué un hombre que me amara,
que me besara una vez al día;
busqué. Te busqué, papá.
Guerrero
Puedes llevarte los vestigios
que el sol depositó en los caminos
que asfixiaron a su padre,
la dulzura que dispersan los luceros
en la negada despedida del sueño
que engarzó tus pies con sus gritos.
Recuerda todo lo que vivimos
en las eternas lunadas
sobre la arena del mar,
de las confesiones que nos hizo
la nostalgia sobre la historia
de la noche en silencio.
Puedes llevarte los llantos
y el dolor de nuestra gente,
tus huaraches, tu cuerpo,
la luz de la luna
que no te desampara en esas batallas.
Recuerda que valerosa gente somos.
Deposita en la olla de barro
la dulzura de tus besos,
la música que deleita tus días de fiesta,
tu sombra, tus cualidades.
Puedes llevarte lo que te hará falta.
prohibido empacar la ceguera y el olvido
porque no hay espacio
en esa maleta de sueños
Siempre Ramón
El beso más exquisito
es el de Ramón.
Ramón no dice «vamos a ramonear».
Él no sabe que ramonear
es dejar que otros te desvirguen
con un dedo que sabe a sal.
Ramón no sabe que está ramoneando
cuando deja que una muxe’
penetre su flor.
Ramón llega a su casa
y abraza a su esposa y a sus hijos.
Ramón responde que sí,
cuando le preguntan si ha probado una muxe’.
Porque no es lo mismo probar
a que te prueben.
Algunos suelen llamarse David,
Isidro o John,
pero para las muxes
siempre será mejor un Ramón.
Inventario a mis 24
Mi padre pregunta quién es mi novio.
No tengo novio, solo un amante
y está conmigo desde los quince años.
Mi padre pregunta si soy virgen.
Claro, eso significa que cuando me case
colocarán coronas de flores en las cabezas de mis tías,
me cubrirán de pétalos rojos
y mi cuerpo será una chimenea
llena de palos que arden y queman.
Mi padre pregunta si he cambiado.
Todos los días amanezco húmedo
y con unas ganas inmensas de equivocarme
una y otra vez con el mismo hombre.
Ya no tengo el mismo corte,
me quito la barba, me peino de otra manera;
sigo soñando con un príncipe zapoteca.
En realidad no sé si he cambiado.
Mi padre pregunta si me arrepiento de haber nacido muxe’.
No. Nunca.
Si me dieran a elegir,
volvería a ser muxe’, solo para tener de nuevo
los mismos novios que tuve en la infancia.
Mi padre pregunta si algún día le dedicaré un poema.
Papá, te dediqué un libro entero,
de hecho son los poemas que más me aplauden
(se sonroja, lleno de vanidad).
Mi padre pregunta si me puede dar un abrazo.
Adelante. Aprisa. Dame muchos abrazos.
Papá nunca me abrazó.
Yo solo estaba soñando.
No me abraces en la calle
No me digas “te quiero” frente a mis amigos,
si te respondo se burlarán de mí,
ellos saben que soy una perra
que no se deja amar.
Saben también, que a veces,
doy vueltas en una cama
y repentinamente amanezco en otra.
No me abraces en la calle,
me dará pena reconocer que soy tuyo
porque antes de ti
fui de Pedro,
de Samuel,
de Gustavo
y no quiero que me tachen de gata insaciable.
No me beses delante de mis hermanos
porque te preguntarán
si ya pasamos de un beso blanco
a uno más oscuro
o de qué tamaño tienes los pies,
mis hermanos son imprudentes,
no trates de caerles bien.
No me preguntes si creo en el matrimonio
porque hasta la flores saben
que hace un tiempo me casé con el VPH
y la enfermedad nunca me dio el divorcio.
No digas que me amas
si aún no conoces
la cicatriz que guarda mi cuello,
si aún no sabes que a los seis años
fui violado por mi tío
y después por mi vecino
y a los doce todos los de mi cuadra
se masturbaban en mí,
y aprendí a guardar silencio.
Si no estás dispuesto a lidiar
con mis cuatro hombres,
no te acerques tanto a mí.
Al niño que fui
Nací bailando la llorona en los brazos de mi madre.
Nací siendo un niño muxe’.
Nací en septiembre.
Nací tres años antes que Szymborska ganara el Nobel.
Nací la noche que mi tío se suicidó.
Nací en las redes de una hamaca desnuda.
Nací de un vientre que se abrió cuatro veces.
Nací en una casa sin piso.
Nací mirando un cielo de terciopelo oscuro.
Nací abrazando una muñeca de palo.
Nací con una flor en la cabeza.
Nací con un vestido amarillo.
Nací con un nombre de cinco letras, y por cada letra,
tuve un amante.
Nací de una madre que nunca conoció el miedo.
Nací de una abuela y sus múltiples hombres.
Nací pidiendo que no me maten.
Nací oliendo a guie’ xhuuba’,
Nací para bailar en tacones
y con un libro en la cabeza.
Nací pidiendo que me leyeran el mundo.
Nací libre. Lo demás es poesía.
Relato de una muxe’ y su madre
Mi madre sabe que tengo un novio
para cada fin de semana.
Sabe que en esta casa
hay reunión de amantes anónimos
los sábados por la noche,
y que a veces,
las sesiones pueden prolongarse
hasta el domingo por la madrugada
en una cama revuelta y de cabeza.
Para ella Pedro no es Pedro,
sino el chamaco que llega a las ocho
y se marcha a las dos;
Irving, el flaco moreno,
mototaxista, hijo de Tina Belabihui,
guapo pero sin juicio;
Ángel, el güero lleno de tatuajes,
bonito,
educado,
el que saluda cuando llega,
y sonríe cuando se va,
el que me dice suegra
y no se sonroja si le digo yerno,
se ve que te quiere,
es el menos inútil,
vivieras con él,
yo les hago de comer,
yo les ayudo con la ropa...
...Mamá, Ángel tiene esposa,
Ángel también es efímero.
Mi madre sabe que desde los once años
camino en tacones,
sabe que entre venganza y olvido,
prefiero un pito salado,
ella me enseñó que a los hombres
ni todo el amor
ni toda la tanda,
y me dijo que
para ser libre, hay que ser puto.
Mi madre es el rostro
que dibujo en la servilleta de una cantina,
ella sabe todo de mí,
excepto, que soy ramonera.
(Ramonera, 2019)
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