Laberinto de fuego
Hay calles innombrables que prolongan palabras
y terminan en un punto de madera
Hay calles audazmente cortas deambuladas por
potros
que culminan en un punto de madera
Pero existe una calle
Sólo una
Esa calle
Esa ínfima calle que es un punto de madera
enciende el fuego
en las otras
Cuando tiemblan
(Dentellada, 1990)
vendaval
oigo al viento perdido en el tiempo
adónde irá con su risa muy lejos
si pudiera transformarme en aire
y seguirlo en sus pulcros cortejos
veo al viento
él
que a toda hora
con antiguo gemido se acerca
a la noche
cuando ya el cansancio
borra perlas que caen de mi frente
ah esas joyas de sudor ardiente
que arrebata con fresco egoísmo
veo al viento esconderlas en cofres
y arrojarlas por tu piel de abismo
será el viento
¿o tal vez
yo mismo?
(Dentellada, 1990)
Ladrido
Tu corazón
Perro cansado
Aunque carne
Hoy comió
También huesitos crujientes de alegría
Sólo así
Cada gruñido
Le permite seguir fiel
Incluso con la rabia.
(El poder de nombrar, 1985)
Peso plomo
No necesito nada más que esta lapicera
prestada por el mozo
ni otro sobre de azúcar para el café
bramando en la resaca
tampoco el pago de una cerveza octava.
Guardo intacto
el coraje de hacer un paga Dios
como en los setenta
por las farmacias de turno
cuando la poesía anfetamínica
se compraba sin receta.
Viajo solo en medio de la huelga
entre panzas vacías
con razón vociferantes
y ningún encontronazo
junto al musculoso estibador
mientras dura la espera
en la protesta augusta
que hasta cortó la calle
con su semáforo
chorreando lágrimas de sangre.
Masacre sin piedad
para los mustios habitantes
de bairestremens.com.
Mientras leo en cerebros
de los otros viajeros.
Ese, de anteojos negros,
va a llegar tardísimo a su cita
con el andrólogo.
El que viaja a su lado
sólo piensa en robar
la corona de oro de la Virgen del Once
pero también
el busto de bronce de algún prócer
para revenderlo
enseguida
a peso plomo,
vapuleo.
Así nace esta queja
sobre mi cuaderno Avon
en pleno verano
cuando el hospital de poetas
parece aniquilado
aunque nunca existiera la cura
de sus males
ni siquiera un cuarto gratis y fresco
donde no morir de pie.
Ahora,
destrabada la marcha
con las vitrinas de El Molino
destrozadas a huevazos
es cuando el maldito patrullero
se sube a la vereda
y como a la estatua de Santa Claus
me alumbran
entre dátiles
aunque igual nada vieron.
Mayor fue el miedo
de volverte invisible.
A distraerse ahora
con tu milonga hacia la autopista
Tacos de punta baratos hundidos en la brea
hirviendo aún más que el cuerpo
del que paga
y al finalizar la faena
regresar leyendo esos versos abyectos que has escrito.
Soy el que cree en la avenida Corrientes
acunadora del tango y de Tanguito
que se incendia en el río
justo cerca de la Casa Rosada
ese postre fucsia envenenado
en los cachetes.
Confundo palomas con empleados
de oficina
usan la misma gris corbata
que les impide el vuelo.
Soy quien cantara a Safo
además de encerar los dedos
de la hidra de Lesbos
con ungüentos de acero
pero ahora
ni consigo colarme
en los recitales de Gal, Chavela
o La Felipe.
Igual
como siempre
el buen clima regresa
tras la huelga a lo lejos
cada vez más ajena.
A causa de ella
me pasé de parada
pero sigo escribiendo.
Es preferible el asco bien narrado
a la culpa de sobrevivir triunfales.
Sin tener cómo,
dónde,
cuándo
a quién decirlo.
(La orquesta invisible, 2006)
la orquesta invisible
mi madre
la lluvia
ha muerto
o debería decir simplemente
que cesó de llover
mi padre
el bosque
agoniza
o mejor escribir
que ha llegado otro otoño
tu amor en la niebla
se viste de oro y llama
o mejor sería callar
que ha llegado la luz
la luz
siempre desnuda
en lo que engarza.
(La orquesta invisible, 2006)
Hay calles innombrables que prolongan palabras
y terminan en un punto de madera
Hay calles audazmente cortas deambuladas por
potros
que culminan en un punto de madera
Pero existe una calle
Sólo una
Esa calle
Esa ínfima calle que es un punto de madera
enciende el fuego
en las otras
Cuando tiemblan
(Dentellada, 1990)
vendaval
oigo al viento perdido en el tiempo
adónde irá con su risa muy lejos
si pudiera transformarme en aire
y seguirlo en sus pulcros cortejos
veo al viento
él
que a toda hora
con antiguo gemido se acerca
a la noche
cuando ya el cansancio
borra perlas que caen de mi frente
ah esas joyas de sudor ardiente
que arrebata con fresco egoísmo
veo al viento esconderlas en cofres
y arrojarlas por tu piel de abismo
será el viento
¿o tal vez
yo mismo?
(Dentellada, 1990)
Ladrido
Tu corazón
Perro cansado
Aunque carne
Hoy comió
También huesitos crujientes de alegría
Sólo así
Cada gruñido
Le permite seguir fiel
Incluso con la rabia.
(El poder de nombrar, 1985)
Peso plomo
No necesito nada más que esta lapicera
prestada por el mozo
ni otro sobre de azúcar para el café
bramando en la resaca
tampoco el pago de una cerveza octava.
Guardo intacto
el coraje de hacer un paga Dios
como en los setenta
por las farmacias de turno
cuando la poesía anfetamínica
se compraba sin receta.
Viajo solo en medio de la huelga
entre panzas vacías
con razón vociferantes
y ningún encontronazo
junto al musculoso estibador
mientras dura la espera
en la protesta augusta
que hasta cortó la calle
con su semáforo
chorreando lágrimas de sangre.
Masacre sin piedad
para los mustios habitantes
de bairestremens.com.
Mientras leo en cerebros
de los otros viajeros.
Ese, de anteojos negros,
va a llegar tardísimo a su cita
con el andrólogo.
El que viaja a su lado
sólo piensa en robar
la corona de oro de la Virgen del Once
pero también
el busto de bronce de algún prócer
para revenderlo
enseguida
a peso plomo,
vapuleo.
Así nace esta queja
sobre mi cuaderno Avon
en pleno verano
cuando el hospital de poetas
parece aniquilado
aunque nunca existiera la cura
de sus males
ni siquiera un cuarto gratis y fresco
donde no morir de pie.
Ahora,
destrabada la marcha
con las vitrinas de El Molino
destrozadas a huevazos
es cuando el maldito patrullero
se sube a la vereda
y como a la estatua de Santa Claus
me alumbran
entre dátiles
aunque igual nada vieron.
Mayor fue el miedo
de volverte invisible.
A distraerse ahora
con tu milonga hacia la autopista
Tacos de punta baratos hundidos en la brea
hirviendo aún más que el cuerpo
del que paga
y al finalizar la faena
regresar leyendo esos versos abyectos que has escrito.
Soy el que cree en la avenida Corrientes
acunadora del tango y de Tanguito
que se incendia en el río
justo cerca de la Casa Rosada
ese postre fucsia envenenado
en los cachetes.
Confundo palomas con empleados
de oficina
usan la misma gris corbata
que les impide el vuelo.
Soy quien cantara a Safo
además de encerar los dedos
de la hidra de Lesbos
con ungüentos de acero
pero ahora
ni consigo colarme
en los recitales de Gal, Chavela
o La Felipe.
Igual
como siempre
el buen clima regresa
tras la huelga a lo lejos
cada vez más ajena.
A causa de ella
me pasé de parada
pero sigo escribiendo.
Es preferible el asco bien narrado
a la culpa de sobrevivir triunfales.
Sin tener cómo,
dónde,
cuándo
a quién decirlo.
(La orquesta invisible, 2006)
la orquesta invisible
mi madre
la lluvia
ha muerto
o debería decir simplemente
que cesó de llover
mi padre
el bosque
agoniza
o mejor escribir
que ha llegado otro otoño
tu amor en la niebla
se viste de oro y llama
o mejor sería callar
que ha llegado la luz
la luz
siempre desnuda
en lo que engarza.
(La orquesta invisible, 2006)
pliego origami
y desde siempre
cuando el frío corroe los tobillos
oigo una feroz carcajada
desparramando el rostro secreto de las cosas
ya muy lejos se ha ido
la tan curiosa autómata
condenada a su suerte
de papel de armar
sin embargo
ésto que ahora callo
no es más que el balbuceo de su corazón
atravesado para siempre
en la trampa de mi boca.
(Hebra incompleta, 2006)
biografía de lo ajeno
a cada instante el modo de vivirlo
cuenta lo que se hunde en la hojarasca
registra el calor inmediato de otro cuerpo
busca la llave y al hundirla por los poros
pulveriza su raíz para descender por ella
ornado de payaso entre las caras repetidas
es cuando el prodigio de sombra luminosa
se adelanta y avanza como una anunciación
de los que insisten en sustraer a la piedra su caricia
mientras
el responso cantado en voz exageradamente alta
nos despabila de las tumbas.
(Hebra incompleta, 2006)
Nunca pude sentirme solo frente al río
Brilla una luz perpetua entre sus aguas
Si me acompaña es porque no ostenta cicatrices
ya que su piel convence de perfecta
por siempre intuyo que al fondo
muy al fondo
oculta un laberinto de heridas
que no cierran
Ahora vuelvo después de tanto tiempo
Quién no regresaría sabiendo que lo espera
una arquitectura azul amante de las lanchas
Esta procesión de fuego
estremeciendo ocasos
con la tenura de su espuma blanca
Quien no volvería sabiendo que la lluvia
por el propio deseo de acariciar sus aguas
al fin se ahoga
en nuestro
Río Negro
Nunca
Jamás
las hojas del otoño
ensucian el camino
Al contrario
lo enjoyan
ya cansado de barro
Todo
estará muerto
alguna vez
Menos
esta imagen
que
te
toca
(Piedra en flor, 2011)
Graciasss/www.isliada.org/poetas/fernando-noy/
Graciasss/www.perfil.com/fernando-noy-no-soy-hombre-soy-un-androgino
Graciassss/lavaca.org/mu47/efecto-noy/
Graciasss/revistaacrobata.com.br/acrobata/traducao/5-poemas-de-fernando-noy/
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