ANTOLOGÍA DE LA POESÍA
HOMOSEXUAL Y CÓSMICA
DE
JULIÁN DEL CASAL
por
Rubén Failde Braña
Selección arquetípica
Fredo Arias de la Canal
Frente de Afirmación
Hispanista, A. C. México 2003
HOMOSEXUAL Y CÓSMICA
DE
JULIÁN DEL CASAL
Rubén Failde Braña
Fredo Arias de la Canal
PROMETEO
Bajo el dosel de gigantesca roca
Yace el Titán, cual Cristo en el Calvario,
Marmóreo, indiferente y solitario,
Sin que brote el gemido de su boca.
Su pie desnudo en el peñasco toca
Donde agoniza un buitre sanguinario
Que ni atrae su ojo visionario
Ni compasión en su ánimo provoca.
Escuchando el hervor de las espumas
Que se deshacen en las altas peñas,
Ve de su redención luces extrañas,
Junto a otro buitre de nevadas plumas,
Negras pupilas y uñas marfileñas
Que ha extinguido la sed en sus entrañas.
(Nieve, 1892)
I
POESÍA HOMOSEXUAL
A un amigo
¿Eres dichoso? Si tu pecho guarda
alguna fibra sana todavía,
reserva el don que mi amistad te envía.
¡El tiempo de apreciarlo nunca tarda!
Mas si cruel destino te acobarda
y tu espíritu, hundido en la agonía,
divorciarse del cuerpo sólo ansía
porque ya nada de la vida aguarda,
abre ese libro de inmortales hojas,
donde el genio más triste de la Tierra
-águila que vivió presa en el lodo-
te enseñará, rimando sus congojas,
todo lo grande que el dolor encierra
y la infinita vanidad de todo.
(Nieve, 1892)
Inquietud
Miseria helada, eclipse de ideales,
de morir joven triste certidumbre,
cadenas de oprobiosa servidumbre,
hedor de las tinieblas sepulcrales.
Centelleo de vívidos puñales
blandidos por ignara muchedumbre,
para arrojamos desde altiva cumbre
hasta el fondo de infectos lodazales;
ante nada mi paso retrocede,
pero aunque todo riesgo desafío,
nada mi corazón perturba tanto,
como pensar que un día darme puede
todo lo que hoy me encanta, amargo hastío,
todo lo que hoy me hastía, dulce encanto.
(Nieve, 1892)
La aparición
Nube fragante y cálida tamiza
el fulgor del palacio de granito,
ónix, pérfido y nácar. Infinito
deleite invade a Herodes. La rojiza
espada fulgurante inmoviliza
hierático el verdugo, y hondo grito
arroja Salomé frente al maldito
espectro que sus miembros paraliza.
Despójase del traje de brocado
y, quedando vestida en un momento,
de oro y perlas, zafiros y rubíes,
huye del precursor decapitado
que esparce en el marmóreo pavimento
lluvia de sangre en gotas carmesíes.
(Nieve, 1892)
El camino de damasco
Lejos brilla el Jordán de anules ondas
que esmalta el sol de lentejuelas de oro,
atravesando las tupidas frondas,
pabellón verde del bronceado toro.
Del majestuoso Líbano en la cumbre
erige su ramaje el cedro altivo,
y del día estival bajo la lumbre
desmaya en los senderos el olivo.
Piafar se escuchan árabes caballos
que, a través de la cálida arboleda,
van levantando sus férreos callos,
en la ancha ruta, opaca polvareda.
Desde el confín de las lejanas costas,
sombreadas por los ásperos nopales,
enjambres purpurinos de langostas
vuelan a los ardientes arenales.
Abrense en las llanuras las cavernas
pobladas de escorpiones encarnados,
y al borde de las límpidas cisternas
embalsaman el aire los granados.
En fogoso corcel de crines blancas,
lomo robusto, refulgente casco,
belfo espumeante y sudorosas ancas,
marcha por el camino de Damasco.
Saulo, elevada su bruñida lanza
que, a los destellos de la luz febea,
mientras el bruto relinchando avanza,
entre nubes de polvo centellea.
Tras las hojas de oscuros olivares
mira de la ciudad los minaretes,
y encima de los negros almenares
ondear los azulados gallardetes.
Súbito, desde lóbrego celaje
que desgarró la luz de hórrido rayo,
oye la voz de célico mensaje,
cae transido de mortal desmayo.
Bajo el corcel ensangrentado rueda,
su lanza estalla con vibrar sonoro
y, a los reflejos de la luz, remeda
sierpe de fuego con escamas de oro.
(Nieve, 1892)
A la castidad
Yo no amo a la mujer, porque en su seno
dura el amor lo que en la rama el fruto,
y mi alma vistió de eterno luto
y en mi cuerpo infiltró mortal veneno.
Ni con voz de ángel o lenguaje obsceno
logra en mí enardecer al torpe bruto,
que si le rinde varonil tributo
agoniza al instante de odio lleno.
¡Oh, blanca castidad! Sé el ígneo faro
que guíe el paso de mi planta inquieta
a través del erial de las pasiones,
y otórgame, en mi horrendo desamparo,
con los dulces ensueños del poeta
la calma de los puros corazones.
(Nieve, 1892)
El hijo espurio
Yo soy el fruto que engendró el hastío
de un padre loco y de una madre obscena
que, a la vida arrojáronme sin pena,
como una piedra en el raudal de un río.
No hay dolor comparable al dolor mío
porque, teniendo el alma de amor llena,
la convicción profunda me envenena
de que está el mundo para mí vacío.
Iguala mi pureza a la del nardo,
mas vivo solitario como un cardo
sin que escuche jamás voces amigas,
y, encontrando las rutas siempre largas,
vierten mis ojos lágrimas amargas
como el jugo que encierran las ortigas.
(Bustos y rimas, 1893)
II
FUEGO
Al mismo
No busques tras el mármol de mi frente
del Ideal la esplendorosa llama
que hacia el templo marmóreo de la fama
encaminó mi paso adolescente;
ni tras el rojo labio sonriente
la paz del corazón de quien te ama,
que entre el verdor de la florida rama
ocúltase la pérfida serpiente.
Despójate de vanas ilusiones,
clava en mi rostro tu mirada fría
como su pico de pájaro en el fruto,
y sólo encontrarás en mis facciones
la indiferencia del que nada ansía
o la fatiga corporal del bruto.
(Nieve, 1892)
Fatuidad póstuma
Cuando yo muera, al borde de mi lecho
quiero ver una hermosa reclinada,
que escuche, con sonrisas en los labios,
la confesión postrera de mis faltas.
Anhelo oír, en vez de hondos gemidos,
tristes ayes, y fúnebres plegarias,
de Byron las estrofas inmortales,
de Mignon la nostálgica romanza.
Haced que junto al féretro se agrupen
las vírgenes más bellas de mi patria,
y que cubran, al son de alegres cantos,
mi luctuoso ataúd de rosas blancas.
Formando luego, perfumada hoguera
arrojad mi cadáver a las llamas,
y no me abandonéis hasta el instante
en que mi cuerpo, bajo formas vagas,
asciende raudo a la celeste altura
donde fije en un tiempo mi esperanza.
Mas si queréis guardar mis pobres restos,
grabad sobre mi tumba estas palabras:
"¡Amó sólo en el mundo la belleza!
¡Que encuentre ahora la verdad su alma!
(Hojas al viento, 1890)
III
CUERPOS CELESTES
Flores
Mi corazón fue un vaso de alabastro
donde creció, fragante y solitaria,
bajo el fulgor purísimo de un astro
una azucena blanca: la plegaria.
Marchita ya esa flor de suave aroma,
cual virgen consumida por la anemia,
hoy en mi corazón su tallo asoma
una adelfa purpúrea: la blasfemia.
(Nieve, 1892)
Vespertino
Pensativo, vagando, entre las ruinas
de las viejas moradas señoriales,
que rodean espesos matorrales
erizados de múltiples espinas,
veo las azuladas golondrinas
llegar a las regiones tropicales,
donde no braman vientos invernales
ni oscurecen el cielo las neblinas.
Pasan después los rudos labradores,
caído el hombro al peso de la azada
en que dejó la tierra impuras huellas;
y mostrando sombríos esplendores,
aparece la noche coronada
con su diadema fúlgida de
estrellas.
(Hojas al viento, 1890)
IV
CUERPOS CELESTES
OJOS-LUZ
Flores de éter
Rey solitario como la
aurora,
rey misterioso como la nieve,
¿en qué mundo tu espíritu mora?
¿Sobre qué cimas sus alas mueve?
¿Vive con diosas en una estrella
como guerrero con sus cautivas,
o está en la tumba -blanca doncella
bajo coronas de siemprevivas?
Aun eras niño, cuando sentías,
como legado de tus mayores,
esas tempranas melancolías
de los espíritus soñadores,
y huyendo lejos de los palacios
donde veías morir tu infancia,
te remontabas a los espacios
en que esparcíase la fragancia
de los ensueños que, hora tras hora,
minando fueron tu vida breve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
Si así tu alma gozar quería
y a otras regiones arrebatarte,
un bajel tuvo; la fantasía;
y un mar espléndido: el mar del arte.
¡Cómo veías sobre sus ondas
temblar las luces de nuevos astros
que te guiaban a los golcondas
donde no hallabas del hombre rastros;
y allí, sintiendo raros deleites,
tu alma encontraba deliquios santos,
como en los tintes de los afeites
las cortesanas frescos encantos!
Por eso mi alma la tuya adora
y recordándola se conmueve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
Colas abiertas de pavos
reales,
róseos flamencos en la arboleda,
fríos crepúsculos matinales,
áureos dragones en roja seda,
verdes luciérnagas en las lilas,
plumas de cisnes alabastrinos,
sonidos vagos de las esquilas,
sobre hombros blancos encajes finos,
vapor de lago dormido en calma,
mirtos fragantes, nupciales tules,
nada más bello fue que tu alma
hecha de vagas nieblas azules,
y que a la mía sólo enamora
de las del siglo décimo nueve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
Aunque sentiste sobre tu
cuna
caer los dones de la existencia
tú no gozaste de dicha alguna
más que en los brazos de la demencia.
Halo llevabas de poesía,
y más que el brillo de tu corona
a los extraños les atraía
lo misterioso de tu persona
que apasionaba nobles mancebos,
porque ostentabas en formas bellas
la gallardía de los efebos
con el recato de las doncellas.
Tedio profundo de la
existencia,
sed de lo extraño que nos tortura,
de viejas razas mortal herencia,
de realidades afrenta impura,
visión sangrienta de la neurosis,
delicuescencia de las pasiones,
entre fulgores de apoteosis
tu alma llevaron a otras regiones,
donde gloriosa ciérnese ahora
y eterna dicha sobre ella llueve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
(Nieve, 1892)
Vestíbulo
Rostro que desafía los
crueles
rigores del destino; frente austera
aureolada de larga cabellera,
donde al mirto se enlazan los laureles.
Creador luminoso como
Apeles,
si en la Grecia inmortal nacido hubiera,
cual dios entre los dioses estuviera
por el sacro poder de sus pinceles.
De su ideal divino a los
fulgores
vive de lo pasado entre las ruinas
resucitando mágicas deidades;
y dormita en sus ojos
soñadores,
como estrella entre brumas opalinas,
la nostalgia febril de otras edades.
(Nieve, 1892)
Bajorrelieve
El joven gladiador yace en
la arena
manchada por la sangre purpurina
que arroja sin cesar la rota vena
de su robusto brazo. Entre neblina
azafranada luce su armadura
como si el sol, dejando sus regiones,
bajado hubiera al redondel. Oscura
la fosa está en que rugen los leones
olfateando la carne. Aglomerada
bulle en torno impaciente muchedumbre
que tiende hacia el mancebo la mirada,
y, de las gradas en la erguida cumbre,
abierto el abanico entre las manos,
ostentan su hermosura las patricias
a los ojos de amantes cortesanos
ávidos de gozar de sus caricias.
Sacudiendo el cansancio del vencido-
"¡Arriba, gladiador! -una voz grita
que para ornar tus sienes han crecido
los laureles del Amo!" -"Necesita
el pueblo -otra voz clama- que al combate
tornes de nuevo y venzas al contrario!"
-" ¡Lidia y triunfa que, a más de tu rescate
-dice el edil- cual don extraordinario,
pondremos en tus manos un tesoro
de sestercios!" -" Si vences todavía,
en mi litera azul, bordada de oro,
juntos iremos por la Sacra Vía"
-murmura una hetaira- "Y en mi lecho
perfumado de mirra -al punto exclama
otra más bella- encima de tu pecho
extinguiré de mi pasión la llama
que en lo interior del alma siento ahora,
CUERPOS CELESTES
OJOS-LUZ
rey misterioso como la nieve,
¿en qué mundo tu espíritu mora?
¿Sobre qué cimas sus alas mueve?
¿Vive con diosas en una estrella
como guerrero con sus cautivas,
o está en la tumba -blanca doncella
bajo coronas de siemprevivas?
Aun eras niño, cuando sentías,
como legado de tus mayores,
esas tempranas melancolías
de los espíritus soñadores,
y huyendo lejos de los palacios
donde veías morir tu infancia,
te remontabas a los espacios
en que esparcíase la fragancia
de los ensueños que, hora tras hora,
minando fueron tu vida breve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
y a otras regiones arrebatarte,
un bajel tuvo; la fantasía;
y un mar espléndido: el mar del arte.
¡Cómo veías sobre sus ondas
temblar las luces de nuevos astros
que te guiaban a los golcondas
donde no hallabas del hombre rastros;
y allí, sintiendo raros deleites,
tu alma encontraba deliquios santos,
como en los tintes de los afeites
las cortesanas frescos encantos!
Por eso mi alma la tuya adora
y recordándola se conmueve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
róseos flamencos en la arboleda,
fríos crepúsculos matinales,
áureos dragones en roja seda,
verdes luciérnagas en las lilas,
plumas de cisnes alabastrinos,
sonidos vagos de las esquilas,
sobre hombros blancos encajes finos,
vapor de lago dormido en calma,
mirtos fragantes, nupciales tules,
nada más bello fue que tu alma
hecha de vagas nieblas azules,
y que a la mía sólo enamora
de las del siglo décimo nueve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
caer los dones de la existencia
tú no gozaste de dicha alguna
más que en los brazos de la demencia.
Halo llevabas de poesía,
y más que el brillo de tu corona
a los extraños les atraía
lo misterioso de tu persona
que apasionaba nobles mancebos,
porque ostentabas en formas bellas
la gallardía de los efebos
con el recato de las doncellas.
sed de lo extraño que nos tortura,
de viejas razas mortal herencia,
de realidades afrenta impura,
visión sangrienta de la neurosis,
delicuescencia de las pasiones,
entre fulgores de apoteosis
tu alma llevaron a otras regiones,
donde gloriosa ciérnese ahora
y eterna dicha sobre ella llueve,
rey solitario como la aurora,
rey misterioso como la nieve.
rigores del destino; frente austera
aureolada de larga cabellera,
donde al mirto se enlazan los laureles.
si en la Grecia inmortal nacido hubiera,
cual dios entre los dioses estuviera
por el sacro poder de sus pinceles.
vive de lo pasado entre las ruinas
resucitando mágicas deidades;
como estrella entre brumas opalinas,
la nostalgia febril de otras edades.
manchada por la sangre purpurina
que arroja sin cesar la rota vena
de su robusto brazo. Entre neblina
azafranada luce su armadura
como si el sol, dejando sus regiones,
bajado hubiera al redondel. Oscura
la fosa está en que rugen los leones
olfateando la carne. Aglomerada
bulle en torno impaciente muchedumbre
que tiende hacia el mancebo la mirada,
y, de las gradas en la erguida cumbre,
abierto el abanico entre las manos,
ostentan su hermosura las patricias
a los ojos de amantes cortesanos
ávidos de gozar de sus caricias.
Sacudiendo el cansancio del vencido-
"¡Arriba, gladiador! -una voz grita
que para ornar tus sienes han crecido
los laureles del Amo!" -"Necesita
el pueblo -otra voz clama- que al combate
tornes de nuevo y venzas al contrario!"
-" ¡Lidia y triunfa que, a más de tu rescate
-dice el edil- cual don extraordinario,
pondremos en tus manos un tesoro
de sestercios!" -" Si vences todavía,
en mi litera azul, bordada de oro,
juntos iremos por la Sacra Vía"
-murmura una hetaira- "Y en mi lecho
perfumado de mirra -al punto exclama
otra más bella- encima de tu pecho
extinguiré de mi pasión la llama
que en lo interior del alma siento ahora,
y, aprisionado por ardientes
lazos,
cuando aparezca la rosada aurora,
ebrio de amor te encontrará en mis brazos".
Al escuchar las voces
agitadas,
levanta el gladiador la mustia frente,
fija en la muchedumbre sus miradas,
muéstrale una sonrisa indiferente
y, desdeñando los placeres vanos
que ofrecen a su alma entristecida,
sepulta la cabeza entre las manos
viendo correr la sangre de su herida.
(Nieve, 1892)
Camafeo
¿Quién no le rinde culto a
tu hermosura
y ante ella de placer no se enajena,
si hay en tu busto líneas de escultura
y hay en tu voz acentos de sirena?
Dentro de tus pupilas
centelleantes,
adonde nunca se asomó un reproche,
llevas el resplandor de los diamantes
y la sombra profunda de la noche.
Hecha ha sido tu boca
purpurina
con la sangre encendida de la fresa,
y tu faz con blancuras de neblina
donde quedó la luz del sol impresa.
Bajo el claro fulgor de tu
mirada
como rayo de sol sobre la onda,
vaga siempre en tu boca perfumada
la sonrisa inmortal de la Gioconda.
Desciende en negros rizos tu
cabello,
lo mismo que las ondas de un torrente,
por las líneas fugaces de tu cuello
y el jaspe sonrosado de tu frente.
Presume el corazón que te
idolatra,
como a una diosa de la antigua Grecia,
que tienes la belleza de Cleopatra
y la virtud heroica de Lucrecia.
Mas no te amo. Tu hermosura
encierra
tan sólo para mí focos de hastío.
¿Podrá haber en los lindes de la Tierra
un corazón tan muerto como el mío?
(Nieve, 1892)
Virgen triste
Tú sueñas con las flores de
otras praderas,
nacidas bajo cielos desconocidos,
al soplo fecundante de primaveras
que, avivando las llamas de tus sentidos,
engendran en tu alma nuevas quimeras.
Hastiada de los goces que el
mundo brinda,
perenne desencanto tus frases hiela;
ante ti no hay coraje que no se rinda
y, siendo aun inocente como Graciela,
pareces tan nefasta como Florinda.
Nada de la existencia tu
ánimo encanta;
quien te habla de placeres tus nervios crispa
y terrores secretos en ti levanta,
como si te acosase tenaz avispa
o brotaran serpientes bajo tu planta.
No hay nadie que contemple
tu gracia excelsa,
que eternizar debiera la voz de un bardo,
sin que sienta en su alma de amor el dardo,
cual lo sintió Lohengrin delante de Elsa
y, al mirar a Eloísa, Pedro Abelardo.
Al roce imperceptible de tus
sandalias
polvo místico dejas en leves huellas,
y entre las adoradas sola descuellas,
pues sin tener fragancia como las dalias
tienes más resplandores que las estrellas.
Viéndote en la baranda de
tus balcones,
de la luna de nácar a los reflejos,
imitas una de esas castas visiones
que, teniendo nostalgia de otras regiones,
ansían de la Tierra volar muy lejos.
Y es que al probar un día
del vino amargo
de la vid de los sueños, tu alma de artista,
huyendo de su siglo materialista,
persigue entre las sombras de hondo letargo
ideales que surgen ante su vista.
¡Ah, yo siempre te adoro
como un hermano,
no sólo porque todo lo juzgas vano
y la expresión celeste de tu belleza,
sino porque en ti veo ya la tristeza
de los seres que deben morir temprano!
(Bustos y rimas, 1893)
cuando aparezca la rosada aurora,
ebrio de amor te encontrará en mis brazos".
levanta el gladiador la mustia frente,
fija en la muchedumbre sus miradas,
muéstrale una sonrisa indiferente
y, desdeñando los placeres vanos
que ofrecen a su alma entristecida,
sepulta la cabeza entre las manos
viendo correr la sangre de su herida.
y ante ella de placer no se enajena,
si hay en tu busto líneas de escultura
y hay en tu voz acentos de sirena?
adonde nunca se asomó un reproche,
llevas el resplandor de los diamantes
y la sombra profunda de la noche.
con la sangre encendida de la fresa,
y tu faz con blancuras de neblina
donde quedó la luz del sol impresa.
como rayo de sol sobre la onda,
vaga siempre en tu boca perfumada
la sonrisa inmortal de la Gioconda.
lo mismo que las ondas de un torrente,
por las líneas fugaces de tu cuello
y el jaspe sonrosado de tu frente.
como a una diosa de la antigua Grecia,
que tienes la belleza de Cleopatra
y la virtud heroica de Lucrecia.
tan sólo para mí focos de hastío.
¿Podrá haber en los lindes de la Tierra
un corazón tan muerto como el mío?
nacidas bajo cielos desconocidos,
al soplo fecundante de primaveras
que, avivando las llamas de tus sentidos,
engendran en tu alma nuevas quimeras.
perenne desencanto tus frases hiela;
ante ti no hay coraje que no se rinda
y, siendo aun inocente como Graciela,
pareces tan nefasta como Florinda.
quien te habla de placeres tus nervios crispa
y terrores secretos en ti levanta,
como si te acosase tenaz avispa
o brotaran serpientes bajo tu planta.
que eternizar debiera la voz de un bardo,
sin que sienta en su alma de amor el dardo,
cual lo sintió Lohengrin delante de Elsa
y, al mirar a Eloísa, Pedro Abelardo.
polvo místico dejas en leves huellas,
y entre las adoradas sola descuellas,
pues sin tener fragancia como las dalias
tienes más resplandores que las estrellas.
de la luna de nácar a los reflejos,
imitas una de esas castas visiones
que, teniendo nostalgia de otras regiones,
ansían de la Tierra volar muy lejos.
de la vid de los sueños, tu alma de artista,
huyendo de su siglo materialista,
persigue entre las sombras de hondo letargo
ideales que surgen ante su vista.
no sólo porque todo lo juzgas vano
y la expresión celeste de tu belleza,
sino porque en ti veo ya la tristeza
de los seres que deben morir temprano!
de ovejas que caminan por el cieno,
entre el fragor horrísono del trueno
y bajo un cielo de color de estaño,
de la insondable eternidad al seno,
sin que me traigan ningún bien terreno
ni siquiera el temor de un mal extraño.
cual pasan por el cielo las estrellas,
y, aunque siempre la última acobarda,
de no verla llegar ya desconfío,
y más me tarda cuanto más la ansío
y más la ansío cuanto más me tarda.
Nihilismo
Voz inefable que a mi
estancia llega
en medio de las sombras de la noche,
por arrastrarme hacia la vida brega
con las dulces cadencias del reproche.
Yo la escucho vibrar en mis
oídos,
como al pie de olorosa enredadera
los gorjeos que salen de los nidos
indiferente escucha herida fiera.
¿A qué llamarme al campo de
combate
con la promesa de terrenos bienes,
si ya mi corazón por nada late
ni oigo la idea martillar mis sienes?
Reservad los laureles de la
fama
para aquellos que fueron mis hermanos;
yo, cual fruto caído de la rama,
aguardo los famélicos gusanos.
Nadie extrañe mis ásperas
querellas:
mi vida, atormentada de rigores,
es un cielo que nunca tuvo estrellas,
es un árbol que nunca tuvo flores.
De todo lo que he amado en
este mundo
guardo, como perenne recompensa,
dentro del corazón, tedio profundo,
dentro del pensamiento, sombra densa.
Amor, patria, familia,
gloria, rango,
sueños de calurosa fantasía;
cual nelumbios abiertos entre el fango
sólo vivisteis en mi alma un día.
Hacia país desconocido
abordo
por el embozo del desdén cubierto:
para todo gemido estoy ya sordo,
para toda sonrisa estoy ya muerto.
en medio de las sombras de la noche,
por arrastrarme hacia la vida brega
con las dulces cadencias del reproche.
como al pie de olorosa enredadera
los gorjeos que salen de los nidos
indiferente escucha herida fiera.
con la promesa de terrenos bienes,
si ya mi corazón por nada late
ni oigo la idea martillar mis sienes?
para aquellos que fueron mis hermanos;
yo, cual fruto caído de la rama,
aguardo los famélicos gusanos.
mi vida, atormentada de rigores,
es un cielo que nunca tuvo estrellas,
es un árbol que nunca tuvo flores.
guardo, como perenne recompensa,
dentro del corazón, tedio profundo,
dentro del pensamiento, sombra densa.
sueños de calurosa fantasía;
cual nelumbios abiertos entre el fango
sólo vivisteis en mi alma un día.
por el embozo del desdén cubierto:
para todo gemido estoy ya sordo,
para toda sonrisa estoy ya muerto.
Siempre el destino mi labor
humilla
o en males deja mi ambición trocada:
donde arroja mi mano una semilla
brota luego una flor emponzoñada.
Ni en retornar la vista
hacia el pasado
goce encuentra mi espíritu abatido:
yo no quiero gozar como he gozado,
yo no quiero sufrir como he sufrido.
Nada del porvenir a mi alma
asombra
y nada del presente juzgo bueno;
si miro al horizonte, todo es sombra,
si me inclino a la tierra, todo es cieno.
Y nunca alcanzaré en mi
desventura
lo que un día mi alma ansiosa quiso:
después de atravesar la selva oscura
Beatriz no ha de mostrarme el Paraíso.
Ansias de aniquilarme sólo
siento
o de vivir en mi eternal pobreza
con mi fiel compañero, el descontento,
y mi pálida novia, la tristeza.
(Bustos y rimas, 1893)
V
CUERPOS CELESTES
OJOS-LUZ-PIEDRA
Crepuscular
Como vientre rajado sangra
el ocaso,
manchando con sus chorros de sangre humeante
de la celeste bóveda el azul raso,
de la mar estañada la onda espejeante.
Alzan sus moles húmedas los
arrecifes
donde el chirrido agudo de las gaviotas,
mezclado a los crujidos de los esquifes,
agujerea el aire de extrañas notas.
Va la sombra extendiendo sus
pabellones,
el horizonte cinta de plata, rodea
y, dejando las brumas hechas jirones,
parece cada faro flor escarlata.
Como ramos que ornaron senos de ondinas
y que surgen nadando de infecto lodo,
vagan sobre las ondas algas marinas
impregnadas de espumas, salitre y yodo.
Abrense las estrellas como
pupilas,
imitan los celajes negruzcas focas
y, extinguiendo las voces de las esquilas,
pasa el viento ladrando sobre las rocas.
(Bustos y Rimas, 1893)
A la belleza
¡Oh, divina belleza! Visión
casta
de incógnito santuario,
yo muero de buscarte por el mundo
sin haberte encontrado.
Nunca te han visto mis inquietos ojos,
pero en el alma guardo
intuición poderosa de la esencia
que anima tus encantos.
Ignoro en qué lenguaje tú me hablas,
pero, en idioma vago,
percibo tus palabras misteriosas
y te envío mis cantos.
Tal vez sobre la Tierra no te encuentre,
pero febril te aguardo,
como el enfermo, en la nocturna sombra,
del sol el primer rayo.
Yo sé que eres más blanca que los cisnes,
más pura que los astros,
fría como las vírgenes y amarga
cual corrosivos ácidos.
Ven a calmar las ansias infinitas
que, como mar airado,
impulsan el esquife de mi alma
hacia país extraño.
Yo sólo ansío, al pie de tus altares,
brindarte en holocausto
la sangre que circula por mis venas
y mis ensueños castos.
En las horas dolientes de la vida
tu protección demando,
como el niño que marcha entre zarzales
tiende al viento los brazos.
Quizás como te sueña mi deseo
estés en mí reinando,
mientras voy persiguiendo por el mundo l
as huellas de tu paso.
Yo te busqué en el fondo de las almas
que el mal no ha mancillado
y surgen del estiércol de la vida
o en males deja mi ambición trocada:
donde arroja mi mano una semilla
brota luego una flor emponzoñada.
goce encuentra mi espíritu abatido:
yo no quiero gozar como he gozado,
yo no quiero sufrir como he sufrido.
y nada del presente juzgo bueno;
si miro al horizonte, todo es sombra,
si me inclino a la tierra, todo es cieno.
lo que un día mi alma ansiosa quiso:
después de atravesar la selva oscura
Beatriz no ha de mostrarme el Paraíso.
o de vivir en mi eternal pobreza
con mi fiel compañero, el descontento,
y mi pálida novia, la tristeza.
CUERPOS CELESTES
OJOS-LUZ-PIEDRA
manchando con sus chorros de sangre humeante
de la celeste bóveda el azul raso,
de la mar estañada la onda espejeante.
donde el chirrido agudo de las gaviotas,
mezclado a los crujidos de los esquifes,
agujerea el aire de extrañas notas.
el horizonte cinta de plata, rodea
y, dejando las brumas hechas jirones,
parece cada faro flor escarlata.
Como ramos que ornaron senos de ondinas
y que surgen nadando de infecto lodo,
vagan sobre las ondas algas marinas
impregnadas de espumas, salitre y yodo.
imitan los celajes negruzcas focas
y, extinguiendo las voces de las esquilas,
pasa el viento ladrando sobre las rocas.
de incógnito santuario,
yo muero de buscarte por el mundo
sin haberte encontrado.
Nunca te han visto mis inquietos ojos,
pero en el alma guardo
intuición poderosa de la esencia
que anima tus encantos.
Ignoro en qué lenguaje tú me hablas,
pero, en idioma vago,
percibo tus palabras misteriosas
y te envío mis cantos.
Tal vez sobre la Tierra no te encuentre,
pero febril te aguardo,
como el enfermo, en la nocturna sombra,
del sol el primer rayo.
Yo sé que eres más blanca que los cisnes,
más pura que los astros,
fría como las vírgenes y amarga
cual corrosivos ácidos.
Ven a calmar las ansias infinitas
que, como mar airado,
impulsan el esquife de mi alma
hacia país extraño.
Yo sólo ansío, al pie de tus altares,
brindarte en holocausto
la sangre que circula por mis venas
y mis ensueños castos.
En las horas dolientes de la vida
tu protección demando,
como el niño que marcha entre zarzales
tiende al viento los brazos.
Quizás como te sueña mi deseo
estés en mí reinando,
mientras voy persiguiendo por el mundo l
as huellas de tu paso.
Yo te busqué en el fondo de las almas
que el mal no ha mancillado
y surgen del estiércol de la vida
cual lirios de un pantano.
En el seno tranquilo de la ciencia
que, cual tumba de mármol,
guarda tras la bruñida superficie
podredumbre y gusanos.
En brazos de la gran naturaleza,
de los que hui temblando
cual del regazo de la madre infame
huye el niño azorado.
En la infinita calma que se aspira
en los templos cristianos
como el aroma sacro del incienso
en ardiente incensario.
En las ruinas humeantes de los siglos,
del dolor en los antros
y en el fulgor que irradian las proezas
del heroísmo humano.
Ascendiendo del arte a las regiones
sólo encontré tus rasgos
de un pintor en los lienzos inmortales
y en las rimas de un bardo.
Mas como nunca en mi áspero sendero
cual te soñé te hallo,
moriré de buscarte por el mundo
sin haberte encontrado.
(Bustos y rimas,
1893)
ÍNDICE
Prometeo
.................................... 3
Julián del Casal o la
búsqueda de la belleza
Rubén Failde Braña ............................ 5
I POESÍA HOMOSEXUAL
Aun amigo .................................. 13
Inquietud ................................... 14
La aparición ............................... 15
El camino de Damasco ........................ 16
A la castidad ................................. 18
El hijo espurio ............................... 19
II FUEGO
Al mismo ................................... 23
Fatuidad póstuma ............................. 24
III CUERPOS CELESTES
Flores ...................................... 27
Vespertino .................................. 28
IV CUERPOS CELESTES OJOS-LUZ
Flores de éter ................................ 31
Vestíbulo ................................... 34
Bajorrelieve .................................. 35
Camafeo ............... ................... 37
Virgen triste .................. ............. 39
Las horas ................................... 41
Nihilismo ................................... 42
V CUERPOS CELESTES
OJOS-LUZ-PIEDRA
Crepuscular ................................. 47
A la belleza ................................. 48
En el seno tranquilo de la ciencia
que, cual tumba de mármol,
guarda tras la bruñida superficie
podredumbre y gusanos.
En brazos de la gran naturaleza,
de los que hui temblando
cual del regazo de la madre infame
huye el niño azorado.
En la infinita calma que se aspira
en los templos cristianos
como el aroma sacro del incienso
en ardiente incensario.
En las ruinas humeantes de los siglos,
del dolor en los antros
y en el fulgor que irradian las proezas
del heroísmo humano.
Ascendiendo del arte a las regiones
sólo encontré tus rasgos
de un pintor en los lienzos inmortales
y en las rimas de un bardo.
Mas como nunca en mi áspero sendero
cual te soñé te hallo,
moriré de buscarte por el mundo
sin haberte encontrado.
Rubén Failde Braña ............................ 5
Aun amigo .................................. 13
Inquietud ................................... 14
La aparición ............................... 15
El camino de Damasco ........................ 16
A la castidad ................................. 18
El hijo espurio ............................... 19
Al mismo ................................... 23
Fatuidad póstuma ............................. 24
Flores ...................................... 27
Vespertino .................................. 28
Flores de éter ................................ 31
Vestíbulo ................................... 34
Bajorrelieve .................................. 35
Camafeo ............... ................... 37
Virgen triste .................. ............. 39
Las horas ................................... 41
Nihilismo ................................... 42
OJOS-LUZ-PIEDRA
Crepuscular ................................. 47
A la belleza ................................. 48
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