Qué era,
entonces, la belleza
un hilo que me ataba la
mirada
a lo que habías visto
a lo que habías querido.
Qué era, entonces,un hilo
que anudaba la fidelidad
el plan para atarnos con certeza
no volarnos en el viento del espacio
porque la especie es frágil
porque las tribus están amenazadas
el fuego arrecia.
La belleza era estar una a otro
todos anudados, el hilo de entrenos
en cada sitio, un lazo tremendo
de una en otra, qué era, todos, la belleza.
Ahora estoy acá, lejano del origen
el borde en las plantas de los pies
(todo raspa en este lugar, qué hermosura)
parado en esta sombra que es la experiencia
después de tanta lealtad, un poco cansado
animado, un poco,
al planeta
aterrado porque al fin soy de la Tierra.
Qué será, entonces, para mí,
la belleza.
*
En esta casa no hay nada
no hay alces olisqueando el rastro
ni los fusiles humeantes de la cristiandad.
En este cuarto no hay nada
ni la cama horizontal de los ancestros
ni la puerta al bosque áureo
al que estamos obligados.
En esta casa no hay pájaros
enjaulados ni una mesa
donde estudiar la materia
el machacar de los maestros
que creen que en la casa de los niños
hay gigantes que velan por el sueño
y compran cartucheras.
Pero hay en las paredes de esta casa
dos ventanas como herencia para toda suerte
y que el viento sople sus tifones
al oscuro pensamiento del que cree.
Que el alce vuelva a olisquear su rastro
que el fusil humee a su propio dios
que el tac, de la pezuña en el mármol del umbral
despierte a todos los panteones:
¡fuera de esta casa!
Bienvenidos.
a lo que habías visto
a lo que habías querido.
Qué era, entonces,un hilo
que anudaba la fidelidad
el plan para atarnos con certeza
no volarnos en el viento del espacio
porque la especie es frágil
porque las tribus están amenazadas
el fuego arrecia.
La belleza era estar una a otro
todos anudados, el hilo de entrenos
en cada sitio, un lazo tremendo
de una en otra, qué era, todos, la belleza.
Ahora estoy acá, lejano del origen
el borde en las plantas de los pies
(todo raspa en este lugar, qué hermosura)
parado en esta sombra que es la experiencia
después de tanta lealtad, un poco cansado
animado, un poco,
al planeta
aterrado porque al fin soy de la Tierra.
Qué será, entonces, para mí,
la belleza.
*
En esta casa no hay nada
no hay alces olisqueando el rastro
ni los fusiles humeantes de la cristiandad.
En este cuarto no hay nada
ni la cama horizontal de los ancestros
ni la puerta al bosque áureo
al que estamos obligados.
En esta casa no hay pájaros
enjaulados ni una mesa
donde estudiar la materia
el machacar de los maestros
que creen que en la casa de los niños
hay gigantes que velan por el sueño
y compran cartucheras.
Pero hay en las paredes de esta casa
dos ventanas como herencia para toda suerte
y que el viento sople sus tifones
al oscuro pensamiento del que cree.
Que el alce vuelva a olisquear su rastro
que el fusil humee a su propio dios
que el tac, de la pezuña en el mármol del umbral
despierte a todos los panteones:
¡fuera de esta casa!
Bienvenidos.
*
Trato de escribir pero el poema
reviene de a golpes oscuros
en tumbos imprecisos
queda en la mesa
como las migas de un desayuno
devorado por otro.
Trato —porque se trata—
de escribir lo que está por detrás
del edificio pero el poema
es grácil, su silueta exigua
y mis palabras alfileres romos
incapaces de atrapar la mariposa.
Trato de escribir el poema
pero es a tientas que subo
para ver la costa desde el promontorio
y la línea del planeta sometido
por los mares se entrecorta
como un verso demasiado
trabajado.
Trato de sentarme
en una silla, trato
de acostarme en una cama,
trato de pisar el mundo con las plantas
pero son los ojos
los que huyen de la Tierra
y me dejan en la nube cenagosa.
La prolijidad tiene los cupos
cubiertos de poetas, yo fracaso.
Quiero el edificio detrás,
el edificio detrás,
de esa mole que cae.
*
Trato de escribir pero el poema
reviene de a golpes oscuros
en tumbos imprecisos
queda en la mesa
como las migas de un desayuno
devorado por otro.
Trato —porque se trata—
de escribir lo que está por detrás
del edificio pero el poema
es grácil, su silueta exigua
y mis palabras alfileres romos
incapaces de atrapar la mariposa.
Trato de escribir el poema
pero es a tientas que subo
para ver la costa desde el promontorio
y la línea del planeta sometido
por los mares se entrecorta
como un verso demasiado
trabajado.
Trato de sentarme
en una silla, trato
de acostarme en una cama,
trato de pisar el mundo con las plantas
pero son los ojos
los que huyen de la Tierra
y me dejan en la nube cenagosa.
La prolijidad tiene los cupos
cubiertos de poetas, yo fracaso.
Quiero el edificio detrás,
el edificio detrás,
de esa mole que cae.
*
Este año vi un mamut,
los ojos, estos ojos, proyectaron
el suceso extraordinario.
En uno de los días entre estos doce meses,
una tarde para ser exacto,
pude acercarme a mirarlo tanto
como puede acercarse uno
a ver un prodigio que sucede entre las capas del aire
con retinas que no son propias
pero son comunes.
Vi un mamut, este año,
se hizo ante mí como un instante
que cambió el derrotero porque el tiempo
también es un ancla,
una quilla,
un punto de encaje.
Mientras miraba al cielo para ver
los anillos de Saturno llenos de cristales
llenos del hielo diminuto que siempre le supe al espacio
sucedió el hecho común, extraordinario:
todos los hombres, una vez
asisten al lomo acompasado de la naturaleza
más verde, más agria y más amarga,
el instante es personal, de los propios ojos,
lo que en verdad sucede es un misterio,
olas de destino común en el vaivén
de un mar inmaterial.
Yo vi un mamut,
una marea de noctilucas cayendo
en todas direcciones desde todas direcciones,
los varones y las mujeres y la Historia
completa y natural y salvaje
cayendo en todas direcciones
desde todas direcciones en mí,
todas las mujeres y todos los varones
y la Historia que pude percibir en un instante,
soy yo, no soy yo
es esta interrupción del sueño
es la aparición portentosa del mamut
es,
ahora sí,
la soledad,
un hombre con los pies en el planeta
suelto de toda la materialidad de su historia
con la extinción del mamut detrás de su espalda.
La soledad,
el hecho extraordinario.
*
a Sonia Scarabelli
Voy a dejar una cosa acá
para que madure su carne,
creo que quedó en mi mano
cuando vadeaba el río
cerca de la orilla,
creo que es el esqueleto de un pez
con una cabellera de algas mal encajada
o una estrella extraña
o una botella de plástico
esmerilada por el uso de las olas.
Voy a dejar acá esta carne
para que se oree
para que encuentre su punto justo de maduración
entre el rayo que la partió
y el sacudón que le entreví
¡está viva, congéneres!,
miré a los ojos
mientras la culebra vital
se escurría a otra cosa.
Voy a dejar este poema acá
porque la mano se me enredó
en lo que expulsa el río
porque ya no lo tolera, porque no es
líquido, ni nadie sabe qué
cómo, para qué, por qué estoy llorando,
es algo suntuoso, es pobre,
creo que solamente el esqueleto de un pez
que brilla según cambia el idioma del día.
Voy a dejar este poema acá
porque una vez estuvo vivo.
*
Julián López.
Foto de Katya Adaui.
Una señora grande en el balcón de enfrente
llama en el aire a algo que no identifico,
la señora mueve la mano como invitando
(tal vez a los fantasmas que ven los viejos).
Lo que alcanzo a ver es aire y a la mujer
que sonríe con entusiasmo. Pienso en la vejez,
en el aire atravesado de mundos infinitos
mundos no visibles a miradas torvas
urbes que existen sin esperanza
sin desesperanza,
pero dejo de pensar:
la señora retrae la mano, retrae la sonrisa
levanta el campamento de su estadía en el balcón.
Parece resignada,
vuelvo a pensar en la vejez
en la angurria del aire y sus múltiples sistemas
cuando la señora se da vuelta
veo al colibrí que llega, con un poco de retraso, es cierto.
Veo al colibrí
la espalda de la señora en el balcón
de enfrente mientras se retrae y todos los banderines
de las carpas que dispuso caen laxos
como arropando sus mástiles imberbes,
cada uno junto a su compañero en el campo de batalla
después del esplendor de haber creído
que ganarle al espacio sideral era posible.
Pienso en la vejez y pienso en la juventud y veo
entonces el programa que nunca pasan
en la National Geographic:
el colibrí también se impacienta
también se decepciona, también se retrae
con toda la arquitectura que despliega en el aire
alrededor (unas ciudades hechas con jirones de envión,
con vientos pequeños y particulares, ciudades donde
adoran a las plumas). El colibrí emprende la retirada
vuelve a perderse en el aire con sus mil
batidas por segundo y pronto se desentiende
desaparece de escena.
Justo cuando la señora percibe que el invitado
tal vez esté llegando, con un poco de retraso, es cierto,
y empieza, otra vez, a darse vuelta.
(Meteoro, 2020)
Portada: JL. Foto: Cleo Bouza.
Graciasss/eternacadencia.com.ar/blog/dos-poemas-de-julian-lopez
Graciasss/tridentepoesia.wordpress.com/julian-lopez-tres-poemas/
Graciasss/www.revistaotraparte.com/literatura-argentina/meteoro/
Graciasss/poetasaltuntun.blogspot.com/2018/10/julian-lopez
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