LEDA VALLADARES


 
Convocación de las sombras
 
Proclamar la noche
tenerla
gozar lo desconocido
saber somos orgullosos y tristes
que si nadie nos ha mirado dormir
tenemos ese orgullo de ser suaves
seriamente dulces en el sueño.
Y perdonarnos el alma si se duerme.
Y darse cuenta
ahondar el oído
poner acero, desesperación, dulce pasividad.
Saber que somos de tristeza
que pedimos que no acabe el rumor
que nos cedan las noches
los pequeños llantos y las alegrías.
Saber tanto sin saber
y apretarnos las manos
porque hay culpabilidad en estar vivo
en callar
en entender
en sentir con furor
con mansedumbre gravemente humana.
 
 
Te escucho entre lo que nunca muere
 
Primero ha sido tu alma y después el principio
tu huella sobre el verbo y la humedad del mundo.
Después se ha hecho tu sonrisa
desenlazada, libre como túnica de pájaro.
Y no sé cómo ha crecido tu voz.
Emanación de tacto hondo y persistente
sonido de sollozo maravillando al silencio
tramándose en el presagio.
Has advenido y no sé cómo nombrarte
indicio de cielo
estrépito invisible
presencia.
 

Lento
 
Hacia el modo de lo triste te me vas alma
hacia lo susceptible y desnudo
demasiado grave
como en despedida
como en silencio de niña entrecortada y oscura
dolorosamente rara
pareciéndote a la congoja
y al olor penumbroso de mis manos.
 
 
Ojos de la poesía
 
No he dicho aún por qué nace tu mirada
en qué se nutre para derramar lo extraño
para encender el secreto del mundo.
Ah, tus ojos
espacios de soledad.
De alma, tenebrosos
y translúcidos en el desasosiego.
Están amenazando al universo
y son solos.
Reconcentran pasión
como en venganzas
y se oye algo que sube y ordena
algo que ejecuta tinieblas
y mortificaciones.
Son de lo recóndito y desmedido.
Por estremecerse en soberbias
se apartan lejanos
como si desearan crepúsculos
absortos labios y desdenes.
No he dicho aún por qué existen tan míos
tan rotundos en su angustia.
No he dicho aún si se llaman llanto o abismo.
 
(Se llaman llanto o abismo, 1944)


Sobre un inmóvil fondo
alzo mi risa.
Risa de vivir porque sí.
En tambores lanzo agonía,
paroxismo que me corrompe.
Y tocando el furioso y lúgubre ritmo
viene el hermoso a escucharme
y el demonio a morder su vientre.
Para embrutecerme es que canto,
para oírme las raíces.
No dirían que estoy loca
pero yo sé que estoy, de sombras y espejos,
de escuchar el latido de las cosas.
Estáis hablando de la vida.
Pero escuchad las campanas,
el sol de la siesta;
oíd esas puertas moviendo el aire,
¿acaso no apestan a muerte?
Nada más sarcástico que el sol.
Y meted el rostro entre las manos,
mirad detrás de un vidrio,
poned el cuerpo en la ventana,
¿queréis algo más para sentir este horror de vivir?
 
*

Ay terrestres,
dulces y nefastas criaturas del olvido,
oíd mi despedida,
mirad:
aquí alzo mi mano,
aquí toda digo adiós,
para quedarme.
Adiós quiero decir
como lo dice el viento.
Adiós.
Por llevarme la altivez de la distancia,
por alzarme solitaria entre las cosas
y decir únicamente:
no sé si volveré.
Quiero ser aquella ausente
la que huye por prenderse a lo eterno
por ser un rostro más soñado
volviéndose prohibido.
Y no puedo contener esta sonrisa del adiós:
vértigo del mundo a quien provoco en despedidas.
Libre vestidura de mujer.
 
(Yacencia, 1954)
 

Pacto con la vida
 
Vengo de pactar con la luz del día,
con los sopores tibios de la siesta.
He jurado abrir todas mis ventanas
y dejarme estar en la dulce siesta.

Yo prometo en el rito de la vida
quedarme en lo profundo y estar quieta;
Gozarla lentamente como un clima
sentada bajo el marco de su puerta.

La vida es más que luto o alegría
perpetuamente vida y sólo vida;
alfilerazo, aroma, resplandor
que se mete en la sangre y la desquicia.

No son hechos, lugares ni personas
los que me han puesto pensativa.
Es la diaria filtración del misterio
y su tatuaje hirviente en carne viva.

Me colma andar bajo la luz celeste,
ser cómplice del cielo que me mira.
No hay sombra que me nuble el corazón
si estoy enamorada de la vida.
 
*
 
Cuando la pena irrumpe,
cuando instala su sordo estampido de agujero
es fácil morirse de un sollozo,
de un navajazo de agua honda.
Es fácil hocicar en la locura
hasta salirse de las venas.
La pena majestuosa,
la de andar a pie
con el cuerpo a duras penas y el adentro
saca un llanto puntiagudo,
un grito que se cuaja en la tiniebla.
Pena secreta y ulcerante,
penosa penuria de existir como alma en pena,
con una pesantez de pena por la sangre,
de droga triste enamorada de la muerte.
 
 
Sola mi alma
 
Sentada,
con el alma en bocacalle,
sola mi alma en el medio de la vida
me he puesto a existir.
 
Eterna,
como un ruido de hojas,
de ramas chocándose en el viento.
Enorme, de haber mirado el cielo.
 
Eterna,
solo puedo acordarme de la lluvia,
gota a gota.
Enorme, solo puedo acordarme del amor.
 
(Camalma, 1971)
 

Infinito
 
Creí que el infinito era furia,
desaforada locura,
pero es solo un temblor.
Un presagio de cuerpo,
un alfiler de ojos,
de risa embriagada en lo humano.
Creí que era espacio eterno
pero es solo tu sombra en la arena.
Como un relámpágo prohibido.
puede ser tu mirada en mis labios.
Tu voz en mi corazón.
El infinito sucede en tus ojos
entre dos miradas que se tiemblan.
Sucede en quietísima alarma,
en imposible beso.
Y me deja en aristas,
me pone punta de acero
si viene, helado de alma, a mirarme.
y de un desastre llamado amor.
 
 
Oír la brisa
 
Los sauces la inventan lentamente
para un aire enamorado.
¿Quién la oye entre las hojas?
Oír la brisa es dulzura en ramas.
Si la sigues Dios te envuelve.
Por la noche los pájaros sueñan sus burbujas,
suaves maravillas de los cielos.
La divina anunciará la luz
y sus mundos transparentes.
Entonces la mirada tendrá brisa,
brisa de ángel y de estrella.
Habrá destellos en las fuentes,
luz secreta y ventilada.
Radiaciones de árbol milenario,
miradas siderales en las tardes.
Entre nimbos y fulgores
será el oír la brisa.
Brisa de alma en la tierra y en los cielos.
 
 
Mano de la ansiedad
 
Hay que exigirle al cielo
hay que vigilar golpeando a las sombras
hay que estremecer a lo eterno
gimiendo, tocando lo feroz.
Se necesita súbita el alma
el criterio del árbol
y la avidez.
De lo entreabierto somos
de lo sagaz.
Un agitado sueño y penumbra
un ardor que vence
que se lastima
que no acaba de exhalar.
Se necesita la emanación y el delirio
la inesperada delicia
y un dolor cruel
en desolada tiniebla y horror.
 
(El latido de las cosas, 2025)
 
Graciasss/escuchara.com.ar/con-esta-boca-en-este-mundo-el-latido-de-las-cosas/
Graciasss/blogcantico.wordpress.com/2016/10/31/leda-valladares/
Graciasss/filo.unt.edu.ar/2025/09/17/carton-de-poesia-siglo-xxi-033/
Graciasss/caminarporlaplaya.wordpress.com/pacto-con-la-vida-leda-valladares/


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