MARTA DILLON


 
Pero la intensidad es un vicio
 
-Es un vicio, siempre.
 
Recuadro:
Como una amazona monté
a horcajadas de mi yegua
El pelo suelto, mi arco tenso
La costura radiante en el pecho
Arremetí y no dañé
mi filo era de goma
el galope de paja
la cicatriz una herida
escupió agua
Esto es lo desgastante de la guerra
se hace de episodios
que nunca te saca
de la boca el gusto a tierra
justo cuando creías
ser la enterradora
 
*
 
Un ejercicio de reconocimiento
me lo impongo Escarbo Aparece
el ideograma en su frente mientras el mar
golpea en la ventana a mi derecha.
Busco un resto, no un recuerdo
Un resto guarda las capas
del tiempo del que es testigo
un trozo duro entre las cenizas
de los calendarios que quemamos
Sabe lo que yo no.
Lo que se ama siempre está en fuga
aunque me lime las uñas y robe
un pedazo de piel Araño
algo que se ve apenas
emitido el primer jadeo.
Mi cuerpo conoce la punta
del ovillo que empieza a desmadejarse
y tira de unos hilos que tensan
la punta del pelo se llevan
los dedos de los pies como garras
las costillas arqueadas el olvido
hecho agua la tensión una ola
Maleable
Una cuerda musical reverbera
el deseo busca el final
tanto como pretende detenerlo
Qué inclemente es la intensidad
su filo es capaz de vaciarlo todo
la piel como un traje los órganos
vueltos carne molida
brea sobre el asfalto bajo el sol
que arde en verano
Esa materia no va a separarse entera
 
*
 
Un día cerré la puerta
la llave dejó de funcionar
Era primavera volaban en el aire
mis cosas mis rutinas el surco de mis pasos
frente al hogar el nombre que tenía
fuera de la casa
los jazmines deshojados antes
de la sed del verano
motas en el último rayo de luz
que cruzó la bisagra
No lloré, ahorré
todas las lágrimas que iba a dilapidar
Cargué despojo la ropa que pedía la estación
No sabía
iba al destierro
Yo, desaparecida
Ni sillones ni palabras ni graznido de la violencia
ni el vaso bien agarrado para escalar todos los días
la misma cuesta por la que me desbarrancaba Antes
había lustrado los barrotes de la reja alimentado esa ficción
pero no a ella
le hice creer que podía
tapar un abismo con el dedo
en la llaga
Fui nadie
la impotente
de un día para el otro Nadie, ni la madre
del hijo en común Ninguna
cómplice
Nada
Un cuarto sin señales donde una ventana de noche
golpeaba aluminio sobre ladrillo lacerando
el poco sueño que conciliaba
Todas las heridas una sola
la piel helada ardida en el desierto
de una cama individual Era una perra
perdida de la mano que teme y desea
Yo había hecho una casa en el pantano
de la furia y el terror
 
a que se hunda
 
(La intensidad, 2021)


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