Helado cuerpo muerto, Hamlet,
mi hijo, déjame partir; el descanso
que pido no puede ser compensado
con el abandono, pero ya ves, no
me fui, sigo fiel a la sombra que
habitamos los dos, y no hay lugar para
ambos, y alguien debe partir. No sé
por qué, pero la muerte hace todo
más real. ¿Seré yo el que te absorbe?
¿El que vivo o muerto contamina
tu corazón y tus pensamientos con estas
formas inútiles, y espera la noche
para verte, para estar con vos? Lo único
real es mi cuerpo, y ya no lo tengo.
De Horacio a Hamlet
Te amo, pero no te deseo, y sin embargo
haría cualquier cosa por vos,
no porque me obligaras sino porque
desde antes yo he sido algo tuyo.
Pero no es cierto que necesite de este
cuerpo, algo obeso, cansado de pelear,
para atenuar esa apatía, esa pena.
Igual no importa, sos más puro que yo
al entregarte, al decirme esto,
en el momento de morir...M i amor
es tosco ante la sutileza del tuyo,
y acaso también destile su acritud, su
veneno. ¿Es fría la muerte? No temas,
mi cuerpo te dará su calor.
Tormentoso...
Tormentoso es yacer
en un cuerpo, pero más tormentoso
es contemplarlo, esperar
la hora. No recurrir, ni
en el último instante, a Dios.
Sola...
Sola como yo y tan casta
que mi deseo no bastaba y cargué
con el tuyo, sin saber lo que hacía,
porque yo era un muchacho ciego de amor
que por otro vivía, buscaba su agua
en el desierto.
Leyes...
Leyes de la materia: irse, volver,
ceder a la presión de unos labios, al sueño,
sin que esto signifique debilidad,
pérdida de fe o destrucción.
Madre...
Madre, cuando te vayas
yo me iré. Es inútil que me digan
quedate entre nosotros,
porque nada se quedaría,
nada tendría sentido después,
ni la noche ni el frío.
Tal vez...
Tal vez no pude elegir
y era solamente promesa de vos,
una parte de vos que te contemplaría
siempre, el mal como una herencia
milagrosa, y en mí en cambio
no comprendías nada,
sólo la esencia de tu corazón que iba
y venía por la casa flotante
en la que éramos
dos niñas o dos niños, como vos
quieras: huérfanos.
(de fiel a una sombra, 2001)
1.
He dado el paso
He dado el paso
más importante de toda mi vida:
he roto con mi madre y he caído en tus brazos.
Romper y caer
y caer y caer, así de simple.
Ahora que el mundo se abre y mi casa
la que he cultivado desde que soy un niño
se cierra.
Guardo en una caja de mentira
los juguetes que he fabricado
de verdad, a lo largo del tiempo, para escapar
del tiempo.
Hoy que mi madre se muere de indignación
por verme caer
con todo el peso de mi cuerpo
en tus brazos, y es simple la caída
y por momentos dulce
y menos dolorosa de lo que imaginaba.
2.
Dormís bajo un puente
Dormís bajo un puente.
Las estrellas (cuando hay estrellas)
te espían desde lo alto
y alguna baja hasta tu corazón
y te arropa y te canta una canción
de cuna para que sea ligero tu sueño,
para que la injusticia de este mundo
sea compensada de alguna manera
y ruego, ruego
desde mi casa pequeña
(pero casa al fin)
para que el ruido de los autos
pase de largo y nunca te despierte
y si no pudiendo evitarlo, te despierta
tengas un cigarrillo a mano y puedas fumar
a gusto, mirando la noche
como miramos la noche
todos los que nos sentimos solos
y desamparados alguna vez.
3.
Una calle vacía y árboles
Una calle vacía y árboles
que se bambolean en silencio
de un lado para el otro, como vos y yo,
pero cuando pasás el brazo
alrededor de mi hombro
y oprimís suavemente con tus dedos
mi nuca... algo cambia.
Atrás quedaron nuestras casas
(pero es que teníamos alguna casa?)
y nuestros sueños (¿teníamos
algún sueño?) y entramos en un bar y allí mismo,
bajo la luz horrible de los tubos fluorescentes,
bebemos y brindamos por la belleza
incomparable de nuestro naufragio.
Bebemos y brindamos
bajo la mirada reacia de los policías
que no ven más allá de sus propias narices
y que te llevan preso por cualquier cosa
y nunca se dan cuenta nunca...
que la pureza lo resiste todo,
como tus ojos, Rafa, que lo vieron todo
y son tan puros.
4.
A veces creo que llegó el fin del mundo
A veces creo que llegó el fin del mundo
y mientras esperamos la resolución
de quién será el elegido
para entrar al paraíso y quién no, mi amigo
de lo más impaciente, me dice:
— Leo, no aguanto más. Todo ese chamuyo
de la mentira y la verdad
de lo bueno y lo malo, me tiene harto
y ya no aguanto más. («Pero Rafa...»)
Vayamos a escabiar, Leo — me dice —
y hagamos el amor, y después escabiemos
y miremos la tele tirados en la cama.
Miremos la tristeza infinita de King Kong
cayendo desde la torre más alta
hasta el fondo de un precipicio,
y hagamos el amor y escabiemos,
y escabiemos y hagamos el amor
— cual un bello Catulo de 19 años
que no tiene la menor idea de quién es Catulo,
y ni falta que hace
6.
Ese colchoncito roñoso
Ese colchoncito roñoso
que es ahora tu cama, tu casa
bajo el puente.
Desde que me llevaste para verlo,
me guiaste con tu mano curtida
hasta ese rincón del mundo, olvidado
del mundo, con sus respectivas estrellas
(lejanas y tan cercanas a la vez.) Bueno,
desde que me mostraste eso
y me dijiste: — Sentate, Leo, esta es mi casa,
y sonriente me hiciste un lugar al lado tuyo...
supe que no estaba perdido,
o en todo caso
estar perdido era lo mismo y era tan hermoso
como haberte encontrado.
Yo mismo, sin ir más lejos, me encontré
como una pulga que despierta de su sueño
y se da cuenta enseguida de todo
y piensa: Era justito
Así el aciago cariño se deslumbra y ve
lo que un muchacho siente
a cierta altura de la vida, por otro.
En este caso vos, Rafa, mi niño
en cuyo desamparo
encuentra un poco de amparo mi soledad.
(Ni la noche ni el frío, 2012)
Es la mecánica del paraíso:
mostrarse e irse
para que no tengamos miedo de él.
Nuestro pecado (si existiera tal cosa)
es no quedarnos
hasta último momento.
No aceptar que la dicha sea
eso, apenas eso.
Pensar, a cierta hora,
que una palabra puede ser
un puente, y pensarlo con seriedad.
*
Mire donde mire soy otro.
Sopló el viento durante la noche.
Cuajaron las flores del verano.
Mi casa decayó también, rodó
como una piedrecita por la pendiente.
Ahora me despierto, despierto aquí, cerré
los ojos para la mudanza.
*
Como el agua de lluvia que juntábamos
en un fuentón para lavarnos el pelo,
seguro que en algún lugar cayeron
muchas lágrimas, y alquien también
las juntó, o cayeron y cayeron hasta formar
un charco, un río, en el que se lavaron
los niños que conocieron el sexo
primero, y no el amor, y después
confundieron las dos cosas, y el charco,
el río no se secó nunca, y el cuerpo
lavado en esa agua, dicen, no crece
nunca, misterioso como las flores.
(Única luz del mundo, 2019)
El poeta viejo
Soy ese chico
de nueve años, que un día
se calló para siempre.
Escribir no es hablar, es
tender una cuerda
silenciosa. Es irse a otro
país --ni oscuro ni luminoso--
lejos. Es morir y resucitar
al tercer día. Es vivir de otro
modo. Ahora que ya cumplo
60, escribo como si
no hubiera escrito una sola
palabra nunca. Descubro
cielos, pozos encantados
en la cocina, mientras revuelvo
la comida o caliento el café.
Si antes estuve solo, ya
no lo estoy. Escribo para mí.
Alegre, aunque esté triste.
O al revés. Ser niño fue algo
hermoso (todavía lo es).
Ser joven, lo mismo. Pero
déjenme con mis años
finales, los poemas finales,
como quien regresa
de un largo viaje
(o no tan largo) pero
regresa. Como quien
al cerrar los ojos, los abre
y piensa “Es la primera vez
que algo así, tan
extraordinario, ocurre". Y
apenas lo dice, ya pasó.
Flash
Que llegue un día, un día, un simple
muchacho que me quiera. No pido
más que eso. Ni mares ni estrellas
ni abismos ni fortunas. Sólo su sonrisa
de rufián esperándome en el café
de la esquina. Sé bien que tanta literatura
no me ayuda. Que vivo en un mar
de engaños. Que estoy más cerca
de la luna que de sus ojos. Pero Señor,
sé bueno conmigo. Que un día al darme
vuelta sobre la cama me tope con su
cuello, o con el dedo gordo de su pie
--el más solitario de todos. No pido
la fantasía de un chico eterno, no... ya no.
Apenas el relámpago de su voz diciéndome
no sé, cualquier pavada por teléfono.
La canción más linda del mundo
Anoche mamá se me apareció
en un sueño. Alegre como una muchacha
de veinte, y ya había pasado los setenta.
Me dijo: Vine a decirte que estoy bien.
Que los muertos no nos pasamos
la eternidad echados panza arriba
mirando la noche. Que trabajamos
mucho, me dijo, para que allá en
la tierra no falte el pan, ni un techo
digno, para los que menos tienen.
Y donde se abre un corazón herido,
ahí estamos, para barrer la oscuridad.
Yo ya no limpio casas, mugre ajena, para
sobrevivir, pero abro todos los días
una cocina de luz donde amasamos
el pan. Es que en el cielo no hay injusticias.
Se terminó. Acá en el Cielo somos todos
peronistas, Os. Creeme. Ni los ricos ni los gorilas,
como dice la profecía, entran. Sólo los de buen
corazón. Los de buen corazón… repetía
mi mamá. La voz amplificada, como en una
película de Leonardo Fabio. Qué hermoso
todo lo que me decís, mamá. Qué hermoso.
Le decía yo, llorando. Que hermoso. Pero no
llores, me decía ella. Pronto voy a volver.
Ahora tengo que hacer unos guisitos para
los chicos del barrio. Y vos sabés que hago
unos guisos fabulosos. Si mamá, siempre
me acuerdo de tus guisitos, le decía yo
a mi mamá, llorando, mientras ella
cruzaba el cielo a toda velocidad, cantando,
como no podía ser de otro modo, la marcha
peronista. La canción más linda del mundo,
según Dios y según mi mamá, que picaba
la cebolla y cantaba, cantaba, como una loca,
todos unidos triunfaremos, muerta de risa
como ahora, en su panadería de luz.
(Agüita clara, 2020)
Sé que tu casa queda cerca
Un poema que vuele
urgente
hasta tu casa.
No importa si lo leés o no.
Pero que baje
hasta tus hombros
como un hilo
de luz, una hoja
en la tormenta, un reflejo
sobre la taza de café.
(Ahora, por ejemplo, ya estoy
a la mitad. Hace falta
concentración
y un poco de fe, desde luego.)
Que pase como una nube
por tu ventana.
Que te haga apartar los ojos
y mires hacia ahí, donde
no soy sino un poco de aire
moviendo las cortinas.
¿Sólo eso? ¿Nada más
que eso, persigue
mi deseo?
Una palabra
como una gota de agua
y de luz, una gota
de sombra, entrando
por tus labios o
tus ojos. ¿Y luego?
Y luego..., nada.
A esperar que germine.
Bajo el cielo azul de puerto Montt
Si te toca un día
de sol, te toca
la lluvia
con sus dedos
de agua, te toca
el pelo, la camisa
recién planchada,
te toca alguien,
no importa
quién, la nuca
la rodilla, o tu perrito
al verte
mueve la cola, mueve
las agujas del reloj,
la nieve que guardabas
en la heladera
cae por la ventana
de la cocina, en fin
si te toca
perder las llaves
en el camino,
y decir no, otra vez
no, y dormirte
después, en sus brazos
tranquilo
como no te dormías
hace tiempo (qué maravilla)
si te toca partir, te toca
regresar.
Siguiendo la ruta de un pájaro herido
Tres de la mañana. La hormiga
apoya su cabecita de humo
sobre una pila de hojas secas
y cierra los ojos. Los hombros
cansados, después de llevar
y traer, después de cruzar un puente
altísimo y seguir. No importa la hora.
Como ella, yo espero que este mundo
se termine de una vez. Por más lindo
que sea. Que se termine. No digo
para siempre. Un rato no más.
Las pocas horas que duerme un obrerito
de la construcción. Y que el sueño
no sea una falsa puerta, donde al final
como otras veces, estés. Hermoso, hermoso.
Fumando, entre las sombras, tu cigarrillo.
(Sin que me diera cuenta yo, 2121)
Una vez más Santa Teresa lo escucha cantar a eli
Cuando Eli se mete en la ducha
y deja la puerta del baño
entreabierta
para que yo lo oiga cantar, oiga
el dulce chapoteo del agua
golpeando, acariciando
sus hombros, sus axilas, su pecho
como santa Teresa de Jesús, lo mismo
que ella, siento
un dardo luminoso
metiéndose de lleno
en mí, el flechazo
de Dios, es eso, es obvio
toda esa alegría ese dolor
que no es dolor, es
otra cosa: cuando Eli sale
de la ducha cantando
y dice mi nombre, mi apodo
en realidad, las dos sílabas
desnudo o con una toalla
alrededor de la cintura
oh, Eli, oh Dios…
Por suerte
me preparé toda la vida
para un momento así
de manera que
me acomodo plácidamente
en la cama, en el sillón y
lo espero, lo miro, lo escucho
reírse cantar
a Eli!
Las preocupaciones de Eli
Si se afeita o si no
se afeita
es un tema importante
para Eli. Otro, qué vamos a comer
cuando nos veamos
ya que el estómago de Eli
es una caja abierta, hermosa, sin fondo: come
y a las dos horas
tiene hambre de nuevo.
Ahora viaja en taxi
desde su trabajo, una escapada
así almorzamos juntos, Os.
Tenés ganas? Querés?
Claro que quiero, Eli!
le digo mientras pienso
que acaso la felicidad esté
ahí, en los intervalos
que se abren
a la hora del almuerzo.
Eli comiendo conmigo
un jueves al mediodía.
Los platos y los cubiertos
ya listos sobre la mesa.
La luz que entra
por la ventana del bar, y los tiernos
alegres ojos de Elí
posados sobre mí.
Por lo menos hoy
Dormí tanto tiempo solo
en la fría noche. Ahora no. Me acuesto
con Eli y despierto con Eli.
Parece un regalo del cielo, yo digo
que es un regalo del cielo. Cocinar
con Eli, hablar con Eli de cualquier cosa, pero
sobre todo
escuchar música. Mis vecinos deben pensar
que algo raro está pasando
en el 2do 12. Y tienen razón.
Antes, todo era tan silencioso aquí, y ahora
rompe el aire de la noche
el zumbido incansable de las guitarras
eléctricas. Es que Eli es puro
rock and roll. En serio. Cuando canta, cuando
me pide que escuche las letras
de las canciones que le gustan, y las repite
palabra por palabra, sólo para mí.
Entiendo que los vecinos de mi edificio
estén tan confundidos. ¿Qué pasa
en el 2do 12? Qué escándalo ese chico
Eli, no? ¿Se dieron cuenta? Más que el ángel
de la soledad, parece el demonio.
Al final yo tenía razón
Toda la vida se burlaron
de mí, Eli. De mis anteojos, pero más
de mis ojos
que se entretenían mirando
el pelo y los labios
de Raulito Lemos.
Mi tío Carolo, mi tío
Serafín, mis sempiternos compañeritos
de grado, tan chistosos, tan
burlones siempre.
Que mariquita de aquí, mariquita
de allá… Pura envidia, Eli.
¿Quién duerme con vos
un domingo a la mañana, si no yo?
¿Quién acaricia tus hombros
largamente, muellemente
si no yo, Eli? Ahora que revienten.
Eli paseando conmigo, meando
conmigo, por las calles
de Almagro, como en un poema
de Allen Ginsberg.
Y al final, era eso, solo eso. Pura envidia, Eli.
¡Ahora que revienten!
Algunos haikus para Eli
El cigarrillo humea
entre sus labios. ¿Qué mirás?
El humo, Eli. Sólo eso.
*
Vamos a ser buenos
compañeros, nosotros. Me dice
Eli. De pronto, porque sí.
*
Dice además que soy igual
al chico de la foto en la que tengo
9 años. Ni un año más, Ovi, me dice.
*
Qué voy hacer? A los 60,
soy un chico de 9. A los nueve,
era un viejito de 60.
*
Todo lo que Eli hace
está bien. Y lo que no
hace, está bien. Lo digo en serio.
*
¿Hay algo más hermoso
que el cuerpo de Eli? Si, el cuerpo
de Eli cuando no está.
*
¿Y tanto lío por un muchacho?
Hay otras cosas, más importantes
en el mundo, me parece. ¿Vos decis?
*
Cada noche, subo
despacio por su cuerpo.
--Vení, caracolito.
*
Bendito el rocío
que se junta entre
los brazos de Eli!
*
En pleno otoño. Eli
es la primavera. Si, amigos.
Eli es la primavera...
(Gurí, 2023)
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