ROY SIGÜENZA

Válvulas
 
I

¿Será la luna trapeada
esa vena que fluye
por las piernas de la prima?
¿El día que ha sido bueno
porque aspiramos agua
el reino de la buenaventura?
O entrados en clínicas
nos perdimos
dorando tumbas en los patios
¿Será la vida un tapado de camello?
 
II

Con la noche se escurre
la sombra (va a beber vacíos).
Por la pared de los quedados
se esparce la muerte.
Perros que dicen monosílabos
hacen bultos para sus despedidas.
Solo un hombre aprende del frío
la moldura del silencio.
Caminemos, allegados míos,
caminemos lejos
de esta ciudad descascarada.
 
 
Tropecería del Ambulante
 
I

Amor armado
la mano claudica
en el cielo de fuego,
hay flores para el día,
si supieras que este
                 desvarío
tiene un sentido
que oculta el cuerpo
envuelto en las noches
no preguntarías el nombre
no preguntarías por las alas
(estaré contigo, eso lo sé
alzando este manojo de agua
sobre pieles muertas
gritando en un monte
                         de escafandras)
entre empalizadas
                de campos comidos
por las madrugadas despiertas
de camas robadas empieza
a crecerle el cabello
a los hombres agónicos
entre panes de angustia entre
puentes de ceniza entre
cabezas rotas en las murallas
que el sueño levanta
destruye.
 
II

No hay razón en este largo
                                          penar
la ridiculez de una lágrima
—como mujer encinta cortando
violetas
                       en un establo—
el amontonamiento de carros
                                 rodados todo
va despacio a los limpios
campos del miedo
donde los jardineros
tienen las bocas lóbregas
 
suena el mar
         estira sus piernas en la arena
sueña el mar
         respira una música seca
clava carpintero clava
                         los ataúdes del hombre
que ambula por los blancos caminos del día
tropezando.
 

Pasa una estrella
congelando la noche
 
Pasa una estrella congelando la noche
En los escaparates baila el ojo del seductor
El tiempo tendido limpia escopetas
Para el libro abierto hay pescado seco
Como si puertas no hubiera, hay sogas,
cuelgan ventanas para que el pie tenga asidero.
Oh, brillante portada del mundo girando sin orden
                                                                        en el labio del
                                                                                        muerto
—el hijo navegando en llamas derretidas
sin saber de venas, crucigramas, íes perpetuas—.
Nada quedará de este vaso displicente
—las botellas congregadas aprendiendo del hambre harán
preguntas en platos nerviosos—.
Rota la foto donde se durmió el consuelo
¿Habrá castigo?
 
 
El aire se humedece
de asperezas
 
En esta casa sobrevive un Cortador
se oyen tumbos
como si hubieran encerrado al mar
y voces hilando un himno de polvo
(un gato motea una mirada profunda
y hiela los vidrios de la ventana).
Aquí estoy, desnudo, ante un plato de naranjas podridas,
sin ganas de arrancar esta visión
del ojo de la muerte que me ve.
 
*

La poesía: un entredicho que se va aclarando
o se zambulle frente a la amenaza del silencio,
de espaldas a la transparencia que se rompe;
un tropiezo que blanquea el hueso de la voz
ante el bullicio de las máscaras que nos maltratan, una forma
de llegar a esa posibilidad o también de perderla.
 
(Cabeza quemada, 1990)
 
**


Todo el mar se parece

Si el mar fuera sacudido como una tela
Si comenzara a hablar un día de estos
Es suave su risa por ahora
su grafía se construye en la arena
se borra
Aúlla de pájaros cierta temporada
-el sol se quema como si fuera una pestaña
de fuel oil-,
o muere en las alas desechas de un pelícano caído
Viniendo de él Odiseo aún no llega a Itaca
Penélope confunde el deseo en la urdimbre
del tejido
La ciudad es un avispero de ruidos y un crimen
en la crónica roja de los periódicos de la mañana
Mejor la confusión de los puertos
El mar de Jambelí es el mismo mar que mella los
atracaderos en Ámsterdam
Allí la huella de las embarcaciones con un mismo
significado:
la voracidad
                                                                (un corazón vacío
                                                           un par de manos heladas
                                                     una palabra imposible de decir)
El agua haciendo que la vida corra,
que vacile al filo de la orilla como un desnudo
trozo de mangle;
que vaya a la playa como una deidad poseída
por el furor del nacimiento:
la semilla de la fruta de sal
El agua anunciante de su certeza
Mañana será lo mismo: el mar es un fósil despierto

(Tabla de mareas, 1998)
 
 
Tabla de Mareas
 
¿De qué puerto? ¿En qué aguas?  ¿Y por qué pensar en esto?
                                                                      Álvaro de Campos
 
Todos aquí apretujados contra el sinsentido “El viaje no durará”, dice tranquilo 
el Timonel
 
Somos muertos que esperamos el atraco (el agua siempre lleva a alguna parte, 
eso lo sabemos todos)
A veces el barco se atasca en el arenal de las playas, pero también en los 
mojones abruptos de nuestras preguntas,
ya en alta mar.
 
(Tabla de mareas, 1998)
 
 
Un Rousseau

Criaturas que fueron hechas para ser adoradas
se oscurecen de muerte si alguien las mira
El amor es una extraña prevención en el paisaje
Las caricias se pudren
Algo perdido camina buscándose entre la maleza
 
(Tabla de mareas, 1998)
 

Piratería
 
Iré, qué importa
 
Caballo sea la
noche.
 
(Tabla de mareas, 1998)
 
 
Cineraria
 
ábranme el corazón y recojan sus frutos los sedientos
 
la lluvia es para seres colonizados por el sueño:
denles de beber, líbrenlos de la infección del recuerdo.
 
es incómodo caminar, asir un fruto, besar una boca lejana
–esto explica el virus de la enfermedad del abandono–
 
El hato del tiempo en la cabellera de la piedra:
es habitual que el agua se lleve lo que calla
 
llanto
 
tan antiguo como los restos de civilizaciones herbívoras:
ese rastrojo de labios que murmuran ríos de ceniza
 
los huesos quemados de tu nombre.
 
(Tabla de mareas, 1998)
 
 
En el autobús
 
Como no podíamos decir
casi nada del amor
nos ocupamos en aprenderlo
con las manos.
 
(Tabla de mareas, 1998)
 
 
La cal del adiós
 
Si los olvidan
algunos van al mar y escriben poemas
(los más sensibles)
se vuelven enfáticos en sus trabajos
o cambian de creencias
(los más prácticos)
 
Tú vas al bar y te embriagas.
 
(Tabla de mareas, 1998)
 
**


Perro de la dicha
 
A Tennessee Williams
 
Al final te venció la verdad, Tennessee:
Drogas, alcohol, homosexualidad, la pestilente vejez.
Libre, de manera penosa, cuando ya la muerte te aprestaba
un asiento en la parte trasera de su coche. De qué iba tu vida
Tennessee, si amabas a los hombres y no lo podías decir,
aunque hayas interpretado escenas sexuales –de las duras–
con muchos de ellos, acuciado por tus ganas más febriles y
no solo en Saint Louis. Alguna vez, despierto en la noche,
aceptaste que lo único que ambicionabas en este mundo era
ir por ahí de la mano de tu amante, feliz de ser tú y él, tal cual
–se lo confiaste a Truman Capote, borracho, en un bar, luego
del estreno de tu electrizante Tranvía en Broadway. Pudiste
salvarte de la tiranía de ese impedimento malsano donde se
te hubiera ocurrido: en el hall o el living de cualquiera de los
hoteles de lujo donde, por dinero o fama, se les permite muchas
cosas a sus huéspedes, aunque a lo mejor conociste esa dicha
–así, en privado–, tú la querías abierta en la calle, consumida
por el mismo deseo que te arrastró tantas veces a tomar
Martinis y coger cannabis o coca en los bares del Gran
Camino Blanco o –como te ocurría siempre en la dársena
de Agadir–, a ver marcharse el último barco de la tarde,
podrido de ganas de llorar sin saber por qué. Una mano
–la tuya– en la otra, caliente, arrebatada de tu amante.
Una sola mano lacrada por la carne, el sexo y el fuego helado
de la coca y el alcohol. Esa, y no la boca envenenada con la
que se confunde, fue la gloria que quisiste.
En vano ahora Tennessee. Adrede.
 
(Ocúpate de la noche, 2000)
 

Los viajeros
 
Leíamos en las estrías de la langosta
largas alusiones al paisaje:
lomas, como en las acuarelas japonesas
de la dinastía Qui, le decía señalándolas.
Eran ascensiones por donde venían
los rayos del sol a poner transparencias
alas de agua seca, hojas del Árbol de Invierno.
A lo lejos el gavilán hundía el pico
en el viento espeso que traía la tarde
cuando ya nuestros pies iniciaban el vuelo.
 
(Ocúpate de la noche, 2000)
 
Pedido de mano
 
Tú que llevas en el cuerpo
una sombra de mujer
y hasta ríes con su risa
llévame
 
desacredítame
 
(Ocúpate de la noche, 2000)
 
 
La cal del adiós
 
Si los olvidan
algunos van al mar y escriben poemas
(los más sensibles)
se vuelven enfáticos en sus trabajos
o cambian de creencias
(los más prácticos)
 
Tú vas al bar y te embriagas.
 
(Ocúpate de la noche, 2000)
 
Caballos
 
Las patas de los caballos dan vueltas y vueltas
sobre el lodazal de la molienda vueltas y vueltas
como en mi cabeza tu ausencia.
 
(Ocúpate de la noche, 2000)
 
 
Caña
 
Riega tu dulzura
sobre su tirante corazón.
 
(Ocúpate de la noche, 2000)
 
**


La invitación
 
llega Ángel del Señor
ven y búscame
no diré nada si afilas en mi cuerpo
tu espuela de esmeralda
con la que en la noche me herirás
dulcemente me herirás
 
(La hierba del cielo, 2002)
 
 
Agosto
 
el viento se esparce por las ramas de los árboles
el rostro de mi amado por la hierba.
 
 (La hierba del cielo, 2002)

**
Gracias por la rosa del mundo
 
                                                        Luis Cernuda
 
 De pequeño ya me rebelaba
¿Qué vieron mis padres en mí?
¿Un traidor? No sé
No me importaba entonces
Yo hice de mí mismo un héroe
(nadie conocía mi cantar de gesta)
Solo, a tientas, perdido a veces
con mi poca edad,
busqué y hallé otros cuerpos,
con los que me tendí y gocé
de la rosa desnuda del mundo.
 
(Abrazadero y otros lugares, 2006)
 

Trapiche
 
He puesto allí sobre tus piedras
la rama de mi amor
para que la vuelvas a la espuma.
 
(Abrazadero y otros lugares, 2007)
 
 
Felicidad
 
Bebimos cerveza
de a poquito
(tomémosla como si fuera vino,
te propuse)
tú dijiste que la bosta de vaca
elevaba
(la fumamos)
 
estaba claro que los dos buscábamos
abandonar este mundo.

(Abrazadero y otros lugares, 2007)
 
**


Escondites

Los hoteles no permiten
parejas de hombres
enamorados en sus cuartos
(aunque presuman de heterosexualidad
el recepcionista siempre tiene sus dudas)
para ellos están las casas abandonadas,
el monte, los parques,
los asientos traseros de los cines,
los autobuses
                (las luces apagadas)
hasta donde acude el amor,
los llama y los acoge.

(Cuatrocientos cuerpos, 2009)
 
 
Melancholy bar
 
Tracy Chapman vela por ti
es el ángel que te procura consuelo
muriéndose.
 
(Cuatrocientos cuerpos, 2009)
 
 
Escondites
 
Los hoteles no permiten
parejas de hombres
enamorados en sus cuartos
(aunque presuman de heterosexualidad
el recepcionista siempre tiene sus dudas)
para ellos están las casas abandonadas,
el monte, los parques,
los asientos traseros de los cines,
los autobuses
(las luces apagadas)
hasta donde acude el amor,
los llama y los acoge.
 
(Cuatrocientos cuerpos, 2009)
 
 
Epitafio para la tumba de Wystan Hugh Auden
 
Peregrinó por el amor
(desconfiaba un poco de sus hallazgos, era cierto)
hasta su último día,
aunque supo que solo en la poesía lo encontraba
                                                        (siempre intacto).
De hecho, fue un iluso
cuando tomó el avión de Oxford a Viena
para verse con su amante, un tal Chrester Kallman
(el joven aprendiz de poeta que lo sedujo
recién llegado a New York).
No te esperaba, era visto,
no te esperaba Wystan Hugh Auden
que hoy yaces aquí
                                                  (a salvo de ti mismo)
tan seguro, como siempre, de que el amor te fue fiel
y de que le correspondiste.
 
(Cuatrocientos cuerpos, 2009)
 
 
Paradise now
.
Si todo en este mundo dejará de existir,
Tú, supón que no existes; y ya que existes, goza.
 
Omar Jayyam
 
La oscuridad barre a la gente,
es como la muerte:
hace lo que quiere.
Foucault diría cosas que ya conocemos:
la vigilancia, lo panóptico,
pero no nos alegra; no hemos olvidado
que la mortalidad es el acuerdo:
duramos poco
para reñir. Las manos, los cuerpos
tienen otras urgencias:
ir a los lechos;
a otros cuerpos,
o a cualquier lugar sigiloso,
donde celebrar, beber vino y olvidar
lo que alguien advirtió sobre la muerte.
 
(Cuatrocientos cuerpos, 2009)
 
 
Escena final de Brokeback Mountain
 
Tus zapatos, esos depósitos de agua triste,
no saben nada de ti –no me responden.
 
La camisa en la percha de tu dormitorio
es una pregunta
sin descanso,
Dice: «a dónde», «a dónde, amor»,
y su boca se vacía
en el viento helado de Brokeback Mountain;
 
ella, que cubrió tu bello torso, llama. Voy
y la beso, beso toda tu muerte como un hombre.
 
(Cuatrocientos cuerpos, 2009)

**
 

Itinerarios
 
I
 
Iremos al desierto por una ruta de fieras –como bacilos en la sangre de la noche 
iremos, como amebas-. No esconderemos nada: ni besos ni abrazos ni caricias 
ni sexo. La vida será nuestra calle, nuestro puerto, el lugar desde donde partan 
los aviones Lameyó, la ciudad besada.
 
II
 
Un solo cuerpo atado con estrellas, a salvo de nuestra única muerte: la gente.
Resistentes, iremos en una noche inventada para nosotros –larga y ancha como 
una autopista-, bajo altísimas temperaturas, lo sé; pero a salvo del orden que 
no queremos: el de los otros.
 
 
Develamiento
 
[a]
Las palabras están ahí, en lo oscuro –su agua primera-; luego el poema. esa 
fertilidad anulada.
 
[b]
LOS COMEDORES DE AGUA
Bajo tierra la ciudad pierde la cara.
 
El Homo-Topus no busca comida ni bebida,
busca el cuerpo, la
llamarada de la noche –el fuego negro-.
 
[c]
EDICTO
“Los cuerpos –sin dios ni ley, sin orden ni moral-
deben ser troceados, quemados, asfixiados,
desangrados. Los cuerpos a golpe, a cuchillo,
a bala, a palo, a piedra, a como dé lugar”.
 
[d]
SUMMA
La poesía come carne prohibida.
 
 
Vista de la ciudad venérea
 
hotelitos donde mueren los amantes después del sexo jardines con pastos y forrajes
para alimentar los animales del miedo puertas como trampas para que las abra
cualquier fugitivo de la sed. -un muelle tendido a lo largo de una playa de sangre- 
esta ciudad tiene un objeto moral en la cabeza como un enorme huevo de piojo
 
en sus calzas puse mis pies y me he perdido
 
(La Astillada Sombra de Sodoma. Quito: 
Letras Cultura Patrimonio.,
Editorial del Ministerio de Cultura 
y Patrimonio del Ecuador,
2013).

**


Teatro
 
ÁNGEL ROSA: La casa no resiste. Aquí siento sólo deseos de salirme, de irme de mí.
Su vientre cálido pero desesperante sorbe el movimiento de mi cerebro.
 
ÁNGEL PLATA: La casa es la seguridad. Di tu sueño, lo oigo.
 
ÁNGEL ROSA: Casa-madre, casa-padre, casa-hermanos, la gran casa-familia: el 
abrazo de la muerte-mata-la- semilla-del-agua.
 
ÁNGEL PLATA: La muerte está en todas partes, te lo recuerdo. Como los insectos.
 
ÁNGEL ROSA: Miente la boca de la tranquilidad. ÁNGEL PLATA: Sólo la belleza 
es tranquila ÁNGEL ROSA: El mar la puede decir
 
ÁNGEL PLATA: ¿Por qué es infinito? ÁNGEL ROSA: No, porque calla.


Habla Tim, el bebedor
 
Por el alcohol voy a perder la oportunidad de verte brillar en el juego.
La Apuesta es un corazón de pescado y basura picada de enfermedad.
Por una botella de ron, sólo por eso el valor se me cuela como la lengua.
Que vaya despejado el ojo y el oído
 
para que puedan escuchar el verdadero rumor de la muerte
-un derroche de sabidurías inaplicables
en casos de niños-mermelada con problemas de respiración-.
Frases con manos anilladas que se van a fiestas. Agonías bajo los techos y los 
pisos: de puertas abiertas.
Glamorosa avalancha de miradas dispuestas a comerte el sexo.
 
Habla Tim, el bebedor, y llora
como si fuera una niña estropeada por su madre.
 
Coro:
 
Pobre chico que observó la llama del amor alumbrando la ciudad y la creyó 
verdadera, hoy tiene la cara llena de ceniza.
 
 
Ella, la estremecida
 
Viana es dulce. Cree en los sueños Siente que la perdió el destino “Es un edema 
mi cerebro”, dice.
Se equivoca a veces y huye
“Yo no voy, sólo estoy viniendo, los que se van no regresan”, dice.
Viana no suele hacer preguntas picantes “Mañana no iré, ahí está el olvido
Amor es un paradero al cobro
Mi hombre soy yo, eso me vasta”. Viana una vez fue suicidada,
quemó la mujer: un instructivo para despresar pollos y otras sumisiones.
 
Coro:
 
Denle a Viana la ola
y le parecerá el camino. Viana-bala-perdida, parienta lejana del caballo.


Parte de guerra
 
 
Los jardines fueron hollados
 
-allí verdeaba la flor del veneno-.
 
Mujeres ovíparas pasan ahora por ahí buscando temperaturas altas donde abarcar.
 
 
Apuntes de viaje a Nurdu 
 
Una canción barata en la radio del bus que me lleva a Nurdu
 
“la ciudad más antigua de la tierra”
 
Allá tienen dioses más benignos que los nuestros
-Escuchan todo lo que se les dice y obran-
Dicen que ayudan a devolver las cosas a su lugar
 
-Ojalá puedan con mi corazón
 
El tiempo es una barrita de chocolate que masticamos /para entretenernos en cada
estacionamiento.
 
Pasamos
 
Muluncay, el pueblito de los malabaristas, con sus hombres
y mujeres de vida
airada; todos aficionados a la desnudez y decir claro
—hablan en agua—.
No están cartografiados.
 
Pasamos
 
Soapacá, en una colina. Ahora que es la noche, muy arriba,
parpadean hachones de/luz; de día es el bosque de Payanchillos
lo que arde. De cuando en cuando se encuentran huesos de
pájaros bajo las ramadas; pero huesos de humanos, nunca.
 
Llegado el momento ¿sabremos que también ellos han muerto para nosotros?
 
Pasamos
 
Guambi, la del viejo silabario para escapar con vida de los ataques
de los lobos cuando llega la nieve. Poco se conoce de sus habitantes
—“los de pies pardos”—, solo que se alimentan de setas y creen,
aún, en el Dios de la Madrugada. Les es fiel.
 
Anoto:
 
“El barro entiende que lo durable pasa en el breve remezón de un grito”.
 
Pasamos
 
Este es, debe ser, Chanduy —en los bajos de la cordillera de Jorupe—,
donde se trafica con las curas de agua y se vive sin aprensiones porque
nada perece. El amor tiene aquí su herbolario y su Casa de Citas —de
muchos sexos.
 
Anoto:
 
“¿Dónde la piedra de mi inscripción?
¿En qué caligrafía dirá mi nombre?”
 
Pasamos
 
Muey, al filo del Mar de las Despedidas. Se ven embarcaderos, canoas,
un yate, una carabela, tropezando con el mar, a su suerte. Oímos decir
que un animal repta por los sueños de la gente, borrando todo lo que
encuentra a su paso.
 
Pasamos
 
Guayaymi, sin una hierba; puro viento y ruido de preguntas, secos.
Un poco más al fondo, Sabanay, perdido por la infección del oro;
un hervor de gente mala.
 
-Espero que al chofer no se le ocurra hacer un alto por ahí levo
mis ofrendas.
 
Anoto:
 
Sangra este momento:
es la hondura del amor
—su cara de pez feroz—
 
Más abajo
Una boca
llama
pasamos
 
Jama, la de venar nacarado. Los viandantes no dialogan
— desecharon las palabras por corruptas hace años—,
y clarividentes, han represtigiado la rosa y el abrazo.
Ciega, un tiempo ardió como yesca, pero guarda aún
un listón de barro y piedra en la memoria al que protege
con leyes severas. Hoy se [38] sabe de una facción de
crueles que urden planes para que cunda el fuego
—se hacen llamar “los cofrades de lo puro”—.
Ya han atentado contra todos los Observatorios
de Vientos y la Casa de las Atadoras de Nubes.
 
Anoto:
 
“Los cuyes escuchan el florecimiento del Arupo 
—el soundtrack del arribo del tiempo”.
 
“La boca zen que dice cosas inalcanzables
¡ay! la huesería de los días y las noches,
perdida en la Zona de los Charcos, sin nombres,
sin fechas; esa memoria enaltecida por las sangres.
 
Arribará el aliento de lo claro,
crecerá la Era de los Inocentes”.
 
De un momento a otro, la radio dejará de sonar; entonces
estaremos, quizás, en la ciudad de las Puertas de Ceniza,
en cuyo pórtico deberíamos leer:
 
     EL DESEO ES UNA PREGUNTA CUYA RESPUESTA NADIE SABE
 
 
La visita del ángel
 
tu cuerpo nada pide
una presencia en el aire
la mano que abre o cierra las puertas
talvez en los trechos de la noche
el jardín de la estadía
 
II
 
La vida, como la muerte, mancha;
pero no es lo único que hace:
a menudo me olvida en el bar
donde te espero y nunca llegas
 
III
 
Me acuesto y me levanto con la cabeza llena de ti.
 
 
Yukio Mishima se arrepiente de la muerte
.
El espíritu del Hagakuré exige «que los hombres tengan una tez de flor de cerezo,
inclusive en la muerte»
 
No sabía yo que duraría
–apenas– 45 años,
ni que sería así
–vaciada en sangre–
como se iría mi vida;
ni yo ni Masakatsu Morita,
a quien tampoco
Ie advirtieron nada
–tenía 25 años–
cuando el amor que nos unía
nos empujó a practicar Seppuku.
Ahora que los dos llevamos
una tez de flor de cerezo
quién me dirá dónde resplandece
aquella imperativa belleza
 
(Manchas de agua,
Ediciones Cinosargo,
2016)
 
Graciasss/www.laraizinvertida.com/detalle-1004-28-roy-sigenza
Graciasss/revistamundodiners.com/la-poesia-y-los-fluidos-del-lenguaje/
Graciasss/repositorio.ucsg.edu.ec/T-UCSG-PRE-FIL-CCS-155.pdf

 

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