SANDRO PENNA

I
 
No volveré al pueblo donde al anochecer
baja a la niebla lenta el ángel del trabajo
La luz volveré a ver, la luz de oro
donde brilla el chico. Y en la noche
titilan, soñando, sus mejillas encendidas. ~
 
II
 
Desierto está el río. Y sabes que por ahora
basta con las proezas solares de ayer.
Beso en tus axilas, húmedas, orgullosas
los olores de un verano que se pudre. ~
 
III
 
El sol de septiembre dora los cantos
de los obreros. Es ya lejano el tiempo
cuando, vencidos al gran sol, los cuerpos desnudos
turbaban mi corazón. Ahora brilla
desierto el río. El hombre se vuelve
a poner de pie. Yo río a un amor más sereno. ~

(Poesie, 1989)
 
Versiones Sergio Téllez-Pon
 

¿Me hago viejo si, de un largo viaje
siempre sentado, nada he visto sino
la lluvia, sino un cansado rayo
de vida silenciosa...? (los obreros
subían y bajaban de mi tren,
llevaban, de un suburbio a un dulce lago,
su sueño y, con él, sus utensilios).
Grité también cuando caí en la cama:
hombres somos, más que viles cansados.

*

"Poeta exclusivo de amor"
me han llamado. Y tal vez era verdad.
Pero el viento aquí en la hierba y los rumores
de la ciudad lejana,
¿no son también amor?
Bajo cálidas nubes,
¿no son aún el eco
de un amor que se abrasa
y nunca más se aleja?
 
*

                                                a Eugenio Montale
 
La fiesta hacia el atardecer. Yo voy
en dirección opuesta a la caterva
que alegre y ágil sale del estadio.
A ninguno yo miro y miro a todos.
De vez en cuando apaño una sonrisa.
Mas raramente una sonrisa alegre.
Mi mente no recuerda ya quién soy.
Entonces el morir no desearía.
Que muera me parece harto injusto.
Aunque ya no recuerde más quién soy.

(Poesía, 1992)

Trad. Pablo L. Ávila
 

Falsa primavera
 
PLÁCIDOS gatos, amantes
(en el césped la hora está quieta)
de vidrios relucientes
 
Torpemente felices,
del olor a cuartel
se despojan los soldados.
 
Mas efímero es a los vacuos
anhelos el sol que amas,
En el áspero crepúsculo, el cielo
a las ramas secas es grave.
 

Fantasía para un inicio de primavera
 
TUS infernales ojos
ya no me miran
siento en mí alas
que nacen. Y miro a lo alto
 
Susurran verdes prados
ligeros trenes negros
que olvidan, felices,
las estaciones de ayer.
Donde-detenidas las horas
en atónitos relojes-
vuelve un confuso amor
a las cosas errantes.
 
Partir aún es fácil
si tus espaldas dejas
-desmemoriado- la nieve
que desciende del fondo del valle.
 
-----
 
YA me habla el otoño. En el oscuro
alfeizar, en silencio, escucho cómo mis pensamientos
se pliegan bajo el viento de poniente
que se abate sobre las hojas de mis negros
árboles, vivos solo en la noche.
Luego me recojo en el lecho. Y me saluda
el canto de un muchacho que la noche
cruel, inicia: la vida no cambia.
 

Ventana
 
TODO pesar se HA venido abajo. Llueve
tranquilamente sobre la eterna vida
Allí en el garaje, con su motor
se ve -a lo lejos- un joven obrero
 
Cierro el libro y me acerco a aquella
vida lejana, pero cuál es la verdadera
no lo sé.
Y no lo dice el nuevo sol.
 
-----
 
LLUEVE sobre la ciudad. Llueve sobre el campo
donde encontré, bajo el sol, al dichoso amigo.
 
El, en edad delicada, tiene el corazón vago.
Y en mí seguro que no piensa. Mas inocentes
pecados, la lluvia me reaviva.
 
-----
 
LAS negras escaleras de mi taberna
tú desciendes todo empapado de viento.
Tienes un bonito pelo
que cae por encima de tus vivos ojos
en uno de mis firmamentos
remotos.
 
En la humosa taberna
huela a puerto y huele a viento.
Libre viento que modela los cuerpos
y mueve el paso de los blancos marineros.
 

Escuela
 
En las mañanas azules
filas esbeltas y negras
de colegiales, Reclinados
luego sobre los libros, Banderas
de nostalgia campestre
los árboles en las ventanas
 

El balcón
 
LE asombraba al muchacho inmerso en aventuras
entre libros lejanas, de las casas residenciales
el monótono canto de las criadas
-la verde lasitud de la primavera
 
Vacíos destello sobre el maravillaban.
Mas el negro
cortejo lento de los seminaristas
en la orilla lejana dibujaba
todavía- vastas fantasías de viajes.
 
Deslizábanse nubes de mármol
doradas sobre el apagado monasterio.
Volvía del cementerio ligero
por las calles del pueblo un carro negro.
 
(Poesías (1927 -1938), 1995)

Versión Eduardo Domínguez


Cuando...

Cuando la luz llora por las calles
quisiera en silencio a un chico abrazar.

Yo en la rada...

Yo en la rada seguía a un chico encantado
solo de sí, entre escasas luces. Solo yo
mantenía al chico suspendido en el mundo.
 
Ligera...

Ligera se precipita sobre el bien y el mal
su dulce prisa de gozar.
 
En la luz...

En la luz lunar apareció en la cima
del muro de mi harén un muchacho.
Resonó un golpe y se hizo silencio en torno.
No declines jamás luna de marzo.

Pasan los pesados bueyes...

Pasan los pesados bueyes con el arado
en la gran luz. Enciérrame en un beso.
 
Yo quisiera...

Yo quisiera vivir adormecido
en el suave rumor de la vida.

Como bebe...

Como bebe en la fuente el bello muchacho
así hemos pecado y no pecado.

Estaba mi ciudad...

Estaba mi ciudad, la ciudad vacía
al alba, plena de mi deseo.
Pero mi canto de amor, el más mío
era para los otros una canción desconocida.
 
Feliz...
 
Feliz del que es distinto
siendo distinto.
Pero pobre del que es distinto
siendo común.
 

Después...

Después vuelto el rostro hacia la almohada
sonreía a sí mismo, con beato
rubor.
 
Y luego estoy solo...

Y luego estoy solo. Queda
la dulce compañía
de luminosas e ingenuas mentiras.
 
Tú me dejas...

Tú me dejas. Dices "la naturaleza...".
Qué saben las mujeres de tu belleza.

Se desborda...

Se desborda en la húmeda noche en silencio
el río. Adiós seco vigor de mi juventud.

Están solos...

Están solos y atados, ahora esposos.
Fuera está la vacía libertad invernal.
 
Bella noche...

Bella noche, reduce mi pena.
Atorméntame, si quieres, pero hazme fuerte

Sol...

Sol con luna, mar con bosques,
todo junto besar en una boca.
Pero el muchacho no sabe. Corre a una puerta
de triste luz. Y su boca está muerta.
 
Quizá...

Quizá la juventud sea sólo este
perenne amar los sentidos y no arrepentirse.

Amor en limosna...

Amor en limosna, solfeo.
Oh luz del mediodía sin un gesto.
Regresará más tarde, rico en alas
el incendio de los recuerdos personales.

Pero qué gracia...

Pero qué gracia de sol y de aguas sucias
nos separó de pronto a la mañana.

Amigo...

Amigo, estás lejos. Y tu vida
tiene en torno a sí colores que yo no veo.
Tiene mi vida en torno a sí colores
que yo no veo.

 

¡Siempre chicos…! 

¡Siempre chicos en mis poesías!
Pero yo no sé hablar de otras cosas.
Las otras cosas son todas tediosas.
Yo no puedo cantaros Obras Pías. 
 
Cuando…
 
Cuando la luz llora por las calles
quisiera en silencio a un chico abrazar.
 
Yo en la rada…
 
Yo en la rada seguía a un chico encantado
solo de sí, entre escasas luces. Solo yo
mantenía al chico suspendido en el mundo.
 

En la luz…
 
En la luz lunar apareció en la cima
del muro de mi harén un muchacho.
Resonó un golpe y se hizo silencio en torno.
No declines jamás luna de marzo.
 
Pasan los pesados bueyes…
 
Pasan los pesados bueyes con el arado
en la gran luz. Enciérrame en un beso.
 
Yo quisiera…
 
Yo quisiera vivir adormecido
en el suave rumor de la vida.
 
Como bebe…
 
Como bebe en la fuente el bello muchacho
así hemos pecado y no pecado.
 
Estaba mi ciudad…
 
Estaba mi ciudad, la ciudad vacía
al alba, plena de mi deseo.
Pero mi canto de amor, el más mío
era para los otros una canción desconocida.
 
Feliz…
 
Feliz del que es distinto
siendo distinto.
Pero pobre del que es distinto
siendo común.
 
(Una extraña alegría de vivir, 2004)
 
Trad. Carlos Vitale
 
Graciasss/letraslibres.com/revista/sandro-penna-tres-poemas/
Graciasss/wineruda-literatura.blogspot.com/poesias-1927-1938
Graciasss/nuevaprovenza.blogspot.com/2005/01/tres-poemas
Graciasss/viasole.blogspot.com/PENNASandro


Comentarios