Musée
des beaux-arts
Acerca del dolor jamás se equivocaron
Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron
Su función en el mundo. Cómo llega
Mientras alguno cena o abre la ventana
O nada más camina sin objeto.
Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes
El milagroso Nacimiento, habrá siempre
Niños sin mayor interés en lo que ocurre,
Patinando
En el estanque helado a la orilla del bosque.
No olvidaron jamás
Que el eterno martirio ha de seguir su curso,
Irremediablemente, en sórdidos rincones,
Donde viven los perros su perra vida
Y la yegua del verdugo se rasca
Las inocentes grupas contra un árbol.
Por ejemplo, en el Icaro de Brueghel:
Con qué serenidad
Todo parece lejos del desastre.
El labrador oyó seguramente
El rumor de las aguas y el grito inconsolable.
Pero el fracaso no lo conmovió:
Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco
Al hundirse en las aguas verdes.
Y la elegante y delicada nave
Debió haber visto lo inaudito:
La caída de un niño que volaba.
Pero el barco tenía un destino
Y siguió navegando en calma.
1939
(Otro tiempo, 1940)
Versión de José Emilio Pacheco
Funeral blues
Paren todos los relojes, descuelguen el teléfono,
Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso,
Silencien los pianos, y con un apagado timbal,
Saquen el ataúd, dejen pasar a los deudos.
Que los aviones nos sobrevuelen en círculos luctuosos
garabateando en el cielo el mensaje Él ha muerto,
Pongan un crespón alrededor de los cuellos blancos
de las palomas,
Que los policías de tráfico usen guantes negros de algodón.
Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
Mi mediodía, mi medianoche, mi palabra, mi canción;
Creí que el amor sería eterno, pero me equivoqué.
Ya no deseo las estrellas: apáguenlas todas;
Llévense la luna y desmantelen el sol;
Vacíen el océano y talen los bosques,
Porque ya nada puede volver a ser como antes.
(Otro tiempo, 1940)
Versión de Luis S.
***
Asilo de ancianos
Todos poseen un límite: cada uno
Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
Es el veneno del espíritu:
Conscientes de lo que ha sucedido y por qué
Abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
Que soporta la tele
Y guiado por amables terapeutas
Canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan
Palabras en el limbo, y al final
Los que ya son del todo incompetentes
Y como una parodia de las plantas
(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
Todos aparecieron cuando el mundo,
A pesar de sus males,
Era más habitable y más vistoso
Y los viejos tenían auditorio
Y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
Podía refugiarse con la abuela para ser consolado
Y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar,
Mas su generación es la primera
Que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
Como se arrumban fardos indeseables.
Mientras voy en el Metro para estar
Media hora con una del asilo,
Recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
Y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
Un somnífero rápido, indoloro;
O bien para rogar, como ella ruega,
Que Dios o la naturaleza precipiten
Su función terrenal?
1970
(Epístola a un ahijado y otros poemas, 1972)
Versión de José Emilio Pacheco
***
Canción de cuna
El estrépito del trabajo queda mitigado,
otro día ha llegado a su ocaso
y se ha cernido el manto de la oscuridad.
¡Paz! ¡Paz! Desprovee tu retrato
de sus vejaciones y descansa.
Tu ronda diaria ha concluido,
has sacado la basura,
respondido algunas cartas aburridas
y pagado una factura a vuelta de correo,
todo ello frettolosamente.
Ahora tienes permiso para yacer,
desnudo, aovillado cual quisquilla,
recostado en la cama, y disfrutar
de su acogedor microclima:
canta, Grandullón, canta arrorró.
Los antiguos griegos se equivocaban:
Narciso es un vejete,
domado por el tiempo, liberado al fin
de la lujuria de otros cuerpos,
racional y reconciliado.
Durante muchos años envidiaste
al hirsuto, el tipo machote.
Ya no: ahora acaricias
tu carne casi femenina
con enorgullecida satisfacción,
imaginando que eres
inmaculado e independiente,
calentito en la madriguera de ti mismo,
madonna y bambino:
canta, Grandullón, canta arrorró.
Deja que tus últimos pensamientos sean
todo agradecimiento:
ensalza a tus padres que te dieron
un Super Ego de fuerza
que te ahorra tantas molestias,
llama a amigos y seres queridos por doquier,
luego rinde justo tributo
a tu edad, a haber
nacido cuando naciste. En la adolescencia
se te permitió conocer
hermosas antiguallas
que pronto desaparecerían de la faz de la tierra,
locomotoras de caldera venical, motores de balancín
y ruedas hidráulicas de admisión superior.
Sí, amor mío, has tenido suene:
canta, Grandullón, canta arrorró.
Ahora a caer en el olvido: que
la mente del vientre se apropie
por debajo del diafragma,
del dominio de las Madres,
quienes vigilan las Puertas Sagradas,
sin cuyas mudas advertencias
el yo verbalizador pronto
se conviene en un déspota despiadado,
lascivo, incapaz de amar,
desdeñoso, hambriento de estatus.
Si te acecharan los sueños, no les hagas caso,
pues todos ellos, tanto los dulces como los horrendos,
Son bromas de dudoso buen gusto,
demasiado insípidas para hacerles caso.
canta, Grandullón, canta arrorró.
Abril de 1972
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
La historia de la verdad
En aquellos tiempos en que ser era creer,
la Verdad era el súmmum de muchos creíbles,
más previa, más perpetua, que un león con
alas de murciélago,
un perro con cola de pez o un pez con
cabeza de águila,
en absoluto como los mortales, en tela
de juicio por sus muertes.
La Verdad era su modelo mientras se afanaban en construir
un mundo de objetos perdurables en los que creer,
sin creer que la loza de barro y la leyenda,
el pórtico y la canción, eran veraces o embusteros:
la Verdad ya existía para ser cierta.
Esto ahora que, práctica como los platos de cartón,
la Verdad es convertible en kilovatios,
lo último por lo que nos regimos es un antimodelo,
alguna falsedad que cualquiera puede desmentir,
una nada en cuya existencia nadie tiene por qué creer.
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
La ley como el amor
La Ley, dicen los jardineros, es el sol,
la Ley es aquello
que todos los jardineros obedecen
mañana, ayer, hoy.
La Leyes la sabiduría de los viejos,
rezongan lánguidos los abuelos impotentes;
los nietos sacan una lengua atiplada,
la Ley es la razón de la juventud.
La Ley, dice el sacerdote con mirada piadosa,
explicándose ante una congregación impía,
la Leyes las palabras en mi piadoso libro,
la Ley es mi púlpito y mi campanario.
La Ley, dice el juez con su mirada de menosprecio,
hablando con claridad y suma dureza,
la Ley es como ya os dije,
la Ley es como, supongo, sabéis es
la Ley, pero dejadme que os lo explique otra vez,
la Ley es La Ley.
Sin embargo, los eruditos cumplidores de la ley escriben:
la Ley no acierta ni se equivoca,
la Ley no es más que crímenes
castigados por lugares y épocas,
la Ley es la ropa que llevan los hombres
en cualquier momento, en cualquier lugar,
la ley es Buenos Días y Buenas Noches.
Otros dicen, la Ley es nuestro Destino;
otros dicen, la Leyes nuestro Estado;
otros dicen, otros dicen
la Ley ya no existe,
la Ley ha desaparecido.
Y siempre la muchedumbre furiosa y vociferante,
muy furiosa y muy vociferante,
la Ley somos nosotros,
y siempre el débil idiota débilmente Yo.
Si nosotros, cariño, sabemos que no sabemos más
que ellos sobre la Ley,
si yo no sé más que tú
qué deberíamos y no deberíamos hacer
salvo que todos aceptamos
de buen grado o por fuerza
que la Ley es
y que todos lo sabemos,
si por tanto pensando que es absurdo
identificar la Ley con otra palabra,
a diferencia de tantos hombres
no puedo decir que la Ley es otra vez,
no más que ellos podemos sofocar
el deseo universal de descubrir
o zafarnos de nuestra propia situación
hacia una condición indiferente.
Aunque al menos puedo limitar
tu vanidad y la mía
a expresar tímidamente
una tímida similitud,
alardearemos de todos modos:
como el amor, digo yo.
Como el amor que no sabemos dónde o por qué,
como el amor que no podemos imponer ni abandonar,
como el amor que a menudo lloramos,
como el amor que rara vez conservamos.
Lo primero es lo primero
Desvelado, yací en los brazos de mi propio calor y escuché
una tormenta que paladeaba su condición de tormenta en l
a oscuridad invernal
hasta que mi oído, como ocurre cuando estoy medio dormido
o medio sobrio,
se afanó en desentrañar ese alboroto exclamativo,
trocando sus etéreas vocales y acuosas consonantes
en un discurso de amor indicativo de un Nombre Propio.
Difícilmente la lengua que hubiera escogido yo, y sin embargo,
en la medida en que lo permitían
la estridencia y la torpeza, te elogiaba,
reconociéndote como una criatura divina de la Luna y
el Viento del Oeste
con poder para domar monstruos reales e imaginarios,
comparando tu aplomo vital con un condado montañés,
verde a posta por aquí, por allá puro azul por si trajera suerte.
A pesar de lo estruendoso que era, a solas como sin duda
me encontró,
reconstruyó un día de silencio peculiar
en que un estornudo podría haberse oído a una milla,
y me permitió caminar
sobre un promontorio de lava a tu lado, la ocasión tan eterna
como la mirada de cualquier rosa, tu presencia exactamente
tan singular, tan valiosa, tan allí, tan ahora.
Todo ello, además, a una hora en la que más a menudo
de lo que quisiera
un diablo sonriente me molesta en hermoso inglés,
prediciendo un mundo en el que todo lugar sagrado
es un yacimiento cubierto de arena al que acuden todos
los tejanos cultos,
desinformados y desplumados por sus guías,
y todos los corazones mansos se han extinguido cual
Obispos Hegelianos.
Agradecido, dormí hasta una mañana que no dijo
cuánto creía de lo que, según yo, había dicho la tormenta
sino que discretamente hizo que me fijara en lo que había hecho
-unos cuantos metros cúbicos más en mi cisterna
contra un verano leonino-, estableciendo prioridades:
miles han vivido sin amor, nadie sin agua.
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
No habrá paz
Aunque el tiempo suave y despejado
sonríe de nuevo sobre el condado de tu estima
y sus colores regresan, la tormenta te ha cambiado:
no olvidarás, nunca,
la oscuridad que borra la esperanza, la tempestad
que profetiza tu perdición.
Debes vivir con tu conocimiento.
Muy atrás, más allá, fuera de ti hay otros,
en ausencias sin luna de los que nunca supiste,
quienes desde luego supieron de ti,
seres de género y número desconocidos:
y no les gustas.
¿Qué les has hecho?
¿Nada? Nada no es una respuesta:
llegarás a creer - ¿Cómo vas a evitarlo? -
que se lo hiciste, que les hiciste algo;
te encontrarás deseando poder hacerles reír,
ansiarás su amistad.
No habrá paz.
Contraataca, pues, con todo el valor que tengas
y todos los amagos canallas que conozcas,
con la tranquilidad de conciencia de que
su causa, si la tuvieron, no les importa ahora en absoluto;
odian simplemente por odiar.
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
Nosotros
también habíamos conocido momentos dorados...
Nosotros, también, habíamos conocido momentos dorados
en los que cuerpo y alma estaban en sintonía,
habíamos bailado con nuestros amores verdaderos
a la luz de una luna llena,
y nos habíamos sentado con los sabios y los buenos
mientras las lenguas cobraban ingenio y alegría
degustando algún noble plato
directo de Escoffier;
habíamos sentido la gloria indiscreta
que las lágrimas reservan aparte.
Y a la grandiosa usanza de antaño
habríamos cantado con el corazón henchido.
Pero, objeto de zarpazos y chismorreos,
por parte de la promiscua multitud
transformados por ardid de los editores
en hechizos para confundir a la muchedumbre,
todas las palabras como Paz y Amor,
todo discurso afirmativo y cuerdo,
había sido mancillado, profanado, degradado
hasta tornarse horrendo chirrido mecánico.
Ningún estilo moderado sobrevivió
al pandemonio
salvo el burlón, el sotto-voce,
irónico y monocromo:
y ¿dónde íbamos a encontrar refugio
para la dicha o el mero contento
cuando apenas nada quedaba en pie
salvo el suburbio de la disensión?
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
Otro tiempo
Para nosotros como cualquier otro fugitivo,
como las innumerables flores que no pueden enumerar
y todas las bestias que no necesitan recordar,
es hoy donde vivimos.
Muchos intentan decir Ahora No,
muchos han olvidado cómo
decir Yo Soy, y se
perderían, si pudieran, en la historia.
Se inclinan, por ejemplo, con esa elegancia del viejo mundo,
ante una bandera adecuada en un lugar como es debido;
mascullan cual ancianos mientras suben renqueando
sobre lo Mío y lo Suyo y lo Nuestro y lo de Ellos.
Como si el tiempo fuera lo que solían desear
cuando aún estaba dotado de posesión,
como si anduvieran errados
al no desear seguir formando parte.
No es de extrañar, pues, que tantos mueran de pena,
que tantos estén tan solos al morir;
nadie ha creído aún ni apreciado una mentira:
Otro tiempo tiene otras vidas que vivir.
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
Salta antes de mirar
La sensación de peligro no debe desaparecer:
el camino es sin duda tan breve como escarpado,
por muy paulatino que parezca desde aquí;
mira si quieres, pero tendrás que saltar.
Los hombres duros se ponen sensibleros en sueños
y quebrantan las ordenanzas que cualquier necio
puede respetar;
no es la convención sino el miedo
lo que tiene tendencia a desaparecer.
Los esfuerzos cavilosos de la masa atareada,
la suciedad, la imprecisión y la cerveza
rinden unas cuantas agudezas todos los años;
ríete si puedes, pero tendrás que saltar.
Las prendas que se considera adecuado vestir
no serán baratas ni prácticas,
mientras consintamos en vivir cual ovejas
y nunca mencionar a quienes desaparecen.
Mucho cabe decir a favor del desparpajo social,
pero alegrarse cuando no hay nadie
es más difícil incluso que el llanto;
nadie mira, pero tienes que saltar.
Una soledad de diez mil brazas de hondura
sustenta el lecho en el que yacemos, cariño:
aunque te quiero, tendrás que saltar;
nuestro ensueño de seguridad debe desaparecer.
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
Un paseo después de anochecer
Una noche despejada como ésta
puede hacer que el espíritu remonte el vuelo:
tras un día agotador
el espectáculo de precisión es
impresionante a su manera dieciochesca
un tanto sosa.
Sosegó mucho la adolescencia
encontrar una mirada de tal descaro;
las cosas que hacía yo no podían
ser tan ultrajantes como decían
si eso iba a seguir ahí
una vez muertos los ultrajados.
Ahora, desprevenido ante la muerte
pero ya en esa etapa
en que a uno empiezan a fastidiarle los jóvenes,
me alegra que esos puntos en el cielo
puedan también contarse entre
las criaturas de mediana edad.
Resulta más acogedor pensar en la noche
más como un Hogar para Ancianos
que un cobertizo para una máquina sin mácula,
que la roja luz precámbrica
ha desaparecido como la Roma imperial
o yo mismo a los diecisiete.
Sin embargo, por mucho que nos guste
el estilo estoico en que
escribían los autores clásicos,
sólo los jóvenes y los ricos
tienen el valor o la figura para acertar con
la nota lacrimae rerum.
Pues el presente acecha allende
como el pasado y sus agraviados de nuevo
gimen y se les deja de lado,
y la verdad no se puede ocultar;
alguien escogió su dolor,
pasó lo que no tenía por qué haber pasado.
Ocurriendo esta misma noche
sin ceñirse a ninguna regla probada,
es posible que algún acontecimiento haya lanzado
su primer pequeño No al derecho
de las leyes que aceptamos para regir
nuestro mundo posdiluviano:
pero las estrellas siguen ardiendo en lo alto,
ajenas a finales definitivos,
mientras regreso a casa para acostarme,
preguntando qué juicio aguarda a
mi persona, todos mis amigos,
y estos Estados Unidos.
(Canción de cuna y otros poemas, 2006)
Versión de Eduardo Iriarte
Blues
del refugiado
Digamos que hay diez millones en esta ciudad,
unos viven en mansiones, otros viven en agujeros:
con todo, no hay lugar para nosotros, querida, no
hay lugar.
Alguna vez tuvimos una patria y nos pareció justo,
mira en el Atlas y ahí la encontrarás:
no podemos ir a ella ahora, querida, no podemos ir.
En el cementerio del pueblo hay un árbol viejo
que año con año florece nuevamente:
los viejos pasaportes no hacen eso, querida, los
pasaportes viejos no.
El cónsul golpeó la mesa y dijo:
“Si no hay pasaporte están oficialmente muertos”:
pero aún vivimos, querida, aún estamos vivos.
Fui a un comité; me ofrecieron una silla;
me pidieron cortésmente que volviera en un año:
pero ¿a dónde iremos hoy, querida? ¿hoy a dónde iremos?
Fui a un mitin público; el orador se puso de pie y dijo:
“Si los dejamos entrar se robarán el pan”;
hablaba de nosotros, querida, hablaba de nosotros.
Creí oír el estruendo de un trueno en el cielo;
era Hitler en Europa diciendo:“¡Deben morir!”;
nos tenía en mente, querida, nos tenía en mente.
Vi un poodle en un saco cerrado con un alfiler,
vi una puerta abierta para que entrara el gato:
no eran judíos alemanes, querida, no eran judíos alemanes.
Bajé a la bahía y me paré junto al muelle,
vi nadar a los peces como si fuesen libres
a cinco metros de mí apenas, querida, a cinco
metros de mí.
Crucé un bosque, vi a las aves en los árboles;
no tenían políticos y cantaban a placer:
no eran la raza humana, querida, no eran esa raza.
Soñé que vi un edificio con mil pisos de altura,
mil ventanas y mil puertas;
ninguna era nuestra, querida, ninguna era nuestra.
Me detuve en la pradera entre la nieve que caía;
diez mil soldados marchaban de aquí para allá:
buscándonos, mi vida, buscándonos a ti y a mí.
(W. H. Auden, 2007)
Digamos que hay diez millones en esta ciudad,
unos viven en mansiones, otros viven en agujeros:
con todo, no hay lugar para nosotros, querida, no
hay lugar.
Alguna vez tuvimos una patria y nos pareció justo,
mira en el Atlas y ahí la encontrarás:
no podemos ir a ella ahora, querida, no podemos ir.
En el cementerio del pueblo hay un árbol viejo
que año con año florece nuevamente:
los viejos pasaportes no hacen eso, querida, los
pasaportes viejos no.
El cónsul golpeó la mesa y dijo:
“Si no hay pasaporte están oficialmente muertos”:
pero aún vivimos, querida, aún estamos vivos.
Fui a un comité; me ofrecieron una silla;
me pidieron cortésmente que volviera en un año:
pero ¿a dónde iremos hoy, querida? ¿hoy a dónde iremos?
Fui a un mitin público; el orador se puso de pie y dijo:
“Si los dejamos entrar se robarán el pan”;
hablaba de nosotros, querida, hablaba de nosotros.
Creí oír el estruendo de un trueno en el cielo;
era Hitler en Europa diciendo:“¡Deben morir!”;
nos tenía en mente, querida, nos tenía en mente.
Vi un poodle en un saco cerrado con un alfiler,
vi una puerta abierta para que entrara el gato:
no eran judíos alemanes, querida, no eran judíos alemanes.
Bajé a la bahía y me paré junto al muelle,
vi nadar a los peces como si fuesen libres
a cinco metros de mí apenas, querida, a cinco
metros de mí.
Crucé un bosque, vi a las aves en los árboles;
no tenían políticos y cantaban a placer:
no eran la raza humana, querida, no eran esa raza.
Soñé que vi un edificio con mil pisos de altura,
mil ventanas y mil puertas;
ninguna era nuestra, querida, ninguna era nuestra.
Me detuve en la pradera entre la nieve que caía;
diez mil soldados marchaban de aquí para allá:
buscándonos, mi vida, buscándonos a ti y a mí.
(W. H. Auden, 2007)
Trad. Guillermo Sheridan
Ley como amor
La Ley, según los jardineros, es el sol,
La Ley es aquella
que hay que obedecer
hoy, mañana, ayer.
La Ley es la sapiencia de los viejos:
chillan y refunfuñan los impotentes abuelos;
con voz tipluda los nietos dicen:
La Ley es los sentidos de la juventud.
La Ley, dice el cura con su cara de cura
explicándole a los laicos,
La Ley son las palabras de mi devocionario,
mi púlpito y mis torres son La Ley.
La Ley, dice el juez desde su solio,
hablando claramente y con severidad,
La Ley, como antes había dicho,
La Ley, como supongo ya saben,
La Ley, si otra vez me permiten explicarlo,
La Ley es La Ley.
Aun así, los sabios observantes de la ley escriben:
La Ley no es ni equívoca ni justa,
La Ley sólo es los crímenes
castigados en tiempos y lugares,
La Ley es la ropa que los hombres usan
en cualquier parte, en un tiempo cualquiera,
La Ley es Buenos Días y Buenas Noches.
Otros dicen, La Ley es nuestro destino;
otros dicen, La Ley es el Estado;
otros dicen, otros dicen
ya no existe La Ley,
La Ley se ha ido.
Y dice siempre la escandalosa turba
tan terrible, tan gritona:
La Ley somos nosotros;
y siempre, suavemente, el suave idiota: Yo soy
La Ley.
Si nosotros, amada, sabemos que no sabemos
más que ellos sobre la ley,
si yo, no más que tú,
sé lo que debemos hacer y lo que no
y que todos concuerdan
alegre o tristemente
en que la ley es
y en que todos lo saben,
y entonces pensando que es absurdo
definir a la Ley con alguna otra palabra,
a diferencia de muchos otros hombres
no puedo decir La Ley es… otra vez;
no menos que ellos podemos suprimir
el universal deseo de adivinar
o abandonar nuestra propia posición
a una condición despreocupada.
No obstante yo puedo, al menos, confinar
tu vanidad y la mía
a la tímida proposición
de una tímida similitud,
que, con todo, propondré:
que es como el amor yo digo.
Como el amor ignoramos por qué o dónde
como al amor no podemos someterla ni evadirla
como al amor la lloramos con frecuencia
como al amor rara vez la conservamos.
(W. H. Auden, 2007)
Trad. Guillermo Sheridan
El novelista
Vestido de talento como de un uniforme,
es bien sabido el lugar de un poeta;
puede asombrarnos como una tormenta,
o morir joven, o vivir solo muchos años,
o ir hacia adelante como un húsar.
Pero él debe salir de su don infantil
y aprender cómo ser sencillo y desgarbado,
cómo ser uno al que nadie pensaría en recurrir.
Pues, para lograr su más ínfimo deseo,
debe ser el todo del tedio, sujetarse
a quejas vulgares como el amor, ser Justo
entre los justos, puerco entre los puercos
también, y en su propia persona, si es que puede,
acumular con celo los errores del hombre.
(W. H. Auden, 2007)
Trad. Guillermo Sheridan
El compositor
Los otros traducen: el pintor dibuja
un mundo visible que amar o rechazar;
escarbando su vida, el poeta saca
las imágenes que hieren y conectan,
moldeando con dolor, a la vida y al arte,
confiando que nosotros cubriremos la grieta.
Sólo tus notas son puro artefacto,
sólo tu canción es un don absoluto.
Derrama tu presencia, delicia desbordada,
por las cascadas de las piernas y los
vertederos de la espalda,
que invade nuestro clima de duda y de silencio;
sólo tú, tú sola, canción imaginaria,
eres incapaz de decir que una existencia ha errado,
y viertes, como un vino, tu perdón.
(W. H. Auden, 2007)
Trad. Guillermo Sheridan
***
El Laberinto
Antropo áptero caminó silbando
varios días alrededor y alrededor del Laberinto,
confiando felizmente en
su carácter para continuar.
Pero a la centésima ocasión advirtió
un arbusto que había pasado una hora antes,
se detuvo donde cuatro caminos se cruzaban
y reconoció que estaba perdido.
“¿Dónde estoy? Dice la Metafísica
que no se puede formular una pregunta a menos
que haya respuesta, así que puedo
asumir que este laberinto tiene un orden.
Si los teólogos están en lo correcto,
un Orden implica un Arquitecto: estoy seguro
de que sería un laberinto construido por Dios,
el Universo en miniatura.
En tal caso, ¿los datos del mundo Sensorial
son una evidencia válida?
¿Lo que conozco del universo
puede darme las indicaciones para seguir?
Todos los Matemáticos sugieren
que lo mejor es una línea recta y constante,
pero la alternancia de la izquierda y la derecha
coincide con la Historia.
La Estética, empero, cree que todo Arte
busca satisfacer el corazón:
al rechazar aquella clase de disciplinas,
¿debo entonces seguir el camino que me plazca?
Tal razonamiento sólo es verdad
si aceptamos la visión clásica,
la cual no tenemos derecho a reivindicar,
de acuerdo con el Introvertido.
Su presuposición absoluta
es: el Hombre crea su propia condición:
este laberinto no fue construido por una divinidad,
sino que mi culpa lo segrega.
El centro que no puedo hallar
lo conoce mi Mente inconsciente;
no tengo razón para desesperar
porque ya estoy ahí.
Mi problema es cómo no desear;
más rápido se mueven los que están en reposo;
sólo estoy perdido hasta advertir que
estoy perdido porque lo quiero estar.
Si esto fuera falso, quizá debería,
como lo hacen ciertos profesores,
contentarme con la conclusión;
en teoría no hay solución.
Toda las afirmaciones acerca de lo que siento,
como Yo-estoy-perdido, son más bien irreales:
mi conocimiento termina donde inició;
un seto es más alto que un hombre”.
Antropo áptero, perplejo
por saber qué vuelta debía tomar,
alzó la mirada y deseó ser un pájaro
al que tales dudas deben parecer absurdas.
§
The Labyrinth*
Anthropos apteros for days
Walked whistling round and round the Maze,
Relying happily upon
His temperment for getting on.
The hundredth time he sighted, though,
A bush he left an hour ago,
He halted where four alleys crossed,
And recognized that he was lost.
“Where am I? Metaphysics says
No question can be asked unless
It has an answer, so I can
Assume this maze has got a plan.
If theologians are correct,
A Plan implies an Architect:
A God-built maze would be, I’m sure,
The Universe in minature.
Are data from the world of Sense,
In that case, valid evidence?
What in the universe I know
Can give directions how to go?
All Mathematics would suggest
A steady straight line as the best,
But left and right alternately
Is consonant with History.
Aesthetics, though, believes all Art
Intends to gratify the heart:
Rejecting disciplines like these,
Must I, then, go which way I please?
Such reasoning is only true
If we accept the classic view,
Which we have no right to assert,
According to the Introvert.
His absolute pre-supposition
Is – Man creates his own condition:
This maze was not divinely built,
But is secreted by my guilt.
The centre that I cannot find
Is known to my unconscious Mind;
I have no reason to despair
Because I am already there.
My problem is how not to will;
They move most quickly who stand still;
I’m only lost until I see
I’m lost because I want to be.
If this should fail, perhaps I should,
As certain educators would,
Content myself with the conclusion;
In theory there is no solution.
All statements about what I feel,
Like I-am-lost, are quite unreal:
My knowledge ends where it began;
A hedge is taller than a man.”
Anthropos apteros, perplexed
To know which turning to take next,
Looked up and wished he were a bird
To whom such doubts must seem absurd.
Quién es quién
Una vida miserable ofrece todos los hechos:
cómo lo golpeaba el padre, cómo escapó,
qué batallas libró en la juventud, qué actos
lo convirtieron en la figura más grande de su época;
cómo luchaba, pescaba, cazaba, trabajaba toda la noche,
aun mareado, escaló nuevas montañas; nombró un mar;
investigadores más recientes incluso escribieron
que el amor lo hacía llorar a cántaros como tú y yo.
Con todo y sus honores, suspiraba por alguien
que, según los pasmados críticos, vivía en casa;
hacía con diligencia los pequeños quehaceres del hogar
y nada más; sabía silbar; se quedaba sentada
o pasaba el rato en el jardín; respondía algunas
de sus largas y esplendidas cartas, pero no guardaba ninguna.
§
Who’s Who*
A shilling life will give you all the facts:
How Father beat him, how he ran away,
What were the struggles of his youth, what acts
Made him the greatest figure of his day;
Of how he fought, fished, hunted, worked all night,
Though giddy, climbed new mountains; named a sea;
Some of the last researchers even write
Love made him weep his pints like you and me.
With all his honours on, he sighed for one
Who, say astonished critics, lived at home;
Did little jobs about the house with skill
And nothing else; could whistle; would sit still
Or potter round the garden; answered some
Of his long marvellous letters but kept none.
Padres cazadores
Nuestros padres cazadores contaron
la historia de la tristeza de las criaturas,
lamentaron los límites y las carencias
que había en sus acabados rasgos;
en la mirada intolerante del león,
tras la mirada agónica de la presa, vieron
la rabia del amor, la gloria personal
que confería el don de la razón,
el apetito liberal y el poder,
la pertinencia de un dios.
¿Quién, criado en esa refinada tradición,
predijo el resultado, adivinó
que por naturaleza el Amor se ajustaba a
las intrincadas formas de la culpa,
que los ligamentos humanos podían así
modificar los gestos del sureño
y volverla su madura ambición
para no pensar más idea que la nuestra,
para desear, trabajar ilegalmente
y ser anónimo?
§
Hunting Fathers*
Our hunting fathers told the story
Of the sadness of the creatures,
Pitied the limits and the lack
Set in their finished features;
Saw in the lion’s intolerant look,
Behind the quarry’s dying glare,
Love raging for, the personal glory
That reason’s gift would add,
The liberal appetite and power,
The rightness of a god.
Who, nurtured in that fine tradition,
Predicted the result,
Guessed Love by nature suited to
The intricate ways of guilt,
That human ligaments could so
His southern gestures modify
And make it his mature ambition
To think no thought but ours,
To hunger, work illegally,
And be anonymous?
WH Auden, 1963.
El ciudadano desconocido
(Para JS/07/M/378/ el Estado erige
este monumento de mármol)
La Oficina de Estadísticas encontró que era
alguien de quien no había quejas oficiales
y todos los reportes de su conducta concuerdan en
que, según el sentido moderno de una palabra antigua,
era un santo,
pues todo lo que hizo sirvió a la Gran Comunidad.
Salvo cuando fue a la Guerra, trabajó en una fábrica
hasta el día que se retiró y nunca fue despedido,
sino que complació a su empresa, Motores Embuste Inc.
Por lo demás, no era esquirol ni tenía ideas raras,
pues el sindicato reporta que pagaba sus cuotas
(el reporte que tenemos del sindicato demuestra ser sólido)
y nuestros trabajadores en Psicología Social hallaron
que era popular entre sus compañeros y le gustaba tomar un trago.
La Prensa está convencida de que compraba el periódico a diario
y de que su reacción ante los anuncios era normal en todos
los sentidos.
Las pólizas a su nombre comprueban que estaba plenamente
asegurado y su Carnet de Salud demuestra que una vez acudió al
hospital, pero salió curado.
Investigación de Productores y Vivienda de Alta Calidad declaran
que estaba muy consciente de las ventajas del Pago a Plazos
y que tenía todo lo necesario para el Hombre Moderno:
un fonógrafo, un radio, un auto y un refrigerador.
Nuestros investigadores en Opinión Pública están contentos
de que tuviera las opiniones adecuadas según la época del año:
cuando había paz, estaba por la paz; cuando hubo guerra,
él fue.
Se casó y sumó cinco hijos a la población,
lo cual, según nuestro Eugenista, era la cantidad idónea para un padre
de su generación.
Y nuestros profesores reportan que jamás interfirió en
su educación.
¿Era libre? ¿Era feliz? La pregunta es absurda:
si algo estaba mal, seguramente nos habríamos enterado.
§
The Unknown Citizen*
(To JS/07/M/378/ This Marble Monument
Is Erected by the State)
He was found by the Bureau of Statistics to be
One against whom there was no official complaint,
And all the reports on his conduct agree
That, in the modern sense of an old-fashioned word,
he was a saint,
For in everything he did he served the Greater Community.
Except for the War till the day he retired
He worked in a factory and never got fired
But satisfied his employers, Fudge Motors Inc.
Yet he wasn’t a scab or odd in his views,
For his Union reports that he paid his dues,
(Our report on his Union shows it was sound)
And our Social Psychology workers found
That he was popular with his mates and liked a drink.
The Press are convinced that he bought a paper every day
And that his reactions to advertisements were normal in every
way.
Policies taken out in his name prove that he was fully insured,
And his Health-card shows he was once in hospital but left it
cured.
Both Producers Research and High-Grade Living declare
He was fully sensible to the advantages of the Installment Plan
And had everything necessary to the Modern Man,
A phonograph, a radio, a car and a frigidaire.
Our researchers into Public Opinion are content
That he held the proper opinions for the time of year;
When there was peace, he was for peace: when there was war,
he went.
He was married and added five children to the population,
Which our Eugenist says was the right number for a parent of
his generation.
And our teachers report that he never interfered with their
education.
Was he free? Was he happy? The question is absurd:
Had anything been wrong, we should certainly have heard.
El sueño
Querida, aunque la noche ha partido,
su sueño todavía hoy me hechiza,
el que nos llevó a una habitación
cavernosa, elegante como
la terminal de un ferrocarril,
y hacinadas en esa oscuridad
había camas y nosotros tendidos
en una de ellas, en un lejano rincón.
Nuestro murmullo no despertaba los relojes,
nos besábamos y yo me sentía feliz
con todo lo que hacías,
indiferente a las parejas
que sentadas sobre las camas
nos miraban con hostilidad,
rodeando sus cuellos con los brazos,
inertes y vagamente tristes.
¿De qué oculto gusano de culpa
o de qué maligna duda
soy víctima?,
pues tú, entonces, con descaro,
hiciste lo que jamás deseé,
confesaste otro amor;
y yo, sumiso, me sentí
indeseado y salí.
§
The Dream*
Dear, though the night is gone,
Its dream still haunts to-day,
That brought us to a room
Cavernous, lofty as
A railway terminus,
And crowded in that gloom
Were beds, and we in one
In a far corner lay.
Our whisper woke no clocks,
We kissed and I was glad
At everything you did,
Indifferent to those
Who sat with hostile eyes
In pairs on every bed,
Arms round each other’s necks,
Inert and vaguely sad.
What hidden worm of guilt
Or what malignant doubt
Am I the victim of,
That you, then, unabashed,
Did what I never wished,
Confessed another love;
And I, submissive, felt
Unwanted and went out.
Paisaje marino
Mira, extraño, esta isla que ahora
la inquieta luz revela para deleitarte,
quédate parado aquí
y guarda silencio,
que a través de los cauces del oído
pase como un río
el oscilante sonido del mar.
El límite del pequeño campo se detiene aquí,
donde el muro de piedra caliza cae a la espuma
y sus altas cornisas se oponen al impulso
y al golpe de la marea,
los guijarros de revuelven tras el ole-
aje absorbente
y la gaviota se hospeda
un momento en su ladera escarpada.
A la distancia, como semillas flotantes, los barcos
se separan para llevar sus urgentes encargos;
y que todo el paisaje
se interne y se mueva
en la memoria como lo hacen ahora estas nubes,
que cruzan el espejo del puerto
y todo el verano a través del sereno andar de las aguas.
§
Seascape*
Look, stranger, at this island now
The leaping light for your delight discovers,
Stand stable here
And silent be,
That through the channels of the ear
May wander like a river
The swaying sound of the sea.
Here at the small field’s ending pause
Where the chalk wall falls to the foam, and its tall ledges
Oppose the pluck
And knock of the tide,
And the shingle scrambles after the suck-
ing surf,
and the gull lodges
A moment on its sheer side.
Far off like floating seeds the ships
Diverge on urgent voluntary errands;
And the full view
Indeed may enter
And move in memory as now these clouds do,
That pass the harbour mirror
And all the summer through the water saunter.
Epitafio de un tirano
Perfección, de algún tipo, era lo que él buscaba,
y la poesía que inventó era fácil de comprender;
conocía la estupidez humana como la palma de su mano
y tenía un enorme interés en ejércitos y flotas;
cuando reía, los respetables senadores reían a carcajadas,
y cuando lloraba, los niños pequeños morían en las calles.
§
Epitaph on A Tyrant*
Perfection, of a kind, was what he was after,
And the poetry he invented was easy to understand;
He knew human folly like the back of his hand,
And was greatly interested in armies and fleets;
When he laughed, respectable senators burst with laughter,
And when he cried the little children died in the streets.
(Collected Poems, 1991)
Versiones de Alejandro Bajarlia
Graciasss/lapaginaimpresablog.wordpress.com/2021/poemas-de-w-h-auden-1907-1973/
Graciasss/amediavoz.com/auden
Graciasss/vomiteunconejito.wordpress.com/2020/poemas-de-w-h-auden/
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