AMY LOWELL

Diez poemas de Amy Lowell
Selección y versión de: Hernán Bravo Varela
 
“Lowell creaba un mundo erotizado en el que su relación con Ada Russell fue central, y desafió los límites de género y sexualidad, así como las convenciones sociales. Mientras que [Gertrude] Stein empleó palabras en clave para su lesbianismo al escribir sobre la relación con Alice Toklas, Lowell se ubicaba en el mundo natural —del modo en que [Walt] Whitman lo había hecho con los poemas homoeróticos de “Cálamo”— para escribirle poemas líricos de amor, abiertamente sexuales, a Russell.”
 
Interludio
 
Después de hornear pasteles blancos
y de rayar almendras para espolvoreárselas;
de arrancarle los tallos a las fresas
y apilarlas, con la punta hacia arriba, en un platón azul y amarillo;
después de alisar las costuras del mantel que he venido trabajando,
¿qué sigue?
Mañana será igual:
pasteles, fresas
y agujas dentro y fuera de la tela.
Si el sol resulta hermoso en ladrillos y peltre,
la luna aún resulta más hermosa
cuando se inclina sobre el ramerío gofrado de un ciruelo.
La luna,
que tiembla sobre un lecho de tulipanes.
Y la luna,
inmóvil,
sobre tu rostro.
Brillas, Bienamada,
tú y la luna.
Mas ¿quién es el reflejo?
El reloj da las once.
Y pienso, tras cerrar la puerta y atrancarla,
que allá afuera estará la noche
oscura.
 
*
 
Septiembre, 1918
 
Esta tarde fue del color del agua cayendo entre la luz del sol.
Los árboles brillaban con la caída de las hojas.
Las aceras lucían como senderos de hojas desprendidas del arce
y las casas las iban correteando, riéndose con ventanas abiertas y cuadradas.
Al pie de un árbol en el parque,
dos niños que yacían boca abajo
juntaban moras cuidadosamente,
guardándolas en una caja de cartón.
Un día no habrá guerra
y entonces tomaré esta tarde
y la transformaré en mis dedos,
y con el paladar notaré su dulzura,
la fresca variedad que hay en la trayectoria de sus hojas.
Hoy sólo puedo juntar todo,
guardarlo en mi lonchera,
pues ya no tengo tiempo para nada
más que el afán de balancearme
en un mundo quebrado.
 
*
 
Una amante
 
Si yo atrapara la verde linterna de la luciérnaga,
sería capaz de ver y de escribirte una carta.
 
*
 
Meditación
 
Un sabio
que veía cruzar estrellas por el cielo,
remarcó:
En el aire más alto, las luciérnagas se mueven con mayor lentitud.
 
*
 
Superstición
 
Pinté la imagen de un fantasma
en mi cometa
y la colgué de un árbol.
Más tarde, cuando suelte la cuerda
y la deje volar,
la gente habrá de acobardarse
y ocultar la cabeza
por miedo al dios
que nada entre las nubes.
 
*
 
Poesía
 
Sobre la tienda donde venden seda
vuelan aún cometas de dragones.
 
*
 
Bruma lunar
 
Porque la luz de luna decepciona,
la amo.
 
*
Una ramita de romero
 
No puedo ver tu rostro.
Cuando te pienso,
lo que veo son tus manos.
Tus manos
al coser
o sosteniendo un libro.
Descansando un momento en un alféizar.
Mis ojos nunca pierden a tus ojos de vista,
pero mi corazón guarda el sonido de tu voz
y el fulgor delicado que es tu alma.
 
*
 
Granada china
 
Me corto cada vez que pienso en ti
y aun así vuelvo a hacerlo todo el tiempo,
una suerte de furia quiere que te sustraiga
de este tenue presente
y de pronto te ponga en una rueda de rosas sobre mí.
Entonces, cuando estoy por inhalar, y es obvio, su fragancia,
toco tu filo hasta ceñirme a él,
y sólo hasta que corre la sangre por mis dedos
me doy por satisfecha.
 
*
 
Empeño
 
Oh Tú,
que alguna vez caíste sobre mí,
estirado detrás de los manzanos justo después del baño,
debiste ahorcarme antes de hablar
y no llenarme con la blanca miel silvestre de todas tus palabras,
dejándome a merced de las abejas
en el bosque.
 
(Poemas provenientes, en orden de aparición, de los libros
Imágenes de un mundo flotante
[Pictures from a Floating World] (1919) y
Coterie [Cenáculo] (1920), incluidos en
Obras poéticas completas,
Houghton Mifflin,
Boston,
1955, 
607 pp.)
 
Hernán Bravo Varela. Poeta, ensayista y traductor.
 
Graciasss/cultura.nexos.com.mx/diez-poemas-de-amy-lowell/
 
***
 

Estanque
 
Frías, húmedas hojas
flotan en un agua coloreada por el moho
y el canto de las ranas:
rotas campanadas en el ocaso.
 
 
Superstición
 
He pintado el retrato de un fantasma
en mi barrilete
y he colgado éste de un árbol.
Más tarde, cuando suelte la cuerda
y lo deje volar,
la gente se encogerá de miedo
y ocultará la cabeza,
por miedo al Dios
que da vueltas en las nubes.
 
 
Ópalo
 
Eres hielo y fuego,
tu tacto quema mis manos como la nieve.
Eres frío y llama.
Eres el carmesí de la amarilis.
el plateado de las magnolias acariciadas por la luna.
Cuando estoy contigo
mi corazón es un estanque helado
en el que relucen las antorchas que se agitan.
 
 
Extraños
 
El parloteo de las hadas
destruye mi determinación
como las gotas de agua que lentamente desgastan las rocas
                hasta convertirlas en polvo.
Y mientras río
mi valor se desmorona ante sus burlas.
 
(The Complete Poetical Works of Amy Lowell,
Houghton Mifflin, Boston,
1983)
 
Versiones Jonio González
 
Graciasss/campodemaniobras.blogspot.com/2013/amy-lowell-cinco-poemas
 
***


La bufanda azul
 
Pálida, con el azul del alto cenit, brillaba otra vez con plata, brocade en suaves, 
vertiginosos patrones, un material delicado, con oscuros bordes anudados, está 
ahí, cálida desde los tersos hombros de una mujer y mis dedos se aproximan, 
                                                                                                                       acariciándola.
¿Dónde está ella, la mujer que la uso? El aroma de ella me sigue e intoxica. Una 
languidez, un fuego disparado, corre a través de mí, y yo aprieto la bufanda 
                                                                                                                            debajo de 
mi rostro, y trago en la calidez y lo azul, y mis ojos nadan en cielos de tinta fresca.
Alrededor de mí hay columnas de mármol y un pavimento cambiado, con un 
                                                                                                                parpadeante sol. 
Las hojas de las rosas vuelan y chocan contra ella. 
                                                       Debajo de los pasos de piedra un laúd tintinea.
Un tarro de jade verde arroja la mitad de su sombra sobre el piso. Una rana de 
                     gran vientre salta a través de la luz del sol, y cae en la burbuja
       dorada de una cuenca, hundida en mármol negro y blanco. 
El viento del oeste ha levantado una bufanda en el asiento cercano a mí; el azul
   de la bufanda es un ultraje violento de color. Ella la dibuja más cerca de ella, 
y se ondula bajo su ligera agitación.
       Sus besos son afilados brotes de fuego; y ardo de regreso con ella, una joya 
 dura y blanca, una flor en llamas; hasta que rompa en un puñado de cenizas, 
          y abra mis ojos hacia la bufanda, brillando azul en la luz de la tarde.
 
¡Qué fuerte los relojes suenan cuando una habitación está vacía y una está sola!
 
 
Una amante
 
Si pudiera atrapar la linterna verde de la luciérnaga
Podría verme escribiéndote una carta.
 
 
Intersección
 
Oh Tú,
que viniste a mí una vez
estirada bajo los manzanos tras haberte bañado,
por qué no me ahorcas antes de hablar
en vez de llenarme de la salvaje miel blanca de tus palabras
y después dejarme a merced
de las abejas del bosque.
 
Versiones al español Adalberto García López.
 
Graciasss/circulodepoesia.com/2016/05/100-pulitzer-poets-amy-lowell-1926/
 
***
 

In Excelsis
 
Tú, tú
tu sombra es luz en una bandeja de plata;
tus pasos, el semillero de los lirios;
tus manos moviéndose, un tañido de campanas cruzando
el aire calmo.
 
El movimiento de tus manos es el largo, dorado recorrido
de la luz del sol naciente;
el aleteo de los pájaros en el sendero de un jardín.
 
Como perfume de narcisos, tú apareciste en la mañana.
Los potrillos no son más rápidos que tus pensamientos,
tus palabras son abejas alrededor de un peral,
tus fantasías son avispas doradas y negras zumbando
entre manzanas rojas.
Bebo tus labios,
devoro la blancura de tus manos y pies.
Mi boca está abierta,
como una jarra nueva estoy vacía y abierta.
Como el agua blanca eres tú que llenas la copa de mi boca,
como un arroyo de agua lleno de lilas.
 
Estás inmóvil como las nubes,
lejano y dulce como las altas nubes.
Me atrevo a alcanzarte,
me atrevo a tocar el borde de tu brillo.
Me abalanzo más allá de los vientos,
yo exclamo y grito,
pues mi garganta corta como una espada
afilada con una piedra de marfil.
Mi garganta canta el regocijo de mis ojos,
la alegría impetuosa de mi amor.
¿Cómo cayó el arcoiris en mi corazón?
¿Cómo atrapé los mares para tenerlos entre mis dedos
y me atrapó el cielo para que sea un manto sobre mi cabeza?
¿Cómo es que llegaste a morar conmigo,
guiándome con los cuatro círculos de tu mística claridad,
para que yo diga ‘¡Gloria! ¡Gloria!’ y me incline ante ti
como frente a un altar?
 
¿Me engaño a mí misma con que la mañana es la mañana y
un día después?
¿Creo que el aire es una condescendencia,
la tierra una gentileza,
el cielo una bendición a la que dar gracias?
Pues bien, tú —aire— tierra— cielo—
no te agradezco,
te tomo,
y vivo.
Y aquellas cosas que digo en consecuencia
son rubíes encastrados en una puerta de piedra.

(What's O'Clock, 1925)
 
Trad. Silvia Camerotto
 
                              
En oscuridad
 
Debemos padecer todo lo que vale la pena, y las estrellas de la vida
más brillantes surgen de un mar turbulento
Deben pasar los años en triste incertidumbre
dejándonos en la duda de quiénes son los golpes de la victoria,
¿Somos nosotros los vencedores o es el Destino?
El tiempo demuestra
que todos nuestros más íntimos propósitos serán revelados, pero
nunca sabremos el desenlace. El nuestro será
desperdiciado en nostalgias, destrozado en las agonías,
las agonías de espléndidos sueños, que el día
debilita de nuestra visión, pero que regresa cada noche;
luchamos para sostener su grandeza, y ensayamos
ser aquello que soñamos. De golpe carecemos
de la luz interior, la vida crece gris y sombría,
y las horas pasan, indiferentes, sin intensidad.
Deben pasar los años en triste incertidumbre.
Nunca sabremos el resultado.

(A Dome of Many-Coloured Glass, 1912)
 
Trad. Silvia Camerotto
 
***
 

Esposa de un poeta
 
Has tomado nuestro amor
convirtiéndolo en simples monedas.
Vendes los poemas que escribiste para mí,
y con el precio compras rebosantes copas de vino.
Te ruego que calles,
que no escribas más aquella poesía.
El vino nos daña,
y las palabras de tu corazón
se convierten en el lenguaje vulgar
de las concubinas del Emperador.

(Sword Blades and Poppy Seed, 1914)


A un marido
 
Sobre el río Uji, más brillantes que las luciérnagas,
son –amado mío– tus palabras en la oscuridad.
 
(Poetry[Magazine], 1917)
 

Crepuscule du Matin
 
Toda la noche luché con un recuerdo
que golpeó violentamente las puertas del pensar.
Las ruinas abatidas de años pasados han forjado
su desencanto; ahora solo lloro
por paz, por poder olvidar la mentira
que la esperanza por tanto tiempo ha susurrado. Así, busqué
el sueño que no vendría, mientras la noche yacía colmada
de antiguas emociones que lloraban en silencio.
Volví a oír tu voz, y supe
que tus promesas eran vana presunción.
Sentí tus manos aferradas mientras las amplias alas de la noche
acariciaban nuestro amor en la penumbra; desde la hierba
un súbito trino tembloroso, como una burla.
Mis brazos no sostenían más que el alba vacía.

A Dome of Many-Coloured Glass, 1912)


Comentarios