Tu amor, ayer tan firme…
Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno,
tan ajenas tu boca y tu cintura,
que me parece poca la amargura
de que hoy mi alrededor contemplo lleno.
El mal que hiciste lo tomé por bueno;
por agasajo tu desgarradura:
ni yo abro el pecho a herida que no dura
ni con vinos de olvido me sereno.
Mi corazón te tiene tan presente
que a veces, porque vive, desconfío
que sienta el desamor como lo siente.
Yo he ganado en el lance del desvío:
de nuestra triste historia únicamente
el arma es tuya; todo el dolor, mío.
(Enemigo íntimo, 1959)
**
Atardeció sin ti…
Atardeció sin ti. De los cipreses…
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.
A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.
Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.
Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.
(11 Sonetos de la Zubia, 1981)
**
Condena
A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.
(27 sonetos de La Zubia, 1987)
**
Tu amor, ayer tan firme, es tan ajeno,
tan ajenas tu boca y tu cintura,
que me parece poca la amargura
de que hoy mi alrededor contemplo lleno.
El mal que hiciste lo tomé por bueno;
por agasajo tu desgarradura:
ni yo abro el pecho a herida que no dura
ni con vinos de olvido me sereno.
Mi corazón te tiene tan presente
que a veces, porque vive, desconfío
que sienta el desamor como lo siente.
Yo he ganado en el lance del desvío:
de nuestra triste historia únicamente
el arma es tuya; todo el dolor, mío.
(Enemigo íntimo, 1959)
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Atardeció sin ti…
Atardeció sin ti. De los cipreses…
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.
A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.
Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.
Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.
(11 Sonetos de la Zubia, 1981)
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Condena
A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,
porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.
(27 sonetos de La Zubia, 1987)
**
Playa de El Palo
Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar…
Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
-entre el fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.
Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.
Guadalquivir en Sanlúcar
Cuando ya iba a morir, volvió la cara.
Vio el rosa de la sal, los anchos cielos,
el temblor del trasmallo, las aves migratorias.
Vio el jazmín, la pineda,
trigos, olivos, cantes destrenzados.
Vio la belleza que no atardece nunca...
Se vio a sí mismo: pródigo,
pacífico y sapiente,
y enriqueció la tierra con su huella.
Nunca tuvo más fin ni más principio…
Al despedirse de la Andalucía,
sintió el sabor salado de la muerte ...
Guadalquivir mi corazón se llama.
(Testamento andaluz, 1994)
**
Nadie mojaba el aire…
Nadie mojaba el aire
tanto como mis ojos.
Me decías: «¿Trabajas?»
Me decías: «¿Ya es la hora del té?»
Y yo no te decía: «Te amo»;
no te decía:
«Eres todo lo que tengo»;
no te decía:
«Eres la única rosa en la que caben
todas las primaveras».
Me decías:
«Adiós, hasta mañana».
O me decías:
«¿Necesitas algo?».
Y yo no te decía:
«Me estoy muriendo
de amor… me estoy muriendo».
Nadie mojaba el aire
como yo.
Tú me abandonarás en primavera…
Tú me abandonarás en primavera,
cuando sangre la dicha en los granados
y el secadero, de ojos asombrados,
presienta la cosecha venidera.
Creerá el olivo de la carretera
ya en su rama los frutos verdeados.
Verterá por maizales y sembrados
el milagro su alegre revolera.
Tú me abandonarás. Y tan labriega
clareará la tarde en el ejido,
que pensaré: Es el día lo que llega.
Tú me abandonarás sin hacer ruido,
mientras mi corazón salpica y juega
sin darse cuenta de que ya te has ido.
El arma que te di pronto la usaste…
El arma que te di pronto la usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.
Si en tu poder y fuerza confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.
Aunque aún mane la sangre del costado
donde melló su filo tu imprudencia,
ya el tiempo terminó de tu reinado.
Hecho a los gestos de la violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en mi ausencia.
Bagdad
Tenía tanta necesidad de que me amaras,
que nada más llegar te declaré mi amor.
Te quité luces, puentes y autopistas,
ropas artificiales.
Y te dejé desnuda, inexistente casi,
bajo la luna y mía.
A las princesas sumerias,
cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,
les brillaban aún sus dientes jóvenes;
se quebraron sus cráneos antes que sus collares;
se fundieron sus ojos antes que sus preseas….
Bajo la luna aún brillaban sus dientes,
mientras te poseí desnuda y mía.
El sur
Y nosotros ¿qué haremos?
Los nacidos en tierras soleadas,
donde todo es como una jadeante
pedrería, que cálida alimenta
al indomable tigre del verano.
Donde cada tiniebla es el refugio
de voraces amantes, cuyos ojos
pregonan al pasar su sed urgente,
y al río van cogidas las cinturas.
Donde el amable peso de sus alas
impide defenderse de la Belleza
de un proceloso bosque de caricias.
Los nacidos en tierra de naranjos,
entre los cuales un ciprés levanta
asombrado su espíritu, qué haremos,
si un ardiente desorden nos envuelve
e inseparable tras nosotros, roja
como una cauda, repta la indolencia.
¿Qué haremos los ungidos con el óleo
antiguo, si pisamos sobre aquello
que muerto hace crecer a las granadas
y cuya ruina de olivar quemado
aún desea besar con nuestra boca?
¿Adónde miraremos
si por doquier florece la nupcial
campánula y desnudo el cuerpo se echa
con regalo en la yerba, y lo extasía
el singular color de las cantáridas;
si un sabor tiene el alba no gustado
a manzana primera, y de ella muerde
también corporalmente el pensamiento?
¿Dónde está la Belleza?, me pregunto
y entre mis labios húmeda desliza
Amor su lengua y falsa su respuesta…
Nos entorna las almas el olvido
que los frutales muslos nos exigen
en su hermoso delirio y, señalados
con los salvajes besos de la noche,
nos dejamos llevar por los perfumes.
Pues si lánguida y verde adormidera
es el aire, y se enreda en sus columnas
la carnosa sazón de la mandrágora,
qué otra cosa es posible
para los que nacimos en el sur,
sabemos el impío
secreto de las selvas y bebemos
la púrpura del sol de mediodía.
(Poemas de Amor,
Ed. Planeta,
1997)
**
V
Cartagena de Indias
Pastorea el mar las olas
y las apacienta sin tregua.
Cuando se aleja el sol,
el mar corre tras él con su rebaño.
La cumbre tiene el monte;
tú me tienes a mí que te sostengo.
Un pájaro de luz
fuimos y sola una razón.
Ninguno de los dos sobrevivimos:
yo, al alto vuelo;
tú, a la profunda mina.
Ahora el Ángel no está ni está Tobías.
X
Hotel de La Habana
Me has subido a tu cielo. Recogiste
corbatas, pantalones, calcetines–
ese atuendo mortal
con que el hombre disfraza su ternura–
y ascendiste hacia el sol, hacia la última
terraza de la mañana de oro y seda.
Cabrillea la mar, nos guiñan
la mar y el aire asidos de la mano.
Corre el agua en algún rincón secreto.
La belleza que el hombre corrompió,
severa y desconchada se ofrece a nuestros ojos.
Revestir de belleza la belleza
no es ya posible: sólo desnudarla
también del desconchón y la severidad
hasta que quede a solas, tiritando,
esperando sin saber qué ni cómo
en mitad de la noche ilusionada
lo mismo que mi alma. Mi alma,
que oye correr el agua a chorros
en un rincón secreto
en donde tú, ángel desnudo, te lavas y dispones
sin saber para qué tampoco ni hacia dónde.
El poema de Tobías desangelado (2005)
**
Salmo
Tu cuerpo sería como una tierna
túnica para mi cuerpo
en esta hora en que, fuera del amor,
nada es posible.
Tu cuerpo, cerca de la piedra que aguarda,
como un párpado descendido
junto a mi cuerpo, demasiado hermoso.
Ah, tus labios agridulces, frutales,
mordisqueados bajo el mediodía;
tu carne ciñéndose a mi carne como un látigo.
Déjame recorrer tus rincones prohibidos.
Porque en esta hora, fuera del amor,
nada es posible.
Que no te siento andar
Que no te siento andar
sobre los llanos:
aprieta el paso, Amor,
aprieta el paso.
Que no te siento andar
por las colinas:
ven más aprisa, Amor,
ven más aprisa.
Oh, qué locura, Amor,
la del poniente:
que se me va la tarde, Amor,
y tú no vuelves.
Ven más aprisa, Amor,
ven más aprisa:
cómo se van mustiando
las sonrisas.
Cómo se me hace, Amor,
larga la espera:
ya no me queda flor
en la pradera.
Ven a mis labios, Amor,
ven a mis labios:
ya no te siento andar
sobre los llanos.
(Poemas de lo irremediable,
Planeta,
2023)
Graciasss/poesiamaspoesia.com/220-poesia-mas-poesia-antonio-gala/
Graciasss/trianarts.com/recordando-a-antonio-gala-el-sur/
Graciasss/poesiamaspoesia.com/220-poesia-mas-poesia-antonio-gala/
Graciasss/www.cervantesvirtual.com/memoria-del-silencio-sonetos/
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