Caminos alrededor de las montañas
porque no podemos pasar
a través de ellas
Eso es Poesía
para Mí.
Mantequilla de maní
Siempre tengo hambre
y ganas de tener
sexo. Esto es un hecho.
Si te tragas
la nueva
mantequilla de maní
no procesada sabe
a mierda deberías
comprarla en un frasco, como
siempre, en el
supermercado más grande
que conozcas. Y
yo soy enemiga
del cambio, como
ya sabes. Todas
las cosas que
acepto como nuevas
son en
realidad cosas viejas,
relanzadas: nadar,
la sensación de
estar sucia en
cuerpo y alma,
el verano como un
tiempo para no
hacer nada y no hacer
dinero. Rezar
como último re
curso. El placer
como medio,
y luego un
medio otra vez
sin fin a la vista. Estoy
en total oposición
a cualquier tipo de
meta. No tengo
deseo de saber
a dónde, cualquier cosa
me lleva.
Cuando hierve
el agua tomo
una taza de té.
Por accidente
leo todos los
trabajos de Proust.
Era verano
yo estaba ahí
y él también.
Escribo porque
me gustaría
ser utilizada en
los años después
de mi muerte. No
solo mi cuerpo
será composta
sino los pensamientos
que dejé durante
mi vida. Durante
mi vida fui
una mujer con
ojos almendrados. Afuera
de la ventana
hay un silo
torcido. Partes
de tu
cuerpo que pienso
cual franjas
que he tenido que
aprender
a amar. Nosotros
nadamos desnudos
en estanques y
escribo de[1]
trás de tu
espalda. Mis pensamientos
sobre ti no
son precisamente
prohibidos, sino
exaltados porque
son inútiles,
sin intenciones
de atraparte
porque yo
te tengo y tú
me amas. Es más bien
como el recreo
donde juego
con mi reflejo
de ti hasta
que vuelves
y dentro del
tú real yo
hundo mis
dientes. Contigo
yo sé cómo
relajarme. Y entonces
trabajo detrás de tu
espalda. Lo que
es encantador.
La naturaleza
está fuera de control
me dices y
eso es lo que es tan
bueno de
esto. Estoy inmoderadamente
enamorada de ti,
noqueada por todo
tu nuevo cabello blanco
por qué no debería
algo
que siempre he
conocido ser lo
mejor que
hay. Te amo
desde mi
infancia,
empezando ahí
donde
un día
como
el resto, casual
crecimiento y
brisas, amor
constante, un sand-[2]
wich a medio
día,
un paso corto
en el tan
cotidiano
camino del
sol. Yo
bizqueo. Yo
guiño. Yo
aprovecho el
viaje.
El oso de miel
Billie Holiday estaba en la radio
yo estaba en la cocina
fumando un cigarrillo del
paquete que planeo terminar esta noche
la última noche de joven fumadora.
Preparé una taza de un extraño
tipo de té al que he dado muchas
vueltas. Un poco demasiado dulce
una mezcla rara. Mi único impulso
fue hacerlo más dulce.
Ivy Anderson cantaba
muy tarde esta noche
en mi brillante cocina.
Yo estoy cerca del fregadero
sintiéndome un poco más vieja
llegando a los treinta en mi
brillante cocina esta noche.
No soy una mujer fea
supongo ah está muy silencioso
en mi cocina esta noche estoy exprimiendo
este plástico oso de miel un fideo
de miel gotea en el extraño y dulce
té. Es muy tarde
la tapa del oso de miel se ha perdido
y de algún modo la miel gotea
sobre el rostro del oso atascándose
en las grietas bajo
los ojos del oso ah tan triste y dulce
estoy en mi cocina
estoy mirando a la cara del oso de miel.
Serpientes
Tengo 6 años y
perdí a mi serpiente.
La mesa se sacude
puedo hacerlo mejor
que esto
y me arrastro
hacia la cocina
hacia la escena
del crimen
Yo era verde
bajé mi tenis,
pequeño zapato
Sentí la fría
tapa de metal
mi cría
mugiendo y todo
empezó a cambiar.
Tengo 6 años
convertida en rayo
escribí en la noche
A los 6, tenía plumas
escamadas, caí en
el lodo, iluminada
Crees que tienes 6,
gritó. Estoy cara
a cara con una mujer
rana sola
en mi cama. El cubo
en la ventana
permanece. Tengo 6.
El teléfono suena
blamm tiré
Ahora las nubes corren
con miedo, despierta
mis pies están fríos
pero yo no tengo miedo.
Tengo seis años.
Abajo
con tapas de botella
y estrellas
adultos y quedos
lamentos, autobuses
frenando de golpe
tengo 6 años
el pastel está iluminado
es redondo
los niños
cantan. Yo nunca
regresaré. Somos
tan pequeños.
Mi esposo gira
su febril
rostro. Yo bajo
la medicina. Click.
Tengo 6 años.
La película sigue.
Pisadas,
música estruendosa
al final de
la guerra. Tengo
miedo
sostén mi mano
El rostro redondo
de la mujer
escaleras arriba, abriendo
los grifos, tiras
de vegetales
deslizándose,
su hija reptil
nunca
regresará. El teléfono
suena. Soy yo.
Tengo 6 años.
Notas:
[2] sand: “arena”, wich “cual”. Juego semántico intraducible. (N. del T).
No se detalla/n dato/s a que libro/s pertenece/n.
Trad. Andrea Rivas (Puebla, 1991).
***
La tristeza de irse
Todo queda
tan lejos--
mi abrigo,
allá. Me aterra
irme & que
no me extrañes
me aterran los
azules fuertes
del subte
otros días estoy
tan feliz &
lista para creer que
cada uno que anda
por la calle es
alguien que conozco.
Me impresiona lo antiguo
de Macy's. Las escaleras
mecánicas de madera
que suben
hasta los muebles, la oficina
de crédito, las luminarias---
Acá comprabas
de chico. Oh,
¡vos me merecés! En
una película llamada
Close Up – de tanto en
tanto las rejas
serpenteantes, fijate
en las rejas azules
serpenteantes de
las entradas del subte,
la belleza granulosa,
el manchón. Hoy no me
voy a matar. Es demasiado
hermoso. Mi corazón
rueda por la calle 23
a compartir
esto con vos, la
dulzura del
cuadro. Mi cuerpo
perfectamente en forma
nada más que para
morir. Quiero
mostrarte ésto.
En la Plaza San Marcos
un loco grita:
mis pasos, los
tambores del Armagedón
Oh sí, acercame
a tu Señor
quiero morir
Close Up. Un ramo
de tulipanes amarillo furioso
para David. Lo admito,
adoro los tulipanes
porque se mueren
tan hermosamente.
Veo
la salvación en
sus cabezas colgadas.
Una salida bella ¿Cómo
habrán llegado a sentirse
así de libres? Yo estoy
atrapada en el amor--
Por encima de las papas fritas
mis ojos vuelan hasta
el Bar Hue. Un cartel
azul. Atravesado en
la vida. En mi camino
a llegar a un punto,
a hacer
lógica, a no
enamorarme esta
noche y
dejar que mi dolor quede
desenvuelto – forzar
la máquina-- Paul sigue
en contacto, Oh pero
acordate de Jessica
Lange, estaba tan
hermosa
dopada,
en camino a encontrarse con
King Kong. Me siento
en mi silloncito rojo
en febrero
cómo es que llegan
a sentirse tan libres
1.000.000 de mujeres
que no son yo, en la
calle esta noche
en esta ciudad
etérea & yo
me corono a mí misma
una & otra vez
y no puede
haber
dos reyes.
(Postmodern American Poetry,
W.W. Norton & Company, Inc.,
1994.)
Versión en castellano de Sandra Toro
***
Mantequilla de maní
Siempre tengo hambre
y ganas de sexo.
Es un hecho.
Y, si hablamos
en serio, la nueva
mantequilla de maní
sin procesar no es
buena y deberían
comprarla en frascos
de vidrio como siempre
en el supermercado
más grande.
Soy enemiga
del cambio, como
bien saben. Todo
lo nuevo que acepto
son, en realidad,
cosas viejas
reestrenadas: nadar,
la sensación de ser sucia en
cuerpo y mente,
el verano como
una época para no
hacer nada y ganar
cero dinero. La oración
como último re-
curso. El placer
como un medio
y, de nuevo,
como un medio
sin un objetivo
claro. Me opongo
absolutamente
a todo tipo de
metas. No tengo
ganas de saber dónde
esto o cualquier otra
cosa me incumbe.
Cuando el agua
hierve me sirvo
una taza de té.
Leí las obras
completas de Proust
accidentalmente.
Fue en verano.
Yo estaba ahí
y él también. Yo
escribo porque
me gustaría
ser usada muchos
años después de
mi muerte. No
sólo mi cuerpo
será compost
sino las ideas
que dejé durante
mi vida. Durante
mi vida fui
una mujer de
ojos marrones. Afuera
de mi ventana
hay un silo
chueco. Pienso
en partes de tu
cuerpo como
en franjas que
he aprendido
a amar. Nadamos
desnudas en
estanques y
yo escribo
sobre tu espalda.
Mis ideas
sobre vos no están
precisamente
prohibidas, sino
exaltadas porque
son inútiles,
no tienen como fin
atraparte
porque te tengo
y me amás.
Son un patio
donde juego
con tu reflejo
en mi hasta
que regresás
y puedo clavar
mis dientes
en tu cuerpo
real. Con vos
sé cómo relajarme.
Y así trabajo sobre
tu espalda,
que es preciosa.
Decís que la naturaleza
está fuera de control
y que eso es lo
que tiene de bueno.
Estoy inmoderadamente
enamorada de vos,
desarmada
por tus canas.
¿Por qué
lo que conozco
desde siempre no sería
lo mejor? Te amo
desde mi niñez,
cuando todos
los días eran iguales,
crecimiento azaroso
y brisas, amor
constante, un
sándwich al
mediodía,
un pequeño paso
en el inmensamente
convencional
camino del
Sol. Entorno
los ojos.
Parpadeo.
Y empiezo
el viaje.
La casa de todo
Mezclo mis uvas con
las tuyas pero el
plato es muy chico y
mis uvas se van rebotando
por el suelo. El rebote
de tres o cuatro uvas.
Antes, cuando estacionaba
mi bicicleta sobre una
estructura anaranjada
que pusieron alrededor
de la señalética
normal para que, como
en el bosque,
no puedas ver la cima.
Estaba tan emocionada
por venir aquí
que intenté abrir el seguro
de mi bicicleta con las
llaves de tu casa.
Fue divertido ese
día. Por primera
vez experimenté
el dolor que siente
el pavimento,
negra cara de
pizza con
cuadros de metal
uno sobre otro
como si la calle
fuera atacada
por la NYU y
tuviera una placa
o un yeso. Y
luego es arrancada
y plegada,
desvestida y violada
gradualmente convencida
hacia la vereda
pero la calle
debe saber que el
municipio se hará
cargo, ¿o no?
Los bastones de
los viejos golpean
su espalda. Bebés
llevados sobre ruedas
por algunos meses. Bicicletas
(yo) bajándose de
las veredas y subiéndose
a ellas virando, girando
yendo en la dirección
equivocada, Libres.
Cuando entré
encendí
la luz y
descubrí una toalla
amarilla con rayas
negras en el
suelo y un melón
enorme
reventado
y un par de
botas de vaquero.
Amo tu
vida. Seguramente
te bañaste.
Pero por
ahora
debo permanecer
en mi vida. Tomando
mis gotas
como esa
olla en el
lavaplatos.
Me comí la
mayoría de tus
uvas y las mías
están polvorientas y
tibias, hay
que lavarlas.
Las tuyas están
pasadas, así
que en realidad
las estoy salvando
al comerlas
ahora. Por qué
venden todo
a la temperatura
equivocada,
todo excepto
la ropa.
Me como
las uvas tibias
y sueltas
porque yo
realmente tengo
un problema,
las calles
equivocadas, la
ciudad equivocada
y ¡dios mío
tus flores
están muertas!
¡Ni siquiera
puedo descifrar
qué flores eran!
¿Acaso eran
tulipanes? Creo que
eran tulipanes.
No puedo creer
que he estado
tanto tiempo
afuera que
esos hermosos
tulipanes murieron.
Amo este
tipo de
poema: tu
edificio me re-
cuerda a
mi primer
departamento.
Gente tocando
instrumentos
y equipos a todo
volumen. Locura
humana. Así
nunca puedo
sentirme sola.
Mi edificio pasó
esta etapa
hace seis años.
Ahora
todos están
domesticados
y jubilados del
procesamiento
de textos.
¡Y miren
ahí!
Toda esa
carísima
ropa interior
sin usar
ahí
sobre el sofá
desde el día
que la compraste.
Los enormes
calzones
lavanda encima
de todo. Bragas violeta
de genciana. Oleadas
de agua hirviendo
destinadas
a ser mis tazas de
té para que
pueda hacerse
de noche.
Oh
dios y qué
tal si no
vienes a
casa. Y qué
si llegas
realmente
tarde
y dices oh
además
compraste
limones.
Sí
pero voy a
llevármelos
a mi casa
porque tú
ya tienes
demasiados. Me
dices
que los usemos.
Me gustaría
más
si tú
vinieras y los
visitaras
en mi casa.
¿Cómo
podemos vivir
en casas en
medio de
Nueva York?
Eileen Myles,
nacida en
una casa
y muerta en
una casa.
Las vergüenzas,
la futilidad,
el vuelo
de la vecina
con su clarinete,
cada puerta de auto
azotada, nena,
eres tú
pero sé
que vienes
en bicicleta.
Cuando llegue
la hora de
parar ya
habré parado
tantas veces
que no sabré
cómo bajar
las revoluciones.
Buenas noches,
Eileen.
No, pero. Eileen,
ya lo dijiste
todo. No
creo que
entiendas.
¡Quería irme
cuando
tenía treinta!
¿Por qué no
me fui
a Europa?
No podía
creer en
dios porque
no siento que
alguien me
esté cuidando.
Ella está
un piso más abajo
tocando un
clarinete.
No hablo
otro idioma.
Moriré en
inglés
entonces. Oh,
ahora—siento
tanta paz que
incluso
puedo escuchar
el reloj. ¿Anda más
rápido, no? Ese
es tu tiempo. No
me digas que el
tiempo de la muerte.
se parece al tiempo
de la vida.
Cariño, llegué.
Lo haces
distinto
cada vez.
Tiras
las llaves
distinto.
Te jactas
de lo que
logras
aunque eso
no era
para nada
lo que querían.
No les
dices cosas
a las personas
porque
no quieres
hacerlos
sentir mal, en
realidad, sólo se
trata de
tu soberbia. Estás
completamente sola
excepto
cuando piensas
en ellos.
Desesperadamente.
Hablando
sola. Deseando
que vuelvan o
que desaparezcan o
algo así. La
gente, los
humanos, Dios.
Nunca
antes detesté
tanto a
un ser
humano.
Déjame cerrar
la botella de
agua mineral.
Esta
noche pude
salir a
encontrarte.
Te imaginé
furiosa.
Pero
estaba tan
enojada que
no sentí
nada. Sólo
la brisa
en mi
barbilla. La
bicicleta rebotando
sobre el
pavimento.
Mi desgano
vital.
Si algo
me está
cuidando
a mí
y a todos
nosotros
que nos
agarre
firme
y no
diga
nada.
Le conviene
amarme
esta noche
por decirle
estas palabras. Si
los pájaros
hacen lo
que hacen
y el tiempo
pasa.
Apoyo
mi cadera
en el
alfeizar,
tengo 36.
Como si alguna
vez hubiera
pensado al
mudarme que
viviría aquí
nueve años,
viendo
a mis vecinos
envejecer.
Y ni siquiera
puedo imaginar
cómo debe
ser
morir.
Una poeta de la compasión
Le puse un nombre
a lo que sentí
cuando caminaba
por la calle.
La mujer de
voz rasposa
que me gritaba
se parecía a Nude
mi amiga del colegio. ¿Habla
inglés?, me gritó. ¡Sí!
Le grité de vuelta
Pero estaba pensando
en su culo ahí en
la vereda
afuera del Spa
Gem. Ay,
debe tener el
culo hecho polvo
viviendo
esa vida,
pero no la llevé
a mi casa este
invierno. Creo
que voy a ver
pobres por todos lados
este año y
los compadeceré.
¿Es eso un crimen?
Escucho a Jimmy,
un tipo que
me recuerda
a mi papá,
referirse a sí
mismo como el
huésped de la Ciudad.
Vive en salas
comunes del Hospital
de Manhattan, refugios,
basureros, veredas.
Miren a los huéspedes.
Debemos amarlos
con sus llagas,
sus culos heridos.
¿Sabías que
los que no caben
en el refugio de la tercera
son arrojados al
siquiátrico de la isla Ward?
Cuando me equivoco
y camino por la tercera,
veo esos buses
afuera del refugio
de Bellevue.
Visité a Carryl,
como turista de
otras malas vidas,
en todo tipo de
casas de locos y escondites.
La iglesia de las
brujas norteamericanas,
dice ella.
Así
supe dónde
van esos buses
misteriosos.
Naturalmente,
así como existen islas
para la basura, hay
islas para la basura
humana.
Pueden imaginar
esos buses dorados
llenos de fétidos
hombres como barcazas
de basura. Me asqueó la
autoproclamada compasión
del doctor Williams
por la mujer que paría.
Oh, hombre sensible,
todo lírico al mencionar
sus dolores de parto.
pedazo de basura
humana en las escaleras
del metro debiera
conmoverme.
Mis botas
cuestan 300
dólares. No hice
lo incorrecto en el
momento incorrecto,
hice lo correcto. Una
parte de mí
debiera vivir
en la calle
con los
vagos y
mi sangrante
corazón roto.
O quizás
debiera buscar
una profesión
que ayude
más que
una profesión
que observe.
El amor salva
el día donde
Madonna
compra su
ropa.
Entonces
regresé a
su esquina
y le di
un dólar
por este
poema.
Por fin
Siempre me enamoro de mujeres
cansadas. Parece que me sobra el
tiempo. En la pizarra
del centro comunitario
gay dice:
Damas, necesitamos su
sangre. Después
pasen por la cafetería
de mujeres y tomen
una taza de café.
La donación es
un dólar. Él no
se quejará de
su dedo gordo y
de cómo le duele.
El hombre que
murió anoche.
El escuadrón
de la muerte se
lo llevó. Pensé
en toda la ropa
que el tipo debe haber
tenido. Ahora nadie
puede usarla. Yo uso
a América Central
y al Sudeste
Asiático para calmar
mi mente. Pauline
Kael dice que eso
es sórdido. Vivimos
en una cultura de
hombres que
desaparecen.
¿Cuál es la diferencia?
El gran chiste de Vincent
es su membresía
de cinco años
a un video club.
Lo inscribieron por
teléfono cuando estaba
en el hospital. Él
no sabía
cómo decirles
que quizás con
un año
bastaría.
Otro
hombre delgado hace
un show de
club nocturno—canta
canciones de musicales
para el horror de
los amigos que
lo visitan. Planea
hacer una gira
cuando se mejore.
¡Por lo menos
sabe lo que quiere
hacer! La familia de Jimmy
Wayne dice: Bueno,
así es la cosa. Pero
yo creo que la cosa
no es así. Lo que
hago en mi escritorio
es siempre diferente
a lo que hago
en mi cama. La semana
pasada estuve viendo
la diferencia. Esta
semana otra vez
soy diferente. Gracias
a las ventanas
pienso que
el día es cuadrado
y que la vida tiene
forma de tren. Los grandes
brotes afuera de
mi ventana
me hacen pensar
que estoy afuera
de la vida porque
puedo observar
como cambia
y ella no puede
verme a mí. Quizás
pienses que agradezco
mi visión. Es algo
complejo. Una danza
de imágenes, portales
y ramas que cruzan
edificios, estatuas,
ventanas, salidas de
incendio y gatos
moviéndose lento.
Cariño, la vida
es una fiesta
y yo soy parte
de ella pero tú
estás separada
de mí.
Así quieres
que sea. La radio
se enciende
y yo casi
pierdo mi estilo.
Te abrí
mi corazón
y ahora
siento que soy
una herida abierta.
Te abracé.
Pensaba que
te sentías
muy bien. Un
día llamé eso
el paraíso.
inquietante
una vez que
el tren se movió
ahora nada
es igual.
(Yo no,
2018)
Trad. Rodrigo Olavarría
***
Un poema americano
Nací en Boston en
1949. No quería
que se supiera, de
hecho me pasé la mayor
parte de mi vida adulta
tratando de barrer mis
años mozos debajo de la alfombra
y de tener una vida que
fuera claramente sólo mía
e independiente del
destino histórico de
mi familia. ¿Se
imaginan lo que es
ser uno de ellos,
parecerse a ellos,
hablar como ellos
tener los beneficios
de haber nacido en el seno
de una familia americana
tan rica y poderosa? Fui
a los mejores colegios,
tuve tutores y entrenadores
de todo tipo, viajé
por todas partes, conocí a los famosos,
a los controvertidos, a los
no tan admirables,
y desde muy chica supe que
si en algún momento se abría
la posibilidad de escapar
del destino colectivo de esta famosa
familia de Boston, yo
la iba a aprovechar y
así lo hice. Me subí
a un tren a Nueva
York a principios de los
70 y supongo
que podría decirse
que empezaron mis años
ocultos. Se me ocurrió
por qué no ser poeta.
¿Qué podría ser más
estúpido y oscuro?
Me hice lesbiana.
Todas las mujeres de mi
familia parecen
tortas pero serlo
ya es harina
de otro costal.
Adoptando esta pose
vergonzosa he visto
y he aprendido y
estoy empezando a pensar
que no hay manera de escaparse
de la historia. Una mujer
con la que estoy teniendo
una historia me dijo ¿sabés
que parecés una
Kennedy, no? Sentí
que me subía la sangre
a las mejillas. La gente
siempre se rió
de mi acento cheto de Boston.
Pero cuando esta mujer
sin darse cuenta invocó
por primera vez
mi apellido,
me di cuenta de que
me habían pescado. Sí, es verdad,
Soy una Kennedy.
Mis intentos por permanecer
en la oscuridad no me han servido
de mucho. Una humilde
poeta en mis comienzos,
pronto llegué a lo más alto
de mi profesión,
y asumí un lugar de
honor y liderazgo.
Está bien que sea una
mujer la que saque
a la luz mis trapos sucios. Sí,
soy una Kennedy,
y espero sus órdenes.
Ustedes son los Nuevos Americanos.
Los sin hogar vagan
por las calles de la ciudad más grande
del país. Entre ellos hay
hombres sin hogar y con
SIDA. ¿Eso está bien?
¿Que no haya hogar
para los sin hogar, que no
haya tratamiento gratuito
Para estos hombres? Y mujeres.
¿Que el mensaje que reciben
–mientras se están muriendo–
sea que éste no es su hogar?
¿Y cómo están tus
dientes hoy? ¿Podés
pagarte el arreglo?
¿Cuánto pagás de alquiler?
Si el arte es la forma
más elevada y honesta
de comunicación de
nuestra época y la artista
joven ya no puede
mudarse para acá para hablarle
a su época… Sí, podría,
pero eso fue hace 15 años,
y acuérdense -como es menester
que me acuerde yo–
de que soy una Kennedy.
¿No deberíamos ser todos Kennedys?
La mayor ciudad de este país
es el hogar del hombre
de negocios y el hogar
Del artista rico. Gente
con dientes hermosos que no está
en la calle. ¿Qué podemos hacer
con este dilema?
Miren, yo pude estudiar.
Estudié la Civilización
Occidental. ¿Saben
cuál es el mensaje de la Civilización
Occidental? Estoy sola.
¿Estoy sola esta noche?
Creo que no. ¿Soy la única
a la que le sangran las encías
esta noche? ¿Soy la única
homosexual en esta habitación
esta noche? ¿Soy la única
a la que se le murieron amigos,
y se le siguen muriendo?
Y mi arte no puede ser
financiado hasta que se vuelva
gigante, más grande que el
de todos los demás, y le confirme
al público la sensación de que están
solos. Que solos
están bien, que merecían
poder pagar la entrada
para ver este Arte.
Que tienen trabajo, que
tienen salud, que deberían
sobrevivir, que son
normales. ¿Sos normal
esta noche? Los que estamos
acá, ¿somos todos normales?
Para mí no es normal
ser una Kennedy.
Pero ya no tengo
vergüenza, ya no estoy
sola. No estoy
sola esta noche
porque todos somos Kennedys.
Y yo soy su Presidenta.
(Not Me,
Semiotext(e),
Los Ángeles,
1991)
Trad. Ezequiel Zaidenwerg
***
Un poema americano
Nací en Boston en
1949. Nunca quise
que este hecho se supiera, de
hecho he pasado la mayor
parte de mi vida adulta
tratando de barrer mis años
juveniles bajo la alfombra
y de tener una vida que
claramente fuera sólo mía
e independiente del
destino histórico de
mi familia. Pueden ustedes
imaginarse cómo era
ser uno de ellos,
tener su misma complexión,
hablar como ellos
tener los privilegios
de haber nacido en una
familia americana tan pudiente
y poderosa como esa. Fui
a las mejores escuelas,
tuve toda clase de tutores
y entrenadores, viajé
extensamente, conocí a los famosos,
a los controvertidos, a
los no tan admirables,
y supe desde muy
temprana edad que
si hubiera la más remota
posibilidad de escapar
del destino colectivo de esta famosa
familia bostoniana
tomaría esa ruta y
la he tomado. Me subí
a un Amtrak hacia Nueva
York a principios de los
setenta y supongo
que podría decirse
que mis años secretos
comenzaron. Pensé,
Bueno, seré poeta.
Qué podría ser más
estúpido y sombrío.
Me convertí en lesbiana.
Todas las mujeres de mi
familia parecen
marimachas pero realmente
es limpiarse en la bandera
cuando te conviertes en una.
Desde esta ignominiosa
postura he visto y
he aprendido y
empiezo a pensar
que no hay forma de escapar
de la historia. Una mujer
con la que actualmente tengo
una aventura me dijo
sabes qué, pareces
una Kennedy. Sentí
que la sangre me subía por
las mejillas. La gente
siempre se ha reído
de mi acento bostoniano
que confunde “largo” con
“lago”, “parto”
con “pato”. Pero
cuando esta incauta
mujer invocó por
primera vez
mi apellido
supe que el cuento
se había acabado. Sí, lo soy,
soy una Kennedy.
Mis intentos por seguir
a la sombra no me han servido
mucho. De haber empezado como
una humilde poeta
rápidamente escalé a la
cumbre de mi profesión
asumiendo una posición de
liderazgo y honor.
Está bien que una
mujer me ponga en
entredicho ahora. Sí,
soy una Kennedy.
Y espero
sus órdenes.
Ustedes son los Nuevos Americanos.
Los indigentes deambulan
por las calles de la más grandiosa
ciudad de nuestra nación. Hombres
indigentes, entre ellos,
con sida. ¿Es esto correcto?
Que no haya hogares
para los indigentes, que
no haya ayuda médica
gratuita para estos hombres. Y mujeres
.
¿Que se den cuenta
—mientras se están muriendo—
de que éste no es su hogar?
¿Y cómo están
sus dientes hoy? ¿Pueden
costear arreglárselos?
¿Qué tan alta es su renta?
Si el arte es la más alta
y más honesta forma
de comunicación en
nuestros tiempos y una artista
joven ya no es capaz de
mudarse aquí para hablarle
a su tiempo… Sí, yo pude,
pero eso fue hace 15 años
y recuerden —como yo debo—
soy una Kennedy.
¿No deberíamos todos ser Kennedys?
Esta ciudad, la más grandiosa de la nación,
es hogar del hombre
de negocios y hogar del
artista rico. Gente con
dientes hermosos que no está
en la calle. ¿Qué deberíamos
hacer respecto a este dilema?
Miren, he sido educada.
He aprendido sobre la Civilización
Occidental. ¿Saben
cuál es el mensaje de la Civilización
Occidental? Estoy sola.
¿Estoy sola esta noche?
Lo dudo. Es que soy
la única con encías sangrantes
esta noche. Es que soy la única
homosexual en la sala
esta noche. Es que soy la única
cuyos amigos han muerto,
están muriendo ahora.
Y mi arte no puede
ser apoyado hasta que sea
gigante, más grande
que el de todos los demás, conirmando
el sentimiento del público de que
están solos. De que sólo ellos
son buenos y merecían
comprar boletos
para ver este Arte.
Están trabajando,
tienen buena salud, deben
sobrevivir y son
normales. ¿Ustedes son
normales esta noche? Será
que todos aquí somos normales.
No es normal para mí
ser una Kennedy.
Pero ya no me
avergüenzo, ya no
estoy sola. No estoy
sola esta noche porque
todos somos Kennedys.
Y yo soy su Presidenta.
(Not Me,
Semiotext(e),
1991)
Trad. de Román Luján (Monclova, 1975).
Graciasss/el-placard.blogspot.com/2012/01/un-poema-de-eileen-myles
Graciasss/www.samoa.cr/blog/2019/7/17/mantequilla-de-mani-eileen-myles
Graciasss/artehacker1.blogspot.com/2017/04/poemas-de-eileen-myles.
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