GABRIELA WIENER

Foto en blanco y negro
 
la niña que será mi madre
coge un rifle
y me apunta con cierta sonrisa
 
si esa niña fuera mi amiga
le pediría su arma de fuego
y ambas dispararíamos al aire
para alejar a los curiosos
 
del cielo caería un ganso dorado
 
conociendo a mi madre
lo llevaríamos en una camilla de guerra
corriendo sobre la hierba
de los panteones
poblados de involuntarias flores
y trataríamos de convencerlo de que está vivo
 
esto no se verá en la foto
pero hay un momento en que yo
le arranco un ala
la empuño corriendo en dirección del viento
y le muestro a mi madre
por primera vez
(algo que piensa que ella me enseñó a mí)
la equívoca intersección del vuelo y de la pérdida
La fuerza del cariño
 
hoy mamá vino a visitarme
estuvimos viendo “La fuerza de cariño”
 
en la película
una madre y su hija adulta toman té luego de un baño reconfortante
y conversan de sus vidas tendidas en una ancha cama
 
es gracioso
nosotras vemos la tele acostadas en mi cama matrimonial
 
pero no tomamos té
 
como una vaca y su ternero
sólo juntamos nuestras narices y nos damos leche
 
nos vamos antes de ver morir a la hija
mejor
sino hubiéramos llorado juntas
y es horrible llorar por ese tipo de cosas
 
 
Pequeña hermana
 
Cuando estés dormida yo apagaré la lámpara de hueso
Que separa nuestras camas
La noche será breve como un apagón
Porque he hablado con Dios
Con doctores del sueño
Y me lo han prometido
Yo también prometo
Ayudarte a contar las bombas en el cielo
Y a desanudar nuestros estómagos
De la boca del animal sobreprotector
Que copula en nuestras pesadillas
 
Vuela
Vete lejos del país de los miedos infantiles
A tu vuelta tendré puesta la mesa
Con platos de juguete
Que nunca se enfrían
Nuestra comida preferida
De geranios robados
Y esas flores rojas de tallos lechosos
Que pueden dejarte ciega
 
Tendré nuevos collares de cuentas de colores
Para las tardes en que venga a visitarnos la muerte
Pondremos una cuenta por cada arrepentimiento:
–Pude haber sido más tierna
Pude haber sido más fuerte
Pude haber sido más revolucionaria–
El collar del remordimiento será un collar de dientes de bebé
 
(Ahora me confesaré: he hecho el ridículo tantas veces
Con mi colección de rostros tenebrosos
He sido el esperpento de los apagones
La asesina de osos de peluche
Una adolescente drogadicta
Quizá mientras todos hacían otra cosa
Yo me quedé alimentando demasiado rato
A los cisnes decadentes de Huampaní
Y a uno en particular
Pero ya no tiene la menor importancia
Ya no dibujo casas con chimeneas, caminitos y una bandera del Perú)
 
Ahora estoy aquí, yo soy la grande y tú la pequeña
Suenan todos nuestros discos uno tras otro
Y todas las canciones tristes son alegres
Más fuerte, más fuerte que este inmenso ruido de nuestras cabezas
Esta noche será breve y silenciosa
He hablado con los perros solitarios
Con las botellas rotas
He hablado con los terroristas
He vuelto a casa
Será como nuestro primer viaje en avión
Como una guerra de almohadas
 
Por eso vuela, rompe las nubes
Te veo esta noche como un pájaro fantástico
El de nuestra historia sin fin
Un enorme pájaro sonriente
Te veo como la primera vez que te vi
Reflejada al lado mío en un televisor
Blanco y negro
Apagado
 
Volveremos a comer melocotones blancos y pelados
En los patios de la clase media
Volverán nuestros juguetes tuertos y no nos reprocharán nada
Seremos las bailarinas paralíticas de nuestras cajas de música
Y esta vez nuestros pelos tendrán flores de verdad
 
No tengas miedo a las cosas que dan miedo
Ten miedo a lo que no da miedo
Piensa: la única oscuridad posible
Nos envuelve bajo la luz de nuestras frazadas perforadas
Ahí donde aprendimos a acuchillar sombras
 
Nuestros vestidos están esperándonos
Limpios y planchados sobre la cama
Tú bailas y yo te riego con la manguera
Sonríes dentro de mí
Como un sticker de estrella bajo el techo
 

Mi primera casa
 
llegamos a la hendidura
que llamamos Casa
un escenario de material noble
yo abrí una maleta y extraje una piedra de océano
como un gigantesco diente
la coloqué en el baño
la vi crecer cada mañana
tú en cambio desempacaste un juego de manos que no conocía
eran de más de trescientos tipos de manos
una me tocó allí donde no había existido el frío
otra fue triste al acomodar algo que caída de mí
la última que recuerdo no tenía dedos
 
nos gustaba salir y ver el floripondio del jardín
su vida al margen del agua
pero sus flores tenían una manera de morir tan desagradable
húmedas como lenguas blanquecinas
algo debía estar secándose en el fondo
fue cuando me dio la vergüenza
esa lamentable parentela
mirar un nuevo mito derritiéndose en la sombra
 
a nadie le interesa eso
me dijiste
toma esta alambrada
aprende a leer sus púas indefensas
hay más dignidad en la pulcritud de estos lugares
donde te sientes vencida
 
Pero la tristeza no era más
esa vela oscura deslizándose en la mañana
como si nadie la llevara entre las manos
 
Al acostarte junto a mí ya estabas tan callado
para no despertar el corazón
yo hacía tanto ruido
y lo encerraba en una caja perforada con agujas punta roma
ese fue mi animalito
tan limeño
nada feroz
ni hambriento
ni cariñoso
mi caja voluntariosa y dócil que hablaba de tan pocas cosas
 
una mañana te vi abrazado a ésta
la arrullabas con tu mano sin dedos
entonces todo fue bruma
sólo esa mañana
me agaché para alcanzar la hendidura
que dejamos de llamar casa
nuestro gato entró con un pichón en la boca
que no pensaba devorar
para ese momento habíamos entendido poco del juego
pero mucho de la muerte
el mar de madrugada
expulsando sus peores peces sobre nosotros
cubriéndonos las orejas
 
hoy el pichón ha volado lejos del juego y yo del agua
 
 
Barrio chino
 
una mujer contempla la calle como si mirara
el monte del esplendor
 
desde la antigüedad –según consigna la guía de viajes– se dice
que solo un camino conduce hacia huashan:
“la escalera de piedra es tan
angosta que permite subir cada
vez a una sola persona. Sus 37
gradas son difíciles de escalar
solamente el que no tema arriesgar
la vida y ose trepar podrá disfrutar
del paisaje de mayor belleza”
 
la mujer hace un hueco en su recargada agenda hacia la posteridad
y mira las crestas y extraños peñascos que la rodean.
sabe que hay peligro
pero que es demasiado occidental fijarse en esas cosas
es preferible comprarle al maestro Hong Guang Yogao
un paraguas rosado
mientras lo observa meditar acerca de la transitoriedad de la existencia
–cuando muera la mafia desaparecerá mi cuerpo y
venderá mi pasaporte a un hombre vivo
la frase –dicha en castellano– sumerge a la mujer en largas reflexiones
 
quisiera creer que nada es lo que aparenta ser
que una jarra de limonada estática no es un estático castillo de nubes
y no ver cada mañana esta intemperie
 
la mujer mira el rostro redondo
y resplandeciente de hong guang yogao
como si mirara hacia la cima del huashan
ha aprendido a callarse justo a tiempo
–quizá es casi todo lo que sabe hacer–
se siente irrompible bajo su nuevo paraguas
comienza a ascender
 


Díptico         
 
I
 
Una vez le di de comer a los locos
porque pensaba que así estaría cerca de Dios
había sido mala con el chico que me quería
y esas bocas llenas de baba oscura
acariciaban hermosamente mis culpas
esa vez encontré en el manicomio
a Jorge del Pozo en una camilla
arrastrada por dos enfermeros
era el chico más guapo de la escuela
de piel dorada y cabellos dorados
yo nunca supe que escribía poesía
hasta que lo vi en el manicomio
con las piernas rotas
había querido escapar por una ventana
para fumar pasta y desde ahí
mirar las chimeneas apagadas
de los barcos oxidados
sobre el acantilado gris
llamado Costa Verde
no hice mucho más en mi vida
que alimentar a los locos
y acariciar la frente de Jorge del Pozo
antes de desertar
 
II
 
otra vez hice prácticas en un periódico de economía
escribía sobre temas tecnológicos
en el piso de abajo
trabajaba un amigo
al que conocía
de la universidad
creo que era corrector de estilo
ortotipográfico
a veces salíamos a fumar juntos
él armaba un troncho y me ofrecía una calada
un día se dio un volantín en el jardín de la empresa
la hierba estaba súperverde
un verde que no he visto muchas veces en Lima
yo me reí mucho
porque era muy alto y cuando los hombres altos se dan volantines
en los jardines ejecutivos de las empresas
puede ser muy gracioso
casi no hablábamos
no parecía haber ninguna necesidad
pero a mí el silencio me hacía sentir estúpida
o quizá estaba muy ansiosa por decir algo que no fuera estúpido
en esa época yo pensaba que todos eran más inteligentes que yo
y que todos querían tener sexo conmigo
pero él no quería tener sexo conmigo ni con nadie
sólo quería caminar y fumar en la niebla.
la tarde del paseo me preguntó
¿por qué sólo haces preguntas?
yo sentí mucha vergüenza
no sabía cómo decirle que preguntaba
porque no tenía nada qué decir
quizá él ya lo pensara
y era verdad
años después escribió un libro
donde decía que incendiaba su cuerpo
porque no quería saber nada
ni de esta realidad
ni de la otra
y se quemó vivo
creía firmemente en el silencio
 
(Ejercicios para el endurecimiento del espíritu,
La Bella Varsovia,
España,
2014;
Reeditado por
Peso Pluma,
Chile,
2016)
 
***
 

Retorno a la playa de alma latina
 
América del Sur.
Verano.
Año nuevo.
El 31 de diciembre
los más jóvenes acampan en las playas,
hacen arder monigotes
con las caras de sus gobernantes en hogueras.
Los que han migrado al hemisferio norte
verán cambiar sus vidas
como se invierten las fechas de los solsticios.
Su verano se convertirá en invierno
y, con mucha suerte y empuje,
su invierno se convertirá en verano.
Mientras al otro lado del océano
sus familias,
todo lo que alguna vez llamaron raíces,
celebran el Inti Raymi,
la fiesta del sol para el mundo andino,
en Europa llega el nuevo año
pero también la larga y cruda
estación del frío
que no merece ni un petardo en el cielo.
Por eso la verbena de San Juan
es lo más parecido
que encontrará un latinoamericano en Cataluña
a aquel entrañable ritual pagano
de mudar de año.
España.
San Juan.
Junio 2010.
Ellos cruzan las vías del tren
al encuentro de ese nuevo comienzo.
Las playas de Castelldefels les recuerdan demasiado
a las amplias planicies costeras del Pacífico.
 
Salieron hacia allí
en este mismo desesperante tren de cercanías
Doce personas de origen sur-a-me-ricano
La gente cree que nacer en el sur de América
es como ser un adolescente
en un vagón de tren a medianoche.
Repite la definición de migrar:
Cruzar y morir.
Cruzar o morir.
 
En los periódicos los llamaron
latinos imprudentes insensatos incívicos inconscientes latinos
Menores de 25 años
arrollados por un tren
en la verbena de San Juan
 
Yo voy en el siguiente
Con Jessica (18), peruana, Daniela (16), colombiana,
Melanie (19), ecuatoriana, Diana (17), española,
Leslie (17), ecuatoriana y Chamaquito (18), ecuatoriano.
Y un bebé en un carrito,
la hija de Melanie
teta entre cigarro y cigarro.
Teta de su top de adolescente sexy.
La fiesta está en Castelldefels,
en El Gran Caimán,
salsa y reggaetón.
Chamaquito dice que al amigo de un amigo van a amputarle la pierna.
A esa edad se corre con una pierna.
Les damos miedo, me dijo Bili cuando llegamos.
No me había dado cuenta:
Les damos miedo
Israel les da miedo
Jessica les da miedo
Chamaquito les da miedo
Yo les doy miedo
 
Israel Cripta El Filósofo,
el único que piensa,
el que rapea la desgracia.
Las manos de Israel:
pequeñas pistolas que disparan al aire.
Cadenas, gorras y zapatillas blancas bajo los rieles.
¿Han cruzado ellos alguna vez la vía del tren?
Eso está claro.
Pero no es cosa de latinos nomás mijita.
Chinos, negros, blancos, yayos violan la ley.
Cripta rapea:
“La vida siempre sigue / el tiempo no se para / por más cosas que digan / no te sirve para nada.
    /Ahora mis panas están encerrados. Yo no sé cuándo volverán / pero aquí en mi corazón /
    quedan guardados”.
La bebé cae pero no llora:
“Nunca llora esta niña, es alucinante”.
País subdesarrollado
Persona subdesarrollada
Incompleta.
El padre de Israel es cocinero y su madre limpia casas.
Los padres de David están en paro.
William no sabe qué hacen sus padres.
El padre de Chamaquito en una residencia de ancianos.
 
Somos los hijos de los que limpian a tu abuela
Somos los hijos de los que duermen a tu hija
Somos los hijos de los que levantan tu casa
Somos los hijos de los que pasean a tu padre.
Próxima parada:
Castelldefels playa.
“Hay que pintarnos los labios”.
El apeadero oscuro,
pequeño altar de flores.
 
(Inédito,
Periódico de Poesía,
UNAM,
2019)
 
***
 

Panchilandia
 
Las correcciones en mi primer libro
son extirpaciones.
“Echar de menos” por no “extrañar”
el ciclón tropical lejos del núcleo cálido.
La primera vez que me dijeron
que no estaba escribiendo en español.
Que no hablaba correctamente.
Vosotros, no ustedes.
Una iglesia sobre una huaca.
Los cuatro caballos corriendo en direcciones
distintas para desmembrar el cuerpo.
Para cortar nuestras trenzas.
Migrar no es volver a nacer,
es volver a nombrar lo que ya tenía nombre.
Ese teléfono público, cuando existían,
en el que tardé más de la cuenta
y el hombre que no podía esperar
vio en mí a una criatura bajada de los árboles
que folla con las llamas.
Esa fue la primera vez que me gritaron que me vaya a mi país,
a mi casa.
En realidad,
volvería a casa pero ya no tengo casa.
Así que hice una casa mía en la que extrañar
y no echar de menos,
allí puse un nuevo acento a mis afectos.
No sé de qué podría hablar ahora.
Del nido. De la decisión de las aves.
De las estaciones frías.
De las distancias.
De haber sido,
de seguir siendo,
de llegar sin llegar,
de instalarse a medio camino,
de dar miedo, de no poder,
de no querer,
de que te persigan hasta cuando no haces nada,
de dejar muchas vidas atrás,
de perderlo todo,
de empezar de nuevo,
de cero, de abajo,
de las colas, de la ley,
de mi viejo NIE,
de la oportunidad que me dieron,
de todo lo que les debo,
de la maternidad solitaria,
de mi nueva familia,
de jurar ante el rey.
Vivo en España hace 15 años,
pero en realidad
habito Panchilandia,
donde todo el mundo sonríe y nos habla con cariño.
Dicen con cariño panchi, panchita, machupicchu, fiesta nacional.
El chiste con el que dicen quererme
hace que parezca normal que no me quieran.
En Forocoches somos “la fauna cuyo hábitat es un centro comercial”.
Me hablan de la peruanita que le limpia la casa a su amiga Pepa,
qué buena es, se puede confiar en ella.
Creen que es un tema de conversación
que pueden tener conmigo
porque yo también soy una peruanita confiable.
¿Me habrán blanqueado?
¿Cuándo voy a integrarme?
Qué pelo hermoso,
crin de caballo,
qué bien haces el pollo frito.
Qué piel, qué suave,
qué dientes, qué manitos,
tan pequeñas y morenitas.
Podría bajar un bloque de hielo
de la cordillera en mi espalda
para purificar la cosecha.
 
No, lo mejor que podría pasarnos
no es casarnos con un español,
somos todo menos la esposa con la que soñaste.
 
Me he reproducido como una flor de cactus
en este territorio ajeno que voy haciendo mío.
Con una mujer blanca y un hombre cholo,
enredamos nuestras tres lenguas para fabricar otro nido.
Polinizados por el picaflor de garganta rubí.
 
Pero en los parques infantiles soy la niñera de mi hijo
o de cualquiera de sus hijos, de sus madres, de sus padres.
Ni siquiera sé llorar con decoro en los velorios.
Y tampoco quiero.
Sólo sé hacer el indio ante la muerte.
Mi teatralidad de culebrón, mis exabruptos.
Pero no volverán a cortar mi larga y negra trenza
para tirársela a los perros.
 
Minucias del privilegio de la migración con papeles.
Hay tantos, sin embargo,
que no volverán a ver sus ríos.
Apenas la odisea
y el agujero negro del interno
en el limbo del refugio.
Los que están aquí mejor que en el otro infierno.
Todo pasa,
encadenándose de norte a sur
como las parras en primavera,
como las pelotas de goma que disparan
mientras nadas en el tramo Marruecos-Ceuta.
Como una zapatilla Nike flotando en el Tarajal.
Mientras el rey esquía
con un completísimo equipo para la nieve.
 
Nunca dejamos de buscar lo que fuimos
para comenzar a ser lo que soñamos.
En un movimiento que nos aleja de la frontera,
ese lugar entre la vida y la muerte
en la que Pablo Casado abraza a la policía.
 
Europa, les disparas en sus países,
les disparas en tus colonias,
les disparas en el agua,
les disparas en las fronteras,
les disparas en sus casas,
les disparas en el corazón.
Mi profesora de Geografía en Perú,
la que me enseñó la escala,
la latitud y la longitud del mundo,
le cambia el pañal a tu padre, España.
Ten un poco de decencia.
 
Algunos quedamos más cerca de la vida,
otros más cerca de la muerte.
Pero nunca dejamos de migrar.
Nunca dejamos de ver señales en la lluvia.
Y ya solo bailamos en un pedazo de tierra a la deriva.
Al ritmo de las cuerdas del lago.
 
(Huaco retrato, 2021)
 
***
 
 
Ama rápido
 
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
                                                  José Watanabe
 
Somos como ese niño poeta al que han hecho
un encargo imposible:
cuidar un bloque de hielo expuesto al sol.
Así, cada día, aprendo a cumplir con la vida,
a lidiar con la fugacidad,
a cenar temprano,
a charlar intensamente,
a dormir poco.
Pincho la música fuerte en la sobremesa.
Bailo antes del postre.
Me tomo la cerveza antes de que se caliente.
Me salto los preámbulos del amor.
Pero no me doy prisa.
No corro.
Ya no quiero llegar a ningún lado.
Solo quiero que no se acaben las cosas,
quiero hacerle un agujero negro
a este instante
y meterme por ahí
y alargarlo lo máximo
como una mina secreta,
expandirlo como se expanden
las cosas que no sabíamos que eran profundas.
Solo pienso en propagar la energía
más inútil posible,
enchufarme a la pared,
recargar, irradiar hasta el fin.
Me dan ganas de organizar
una pequeña fiesta llamada Eternidad,
como en mi adolescencia limeña
de apagones y bombas y ron con naranja.
Y secuestrar a las personas
que se han atrevido a visitarme
y que terminarán inevitablemente
fugando como se fuga el hielo.
Porque la noche también se acabará
y también el toque de queda se acabará.
No os vayáis, lloriqueo, no os vayáis,
quedaos conmigo.
Solo un rato más.
Me siento como cuando mi mamá
se fugó a Coina con nosotras
y nos podía coger en brazos
a mi hermana y a mí a la vez,
como un animal muy grande
huye de papá oso.
Como cuando me metí en las aguas verdes
de Quistococha
con cien niños libres y salvajes
salpicándonos la vida.
Y él me miraba ser desde la orilla.
No, la vida no es corta,
la vida es un viaje en mototaxi.
Es mi abuelito de 104 años
en un bus camino a Chiclayo
para comer chifles, pescar
y abrazar un árbol.
Y escribo lo primero que se me ocurre.
Y recupero el primer número de teléfono
de marcación reciente.
Y escucho, nada más que escucho.
Y digo te quiero aunque sea pronto.
Y digo te necesito aunque aún no te necesite.
Y si me preguntan
qué hacer les digo lo que pienso.
Y si me ofrecen algo lo acepto.
Y si me piden perdón lo doy.
Y si me tiran odio lo devuelvo.
Y si me sacan de aquí me voy.
Y si me piden que regrese vuelvo.
y si me preguntan si deben hacerlo
les digo que lo hagan.
Y si quieren follar conmigo,
follo contigo.
Y me siento
como cuando el profesor de educación física
nos decía que trotáramos sobre el sitio.
Así estamos,
trotando en el sitio,
corriendo sin movernos,
llegando sin habernos ido.
Por eso prefiero amar rápido,
como dice el sol, y amarlo todo,
absolutamente todo,
derritiéndose cada minuto,
dejando nuevas formas puras en el mundo.
 
Una pequeña fiesta llamada Eternidad,
La Bella Varsovia,
España, 2023;
Los Libros de la Mujer Rota,
Chile,
2023)
 
***
 

Un poema económico
 
Quiero escribir un poema económico
Escribir sin conocer
las teorías económicas
o poéticas
Quiero decir “existencias” y que sepan a qué me refiero
Quiero escribir de eso que me decía mi padre
cada vez que notaba
que se me apagaba el cerebro y se me cerraban los oídos
cuando intentaba explicarme lo de la plusvalía:
“Gabriela,
todo lo que no quieres saber de economía
te lo van a cobrar en esta vida”.
Quiero escribir sobre la liquidez de la incertidumbre
sobre la exégesis del PIB y el tango del IPC
Sobre la moratoria del dolor, sobre la esperanza escalonada.
 
A ellos les ha llegado un mensaje de la oficina de empleo
pidiéndoles paciencia
A ellas ya las habían despedido antes del covid
Antes de que el FMI previera que la economía española
Se iba a desplomar un ocho por ciento
como un cielo inflacionario.
 
Quiero escribir sobre ser pobre en un país rico
Sobre ser rico en un país pobre
Patronales les llaman, señores de Inditex
Esos de la improrrogable reactivación
 
Esos de la vuelta al curro no esencial
Levantan sus escudos anticrisis
En la asfixia de los olvidados.
 
En mi país los ministros de economía solían ser banqueros
Y los movimientos bursátiles como las mareas nos llevaron
al fondo
Ellos no pueden ni sacar el dinero de los fondos privados
de pensiones
Porque les han robado el futuro
No hace falta una pandemia para firmar un pagaré
Ahora le llaman suspensión perfecta de labores
También conocida como patada en el culo.
 
Sé conjugar económicamente algunos verbos:
La economía decrece, el empleo cae, la gasolina sube
No entiendo nada
Lo único que sé es que cuando las cifras están más
bonitas sobre el papel
más fea es nuestra vida
Lo que no pagamos hoy lo pagaremos mañana
Lo que no paguemos mañana lo pagarán nuestros hijos
La economía no es una ciencia
La economía va sobre nosotros
sobre cómo nos van a destrozar.
 
Tuve que llegar a fin de mes para entenderlo, papá
Tú que no terminaste Económicas lo sabías
Los escenarios posibles, el pequeño mecanismo
De los acontecimientos, el balance
La belleza de la renta básica
 
El ruido tan triste que hacen los cuerpos cuando hambrunan
El tipo de interés del corrupto
El silencio de las obras inútiles
Mi país como un hospital de campaña
En el que mueren los otros.
 
Quiero escribir un poema económico pero me sale un poema marxista
Sobre gente viviendo en estado de emergencia permanente
En el batacazo permanente, en la contracción, en 1930
No hay poema capaz de contar eso
Mira cómo se ve la pobreza de siempre bajo la luz resplandeciente
De la nueva amenaza
Y calla.
 
 
Huaco erótico
 
Quiero tener sexo explícito como un huaco erótico mochica
Así con las caras serias y mirándonos a los ojos de pez
Porque los huacos eróticos tienen sexo para siempre
Duran miles de años más pegados que los perros
Y yo quiero vivir pegada por el culo en un mito
sin dormirme
sin sufrir
sin amar
sin acabar
Yo los vi follar en el museo cuando era niña
Nos llevó mi profesora de historia
Los escolares colapsaban de risa y estupidez
Yo moría de miedo de que alguien dijera
Que una de esas putas mochicas se parecía a mí
por puta y por marrón
Y lo hicieron
En los años 60s la entrada estaba prohibida para los niños
Como ahora la educación sexual
Un inciso:
Todos los que no quieren educación sexual son violadores
Repitan conmigo: Todos los que no quieren educación sexual
son violadores de
niños
Y eso que los niños también son racistas
 
Sacrificios humanos de Dioses castigadores
 
Había falos enormes
 
Misioneros
Sexo oral
Sexo anal
Sexo ritual
La pose del perrito calato
Había maricas
Pero no había sáficas
¿En qué armario del museo estarán escondidas?
 
Había esqueletos teniendo sexo
La muerte se follaba a varios
Con la misma pasión de siempre
Con el mismo orgasmo del que no se vuelve
Si no es degollada
 
Yo quiero follar de color marrón
follar monócromo
follar sin pensar que quiero complacerte
follar sin trabajar
sin sudar
Estoica como la mujer arcilla que se masturba en Lambayeque
Departamento de La Libertad
Allí donde quieres irte a vivir
Yo quiero ser el barro del barro labrado de las pieles
Una sola en nuestras redondeces entrelazadas
Tan idénticas que podría pensar que estoy sola
¿O estoy sola?
¿O me he duplicado?
¿Me he perdido?
 
¿Te he perdido?
¿Ahora soy yo todo eso que fuimos juntas?
 
Me revuelvo en mis propios sonidos y silencios
Soy hija de la noche del búho y de los zorros
Y hago llover cántaros sobre los surcos de la frontera agrícola
hasta pintar bosques salvajes sobre el adobe
Sembrar bellísimas flores y conchas marrones
desde mi caballito de totora ahogándose en el sol
En los campos desérticos de la Huaca de la Luna
Vida y muerte tienen sexo hasta el amanecer
Muy cerca de La leche
Antes de nuestra última decadencia
 
Un día me encontrarán en una tumba
en la tumba de alguna dama poderosa
de 25 años
Como la momia de Cao
la reina del valle de Chicama
Me encontrarán viva
Fastuosa
cubierta de lapislázuli, cuarzo y turquesa
follando para siempre
como un huaco erótico mochica.
 
(Matria poética, Una Antología de Poetas Migrantes,
VV. AA.,
Ed. La Imprenta,
2023)
 
Autor
Lima, Perú, 1975. Es cronista, poeta y periodista afincada en España desde 2003. Es autora de los libros Llamada perdida, Sexografías, Nueve Lunas, Mozart, la iguana con priapismo y otras historias, y del libro de poemas Ejercicios para el endurecimiento del espíritu. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano y al francés.
 
 
Graciasss/periodicodepoesia.unam.mx/cruzar-o-morir/gabriela-wiener/



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