Poemas
de un novelista
Poemas de un novelista constituyó la única incursión de José Donoso en el género poético. Esta obra reunió una treintena de poemas, escritos a lo largo de una década, entre 1970 y 1980, en diversas residencias y lugares geográficos (Calaicete, Sitges, Madrid). José Donoso los tuvo guardados hasta que se atrevió a publicarlos: "Poco a poco, grano a grano, y por cierto que imperceptiblemente, fue formándose este libro de poemas. Jamás tuve intención de hacerlo. Pero sin darme cuenta, a distancia de años unos de otros, aparecieron como una necesidad pequeña pero diferente y complementario a la de mis novelas" (Prólogo. Poemas de un novelista. Santiago: Ganymedes, c1981. p. 11)
Poemas de un novelista está conformado por cuatro capítulos, según el lugar donde los poemas fueron escritos:
Poemas de un novelista constituyó la única incursión de José Donoso en el género poético. Esta obra reunió una treintena de poemas, escritos a lo largo de una década, entre 1970 y 1980, en diversas residencias y lugares geográficos (Calaicete, Sitges, Madrid). José Donoso los tuvo guardados hasta que se atrevió a publicarlos: "Poco a poco, grano a grano, y por cierto que imperceptiblemente, fue formándose este libro de poemas. Jamás tuve intención de hacerlo. Pero sin darme cuenta, a distancia de años unos de otros, aparecieron como una necesidad pequeña pero diferente y complementario a la de mis novelas" (Prólogo. Poemas de un novelista. Santiago: Ganymedes, c1981. p. 11)
Poemas de un novelista está conformado por cuatro capítulos, según el lugar donde los poemas fueron escritos:
"Tres Poemas de 1952";
"Madrid, 1979";
"Retratos (Sitges, 1977)".
*
PRELUDIO
Se dormirá tu recuerdo en el aire
dejando desnudo el nombre de las cosas;
huirá el sendero hacia la orilla de plata
pero distinta a tu presencia la esencia será escasa.
Todo estará más allá de mi piel debajo de mis huesos:
el humo y la lluvia y el dolor y el pánico.
De la alegría no tendré más que una imagen
seria y plana como un retrato.
El arco casi imperceptible del viento caerá.
Tu voz dejará de crecer desde ese árbol.
Y en medio de la soledad del frío ensimismado
buscarán tus pasos las aceras y las calles.
Así ha de ser, pues sabes que el mundo sin ti
llega sólo hasta mi talón y mis manos.
Se secará, esperándote, el lago que jamás vimos.
Se refugiará en la tierra el escarabajo que no miramos.
En los últimos días no hay paisaje en mi sed.
Sin verlo irá muriendo en mi pecho y en mis brazos
la cercanía de tu contorno, la piel ágil
de tus huesos será igual a la de todos los pájaros.
Pero un día, caminando,
cuando haya estrangulado el olvido,
sentiré, sin sorprenderme, tu voz oscura
llamándome entre los versos y los nervios de que estoy tejido.
“Diario de invierno en Calaceite, (1971-72)”
*
Digo: “no”.
y juntos contamos las veces.
La mancha descolorida
En la pared.
Sólo tú y yo
sabemos cómo era esa pared
antes de la mancha.
¿Cómo seríamos,
tú y yo,
sin saber que esa mancha
es la decoloración de una acuarela
que no recordamos?
Aparto la dureza.
La mancha ejerce su poder
y traslado ella mi dureza.
Digo: “sí”.
“Diario de invierno en Calaceite, (1971-72)”
*
Sorpresa encontrarte aquí
Entramos por nuestro arco de piedra:
lo cerramos porque tú y yo lo decidimos.
Ahondo en la casa como si fuera
la cavidad bajo tu brazo.
Tenues hebras unen
nuestros sueños específicos.
¿Estamos completos?
Sí, recuento:
hija, cuadros, perros, y la música
que determina nuestros límites.
Esto que nos guarece en la frazada.
El refugio paternal de tantos libros.
Nuestro sueño devora
la vigila reversible que somos tú y yo,
diez dedos de una mano,
vaso único para el vino tinto.
El pueblo de piedras tensas: el campo
lo sostiene alto en su palma
de olivares benignos.
Igual, altos, tendidos,
oteamos desde el sueño
el mutuo acertijo de nuestros placeres distintos:
intermitencia de caldos y papeles,
errar por los ecos de la casa vieja,
momentos de soledad o abrazo,
el desgarro del miedo simple
al simple frío.
Saberte, en suma,
la madeja de mi vida.
“Diario de invierno en Calaceite, (1971-72)”
**
POEMA 1
Los ojos de la tarde están llenos de asombro
y un abrigo de nubes ahorca el azul.
Una chimenea sola, un pájaro
señalan la tarde de descarnado abandono.
Confío en el lenguaje de las cosas mudas.
¿Ves los caminos vanos? ¿Ves la inmensidad?
El acento mío se perdió en un arrebato
que quiso ser vela y luz y playa…
Un cerro hiere la tarde enceguecida
de donde huyen poco a poco el fuego y el clamor.
Qué torpe ascendencia tuvo el riel que no quise.
Mira que alegre estoy, desnudo en este recinto sin sol.
“Tres poemas, 1952”
**
LIBRO
El olvido como forma de pasión:
callar, hacer sitio
para que otra cosa
crezca.
La tela desteñida del invierno
cobija los proyectos.
Planes distintos trastocan la intriga.
Los habitantes se van.
inauguran vendavales, intersticios.
Se cuelan polvaredas, arena, hormigas.
No queda ni una voz,
ni una historia contándose
detrás de los postigos.
El intercalo derrota la nostalgia:
nacen cosas.
El candado clausura
los sillones apilados
transidos de lluvia.
Hay vida:
olvido, vida, olvida.
No importa que no recuerde
el agasajo de otra dulce piel
ni el espacio de la lucidez
basta la página abierta
en un alféizar que no recuerdo
o no conozco.
Eso permanece.
“Madrid, 1979”
(Poemas de un novelista,
Ganymedes,
Santiago,
Chile,
1981)
Graciasss/www.jesusfelipe.es/jose_donoso.
***
Fragmentos
de Poemas de un novelista, extraídos del ensayo La reivindicación del
espacio apocalíptico en los poemas de José Donoso, de Miguel Ángel Náter.
*
¿Qué queda?
¿A quién tocar?
¿Qué mirada que se trice
repentinamente abierta como la risa de una sandia?
Algún recoveco de este puño de piedra
agarrotado en la colina
esconde bandoleras en baúles, y bordados,
lascivas sedas de arañas.
*
Todo lo esconde este frio
propiciador de lutos, llaves mohosas,
rencores, devociones, pestillos.
…………………
…………………
Mi tiempo queda tendido como un cuero sangriento
bajo el sol caduco: no lo curte,
lo encarruja como las caras, lo seca como las manos,
va inutilizándolo con los golpes de la campana
que desde la torre desmenuza el día.
*
Dentro de esta arcaica organizaci6n
de piedras, piezas y pasillos,
el mundo de la tibieza se reduce
a cierto sector de tu cuello.
……………………
……………………
Es preciso eliminar espacio.
Vamos clausurando puertas,
pasadizos inútiles,
patios, escaleras y rendijas.
*
Piedras irreconciliables a mi experiencia
de adobe, concreto y pintura.
Manos gastadas como estas esquinas
estrujan el revés del vidrio,
voraces de tibieza,
de algo que no sea la arquitectura de las corrientes
luces distintas a la penumbra desde donde fluyen.
Graciasss/revistas.upr.edu/images/reh/2004/n2/a2.pdf
Más sobre JD:
Graciasss/www.persee.fr/doc/ameri
Graciasss/letras.mysite.com/jque
Graciasss/www.literatura.us/donoso/
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