JUAN PABLO SUTHERLAND

ARTE ANDRÓGINO, ROBERTO ECHAVARREN126
 
                                    El flaneur es un abandonado en la multitud
                                                                                    Walter Benjamin
 
      No soy una mujer, no soy un hombre, soy algo que nunca entenderás
 
                                                                                Moriría por ti
                                                                                                   Prince
 
¿De qué podemos hablar entonces? De un mutante. Desde el punto
de vista de la historia de la cultura, confrontamos mutantes
más que hombres y mujeres. Los devenires del estilo trazan
construcciones sorpresivas a las que nos acostumbramos poco.
El Dandy nos sobrepasa como una individuación soberana
                                                                                     Echavarren
 
El ojo voyeur de Roberto Echavarren y su aura benjaminiana de flâneur, podrían ser los primeros destellos iridiscentes de Arte andrógino, producción crítica de un autor que posee un lugar relevante en la escena poética neobarroca sudamericana y que ha desplegado una conocida obra poética, ensayística y novelística127. Arte andrógino se constituye a modo de pasajes en una ciudad transparente y cristalizada en estrategias de develamiento, dispositivos de apariencia, de singularidad y oposición. El desafío de un recorrido nómade que nos insta a encontrarnos con las políticas de las apariencias: moda versus estilo o, siguiendo las inflexiones de Echavarren, sujeto universal de la moda serializada versus un singular dandy en medio de la multitud.
 
Aquella singularidad a la que Benjamin se refería en ese tránsito único del flaneur. Para Echavarren todo se vuelve signo, giros de apariencias e identidades tránsfugas en un texto que no deja de interrogar, molestar, resignificar, aquí el fetiche transita desde la acepción marxista del término hasta las aguas inquietantes del psicoanálisis lacaniano. Fetiche que le sirve al autor para desplazar categorías a sus máximas intensidades. Así nos dice: "El fetiche es adyacente y agregado a su portador. Zapatos, pelo, cinto, joyas, modo de andar, gesticulaci6n. Es cierto que el interesado, a través del fetiche, se ve confrontado con otro (el portador), pero de modo indirecto, ya que el fetiche, al menos en principio y en tanto detalle externo, puede ser vestido o encarnado por otros individuos, y además puede ser sustraído, separado de ellos"128. Roberto Echavarren fricciona los lugares identitarios con cierto desdén crítico, aproximándose desde las políticas del estilo a la interrogaci6n del régimen homonormativo y, ante todo, trabajando devenires sexuales desde una perspectiva deleuzeana. La figura del andrógino desestabiliza el binarismo hombre-mujer y se fuga en medio de las identidades polares de la propia homosexualidad expresada en la figura del travesti y el super macho gay. En esa perspectiva Echavarren enfatiza: "Es preciso distinguir entre la imantación del andrógino -como cifra de un deseo- y una postura homoerótica. Las dos grandes figuras inventadas por los homosexuales son el travesti y el supermacho, pero la androginia es una tercera vía que subyace en el deseo de cualquiera, más allá de las identidades"129.
 
126 Texto preparado para la reedición chilena de Arte andrógino, Ripio Ediciones, Santiago, 2008.
127 Roberto Echavarren ha desarrollado un extenso trabajo en la literatura hispanoamericana, que recorre desde su destacado lugar como poeta en la escena neobarroca hasta sus excelentes trabajos críticos; fue compilador junto a Jose Kozer y Jacobo Sefami de Medusario, muestra de poesia latinoamericana (1996). Entre su novelística destaca Ave Roc (1994) y Julián, el diablo en el pelo (2003) y su serie compilatoria de trabajos Performance, Genero y Transgénero (2000).
 
La interrogación lanzada por el autor de Arte andrógino problematiza algo que ya los Estudios Queer venían planteando desde sus gestos fundacionales. Una tesis fundamental ha sido la crítica a los regímenes discursivos tanto heterosexuales como homosexuales, que desde los actos performativos (transparentados en el lenguaje) configuran sujetos normativamente. La teoría de los Actos de Habla, planteada por Austin, fue reterritorializada por intelectuales y activistas queer que pensaron la injuria homofóbica como acci6n performativa que fija a los sujetos. Así, a partir de esa extrañeza, de ese "fuera del género", el queer se pone en primera persona como pieza tecnol6gica para irrumpir en la estabilidad identitaria homosexual (gay) y desestabilizar la tecnología normativa de la heterosexualidad.
 
128 Roberto Echavarren, Arte androgino, Ripio Ediciones, Santiago, 2008, pag. 35.
129 Op. cit., pag. 169.
 
Judith Butler ya había dicho que el género es una performance, postulado que inaugur6 su postura crítica. Butler y Echavarren dudan de la maquinaria del género desde lugares diferenciados, Butler entiende el género como teatralidad performativa, mientras Echavarren escapa al binarismo hombre-mujer e instala la figura del andrógino.
 
Queer, camp y neobarroco se aproximan con cierta promiscuidad en sus textos, más aún en este, donde trabaja con la fuga, con el pliegue, con la duda identitaria. Arte andrógino convoca al glam-rock, al dandy, al mutante y a la guerra de los estilos. Echavarren recorta escenas desde la performance-crítica, leyendo la teatralidad del estilo de una dama noble en la corte de Luis XIV que inaugura la invención del peinado à la Fontange, hasta la Evita Santa de marginales, descamisados y abyectos, según el imaginario neobarroso de Nestor Perlongher. Arte andrógino se extiende como pasarela de estilos que interrogan a la moda, operando desde una multiplicidad de pasajes benjaminianos cuyos personajes emergen residuales en sus estrategias.
 
Echavarren rescata la figura y el aura del dandy en completa coherencia con una política de la mirada callejera o del vivir en la ciudad. En esa perspectiva, convoca la figura de Baudelaire dandy: "Los dandys para Baudelaire son 'representantes de lo que hay de mejor en el orgullo huma no, de esa necesidad [ . . . ] de combatir y de destruir la trivialidad.' El estilo aparece ligado aquí a la falta de dinero, al "desclasamiento, al no trabajo, a un lujo marginal o un lujo de pacotilla, efímero o sin valor, y al derecho a la pereza, que también roza, o puede rozar, la prostitución"130.
 

Arte andrógino se vuelve sobre el dandy pensado por Baudelaire, lo devela y, como personaje, lo hace parte de una urbe, descubre su política errante, su aura inigualable, singularizado al extremo en medio de la multitud. Pasante para Baudelaire, flaneur para Benjamin, figura o personaje que se cuela por la seducción del estilo, de la diferencia, del fetiche para sí mismo y los otros. Como política de estilo, el dandy se transforma en expresión de vida y obra.
 
130 Op. cit., pag. 39.
 
El despliegue coleccionista de Arte andrógino resitúa nuevas taxonomías estéticas y vuelve superficial la serialidad de la moda. Fija su posición, reterritorializa el rock psicodélico, el glam de los ochenta, devela el glamour antropomórfico de los estilos, yendo mas allá de lo masculino y lo femenino. Arte andrógino dialoga como otra ciudad invisible que se vuelve significante al ojo del "observador de la urbe", ciudad de textos, ciudad letrada en la guerrilla del estilo. Arte andrógino otea los movimientos internos, los personajes, obsesiones y detalles de notables textos literarios no visitados desde una óptica erotizada e imantada del aura fetiche. Echavarren nos revela sus posibilidades, como un descubridor de palimpsestos abre esas inestabilidades como si fuera un imán fetichista, entre ellos exorciza la figura del diablo enamorado, novela de Cazotte, para delinear los tránsitos inconclusos en el cuerpo, en los deseos, en un sexo que escapa, que nunca es.
 
Suerte de taxonomía literaria en la búsqueda de los especímenes andróginos, Echavarren realiza una cartografía donde los ángeles o personajes de Balzac en Seraphita, o A contrapelo de Huysmans, parecen figuras cruzadas por la autonomía, la ambigüedad o la construcción estética del estilo. La coherencia estilística y teórica de la propuesta de lectura de Echavarren nos seduce con el paseo propio del coleccionista, del voyeur-lector o flaneur metropolitano. Esta ciudad andrógina se ha extendido hasta las auras propias de literaturas más canónicas o menos canónicas, pero que flirtean con cierta configuración estilística. Este texto, se opone y/o se escapa al rotulo de literatura gay? El autor nos dice que intenta salir "de aquel rótulo".
 
Quizás la estrategia vaya más allá de las definiciones binarias. Echavarren no se interesa en una política de representación, por el contrario, lo que intenta es deconstruir esa representación y proponer otras lecturas, se escapa de las propias estabilidades de los textos para sugerir otros pliegues, otras imantaciones, otras sensibilidades, que pueblan distintos devenires estéticos-sexuales. Se hace cómplice quizás de aquella crítica histórica que Manuel Puig hacía ya en los años setenta con su famoso artículo sobre el "error gay", donde cuestionaba la aparición de una homonormatividad que no tendría un desenlace liberador.
 
Echavarren convive con esa mirada y la problematiza en el capítulo sobre Cobra de Severo Sarduy y sobre El beso de la mujer araña de Puig. Echavarren prefiere trabajar con la teatralidad, con la performance, con las vestimentas, con el engaño, tanto en El beso como en Cobra, loca y travesti, los develamientos y desplazamientos son parte de este abarrocamiento de la mirada crítica. Performance, género y transgénero en una metaperformance del análisis crítico-literario. En la cartografía de este libro, Emo y Katoey son los últimos aparecidos en la taxonomía andrógina en la fuga del género, cuestión interesante en esta reedición de Arte andrógino para los lectores chilenos, subjetividades que interrogan a sus antecesores del glam rocker o el gótico andrógino de los ochenta, entre otros.
 
Son una nueva tribu, singulares y alejados del colectivo, estetizados al máximo en su cotidianeidad de tránsitos y desplazamientos, sensibilidades adolescentes al centro de sus emociones. Originarios de Japón y Tailandia respectivamente, Echavarren vuelve a develar las estrategias, los dispositivos de disolución, fuga o escape identitario respecto a las políticas clásicas de representación de lo masculino y lo femenino. Aqui hay una identidad, pero hay una fuga. Echavarren nos recuerda que "el emo es un adolescente punk, feminizado, suavizado ( . . . ) La identidad de género es algo que no se plantea aquí, es negado; no se llega a plantear". El texto devela el rito fotografiado del emo, hace evidente su reflejo en su propio yo lanzado digitalmente por internet.
 
Como correlato de los emos, aparecen en escena los katoeys, varones afeminados y transexuales que forman parte de una relevante presencia del travestismo en las zonas rurales de Tailandia. Se evidencia el gesto estético de los katoeys problematizando, además, su metamorfosis de género, inscrita en parte en la demanda sexual del mercado y sus tráficos corporales. Finalmente, Arte andrógino de Roberto Echavarren construye una épica andrógina que interroga las políticas de representación de lo masculino y lo femenino proponiendo nuevas lecturas culturales para habitar el cuerpo, reinventar el género o evaporizarlo hasta su extinción. Echavarren se vuelve dandy en la medida que voyerea con una mirada singularizada y errante en la urbe, propone mirar, ver, observar reconociendo estilos, singularidades, nuevas subjetividades, otras sensibilidades.
 
Echavarren propone un tránsito nómade acompañado de dandys, mutantes, andr6ginos, emos, katoeys, glam rocker, fe tiches, todos ellos(as) puntos en fuga de una política del estilo. Arte andrógino se vuelve una ciudad autónoma, indefinida, ambigua y errante, sus habitantes son muestras y retazos que rescatan o reavivan el ánimo epocal de nuevas formas de habitar y vivir el cuerpo.

***
 

LAS CLAVES DE UNA INSUBORDINACION GENÉRICA
 
Performance de Roberto Echavarren, con prólogo y selección de Adrian Cangi, es un libro pensado como maquinaria escritural que borra y desestabiliza géneros en su trayectoria estética. Puesta en escena de una acusación (la literaria y la sexual), propone en su factura una política de escrituras que no deja de interrogar nunca sus definiciones esenciales. Figura particular en el territorio del neobarroco latinoamericano, Echavarren está convencido de su desacato: contaminar los géneros literarios borrando sus fronteras y agenciando nuevos gestos polimorfos.
 
En ese paisaje surge la figura de lo andrógino, subjetividad que amasa Echavarren en sus pliegues narrativos, poéticos y críticos. Densidad de una construcción que lo ubica en una fuga continua de perturbación y de ensamblaje minoritario. Co-compilador de la antología Medusario, selección poética del barroco contemporáneo, Echavarren insiste en un gesto que se reconoce en sus textos y en su tránsito transgenético (novela, ensayo, poesía, cine), el de horadar los lenguajes y territorios fagocitando nuevos despliegues. En Performance advertimos una selección (Cangi) que productiviza la estrategia discursiva del autor en una perfecta plusvalía estética instalando su mayor irrupción: lo andrógino como tensión con el juego de identidades "estabilizadas o travestidas", tensión del logos masculino, pero además del logos homonormativo.
 
Performance dialoga en políticas de des-identidad con la teoría queer e interroga las poéticas chilenas homoeroticas más consagradas, desde los gestos polimorfo de su escritura. Políticas del cuerpo y del deseo en una escritura que desenfoca lo masculino y femenino para desestabilizar no solo el logos, sino el gesto articulado en las representaciones genéricas. Echavarren se distancia del gesto travesti y de la serialidad hipermasculina de lo gay para desbaratar los cimientos de subjetividades construidas sobre las figuras de la mujer y el hombre, lugares que el siglo XX privilegio en sus institucionalidades y resistencias.
 
Echavarren, en Arte Andrógino, argumenta: "Estos dos exponentes apuntalan los polos debilitados del hombre y de la mujer tradicionales. Su empresa es heroica: se distinguen del conjunto de la población al defender 131 Texto publicado en Revista Extremoccidente, n° 2 (segundo semestre 2002), Universidad Arcis, Santiago, pág. 25. contra viento y marea, algo que está en vías de desaparecer. Podría afirmarse que el homosexual, en tanto exhibe y sostiene estos iconos tradicionales, retarda su disoluci6n y e1 mismo se vuelve emblema de algo que se disuelve".
 
Tensionando sus propias derivaciones, lo andrógino se ubica como un destello hiperb6lico que construye su propia mediaci6n estética en su falta, pero en su política de selección, es decir su estilo. Emparentado al análisis de los recursos selectivos y residuales de la moda, Echavarren se apropia de las estrategias de confusión, es decir, un mutante que se espejea en la individualidad del Dandy, pasando por el Rocker Clam y todos sus despliegues; o la psicodelia de los setenta y el rock de los ochenta. Poéticas y políticas de borradura que definen una escritura llena de vértices y gestos, moldaduras y pliegues donde la interrogación se subordina a la búsqueda transgenérica, vaciando los formatos para generar su Performance andrógina.
 
Performance, compilación exhaustiva y minuciosa, reconstituye los lugares escriturales que Echavarren despliega en su cartografía de vuelo, selección que pasa por Animalaccio, La planicie mojada, Oir no es ver, entre sus poéticas, hasta el análisis de sus textos críticos (Arte andrógino), narrativa (Ave Roc), y critica de poesía, cine. Textos de Jorge Panesi, Adrian Cangi, Tamara Kamenszain, Amanda Berenguer, entre algunos de sus más destacados comentadores críticos.
 
     R.E., (Montevideo Portal / Javier Noceti)

Performance, registro de una huella estética que guarda distancia c6mplice y estratégica de escrituras emparentadas al escenario barroco, parentescos huidizos con Severo Sarduy, Manuel Puig, Reinaldo Arenas, Pedro Lemebel, todas estas escrituras desplegadas en el simulacro barroco o hasta el neobarroso propio y rioplatense de Perlongher o Lamborghini, suponen escrituras que estarían tensando los materiales en disputa: la irrupción de posibles densidades estratégicas en la simulación, la escenificaci6n de posibles subjetividades "homoeróticas" estetizadas a lo largo del siglo XX, estrategias discursivas que Echavarren introduce como una retórica andrógina, un cuerpo estilizado y fragmentado para el desembalaje de la "verdad-hombre"/"verdad-mujer", acusando recibo de estos ejes anacr6nicos y por los cuales el autor de Arte andrógino juega a la desestabilizaci6n genérica.
 
Pensando en poéticas del texto, y políticas del cuerpo, Echavarren parece proponernos además una agenda estético-política que habilitaría otras discusiones respecto de identidades-desidentidades, homonormas y estéticas maricas, productividad camp, plusvalías genéricas y batallas intersexuales, todos estos posibles territorios de contaminación que dan volumen ala poética-política de Performance, una maquinaria análoga a una caja de herramientas y una extensa planicie sin fronteras. Roberto Echavarren es uruguayo, poeta, ensayista y traductor. Impartió clases en Inglaterra y en la Universidad de Nueva York. Es co-compilador de Medusario, muestra de poesía latinoamericana, y autor de Arte andrógino (ensayos), Ave Roc (novela), Animalaccio, La planicie mojada, Oír no es ver, (entre algunos poemarios) y Performance, género y transgenero, (compilaci6n de textos).
 
(Nación Marica. Prácticas culturales y crítica activista.,
Ripio Ediciones,
Colección Los Mecanismos de la musa,
Chile,
2009)
 
Graciasss/antropologiadeoutraforma.wordpress.com/2013/juan-pablo-sutherland-nacion-marica-1.pdf


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