El lunático
El sol adormecido en las brumas se aleja
Y como un astro muerto yace mi pasión;
La noche a lo largo del muelle se refleja;
Mi viejo corazón es un Rey sin razón.
Cada ser de una rueda es el eje que gira,
Cae, ofrenda y afrenta, en el yunque el dolor;
Los rostros grises son una espuma que tira
La marea del asfalto y la luz sin color.
¿Dónde estamos amor? ¿Sí es verdad que estamos?
La luna se esconde cuando nos acercamos
Al borde de los techos huecos de metal.
Y el ojo blanco por las calles todavía
Envidia el resplandor fijamente glacial
Del astro que murió antes de abrir el día.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
El poema del yugo
Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas;
El alma materna de las vacas, la espuma del pasto masticado,
Brotan en olas nauseosas dulces.
Soy igual que la sirvienta de la granja;
A lo largo del dolor me avanzo de un paso firme;
El balde del lado izquierdo está lleno de sangre;
Puedes beber y saciarte de ese pujante jugo.
El balde del lado derecho está lleno de hielo;
Puedes inclinarte y contemplar tu rostro laso.
Así voy entre mi destino y mi suerte,
Entre mi sangre caliente y líquida y mi amor límpido muerto.
Y cuando esté segura que ni espejo ni bebida
Pueden ya distraer o sosegar tu corazón salvaje,
No quebraré el espejo resignado,
No volcaré el balde donde sangró toda mi vida.
Iré llevando mi balde de sangre en la noche negra
Allí donde están los muertos que en él a beber vendrán.
Iré donde están las olas con mi balde de hielo;
El breve gemido de la orilla será menos dulce que mi llanto;
Un rostro pálido grande se asomará a la duna
Y ese espejo, que ya no quieres, reflejará la faz calma de la luna.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
Erótico
Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
Firme propósito
Ni ampararse del día bajo el árbol de nieblas,
Ni morder el verano en las frutas dormido,
Ni besar en los labios lentos de tinieblas
Al muerto evaporado y vano de haber sido.
Ni penetrar el centro del álgebra frío,
Ni en el vacío clavar la máscara infinita.
Ni sembrar el olvido en el glorioso río
Y derramar la nada en la tumba bendita.
Ni rozar, Amor mío, tu boca entregada,
Ni su deseo quemar sin la llama esperada,
Ni arrastrar en el cuerpo rendido la herida.
Ni rezar con las manos juntas de la pena,
Pero traer consigo en la noche serena
El hondo corazón donde sangró la vida.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
Graciasss/www.zendalibros.com/5-poemas-marguerite-yourcenar/
El sol adormecido en las brumas se aleja
Y como un astro muerto yace mi pasión;
La noche a lo largo del muelle se refleja;
Mi viejo corazón es un Rey sin razón.
Cada ser de una rueda es el eje que gira,
Cae, ofrenda y afrenta, en el yunque el dolor;
Los rostros grises son una espuma que tira
La marea del asfalto y la luz sin color.
¿Dónde estamos amor? ¿Sí es verdad que estamos?
La luna se esconde cuando nos acercamos
Al borde de los techos huecos de metal.
Y el ojo blanco por las calles todavía
Envidia el resplandor fijamente glacial
Del astro que murió antes de abrir el día.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
El poema del yugo
Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas;
El alma materna de las vacas, la espuma del pasto masticado,
Brotan en olas nauseosas dulces.
Soy igual que la sirvienta de la granja;
A lo largo del dolor me avanzo de un paso firme;
El balde del lado izquierdo está lleno de sangre;
Puedes beber y saciarte de ese pujante jugo.
El balde del lado derecho está lleno de hielo;
Puedes inclinarte y contemplar tu rostro laso.
Así voy entre mi destino y mi suerte,
Entre mi sangre caliente y líquida y mi amor límpido muerto.
Y cuando esté segura que ni espejo ni bebida
Pueden ya distraer o sosegar tu corazón salvaje,
No quebraré el espejo resignado,
No volcaré el balde donde sangró toda mi vida.
Iré llevando mi balde de sangre en la noche negra
Allí donde están los muertos que en él a beber vendrán.
Iré donde están las olas con mi balde de hielo;
El breve gemido de la orilla será menos dulce que mi llanto;
Un rostro pálido grande se asomará a la duna
Y ese espejo, que ya no quieres, reflejará la faz calma de la luna.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
Erótico
Tú la avispa y yo la rosa;
Tú el mar, yo la escollera;
En la creciente radiosa
Tú el Fénix, yo la hoguera.
Tú el Narciso y yo la fuente,
En mis ojos tú brillando;
Tú el río y yo el puente;
Yo la onda en mí nadando.
Y tú el sol y la sal
Y en los labios el caudal
Del rumor meciendo el juego.
Yo el pájaro y el cielo
Azul cruzando su vuelo,
Como el alma atiza el fuego.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
Firme propósito
Ni ampararse del día bajo el árbol de nieblas,
Ni morder el verano en las frutas dormido,
Ni besar en los labios lentos de tinieblas
Al muerto evaporado y vano de haber sido.
Ni penetrar el centro del álgebra frío,
Ni en el vacío clavar la máscara infinita.
Ni sembrar el olvido en el glorioso río
Y derramar la nada en la tumba bendita.
Ni rozar, Amor mío, tu boca entregada,
Ni su deseo quemar sin la llama esperada,
Ni arrastrar en el cuerpo rendido la herida.
Ni rezar con las manos juntas de la pena,
Pero traer consigo en la noche serena
El hondo corazón donde sangró la vida.
Trad. Silvia Barón-Supervielle
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***
Cuerpo llevando el alma, siempre vanamente
Vuelvo a pensar en ti y te vuelvo a olvidar;
Corazón infinito en el cáliz naciente;
Boca que busca el nuevo verbo de besar.
Mares de navegar, fuentes para beber;
Trigo y vino ritual en la mesa mezclados;
Refugio de dulzura el vago adormecer;
Tierra que se despliega en los pasos alados.
Aire que me llenas de espacio y de equilibrio;
Nervios por donde viaja el cóncavo delirio;
Mirada interrumpida en el vasto universo.
Cuerpo, compañero, juntos nos moriremos.
No puedo no querer la sombra que tenemos,
No apresar con ella el resplandor de un verso.
Versión Silvia Barón-Supervielle
Firme propósito
Ni ampararse del día bajo el árbol de nieblas,
Ni morder el verano en las frutas dormido,
Ni besar en los labios lentos de tinieblas
Al muerto evaporado y vano de haber sido.
Ni penetrar el centro del álgebra frío,
Ni en el vacío clavar la máscara infinita.
Ni sembrar el olvido en el glorioso río
Y derramar la nada en la tumba bendita.
Ni rozar, Amor mío, tu boca entregada,
Ni su deseo quemar sin la llama esperada,
Ni arrastrar en el cuerpo rendido la herida.
Ni rezar con las manos juntas de la pena,
Pero traer consigo en la noche serena
El hondo corazón donde sangró la vida.
Versión Silvia Barón-Supervielle
Versos órficos
Según las tablillas encontradas en
tumbas de Grecia y de Grecia Grande
En el umbral de la puerta negra,
A la derecha, a los pies de un álamo,
Corre el agua de olvidar.
Brota a la izquierda el agua de Memoria;
Cristal helado, frío licor,
El agua de Memoria está en mi corazón.
Allí beben mi pena y mi alegría;
Residen en su ribera los sabios:
Yo les diré, Temo la muerte.
Soy hijo de la tierra negra
Pero también del cielo estrellado;
¡Abridme la puerta de la gloria!
La imagen del tiempo transcurrido
Se refleja en mi memoria;
El espejo puro no se enturbia.
Abridme el pozo de la gloria...
***
Cantinela por un flautista
ciego
Flauta en la noche solitaria,
presencia líquida de un llanto,
todos los silencios de la tierra
son los pétalos de tu flor.
Dispersa tu polen en la sombra
alma llorosa, casi sin ruido,
miel rebosante de una boca sombra,
y, como tus lentas cadencias
marcan el pulso de las tardes de verano,
haznos creer que los cielos bailan
porque un ciego ha cantado.
Trad. Camilo Rodríguez
Grace Frick y Margueritte Yourcenar, 1955. Foto:
FUSAC
Flauta en la noche solitaria,
presencia líquida de un llanto,
todos los silencios de la tierra
son los pétalos de tu flor.
Dispersa tu polen en la sombra
alma llorosa, casi sin ruido,
miel rebosante de una boca sombra,
y, como tus lentas cadencias
marcan el pulso de las tardes de verano,
haznos creer que los cielos bailan
porque un ciego ha cantado.
Trad. Camilo Rodríguez
Este es el silencio
El silencio tiene las únicas palabras
Que uno pueda, cerca a usted, decir sin lastimar;
Dejemos sobre usted llover llantos de corolas;
Solo se puede sonreír ante lo que debe pasar.
A la hora en que, cansados, soltamos nuestros roles,
en la misma cama oculta los durmientes se van a colar;
por cada dedo tiemblan unas hierbas que nos rozan,
usted puede bendecirme y yo le puedo acariciar.
A su dulzura mi sendero me hermana
de este suelo impregnado lentamente de alma humana,
el olvido, lento jardinero, arranca remordimientos.
El amor inagotable yerra de pasión en pasión;
no quiero perturbar con una vana lamentación
la eterna reunión de la tierra y los muertos.
Trad. Camilo Rodríguez
Usted no sabrá nunca
Usted no sabrá nunca que su alma viaja
cual suave corazón adoptado al fondo del mío;
y que nada, ni el tiempo, ni otros amores, ni la edad,
impedirán nunca que usted haya sido.
Que la belleza del mundo tome su rostro,
viva con su dulzura, brille con su claridad,
y que el lago pensativo al fondo del paisaje
me repita solamente su serenidad.
Usted no sabrá nunca que cargo su alma
como una lámpara de oro que me alumbra caminando;
que un poco de su voz ha pasado en mi canto.
Suave antorcha, sus rayos, dulce llama, su flama,
me instruyen por senderos que usted ha seguido
y entonces vive un poco, pues yo le sobrevivo.
Trad. Camilo Rodríguez
Graciasss/www.otroparamo.com/web/articulo
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