Alguien me ha dicho
que en verdad mis poesías
no cambiarán el mundo.
Yo les respondo que en verdad sí
que mis poesías
no cambiarán el mundo.
*
En un punto de su aguda apertura
se colmaban de verde los ojos del gato
–espejo brevísimo y atento
de los árboles y la hierba. Y repetía el gesto
sin conocer su esplendor.
*
Las notas que dibujaste en mi cuaderno
y las claves de violín y la doble clave
y la triple clave. Para ti siempre
habrá un nuevo cuaderno. ¿Cuántas
hojas necesitas? Adornaste mi escritorio,
esculpiste mi estante; pero no hay ahora
arqueros vestidos de guerra, sino tan sólo
signos distraídos. Y deberás juntar
con paciencia pequeños minutos para poder
producir una hora.
*
¿Y quién se atreverá a decirme ahora
que no tengo coraje, que no me mezclo
con los demás o que no me apasiono?
Hoy he hecho una fila
de casi media hora en el correo;
soporté toda la fila paso
a paso; percibí el olor
atroz de los varones
y los viejos; también el de las mujeres.
Sentí unas manos que me tocaban el culo,
que me apretujaban. Reconocí
la náusea, y la dejé en el mismo lugar
en donde estaba; mi cuerpo
se llenó de sudor; me expuse
a la pulmonía. No es en el amor
hacia mí sino en el horror hacia los demás
donde yo me reconozco.
*
No tengo semen que esparcir por el mundo
no puedo inundar los mingitorios ni
los colchones. Mi avaro semen de mujer
es poca cosa como para herir. ¿Qué puedo
dejar en las calles, en las casas
en los vientres no fecundados? Las palabras,
muchísimas de ellas
aunque ya no se me parezcan más;
han olvidado la furia
y la maldición, se han transformado en señoritas
con un poco de mala fama quizá,
pero señoritas al fin.
*
Cuántas tentaciones atravieso
en el trayecto desde el cuarto
hasta la cocina, desde la cocina
al baño. Una mancha
en el muro, un vaso de agua, un pedazo
de papel en el suelo,
mirar desde la ventana,
chau a la vecina,
acariciar a la gatita.
Así me olvido siempre
de la idea principal, me pierdo
en las calles, me descompongo
día tras día y es en vano
intentar cualquier regreso.
*
Es tan dulce permanecer
y mirar en la inmovilidad
soberana la belleza de una pared
donde el hilo de la luz y la lámpara
existen desde siempre
garantizando su permanencia.
Montaña de luz, abanico,
¡paisajes, paisajes! ¿Cómo podré
desatar mis pies,
descender -reina de los peñascos
y de los abismos-
hasta el paso involuntario,
hasta la mano que abre una puerta, la voz
que pregunta adónde iré a comer?
*
De mí poco recuerdo
yo que siempre he pensado en mí.
Me disuelvo como el objeto
demasiado tiempo contemplado.
Y volveré para decir
mi luminosa desaparición.
(Mis poesías no cambiarán el mundo, 1975)

que en verdad mis poesías
no cambiarán el mundo.
Yo les respondo que en verdad sí
que mis poesías
no cambiarán el mundo.
*
En un punto de su aguda apertura
se colmaban de verde los ojos del gato
–espejo brevísimo y atento
de los árboles y la hierba. Y repetía el gesto
sin conocer su esplendor.
*
Las notas que dibujaste en mi cuaderno
y las claves de violín y la doble clave
y la triple clave. Para ti siempre
habrá un nuevo cuaderno. ¿Cuántas
hojas necesitas? Adornaste mi escritorio,
esculpiste mi estante; pero no hay ahora
arqueros vestidos de guerra, sino tan sólo
signos distraídos. Y deberás juntar
con paciencia pequeños minutos para poder
producir una hora.
*
¿Y quién se atreverá a decirme ahora
que no tengo coraje, que no me mezclo
con los demás o que no me apasiono?
Hoy he hecho una fila
de casi media hora en el correo;
soporté toda la fila paso
a paso; percibí el olor
atroz de los varones
y los viejos; también el de las mujeres.
Sentí unas manos que me tocaban el culo,
que me apretujaban. Reconocí
la náusea, y la dejé en el mismo lugar
en donde estaba; mi cuerpo
se llenó de sudor; me expuse
a la pulmonía. No es en el amor
hacia mí sino en el horror hacia los demás
donde yo me reconozco.
*
No tengo semen que esparcir por el mundo
no puedo inundar los mingitorios ni
los colchones. Mi avaro semen de mujer
es poca cosa como para herir. ¿Qué puedo
dejar en las calles, en las casas
en los vientres no fecundados? Las palabras,
muchísimas de ellas
aunque ya no se me parezcan más;
han olvidado la furia
y la maldición, se han transformado en señoritas
con un poco de mala fama quizá,
pero señoritas al fin.
*
Cuántas tentaciones atravieso
en el trayecto desde el cuarto
hasta la cocina, desde la cocina
al baño. Una mancha
en el muro, un vaso de agua, un pedazo
de papel en el suelo,
mirar desde la ventana,
chau a la vecina,
acariciar a la gatita.
Así me olvido siempre
de la idea principal, me pierdo
en las calles, me descompongo
día tras día y es en vano
intentar cualquier regreso.
*
Es tan dulce permanecer
y mirar en la inmovilidad
soberana la belleza de una pared
donde el hilo de la luz y la lámpara
existen desde siempre
garantizando su permanencia.
Montaña de luz, abanico,
¡paisajes, paisajes! ¿Cómo podré
desatar mis pies,
descender -reina de los peñascos
y de los abismos-
hasta el paso involuntario,
hasta la mano que abre una puerta, la voz
que pregunta adónde iré a comer?
*
De mí poco recuerdo
yo que siempre he pensado en mí.
Me disuelvo como el objeto
demasiado tiempo contemplado.
Y volveré para decir
mi luminosa desaparición.
(Mis poesías no cambiarán el mundo, 1975)
Ah sí, para tu desgracia,
en vez de partir
permanecí en la cama.
Toda la casa para mí sola:
cerré la puerta,
desplegué las cortinas,
a afuera los cuatro canarios
enjaulados parecían cuatro bosques
y las cuatro mil voces al despertarse
se confundían con el regreso de la luz.
Pero cruzando la puerta,
en los pasillos oscuros, en las habitaciones
casi vacías que capturan
los sonidos más lejanos
los pasos miserables de lánguidos regresos
a casa, se encendían nacimientos
y peligros, se consumaban
muertes sombrías e indiferentes.
¿Pero crees realmente que no te vi
morir en un rincón
con el vaso cayendo de tus manos
y el cuello rojo e hinchado,
avergonzándote un poco
por haber sido sorprendida
una vez más,
después de tanto tiempo
en la misma posición, en la misma condición
pálida, temblorosa, llena de excusas?
Pero si entonces pienso realmente en tu muerte
en qué cama de hospital, casa o albergue,
en qué calle, acaso en el aire
o en un túnel; si pienso en tus ojos que ceden
a la invasión, en la extrema, terrible mentira
con la que intentarás rechazar el ataque,
o la infiltración, en tu sangre pulsando indecisa
y desatada, en la última, inmensa visión
de un insecto que pasa, un pliegue de la sábana,
una piedra o una rueda
que te sobrevivirán,
entonces ¿cómo puedo dejar que tú te vayas?
*
Es cierto, todo habría andado bien,
un paseo juntas, un café,
una salida al cine, cenas
en casa o en el restaurante; en fin,
habría seguido todo como siempre,
si de pronto, al quitarse los anteojos,
no se hubiera sentado sonriendo
con un aire apenas temeroso,
y el cabello un poco despeinado
que la hacían parecer recién surgida
de un sueño o una carrera.
*
Las noches me caen en el rostro,
también los días me caen en el rostro.
Yo miro cómo ellos se acumulan
formando geografías desordenadas:
Su peso no es siempre el mismo;
a veces caen desde lo alto y abren fosos,
otras simplemente se posan,
dejando un recuerdo casi en penumbras.
Geómetra experta, los mido,
los cuento y los divido
en anos y estaciones, en meses y semanas.
Sin embargo lo único que espero
es distraerme en el misterio,
perder en la confusión los cálculos,
salir de mi encierro;
recibir la gracia de una nueva cara.
*
Me corté el pelo, me ensombrecí las cejas,
arreglé la comisura derecha de mi boca, adelgacé
mi cuerpo; alcé mi estatura. También le di
a mis hombros cierta definición triunfal.
en vez de partir
permanecí en la cama.
Toda la casa para mí sola:
cerré la puerta,
desplegué las cortinas,
a afuera los cuatro canarios
enjaulados parecían cuatro bosques
y las cuatro mil voces al despertarse
se confundían con el regreso de la luz.
Pero cruzando la puerta,
en los pasillos oscuros, en las habitaciones
casi vacías que capturan
los sonidos más lejanos
los pasos miserables de lánguidos regresos
a casa, se encendían nacimientos
y peligros, se consumaban
muertes sombrías e indiferentes.
¿Pero crees realmente que no te vi
morir en un rincón
con el vaso cayendo de tus manos
y el cuello rojo e hinchado,
avergonzándote un poco
por haber sido sorprendida
una vez más,
después de tanto tiempo
en la misma posición, en la misma condición
pálida, temblorosa, llena de excusas?
Pero si entonces pienso realmente en tu muerte
en qué cama de hospital, casa o albergue,
en qué calle, acaso en el aire
o en un túnel; si pienso en tus ojos que ceden
a la invasión, en la extrema, terrible mentira
con la que intentarás rechazar el ataque,
o la infiltración, en tu sangre pulsando indecisa
y desatada, en la última, inmensa visión
de un insecto que pasa, un pliegue de la sábana,
una piedra o una rueda
que te sobrevivirán,
entonces ¿cómo puedo dejar que tú te vayas?
*
Es cierto, todo habría andado bien,
un paseo juntas, un café,
una salida al cine, cenas
en casa o en el restaurante; en fin,
habría seguido todo como siempre,
si de pronto, al quitarse los anteojos,
no se hubiera sentado sonriendo
con un aire apenas temeroso,
y el cabello un poco despeinado
que la hacían parecer recién surgida
de un sueño o una carrera.
*
Las noches me caen en el rostro,
también los días me caen en el rostro.
Yo miro cómo ellos se acumulan
formando geografías desordenadas:
Su peso no es siempre el mismo;
a veces caen desde lo alto y abren fosos,
otras simplemente se posan,
dejando un recuerdo casi en penumbras.
Geómetra experta, los mido,
los cuento y los divido
en anos y estaciones, en meses y semanas.
Sin embargo lo único que espero
es distraerme en el misterio,
perder en la confusión los cálculos,
salir de mi encierro;
recibir la gracia de una nueva cara.
*
Me corté el pelo, me ensombrecí las cejas,
arreglé la comisura derecha de mi boca, adelgacé
mi cuerpo; alcé mi estatura. También le di
a mis hombros cierta definición triunfal.
Soy otra vez una chica,
un chico por las calles, con paso de trabajador,
sin ningún adorno superfluo.
un chico por las calles, con paso de trabajador,
sin ningún adorno superfluo.
Sin embargo no olvidé
sentarme lánguidamente: tampoco el velo en la mirada.
Y sin darme cuenta derroché caricias.
Mi cuerpo, un secreto intocable.
sentarme lánguidamente: tampoco el velo en la mirada.
Y sin darme cuenta derroché caricias.
Mi cuerpo, un secreto intocable.
En los riñones
se condensaba la espera sin satisfacción; en los jardines,
los paseos, las recomendaciones de siempre,
el cielo a veces azul
y a veces no.
*
Afuera en realidad no ha habido ningún cambio:
es el morbo estancado lo que me sustrae de las calles;
creció dentro de mí, me corrompió los ojos
y los demás sentidos; y el mundo llega
como una especie de cita.
Ya todo ha sucedido, ¿pero yo dónde estaba?
¿Cuándo tuvo lugar esa gran distracción?
¿Dónde se cortó el hilo, dónde se abrió
la grieta? ¿Cuál es el lago
que ha perdido sus aguas
y, al cambiar el paisaje,
me confunde el camino?
*
La lluvia me trae de nuevo
los fragmentos perdidos
de los amigos, empuja hacia abajo
los vuelos demasiado altos, refrena las fugas
y obtura finalmente ante las ventanas
el tiempo.
*
Ahora que el tiempo parece todo mío
y ya nadie me llama para el almuerzo o la cena,
ahora que puedo quedarme mirando
cómo se deshace una nube o cómo se destiñe,
cómo camina un gato por el techo
en la enorme lujaría de su exploración, ahora
que todos los días me espera
la inmensa extensión de una noche
donde no hay reclamo y no hay ninguna razón
para desnudarse a prisa, ni para descansar
en la deslumbrante dulzura de un cuerpo que me espera;
ahora que la mañana ya no tiene un comienzo
y silenciosa me libra a mis proyectos,
a todas las cadencias de la voz, ahora
quisiera inesperadamente las prisiones.
*
¿Dónde me puedo esconder,
qué refugios puedo encontrar
se condensaba la espera sin satisfacción; en los jardines,
los paseos, las recomendaciones de siempre,
el cielo a veces azul
y a veces no.
*
Afuera en realidad no ha habido ningún cambio:
es el morbo estancado lo que me sustrae de las calles;
creció dentro de mí, me corrompió los ojos
y los demás sentidos; y el mundo llega
como una especie de cita.
Ya todo ha sucedido, ¿pero yo dónde estaba?
¿Cuándo tuvo lugar esa gran distracción?
¿Dónde se cortó el hilo, dónde se abrió
la grieta? ¿Cuál es el lago
que ha perdido sus aguas
y, al cambiar el paisaje,
me confunde el camino?
*
La lluvia me trae de nuevo
los fragmentos perdidos
de los amigos, empuja hacia abajo
los vuelos demasiado altos, refrena las fugas
y obtura finalmente ante las ventanas
el tiempo.
*
Ahora que el tiempo parece todo mío
y ya nadie me llama para el almuerzo o la cena,
ahora que puedo quedarme mirando
cómo se deshace una nube o cómo se destiñe,
cómo camina un gato por el techo
en la enorme lujaría de su exploración, ahora
que todos los días me espera
la inmensa extensión de una noche
donde no hay reclamo y no hay ninguna razón
para desnudarse a prisa, ni para descansar
en la deslumbrante dulzura de un cuerpo que me espera;
ahora que la mañana ya no tiene un comienzo
y silenciosa me libra a mis proyectos,
a todas las cadencias de la voz, ahora
quisiera inesperadamente las prisiones.
*
¿Dónde me puedo esconder,
qué refugios puedo encontrar
para defenderme de tu fulgor?
Ah, mira, yo me quemo de prisa
como un petardo, como un trocito
de mecha recortada.
Pero no habrá explosiones ni grandes llamas,
tan sólo un bastoncito de cera descolorida.
¿No sería mejor acaso
que me mojaras un poco, y aunque no usaras agua
perfumada, lo hicieras con agua común
o tal vez con agua de lluvia?
*
Y en aquel punto donde la memoria
por la luz excesiva se destiñe un poco,
yo recogía en plegaria tus formas.
La noche cubría con sudor
el peso inmenso de tu cuerpo ausente
y prolongaba tranquila mi despertar
para abrigarme dentro de tu manto.
Luego me cubría toda con esa tela
que se mezclaba intensa con mi hálito,
y atravesaba las conversaciones
cuidando que mi ropa no se ajara.
Con todo alguna vez, por distracción,
cediendo a las preguntas de mis huéspedes
se me enredaba algún borde en el tedio,
y se me caía con algún desgarro.
Para reconstruir la perfecta trama,
sin estar segura de mis manos,
recurría a la ayuda del teléfono.
*
Tú te vas y mientras que te vas
me dices: “Lo lamento”.
Piensas que así me darás algo de paz,
me prometes un recuerdo tortuoso, constante;
cuando estás sola o tal vez con otra gente,
me dices: “Amor mío, te extrañaré;
¿qué harás en estos días?”
Yo te respondo: “Estarás siempre presente.
Tendré mi mente llena de tu nada”.
*
Basta, se acabaron los estuches
con los cubiertos de oro. Esa comida
exquisita y lejana,
ese gusto de paladares
instruidos. Belleza mía,
sí, te llamaré belleza mía,
haré que desciendas y tropieces.
Ah, me rociaste largo tiempo,
mi bombera: llamaradas y humo
y fuego que no arde y yo
que me quemaba con la fiebre,
quería toda la hostia
y tú deshacías en mi boca
partículas santas.
*
En medio de tu mar mi barco navegaba.
En ese mar me interné y nací.
Me asombra la novedad de la estación
y el cuerpo que descubre tanto frío.
Amor saltaba de figura en figura;
ahora reposa y revela su forma.
La reconozco en ese ligero bucle
sobre la frente, pequeñas olas iguales
y contrarias -corría en la superficie
un estupor, una fisura
en la solidez, y se aplastaba
mutándose en ternura.
(El cielo, 1981)
Esto querías, este leve amor
que en verdad nunca se enciende y en consecuencia
no se apaga, sino que, cauto en el sufrir,
te deja en plena libertad de elección.
¡Duérmete entonces! ¿O es que no quieres ni dormir acaso?
*
Cuando me hablas te internas
en tus ruidos, me miras y no percibes
que estoy por ahogarme. Me dejas sola
en mi mar espumoso.
*
La escena es mía, este teatro es mío,
yo soy la platea, soy el foyer,
tengo este don de dios, es todo mío,
así lo quiero, vacío,
que esté vacío. Lleno de mi tardanza.
(Teatro siempre abierto, 1999)
Versiones de Diego Bentivegna
(con la colaboración de Osvaldo Bossi)
***
El polvo a mitad de mayo se vuelve insoportable.
Los primeros calores aprietan, hacen añicos y
hacen cadáveres.
El polvo sube medio metro y no regresa al suelo.
El calor todo lo invade y produce lejanías.
En las mesas se habla ya de vacaciones.
“¡Y Susana no llega!…”1
1 “E Susanna non vien…!”, verso de Las bodas de Fígaro, de Mozart (N. del T.).
*
Aparento esperarte para agrandar los minutos.
Y haces bien en no venir.
*
Es verdad a veces
te ausentas casi te duermes:
como un niño holgazán
que mira el techo
cuando lo regañan.
*
Cuántas tentaciones
en el trayecto
que va del cuarto a la cocina,
de la cocina al baño.
Una mancha en el muro,
un papel que hay que recoger
del suelo, un vaso de agua,
mirar por la ventana,
decir hola a la vecina,
acariciar al gato.
De esta manera olvido siempre
la idea principal, me pierdo
en el camino, me descompongo
día a día y es inútil
que intente regresar sobre mis pasos.
*
Alguna vez un silencio puede ser
indicio de profundos
pensamientos
que no pueden abrirse a la cadencia
de una voz cotidiana.
Pero este no es tu caso,
querida mía: tu caso es tan solo una falta
completa de alegría.
*
La educación permite comer
con educación y permite
otras cosas; pero si quieres volar,
o se tienen alas o no se tienen.
*
En el canasto de la ropa sucia
reconozco el verano,
los pantalones ligeros, las camisetas.
Tenía demasiada urgencia de partir
para detenerme a limpiar
las huellas de la huida.
*
¿Dónde puedo ocultarme,
qué abrigo puedo hallar
para defenderme de tu esplendor?
Ves, yo me quemo de prisa
como un petardo, como un pedazo
de mecha cortada.
Pero no habrá explosiones ni grandes llamaradas,
sólo un palito de ceniza mustia.
¿Y entonces no sería mejor
que me mojaras un poco, si no con agua
perfumada, sí con agua simple,
por ejemplo agua de lluvia?
*
¿De verdad que para salir de la cárcel
hay que conocer la madera de
la puerta,
la aleación de los barrotes, establecer la gradación
exacta del color? Se corre el riesgo,
volviéndose un experto, de encariñarse.
Si quieres salir en serio de la cárcel,
hazlo en seguida, incluso
con la voz, conviértete en canción.
*
Paloma coja. Ridícula
paloma coja y deforme.
Si algún defecto tienen las bestias
se parecen en seguida a los hombres.
*
¡Mira!
Todo el mundo quiere que lo miren.
Aun los que se esconden para no ser vistos
sólo desean en el fondo que los miren.
Pero quien tiene miedo, no ve y tampoco es visto,
el miedo es lo que arma al asesino.
Mira, ya estoy muerta.
¡Mírame! ¡Revíveme!
*
Es evidente, yo me muero.
Estoy a punto de morir,
ignoro si es cuestión
de días o años, pero me muero,
voy a morirme. Todos lo hacen,
yo no soy la excepción. Sí, me resigno
a esa regla banal. Mientras,
sin embargo, entre un sueño y otro,
hasta que el sueño existe
(sólo quien vive goza de su sueño),
mirando el cielo, inspeccionando
con los ojos, en este lapso incierto,
no cabe duda: soy inmortal.
Ah, mira, yo me quemo de prisa
como un petardo, como un trocito
de mecha recortada.
Pero no habrá explosiones ni grandes llamas,
tan sólo un bastoncito de cera descolorida.
¿No sería mejor acaso
que me mojaras un poco, y aunque no usaras agua
perfumada, lo hicieras con agua común
o tal vez con agua de lluvia?
*
Y en aquel punto donde la memoria
por la luz excesiva se destiñe un poco,
yo recogía en plegaria tus formas.
La noche cubría con sudor
el peso inmenso de tu cuerpo ausente
y prolongaba tranquila mi despertar
para abrigarme dentro de tu manto.
Luego me cubría toda con esa tela
que se mezclaba intensa con mi hálito,
y atravesaba las conversaciones
cuidando que mi ropa no se ajara.
Con todo alguna vez, por distracción,
cediendo a las preguntas de mis huéspedes
se me enredaba algún borde en el tedio,
y se me caía con algún desgarro.
Para reconstruir la perfecta trama,
sin estar segura de mis manos,
recurría a la ayuda del teléfono.
*
Tú te vas y mientras que te vas
me dices: “Lo lamento”.
Piensas que así me darás algo de paz,
me prometes un recuerdo tortuoso, constante;
cuando estás sola o tal vez con otra gente,
me dices: “Amor mío, te extrañaré;
¿qué harás en estos días?”
Yo te respondo: “Estarás siempre presente.
Tendré mi mente llena de tu nada”.
*
Basta, se acabaron los estuches
con los cubiertos de oro. Esa comida
exquisita y lejana,
ese gusto de paladares
instruidos. Belleza mía,
sí, te llamaré belleza mía,
haré que desciendas y tropieces.
Ah, me rociaste largo tiempo,
mi bombera: llamaradas y humo
y fuego que no arde y yo
que me quemaba con la fiebre,
quería toda la hostia
y tú deshacías en mi boca
partículas santas.
*
En medio de tu mar mi barco navegaba.
En ese mar me interné y nací.
Me asombra la novedad de la estación
y el cuerpo que descubre tanto frío.
Amor saltaba de figura en figura;
ahora reposa y revela su forma.
La reconozco en ese ligero bucle
sobre la frente, pequeñas olas iguales
y contrarias -corría en la superficie
un estupor, una fisura
en la solidez, y se aplastaba
mutándose en ternura.
(El cielo, 1981)
Esto querías, este leve amor
que en verdad nunca se enciende y en consecuencia
no se apaga, sino que, cauto en el sufrir,
te deja en plena libertad de elección.
¡Duérmete entonces! ¿O es que no quieres ni dormir acaso?
*
Cuando me hablas te internas
en tus ruidos, me miras y no percibes
que estoy por ahogarme. Me dejas sola
en mi mar espumoso.
*
La escena es mía, este teatro es mío,
yo soy la platea, soy el foyer,
tengo este don de dios, es todo mío,
así lo quiero, vacío,
que esté vacío. Lleno de mi tardanza.
(Teatro siempre abierto, 1999)
Versiones de Diego Bentivegna
(con la colaboración de Osvaldo Bossi)
***
El polvo a mitad de mayo se vuelve insoportable.
Los primeros calores aprietan, hacen añicos y
hacen cadáveres.
El polvo sube medio metro y no regresa al suelo.
El calor todo lo invade y produce lejanías.
En las mesas se habla ya de vacaciones.
“¡Y Susana no llega!…”1
1 “E Susanna non vien…!”, verso de Las bodas de Fígaro, de Mozart (N. del T.).
*
Aparento esperarte para agrandar los minutos.
Y haces bien en no venir.
*
Es verdad a veces
como un niño holgazán
que mira el techo
cuando lo regañan.
*
Cuántas tentaciones
que va del cuarto a la cocina,
de la cocina al baño.
Una mancha en el muro,
un papel que hay que recoger
del suelo, un vaso de agua,
mirar por la ventana,
decir hola a la vecina,
acariciar al gato.
De esta manera olvido siempre
la idea principal, me pierdo
en el camino, me descompongo
día a día y es inútil
que intente regresar sobre mis pasos.
*
Alguna vez un silencio puede ser
que no pueden abrirse a la cadencia
de una voz cotidiana.
Pero este no es tu caso,
querida mía: tu caso es tan solo una falta
completa de alegría.
*
La educación permite comer
otras cosas; pero si quieres volar,
o se tienen alas o no se tienen.
*
En el canasto de la ropa sucia
los pantalones ligeros, las camisetas.
Tenía demasiada urgencia de partir
para detenerme a limpiar
las huellas de la huida.
*
¿Dónde puedo ocultarme,
para defenderme de tu esplendor?
Ves, yo me quemo de prisa
como un petardo, como un pedazo
de mecha cortada.
Pero no habrá explosiones ni grandes llamaradas,
sólo un palito de ceniza mustia.
¿Y entonces no sería mejor
que me mojaras un poco, si no con agua
perfumada, sí con agua simple,
por ejemplo agua de lluvia?
*
¿De verdad que para salir de la cárcel
la aleación de los barrotes, establecer la gradación
exacta del color? Se corre el riesgo,
volviéndose un experto, de encariñarse.
Si quieres salir en serio de la cárcel,
hazlo en seguida, incluso
con la voz, conviértete en canción.
*
Paloma coja. Ridícula
Si algún defecto tienen las bestias
se parecen en seguida a los hombres.
*
¡Mira!
Todo el mundo quiere que lo miren.
Aun los que se esconden para no ser vistos
sólo desean en el fondo que los miren.
Pero quien tiene miedo, no ve y tampoco es visto,
el miedo es lo que arma al asesino.
Mira, ya estoy muerta.
¡Mírame! ¡Revíveme!
*
Es evidente, yo me muero.
de días o años, pero me muero,
voy a morirme. Todos lo hacen,
yo no soy la excepción. Sí, me resigno
a esa regla banal. Mientras,
sin embargo, entre un sueño y otro,
hasta que el sueño existe
(sólo quien vive goza de su sueño),
mirando el cielo, inspeccionando
con los ojos, en este lapso incierto,
no cabe duda: soy inmortal.
*
Casi siempre quien está contento es también vulgar;
hay en la alegría un
pensamiento
que tiene prisa y no tiene tiempo de mirar,
pasa de largo compacto y enajenado
y ofende cuando vuelve la cabeza hacia quien muere:
—¡No se me ponga así, adelante, ánimo!
Aquel que se halla inmerso en el dolor evite
los alegres y desenvueltos pasillos
y se limite a los pasos lentos de sus iguales.
Si una rueda se atasca y la otra gira,
la que gira no deja de girar,
sino que avanza a todo lo que da y arrastra la otra
en una carrera pobre y oblicua
hasta que la carreta se detiene o se desquicia.
*
Enternecida la mirada
en interior mirada se
detiene
a cada paso y se contempla. Siento
que poco a poco me gana la demencia.
*
Te odio porque ya no te amo,
porque no puedo perdonarte
que ya no pueda amarte.
Versiones Fabio Morábito
(Yo casi siempre duermo (Antología poética),
Serie El Puente,
UNAM,
México,
2008)
***
¿Y quién podrá decir ya
que no tengo ánimo, que no voy
con los otros y que no me apasiono?
He hecho una cola de casi
media hora hoy en correos;
he recorrido toda la fila pasito
a pasito, he olido
los olores atroces de varones
de viejos y también de mujeres, he sentido
manos tocarme el culo presionarme
la cadera. He reconocido
la náusea y la he dejado allí
donde estaba, mi cuerpo
se ha llenado de sudor, por poco no me he cogido
una pulmonía. No de amor a mí
se trata, sino de horror a los otros
en los que me reconozco.
(Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974)
*
Cuántas tentaciones atravieso
en el recorrido del dormitorio
a la cocina, de la cocina
al retrete. Una mancha
en la pared, un pedazo de papel
caído al suelo, un vaso de agua,
un mirar por la ventana,
hola a la vecina,
un mimo a la gata.
Así olvido siempre
la idea principal, me pierdo
en el camino, me descompongo
día a día y es inútil
intentar cualquier regreso.
(Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974)
*
Ahora que el tiempo parece todo mío
y nadie me llama para el almuerzo y la cena,
ahora que puedo quedarme a mirar
cómo se derrite una nube y cómo se decolora,
cómo camina un gato por el tejado
en el lujo inmenso de una exploración, ahora
que cada día me espera
la ilimitada duración de una noche
donde no hay llamada y ya no hay razón
para denudarse de prisa y descansar dentro
de la cegadora dulzura de un cuerpo que me espera,
ahora que la mañana no tiene nunca principio
y silenciosa me deja a mis proyectos
a todas las variaciones de la voz, ahora
quisiera de improviso la prisión.
(Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974)
*
Había empezado con el alegro:
empiezo desde el principio con el concertino
–tal vez he aprendido mal mi parte
o tal vez sea sólo distracción momentánea,
alguna nota antes alguna nota después
siempre en la misma frase me interrumpo.
Entretanto las pulgas se hacen ver
en el pantalón –por eso yo lo llevo blanco–
y cualquier punto oscuro, también un ala de ceniza,
lo aferro por sorpresa y lo destruyo.
Del suelo sube el polvo y siento
su olor a cada altura, basta con moverse
un poco, dar golpes con el pie, volverse;
y encuentro una toalla en la cocina,
las tazas en el dormitorio.
A este mi universo estable
permito cualquier desorden y ruina:
bastarían tres horas de trabajo
y ya todo en su sitio, mas me siento
e imagino el andante sostenido.
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Por fingir el escozor del corazón, la humillación
de las entrañas, por huir maldecida
y maldiciendo, por guardar castidad
y por llorarla, por excluir mi boca
del sabor peligroso de otras bocas y empujarla
insaciada a saciarse del veneno de los platos
en cenas exaltadas cuando el vientre
ya hinchado sigue hinchándose;
por tocar soledades inalcanzables y allí
a los pies de la cama de una silla
o de una escalera recitar el adiós
por poderte excluir de mi imaginación
y cubrirte con cualquier nublado
para que tu luz no destiñera mi senda,
no trastornara mi círculo tras el cual
te reenvío, tú estrella involuntaria,
paso inesperado que me recuerdas la muerte.
Por todo eso yo te he pedido un beso
y tú, inocente cómplice gentil, no me lo has dado.
(Il cielo,
Casi siempre quien está contento es también vulgar;
que tiene prisa y no tiene tiempo de mirar,
pasa de largo compacto y enajenado
y ofende cuando vuelve la cabeza hacia quien muere:
—¡No se me ponga así, adelante, ánimo!
Aquel que se halla inmerso en el dolor evite
los alegres y desenvueltos pasillos
y se limite a los pasos lentos de sus iguales.
Si una rueda se atasca y la otra gira,
la que gira no deja de girar,
sino que avanza a todo lo que da y arrastra la otra
en una carrera pobre y oblicua
hasta que la carreta se detiene o se desquicia.
*
Enternecida la mirada
a cada paso y se contempla. Siento
que poco a poco me gana la demencia.
*
Te odio porque ya no te amo,
que ya no pueda amarte.
Versiones Fabio Morábito
(Yo casi siempre duermo (Antología poética),
Serie El Puente,
UNAM,
México,
2008)
***
¿Y quién podrá decir ya
que no tengo ánimo, que no voy
con los otros y que no me apasiono?
He hecho una cola de casi
media hora hoy en correos;
he recorrido toda la fila pasito
a pasito, he olido
los olores atroces de varones
de viejos y también de mujeres, he sentido
manos tocarme el culo presionarme
la cadera. He reconocido
la náusea y la he dejado allí
donde estaba, mi cuerpo
se ha llenado de sudor, por poco no me he cogido
una pulmonía. No de amor a mí
se trata, sino de horror a los otros
en los que me reconozco.
(Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974)
*
Cuántas tentaciones atravieso
en el recorrido del dormitorio
a la cocina, de la cocina
al retrete. Una mancha
en la pared, un pedazo de papel
caído al suelo, un vaso de agua,
un mirar por la ventana,
hola a la vecina,
un mimo a la gata.
Así olvido siempre
la idea principal, me pierdo
en el camino, me descompongo
día a día y es inútil
intentar cualquier regreso.
(Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974)
*
Ahora que el tiempo parece todo mío
y nadie me llama para el almuerzo y la cena,
ahora que puedo quedarme a mirar
cómo se derrite una nube y cómo se decolora,
cómo camina un gato por el tejado
en el lujo inmenso de una exploración, ahora
que cada día me espera
la ilimitada duración de una noche
donde no hay llamada y ya no hay razón
para denudarse de prisa y descansar dentro
de la cegadora dulzura de un cuerpo que me espera,
ahora que la mañana no tiene nunca principio
y silenciosa me deja a mis proyectos
a todas las variaciones de la voz, ahora
quisiera de improviso la prisión.
(Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974)
*
Había empezado con el alegro:
empiezo desde el principio con el concertino
–tal vez he aprendido mal mi parte
o tal vez sea sólo distracción momentánea,
alguna nota antes alguna nota después
siempre en la misma frase me interrumpo.
Entretanto las pulgas se hacen ver
en el pantalón –por eso yo lo llevo blanco–
y cualquier punto oscuro, también un ala de ceniza,
lo aferro por sorpresa y lo destruyo.
Del suelo sube el polvo y siento
su olor a cada altura, basta con moverse
un poco, dar golpes con el pie, volverse;
y encuentro una toalla en la cocina,
las tazas en el dormitorio.
A este mi universo estable
permito cualquier desorden y ruina:
bastarían tres horas de trabajo
y ya todo en su sitio, mas me siento
e imagino el andante sostenido.
(Il cielo,
1981)
*
Por fingir el escozor del corazón, la humillación
de las entrañas, por huir maldecida
y maldiciendo, por guardar castidad
y por llorarla, por excluir mi boca
del sabor peligroso de otras bocas y empujarla
insaciada a saciarse del veneno de los platos
en cenas exaltadas cuando el vientre
ya hinchado sigue hinchándose;
por tocar soledades inalcanzables y allí
a los pies de la cama de una silla
o de una escalera recitar el adiós
por poderte excluir de mi imaginación
y cubrirte con cualquier nublado
para que tu luz no destiñera mi senda,
no trastornara mi círculo tras el cual
te reenvío, tú estrella involuntaria,
paso inesperado que me recuerdas la muerte.
Por todo eso yo te he pedido un beso
y tú, inocente cómplice gentil, no me lo has dado.
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Pero esto no es sueño. Yo duermo
nueve horas mas no duermo.
No me acoge el despertar
porque aunque duerma, velo.
La noche no me aprieta
ni me guarda en la cama,
aunque me esté tendida
nada quita a mi peso.
Los míos no son sueños
son sólo explicaciones
pedantes y laboriosas,
réplicas sosas y ociosas
de mis pocas acciones.
Y los sonidos amplios y lejanos
no abren la mañana
diversidad del afuera,
son tan sólo el espanto
del día y de los ruidos.
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Si salgo vestida obediente a la estación
–el día antes hacía un frío horrendo–
y cerrado bulto pesado me transporto
a mis muchas insípidas tareas
y caminando en la sombra llego al sol
luego me desanudo la bufanda
y al poco rato mi denso abrigo
dejado abierto por las manos en el bolsillo
se vuelve leve cola que revolotea
–no por el viento, porque el sol está parado–
tras mis pasos ahora más lentos y flojos
lánguidamente inciertos acerca de qué hacer,
como si fuera tuyo el mérito del calor,
toda caliente por este sol parado
¿qué puedo hacer? corro a buscarte,
tengo esta excusa, he de festejarte.
(Pero yo llegaría corriendo aunque lloviese.)
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Maravillosa omnipotencia del pensamiento,
velero que navega sin viento,
eres la promesa y el mantenimiento,
para ti no existe la regla del tiempo,
no hay vencimiento, no hay decaimiento,
tú eres el solo necesario alimento
del turístico amor vacacional.
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Porque tenías una hoja de papel
y un lapicero, creías que
la imagen te saldría.
Pero tu mayor gesto
fue borrarme, reconducirme
al limbo del que había salido.
En cambio yo, tras de las venas
de la mano y mientras
de la camisa el brazo
se descubría, añadí
las cejas a mi dibujo
en el pequeño vuelo
que te confunde el rostro.
(Poesie: 1974-1992, 1992)
*
Entre todas las distancias la mejor posible
es la de una mesa de normal tamaño,
de restaurante por ejemplo o de cocina,
donde yo posiblemente pueda reunirme contigo
pero la verdad es que no lo haré.
Y fuera, la misma luz que ayer, el mismo azul
abren otras distancias
y pido a la gentileza de las nubes
que intervengan, mejor grises que blancas,
para descubrir el embrollo de los azules
que fingen la grandeza, fingen el infinito,
la luz efímera –la ladrona.
(Poesie: 1974-1992, 1992)
*
La casa. Dichoso quien es dueño de la casa
no digo de la casa catastral, sino de la casa,
de la casa real. Durante quince años
yo fui huéspeda en mi casa,
una indeseada huéspeda. Oscuridad,
cuantas más lámparas pongo más está oscuro.
Dichoso quien no ve las curvas, las aristas,
las sombras, dichoso quien, verdadero propietario,
usa y abusa de lo que se le da.
A mí me cohíben las rígidas almohadas,
los libros abiertos, los pasillos inútiles
y feroces, los cuadros colgados, los cementerios
de blusas y bufandas que en todos los cuartos
he sembrado yo misma.
(Poesie: 1974-1992, 1992)
*
Es muy dulce quedarse
y mirar en la inmovilidad
soberana la belleza de una pared
donde el hilo de la luz y la lámpara
existen desde siempre
para garantizar su permanencia.
¡Montaña de luz abanico
paisajes paisajes! ¿cómo podré
desatar mis pies, cómo
descender –reina de las peñas
y de los abismos– al paso involuntario,
a la mano que abre una puerta, a la voz
que pregunta dónde iré a comer?
Sempre aperto teatro,
Einaudi,
1999)
*
En la cesta de la ropa sucia
reconozco el verano,
los pantalones ligeros los jerséis.
Tenía demasiada prisa en partir
para quedarme a limpiar
las huellas de la carrera.
(Sempre aperto teatro,
Einaudi,
1999)
*
Del misterio de la mañana
del cuerpo mañanero cada mañana
me interrogo. Del surgir
humoso de mis pasos, del humo
tibio que espira de mí como campo
en agosto mojado, de aquel calor
que se alza en guerra apagada,
un campo abandonado por la guerra,
guerra perdida o ganada no importa,
ahora tibia apacibilidad que sube
con lento ímpetu y se disipa
en el vacío que la atrae
para hacerse igual en la inconsistencia.
(Datura, 2013)
*
¿Pero adónde voy ahora, adónde iré,
noche iniciada tarde y ya acabada?
Yo probaba la acera con la nieve
resbalando en Nueva York sobre la acera
por la nieve ya inmóvil y helada.
Con una meada mía muy caliente
podría derretirla un poco, abrir un poco
la calle. Heme aquí inútil y tardíamente
clara: luna que crece, viento que desciende,
ahora duermo, pero mañana vuelvo.
(Vita meravigliosa, 2020)
Trad. del italiano al español Emilio Coco
Graciasss/escuchara.com.ar/el-ganso-negro/poemas-de-patrizia-cavalli/
Graciasss/www.vallejoandcompany.com/poemas-de-patrizia-cavalli-por-emilio-coco/
Graciasss/www.revistapalimpsesto.com/patrizia-cavalli/
Graciasss/revistamuu.com/2020/12/06/poemas-de-patrizia-cavalli/
Graciasss/festivalpoesiabsas.com.ar/cavalli_casi_siempre_duermo.pdf
Graciasss/hablardepoesia-numeros.com.ar/mis-poesias-no-cambiaran-el-mundo/
*
Pero esto no es sueño. Yo duermo
nueve horas mas no duermo.
No me acoge el despertar
porque aunque duerma, velo.
La noche no me aprieta
ni me guarda en la cama,
aunque me esté tendida
nada quita a mi peso.
Los míos no son sueños
son sólo explicaciones
pedantes y laboriosas,
réplicas sosas y ociosas
de mis pocas acciones.
Y los sonidos amplios y lejanos
no abren la mañana
diversidad del afuera,
son tan sólo el espanto
del día y de los ruidos.
(Il cielo,
1981)
*
Si salgo vestida obediente a la estación
–el día antes hacía un frío horrendo–
y cerrado bulto pesado me transporto
a mis muchas insípidas tareas
y caminando en la sombra llego al sol
luego me desanudo la bufanda
y al poco rato mi denso abrigo
dejado abierto por las manos en el bolsillo
se vuelve leve cola que revolotea
–no por el viento, porque el sol está parado–
tras mis pasos ahora más lentos y flojos
lánguidamente inciertos acerca de qué hacer,
como si fuera tuyo el mérito del calor,
toda caliente por este sol parado
¿qué puedo hacer? corro a buscarte,
tengo esta excusa, he de festejarte.
(Pero yo llegaría corriendo aunque lloviese.)
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Maravillosa omnipotencia del pensamiento,
velero que navega sin viento,
eres la promesa y el mantenimiento,
para ti no existe la regla del tiempo,
no hay vencimiento, no hay decaimiento,
tú eres el solo necesario alimento
del turístico amor vacacional.
(Il cielo,
Einaudi,
1981)
*
Porque tenías una hoja de papel
y un lapicero, creías que
la imagen te saldría.
Pero tu mayor gesto
fue borrarme, reconducirme
al limbo del que había salido.
En cambio yo, tras de las venas
de la mano y mientras
de la camisa el brazo
se descubría, añadí
las cejas a mi dibujo
en el pequeño vuelo
que te confunde el rostro.
(Poesie: 1974-1992, 1992)
*
Entre todas las distancias la mejor posible
es la de una mesa de normal tamaño,
de restaurante por ejemplo o de cocina,
donde yo posiblemente pueda reunirme contigo
pero la verdad es que no lo haré.
Y fuera, la misma luz que ayer, el mismo azul
abren otras distancias
y pido a la gentileza de las nubes
que intervengan, mejor grises que blancas,
para descubrir el embrollo de los azules
que fingen la grandeza, fingen el infinito,
la luz efímera –la ladrona.
(Poesie: 1974-1992, 1992)
*
La casa. Dichoso quien es dueño de la casa
no digo de la casa catastral, sino de la casa,
de la casa real. Durante quince años
yo fui huéspeda en mi casa,
una indeseada huéspeda. Oscuridad,
cuantas más lámparas pongo más está oscuro.
Dichoso quien no ve las curvas, las aristas,
las sombras, dichoso quien, verdadero propietario,
usa y abusa de lo que se le da.
A mí me cohíben las rígidas almohadas,
los libros abiertos, los pasillos inútiles
y feroces, los cuadros colgados, los cementerios
de blusas y bufandas que en todos los cuartos
he sembrado yo misma.
(Poesie: 1974-1992, 1992)
*
Es muy dulce quedarse
y mirar en la inmovilidad
soberana la belleza de una pared
donde el hilo de la luz y la lámpara
existen desde siempre
para garantizar su permanencia.
¡Montaña de luz abanico
paisajes paisajes! ¿cómo podré
desatar mis pies, cómo
descender –reina de las peñas
y de los abismos– al paso involuntario,
a la mano que abre una puerta, a la voz
que pregunta dónde iré a comer?
Sempre aperto teatro,
1999)
*
En la cesta de la ropa sucia
reconozco el verano,
los pantalones ligeros los jerséis.
Tenía demasiada prisa en partir
para quedarme a limpiar
las huellas de la carrera.
(Sempre aperto teatro,
Einaudi,
1999)
*
Del misterio de la mañana
del cuerpo mañanero cada mañana
me interrogo. Del surgir
humoso de mis pasos, del humo
tibio que espira de mí como campo
en agosto mojado, de aquel calor
que se alza en guerra apagada,
un campo abandonado por la guerra,
guerra perdida o ganada no importa,
ahora tibia apacibilidad que sube
con lento ímpetu y se disipa
en el vacío que la atrae
para hacerse igual en la inconsistencia.
(Datura, 2013)
*
¿Pero adónde voy ahora, adónde iré,
noche iniciada tarde y ya acabada?
Yo probaba la acera con la nieve
resbalando en Nueva York sobre la acera
por la nieve ya inmóvil y helada.
Con una meada mía muy caliente
podría derretirla un poco, abrir un poco
la calle. Heme aquí inútil y tardíamente
clara: luna que crece, viento que desciende,
ahora duermo, pero mañana vuelvo.
(Vita meravigliosa, 2020)
Trad. del italiano al español Emilio Coco
Graciasss/escuchara.com.ar/el-ganso-negro/poemas-de-patrizia-cavalli/
Graciasss/www.vallejoandcompany.com/poemas-de-patrizia-cavalli-por-emilio-coco/
Graciasss/www.revistapalimpsesto.com/patrizia-cavalli/
Graciasss/revistamuu.com/2020/12/06/poemas-de-patrizia-cavalli/
Graciasss/festivalpoesiabsas.com.ar/cavalli_casi_siempre_duermo.pdf
Graciasss/hablardepoesia-numeros.com.ar/mis-poesias-no-cambiaran-el-mundo/
Comentarios
Publicar un comentario