Las mujeres que me volvieron
loca de verdad
Las mujeres que más amé
las que me volvieron loca de verdad
las chicas con las que quise todo, escribían.
Mi mamá hizo hasta segundo grado y no
me miró los cuadernos ni pudo
colorear un mapa conmigo o ayudarme
en un ejercicio de contabilidad.
El colegio y casa eran
una cadena rota en mi cabeza.
Cada vez que la veía firmar algo,
el boletín de la primaria,
un documento en el banco,
notaba que lo hacía lentamente
como alguien recuperándose de un golpe.
Me pregunto si las mujeres que amé
las que me volvieron loca de verdad
las chicas con las que quise todo
fueron mi movilidad intelectual ascendente,
si elegir mujeres que escriben
es disimular eso que me falta
cada vez que las dejo
o que me dejan.
Mientras estuve con ella
Mientras estuve con ella
se rompió el botón de la luz del baño
se descascaró la pared que está abajo de la ventana del living
la humedad avanzó
se pudrió la base de madera de la ventana del living
bañé con menos frecuencia a la perra
la cocina empezó a perder gas
se partió la perilla de plástico de la hornalla delantera izquierda
se rajó la tapa del inodoro que no repuse
todavía hago pis apoyada en la loza fría
mientras estuve con ella no arreglé nada.
Meterte en el mar
Pienso que escribir
es como meterte en el mar:
primero el agua
está helada,
pero a medida que te metés
y permanecés
se va poniendo calentita.
Pienso que también
es una forma de pasar
sin mucho dolor
por este barro.
Y también pienso
que escribir
es hablar de amor
cuando se termina.
Me dijo que amor tuve
A mi mamá le cuesta abrazarme
y preguntarme en qué ando.
Creo que no sabe qué estudié
ni de qué me recibí
pero me hace comida
para que traiga a casa
y hasta hace poco me ayudó
a pagar la obra social.
Ahora gano más
que las dos jubilaciones
juntas de mis padres
y me da una vergüenza enorme.
Mi psicóloga me dijo
que seguramente mi mamá
no hablaba mucho
conmigo ni con nadie
porque le pasaron cosas
que la metieron para adentro.
Y que si no me hubiera querido
ni me hubiera dado
los cuidados
que de bebé necesité
no hubiera sobrevivido.
Que amor tuve, eso me dijo.
Las cosas se van con vos
En las fotos familiares que guardo
estoy arriba de un triciclo, una bici, un auto a pedales.
Tenía ocho, nueve años y a mi papá le pedía
que me llevara a andar en bici, en karting, en moto.
En el Italpark me gastaba la chequera de los juegos
en la pista de Indianápolis
me estaba preparando para un movimiento
que ahora veo no termina nunca.
A los 20 me fui de casa
porque del barrio hay que irse rápido.
El 98 por ciento de las familias son disfuncionales,
mi papá
traía plata a casa pero cenaba
en otro cuarto y cuando subíamos
al colectivo se sentaba lejos de mí
aunque tuviera espacio.
Del barrio hay que irse digo siempre
para eso tomé envión y cocaína
pero como me dijo mi tío que está muerto
te vayas a donde te vayas las cosas se van con vos.
Siento que estoy llena de vida y también
que no lo soporto.
Del barrio hay que irse sigo diciendo
aunque yo ya me fui.
(Tarda en apagarse.
Caleta Olivia,
2017,
60 páginas)
Las mujeres que más amé
las que me volvieron loca de verdad
las chicas con las que quise todo, escribían.
Mi mamá hizo hasta segundo grado y no
me miró los cuadernos ni pudo
colorear un mapa conmigo o ayudarme
en un ejercicio de contabilidad.
El colegio y casa eran
una cadena rota en mi cabeza.
Cada vez que la veía firmar algo,
el boletín de la primaria,
un documento en el banco,
notaba que lo hacía lentamente
como alguien recuperándose de un golpe.
Me pregunto si las mujeres que amé
las que me volvieron loca de verdad
las chicas con las que quise todo
fueron mi movilidad intelectual ascendente,
si elegir mujeres que escriben
es disimular eso que me falta
cada vez que las dejo
o que me dejan.
Mientras estuve con ella
Mientras estuve con ella
se rompió el botón de la luz del baño
se descascaró la pared que está abajo de la ventana del living
la humedad avanzó
se pudrió la base de madera de la ventana del living
bañé con menos frecuencia a la perra
la cocina empezó a perder gas
se partió la perilla de plástico de la hornalla delantera izquierda
se rajó la tapa del inodoro que no repuse
todavía hago pis apoyada en la loza fría
mientras estuve con ella no arreglé nada.
Meterte en el mar
Pienso que escribir
es como meterte en el mar:
primero el agua
está helada,
pero a medida que te metés
y permanecés
se va poniendo calentita.
Pienso que también
es una forma de pasar
sin mucho dolor
por este barro.
Y también pienso
que escribir
es hablar de amor
cuando se termina.
Me dijo que amor tuve
A mi mamá le cuesta abrazarme
Creo que no sabe qué estudié
ni de qué me recibí
pero me hace comida
para que traiga a casa
y hasta hace poco me ayudó
a pagar la obra social.
Ahora gano más
que las dos jubilaciones
juntas de mis padres
y me da una vergüenza enorme.
Mi psicóloga me dijo
que seguramente mi mamá
no hablaba mucho
conmigo ni con nadie
porque le pasaron cosas
que la metieron para adentro.
Y que si no me hubiera querido
ni me hubiera dado
los cuidados
que de bebé necesité
no hubiera sobrevivido.
Que amor tuve, eso me dijo.
Las cosas se van con vos
En las fotos familiares que guardo
estoy arriba de un triciclo, una bici, un auto a pedales.
Tenía ocho, nueve años y a mi papá le pedía
que me llevara a andar en bici, en karting, en moto.
En el Italpark me gastaba la chequera de los juegos
en la pista de Indianápolis
me estaba preparando para un movimiento
que ahora veo no termina nunca.
A los 20 me fui de casa
porque del barrio hay que irse rápido.
El 98 por ciento de las familias son disfuncionales,
mi papá
traía plata a casa pero cenaba
en otro cuarto y cuando subíamos
al colectivo se sentaba lejos de mí
aunque tuviera espacio.
Del barrio hay que irse digo siempre
para eso tomé envión y cocaína
pero como me dijo mi tío que está muerto
te vayas a donde te vayas las cosas se van con vos.
Siento que estoy llena de vida y también
que no lo soporto.
Del barrio hay que irse sigo diciendo
aunque yo ya me fui.
(Tarda en apagarse.
Caleta Olivia,
2017,
60 páginas)
***
Los regalos
Si bien eran los últimos momentos del verano
el puesto de la esquina de Pueyrredón y Juncal
rebosaba de plantas en flor.
Eligió un jazmín del país, otra con una flor
color rojo tornasol,
y le pareció suficiente que hasta ahí
llegaran los regalos.
Desde que llegamos me quedé mirando
una suculenta grande, de hojas gruesas y porosas,
me la imaginé abriéndose toda
bajo el agua de la lluvia, de su riego.
Sobre la brisa del momento
del remolino de marzo
le dije al vendedor que la sumara.
Las cargamos en bolsas
para no ensuciarnos con la tierra.
Subimos los tres pisos por escalera
las apoyamos sobre la mesa.
Había que cambiarlas de maceta
porque iban a crecer rápido.
(Inédito)
Doble Vida
Mi maestra de primer y segundo grado,
la mujer de la que me enamoré.
Señorita Pili le decía, así se presentó el primer día
y en la foto grupal que nos sacaron
en el patio del colegio —invierno de 1982—
apoyó sus dos manos en mis hombros diminutos.
Ondas en el pelo como Farrah Fawcett, morocha
como una india de Manaos, capital del extenso
Estado del Amazonas, biodiverso como la emoción
que a los seis años estrenó mi corazón.
Cada vez que la veía en el recreo le pedía
que me acompañara al baño del colegio
porque no estaba acostumbrada a orinar agachada
en una placa a ras del suelo con un agujero en el medio
y dos espacios al costado para apoyar los pies.
Ya de grande, una mujer pidió agacharse sobre mí
y hacerme pis en el living de su casa.
Ese día, esperando su descarga boca arriba
sobre el piso flotante que aguantaba la presión
de dos mujeres que buscaban su pasión,
entendí algo nuevo sobre la lujuria y la confianza.
En séptimo grado me di cuenta de que Pilar me calentaba
al verla entrar a una galería del centro de Avellaneda
con una minifalda de jean y la piel dorada
como un atardecer en Copacabana.
Era diciembre de 1988 y sonaba
el disco Doble Vida dentro de un local
—tal vez juguemos toda la vida aquí/
y lo que la asfixia no pueda abatir/no morirá—
ella nos llamó a mí y a mis amigas,
cuatro de sus exalumnas juntas, y nos saludó.
A mí me habló distinto, yo siento que notaba
la miel que me brotaba cuando se acercaba
y me dijo Silvina, sos tan especial.
Una mujer que fue la llave de otras mujeres
un cartel de ruta que se aleja a medida que avanzo
y suspendo el regreso hacia lo que soy.
(Alguien muerde el extremo
de su nombre: poemas de
salida del clóset, Antología,
Elemento Disruptivo,
2022)
Graciasss/www.revistaaji.com/tres-poemas/
Graciasss/continuidaddeloslibros.com/hablar-amor-cuando-se-termina/
Graciasss/eternacadencia.com.ar/blog/yo-discuto-mucho-con-mis
Graciasss/medium.com/los-inrockuptibles/los-poemas-autobiog-sil-giag
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