SOFÍA PARNOK

“Poemas inéditos en español de Sofía Parnok”
 
Jesús García Gabaldón
Profesor en la Universidad 
Complutense de Madrid

 
Sofía Parnok(Taganrog, 1885-Karinskoe, 1933) es una de las principales poetas del 
modernismo ruso. Fue la primera poeta rusa en declararse abiertamente lesbiana, 
tanto en su vida como en su obra.
 
En vida, Parnok publicó cuatro poemarios: Rosas de Pieria (Rozy Pierii1922), La vid 
(Loza,1923), Música (Muzyka, 1926), A media voz (V polgolosa1928)Estuvo vinculada
al Círculo lírico y al Taller de los poetas de Moscú.  También publicó una amplia obra 
crítica bajo el seudónimo de Andréi Polianin en las revistas Severnye zapiski y Russkaja
volja.

Ofrezco aquí una selección de traducciones al castellano -en su mayoría inéditas- de 
su poesía sáfica organizada en tres apartadosEl primero lo constituyen los poemas 
dedicados a Marina Tsvietáieva, con quien mantuvo una relación amorosa entre 
1914 y 1915. El segundo apartado lo constituyen una serie de poemas de la primera 
parte del libro Rosas de Pieria, que Parnok publicó en 1922, y que constituye, a mi
juicio, su mejor poemario. Por último, en el tercer apartado reúno una serie de poe
mas sáficos dedicadas diversas mujeres de las que se enamoró hasta el final de su 
vida. Para las traducciones he usado la antología poética Sobranie stichotvorenij publi
cada por Inapress en San Petersburgo en 1998.”
                                                                                                 JGG
 

                                                 I Poemas para Marina Tsvietáieva
 
*
 
De nuevo miran con cegadores ojos
La Madre de Dios y el Niño Salvador.
Huele a incienso, aceite y cera.
La iglesia se llena de callados llantos.
Se derriten las velas de las dóciles chicas
Sobre sus ásperos y rígidos puños.
 
Aléjame de la muerte,
Tú, de bronceadas y frescas manos,
Tú, que provocativa pasaste a mi lado.
¿Acaso tu nombre no contiene
el viento de todas las tempestuosas costas?
¡Oh, Marina, tocaya del mar!
 
5 de mayo de 1915,
Sviatie Gory (Montes Sacros)
 
 
Soneto
 
Seguías atenta el juego de los niños
Apartando la sonriente muñeca.
De la cuna al caballo tu exceso
de furia directamente te lanzó.
 
Pasaron los años y los brotes del poder
No lograron ensombrecer tu alma
Con una maligna sombra,
¡Qué poco soy para ella, Bettina Arnim
y Marina Mníczek!
 
Contemplo la ceniza y el fuego de tus rizos,
Tus regias y generosas manos,
Y ¡no hay colores en mi paleta!
 
¡Tú, que marchas a tu destino!
¿Dónde sale un sol igual a ti?
¿Dónde están tu Goethe y tu falso Dmitri?
 
9 de mayo de 1915
 
**
 
                                        II De ROSAS DE PIERIA (1922)
 
¡Flor de la inspiración! ¡Rosas de Pieria!
¡Safo, hermana mía! Acumula las almas
A través de los siglos — la misma fe.
¡Aunque hayamos recogido en diferentes días nuestras cestas,
son las mismas Rosas de Pieria que nos cautivaron!
 
*
 
La lira
 
La primera lira, poeta, fue creada por el capricho de un dios:
Desde la cuna al prado y a la tortuga, sólo había un salto.
Un niño travieso rompió su diáfana coraza
Y el sauce inclinó hacia él las flexibles ramas.
 
Se plegaron sobre el escudo acuático en semicírculo
Y Hermés tensó las dulces cuerdas.
Con la primera lira en las manos se dirigió en secreto a una cueva,
 
Escondió el juguete y, distraído por el nuevo juego,
Voló, como un torbellino, hacia la lejana Pieria,
Donde, en la sombra originaria, las Musas bailan a coro
En el jardín de Pieria, donde tú, Safo, la décima musa,
Llegarás a través de los siglos a cortar las eternas rosas de Pieria.
 
*
 
Estrofas de Safo
 
De la lira de Eolo sólo el canto oigo,
Me bronceo, no ando, danzo,
la voz imitada, la diestra mano,
la música en las venas.
 
No tomo la pluma, toco las cuerdas,
Por un instante preocupada:
Por dejarme ir, sacar del corazón
Los sonidos de las cuerdas.
 
Es obvio que, en esta vida, no olvidé
Los inolvidables placeres, los inolvidables cantos
Que cantaban antaño mis amigas
De la escuela de Safo.
 
*
 

Los sueños de Safo
 
                                        Contó su sueño Safo a Cipris
 
I
 
He soñado que imploraba a mi querida amiga:
“¿Correré mucho tiempo?” Niñas mimadas, ¿dónde estáis?”
Y con un vano grito reduje solo
El eco del sueño.
 
El alba surgía con sandalias doradas,
Pero nuestro mar no parecía allí rosáceo
Y otra tierra humeaba en el rocío.
¿Dónde estás, Safo?
 
En el olor a hierba había un desconocido sabor
De amarga dulzura. En los queridos prados
No olía a anís,
rosas o pulmonaria.
 
Caminaba pesada, como si la leve estola
No que quedara bien, y la lira,
La lira, mi fiel escudo, me estrechara la mano
Con nueva gravedad.
 
Me incliné ante un arroyo. ¡Oh pérfida maravilla!
Llena de cólera, envuelta en lágrimas,
En el luminoso espejo se reflejaba mi rostro.
¿Quién estaba allí, Safo?
 
 
II
 
                    Alguien se acordará de nosotras con el tiempo
                                                                       Safo
 
“Alguien se acordará de nosotras con el tiempo…”
Pronuncié, apoyándome en el seno de mi amiga.
¿Acaso me atrapó un extraño sueño y de pronto
¿Todo se reavivó?  Sobre mi lecho, sobre la lira sonaba
Un rumor, un susurro, como de un enjambre de abejas.
“Safo”, oí. A plena voz cantaban
en vano mi nombre. “Safo”.
Vi: merodeaban inquietos, hacia adelante y hacia atrás,
De la lira al lecho, del lecho a la lira, los ratones.
¿Qué les interesaba Safo a ellos? Y de pronto se iluminó todo
(No lo vieron). Tú estabas delante de mí, Cipris.
Tu rostro me sonreía sin palabras.
Una voz divina me decía: “Aquí está la fama, Safo”.
Discutían a quién van dirigidos tus eternos cantos de amor,
la embriaguez de los dioses, Safo: ¿a los chicos o a las chicas?
 
*

Estrofas de Alceo
 
Eres en verdad bello, esbelto joven:
Dos soles azules bajo la franja de las cejas
Y los rizos como un vertiginoso torbellino.
Bellos laureles ciñen tu tierno rostro.
 
Adonis es mi joven predecesor.
Comenzaste la copa ahora entregada a mí,
Inclinándome a los labios de la amada
Me invade una alegre tristeza:
 
No fuiste tú, joven, quien rompió su hechizo:
Maravillado con la llama de esos amorosos labios,
la celosa amante no recordará
Tu nombre primero, sino el mío.
 
3 de octubre de 1915
 
*
 
Con tanta fuerza estaban prietos los labios
Que por dónde podía pasar el aire.
Me llamó tu voz -la oí-
Con un tierno nombre.
 
Y cuando, tan cercanas y de nuevo ajenas
Regresamos a Moscú, pasada la medianoche,
Desde los muelles llegaba el aire
Con olor a mar…
 
El viento, el viento marino, mi única venganza
Llega volando de nuevo para recordar con añoranza
La hora en que por los labios
Escuché tu corazón.
 
*
 
“Me pareciste una niña pequeña e inmadura…”
Ah, Safo me ha herido con la flecha de un verso.
De noche pensé en la cabeza rizada
Cambiando en mi pobre corazón
La pasión por la ternura materna.
“Me pareciste una niña pequeña e inmadura…”
 
Recordé como lanzaste a lo lejos un beso con maestría,
Recordé esos ojos de increíbles pupilas…
Entraste en mi casa, feliz de mí, como de algo nuevo:
Un cinturón, un collar de perlas, o unas coloridas chinelas.
“Me pareciste una niña pequeña e inmadura…”
 
Bajo el golpe del amor eres como oro dúctil.
Me incliné hacia el rostro, pálido en la apasionada sombra
Donde la muerte parecía pasar una nevada borla.
Te agradezco también porque tú, dulce, en aquellos días
“Me pareciste una niña pequeña e inmadura…”
 
Febrero de 1915.
 
*
 
Te quedas dormida, amiga mía,
-Niña en el seno materno-
Qué dulce es dormirse para ti,
A mí me es imposible despertarme.
 
Dime, ¿por qué no es acaso un sueño
Este bendito lecho,
Y el canoro crepúsculo, y tú,
¿Tú, entre mis inquietas manos?
 
Oh, suaves rizos
En la húmeda sien. Oh, violetas.
Así florecían
En nuestra casa, en los queridos prados.
 
Tú y yo hacíamos coronas
Y allí donde están las coronas, están también los cantos,
Y donde los cantos, están las caricias… ¿Acaso duermes
mi último sueño dulce?
 
Muévete sobre mí, muévete,
Mi cielo de Eolo,
Arde, mi último crepúsculo,
Termina de jugar, mi antigua embriaguez.
 
*

   
 Sofía Parnok y Olga Tsuberbiller
 
Así, en otras orillas, en otro canoro mar,
Milenios después, en la misma joven primavera,
Recordando la antigua infancia de Eolo,
Una muchacha tocaba absorta una cuerda.
 
Como viento marino llegó hasta ella el aliento de Hélade,
El viento, oscuro para los demás, estremeció su corazón.
Maravillada, la joven parecía soñar tus sueños, Safo,
Y cantar tus cantos, sin que nosotras los oyéramos.
 
*
 
En la multitud
Entraste, como entraron miles,
Y sopló el fuego desde la puerta
Y descubrí: llevabas grabada
La misma señal profética en tu mano.
 
Sí, lo sé – el anillo de Venus
Distingue la palma de tu mano.
Demasiada cadencia en tu paso,
Demasiado ardiente tu mirada,
 
Y bajo el colorete,  el rostro lacrimoso,
En los labios, bajo el carmín, hay sangre.
Sí, hermana mía, sí, así
Cubre de besos el amor.
 
*
 
Llegó la hora. ¿Qué aportas
a los terribles dioses,
desidioso segador?
a los terribles dioses,
desidioso segador?
Les ofrendas espigas vacías,
pues eres
parco en lágrimas.
Las rosas dicen: Por nosotras
él derramó
una gota de sangre.
Los dioses tan solo suspiran,
Y ya es ceniza
toda tu cosecha.
 
*
 
Eres en verdad bello, esbelto joven:
Dos soles azules bajo las frondosas cejas
y rizos como un vertiginoso torbellino.
Laureles de gloria ciñen tu tierno rostro.
Dos soles azules bajo las frondosas cejas
y rizos como un vertiginoso torbellino.
Laureles de gloria ciñen tu tierno rostro.
Adonis es mi joven antecesor.
Tú comenzaste la copa ahora entregada a mí,
al inclinarme a los labios de mi amada
me invade una alegre tristeza:
No fuiste tú, joven, quien rompió su hechizo:
maravillada con la llama de esos amorosos labios,
mi amante no recordará celosa
tu nombre primero, sino el mío.
 
*
 
Tan prietos estaban los labios
que no había por dónde penetrara el aire.
Me llamó tu voz —la oí—
con un tierno nombre.
que no había por dónde penetrara el aire.
Me llamó tu voz —la oí—
con un tierno nombre.
Y cuando, tan íntimas y de nuevo distantes,
regresamos de madrugada a Moscú,
desde los muelles llegaba el aire
con olor a mar…
El viento, el viento marino, mi único vengador,
llega volando de nuevo para hacerme añorar
la hora en que por los labios
escuché tu corazón.
 
*

EL REGRESO
 
Armada, no con una mortal lanza,
sino con una imperecedera rosa fui al combate.
En tiempos antiguos, mi antepasada de otro modo
se lanzó contra Aquiles.
Él es el mismo en la lucha a muerte,
tiene el corazón lleno de ira, y yo me angustio:
no supe traer el atávico odio
hasta esta vida…
En silencio regresa del campo de batalla,
maldice el cruel destino de las guerreras,
aprieta las manos contra el pecho y llora
Pentesilea.
 
 
**

 

                                       III OTROS POEMAS SÁFICOS
 
                                                  A Máshenka
 
Señor, ¿por qué me diste esto?
¡Una luz en mi opaco corazón!
Tú eres como un pequeño tallo
Besado y batido por el viento.
 
No recordaré en mi corazón
Una desesperación más beata.
A mí, pecadora en todo, ¿por qué
me diste la desesperación por el afecto?
 
26 de febrero de 1916
 
*
 
                                           A L. V. Erarskaya
 
Se inclinará una flor en el fino tallo…
Oh, amada, todo lo que amé
Y lo que dejaré en este mundo,
Ámalo por mí, querida.
 
Estos amorosos pétalos,
Esta llama, vuelta al cielo,
Estas lágrimas (que quien no sea poeta
No entenderá) – el éxtasis de la melancolía,
 
Y el solitario túmulo de la estepa,
Y el grandioso canto del verso,
Y el no amar en esta vida
La desenfrenada pandereta de los gitanos…
 
Lucen rosadas las cúpulas en el crepúsculo,
Sobre Moscú revolotean las palomas.
Oh, amada, por encima de todo ama
Las campanadas de la tarde.
 
1917
 
*
 
                              A V. K. Zviagintseva
 
Un cigarrillo tras otro,
Discutíamos, decidíamos, juzgábamos,
Toda la noche, la pelirroja,
Envuelta en humo, aparecía ante la gente.
 
Y la otra caminaba en el desierto…
Luz de un indecible añil,
Con cada hoja, tristes,
Temblaban los álamos.
 
Se abrían las soñolientas bóvedas,
Se descubría un luminoso colmenar.
“Hijastras mías! ¡Hijastros!..”
Suspiraba la naturaleza.
 
25 de mayo de 1926
 
*
 
                                A Marina Baránovich
 
¡Tú, joven de largas piernas, con un alado
cuerpo tan maravillosamente armonioso!
Con qué fatiga y falta de gracia arrastras
Tu espíritu, turbado por la melancolía.
 
Conozco este paso del espíritu
Entre los vórtices de la noche y la grieta del hielo,
Y esa voz que surge en sordina,
Dios sabe desde qué viva profundidad.
 
Recuerdo las tinieblas de unos ojos tan claros
Cómo ante ti callaban todas las voces,
Cuando ella, enloquecida por los versos
Nos encandilaba con su desmemoria.
 
¡Qué extrañamente me recuerdas a ella!
El mismo color rosado, de oro
Y madreperla del rostro, y la suavidad de la seda,
El mismo latido cálido…
 
Y la misma frialdad de pérfida astucia
Y de ambigüedad… Pero ya te perdoné.
Te amo, Marina, y a través de ti,
La visión de tu tocaya
 
Otoño de 1929
 
*
 
“Amé, amo, amaré”.
Mi invitada tiene ojos de lobo.
Así el pájaro carpintero picotea el árbol
Día y noche, día y noche, sin parar.
 
Así cae la gota hasta que atraviesa
El granito, como gusano que corroe el alma…
Cada pecador tiene su cruz en el mundo.
La mía es escuchar esos discursos.
 
-¡No seas sacrílega, por favor!
Mejor canta, blasfema.
No por pasión, sino por compasión
Se reconoce el amor.
 
“Amo”, repite con la boca llena de dientes,
Repite y mira con los ojos bien abiertos.
Así sordamente cae el primer grumo,
Golpeando sobre la cubierta de la tumba.
 
*
 
                              Te sueño, sueño el delirio…
                                                   Baratynski
 
Ojos abiertos y boca cerrada.
Me entran ganas de gritar grosera:
¡Oh, estúpida! Has al contrario,
Cierra, cierra los ojos y ábreme los labios.
 
Así, tirana… ¡Por fin!
No nos apresuremos en vano.
Que se apremie el joven inexperto.
Yo amo el quinquenio en el beso.
 
Febrero de 1932.
 
*
 
¡Amor mío! ¡Mi travieso demonio1
Eres tan huesuda que si acaso
Un caníbal te comiera en el almuerzo,
Se quedaría sin dientes.
 
Mas yo no soy de esa grosera especie
(además, casi no tengo dientes)
Y por eso, sin restregarte,
Te comeré con los labios.
 
Marzo de 1932.
 
*
 
Dame la mano y vamos a nuestro pecaminoso paraíso…
A despecho del celestial promfinplan,
Para nosotras, mayo regresó en invierno
Y floreció la verde ciénaga.
 
Donde un manzano en flor sobre nosotras
Tiende su olorosa fragancia,
Y donde la tierra, como tú, era fragante,
Y las mariposas se amaban en vuelo…
 
Somos un año más viejas, pero no es lo mismo.
Envejece un año el vino viejo,
Los manjares maduros del conocimiento son más sabrosos…
¡Amor mío! ¡Canosa Eva! ¡Salud!
 
*
 
¿Recuerdas la angosta senda
entre los groselleros?
Desde entonces te convertiste en música para el sueño,
Milagrosa patria.
 
Te convertiste en vida y muerte para mí,
Tú, tan frágil,
Agotada, exhausta
Paloma mía…
 
Perdona si yo, como inesperada huésped,
No te alegro,
Si caigo bajo esta ardiente carga.
 
¡0h, esta insaciable tristeza!
No tiene nombre...
Perdona si te amo, amada,
Perdóname, perdóname.
 
5 de febrero de 1933.
 
*
 
La rosa canosa
Es de noche. Nieva.
Moscú duerme... Y yo...
Oh, cómo no duermo,
Amor mío.
 
Oh, la sangre canta
El bochorno de la noche.
Escucha, escucha, escucha,
Mi amor.
 
La plata del hielo
En tus pétalos.
Oh, rosa canosa,
Para ti son mis versos.
 
Respiras bajo la nieve,
Rosa de diciembre,
Regalándome
Una desconsolada languidez.
 
Canto y lloro,
Lloro y canto,
Lloro porque perderé
Mi rosa.
 
16-17 de junio de 1933.
 
*
 
“Seremos felices, pase lo que pase…”
Sí, amiga, he sido feliz en la vida.
Ya un mortal cansancio
Me cierra los ojos y el alma.
 
Y sin rebelarme, sin oponerme,
Siento cómo el corazón se bate en retirada.
Me debilito y se debilita el lazo
Que tan fuerte nos unió.
 
Ya el viento libre sopla cada vez más alto.
Todo alrededor florece y se aquieta.
Hasta la vista, amiga mía. ¿No lo sientes?
Me despido de ti, lejana amiga.
 
31 de julio de 1933, Karinskoe

Traducciones Jesús García Gabaldón
 
Graciasss/trepanos.es/poemas-ineditos-en-espanol-de-sofia-parnok/
 
**
 

Perdono todos tus pecados…
 
Perdono todos tus pecados,
pero no puedo soportar dos:
 
lees poemas en silencio
y besas en voz alta.
 
Así que peca, florece, sé feliz,
pero sigue mi consejo:
 
un beso, mi amor, no es para el oído
y la música no es para los ojos.
 
Trad. Diana Lewis Burgin
 
 
Realmente, uno no puede predecir…
 
Realmente, uno no puede predecir
quién en el mundo será lector:
una pelota no puede saber a qué golpeará
una vez que haya sido disparada.
 
Bueno, entonces, mi verso crea vida,
en quién respiro,
en quién ¡Vivo, vuelo a la oscuridad, al
vacío, o simplemente, al cajón secreto!
 
Nuestro camino fue bloqueado a la mitad por
un siglo cruel.
 
Pero no nos estamos quejando, ¡déjalo!
Y, sin embargo, y en general,
¡este siglo es una cosa espléndida!
 
¡Quizás no sirve para poemas,
para nombres y patronímicos
o para soledades separadas,
aún así, amasa la masa de siglos!
 
Trad. Diana Lewis Burgin
 
 
¿El invierno realmente tiene tormentas eléctricas?...

¿El invierno realmente tiene tormentas
y cielo más azul que un cianotipo?
Me gusta el hecho de que tienes ojos inclinados,
y también que tu alma viene inclinada.
Me gusta la vivacidad de tu andar,
la sensación de frío de tus hombros,
tu charla frívola y nada lista,
tus muslos apretados, como los de una sirena.
Me gusta como cuando estoy en tu brisa fría,
como en un fuego furioso,
me derrito,
me gusta, ¿cómo puedo admitir esto?
- Me gusta que aún no te gusto.


Comentarios