ALINA GALLIANO



XI
 
Ocúpame, temporal, al barroco de la oreja
manta-raya de lengua déjame atravesar tus formas
redescubriendo latitudes al arrecife de tu córnea,
y júntame de lleno en apetencia marfil contra marfil,
abriendo a enamorada línea tus pezones,
desintegrando el control que reside en tus tobillos
hasta sentir como sortija la presión de tus piernas,
a punto de explosión tensar la aorta.
Invítate conmigo a lo distinto de acariciar navajas
a un punto de deseo que electrizante cruce
la ingobernable esquina de mi cuerpo,
su gusto de conquistar necesidad de alturas,
torbellinos.
Médula al crisantemo,
ayúdate a vivir como se debe:
en estación de cráneo, a filo de huracán,
pasión donde es posible penetrar el secreto,
la inevitable dimensión, su derramada oscuridad,
sitio del gozo alimentando voces, desafiando panteras,
reproduciendo lo bizantino de una cala-lirio
a vértigo de asombro entre los dedos;
cuadratura geográfica donde el besar como instrumento,
puede,
duplicarse sur sobre todo norte a permanencia,
porque adentrar de golpe la existencia es simplemente
saborear o reducir el espacio a intensidad de amor
detrás del labio,
o en el hueco del cuello a su diverso,
a su implacable empalme, donde la dureza,
canta o destila su péndulo de éxtasis
tres pulgadas debajo del ombligo,
sin condición,
porque gesto en silencio de otra voz me nombras
la única,
la más brillante y fuerte de tus sílabas.
 
(Inevitable sílaba, 2004)
 
*
 
IV
 
Desconecté el conozco donde estaba mi vida
y todos mis pasados,
los que me definían
columpios, calles, gentes,
modos de pensamientos,
astucias de paisajes entreteniendo números,
partículas de puentes como alucinaciones
para soñar sin sueño de realidades múltiples,
carentes de espirales,
han roto sus silencios.
Eliminé recintos de espacio a mis razones,
me he quedado sin cómplices anestesiando el Ojo,
sin válvula de escape.
El mundo que pensaba tenido,
pierde formas
su origen fue fisura que yo daba por cierta,
confecciones inútiles que en mí no permitían
caminar la experiencia sin condición de árbitro,
sabiduría del dejo a su versión más libre
ejercitando a un no quedarse,
la maravilla del amor,
su fuerza,
sin retener el brote de los alternativos
que va desenvolviendo,
trastocando en su magia las otras espirales
donde lo perfumado reconoce que un brote de cerezas
puede sin dudas,
apasionadamente,
concentrarse a experiencia,
percibiéndose órbita que a decisión,
es antílope.


VIII
 
Su presencia camina despacio por el cráneo
estrenando las fuentes sonoras donde el tímpano
puede sentir de lleno el temblor de sus vértebras
o acumular el diálogo que surge en sus silencios
vistiendo o desvistiendo de otra manera el mundo.
Así, atraviesa el centro del corazón,
facilitando el ritmo donde los litorales
adquieren predicciones,
fragancias a diluvio
de electrizantes sílabas con uno de sus dedos.
Su oído esconde orillas que no se han descubierto
alquimias de lo líquido,
exquisitez en vivo,
marinería en vértigo,
caracoles, caballos,
femeninas destrezas donde su magia sabe
configurar la línea de cualquier horizonte
al ladear simplemente el arco de su oreja,
proponiendo a los cielos las otras matemáticas
que no requieren de árbitros,
porque ella es la conciencia
donde deliberadamente se fabrica el ahora.

XII
 
Sus ojos son arqueros que sin descanso lanzan
el torrencial mensaje de su perfume al pecho
para que al fin me mire demandando poder;
igual que una pantera exige del mismísimo cielo,
en garra de derecho la marca de su hambre
para rasgar en pleno movimiento su presa,
irrumpiendo en un grito,
desplegando en salvaje predominio de sangre su alegría.
Poder a contra lomo,
me sujeta, se sienta,
sobre mi pensamiento,
rompe el cerco a mi frente
y allí me galvaniza a libertad y fuego.
Magistral,
con la seda de su abierta entrepierna,
me acaricia los flancos,
feroz ciencia de un arte
con que exigir al corazón la ruta del portento,
la otra expresión que pulveriza todo lo que ha sido:
apellidos o nombres,
costumbres en línea horizontal,
límites que no podrían adentrarse en el pulso de lo indeterminado
para explorar a gusto otras posibles formas de caminar en vivo,
replanteando al cerebro su propia reconquista.
Sentirle al laberinto de su oreja,
la miniatura del sonido,
implica desatarle a los tonos más antiguos
siete insaciables notas
a siete imperativos entre garganta y lengua
para poder cantarle la música aún no escrita,
robándole a la vulva de los nardos,
el pasional secreto de su rugido a percusión y en vértigo.
 
(Entre el marfil y el agua, 2006)

*
 

Estoy en libertad,
ahora comienzo a saborear ese arte del viento
cuando acaricia las piedras y las transforma
al crear sobre sus superficies la memoria del viaje,
lo versátil de vivir sin fronteras,
de saber que nadie lleva consigo sus pertenencias
y que la vida es una pasión de amor incontenible.
 
 
Litografías a partir del aire
 
I

Escribo para decirte que he comenzado el viaje
con esta acción se rompe todo lo ya previsto,
así que he regalado mis recuerdos, las prisas de mis pies,
las puertas que he cruzado,
los marcos de ventanas donde colgué mis ojos
retomando paisajes de rostros y estructuras,
robándole perfiles a todas las ciudades
que nunca se sintieron de ti favorecidas
al escuchar tus cantos trepar los edificios a modo de escalera
para irrumpir de pronto y trastocar atmósferas.
Ahora reconozco que no hay lugar ni puerto
que pueda contenerme,
eso lo hiciste tú desde el primer instante:
ese día me miraste y los futuros míos
se unieron a la línea más firme de tu mano,
el aire en mis pulmones cobró linaje y vida,
le pusiste a mi boca un ritmo de naranjos a floración perenne,
llenaste mi garganta con los sonidos tuyos,
que marca tan auténtica pusiste en mi laringe
¡qué manera Amor Mío de regalarme fuentes de palabras y alturas!,
¡qué extraordinaria entrega de garras y visiones atravesó mi frente!,
de qué modo podría, haber descrito entonces, lo que contigo venía,
si ni siquiera estaban preparadas las copas de los árboles, las aceras,
los trenes, los andamios, los desiertos, los ríos, las piedras,
los pinares que existían conmigo
dentro del más secreto sonido de mi nombre.
Yo no sabía la implicación que encierra un para
siempre al pecho
no tenía el más mínimo concepto de que el número
de la vida es eterno,
de que se multiplica en su espiral de rosa a un sabor
de impensables,
creando con el roce de tus respiraciones
o un rebelde mechón de tus cabellos,
la dinastía del furor,
lo que diseña en arco la medida de mundos
que nacen de tus hombros apasionadamente.
 
XVIII
 
Cuando volví a visitar la mezquita de Córdoba,
antes de entrar en ella
lavé mis manos y mi cara en la fuente de los naranjos
como señal de respeto y en recuerdo de aquellos días
cuando el poeta en mí comenzaba sus rezos frente al alba
mucho antes de que el Príncipe de los creyentes
pregonase su: "La ilaha illa Allah". No hay otro dios sino Dios
tiempos en los que yo pensaba que mis oídos
jamás escucharían el sonido de aquello
en lo que todo está contenido,
ni mis pupilas podrían sostener la maravilla de sus formas
y mi corazón buscaba el misterio de las palabras
en la textura de los higos,
en la frescura del agua que bajaba de la montaña
y era almacenada en grandes aljibes
bajo la sombra de robustos árboles
para cantar la canción
que no se había compuesto todavía
porque tenía que ser extraída
del infinito pozo de su misericordia,
de ese lugar donde el amor brota incesante
para que al mundo no le falten amantes
que reflejen la generosa joya de su sabiduría.
Cómo hubiera entonces haber podido imaginarme
que Dios iba a contemplarme a través de tu rostro,
que Dios me iba a sonreír desde tu boca,
que Dios en tu cuerpo sería para mí tintero,
papel fino, regalo de mi escribanía
donde ir reuniendo mis palabras,
para dejarlas como jazmineros en los patios de las casas,
palabras que las gentes pudieran repetir y repartir;
por eso aquel día que visité de nuevo la mezquita
fui yo quien dije: "La ilaha illa Allah"
y Dios volvió a mirarme con tus ojos.
 
(Litografías a partir del aire, 2006)
 
(Otro fuego a liturgia,
Betania,
Madrid,
2007)
 
Otro fuego a liturgia da a conocer los poemarios inéditos: 
Del tiempo y otras puertas (1980), 
La danza en el corazón de la esmeralda (1993), 
El libro (1995),
Inevitable sílaba (2004), 
Entre el marfil y el agua (2006) y 
Litografías a partir del aire (2006).

***
 

XVIII
 
Este viejo dolor,
como un amigo,
viene despacio
a darme compañía,
se fuma junto a mí
su cigarrillo,
me pide un poco de café,
comenta,
este mar de recuerdos
donde eres
un juego coloquial
a mi cabeza
tejiendo en mí
su puente a la distancia:
memorias en mi rostro
o en mi labio
huellas de ti
de tu existir cruzando
en delicado hacer
sobre mi vida,
que respira tu imagen
por el párpado
y hay momentos
que surges de mis manos,
un hilo de luz
a sostenerme el violento
vacío de los abrazos;
ese silencio
donde el hueso canta
su abierta soledad
con los sillones
lo mismo que un aroma
y se reparte
en sutil elocuencia
por el cuarto;
porque ya eres
alquimia de papel
sobre una mesa de noche,
fijo perfil que ausente
me saluda
y sin saber comparte
mi cansancio;
pero todo, mujer,
tiene un destino,
más que raíz es ala,
movimiento,
en tenaz ecuación
hacia la atmósfera:
allí tu corazón tiene su idioma,
su vernáculo golpe,
que sin decir ni alzar la voz
siempre te llama.
 
 
La orilla del asombro
 
De una isla
jamás
nadie se escapa,
es como una mujer
de la que nunca
podemos deshacernos
por completo:
su verde
nos retiene abiertamente
fuera de todo amor,
se levanta conmigo
te sorprende
te sigue, sin ayuda
a donde quiera
y te busca, te mira
se te enfrenta
como única manera
de encontrarla
en el filo absoluto
de la espera.
 
(Hasta el presente. Poesía casi completa, 1989)
 
*** 
 

II
 
Por semanas enteras he tratado de sostener
entre saliva y lengua
las posibilidades de un caimito,
pero los dientes
carecen de memorias,
viven en disidencia
con el trópico,
son incapaces de atravesar
los meridianos del sabor, su furia,
que trajinando el paladar
conversa un proyecto de pulpa
en coito perfecto
con mis muelas.
Entonces desde aquí
soy la otra boca,
interminable mutación
que puede lo mismo
que un manglar bordear la Isla,
definiendo los paralelos del olor,
marcando
la zona donde el hambre come espejos.
 
III
 
Ya no me acuerdo, no,
cómo los jubos se refugian
en medio del silencio,
entre las fauces de los cocodrilos
perfeccionando el paso de las horas,
acariciando la nuca del terror,
menstruando el trópico,
sosteniendo la Isla
en la corola de los marpacíficos.
Ni puedo como antes, sin pestañear,
mascar todo el relente,
deglutir claridad hasta sentirla
desintegrar en peso la retina.
Ya no me acuerdo, no, si la jutía
en copular voraz de movimiento
despierta el platanal y lo desflora
en esa intensidad de mediodía
donde la mano es incapaz
de atravesar la inercia
para bordear o devorar un cuerpo,
pretendiendo ser lengua en el milagro;
en esa hora donde todo espera
que la sombra reviente a una frescura
para echarse a rodar con la existencia.
 
IV
 
Con una taza de café es posible
asesinar sin crimen las palabras,
habitar una isla en cualquier parte,
devorar la existencia con un gesto tan simple
que Dios podría borrarse por completo
o despertar su propia limitación
guardando un minuto de espanto.
Con una taza de café es posible
atravesar todo el silencio a un cuerpo,
existir tanta vida sin tragedia
o ser el ojo de la manta raya
descubriendo la imprevisible costa
del instinto.
Con una taza de café es posible
tocar el borde de la calentura,
la solitaria fiebre de su hábito
o mirarnos de frente con la ausencia.
 
XIV
 
La insolación de ganas fue tan grande
que ni con palo de maguey pudimos
prevenir la brujería que rondaba
la casa de los muertos y los caminos.
Hasta la yagruma tuvo
sueño de raíz de violeta,
adormidera le dieron
al guardián de la manigua
para que se quedara sin habla
y soñara sueños largos.
Por eso ni el Monte tuvo tiempo
de secretear su jayajabia,
de preparar la protección con jugo
de rómpelo todo
y por eso pudo entrar así, con Bagá:
con talismán de ladrones,
talismán de jugadores de los buenos,
de esos que nunca pierden cuando juegan,
talismán de gente
que expone la vida sin pestañear,
gente que sabe asentar el filo
a la navaja que no es suya.
Por eso llegó así, enarbolando la fiesta,
emborrachando todo entendimiento.
Cara de adelfa, le gritaban el paso,
cara de adelfa
porque como la adelfa
sin dejar entrever
escondía la ponzoña
en la belleza del color
y nadie adivinó que venía,
emparentado con majá, por nacimiento.
Naná Burukú en reverso
y devorando la salud, en vez de darla,
oyú arayé: comiéndose al mundo
con la brujería de sus ojos
y nosotros cansados del desparpajo,
cansados de la abundancia
de ser dos veces siendo,
le dimos una isla como ebó,
envuelta en hojas de trópico,
una niña-bonita, país-ebó,
envuelta en hojas de malanga.

Esa fue nuestra primera ofrenda,
después se lo dimos todo,
le dimos la conciencia, el antojo,
la avaricia, la sabrosura de vivir,
la elegancia de ser no una isla,
sino un archipiélago de ellas.
Por eso tuvimos que irnos
con la música a otra parte,
aprendiendo todo el horror,
toda la bonitura, toda la distancia
que pueden caber en noventa millas de deseos.
Como un paisaje en medio del asombro,
así nos fuimos, así comenzó el abandono,
la marea sin fin, la pesadilla
de azabache y nácar;
como si fuésemos el inaudito espejo
de lo antes tenido,
atónito paréntesis, haciendo
de cada latitud un préstamo
donde reproducir el buche de café,
los batidos de guanábana,
los juegos de dominó
y una historia tan bella que hasta ahora
nadie ha sido capaz de desmentirla.
 
(En el vientre del trópico, 
Serena Bay Books,
1994,
76 páginas)

***


El más reciente de mis viajes, ese que en apariencias, no fuera previsto
y de acuerdo a las reglas no me fue deseado, ni siquiera exitoso
ocurrió en mes de Enero, bajo una lluvia fina, aquí mismo en Manhattan,
fue un viaje entre la curva del asfalto y mis huesos, sin testigos, ni gritos,
yo la primera de ellas, fuera de mí, sin movimiento alguno,
recogiendo la imagen dentro de tantos ojos
que no sabían mi nombre, ni el timbre de mi voz
y preguntando por parientes o amigos o amantes,
sitios donde pedir auxilios, seguridades, tránsitos,
borrón y cuentas nuevas,
curvando los relojes,
encuentros con mi otra,
esa que no quería fluir,
desintegrando inaceptables:
así que di mis señas,
me llamé al contra espejo de lo que nunca había visto,
comencé mi camino de atravesar los miedos,
de ver cómo las caras se iban deshaciendo
despejando las estepas del corazón, dejándolas vacías,
propicias para el viento,
para el silencio de las tormentas o las cosas que vuelan
porque vuelan
porque no tiene caso mirar lo que se extiende desde un punto tan fijo
a decirnos un sí cuando no queda nada
entre los bordes de una taza de café y las sillas
donde las sílabas del amor continuamente tendrían que abrirse
a un horario de presentes que nunca se repite,
porque allí, se sabe decir hola y adiós despertando los dientes
a un radical espacio de amor desconocido.
 
*
 
La retina sostiene en medio de la tarde un equinoccio en vivo
dos curvas en una esquina de Manhattan,
un sabor de croissant con queso crema y mermelada de rosas,
la risa regalada de una mujer hermosa
con todas las distancias que pueden ser posibles
entre una luz y el resto de las sonoridades;
mi retina, es a ratos, un trapecio sin redes
para tres vueltas al vacío que sobresalten el corazón
de un modo desquiciante,
dejando mis ovarios colgados de un instante que yo no me esperaba;
mi retina es también una partida doble de ajedrez
asombrando el cerebro de José Raúl Capablanca,
conversando con su espectro después de tantos años
su magistral jugada con la muerte a la seis de la mañana
en el hospital de Mount Sinaí un día ocho de Marzo de 1942
y dejando a los tableros en tanto desamparo
que todas las piezas negras,
por un nano segundo de puro desconsuelo
se vistieron de blanco
para llorar su pérdida; mi retina es varillas de abanicos enamorando
las venas de las manos
a singular romance de tiempos donde los gestos
sin palabras decían las suplicas de amantes
 
y las posibles citas para robar los besos
o dejarlos rodar por cuellos y pestañas
en una orfebrería de pasión y deseo;
mi retina es sin duda el lugar donde puede un tiburón
sentirse en mar abierto,
el lugar donde existen crisantemos, centellas,
toda una orquesta filarmónica,
la memoria que tienen maderas y marimbas,
el inaudito recuerdo
que los pies del fantasma de Ekaterina Maxímova
se llevaron para siempre
cuando la muerte vino a buscarla en esta primavera del 2011
para una última danza sobre el tablado del Bolshói,
sin que nadie pudiese verla estremecer con sus piruetas
La Catedral de San Basilio y las estepas rusas.
 
(Los días que ahora tengo, 2016)
 
***
 

XIX
 
Utilizas tus pieles
para amarme,
fiel al tacto de todo
eres presencia,
espejismo de huesos
sobre el hueso.
En los giros de ti
los sin iguales
vértigos de tus formas
complementas,
este ávido rito
donde vivo.
Tu nombre cambia
levedad al sonido,
puedo llamarte
y cada monosílabo
tiene un distinto modo
al sostenerte.
Los paisajes
se visten de perfiles:
los tuyos,
los que guardas casi siempre
para un continuo
sorprender la imagen;
no consigo escapar
a tus pupilas,
todos los rostros
tienen tus miradas,
partículas de ti
que simplifican
los secretos rincones
de mi espalda,
para encuentros de mí,
con tus posibles.
Los espejos contienen
tu estructura:
me peino frente a ellos,
te convoco,
azogue de mis uñas
y ese modo, que tienes,
de inundarme día tras día.
 
XXII
 
Qué implacable resultas:
tus distancias
saben hacerse verbo
entre mis dedos,
atraviesan
en digital olor
cada detalle.
Para entrar en tus zonas,
para ser dimensión
de los lugares
donde habitan
tus más frías pasiones,
tengo que caminar
lo inesperado,
el cero diagonal
que reproduzca
una posible
intimidad contigo;
es allí donde sabes
sujetarme
en un abierto gesto
con tus ojos,
espesando el silencio,
llamándote a la entrega,
transformando minutos,
circunstancias,
haciéndome de ti:
tu laberinto.
 
XV
 
En ti reside
todo itinerario:
todas las horas
tienen cosas tuyas,
huellas de ti
cruzando todos los relojes,
definiendo mis pasos,
marcando en las aceras
tus presencias.
Mi olvido se transforma
simplemente,
en un acto de fe,
es la manera más segura
que tengo,
de caminar sin tregua
hacia tu encuentro
vaciando la memoria:
sin más antecedente
que este latido
programando el cuello;
donde siempre resultas
diferente,
donde ninguna otra
circunstancia, podría
repetirte o sostenerte, porque eres:
la geometría de lo incandescente,
el punto en la espiral
de lo inaudito.
 
(La geometría de lo incandescente (en fija residencia)
Premio Letras de Oro 1990-1991,
Universidad de Miami,
1992)
 
***

II
 
No se
hallarán
mujeres
para
el parto,
se nos está
muriendo
la memoria
bajo el seco
temblor
de los
pezones,
ni vejez
que ofrecer
si no hay
infancia:
los continentes
quedarán
vacíos,
si acaso
una
tranquila
voz
como
de piedra
desplazará
lo fijo
del camino.
 
(El cielo de abajo. La escritura del cuerpo en trece
poetas hispanoamericanas.,
Vandalia
2021,
288 pág.)
 
***
 
I
 
Como verbena mi boca
se detiene frente a ella.
Nadie es capaz de conversar
la historia que sin esfuerzo crece
a su secreto de constelaciones.
Quién puede descifrar este gran hábito,
esta manera de encallar el hambre
en la continua furia de los higos;
atómica raíz reconstruyendo el gusto,
desvistiendo presencia entre los dientes.
Y es que cuando te dices,
cuando sin darte cuenta
vas soltando tus risas
desamarrando en pleno todas tus voluntades,
calibrando nocturnos pentagramas,
atmósferas, donde vas preparando
tu doble itinerario,
inexorable arquitectura
con mi yo inagotable,
sin decírtelo, entonces,
te voy prestando rutas
sitios llenos de únicos,
indómitas ciudades
que nacen a mi cuello
sorprendiendo tu espacio,
mapas para países que pre-existen
despiertos en la alcoba de mis manos
esperando que pases del brazo de otras gentes
enloqueciendo el aire,
redescubriendo a posesión la altura
torre de olor que brota,
para ti, de mis dedos;
tiempo donde tus días por ser,
se vocalizan.
 
IX
 
Adrenalina en el sabor de mangos, te voy a seducir,
envés de esas ausencias de estarle a los contigos,
abecedario deshabitando el marco de vivir al múltiple.
Quiero encontrar espacios que van a fabricarse:
antiquarium a ritmo de presencias en calles por llegar;
quiero imaginarias tiendas, azules adoquines,
cuartos recopilando encantos a tus pasos;
sitios donde comprar miniaturas, relieves o descuidos
dejados por la huella de tu cuerpo, maravillas de olor
que van permeando sin pensarlo siquiera:
tijeras de marfil, vasos, horquillas, brújulas,
abanicos, cartas, peines, memorias de tu pelo.
Quiero comprar al tiempo cosas tuyas, greguerías,
luces que esperan por nacer, itinerarios de tu piel,
pisapapeles, sombrillas con capricho de tus dedos
redefiniendo aguaceros a libertades de una sola sílaba.
Compraría almohadones que contengan siglas de tu dormir
indefinidas zonas donde sabes soñarte la plenitud,
el secreto que mecen los sillones al estrenar tu nuca
o el lenguaje exigente de tu espalda,
cuando cierras los ojos, cuando miras.
Y entregarme de golpe al canistel que vive en tus caderas,
sobre la magia de la lengua abrirte, pulpa dulce,
al júbilo que tiene la saliva: pabellón algebraico
donde habitar alimentando a vértigo orígenes o besos
que como peces rastrean sus querencias polemizando
a irrebatible preferencia los perfiles en peso de tu boca.
 
XIV
 
Se baña frente a mí caldeando los glaciales
confundiéndole al agua territorios, espejos,
sorprendiendo a las piedras su víscera de musgo
y luego se sumerge de lleno con mis ojos
fabricando sin prisa una estación de lluvia,
un lugar de monzones al Océano Índigo que habita mi deseo,
despertando las fauces de la Cobra a su fuego,
devolviendo a las cosas emplumadas su atmósfera,
el orden de sus cielos, la alegría delirante;
porque vienen al mundo destinatarios, remanente suyos,
maneras de su andar afilando el momento
destrezas milagrosas convirtiendo segundos en frutos
o acaso en novedosas semillas como perlas,
mercaderías, magias que llegan de lo súbito
para aderezar el gusto de una boca exquisita;
tributo, maravilla con que pagar a su rodilla un roce
apresando el peligro perfecto de sus dedos
la privada elocuencia donde existen países,
consonantes e cartas que esperan ser escritas o pensadas;
aturdiendo a los libros: comas, pronunciaciones, adjetivos, artículos
efervescencias únicas reorganizando pronombres al papel,
instantáneas voraces del júbilo que vive entre su puño,
lo mismo que un halcón, seguro de su presa.
 
Sin datos a que libro/s pertenece/n
 
Graciasss/baquiana.com/xviii-101-102-enero-junio-2017-entrevista/
Graciasss/www.arbolinvertido.com/alina-galliano-la-memoria-del-viaje
Graciasss/www.poemas-del-alma.com/alina-galliano-se-bana-frente-a-mi


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