Soy la virgen que aparece
de vez en cuando
Soy la niña silbando
al inal del cementerio
La mal nacida me decían
la solitaria y la loca
porque a veces lloraba
al leer poesía.
Flamígera
invitación de
Lucifer
Acompáñame al atardecer
hacia el pequeño huerto
date prisa
antes que los gorriones
adviertan nuestra presencia.
Aún no anochece
y eres tan bello
como aquel que anuncia
la llegada de la niebla.
Yo es un cocodrilo
A predicar en lenguas
a besarme con el niño
entre los espinos.
Trance
Toda enfermedad
se transmite con la sangre
ya no recuerdo
la delicada lluvia de abril
ni aquellos trances solitarios
por los caminos del bosque
Todo fue en anomia
como lo cantan los desesperados
No recuerdo
cuando comenzó el deterioro.
Ánima
He hallado a otro
aquel que ahogó
en el estero.
De noche en noche
sol brilla
para nuestros juegos
para no ser vistos
por el ojo de la higuera
De noche en noche
sol llega con otro niño
para nuestros juegos.
Apócrifo
Vino y ajenjo
sandalias y hongos alucinógenos
una niña de nueve años
un trozo de noche
para las iluminaciones.
Que mis discípulos
no sepan de aquello.
He despertado
bajo un puente
sin fantasmas ni recuerdos.
*
Nada ha sucedido
nada
Mis amigos se acercan
a la muerte a paso frío
Ya nada me atemoriza
ni la espera de la lluvia
ni tampoco saber
que olvidarás mi rostro
cuando el invierno
me pertenezca.
*
Antes
el trino de los pájaros
rompiendo la escarcha
la ira contra
el padre muerto
contra el hermano que rió
de mis juegos.
Detenido
la ventisca de los días
recordando algo
en la nube de agosto.
Bebiendo en íntima
relación con la muerte
natural.
Antes
el aroma de un huerto
grosellas y manzanos.
Presagio
Algún día
hallarás a tu madre
barriendo el jardín
y al hermano muerto
cabalgando en un columpio
mientras los pájaros
caen seducidos
por el chirrido
de su vaivén.
Y la muerte será
la chica más bella
del pueblo
la noche será día
y el día mucho más
que un lejano sol.
(Andrógino,
I
Asumo que la poesía confunde,
pliegues crípticos de manos cansadas
Hoy prefiero el fragmento
Dialogar con parricidas, bandoneón que nunca olvidaré
por su fealdad.
Soy fiera ancestral, jungla que prodiga humedad
extrema y sopor.
preciosa la lágrima de Dios
sobre el asfalto
II
Las palabras son vampiras ansiedades
El errático modo de fluir una vocal verdadera; el centelleo
frío de tu boca
Dame una casa para incendiar la inútil imagen de la paz
Dame una sílaba, el goce irreal de la masturbación.
*
Hay una noche dentro de los días
el cadáver de la luz en el viaje del sol
El psicópata descubre en la fotografía de su madre
el eco de un amor que bramó al final de sus ojos
El murmullo de la vida, azote de alas de un fugaz pájaro
El día es el alimento de pobres de espíritu
En un charco puedes contemplar los párpados de Dios
Hay una casa oscura a pleno día
una noche eterna en el frágil aliento del calendario
Hay una mujer al otro lado de este mundo
nerviosamente canta fantástica parábola
a veces llega con puñal, al oído exita que debemos
alejarnos.
Six
Tengo el extraño talento de marchitar
todo lo que se mueve a mi paso
Cristo viene a mi casa
desordena árboles con el batir de alas.
Tengo luna y sol confundidos en el ano
débiles fotos de un estado anterior
Mi cabeza en todos los escenarios.
Nube de pájaros arrancó los párpados
ya nada hiere ni las ánimas de este mundo y el otro.
Como el vino a la sangre borré toda vinculación
como rocío al amanecer desaparezco.
Cristo viene a mi casa
dice que sol y luna son obras del diablo.
Premonitorio
Mientras el último evangélido despide luz en lenguas
el Tué-Tué dibuja el sonido de la noche
y sólo él comprende a fantasmas que avisan muecas tras
los árboles.
Una luciérnaga iluminó la cabeza y pude ver a través del
incendio
a niños famélicos jugando a las escondidas, ríos de plata
hacia
océanos de oro, a mi madre fiando el bienestar de mi alma
al sagrado corazón de un tal cristo.
*
En la solitaria incandescencia de la mañana
cicatriz el labio, alquitrán en la mirada
Una niña huye asustada en la virulenta avenida de la
realidad
El sol demarca la geometría indolente de un barrio pobre
tan mínimo como la quimera de nuestro redentor
En la plaza —soporte de alienados y mariposas— aún se
divierten
los soldados del hambre al giro diáfano nauseabundo de
una Ñusta
Sólo un perro comprende a un joven poeta
bajo el último ladrido del sol.
*
Mi hijo espera en la otra vida
que al oído masculla acrobacias de tísica diosa
Tu madre odia en un rincón de la palabra
De mis horrores gestó el mundo cierta animadversión
Alguien penetra la arteria que evidencia la enfermedad
La próxima vida y los vicios
pagana y bella la sangre que saltó al mundo
Mi hijo ha comenzado a reír a mentir
se aproxima nuestra religión
Niño semen
Un niño se masturba bajo la fiebre del verano
Su placer excita a las moscas que una a una se penetran
bajo las púas del sol
El jardín levita
Las arañas confeccionan el mapa del deseo
El cielo gotea toxina azul sobre el plumaje de gorriones
que en la trizadura agudizan un final
Una avispa sucumbe ante la miel de la paz.
Mi sangre cobarde
En la desesperación erré el lado de la cama
comencé a bordar el adefesio de la palabra
Ramero fue mi nombre, el desorden mi guía
—él amaba más, yo amaba mejor—
Construyó veredas de oro sólo para oír mi canto
bajo la niebla maquilló máscara para reír de una
que se lee en los otros
Ora levanto tu cadáver practico el arte de la putrefacción
Navaja cristal turba de ánimas
lujuria calumnia y desidia
río de heces; beso pálido azul
pájara muda pluma nocturna
flor mustia
sánscrito quechua arameo
azufre fuego lluvia
sangre aún más horrible que el ojo de la vida
clínica taco aguja
Siquiatría menor
Envié pulsión al edén, al ojo fascista que no parpadea
para el tropel de mi horror
Tu sonido atraviesa el bosque
aún más veloz e hiriente que
dañino sol.
Derroté la inspiración; bebí semen de pagano dios
Bailé en New York —la calle— perdida en el oasis del alcohol
Qué fue una gota de sangre en un pueblo de tiranos y
desaparecidos
Qué fue mi canto en el dial de los éxitos.
El que viste y calza
Soy un retrato mal hablado
Mi nombre mama sobre el cráneo de la poesía
—dardo pútrido crítica enferma—
Ofrecí el cuerpo a la sarna; al violento sudor de tu boca
Azoté la cabeza de amigos en cristal de índigo cielo
Canté junto a la ópera del odio
Bajé y subí con aspas y guillotinas
Emerjo desde el tierral de la anomia
Tengo mapas estelares tatuados en el cerebro
ciudades fantásticas
dioses y diosas que beben de mi copa.
Lengua del Sol
Un cantante no atisba el ruido de su pobre música
y en parlante hispano tuerce la máscara de la voz;
vaporoso flirteo en las polleras de una cruz malhadada
En la médula del sol
mi emplumada lengua de anaconda declina el precario
destello de tu inútil vapor que imita a la vida
mastica en pose glamorosa el mechón de su vulva;
rima y boga en tu frágil barca
Cuando un necio cantor de vía pública insiste en el lenguaje
mi Ñusta castra el parloteo de cristianos que no poseen memoria
y arrastra en la estridencia de sus ojos la fatalidad del universo;
atrapa el diminuto sol que se peina en diminutas bocas
estira cada segundo; múltiplo eterno en el fracaso de la vida
y en la animadversión de los sentidos borda un traje de fiesta y lepra
Mi lengua, bilingüe de acrobacias
gotea canciones en el ácimo de tus labios
Mi sexo se traduce a monosílabos
a un trompe indagando en la memoria de tu sonido
diluir cloro en sangre
despojar el significado de la voz en el canto
Lavo sábanas ajenas
surco la ranura por donde se oyen los angustiosos ríos del amor
Despertar en un catre vacío gesticulando danza burla
-desolación-
Soy la analfabeta
manos tajeadas
áspera pantomima para mi niño
Yo traduzco a tu madre
Canta y transfigura al final de los álamos,
la moneda gratuita de un mundo que no comprendió
Soy lengua diezmada -toda España en mis hombres-
Ella espera en un claro del bosque
Yo canto con labio vaginal
sin aborto ni dispositivo intrauterino
sin falo torpe que jamás eyaculó amor
Muerte & glamour
Sin patria ni sol
Tal como se extiende la niebla; manto irreal de ablución
Cuál tu nombre antes de majestuoso amanecer
Cuál tu refugio en la cicatriz de la noche
Cuál tu talento en maldita mañana
Una pequeña puerta contiene tu insípida vocal
–hay muchas salidas pero todas son tristes–.
Sin patria ni sol ni dulce recuerdo
vasos comunicantes –parálisis–.
Cuál tu hogar en el oscilante parpadeo del monitor
Cuál tu inefable canción en iris de arco cielo
Cuál la postal de tu muerte –nuestro mínimo perdón–.
*
De la putrefacción a la resurrección –dicen– sólo intercede la fe.
Tres íconos necesita el débil para saltar a la cocinería de Dios
–ingredientes perfectos para la redención–.
(Analfabeta,
Editorial Cuarto Propio,
2000,
53 páginas)
En un templo edificado por la demencia
Los evangélicos braman por un tiempo perdido
Azotan lepra en guitarras que jamás les pertenecieron
Un hombre se masturba en lenta cámara
Balbucea el nombre de una mujer desfigurada
Una lágrima de él es un océano de amor en otro mundo
En un patio interior
Un niño llora porque un pájaro ha muerto
El muchacho del ademan se interna
En el circuito de puñales y taxis
rumbo a la fiesta
Una bailarina borda flores de guaipe
en el tendido eléctrico
Y sus destellos son una corona inútil de santos y cristos
Nadie oye a los evangélicos
Cuando un niño llora porque un pájaro ha muerto
Matria
la ópera fue ensayada día y noche, una pieza
sentimental para los comensales
una pequeña ventanita de cholguán y visillo
color muerto permite al lector fisgonear –y por
qué no reír de la india travestida de selva lírica.
Yo no elegí el operático decorado de la cordillera
pero
pinté de sal y rosa los Andes
para contemplar en él, el blancor de una patria
Me vestí con los atavíos de mi madre
Me saqué los ojos para nombrar
Edipa santificada de coronas
En la ceguera vi a la india que cuelga de mis vértebras
loca que ejercita en mapuñol
el celular corro de las soledades.
¿Cómo comprender el pajaral canto de tu boca en el níveo
anonimato de las palabras?
¿A quién preguntarle por el sur o el norte?
He inventado una patria para los despatriados
mi pequeña ítaca, mi futura lengua
Para el ignoto fulgor que vibra en ventanas tapiadas
Para el hechizo que una mujer despliega en la finitud
de las tiendas
Para la carcajada cesante en la fugacidad de un atardecer
alcohólico
en un tempo áfono y afásico
Para el cuenco donde las cosas caen y
donde cada sentido riza la concavidad de un cuerpo
Para la pequeña distancia de tus huesos
que imita un futuro día blanco Blanco
de mi memoria
Para el espejal gesto de tu mano
en la trenza de la selva
Para la disposición de lo bello;
el oxígeno de tu boca sobre
el pelaje de mis dedos
Para tu cabeza india.
Ramera Amancebada de sol Azteca
Ona Maya Zapoteca araucanita
Quechua Aimará Naguatl
De sangre mi vestido jamás americana
Huk Indiapa Minueto
Trompanne Gapachacun Tzay Ichisaj Selvapita Uchkunkaj.
Para un muchacho periférico
Él, que nació para ser
contemplado, un Adonis halógeno
y poblacional.
Vi tu cabeza rodar en el vocablo
de la noche –muchachito–
Tu espúreo talento de neón sudaca,
fotomontaje lingual –mapuñol–
el peso de Dios sobre
tu párpado
Te vi caminar en la vitrina de
lo inevitablemente diario.
[Hoy –a los treinta– no te falta un varoncito
que silbe al ángel de ojos muertos en cada esquina].
Defines una canción
en la vestidura de la risa
Una primavera atrapada
en la pobreza de tus ojos.
Un hombre cayó sobre tu cuerpo –también calló–
La dictadura del DESEO
El carnavalesco idioma de un día de feria.
Te vi caminar en osamenta invierno
con lluvia en el hombro
en busca de un día claro.
*hacia un lumínico futuro, él, otorga diecisiete
venganzas en performativo paladar*
Gran avenida
(una nocturna velocidad)
Gran Avenida aparece como un pequeño Chile
un interminable día de feria
en su belleza y herida
Una transparente costilla de hambruna
diseccionada por tiendas y buses
un mínimo collar de
persas, topless y discotecas; un baritonal souvenir
de sordas palabras.
Sólo experimentas algo parecido a aquel
confuso sentimiento en la noche de año nuevo
donde el Himno Nacional no sabe definir si odias o amas
esta patria.
Gran Avenida es un hombre
que corta en múltiples mitades
una canción no elegida en el dial de tu lengua
bastarda.
Los maricas
El andrógino es considerado superior a ambos sexos
Porque encarna la totalidad y por lo tanto la perfección.
Mircea Eliade
Cruzados en un parque
En el filamento de las sombras
Entre destierro y farol
Hacen su entrada coja los maricas
Las bestias de ágata, torcidos e inmundos
Tronchando con sus gestos
El decorado siempre bastardo de una ciudad felina
Los maricas y sus citas
De párpado en párpado, su lenguaje binario
Como polillas siempre atentos a una nueva antorcha
que surja en el vergel nocturno.
Uno es la otra la otra es ella en mí y en el otro.
Sus pequeños y violentos actos
Paridos en estertor de un circo pobre
En una luminaria se emborrachan los maricas
Y relatan siempre una misma historia
Despatriados los maricas levantan una bandera; un
pañolete izado
en la fetidez de las muelas.
De la mano van los invertidos
Al encuentro de matarifes, lumpenaje y soldados
Al encuentro de mi canto
Al encuentro de un plumaje abanical.
Locos y tristes los maricas
Condenadamente alegres
Indeciblemente bellos, bellos.
Lingual
no conocemos el uso de las palabras –fue su grave
sentencia– y como colibrí su lengua se posó en un juego
de alas y sílabas –según ella Wittgenstein y Lezama tarde o
temprano aparecerían–.
Liada en el límite de un lunar venusto
Lees el lupanar latido de tu nombre
Lacrada y loca haces de tu voz un
Látex lingual en el rosal de las vocales.
La carcajada de limo en la verga de la noche
Libélula lustrosa; simulacro en el muecal
Jacinto de tu padre
Levitante lanar de liendres, orquídea nefasta
en el ulular de tus miembros, en el
Línceo parpadeo; sílbico orinal de los hombres
Labial ligoso de tu cuello, aljófares que hacen de tu boca
una cueva de deseos.
Lengua perdida en el luminoso letral de un Chile que deviene
Lágrima, pene y herida.
Pasión y muerte del novicio más amado
de nuestra religión
Él (que toda su vida fue ella) desconsolado en el caramelo
de su encarnación parecía intuir desde su óptica (en tristí
sima tisiquez) el amargo pasaje en aquel templo, la preñez
del instante presagiaba el agobio y la miseria que el
pequeño marucho y la monja china urdían, cuales sastres
de un desprecio mayúsculo, en su oropelado cuerpo
(desierto diamantino) dispuesto al convite de nuevos infortunios.
La monja china rendía homenajes esdrújulos a un pasado
(una pequeña edad de oro) consagrado a un diácono
ausente de toda religión, en cambio, el marucho parecía
ser sólo una sombra en el teatro de Pekín, una gata siamesa
doblemente mala en la ortiga reina de su lengua.
Una noche Él (que toda su vida fue ella) olvidó la escritura
en el ejercicio de su transcripción. A decir verdad su otra
belleza ofendía el destello de una cruz que en su mutilación
hacía del pórtico dos sortijas en el dedo de maría, en el ojo
del convento... “estoy desapareciendo en la puerta de mi
casa me veo con sandalias y rostro de Cristo, con el cuervo
en el hombro hablándome de la muerte y sus prodigios, estoy
desapareciendo como una estrella de cabaret, hambrienta”
último sueño signado en el muro sur de su celda.
Una patria
Toda bandera es un río de sangre.
Stella Díaz Varín
De la mano de un poeta
junto a las aves de la noche
hacia el quejumbroso amanecer de una lagartija
hacia el diestro y manco de un corazón:
el luminoso Santiago su cojera su música;
una droga espiritual, indecorosa.
Un lunar paseo en la noche zalamera
De tu viaje y el mío, amor mío; sombra y pluma
Dejas caer una liendre de plata
Instalas tu dedo en una nube de moscas
donde las alas son puertas y ventanas.
Tú y mi guaipe; cosmetóloga de una derrota
en esta pretensión de viaje
Humedece el futuro en la boca de un muchacho
y no toques al que canta.
Eres una ruina de aromas y amores en el incendiado pasillo
de una patria
Una india violentada por una ciudad de balcones y alamedas
Por las uñas de Santiago Por los muslos de España
Por el glande de Santiago Por el ombligo de España
Por las caderas, las arterias, el hígado
Y la bronquial de un relato
pista y dorsal.
Dónde está tu casa
Dónde están tus pájaros de polen
Dónde está tu foto, tal vez en aquella vitrina pintada en la
orfandad de una calle.
Subir por la dorsal
Bajar por la hipófisis
periferia de tu canto.
(Matria,
Cuerpos
I
Veo cuerpos
fantasmas lunares
en el vacío de una ciudad
libélulas de cobalto
amebas de calcio espectral
que llegan a ti
como enjambres
de una sola vocal.
Cuerpos
simples y enlodados
cirios nocturnos
en la oxigenada cabellera
de latin american vanidad.
Cuerpos
que en añaral trampa
hicieron de tu boca
un veneno selvático
en rojo genital.
Cuerpos móviles
ortopedia artefactos
nenúfares piroplásticos
mórbidos Budas
aceitados
en goce espiritual
famélicas indias
en violado crisol de hispanidad.
Dialogo interior: Cierre los ojos y dibuje un pentagrama
de sal
en la aorta de su nación.
Sí, cuerpos versátiles
de activo o pasivo desear
¿Puedes oír los graznidos al amanecer?
húmedos flamencos en aúrico flamear
II
Cuerpos
La que bebió parafina para cuando
por ella un mancebo tocase
estallara en supernova de maldad.
Veo uñas y espaldas
sortijas de Nínive
miembros y perlas
engullidos en un fresco
de Tenochtitlan.
Cráneos y fémures
en pasarela local
Un joven ladrón de palabras
un Huitzilopotchtli con ojos de alacrán.
Cuerpos
que ni siquiera tienen cuerpo
cántico de Heraldos Negros
Vallejiana lágrima de Sacsahuamán.
Dialogo interior: Toma la vida como si la vida fuese
algo… interesante
Vértebras de platino en latin american
majestad.
Cuerpos
Guindas y diamantes en la cresta de un chico punk
Garzos milicos en el sayo de
jalde asesinar Banderas fosforescentes de sangre y cal
Aromas matrios para
en ledas tonadas deleitar a la que cabalgó desnuda
hacia ti Sólo para de labios
a oídos repetir que todo es vanidad.
Bondage
Y era su sexotérico y perverso peril
–mantis de oro y arsénico–
en que vuesa merced
depositó en mis ojos
el incendiado camino que conduce a tu corazón.
“oh, mi señor, ten piedad de mí, repetías”.
No haré la paz con tu cuerpo.
Si supieras que mi corazón
no alcanza para esta vida
Si supieseis quién es el que os dice y bendice
Me rogaríais que os diese de beber.
Y son los grilletes de la culpa
los que te hacen más bello y sin razón
un deseo celeste, a velocidades fantásticas en la
soledad del uni-verso.
Colgué esperma de cirios en tu cabello
y de forma telépata te liberé, vasallo, del dolor
ese que ustedes los seres humanos confunden a veces
con el mal de amor, uff.
No haré la paz con el cuerpo
susurré en rizomáticos afectos
Oh, mi pequeño objeto “a”
mi pequeña india en horario prime.
Estas son las palabras, con las cuales
en débil callcenter
Xuana enloqueció
Y en justillo y airón erguido
a su señor contempló…
(Boca, inédito)
Graciasss/letras.mysite.com/asi
Graciasss/www.academia.edu/Obra_Reunida
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