LOS OJOS DE YOCASTA
EDIPO: - ¿Qué padres? ¡Quédate ahí! ¿De quién
he nacido yo?
TIRESIAS: El día de hoy te hará nacer y perecer.
tiene la piel viscosa
y la carne muy delicada.
no es de mujer su tormento y su seda descubriéndola por
momentos confluyendo y tornándose carne, el dolor como
un ocaso tendiéndola frágil sobre todo pecado
pero sucia
Yocasta con pies abiertos como flores y el cálido sopor de
veneno e insectos
sus cabellos abiertos, ‘sueltos’, apenas alas de un murciélago
de azogue y el agua y la sangre creciendo de sus senos
pero su sexo pende como una espada
su sexo pende como un pez muerto, la aleta dorsal está
quebrándole el vientre, vertiendo lágrimas y corales
su sexo pende y se estremece la certeza de la muerte, su vientre
se dilata como un cáncer
Yocasta ya no tiene sexo
está peinándose con raíces de cedro, quitando la dulzura
de su leche
está ahorcada de frente a la cama
y tiene los ojos de su hijo
sujetándole el vestido,
como prendedores.
*
Tiresias devoró sus ojos, puede palpar el dolor y la sangre
de edipo en sus espaldas
y multiplica la súplica
transforma sus manos en ramas de laurel y ahorca sus
palabras con una cinta blanca
hace florecer racimos de agonía y los ofrece a Edipo
*
he nacido yo?
TIRESIAS: El día de hoy te hará nacer y perecer.
tiene la piel viscosa
y la carne muy delicada.
no es de mujer su tormento y su seda descubriéndola por
momentos confluyendo y tornándose carne, el dolor como
un ocaso tendiéndola frágil sobre todo pecado
pero sucia
Yocasta con pies abiertos como flores y el cálido sopor de
veneno e insectos
sus cabellos abiertos, ‘sueltos’, apenas alas de un murciélago
de azogue y el agua y la sangre creciendo de sus senos
pero su sexo pende como una espada
su sexo pende como un pez muerto, la aleta dorsal está
quebrándole el vientre, vertiendo lágrimas y corales
su sexo pende y se estremece la certeza de la muerte, su vientre
se dilata como un cáncer
Yocasta ya no tiene sexo
está peinándose con raíces de cedro, quitando la dulzura
de su leche
está ahorcada de frente a la cama
y tiene los ojos de su hijo
sujetándole el vestido,
como prendedores.
*
Tiresias devoró sus ojos, puede palpar el dolor y la sangre
de edipo en sus espaldas
y multiplica la súplica
transforma sus manos en ramas de laurel y ahorca sus
palabras con una cinta blanca
hace florecer racimos de agonía y los ofrece a Edipo
*
entra Yocasta alta como un ciprés, su cuerpo envuelto
en un peplo bordado con blancas
heridas de magnolia
tiene barro bajo los párpados y un rostro de campanas
Yocasta desata sueños en su huida hacia los ojos.
*
Yocasta cubre sus muslos con hierba y telarañas, sus espaldas
se abren con el destello fosforescente de la súplica,
sus brazos
nudos de tormenta y en su vientre una granizada oscura y
llameante
sangra lágrimas como
plumas de colibrí,
un temblor de los párpados prolongado en brumas de oro.
*
Yocasta pequeña y masturbándose, lejos de las alas y los
sonidos labrados en cobre, el cabello atándole como por
descuido los dedos a un fuego de jade y orquídeas
Yocasta balanceándose, bebiendo un cáliz de hierro y arena,
anudando su vestido a un hilo de serpiente
feroz, entre gritos de parto, sus pies rotos de espuma
astillándose de flores el vientre,
una figurilla de lodo atravesada
por un eje de sueños.
*
este dolor está representado como delicados pámpanos de
cera, de colores incandescentes, pulverizando el iris y
abrazando las formas del suplicio.
Edipo y la esfinge
seducida y muerta por Edipo. El segundo escoliasta escribe:
“algunos piensan que no era un monstruo, sino una profetisa
que dictaba oráculos poco inteligibles y mataba a los que no la
comprendían”.
Edipo y Yocasta
Según un pasaje de Homero, se celebraron en Tebas juegos
fúnebres en honor de Edipo. ¿Debe deducirse de ello que las
cenizas del hijo de Layo descansaban en esta ciudad? Algunos
autores dicen que fueron rechazadas de ella, así como de otras
ciudades.
*
ocupo su lecho, ocupa mis ojos el aliento iluminado de Yocasta
*
Se representa a Yocasta siempre sangrando, pero como virgen.
*
se representa a Yocasta siempre sangrando, pero como virgen,
flagelándose con ramas de mirto, quemando miel e incienso
en sus rodillas,
siempre desnuda, pero sus brazos enlazados por el canto a la
imagen de su hijo.
*
un dibujo en la máscara de Edipo, un dios que besa en sueños
una figura de barro.
SALMACIS Y EL BRILLO
Luz de ópalo y cereza
no hay oro sino en tus labios. Salmacis
−quiero beberlo
Picar
corroer aquel extraño relampagueo de cenizas
hallar muy por debajo la palpitación del brillo
aquella breve calma blanquísima
enjoyada en el silencio como una abeja pequeña
no hay brillo sino por dentro de tus omóplatos
lamiendo una linfa traslúcida
un rumor de los huesos que casi se desvanece en las
yemas de los dedos
señales de tiza atrapan el cuerpo
cae el polvo de los labios como un soplo tajeante de lirio
así corta mis ojos.
*
no hay narciso que se mire en mi cuerpo
y vuelva a su brillo con la soltura de una mano acariciante
todo agota su esplendor
escarcha las palabras de otro oro
y el oro como un tallo estrecho y delicado
roto en el eco de la propia angustia
todo agota su esplendor
y sólo queda una marca de tu rostro
en mi rostro
un nombre roto de brasas en tu espalda
como un vestigio de incienso en una caja oscura
las palabras escarcha de otro oro
un nombre roto de brasas en tu espalda.
*
enlaza fuente al polen de los cedros
brillo y volumen copos blancos suspendidos en el párpado
como iluminando por dentro el espacio del ojo
pez en el estanque y las flores de hueso enlazando la onda a
la frente
y la frente a su eco nevado,
dulcísimo
en la dulce punta de la lengua
y la dulce flor de pedernal.
“se abre como el agua en las yemas de los dedos”
Luz de Mazapán
Salmacis tiene el bucle de oro, como Kipris, su peplo danza
suelto entre verbenas y girasoles pequeños
su cinturón enciende el roce de un canto oculto en la madera
y el silbido penetrante del sol en los pétalos de malva
el salvaje canto en que se esconde una sed que es toda su figura
un trazo muerto en el aire
Salmacis tiene el sexo de cera
y pendientes como trenzas urticantes que flagelan sus mejillas
si abre los pájaros de su vientre
roto el sudor en la frente del muchacho, crecerán deformes
cortezas y las piedras “pesarán gravemente”
harán oscuras sus mejillas.
*
una lágrima de brillo: el pico de un colibrí
en el bosque,
se hinchan con el viento las ramas de un álamo
persigue la mirada un rocío de lentejuelas, la marca en hueco de
un pequeño relámpago
cenital
ilumina
sobre en bloque de madera de castaño
las trenzas de Salmacis
cabellos esparcidos como líneas del rostro en
el mapa de su cuerpo.
Luz pequeña
entre los granos de arena
el origen del brillo acorralado
desmorona el cuadro que construye el ojo
apenas una lámina encalada
se aparta el nombre de su huella como un árbol de la corteza
no hay figura sino mapa
centelleante de piel y cenizas
otro signo hace un trazo hueco del anhelo
de encontrar en el estanque un único rostro
como rocío sobre una orquídea
nombre veta iodada raspa un manto de seda negra
y el hueso nunca cesa en su dibujo de esmeralda
*
profundo en el párpado el roce del agua traza un esbozo de
mimbres temblando y cayendo en el pozo de un nombre
infinito
que raye y ofenda de surcos en sangre el dibujo de bruma que
vela y marfila de muerte su sexo
que escoja jirones de llama y de ámbar que trence con ellos
la red de su nombre
del nombre un abismo
una flor de nácar
*
el espejo copia la forma de su reflejo
el nombre del rostro, su vaina de brillo
siempre distante, siempre su propio centro obliterado
se abre sobre su imagen tatuando el cuerpo
para el abismo.
Luz veteada del ojo
“y con la sangre juntaste el cáliz en que el hueso pule su acento
níveo”
desmorona los nombres:
tu rostro filigrana incandescente de otro rostro
el rostro
un eje se disloca como un eje
el rostro se deshace
un centro de ópalo una lágrima.
el rostro se disloca, un eje
eclipsa un centro de ópalo
se deshacen
bajo una luz de calcio centelleante
sobre la arena al rojo
el sueño se disloca
como una lágrima.
en el calcio de un espejo el estanque se hunde y
desmorona.
*
el rostro formado con trozos de paja brillante la flor de hueso
la marca del rostro
una huella veteada de palabras.
*
el rostro asido con trozos de paja brillante una flor de hueso
una huella veteada de palabras
*
atar mis ojos como a un perplejo roce
de espejos que me aten
*
atar mis ojos quisiera
como a un perplejo roce
anudar el rayo
a un rostro de paja
de espejos que me aten
SANTA RITA
el arco tendido al sacrificio
y en el origen: fue mi signo impugnando la púrpura, el roce
opaco del cartílago
la frígida llama del lenguaje en pleno rostro?
ni resaca, ni marcas en la brasa de la carne
las mejillas vueltas hacia dentro
ni huella en la que transparece la palabra mínima
ni estela de sangre en el dorso del agua
sí tu figura esbelta en el ramaje de los sueños
sí tu cuerpo de follajes desatado en la hojarasca
*
tu aro de ágata
tu ombligo de jaspe
en mi sexo un mordisco de corales
ceñido, tallo tan negro
como pliegue en la yerta extensión de la noche
fúlgida como el grano maduro
torrente naranja, iris del maizal enceguecido
tu arete de mimbre
la vulva un ojo de esmalte
tu sexo entero destaca, en el desorden de la falda
un doblez nacarado
*
como acero rayado de esmeralda, pleno
tu rostro
de aro. Y dices que vivir no es posible
porque en el sueño la vida se agosta
se huye y se mezcla
porque, dices, no hay noche
sólo un lento y tembloroso escamarse de la luz
*
fobestor: pálida es tu sangre
y tu figura un despojo de la sombra.
como un pájaro apareces
arrancando de mi sueño el contorno de la fiebre.
cuánto has dibujado, tan lento, sumiso,
en los pliegues que las horas adormecen,
mi delirio?
cuánto has estragado mi sangre con la imagen
fatal de la cifra en que palpita
−otro pájaro−
la muerte?
desatado el arrullo perplejo de la luz sobre el penacho
oscilante de las cortaderas
quebrado
su vasta incandescencia
tajeada
por el sueño en que tus dedos han sumido mi destino.
el sueño era la fiebre, fobestor
y yo tan sólo el sitio que él usurpa.
*
cernida la luz de la muerte por las ramas tranquilas del
aguaribay
cedazo de brillo esmeralda, sobre tus hombros
las hojas suaves, tu cuello la brisa
vórtice tu boca, de la tarde
eje despuntado en el sueño, vuelto de plata
vientre ligero, de esmalte sobre el instante
en que el río se despliega, página brillando
sobre la costa
dijiste: el sueño todo, en fin, lo poseía
y cada vez, cada palabra, era una sólida
placa rutilante
llenando de fulgor
el sitio vacío en que se abría tu presencia
mi presencia
la bendición abrasada de las cosas.
*
robado el sueño, todo yace
deshecha la memoria, no retorna
la palabra sino como estandarte enlutado
erguido, astillado en relumbrones opacos;
fulgen las cenizas.
todo fugó su brillo, pavesa
la palabra encendida de un fuego imaginado
el vano rebrote del maizal en plena helada
la frígida llama hincada en el tallo,
el rostro en la memoria
agostado
el sueño robado, todo yacente
ya seca
el agua fresca de la voz en la palma de la mano.
*
el fuego despellejado, jirón de lengua
caricia en el dorso del maizal
agostado
la helada bebiéndose la orilla
en el Carcarañá, astillas de sauce contra el hierro de las vías,
madre y máquina aventada
el riel,
hueco como una flauta, esbelto rayón de hielo
azul de herida deshecha en la gangrena
allí hablaste.
(Santa Rita,
Ediciones Último Reino,
Buenos Aires,
1988)
CB (Rosario, Santa Fe, Arg., 1964). Santa Rita
fue escrito entre junio de 1986 y junio de 1987.
Actualmente reside en los Estados unidos desde
los años '90. Es curador de arte contemporáneo
en Philadelphia Museum of Art desde 2005.
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