ENRIQUE SOLINAS


Tres muertes
 
                                             a Mascha kaléko
 
La primera vez que morí fue
cuando murió mi madre.
El hospital era negro como el cielo
y su respiración cesó
como cuando el viento calla.
La segunda vez que morí fue
cuando murió mi padre.
El hospital era claro como el sol
y todos teníamos la certeza
de lo que iba a suceder.
Pero la tercera vez que morí,
aún sigue sucediendo.
Todo fue de repente
y el amor no alcanzó
para que te quedaras.
Enterré tu memoria
en mi corazón
y allí existe intacta.
Ahora sé que no sé
–y esto es seguro–
si estaré muerto
y no me he dado cuenta
o si morí tantas veces,
pero tantas veces,
que ya no muero más.
 
 
Dejarse ir
 
Suelta el cuerpo su alma, suelta
las teorías sabias, la armadura del tiempo, suelta
lo material que ya no te pertenece,
el aroma del miedo en el filo de esta tarde.
Suelta tu corazón, los sueños inconclusos, suelta,
ya no habrá mañana para vivir.
Y aunque parezca triste esto que digo, suelta
la razón que no contenta a nadie.
Porque morir es terminar
y soltar el mundo
conocido.
Porque morir es empezar
de nuevo la vida
otra vez.
 
 
Hai-Ku
 
Y esta pena es
memoria y olvido,
bajo este cielo.
 
 
Der Gesang
 
Hoy es domingo y nada
es fácil
de este lado del corazón.
Hemos sobrevivido
a todo,
a la palabra nunca,
a siempre,
para poder decir
que contemplar
el mundo
es un milagro.
Bajo la luz del cielo,
canto mi muerte
y escucho las voces
de los que ya no están.
Y soy un extranjero
mudo,
en mi propia tierra,
bajo la luz del cielo.
 

Poema para tu cumpleaños
 
Estas palabras nunca serán
lo suficientemente ciertas
para decir todo lo posible.
Celebremos la vida esta noche,
he visto tu rostro
bajo el cielo estrellado.
He sentido el amor.
Hago una corona de flores,
la coloco sobre tu cabeza,
tanta belleza me emociona.
Como esas canciones de infancia
que en el recuerdo se repiten
una y otra vez,
así en mí,
por siempre.
 
 
Kénosis
 
“…se despojó a sí mismo,
tomando forma de siervo…”
                          Filipenses 2, 6-7
 
Siempre regresaremos a la misma casa
que nos vio nacer
donde vivimos los días del adiós
con los ojos abiertos.
Somos los hijos pródigos
que siempre vuelven
cuando el mundo es extraño,
porque no supimos amar
o amamos, en la distancia
demasiado,
demasiado tiempo.
Si supieras
que ya no tengo
miedo de morir,
si entendieras
que ya no tengo miedo.
De esto se trata nuestras vidas:
despojarte de todo
cada día que pasa;
cerrar los ojos
y entregarte al mundo,
sin que lo puedas evitar,
con el corazón en la mano.
 
 
Temer
 
Noche oscura del corazón,
tengo miedo de las palabras.
Ellas hablan sobre lo que vendrá
y me dicen
que más allá
no hay nada.
He aquí lo que soy
he aquí lo que sueño.
Este es
mi cuerpo
y tengo miedo.
 
 

Ser y estar
 
De todos los instantes que viví
elijo aquellos en donde estuvimos
siempre juntos.
Y no es un lugar común esto que digo,
sino que cada momento compartido
brilla cada vez más en la distancia.
Se hace más fuerte y echa raíces,
como esas fotografías que mirábamos
y entonces
recordábamos la dicha,
el fulgor, el frenesí,
al posar y quedar inmortalizados
en la eternidad de ese instante.
Porque todos mis poemas
y canciones de amor
son tuyos,
sé que no volveré a sentir
nada como lo que sentí y siento.
Por eso tu permanencia en mí
cada vez que regresas
en forma de poema o de viento.
Por eso tu permanencia en mí,
tu llegada
hasta mi corazón desolado.
 
 
El cuerpo de la desaparición
 
Donde hubo un cuerpo ahora
está su ausencia
y dibujo con mis manos
el contorno de lo que fue,
y espero a que el azar
devuelva con su magia
lo desaparecido.
Siempre hemos de esperar
lo que no va a suceder.
Siempre esperamos
el milagro de la vida
en la desolación del instante.
Créeme: Cuando tu cuerpo desapareció
para mí fue demasiado
y golpeé todas las puertas
de la tierra y el cielo,
para poder acompañarte
y traerte de nuevo.
Créeme: aún espero en casa
tu regreso.
Sé que algún día vendrás,
sin que te espere,
a buscarme para ir
a la morada última
del tiempo.
Sé que vendrás,
lo sé.
Pleno de luz,
como una barca silenciosa
para así navegar
las aguas
de este corazón perdido.
 
 
Domingo de ceniza
 
                                    a Diana Bellessi
 
Es domingo y siente que no está
en el lugar donde la noche crece
como una luz que guía
en la penumbra
los pasos hacia el porvenir.
Desorientado existe y siempre espera
la mano que lo lleve hacia arriba,
hacia Dios, hacia su cuna,
hacia la otra orilla,
donde la vida de verdad lo espera
y es comienzo y no fin,
de su propia historia.
Tiene miedo y sabe que está bien,
que el temor nos recuerda
nuestra parte humana,
que no podemos todo,
que a veces debemos
permitir una ayuda,
que es bueno dejarse sostener.
Entonces es domingo
y no hay nada que decir,
nada que esperar.
Sólo saber
que este dolor que siente
no lo entiende,
que el dolor en sí
es gratuidad.
Llega la noche y crece,
pero en otro sitio.
Llega la noche y crece
hasta abarcar el mundo.
Entonces es hora de pensar
en lo que realmente importa:
¿Qué hará el muchacho,
ahora,
que lo ha perdido todo?
¿Qué va a hacer el muchacho
ahora,
con tanto dolor?
 

Dejarse ir
 
Suelta el cuerpo su alma, suelta
las teorías sabias, la armadura del tiempo, suelta
lo material que ya no te pertenece,
el aroma del miedo en el filo de esta tarde.
 
Suelta tu corazón, los sueños inconclusos, suelta,
ya no habrá mañana para vivir.
Y aunque parezca triste esto que digo, suelta
la razón que no contenta a nadie.
 
Porque morir es terminar
y soltar el mundo
conocido.
 
Porque morir es empezar
de nuevo la vida
otra vez.
 
 
Corazón, corazón
 
Situado en el centro
de mi pecho,
domina el sentimiento
la razón. Piadoso
y sin piedad existe,
su espíritu es tan fiel
como esos galgos buenos
que siempre me acompañan.
 
A veces en su latido
hay dolor,
probablemente sean las flechas
que alguien lanzó al azar y se resiste
a morir con razón,
a dejar de existir,
a vestirse de olvido
en esta tarde amarga.
 
He aquí la belleza,
he aquí el terror:
abrazar contra el pecho la certeza
que todo ha de morir,
que el mundo es efímero y fugaz;
que amar y ser amado es una condición
de un instante, de un día, de una hora,
un momento cualquiera
en algún recóndito lugar
del universo.
 
Ay, corazón, corazón,
no hay nada más triste
que saber
 
que todo ha de morir,
 
que todo ha de morir
y que es inevitable.
 
Sin datos a que libro/s pertenece/n
 
Graciasss/santarabiapoetry.com/enrique-solinas-el-cuerpo-el-poema/
Graciasss/circulodepoesia.com/2022/poesia-argenti-enrique-solinas/

***
 

II
 
Esto tengo y esto soy,
digo
y es un intento del decir,
y me asomo por la ventana de este lugar
que sirve para curar la Historia.
Aspiro la brisa que entra cada mañana
y escribo una carta que dirijo hacia mí.
El aire se confunde
con el aroma de la gasa,
empapada anestesia.
 
Hay
una enfermera
y un simulacro de Doctor.
Charlan.
Cerca de un pino.
 
Y lejos estoy, a la espera de mi correspondencia cotidiana para
pasar la tarde, como un intento de matar el reloj, como quien
juega a la rayuela con los ojos en blanco.
Y lejos estoy,
demasiado lejos.
Desde la ventana del hospital el jardín es más que saludable
aunque supongo una peste que acecha en las raíces de las plantas.
 
Cuando llegue mi turno le mostraré la carta el Doctor
y él tratará de curar mis frases,
las internará y les dará pastillas para aumentar el dolor,
para que lo Uno
sea siempre
lo Diverso.
 
Y todos los días de mi vida iré al hospital.
Y todas las noches de mi vida.
 
(El Gruñido, 1997)
 
V
 
Recita su voz, recita su voz:
una letanía como un relámpago que nadie puede acariciar,
cuando la tarde cae,
cuando el día se eleva,
como un barrilete invulnerable
capaz de atravesar cualquier incendio.
Dice con voz de padre
–dice la voz–,
dice con voz de viento:
 
“Diga treinta y tres
y le prometo que después el mundo
será de cualquier forma.
Le sonreirán las aves.
Las bestias
Se arrodillarán ante su miedo.
Diga treinta y tres,
diga treinta y tres.
Y le prometo un mundo a su medida.”
 
Recita su voz, recita su voz. Una y otra vez,
recita su voz:
una plegaria como roca que Dios deja caer desde su mano;
una plegaria como un cigarrillo que nunca termino de consumir;
una plegaria como una maldita plegaria
que escucho desde mi nacimiento,
desde el fin de mi nacimiento
y que tendré que oír
como una melodía confesional.
 
A mí las palabras me cansan.
Ya no quiero explicar.
Recita su voz un número,
el número de alguien en un campo de concentración,
concentración donde se cumplen todas las batallas,
batallas donde nacen y mueren las palabras.
 
Recita su voz,
recita su voz.
 
Recita su voz
en su propia voz.
 
Recita
 
porque no sabe qué hacer
con tanto infierno
en las entrañas.
 
(El Gruñido, 1997)
 
 
El Poema
 
Hacer cada día un altar de visiones
para que la memoria no despierte,
para que seas el aire de todos los misterios
y que los vivos y los muertos
ni siquiera te rocen,
que las miradas se desvanezcan,
que con tus hilos de sombra tejan una patria de luz,
porque serás más grande que la noche,
más feroz que la espada,
y porque en el perfecto final de cada espejo
encontrarás
el verdadero nombre de tu voz.
 
Hacer cada día una significación de la locura,
y que la infancia te abrace con sus gritos,
que no te atrevas a decir el olvido.
 
Hacer cada día un naufragio para vivir.
 
Hacer el amor
o acuchillar palabras
es lo mismo.
 
(Signos Oscuros, 1995)
 

Este Escriba
 
Quiere decir la verdad y el amor pero no sabe,
intenta un lenguaje para extraer vocablos,
un balbuceo real
pero no es eso,
roza las puntas primitivas de las palabras,
se acerca,
se está acercando,
pero cuando parece llegar
en realidad se aleja
y nunca aprenderá la realidad del canto.
 
Bebe un poco de aire, escribe, demasiado esfuerzo.
Oculta sus ojos en la cacería del instante.
Busca un signo en la oscuridad
y comienza a decir:
“La verdad es un pañuelo en llamas
       en la noche de colmillos sedientos“.
Pero la verdad no es eso y mientras dice, calla,
porque es lo mismo decir lo que no existe
y no decir las únicas palabras.
 
Entonces piensa:
“La verdad es una iglesia en ruinas que se expande,
       una ronda de nada en torno al vacío.
       La verdad es esto que no puedo decir,
       es un lecho fugaz en donde duerme la locura.”
 
Pero la verdad no es eso y comienza la idea del amor.
Como una vibración en la mano.
Como una vibración en el cuerpo.
 
“El amor es un puñal clavado en el mar
                para que las aguas se diluyan,
una luz que enceguece
                en un parque imposible.
El amor es un alambre que divide
                la tierra de la razón.
El amor es una espada que brilla.
                El amor es silencio.”
 
Pero el amor no es eso
y así transcurren los días y las noches.
 
Pero el amor y la verdad son otras cosas:
acercarse a decir
pero no llegar nunca
porque la vida es eso
y además otra cosa.
 
Girar en círculos de fiebre
al mismo tiempo que se busca.
 
(Signos Oscuros, 1995)
 
 
Escrito a fuego
 
Uno va por la vida
como quien regresa al lugar donde se cantan
las canciones de cuna,
a paso de guerrero,
con la lanza quebrada
y una herida que nunca se termina de sanar.
El cuerpo que soporta
las mordidas del tiempo
es el cuerpo de la Historia.
Y uno va
preparado a golpear las puertas de la Casa del Orden
–las manos tan cansadas,
la sangre que corre por la vida–,
bajo el brazo
el tejido de los sueños:
tejer y destejer
los distintos caminos que me nombrar.
 
Con un hilo brillante, con un hilo de noche,
con la sombra de un hilo que se incendia.
Así escribiré.
Y aunque caiga sobre mí toda la violencia del mundo,
y aunque la muerte me lleve cada vez más lejos,
y aunque recuerde el nombre perdido del comienzo,
así,
escribiré.
 
(El Lugar del Principio, 1998)
 

Retrato de Enrique 6:00 AM
 
Estoy aquí
esta mañana,
mientras afuera los autos
atraviesan el mundo.
 
Como si no tuviera importancia
yo quiero decir
la noche,
pero en esta mañana es imposible.
Afuera los autos vienen para irse
al mismo tiempo que el sol
pesado se levanta
para mostrar que yo no voy
en ninguno de ellos.
 
“La realidad, la sombra de la realidad,
el gesto de la fuga es la realidad”,
digo,
sentado en mi cuerpo de escritor,
mientras me miro en el espejo
y pregunto “¿quién soy?,
¿quién me creo que soy?”
 
Entonces,
igual digo la noche esta mañana,
me paso la crema de afeitar
y no termino
hasta ver en mi cara
la voluptuosidad del color rojo.
 
(Jardín en movimiento, 2003)
 
 
Rutina
 
El muchacho cabalga hacia la aurora
para abrir y cerrar el mundo.
Es el aliento de la infancia el que lo obliga
a cortar su corazón.
Es el aliento de la infancia el que lo obliga
a coser su corazón con aire.
 
Tantas palabras, tantas,
que ya no hay
qué decir.
 
Es el aliento de la infancia la aurora.
El sol es rojo.
 
(Jardín en movimiento, 2003)
 
Graciasss/metaforologia.com/enrique-solinas/
 
***
 

El Gruñido
     (1997)
 
                                        “Credo quia absurdum est”
                                                                         Tertuliano
 
I
 
En un sueño prohibido que todavía flota en el espacio,
universo de espejos en donde un globo rojo
resalta en la oscuridad,
y en un cielo de cuerpos donde una oveja
corre tras el rebaño que la persigue
y así,
en tiempo indefinido,
el rebaño no alcanzará a la oveja
ni la oveja alcanzará al rebaño;
ni el sueño                 
                   –como barco sin nombre–
encontrará algún puerto,
ni el globo rojo dejará de multiplicarse.
 
Y puede ser un hospital enfermo
donde me encargo de limpiar           
 
             lo imposible.
 
Y pueden ser
las calles sucias de un hospital,
las veredas contaminadas.
 
En un sueño confuso donde el amor y el odio celebran una fiesta
y en un sueño muy nítido donde el amor y el odio ríen un funeral,
existe alguien,                      
                   alguien que dice                                         
                                         una palabra:
ángel partido en dos que aumenta la distancia entre el significado
y el objeto. No hay unión. Hay un mostrar el Caos como forma de
Orden, un despliegue de cartas que el destino marcó y unos dados
que ruedan incesantes a la espera del número perfecto.
 
Una palabra,                    
                   alguien que dice:
aquí empieza el camino donde caminarás el lenguaje de la furia,
donde tu sed querrá beber de la rosa más alejada,
donde tu cuerpo conocerá otros cuerpos y no conocerá,
                                           donde todo lo imposible es
                                              la realidad del mundo
                                               y se edifican paredes
                                                  para ir más allá
                                                 del pensamiento.
 
II
 
Esto tengo y esto soy,
digo
y es un intento del decir,
y me asomo por la ventana de este lugar
que sirve para curar la Historia.
Aspiro la brisa que entra cada mañana
y escribo una carta que dirijo hacia mí.
El aire se confunde
con el aroma de la gasa,                                      
                                     empapada anestesia.
 
Hay
 
una enfermera
 
y un simulacro de Doctor.
 
Charlan.
 
Cerca de un pino.
 
Y lejos estoy, a la espera de mi correspondencia cotidiana
para pasar la tarde, como un intento de matar el reloj,
como quien juega a la rayuela con los ojos en blanco.
 
Y lejos estoy,       
                 demasiado lejos.
 
Desde la ventana del hospital el jardín es más que saludable
aunque supongo una peste que acecha en las raíces de las
plantas.
 
Cuando llegue mi turno le mostraré la carta el Doctor
y él tratará de curar mis frases,
las internará y les dará pastillas para aumentar el dolor,
                                                para que lo Uno
                                                   sea siempre
                                                    lo Diverso.
 
            Y todos los días de mi vida iré al hospital.        
                    Y todas las noches de mi vida.
 
III
 
“Cantas tu canción
y en tu garganta un pequeño hombre
pulsa las cuerdas del sonido.
Toca tu canto,
ángel perdido en los pasillos de la locura,
ángel encontrado.
 
Un día de estos,
tus enemigos lanzarán una flecha contra ese ángel
que representa el idioma.
 
Y vas a empezar a ladrar
tu mejor poema
sin que nadie te pueda entender.”
 
 
    Signos Oscuros
-Poemas 1987/1993-
             (1995)
 
La palabra
 
Hasta que la caricia de un leopardo
arrancó violines de mi cuerpo
y se hizo la noche.
Yo,      
       recuerdo:
un jardín creado para creer,
la mañana del crimen
en silencios baldíos,
y luego la espesura,
es decir,
el sendero:
caminar sobre el cuerpo
para ponerle un nombre
a la palabra.
Y más tarde aprender
que en un puñal de seda
la palabra no tiene
el nombre que deseo.
 
He quebrado relámpagos para nacer del fuego.
He muerto en una guerra que pasó hace un instante.
Me falta la inocencia:
saber que en la mirada de una sombra
hay un verbo que juega a la vida y la muerte.
 
 
Silencio
 
                                               “Nuestro mutismo es una cueva sombría
                                                 de la que surge una tranquila bestia
                                                 alguna vez”
                                                                                       Georg Trackl
 
Hay quien escucha en el silencio de mi voz lo efímero
del mundo o cataratas de voces que estallan en angustia;
o nidos quebrados que tejen la forma de la ausencia;
o apenas una ráfaga de voces
donde sueño con alguien que me sueña.
 
Hay quien escucha en el sendero de mi voz
un sendero de locura infinita.
 
Y cuando llega la noche invadida por gemidos
–noche de luz,
noche de labios que enjaulan espesura–
abro mi voz como se cierran las palabras,
abro las palabras como se cierra mi voz,
bebo relámpagos,
manantiales de furia,
enciendo una fogata para apagar mi sed.
 
Hace frío aquí,
lo único que puedo hacer es esperar,
esperar sentado frente al espejo.
 
Hace frío aquí,                        
                          hace miedo.
 
Y de repente se asoma la realidad:
temblor de pantera agazapada
en el corazón de un cisne.
 

Narciso de Tespia
 
En ningún tiempo,                               
                                 en ningún lugar,
pero sí en el resplandor de un diamante
o en un pocillo de café.
Pero sí en la agonía de la noche,                                  
                                   en el reflejo.
 
Como quien se contempla desde el fondo de todas las palabras
y se mira en el dolor más bello del mundo; como quien viaja al
centro del propio corazón para clavarse un puñal, para exigir un
veneno. Así me busco desde el inicio del tiempo en cada reflejo
de la tarde; así me cierro como se abre el amor, como un destello
en la ciudad de la muerte.
 
Soy un pescador de sueños que hieren,
cazador enamorado de su presa en el momento crucial,
serpiente que se muerde la cola,
sombra de ave que busca su procedencia.
 
Soy el relámpago y la nube,
un abrazo de fiebre, un lugar imposible,            
                          y soy
esa manera de ser un panorama de soles                                  
                                    y soy
ese paisaje de luces,                                
                                 peligro y vértigo.
 
Del otro lado del vacío hay un fragmento de noche que no cesa.
Pregunto por el espacio del amor y se me dice un silencio tan
grande como la noche. Todo es misterio en ese lugar donde la
oscuridad revela. Todo es herida cuando el reflejo es amor sin
posesiones.
 
Soy esa forma que temo,
ese que habla cuando yo hablo, que también calla y rima con mi
propia imagen sin recuerdos. Ese canto de pájaro que preludia
en el lugar del pájaro que espero. Esa clase de amor que se repite
en la eternidad de los espejos.
 
Estos ojos observan el mundo,
estos ojos celebran el amor,
eterna unidad
que no es posible.
 
Del otro lado de la noche hay un fragmento vacío que no cesa.
Hecho de niebla oscura amarás al que se mira en tu imagen.
Hecho de soledad en un desierto barroco, deshechos en el fuego.
Amarás como sea al que sentado te mira,                             
                               sentado en la realidad.
Y romperás la superficie del agua,
me abrazarás,
como si en un sueño oriental            
              un ciervo repitiera                    
                      el último sonido de mis frases.
 
(El Gruñido y otros Poemas, Antología Poética,
Ediciones Ruinas Circulares,
1a. ed.,
Buenos Aires,
2011,
112 p.)
 
Graciasss/edicionesruinascirculares.com.ar/enrique-solinas-el-grunido-pdf
 
***
 

Lo que queda
 
Han partido las horas, los días,
las semanas de aquí,
como elefantes que se diluyen
en el agua del sueño.
He visto los crepúsculos,
la lluvia que cae con violencia
y he visto cómo cesó.
He presenciado
la risa de los manantiales
y el comienzo del miedo.
Se han ido las miradas,
el silencio,
los números,
los cuerpos de mi voz.
Han partido
las teorías sobre el miedo
y la cercanía de la distancia.
Se ha ido el amor,
su cuerpo frágil
y yo lo dejé ir.
Ha llegado el tiempo
de pensar el mundo
y de saber lo que se tiene.
Se han ido las ventanas,
los abrazos,
el cacareo,
esta tarde de canción,
el aliento de las ciudades,
la alegría de los cementerios;
se han ido
las antiguas bonanzas
de la noche,
las alucinaciones
durante el amanecer.
Han partido
las formas conocidas
de los nombres,
para poder llamarte.
Porque aunque sientas
que la esencia de las cosas
te abandona,
no todo es un adiós sin fin.
Algo queda, en verdad,
algo se queda:
Es el poema, su corazón,
el fuego sagrado.
Porque la poesía
es la única posesión
que te pertenece.
 
 
Pequeña luz
 
En mitad de la noche,
una pequeña luz
enciende el deseo
de que este tiempo oscuro pase,
como los malos sueños;
Tengo una canción
y una palabra bella
como amuleto.
Tengo mucho miedo.
Y tengo la certeza
de que en algún lugar,
ahora,
en este instante,
alguien con su pensamiento
nos abraza.
 
 
El monje de Shanghai
 
Me mira y sonríe
porque es la primera
y última vez
que nos veremos,
y tal vez nos volvamos
a encontrar
en otra vida,
en otra historia,
donde quizás
yo sea un monje
que repite su fe
y él,
un turista nuevo
en esta tierra de misterio.
Aprendo en silencio
de su actitud,
la humildad del que sabe
mirar el viejo mundo
con los ojos nuevos,
ah, antiguo
amigo y renovado,
te miro a la cara
y me inclino ante vos,
y rezo.
Rezo por todos los atardeceres
que nunca llegaremos
a mirar.
Rezo por nuestras palabras
que hacen el amor,
aunque no se entiendan.
 
 
El equilibrio del universo
 
En el Parque Zhongshan,
todas las tardes,
un hombre anciano barre y limpia
lo que otros
prefieren olvidar.
Observo cómo
hace una escoba
con sus manos
de ramas secas,
cómo
ordena las hojas muertas
para que sean
el instrumento útil
de su trabajo hostil y campesino.
Anciano hermoso si los hay,
ignora el mundo que lo ignora
y puede ser feliz,
a pesar de todo.
Para que exista el equilibro
del universo,
es la curvatura de tu espalda
la que sostiene el peso del mundo
y soporta
tanto dolor sin sentido.
 

El sendero
                          a Alison Wong
 
Caminábamos agotados hacia el futuro,
desde el pasado de nuestro parque.
Nada por expresar, nada que callar.
Decir
una palabra era asesinar al silencio.
Y ya sabemos que,
de esta violencia,
está hecha
la sustancia de las cosas.
La vida es este sendero
que nunca terminamos
de atravesar.
(Llegaremos adonde
debamos llegar.)
La vida es puro azar
y tiempo.
¿Nos dirigimos hacia el futuro
para volver?
¿Retornamos para huir?
¿Acaso
dejarnos ir
no es regresar
a nuestro origen?
 
 
Una canción resplandeciente
 
Canta el pájaro en la ventana,
su gorjeo magnífico
–atravesado por vidrio y metal–
inaugura este día y es entonces
cuando puedo gozar
de la mañana que despierta.
Abro los cristales, percibo
un aroma lejano y conocido,
ahora lo sé:
esta ciudad
ha soportado en su cuerpo
lo peor de la Historia.
Canta el pájaro y su gorjeo
es magnífico sólo para mí.
Se levanta sobre la conversación cotidiana,
sobre la música y el ruido en la calle;
sobre los edificios que devoran las casas;
sobre la sombra de los muertos
que aún no hemos podido encontrar.
Esta ciudad
tiene olor a desmemoria y recuerdo,
ahora lo sé bien.
He mirado hacia otro sitio,
como si ese lugar otro
fuese siempre mejor.
Y siempre
he observado otro lugar del mundo.
Comí su corazón
con esa lentitud que la belleza impone
a quien contempla el cuerpo desnudo
de la ciudad que recorro más
y cada vez.
Canta el pájaro mi dolor
y por eso es magnífico su canto.
Expresa aquello que reconozco
como señal de bienvenida,
como un gesto de adiós.
Nombra lo que yo no puedo.
Dice el silencio.
Canta el pájaro,
sobre todos nosotros,
la canción de la esperanza.
Expande
con la fuerza de su voz
el resplandor de esta ciudad
para que nosotros podamos vivir.
 
 
Dos muchachos practican kung-fu

                                                 en Zhongshan Park
 
En la imitación del acto
está
la novedad del desafío.
Cada mañana repetir
los gestos del adiós,
el movimiento de la noche,
la quietud del viento.
Repetir:
somos parte de todo,
somos en la medida
en que somos percibidos.
Repetir
una y otra vez
el ejercicio hasta
la perfección;
porque la vida se va, se va,
se nos va a cada instante;
porque todo carece
de sentido
y ya no hay tiempo.
 
 
Bajo el brillo del cielo
 
Una pareja baila
en el parque,
antes de la lluvia.
De sus cuerpos emana
una luz
que ilumina
tu oscuridad.
Si ellos pueden danzar
bajo el brillo del cielo,
sé que todo es posible.
Y también sé
que si hoy estoy vivo,
aquí y ahora,
las palabras
recuperarán
en su interior,
el primer silencio
del mundo.
 
 
Shanghai
 
De luz vestida cada noche,
he sido feliz bajo su cielo.
Nadie borrará de mi memoria
la poesía de su voz,
la canción del instante.
Nadie me quitará su cuerpo.
Será por siempre la ciudad
que reina en mí.
Y cierro los ojos,
y regreso hacia ella
cada vez,
cada vez
que el mundo
es un lugar
imposible.
 
 
La manera en que el tiempo se va
 
Quien mire el rio Huangpu,
una tarde de verano, se verá
a sí mismo contemplarse.
Ni las luces serán tan extraordinarias,
ni los edificios
lo suficientemente deslumbrantes
como para olvidar
las heridas
que el tiempo nos dejó.
A veces creo que somos
nada más que palabras,
lanzadas contra el viento.
A veces creo que ni siquiera
somos lo que creemos ser.
Por eso ahora miro el rio
y encuentro al que soy
en mis propios ojos.
Y dejo que el agua se vaya
donde todo se pierde,
donde todo se olvida.
Como el tiempo se va,
me voy,
y me abandono al mundo,
y puedo ser feliz.
 
(Poemas orientales)
 
Graciasss/circulodepoesia.com/poesia-contemporanea-en-espanol/
 
***
 

Hoy estarás conmigo en el paraíso
 
No tengo más
que esto que soy
y la certeza de vivir
en un mundo herido.
He mirado la muerte a los ojos.
 
Resplandece la poesía en mi país,
habita cada instante
de mi casa,
atraviesa este cuerpo sin razón,
se manifiesta inesperada.
 
Quien venga hoy a visitarme
nada le ofreceré,
salvo estas palabras que nacieron
bajo el viento de octubre,
campo de imágenes que habitan
el aire que respiro,
el fondo de esta voz amordazada.
Que venga nomás,
ya no sentirá hambre ni sed,
le prometo
que seremos felices para siempre,
jóvenes eternos, moradores
de un jardín deseado
desde el principio
de los tiempos.
 
Aquí en el poema,
sueño oscuro,
unidos
en el dolor de la esperanza.
 
Aquí en el poema
celebraremos,
 
el asombro, la dicha,
el frenesí. 
 
Las nupcias de la noche y el día
en el corazón del éxtasis.
 
 
La noche llega
 
Llega la noche y un hombre
se prepara para el amanecer.
 
Arroja sus palabras al cielo,
su plegaria de viento al viento.
 
Pide por lo que no tendrá,
para que suceda lo que no pasará.
 
Cuando despierte,
su deseo habrá hecho
girar al mundo otro día.
 
 
Nido vacío
 
Sentado en la noche puedo ver
un nido que pronto desaparecerá.
 
Desde el poste de luz
ha caído un pájaro
hasta su cielo.
El padre acompaña resignado
al que no estaba listo
para volar.
 
Llama dos o tres veces, luego
permanece inmóvil.
Su cuerpo es esa nada que brilla;
esa oración
de olvido sin palabras;
esa canción
oscura
al aire libre.
 
Tengo frío en los pies,
mañana
alguien barrerá el cielo.
 
¿Cómo es posible olvidar
tanta belleza abandonada?,
pienso.
 
¿Qué ha de ser de nosotros
cuando nos suceda lo mismo?
 
 
Lo que fluye
 
Algo se abre, cada mañana,
a nuestros sentidos,
y no podemos evitarlo.
 
Es el mundo
que cambia a cada instante.
 
Somos nosotros
que intentamos cambiar el mundo.

 
El cuerpo, el poema
 
Abre los cristales de su cuerpo,
la memoria es un espejo que nunca
se cansa de temblar. Aquí,
hay un jardín espléndido
donde no son posibles las despedidas.
Aquí, el pasado, el presente y el futuro,
permanecen unidos para siempre.
 
Escribe la palabra tiempo y de repente
el tiempo avanza sobre la historia.
Escribe la palabra espacio
y en un instante
se encuentra
en medio del jardín.
 
Sabe que la soledad es buena compañera,
que el poema es plegaria
arrojada a su interior.
 
Ensaya, reza, apunta;
intenta el canto.
 
Escribe la palabra revólver
y la poesía es un disparo de luz,
contra la oscuridad.
 
(El Libro de las Plegarias,
Editorial Mascarón de Proa,  
Villa María,
2019)
 
Graciasss/www.crearensalamanca.com/cinco-poemas-del-libro-de-las-plegarias/
 
***
 

Nuit brisé
 
Instante de luz
y ningún otro
el que me lleva
una y otra vez
al dolor​​ 
de las palabras.
 
Cuando cae​​ 
la noche
y su tristeza;
 
cuando cae​​ 
la tristeza
también.
 
Cuando​​ 
a la preciosa
muerte
yo la acuno​​ 
 
y le doy,
le doy,
le doy
 
de comer de mi mano
 
 
Invierno
 
Observa el viento entre las hojas
de los libros.
Sus manos invisibles las descorren
con la delicadeza propia
de quien está en ninguna parte,
pero existe,
como un murmullo
en medio
de esta nada.
 
Observa,
compré flores en el mercado
para las novias y los muertos.
 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Lloré.​​ 
Hoy me alegré por tanta
melancolía desierta.
 
En algún lugar del mundo
es primavera
y yo no estoy allí.
 
Soy el invierno,
respiro oscuridad,
bebo oscuridad
y tengo miedo.
 
Ahora,
 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ ahora,
 
ahora soy
lo que temo.
 
 
Pequeña madre
 
Pequeña madre,
Reina del Desconsuelo,
te guardo a la sombra
de mi corazón. Allí,
el viento que te llevó​​ 
regresa
con tu aroma a noche y a destierro.
 
Todo era oscuro y era triste
y nadie sabía qué hacer​​ 
con tanto.
 
Los días de la noche
te siento aquí,
me doy cuenta de​​ 
que estás aquí;
 
por el silencio de tus pies;
 
cuando apagan
tus manos el mundo.
 
 
Despedir
 
Que mis palabras nunca​​ 
serán lo suficiente para narrar
el dolor del instante,
 
que será fuego,
 
que mi silencio expresará mejor
esta tristeza sinfín.
 
Oscuro corazón, hemos llegado
hasta el lugar donde todo​​ 
está muerto y el deseo,​​ 
el deseo simplemente
ha dejado de existir.
 
Que mis palabras sean devoradas
por el mal de los otros,​​ 
que me asfixien,​​ 
que el miedo,
que soy la noche y tengo miedo aquí,
 
En el bosque,
voy a cantar el miedo​​ 
en el agua de tus ojos.
 
Todo será​​ 
una gran despedida​​ 
y yo me voy,
simplemente me voy,
me voy,​​ 
me voy de aquí.
 
 
El tiempo
 
Guardo en mi corazón el recuerdo
del último diluvio.
Allí vivieron,
siempre, 
el dolor y la alegría 
de lo que ya no está.
 
Vuélvete, vuélvete tiempo
a tu guarida 
de otoño,
transfórmate en capullo,
gusano de seda,
triste candor,
destierro,
hojas de mora.
 
Para que le concedas a mi voz
las imágenes perdidas
de la infancia en silencio.
 
Para poder mirar 
el mundo​​ 
con los ojos abiertos 
y así sentir 
el pequeño canto​​ 
de los desaparecidos en mi rostro.
“La poesía es esa voz
que nace del cielo.
 
Yo escribo
con esa voz.”
 
 
Moebius
 
Un hombre muere,
súbitamente,​​ 
en su cuarto de baño.
​​ 
Sin percibirlo
queda allí,​​ 
en silencio,
oscuro de plenitud.
 
Todo se vuelve noche,​​ 
todo se pone triste​​ 
y sin embargo
 
de repente​​ 
un viento violento
y su cuerpo,
 
su cuerpo es luz
 
que se levanta​​ 
hacia la luz.
 
 
Ascensión
 
Sopla el viento sopla
sobre el agua natal.
 
Descubre el silencio
tus palabras,
en el jardín​​ 
del bosque de la noche
ya no hay alegría.
 
(decime
cómo se hace
para poder vivir)
 
De repente los muertos
somos elevados
por la gracia,
 
animula, vagula,
blandula
 
hasta el bosque
 
del jardín​​ 
del día.
 
 
Broken night
 
Desconecten los árboles​​ 
y mi corazón
en el invierno​​ 
de esta tarde.
 
Ya no ​​ 
QUIERO
esta oscuridad​​ 
en mi voz,
 
le he dado
lo mejor de mí
a los muertos.
 
Y ahora​​ 
sólo busco
 
el resplandor​​ 
quebrado​​ 
de la noche​​ 
 
en la soledad​​ 
del asfalto.
 
 
El pozo​​ 
 
Tu madre abrió el sexo
y la música​​ 
para que vengas aquí;
 
abrió las puertas​​ 
del cielo y de la noche
para que vengas aquí;
 
y te dio a sombra
bajo la palabra estrella.
 
Cavó a un pozo
y allí estabas​​ 
bajo el negro árbol
de la esperanza.
 
La tierra te cubrió​​ 
y desde entonces
todo fue duelo​​ 
y fue triste,
 
y desde entonces
 
amaste y sufriste,​​ 
 
con devoción,
 
el pozo​​ 
que te vio nacer.
 
(El pozo y la cima,
Pre-Textos,
2022)
 
Graciasss/circulodepoesia.com/2025/01/poesia-argentina-enrique-solinas-2/
 
***
 

El comienzo
 
Es posible
que en un rato llueva
porque el olor
a tierra mojada                                                       
invade el aire
 
y a lo lejos
el eco de un trueno
se escucha,
 
como si se tratase
de los pasos
que nos llevan
hacia el porvenir.
 
Este instante
se ha repetido
tantas veces
a lo largo
de la historia,
 
de manera
distinta y distante,
 
porque no somos
los que fuimos
cada vez,
 
y cada uno
de nosotros,
 
volvemos
a escribirnos.
 
¿Qué música, qué poema,
qué idea, qué concepto,
 
surgirá de este instante
de penumbra,
 
donde todo es propicio
para nuestra
desaparición?
 
Suena un tambor lejano
con su ritmo creciente.
 
(Aquí todo es tristeza.)
 
Crece cada vez más
el corazón del trueno.
 
Ya no hay tiempo
para explicar,
 
es hora de partir.
 
Ya no es tiempo
de hablar,
 
la lluvia
ha comenzado.
 
 
Esa mañana
 
Nadie hubiera pensado
en lo que iba a suceder.
 
Los autos
atravesaban
la ciudad
y los caballos
 
recorrían
el corazón del tiempo.
 
Esa mañana,
nadie hubiera pensado
en lo que iba a suceder.
 
El gorro
con cabeza de perro,
nuestro constante
abrazo,
el cuadro del amigo,
las fotos y las risas,
luego
 
una siesta
y la noche que llega
con su boca feroz,
 
y la salvaje tormenta
del silencio,
que lo arrebata todo.
 
Porque esa mañana
–nadie hubiera pensado
en lo que iba a suceder
más tarde– 
 
aconteció
la alegría
del desconocimiento.
 
Porque esa mañana
fue la última
mañana del mundo.
 
Luego comenzó
tu muerte,
 
la pesadilla
del fin de los tiempos
 
que no tiene fin.
 
 
La muerte de las palabras
 
El sol cuando asoma
es espléndido,
 
revela
todo lo conocido,
 
y oculta
mi interioridad.
 
Han muerto
las palabras,
 
ahora
 
son el alma
de lo que ya
no está,
 
el recuerdo
de esta memoria
del olvido.
 
Entre estas cosas
y otras,
 
se debate
mi pensamiento,
 
en la mañana
 
de este
domingo mudo.
 
Y existo
en la esperanza
de lo que vendrá,
 
Y existo
en la tristeza
 
simple
 
de lo que ya
se ha ido.
 
 
Mira mi corazón
 
Mira mi corazón,
se ha vuelto noche
en medio del incendio.
 
Quiere beber la vida,
 
quiere latir
como pájaro en vuelo.
 
Pero lo cierto es
 
que estoy dentro de mí,
que todo
 
es lejos
y es tarde.
 
Pero lo cierto es
 
que ya nadie
mira
 
el corazón
 
dispuesto
 
de quien ama.
 
 
Sentir que me deshojo
 
Sentir que me deshojo
como las hojas
del último libro
que leí,
 
como un adjetivo
que se desvanece
en medio de la lluvia,
 
o se transforma
en el humo
de tu incendio.
 
Estoy
 
en la selva
de las palabras,
 
a merced de
voces hostiles,
 
que irrumpen
como un rayo de luz
 
y profanan
la oscuridad.
 
Sentir
 
que fluyo
como un rio,
 
que soy un rio
y que la sangre
corre,
 
y me demuestra
que nací para vivir
 
en la tristeza
del adiós,
 
en el recuerdo.
 
Sentir
 
que me voy
cada vez,
 
que persigo
 
el silencio
de tu voz,
 
arrojada
hasta el cielo.
 
Sentir
tu grito
 
en medio
de la noche;
 
saber
saber que nunca más
 
volveré
a encontrarte.
 
 
Transformación
 
Aquellas cosas,
terribles y espléndidas,
han tenido
su razón de ser.
 
Mi cuerpo,
partido y
recuperado,
soportó
 
toda el agua del mundo,
todo el fuego del mar.
 
Pasen y vean,
encontrarán
lo que resta:
 
ésta es mi casa,
 
éste es mi corazón
en soledad.
 
Yo vi la muerte,
 
la muerte vi la muerte,
la muerte vi la muerte,
 
vi la muerte a los ojos.
 
Y desde entonces
todo se fue
desvaneciendo.
 
Y desde entonces,
 
sólo desde entonces,
 
he dejado
de ser
 
el que he sido.
 
 
Presente
 
Desde que ya no estás,
amigo mío,
el mundo se ha vuelto
demasiado extraño.
 
Quién hubiera imaginado
tu partida.
 
Quién hubiera dicho
que el silencio
 
iba a sellar
tu decir.
 
Yo prefiero pensar
que tu alma
está aquí
 
como una estrella
invisible
que guía mi camino,
 
en medio
de la noche oscura.
 
Yo prefiero pensar
 
que no te has ido
 
con tu maleta
de muerte y alegría.
 
Nunca vendrás
porque siempre
estarás presente.
 
Nunca te irás
de aquí,
porque siempre
estarás conmigo.
 
(El grito en el cielo, 
Pre-Textos,
2025)
 
Graciasss/www.vallejoandcompany.com/sobre-el-grito-en-el-cielo-7-poemas 
Graciasss/www.laraizinvertida.com/detalle-3160-enrique-solinas




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