Qué raro que me llame Gleyvis Coro
y no María Calas ni el Quijote,
que no sea un ciprés ni un sicomoro
ni una rubia purísima o de bote.
Yo me quiero bastante y no me quiero,
soy torpe, soy vulgar y soy asceta,
antes de ser yo misma soy poeta
y tengo muchos pro y algunos pero.
He puesto en mi flaqueza mi tesoro,
mi mundo es ese mundo chiquitico
en donde solo brilla lo que es oro.
Me pediría llamarme Federico,
me encantaría llamarme Federico.
Pero no puedo más, soy Gleyvis Coro.
Romanza de las trajinadas
Ahora le dicen 'bullying'
y a la víctima 'acosada'.
Cuando yo era pequeña
en la escuela de mi infancia
ese término extranjero
ni existía ni se usaba.
Su nombre era pintoresco:
chacaleo se llamaba
y los afectados eran
trajinado y trajinada.
A Estrella, mi compañera,
dulce, miope y delgada,
le decían la camella,
las abusonas del aula.
La trataban con desdén,
se burlaban de sus nalgas,
de sus caderas flacuchas
y los vidrios de sus gafas
diciendo que parecían
dos parabrisas de guagua.
Estrella era un poco tímida,
quizás demasiado blanca,
como una rara excepción,
como ave de otra granja,
metida en jaula de hienas,
víctima entre victimarias.
Estrella era la campeona
del aguante y la callada
obediente por respuesta.
Jamás se quejó de nada.
Las malignas de la escuela
—llamadas las Lelolailas—
la obligaban a dormir
desnuda y pintarrajeada,
la despertaban con gritos,
la insultaban y pegaban.
Por mí misma, por Estrella,
y hasta por Las Lelolailas,
yo temía que pasara
lo que ocurre en los colegios
con los que aguantan y aguantan
y el día que no dan más
revientan como granadas
y del colegio no queda
ni fecha sobre pizarra.
Mil veces noté que Estrella
secretamente afilaba
un cuchillito de mesa
que era de pelar naranjas.
Yo le decía, Estrellita,
compañera en la desgracia:
La vida tiene su escuela,
su justicia y su balanza.
Y verás que un día de estos
se acaban las Lelolailas.
Guarda el cuchillo de mesa,
denunciemos lo que pasa.
Los juegos de la violencia
se sabe cómo comienzan
pero no cómo se acaban.
De allí salimos ilesas
por puro arte de magia.
Lo denuncié al director.
¿Y qué hizo el muy canalla?
¿Botar a las abusonas?
¡Cambiar a Estrella de aula!
¿Y qué medida tomó
con las viles Lelolailas?
Dejarlas ser ellas mismas
y ascenderlas en la escala
vomitiva del gobierno
que las cría y las ampara.
Y así, de víctima en víctima,
vivieron las Lelolailas.
Y así, de escuela en escuela,
por trajinada y por blanda
pasó la vida mi amiga.
Lo he sabido esta mañana.
En un parking de Madrid,
una gringa colorada
me saludó: ¡Genoveva!
Y me gritaba: ¡Mi hermana!
No enfoco bien. A mis años
estoy un poco cegata.
Se me acercó y, de repente
¡la gringa se hizo cubana!
No era Estrella, la camella.
Ni Estrella, la trajinada.
¡Era mi amiguita Estrella
libre y linda, sana y salva!
Reímos como dos niñas
en el parking, abrazadas.
Bromeamos también y hablamos
de la vida y sus metáforas.
¡Al fin triunfaste, carajo!
Le grité muy emocionada.
Con una beca en Columbia
se había hecho abogada.
Llevaba casos de bullying.
Dijo. Quedamos calladas.
Por no cagar el momento
no hablamos de aquella etapa
hasta que, en la despedida,
como un vómito del alma,
Estrella me dijo algo
que aún hiela y me taladra.
¿Recuerdas aquel cuchillo
que afilaba y afilaba?
Tuvo que ponerse pronto
sus negras gafas de marca.
Y yo después, de regreso,
debí hacer una parada
para llorar un ratico
antes de entrar en mi casa.
Sin datos a que libro/s pertenece/n
***
No eras tan malo
Eras nocivo como el líquido
del veneno en el frasco ámbar,
claramente nocivo como el rótulo: veneno,
en letra capital de imprenta antigua.
Eras agudo como la punta
de la espada de mango decimonónico.
Quemante como la letra encendida
que se hundía en la piel de la bestia rolliza
de un colono bondadoso.
Tenías la gravedad del canto de la uña
que nos hiere, de soslayo,
cuando persigue otra cosa.
Eras letal a la usanza difunta,
a la manera noble que quizás anunciaba
que me ibas a morder en una zona un segundo.
Pero no eras ninguna de estas bocas modernas
que desgarran y se van.
Nunca una estridencia, jamás un insulto.
Eras dañino de un modo
sosegado y romántico.
Y no eras peor que eso.
Poema político
Este es el poema donde
combato
la incapacidad de mi jefe
para comprender la poesía,
más el rechazo de mis
jefes anteriores
hacia la poesía de cualquier tipo.
Este es el poema de una
política
hacia la poesía que
sintetizo
en la figura de mi jefe
actual y combato
desde poses muy calmadas
como terminar pronto el
poema
porque a la larga son los
jefes
y no por humillarlos en
público
van a comprender la
poesía.
Nunca le pidas que se quede
Nunca le pidas que se
quede
Pedirlo así: no me
abandones,
suena tan mal.
A estas alturas
de la historia del mundo,
a esta edad: no me
abandones.
Pedirlo con la voz rajada
o altiva, con el énfasis
y el brillo en los ojos,
con frases como quédate o
regresa,
o con gestos sinónimos,
luce tan mal sobre el
tapiz estrujado de ese
día en que te dejan,
(donde además está
negro porque te dejan).
Luce tan feo que mejor
no lo dices, o todo se
pondrá ridículo, y triste,
y más negro de lo que
estaba y él se irá de
todas formas.
El amor propio
Pobre de quien perdió la
cuenta de las veces que
lo abandonaron y ahora
sólo le pesa lo vago –la
huella inexacta– de
aquel error sin número
que no dejó de doler u
ocurrir porque lo dejara
de contar. Dichoso el
que conservó su
elegancia, manejó sin
titubeos la nave de la
vida y ahora nada le
pesa, sino que lo cuenta,
con impetuoso
entusiasmo, al círculo de
sus parientes. Yo no fui
como ellos. Me
abandonaron y
abandoné en
proporciones idénticas.
Choqué contra otras
naves la nave de la vida,
y si el daño no fue
recíproco y me hirieron
más, no me quejo,
porque todo lo que me
pegó con saña, le hizo
bien a mi poesía.
La tolerancia
Similar a los que son los únicos en algo,
soy de las tantas que escriben
poemas en la redonda.
Soy de las tantas que escriben
hasta formar un libro;
de las que buscan un verso aún no podrido,
ni premiado, ni publicado,
pero de indudable valor futuro.
Soy de las que confían
en que su forma de untar
la poesía en la página,
indica cómo se untará la poesía en lo futuro.
Y como trabajo para que las dudas más importantes
sean por el verso eliminadas,
soy de las que se buscan
problemas en todas partes.
Tengo uno de esos matrimonios
donde los dos se toleran,
tengo problemas graves con mis jefes,
problemas que trascienden,
disonancias que la imaginación
antipoética de mis jefes tergiversa
hasta hacerlos parecer como problemas
de corte político,
como peligrosos problemas con el gobierno
que otro gobierno ya hubiera resuelto
con el auxilio –dicen-
de una jaula succionadora,
de una manguera expelente
o de una guerra frontal contra la poesía.
Pero presumo –y lo presumo porque escribo-
que si el gobierno permite
que tanta poetisa como yo ande suelta,
es porque existen problemas mayores
entre nuestro gobierno
y los restantes gobiernos del mundo.
Y en ese conflicto multilateral,
mil veces superior a todos
nuestros conflictos personales,
la poesía es indispensable.
Sin aferrarse
Porque la madurez varía con el tiempo,
es que su forma exterior no tiene forma
ni señas específicas y allá,
por las tres décadas de vida,
lo que llaman madurez, si tiene forma,
es el rostro sin músculos
de un hombre que nos mira
como el que no le gusta lo que ve
o está buscando cuál frase elegir
para despedirse.
Saga de la conducta de aquel hombre,
la pura madurez, en cambio,
tiene todos los términos a su alcance
y no los utiliza. Algún motivo fuerte
hace tonto al mejor hecho
luego que la madurez lo atrapa,
acaso porque en su forma interior,
cuando la tiene,
la madurez es como el silencio
que inunda la noche miserable
en que un hombre nos abandona
y lo afrontamos con serenidad.
La forma del tiempo
Todas las tardes, a las siete,
hago que hablo con mi marido.
Hago que le comento cualquier cosa o le pregunto.
Imito con los labios temas
de conversación de las parejas.
Pronuncio frases de amor y me convenzo
de que además de relación hago ejercicios
que fortalecen los músculos de la cara
y me acercan a la grata
letanía del matrimonio.
De modo que la cosa espiritual también funciona.
Y mi marido sonríe cuando me escucha,
aunque no dice nada. Debe ser por mí
que sonríe mientras lee la prensa.
Ante noticias cada vez peores
habría que ser malvado o irónico para sonreír
y mi marido no da muestras
de ninguna de estas dos condiciones.
Tampoco me dice nada cuando me ve desnuda,
aunque piense lo peor no me lo dice.
Esto me ayuda a suponer que me ama.
Yo quiero, aquí en mi cama, a un negro prieto
Yo quiero un negro prieto aquí en mi cama,
un negro semental de falo erguido,
que habite sutilmente en mi marido
y diga, allá en su oreja, que me ama.
Yo quiero un negro sucio de vehemencia
que imponga su razón donde mi esposo
permuta la ternura por el gozo
de ser quien goza más. Quiero la esencia
de un otro que haga dos menos ridículos
y en triada de acusable testimonio
licúe, con sus múltiples vehículos,
la flema de mi esposo en el demonio
de un negro de pulsátiles testículos
que salve de una vez mi matrimonio.
Empezar de nuevo
Tenía que ver el ímpetu
con que mi padre lo decía:
La Revolución.
Como si fuera una materia viva,
un músculo morado,
un elemento de primera necesidad.
Tenía que ver aquello, mucho más indescriptible,
de lo cubano en su peso,
en su funda violeta,
en su caldo.
Tenía que ver con la mirada
en la cresta de la masa de la ola,
o con la puesta, febril, de la pupila en la cresta
de la masa de la ola,
como con cierta estrategia
de la emoción que nunca falla.
Tenía con ver con eso.
De modo que si hoy
apenas queda
la mitad de la mitad del todo
y una salada sensación de espanto,
que la nombra
de modo breve y evasivo,
y la hace homóloga del símbolo
del estado de alerta,
y del elemento similar a cero,
cuidado. Cuidado que esto no significa
que sea irreversible la euforia,
que esté muerta y tendida y condenada la euforia,
que no pueda emerger,
más limpia y olorosa,
la vena de agua.
Ni que a la antes sustantiva
y al cabo desperdiciada emoción,
le sea imposible recobrar su fabuloso estado.
Camarada,
amigo, amante,
adversario incluso,
criatura recién parida, embrión:
los campos diversos
de la nación aguardan,
todas las plazas públicas
de la nación aguardan,
las tarimas aguardan.
La rosa y la materia pútrida aguardan.
Cientos de zonas en blanco aguardan,
como cunas,
los mejores versos
las mejores prosas,
el ímpetu
con que no sé decirlo:
La Revolución.
(Jaulas,
Editorial Letras Cubanas,
2009)
***
El policía y la mercenaria [1]
La curtida mercenaria,
delata, cuando nos mira,
al imperio que le gira
una paga millonaria.
Con moderna indumentaria
de cara tecnología
se enfrenta a la policía
usando el dispositivo
–para exterminio masivo–
de su cazuela vacía.
Con qué tipo de cañones,
te voy a apuntar, señora
mercenaria, en esta hora
de carros y pelotones.
Con qué pares de cojones
te disparo. ¿Cómo se hace?
¡Carajo, si lo que nace
ahora mismo es que te quiera,
que te quiera y que te abrace
–sobre todo que te abrace–,
en nombre de Cuba entera!
Negacionistas [2]
En Cuba no paren guapos,
ni hay hambre, ni hay apagones.
El pueblo vive en mansiones,
la gente no va en harapos.
Son caricias los sopapos,
lo de Internet es gratuito.
El tan afamado grito
de ¡Abajo la dictadura!
en realidad es un corito
para mover la cintura.
Los tiros no son reales,
las balas no son de plomo,
la sangre es Mercuro Cromo
y los cuerpos militares
en verdad son avatares
de poliespuma o de goma.
La herida y el hematoma
los superpone un programa
que se creó cuando Obama
estaba en la presidencia.
¡Quién diga que aquí hay violencia
es porque le gusta el drama!
Himno del desterrrado [3]
Aunque errante, proscrito y lejano
de la tierra en que un día nací…
No he salido de allí. Vivo allí,
en el suelo infelice cubano.
Pienso, como y respiro en cubano.
El destierro no ha sido el entierro
de mi esencia martiana sin par.
Con frecuencia me nace extrañar
desde el fondo de mí y, como un perro,
cuanta cosa se pueda extrañar.
Soy un triste cubano en el Polo.
Voy con todos, con todas y todes
a decirle al tirano: ¡Te jodes!
Estoy solo acá arriba, muy solo.
Mi bandera cubana enarbolo
y me pongo a gritar, sin parar:
¡No nos vas a poder separar!
¡Vil tirano, entre Cuba y mi pecho,
hay un lazo de amor tan estrecho
que no puede romperlo ni el mar!
Cada día falta menos
(14 de agosto de 2021)
Tu mareo no me doma.
Tu baba no me hipnotiza.
Tu hipnotismo no me hechiza.
Tu discurso no me embroma.
Tu broma no me da risa.
Tu risa no me da calma.
Tu calma nunca me ensalma.
Tu salmo lento me muele.
Tu tonfazo no me duele.
Mi dolor no parte tu alma.
Tu buena vida me insulta
Tu insulto creó cicatriz.
Tu país no es mi país.
Tu constante no consulta
me masacra y me sepulta.
Mi sepulcro es flor de loto.
Tu decisión no es mi voto.
Mi voto no es regalado.
Te regalé mi pasado
y mi pasado está roto.
Mi presente sale caro.
Lo caro saca de quicio.
Tu no juicio tendrá un juicio
que no anteponga el disparo.
Tu disparo no es amparo.
Tu cárcel no es mi prisión,
lo preso no es sanación.
Tu veneno te delata.
Tu puñalada a traición
no me mata.
Y aunque lo preso esté preso
y lo muerto esté muy muerto
tiene algo libre mi preso
y algo muy vivo mi muerto.
Ya habrá un país, no un desierto
donde todo se equilibre,
donde se cante y se vibre
sin nadie que lo prohíba
y Cuba sabrá estar viva.
¡Y libre!
Once Jota
(7 de agosto de 2021)
Un que se abra la muralla
al ruiseñor en la flor.
Un preludio en do menor
que espera en la guardarraya.
Un empingue de papaya.
Un baño de siacará.
Un pacto de Baraguá.
Un químbara con quimbara.
Un dónde está mi cutara.
Una gardenia, mamá.
Un Paradiso infinito.
Un rapto de las mulatas.
Un huele mis alpargatas.
Un sube si eres machito
y ondéala suavecito,
o como te guste a ti.
Un Maceo con Martí.
Un Manana con Mariana.
Un plano de Suite Habana.
Un Bola en ‘Vete de mí’.
Un ron con Shangó montado.
Un Van Van con Adalberto.
Un no qué va, no está muerto.
Un jódete, vil soldado,
porque está muerto, está muerto
y toca ir de parranda.
Un palcaraj de Yolanda,
que escupe lo eterno y huye.
Un tumbao que sustituye
el Ojalá por Bajanda.
Un grito de unión: ¡Singao!
Un viva la jerga, asere.
Un concierto de Irakere
sin pan y sin bacalao.
Un lío, un rollo, un cacao
que no aclara si es clarín
del: ‘Bah, no ha pasado nada’
o si mi Cuba, por fin,
pueda gritar, desatada:
¡Qué bueno ejesto, Jorrín!
[1] El 11 de julio de 2021, a partir de una manifestación espontánea en San Antonio de los Baños, estallan réplicas idénticas a lo largo de la isla, con multitudes cantando ¡Patria y Vida! y participando en caceroladas.
Sara Naranjo, de 87 años, es una de las protagonistas. Su foto haciendo sonar una cazuela durante las protestas se hace viral. Luego ―en video difundido en redes sociales―, explica que no tiene quién la opere de la vista, que está al quedarse ciega: “Me fui para la calle porque estoy aburrida de pasar hambre, de pasar trabajo: no tengo agua, no tengo nada. Aquí esto es lo más grande de la vida. Esto está muy malo, muy malo. Esto tiene que tener un cambio bueno. Un beso para todos, los quiero. ¡Patria y Vida!”.
El régimen tilda de contrarrevolucionarios, agentes de la CIA y mercenarios a todos los manifestantes.
2] El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, encargado de ofrecer la versión oficialista de las protestas, niega que exista levantamiento popular en Cuba y emplaza a identificar casos de desaparecidos y menores de edad presos.
En paralelo, la Fiscal General y el presidente del Tribunal Supremo Popular confirman que hay menores bajo investigación y que, de ser condenados, recibirían sanciones con tratamiento diferencial.
[3] Emigrados cubanos organizan protestas en diferentes ciudades del mundo contra la represión en la Isla: Madrid, Roma, Múnich, Colonia, Bologna, Miami, Luxemburgo, Estrasburgo, Berna, Washington, Adelaide, Ámsterdam, Las Vegas, Houston, Edmonton, Verona, Panamá, Montevideo, París, Stuttgart, Gotemburgo, Málaga, Orlando, Bruselas, Santa Lucía, California, Rosario, Zurich y Roma son algunas de las ciudades donde se dan cita.
Ediciones Gata Encerrada,
2022)
Graciasss/mambi-poesia-gleyvis-coro/
***
Están lloviendo mujeres
Torrencian mujeres bruscas,
Diversas. Densas mujeres,
Las lincharon a deberes
y la lluvia, que las junta,
por sus derechos pregunta.
Están lloviendo mujeres
y bajan, como alfileres,
como raíles de punta.
Las mira y tiembla el machango.
Se asombra. No son mujeres
de braguitas ni brasieres,
bajan al barro, a ser fango.
No vale quitarles rango
ni hay brujo que las deshaga,
ni habrá libélula vaga
que las anule, son seres
divinos estas mujeres
que llueven como una plaga.
Están lloviendo mujeres
trisexuales, antimiedo.
Caramba, yo me las quedo
machango, si no las quieres.
No hay réquiem ni misereres,
ni daño que disminuya
esta brusca lluvia cuya
nube pare amaneceres
magníficos ¡Aleluya!
Y mil veces ¡Aleluya!
¡Están lloviendo mujeres!
Receta para rescatar la rima
Por proteger su legado,
frenar el escepticismo
y disparar el lirismo
del buen poema rimado
en un litro de Machado,
vierto un huevo de Darío,
una Sor Juana al vacío
un Lorca y una Mistral.
Les mezclo y juego, con sal,
a darle ese punto mío.
Mido a ojo y echo a dedo,
en un sartén de los grandes,
cebollas Miguel Hernández
y tequilas José Alfredo.
Sumo picantes Quevedo.
Cuezo, lo pruebo, sonrío.
A veces te sirvo un frío
Alberti al Vallejo en crudo.
Hay en prosa, pero dudo,
que esos gusten más que el mío.
Cocino sobre un tiznado
Calderón el sueño interno
de que vuelva a ser moderno
el buen poema rimado.
Prueba el verbo emocionado
con Lope y Nervo relleno.
Degústalo ya, sin freno,
comensala, comensalo.
Si un verso me sale malo
verás que el siguiente es bueno.
Olor y sabor de mujer
¿A qué huele, a qué sabe la sudada
mucosa de tu coño y tu vagina?
¿A canistel? ¿A almendra? ¿A golosina?
¿A qué tipo de fruta en temporada?
Esa rampa, esa alfombra que es entrada
a la ciudad del gozo y de la vida.
Ese puente colgante que es salida
¿a qué sabe? ¿a qué huele su mojada,
su sinuosa silueta de ukelele,
su trayectoria musical, su clave,
su terciopelo oscuro, su jarabe
qué aroma o tipo de exudado expele?
Dime a qué olor que nada huele, huele.
Y a qué sabor que nada sabe, sabe.
Mujer curtida en lo social
Yo no pido perdón por ser mujer.
Me masturbo, me adoro, fumo en pipa.
Soy de un género imán que se emancipa,
que no vino a zurcir, que vino a arder.
Soy un cosmos rebelde con vagina,
que responde a patada con patada
y enarbola, en contienda femenina,
lo heroico de saber mear sentada.
Es un lujo este acto: ir de mujer,
con sus cifras adversas sempiternas
y ante al macho, empalmado en las cavernas
jurásico-cretínicas del ser,
desatar la dulzura y el poder
del embrollo que habita entre mis piernas.
(La catedral de la mujer,
Bajamar Editores,
2025)
Graciasss/rialta.org/jueces-censura-entrevista-gleyvis-coro/
Graciasss/www.plebella.com.ar/numero2021/cuba.
Graciasss/criaturadeisla.wordpress.com/gleyvis-coro-montanet/
Graciasss/www.nebrija.com/gleyvis-coro-la-catedral-de-la-mujer/
Graciasss/conexos.org/2013/06/15/la-tolerancia-y-otros-poemas/
Comentarios
Publicar un comentario