ALFREDO LUNA

el silencio late como piedra convulsa

en la Poesía, montaña ondulante,
algo es posible;
pero la lengua es el cuchillo de lo que no puede decir,
como un errante escalofrío
el lenguaje cristaliza.
cuánto debo morir, entonces,
para que suceda el poema?
 
 
lo que oyen mis ojos

sin alegría ni sosiego
me invade una creciente de palabras
que serpean riscos y presagios;
un sonámbulo artificio de signos,
para decir lo que no puedo.
mi mano forcejea
contra el caudal de musgo sonoro
y la Belleza, territorio cruel,
no me guarece.


si las sombras se devoran, no hacen luz

una jungla de palabras vibran indignadas
fraguan en mis pupilas para fugarse:
me empeño en rugir el aire de las cosas.
no seré dueño de mis ojos
hasta que no diga.
la noche me punza. tengo miedo que mi voz
se pudra

(La mirada sonora,
La Palabra Mágica,
2008)
 
***


habitado por un dios perplejo
 
sobre el papel blanco
desconozco la sustancia de este resplandor
      de esta cifra oscura
y soy la alucinada mariposa
que desliza sus huesos en las pupilas del día

esta es la ley: escribir el poema
y volverse todos y ninguno
me desplomo mansamente
como quien arroja su vida.
 
 
el castigo de ser rehén de mí
 
anda por ahí el turbio rumor de la tristeza
y mi sangre se llena de truenos
     nombra      
     insulta
y reclama
en la noche asombrada y dura
 
soy
     el que no hace pie en el horizonte
y reniega de esta penumbra seca
     el que no puede regresar a los días luminosos
     el que no se anima a ser lobo ni crisálida
 
soy
     la voz desollada de mis imprecaciones
     los brutales besos sin destino
     el que se profana en nombre del amor
 
aquí     las ausencias no prescriben
 
soy esclavo del dolor     para siempre.
         

nada más que beber un pan de granizo
  
ah     Poesía
madre de todas las demencias
     desde lejos     me arrullas
como la nodriza nocturna
que les da de comer
a sus perros.
 
 
en la sombra     en el reflejo     mi corazón alucinaba
 
ovillando recónditas hebras de silencio
dios lubrica las cadenas
para que muramos ahogados por la fe
 
crecimos a la sombra de un fabulario
 
esa luz enloquece     y mata.
 
(Palabra matada, 
Alción,
2014)
 
*** 
 

ardida luz sustituye a las palabras
 
                                                            a Sylvia Plath
 
como agua amniótica y desobediente
habí­as entrado al arco del amor
pare secar heridas
 
ahora te buscas en la huecura del espejo
pero las palabras arman la ceremonia del incendio
 
como una mariposa vieja y pálida
tu voz llama y mortifica la noche
 
no basta hundir el alma en el aire venenoso
 
dios me enrostra la muerte porque sabe
que nada puedo hacer.
 
 
toda latitud es propicia para desorientarnos
 
                                                               a Delmira Agustini
   
esta niña de plumas de porcelana y de rocí­o
esta niña de pétalos de escándalo
esta niña sabana de estrellas y crepúsculo
 
esta mujer brisa en los ojos
esta mujer arcoiris espeso de los dí­as
esta mujer caballo de música
 
esta niña
esta mujer
 
es la muerta.
 
 
el territorio del silencio, tan sinuoso y brillante
 
en el sueño de los azahares
en las hojas que se arrastran cuando la brisa
en el ansia sangrienta de los dí­as
y su inexplicable levedad
 
como el niño que busca panes de sol
como un perro acechando
del revés y a contramano de los sonidos
 
en los pliegues del aire
en el goce del mar
y la lenta agoní­a de los algarrobales
te busqué Poesí­a
 
estoy suspendido en el abismo
para que me desgarres Poesí­a
siempre supe que la Belleza es ciega
 
y duele.
 

la palabra no deja dormir
 
Poesí­a
 
estoy listo
implacablemente listo
 
para arder.
 
 
las manos de partir lloran suavemente
 
en la tarde     cuando la madre de madres se cae
suenas todas las venganzas del infierno
porque a dios no le gusta ir adonde no hay nadie
mi querida
     nunca fui tu huérfano de pan
     mis manos no amarraron trompos ni barriletes
 
yo era apenas el niño que se arrastraba
en una lancha tambaleante
sobre lágrimas de hielo
 
yo era ese niño que repetía la leyenda
de un amor a quemarropa
el lujo insaciable
y la promesa de millones de regresos
 
 
de pie ante la tempestad
arden pabilos en el corazón de la noche
 
 
no contaré que refulges todavía igual que la lujuria
     porque es malo nombrarte
                 es pecado tener en el alma      una mariposa rubia
 
(Testigo infiel, 
Ediciones en Danza,
2015)
 
***
 

manzano insomne
 
                                        a Inés Manzano, siempre
 
igual que tú la noche no duerme
 
está chaguando tus penas de fuego
y ángeles hambrientos
 
la luna tiene los ojos descoloridos
y nunca será patrona del cielo
 
tampoco los pájaros si alguien les apunta
al centro del abismo
 
cuando el planeta era flor
una luz egoísta dialogaba con tus pedazos de intemperie
que guardo como un tigre de humo
 
ahora sueñas a contragolpe
 
y no tengo abril más tremendo.
 
 
cristales de fuego en mi lengua
 
madre
en el primer día nadie dijo
esta codicia inexorable
los ritos escandalosamente sagrados
ni la muerte precisa
cercada por el terror de amar
te deslíes en el ansia feroz de los marineros
hiciste de nosotros una casa derrumbada.
 
 
haz que la palabra sobreviva
 
un costal de huesos sigue llenándose
un foso sigue llenándose
las bolsas siguen llenándose
de vivir a golpes sigo llenándome
de falacias infames
sigo llenándome
dios no se atreve a repetir lo que digo.
 
 
lengua desnuda
 
en el silencio del pájaro
la palabra quema
su mitad arrogante
el poema brama lo tremendo.
 
 
retribución divina
 
oh dios
devuélveme
todo el bien que te hice
cuando te amaba.
 
(Daños personales*,
Ed. Letras y Bibliotecas 
de Córdoba,
2019)

*Premio Literario Provincia de Córdoba en el género Poesía en 2018.


Amarga es esta sombra
 
derrotado
por lo más ínfimo de la desgracia
los llamo desde el herbal del sueño
para que vuelvan a la sangre que me aloja
cansado
me arranco estas cuitas de paria triste
en las manos       tengo un charco de luto
que voy enterrando en el país de las brumas
la pena es un cuchillo hundiéndose en la nada
y me confunde
 

En Dios no cabe ni la mitad de una lágrima
 
padre      el hambre suena adentro
como quien ha tragado piedras
desgracia fabulosa en la mesa vacía
          padre       te perdono el miedo
          y vengo por nuestras sepulturas.
 
(Oficio de sombra,
Ediciones del Camino,
2023)
 
Portada: Alfredo Luna, foto de Viviana Bernardo.
 
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Graciasss/valknutr.blogspot.com/2009/alfredo-luna


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