LEONARDO MARTÍNEZ



La estirpe antigua
 
Se va la estirpe antigua
como un puñado de aire,
sombra tenue
que deja de nombrarse.
Nunca más trashumará los montes
para buscar la madre de los vientos.
Las flores, los capullos,
se acabaron para siempre
en el espejo vivo de sus ojos.
Los caballos dormirán
un sueño de relámpago
y la voz del campo sonará
para los pocos
que puedan escucharla.
Se fue la estirpe antigua.
Quedamos solos para estirar el tiempo.
 
*
 
Tacana
piedra bajo el aire diáfano
molienda azul de las alturas
¿a dónde irán tu aire
tanto azul
el resuelloo de la tarde
el ondular de los bellidos pajonales
la achacosa sombra
engarzada de luceros?
piedra bajo el aire diáfano
molienda azul de las alturas
¿a dónde irán tu aire
tanto azul
el resuelloo de la tarde
el ondular de los bellidos pajonales
la achacosa sombra
engarzada de luceros?
 
La dócil ganadería
pasta en las colinas rubias.
El zorzal trina
como una tenue risa
en la tarde clara.
En el hondo barranco
el agua refulge
y es una luz líquida
que se escurre entre las piedras
hasta aquietarse
en la profunda esmeralda del remanso.
 
En la sierra el aire suena.
Remotas guitarras
flautas que la noche calla
con el fragor del silencio
que derraman estrellas y metales
se precipitan por las quebradas
en la ternura dormida de la tarde.
Cárcel libre donde el aire remonta
azules oquedades
como viento disparado
hacia las altas mareas de la noche
miel de sombras que desborda
la tengue fragancia del rocío
expandido por la luz rumorosa de las siembras.
En la sierra el aire suena.
La penumbra asciende
en el silencio de los valles.
Los cascos suaves de la noche
van pisando los tréboles fragantes
desgarrando la enredadera tibia
de polvorienta luz que se deshace.
 
*
 
Alguien murió en 1810
pisando el filo de los nuevos tiempos.
Fue el capitán Don Diego.
Cerró los ojos en su catre de tientos
rodeado de rostros y de objetos familiares,
mirando de soslayo el arcón repleto
y soñando con ganaderías, fraguas y puñales
que abrirían un deslumbrador continente
de degüellos matinales,
de sangre fresca salpicando
un cielo de lanzas y campanas.
Asido al crucifijo,
el cuerpo hirviendo de piojos invisibles,
rindió su aliento repleto de miedo
a un cerril camino
de celestes yugulares.
pisando el filo de los nuevos tiempos.
Fue el capitán Don Diego.
Cerró los ojos en su catre de tientos
rodeado de rostros y de objetos familiares,
mirando de soslayo el arcón repleto
y soñando con ganaderías, fraguas y puñales
que abrirían un deslumbrador continente
de degüellos matinales,
de sangre fresca salpicando
un cielo de lanzas y campanas.
Asido al crucifijo,
el cuerpo hirviendo de piojos invisibles,
rindió su aliento repleto de miedo
a un cerril camino
de celestes yugulares.
 
(Tacana o los linajes del tiempo,
Cuadernos de Sudestada,
La Plata,
1989;
Editorial Lisboa,
Buenos Aires,
2014)
 
***
 

Ojo de Brasa
 
La siesta
tiene un ojo de brasa
incrustado en los vellones
de las arboledas umbrías
Púber
inocente de toda inocencia
se desliza
por los yermos quemados
ofreciendo su mirada de vidrio
su mano de lana
su garfio de hierro
Soy uno más
ante el umbral de su boca
un pulso más de su color ardido
Al atardecer
se viste de sombras
y suelta los hijos
habidos con los dioses sin nombre
 
(Ojo de brasa,
1991)
 
***
 

Dioses del verano
 
                 ¡Oh, mañana inefable de la vida! Oh, la franca
                        risa como de leche de la conciencia blanca!
                                                                  Julio Herrera y Reissig
 
Chapotean descalzos
en las aguas crecidas.
A grandes brazadas
baten las olas musicales.
 
Morenos dulcísimos del verano
nadan hacia el niño
escondido en la espesura.
Son tan hermosos
como aquellos años de adivinanzas
y sortilegios.
Pasan de largo.
Inmortales.
Intocados.
El niño oculto entre las ramas
mira en una siesta de diciembre,
insalvable diciembre,
el radiante oropel
de los cuerpos mojados.
Exhaustos,
son fotografías de otoño.
En las hojas abatidas,
como en las oscuras miradas del pasado,
están sus alientos tibios.
Cuando el invierno haga brillar
la luz del frío,
sus ojos serán charcos
de aguas ciegas.
 
Muslos elásticos,
torsos brillantes y sonoros,
siguen nadando hacia el niño
oculto en la enramada.
 
(El señor de Autigasta,
1994)
 
***


Las palabras

a Joaquin O. Giannuzzi
y Teresa Leonardi

I

Encontró una línea escrita
la creciente arrastra sombras
Le pareció un hermoso verso
y pidió al hijo que continuara
Éste agregó
también zapatillas trozos de cuero
osamenta de animales etcétera
Entonces
el padre defraudado
condenó la inclusión del deterioro
entre los eslabones de la vida
como si ésta sólo fuera
un lírico desgarrón de lo absoluto

II

Sin embargo todo resulta banal
lo enorme y lo ínfimo
Cantar sería revertir
encontrar el espacio de pureza
donde trazar el resuello
Tomamos aire y continuamos
El espejo dice la verdad
Nuestra imagen en el agua quieta
es la momia del instante
Luego están los otros y el amor
los pedazos de carne en la gloria del tacto
y la amistad para sentirnos tibios
pues desde los sillones
tapizados de codicia
la historia de cada uno
cada historia personal
parece un film confuso y boqueante
No entendemos de números
ecuaciones estadísticas proyecciones
más fácil fuera el látigo la horca
Rebaño el mundo
matadero

III

Bueno o malo
por un oscuro designio
almaceno lo cotidiano
en un depósito de insalvables carencias
Demasiado ambicioso
he repetido mil veces
y te lo he dicho amiga
mi esperanza cuando escribo versos
es su buena factura
Pero soy un amanuense
incapaz de encausar el manantial
Éste arrasa con la hoja blanca
Es mi escritura
pero también la de un cuerpo desconocido
y sin embargo necesito escribir bien
sentir los contrastes rítmicos
el color de las vocales engastadas
en las terrestres consonantes
Hablar de la perfección
sería hablar desde un afuera
Nosotros
modestamente
tratamos de orquestar la vida
enhebrando palabras
por el ojo de una aguja
con la íntima certeza
de que el viento barrerá
todo rastro del posible bordado

IV

El infinito sonoro
y nuestras incontables tribulaciones
tejen una malla cambiante
un caleidoscopio
donde los mismos materiales
se combinan inéditos
Todo se corresponde
en el magnificente reino de la Madre
Sonidos y colores
en la mesa del escriba
bajo la lámpara
en el silencio de la noche

V

Mi amigo
el gran poeta viejo
y la vejez en este caso como en tantos
es sabiduría
sin mucha convicción afirma
`` sobre los sentimientos se ha dicho todo
de manera insuperable´´
y es verdad de perogrullo
Pero me instalo a escribir
Y reescribo desde el vacío la pérdida el vacío
Hasta donde puedo resignifico
dispongo ordeno el mundo
El bisturí abre y corta
Hago un laboratorio de mis vísceras
Las expongo sobre el mármol
La herida es la boca del destino
Distante el bisturí sobre la mesa
Inservibles el hilo y la aguja
Recojo los órganos
Escribo el resto

 

Un Infierno Menor
 
a Libertad Demitrópulos
 
Mi Tía Isidora
se suicidó una noche de Enero
al comienzo de nuestras vacaciones
Pudo haber sido en Diciembre o Marzo
pero fue en Enero
cuando los largos paseos a las montañas
nos hacían tan felices
Tragó su vida
y se incriminó en el desfile de muertos
adheridos al olvido más pedestre
Se fue diciendo
soy la Señora de los escapularios quemados
la doméstica del sagrario de las hostias marchitas
ningún lugar me contiene
desaparezco
sola con mi angustia
Y mi tía Isidora
se pudre en su cama de tierra
fuera del camposanto
por suerte sin la compañía de muertos
que la hubieran agobiado en vida
Las gallinas escarban los hierbajos
y algunos perros orinan
sobre la tumba sin inscripción ni cruz
Perteneció a varias cofradías
a sociedades de bien público
Demasiado hermosa
sus carnes de leche rosada
es seguro
intoxicaron de gozo al amante secreto
¿Adulterio?
¿Un amor deshonroso?
Ciudad de provincia de tribu pequeña
descendíamos señores y siervos del mismo genearca
por lo tanto el incesto era el diario alimento
y la muerte por la mano propia
el estrecho camino de un infierno menor
 
 
Adolescencia
 
Hemos caminado al sol por los cercados de la cumbre
Demasiado cielo Demasiada gloria
Hace calor y fatigados
buscamos el refugio de unos matorrales
Sudorosos nos quitamos camisas y pantalones
Las vacas miran curiosas
como hembras inaccesibles de un olimpo ajeno
mientras los dos desnudos en la hierba
vemos caer el sol y avanzar la noche
Dulce y fluvial el sueño sumerge los cuerpos
en oscuros laberintos
y la hermana muerte nos roza
dejando un olor a siega de hierba tierna
Antes de regresar fumamos un cigarrillo
De la vertiente cercana bebemos agua fría
y nos revolcamos sobre colchones de toronjil y menta
 
(Asuntos de familia y otras imposturas,
Ediciones Último Reino,
1997)
 
***


Caminábamos gozosos palmo a palmo
los senderos abiertos bifurcados
juntos escondidos en los huecos tibios
Mis ojos tus ojos veían por la yema de los dedos
Estallábamos en leches y gemidos cada vez
y cada vez mi lengua cavaba agonías
cada vez mi lengua fuego pétalo
cada vez mis jugos tus aguas
cada vez
Nos amábamos codo a diente y nuca
a pelo y pezoncillo
a costra en el ángulo más sórdido
a resplandor de miel en el ojo vacío
Ahora somos una corriente de palabras dispersas
Un pedazo en el cuarto a oscuras
otro en el papel en blanco
otro parpadeando ante la muerte
 
*
 
Alguien se inventó en mí
Tiene el peso real de los sueños
Existo en su respiración
sustancia aérea
Cuando mis dedos tocan
ese hueco sonoro
un estremecido azogue
escapa de mis ojos
y con pálidos reflejos
se pierde en tramas dolorosas
Abandonado niño
de madre desvalida
falacia del ser
amor del aire
 
*
 
Nos amábamos codo a diente y nuca
No lo sabías
Aún lo ignoras
pero hondo sientes
un barro esperma sangre
escrito por mi mano
El hijo es el poema
Hijo tuyo y mío en Ella
Hijo en la trinidad más amorosa
Ahora debo acomodarme
tragar como tantos
el gusto agrio de la desesperación
acomodarme al día
a la luz sin vos
acomodarme y buscar el brillo de tus ojos
en ojos anónimos fugaces
y abrir mis manos y dejar caer las horas
no aprisionar el tiempo
correr hasta el final
con tus ojos al fondo del agua de los siglos
mirándome
 
*
 
Durante años vivimos un amor secreto
Disimulado en claroscuros
La vergüenza hizo recóndito el desatino
Sin los destellos de la adolescencia coronándote
tu vida es otra
Podemos hacer recuento de tormentas y volcanes
Hay quienes aseguran que el alma es un fenómeno
                                  Cósmico
Todo se estremece canta llora
¿Qué nos espera entonces?
¿Un comienzo en las brasas del antiguo fuego?
 
(Jaula viva,
Ediciones Último Reino,
2004)
 
***
 

Cuerpos de sed
 
Secreto amor entre potro y jinete
acabado en la penumbra de senderos idos
Vivir
nada más
lo sabían
Vivir en el gozo de los cuerpos sudados
caídos en el sueño
Sedientos más que la sed
el amor les dibujaba un ala de fiebre
y como cuchillo que cava y abre surcos
y esparce en la tierra la sustancia de la herida
dolía en frío de luz y tajo
Potro y jinete fundidos
Relámpago sin señal ni estela
El tiempo es un paréntesis en el misterio
y amor
la gran boca de la ingesta
 
(Los ojos de lo fugaz, 2010)
 
***
 

De ser tan poco yo nace el nosotros
 
Los semejantes y sus historias
Toda una fauna geológica esparcida en la arena
que aparece de pronto en este atardecer de otoño
Casi un caudal pensado como destino
temblando en el vaso de leche tibia
detenido en el corral un alba
el monte cargado de rocío
más allá la arboleda de algarrobos gigantes
y el Río del Valle hacia los secadales de Sisihuasi
con caballos madrugadores y al galope
como eternidad de la vida
por quebradas y espesuras y precipicios y cumbres.
 
Imperecedero el amor y aquel beso bajo el follar de los astros
Tus nalgas expuestas a la luz de la luna
tras penetraciones incesantes
y enterrado en vos el sueño de ser yo
Porque en realidad soy yo y vos
y el perrito que mea la vereda
también el padre muerto
y la adolescencia arcaica embadurnada de semen
Caminante que abre senderos en el arenal
con vos a la rastra
Apretado amor y gimiente a la rastra
consumido amor en busca de una cueva para morir su llanto
 
 
Habla mi tía Antonia travestida en inocente bichito

I

Camino por los pétalos
¿A dónde voy?
Me quedo quieta
escondida bajo una hoja
Pero de nuevo emprendo la marcha
Hago equilibrio en la corola
y me deslizo hasta el centro
¡quiero subir al polen!
¿Ahora qué vendrá?
Destello y reverbero
el precipicio me espera
¡Pido que me amen
con el amor de los iguales en el reino!
Es mediodía y se me acaba el tiempo
El abismo abre su boca
En su ligera transparencia
me dejo caer
 
II

Y se deja caer en el agudo relámpago del sueño
Por primera vez el tiempo le pertenece
Ojos vaciados de mi tía Antonia
ojos abismos de un perpetuo nacer
ojos furor clamor goznes playas
ojos con los óxidos de centurias apagadas
ojos cobres magníficos
ojos que conservan la simiente del rayo
ojos-enjambres con los infinitos nombres de dios
ojos en los que descansan y procrean
[ los precipicios
ojos-báculo y extremidades del principio
ojos de las aguas libres
ojos contra el tiempo
 
 
El árbol

Hacían falta cuatro de nosotros
para abrazar el tronco
de aquel algarrobo erguido
en medio del potrero
Mama Encarnación aseguraba que sus abuelos
alabaron la sombra tupida
el placentero estar bajo su brisa
Tata Manuel ya lo contempló irse pausado
por el aire
Después cada uno de ellos emprendió su viaje manso
Los tataviejos y las mamaviejas hicieron lo propio
El árbol tenía su tiempo
lento en morir parecía
Parsimonia de anciano me digo
Mientras
padre y madre anochecieron
Ahora el follaje del árbol
es un abanico alto y ralo
incorpóreo en mi mente
Vida en la imaginación
le dicen
Vivero de una futura arboleda
aseguro
 
(El barro que sofoca,
El Suri Porfiado,
2013)
 
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