VERÓNICA VIOLA FISHER

Crush
 
Observo cómo
hace fuerza la semilla para hundirse
en el mosaico. Me mira
junto saliva y la escupo -gracias
dice, un poco menos sedienta
Mientras pelo una naranja
resisto esta cocina y esquivo
sus palabras
En esta urbe la pavada
se contempla como si fuera
un trabajo -comenta semillita
Casi nada, se parece a Necesidad
nuestra diosa, la que me tentó malvada
a comer esa naranja. Saboreo un gajo
ubre ácida y continúo
...ahora compran
tijeras porque las apariencias obligan
a utilizar un bozal
Hablo mordiendo y suena
la sirena policial, deben ser
las tres de la mañana -observo
a la semilla y se me caen
lágrimas. Ella no habla, me mira
está muriéndose
Atenéte a las consecuencias
de haber crecido
o lamé en el mosaico
y en la semilla partida
su sangre -gritó la naranja
desde mi esófago, aturdida
saco esta lengua y pequeña, altiva,
yo me planto.
 
 
ábaco
 
Cuando terminen los cien años de perdón
recibirás, en las manos algún día
ese gran puñado suelto
de ojitos que brillan: oro,
por todos nosotros no, por algunos
solamente
Es una panza llena, mi cabeza
apenas un ingrediente
indispensable de este cuerpo. Funciona
si le doy manija o cuerda
de donde sujetarse para poder seguir
el camino de vuelta:
calesita de la historia cabecitas
en su celda
- Mamá, ¿qué es de la plata?
- Un río, aquí cerca
Una manera de insultar a los chanchos
señores picacabezas
- Jefe, quiere papa
- Tendrás muchas, cuando estén calientes
- Jefe, quiero cobrar
- Le daré, para que tenga:
Mi panza es una cabeza hueca, funciona
con manos repletas, doradas
llenas de sal. Trabaja su abdominal
fuerza con la cabeza. Esta que escribe
no tiene idea
lo que se siente al explotar
a otro que despidió
años atrás a tu viejo
no por viejo por hablar
de un paro en toda la empresa
- Lo siento mucho, señor
¿quién fue
el sinverguenza?
- Esa lengua que limpia el mostrador
esos pies, clavando vidrios en la
medianera esas manos
amasando mi caño
de escape
- La que escribe, señor
¿qué tiene que ver?
- Tiene que ver si escribe
sobre su papel
- ¿en la vida?
Interrumpo para decir
que trabaja en negro mi boca
no hace aportes, provoca
como Sansón al peluquero
Alguien pensó una vez:
los que ganan, pierden
- Jefe, quiero comer
- Vaya, los libros no muerden
- Y entonces
¿por qué los queman?
- Eso fue hace mucho tiempo, ahora
ya no hace falta
- Jefe, ¿cómo sabe
todo eso?
- Está riquísimo
su seso está
sin una espina
si usted no fuera tierno
me costaría
más filo
- Y ésta que escribe, ¿cómo es?
- Es un pistilo
sin experiencia, flor
de quilombo tiene en la cabeza
pende de un hilo su certeza con respecto al
mañana en cambio yo
- Lo tiene claro
- Claro, lo tengo anotado
en la agenda que era de mi viejo
el empleado legendario que
- No me llore, jefe
- Retírese, por favor
- Pero señor ...
- ¡Está despedido! Atrevido ¡Traidor!
Y colorin colorado el jefe
casi explotó
pero no, ¿quién lo salvó?
la blanca dama que desde el cajón
de su escritorio saltó
como al rostro de Jesús, la luz
de Dios El ahora
desempleado, profundiza el pensamiento
Aquel jefe será mi esclavo -dice
frente a sus hijos. El más pequeño,
un ratoncito
hace a su padre un juramento:
nunca será cola de león
sino cabeza
de roedor.


¿tenés pasta?
 
Todos, y mi médico aseguran
que tengo una vida
interior bastante rica como para
no sentirme
sola
Debo pulir
toda encía rebelde
con un cepillito
antes de dormir. Hoy no comí
remolachas -explicaba en mi terapia-
Son estas
palabras se me caen a cachos y
golpean Si son
ricas? El interior se hace
destrozar si son muchas?
por una
belleza falsa
No sentirme, no
La tengo en la punta de la lengua
es una chinche
de metal bastante insulsa
como para no decir
Cómo no decir: pará
de hachar el frenillo y coséte
una jaula en mitad de la garganta
¿Tenés pasta?
Para sobrevivir no
quiero lavarme otra vez, no mires
lo que disfruto. Antes de dormir ay
rica cebolla, hoja
por hoja diente por diente muela
a palos
su idea
incorrecta aprenda que
la realidad no es solitaria y usted
es real
que tengo una vida
aseguran todos, creyentes del ojo porque
me ven consideran
que existo.
 
(Hacer sapito,
Nusud,
1995)
 
***
 

arveja negra
 
Tengo un problema:
arranqué los ojos de mi muñeca
y ya no ve. Desde el noveno piso
lancé con ímpetu al patio interno
de mi vecina un ojito, el izquierdo.
En una alcantarilla, único
ojo abierto que permite
entrar a la imagen hecha cuerpo;
es de saliva poderosa
seduce agresiva cualquier intento
de entrega externa, la convierte
en interna destrucción. Allí
abandoné el otro ojo que rodó
como una arveja negra.
Mi muñeca: muñón del alma mía
no está ciega, es simple
no tiene en la cara ojos
y su cabeza recuerda
pequeño el patio que se agiganta
a gran velocidad, un agujero.
Yo le muestro
determinada cantidad de dedos, ¿cuántos
hay? le saco la lengua, me burlo
lloro en silencio y no lo nota, la amenazo
y nunca tiembla: Ojos que no ven
corazón que no siente. Necesito
dos ojos, o un corazón
autosuficiente. Mi lágrima no sabe
parir otros, mi problema es
operar en el hueco
de la mirada. No,
caer en él.
 
 
huevos
 
Las cigüeñas jóvenes que llegan
no ocupan nidos vacíos
Van al ataque de otros
hogares ocupados por familias,
los arrebatan o mueren. Hijas perdidas
tal vez, que vuelven a vengarse
inadaptadas pajaritas de papel
la mayoría, débiles.
Después de muertas, renacen buenas
y se ocupan de viajar cargando niños
rosados, normales, niñas también.
Si el llanto cesa y los bebés ríen
son abandonados
o el destino coloca cables
de alta tensión donde queda la cigüeña
como un avión de guerra o bien
como una equilibrista
dormida sobre la cuerda. Entonces,
la bebé moquea en su última respuesta.
A mí me trajo un cuervo,
hembra y yo en venganza
le comí los ovarios.
Ahora pone huevos.
 
(Arveja negra,
VOX,
2005)
 
***
 

Notas para un agitador
 
cuando era pequeño se le cayó un piano
en la nuca, desde ese día sus vértebras
suenan cada vez que baila
sobre la silla eléctrica: no muestra arrepentimiento
con palabras, no entona
baladas de protesta
 
Se dedicó a grabar sonatas
de guerra, percusión ósea contra
tiritar de dientes. La electricidad es buena
compañera dice ahora
encerrado a perpetua,
que enciende la tele
de la paz rosada o la casa
de un moderno enjambre de patrañas, enfermo
el penado yace quieto, en silencio.
 
De la música del cuerpo proviene
una verdad indisoluble pero si hubiera
caído una hoja
filosa sobre su nuca, ¿qué palabras
escribiría nunca?
 
Un niño pregunta a otro
cuando el mar se agita, habla?
Shh... le contesta su amiguito
al igual que las olas
y callan.
 
(Notas para un agitador
La calabaza del diablo,
2008) 

***


Había una vez un extraño. Tenía los ojos grises y una sonrisa imperceptible, malévola. Y una chica que quiso escapar pero ya era tarde. Estaba encerrada con el extraño en el ascensor descompuesto. No le salía la voz y el extraño la miraba. Las órbitas de los ojos aplanadas. Silencio. ¿Molesta si fumo? Fumaron. Y el extraño desapareció en el humo. Entonces ella empezó a sentir que alguien le besaba los pies. Inclinó la cabeza y ahí estaba el extraño. Le piso la cabeza con amor mientras él la miraba con su mueca graciosa. ¿Y vos quién sos? Yo soy una extraña, dijo.
 
*
 
Había una vez un limón que luego de cortado por la mitad y usado quedó en dos partes en la huevera de la heladera. Fue pasando el tiempo y a una mitad le empezó a surgir un sarpullido blanco. A la otra no. A la otra se le empezó a oscurecer el color amarillo a marrón. Finalmente una quedó cubierta por sarpullidos con pelos blancos rodeados por una aurora verde. La otra se arrugó toda y quedó marrón, además de endurecerse como una roca. ¿Por qué a una mitad le había pasado una cosa y a la otro otra? Lo que sí se sabe es que una fue a parar a la basura, y la otra quedó como un fetiche en la heladera, seca.
 
*
 
Había una vez un tornillo. Que se había caído de una cabeza. El tornillo necesitaba una cabeza para existir como tal, cumplir su función, hacer algo de su vida. Pero ninguna cabeza lo recogía. Y tirado en el suelo lloraba oxidándose. ¡Pobre tornillo! Hasta que lo abrocharon a un taco Fisher. Pero el tornillo sufría, en contacto con el plástico en vez de una masa suave y mullida. Que además le hablaba. Este plástico estaba muerto. Un día, después de mucho tiempo, la pared se descascaró de más y el tornillo volvió a caer, solo. ¿Entraría en una rodilla? Entonces lo agarró otra cabeza, y pudo ayudarla, completando un vacío que la tenía loca.
 
(Había una vez,
Caleta Olivia,
2019)
 
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Graciass/revistas.udec.cl/index.php/acta_literaria/

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