AIXA ARDÍN PAUNETO

Los poetas necesitamos más palabras
 
Los poetas necesitamos más palabras.
No nos dan las del trabajo
ni las de domingo.
No nos sirve para nada
otorrinolaringólogo
o filantropía.
No nos son suficientes las del femenino
ni las del masculino
ni los sustantivos epicenos
ni los diccionarios.
Los sinónimos no se nos parecen
ni los antónimos se contradicen.
Cada palabra es
una sola,
sólo la que quisimos
o encontramos
como descubrimiento fatídico del destino.
 
El término currículum vitae no rima con nada.
No produce ninguna melodía
un nematelminto alado,
a menos que tenga marca registrada
y se lo coma la masa como línea novecientos.
Necesitamos las palabras como pertrechos,
como fusiles al hombro para matar pesadillas.
¿Cómo lograr el requilorio si no podemos
inventarlas?
¡Si es que necesitamos más palabras!
Más palabras para decir muerte
y para gritar gozo
o contar del retrechero amor
o de la diuturna soledad.
Los poetas necesitamos más palabras
que las que dicen en el noticiero de las seis
para nombrar el hambre del alma
y la resequedad de la dejadez.
Guerra
democracia
colonia
escribirlas todas con letras minúsculas
y de alguna manera mezclarlas
y dejarlas morir,
las que sobran
las que son débiles
las que están passé.
Y mientras buscamos palabras en
el armatoste de la lengua,
más vale que tengamos algo que decir,
algún relato de la melancolía,
un sufrimiento desesperado,
un ímpetu volcánico de lucha,
indignación o vergüenza,
que las palabras no servirían de nada
si los poetas
acementamos el corazón.
 
                                             (Batiborrillo, Calzado Ajeno Editoras,
                                              San Juan, PR, 1998)
 
*

 
(fragmento)
 
¿Habré de apartarme de lo simple,
de lo humilde de un beso?

¿Habré de olvidarme de la sencillez de una caricia,
del incalculable contenido de un suspiro?
 
¿Qué tal si mido el universo
y lo cuantifico en un logaritmo algebraico
y señalo su extensión y su volumen?
¿Qué tal si cuento las estrellas?
¿No sería eso tan exacto
como decir que hay muchas,
que hay millones?
 
¿No sería eso tan válido como el sordo concierto
de mis dedos cavilando tus promesas,
resguardando tus mitos, tus tesoros todos,
penetrando las profundidades del mar oscuro
y desconocido de tus deseos?
 
¿No sería eso tan puntual y cumplidor
como mis espasmos
y las gradientes de mis gemidos?
 
Tendré, tal vez,
que recurrir a lo infinito,
lo más allá de las fronteras de la existencia,
lo omnipresente,
lo todo,
lo pagano quizá, lo divino acaso.
 
Beatificarte
 
[…]
 
¿Será necesario que alguien,
un solo ser,
no haya sentido ya lo mismo,
no haya tenido mi suerte,
y no haya prendido a su piel
el recuerdo intacto de su amada?
 

Préndeme 
 
Préndeme,
hazme llama agitada de presura.
Hazme chispa agigantada, vorágine que consume.
Hazme mecha acelerada que detona bien los cuerpos,
que lubrica orificios y se hace trueno,
que invade el aire y se apodera del oxígeno.
 
Préndeme,
quedo hecho fuego, encendido, activado, conectado en directo,
un pirógeno adherido al sexo que es mi mismo sexo,
un ígneo obligado hacia el margen por la iglesia.
Quedo hecho rescoldo,
quemo energías en incógnito fuego privado,
encloseteado, criminalizado, silenciado.
 
Soy andrógeno y sexuado, inquieta identidad que no se registra.
Volátil ave de fácil vuelo no permanezco chamuscado.
Soy, fénix y abraxas, me regenero, doy la batalla.
Lucho que lucha la mano izquierda,
el corazón derecho,
el escrúpulo ubicado arriba de la costilla,
la próstata que se cierne a la consciencia.
Caigo y venzo.
Venzo y caigo.
Escapo ágil de la encerrona y brillo que prendo.
 
Prendido aprendo que soy todo.
Soy toda cosa amable y vil.
Soy todo éter que no se vio.
Soy la lumbre inicial del universo,
el hoyo negro y la muerte de estrella.
Soy el espíritu, el demiurgo, el pleroma.
Soy la religión a la que me uniré mañana.
Soy esa fe que me tilda de hereje mientras no paga impuestos.
Soy ese dogma que abandonaré prendido en coraje
ante el hipócrita estigma con que me viste el templo.
 
Reniego indignada el control que accede el mons pubis,
el valle falo, la cueva lava contralba.
Incinero la ignorancia y el discrimen en fogatas infernales.
Acoso la libertad como si fuera cosa mía,
chispa mía, fuego mío.
Me rebelo contra el control que me agrede y censura,
contra esa ley que me culpa y condena en ausencia.
La ataco con el magma del compromiso hecho vientre y verga.
Creo mi propio dios sincrético que lleva mi nombre.
Mi propia diosa a mi imagen y semejanza,
mi ángel post-moderno, útil e imperfecto.
 
Prendo en mil llamas por cada vida escamoteada en closets,
en ritos autodestructivos, en culpas dictadas en biblias,
en pecados señalados por profetas autoproclamados.
Soy, fuego hembra y llama macho, visible e ineluctable,
muñeco de papel y palabras multiacepcionadas,
un frágil entre-líneas que sólo percibe el astuto.
Soy, un tórrido archipiélago de estampas autóctonas,
un jíbaro jaiba, un juan bobo y su puerca,
un oso, una bucha, un mamito, una vedette.
Me prendo metrosexualmente, me epidemio.
Me intoxico de fármacos y clinical trials.
Me alteran genéticamente lo que como y cultivo.
Me prohíben ser y adoptar.
Me criminalizan junto a mi familia
que se prende poco a poco conmigo
porque nunca he dejado de prenderme con ellos.
 
Prendí con Vieques y la ley siete.
Prendí con Steven y todos los odiados.
Prendo de coraje con cada bala perdida,
con cada mujercidio,
con cada violencia doméstica.
Prendo de vergüenza con cada niño tratado,
con cada fondo apropiado,
con cada victoria acaudillada.
Soy urbe, planeta, soy isla.
Soy madre y abuelo,
el corazón que se fue,
el cerebro que se quedó.
Soy carretera rural y su escorrentía.
Soy mancha de plátano,
Soy gay y diverso.
Soy straight y aliado.
Soy bipolar y genio.
 
Mecha lista me hago brasa cuando la norma me silencia,
cuando los cuerpos me erotizan.
Prendo de gusto y también de coraje,
de placer extremo y genuina amargura.
Prendo que soy carne.
Prendo que soy hueso.
Prendo que soy conciencia sola y colectiva.
Prendo que soy grito que al mezquino se le enfrenta.
El tú y el yo que se repite en la contienda.
Soy somos lo cuerpos que aman.
Soy somos los cuerpos que deliran,
los que se vuelven pasión y calma,
esos que se hacen sexo sin sucumbir en la reyerta
y hacen de la patria una cotidiana misión de vida.
 

De seguro

De seguro sabes
que la tristeza no es más que un ánimo tan inepto como el silencio
que el silencio no es más que una treta para hablar consigo misma
que hay azufre bajo un botón invisible en el espejo
que las cebollas viven vena adentro y sudan lágrimas largas
todo esto también yo lo sabía en los huesos
la única forma de decirlo fue abrazarte
el mar, gran abrazador de continentes
también sabe abrazar
abraza arrecifes
profundidades
ballenas que cantan
navegantes que mueren
ha tenido que abrazar con toda su agua la basura que lanza el humano
navíos que fallecen
aviones que amerizan heridos de muerte
los abraza
los toma y transforma
solapados restos yacen en su fondo y crecen vida desde el moho
crecen criaturas cuasi-rocosas entre la sal
ven al mar
llora en su hombro
llora en su ancha espalda de olas
llora dentro de su baile de ir y venir costero
de seguro tus lágrimas serán ofrenda
de seguro sentirás el abrazo en cada célula
de seguro te convencerás que hasta las piedras no son inmutables
de seguro te harás sal en el cuerpo de alguna sirena
 
                                         (Epifonema de un amor, Calzado Ajeno Editoras,
                                          San Juan, PR, 2008.)
 
*


día del poeta
 
1.
 
lo primero que hizo

no fue dejar atrás a dios

no era eso suficiente

el pie izquierdo desnudo quiso pisarlos todos

huracán se alzaba como el más presente

hincó su ojo en la planta del pie

y murió como mueren todos los absurdos

soplando apenas tenue aliento

siguió bacco zeus el elefante azul travesti de 
la india y todos los budas

alá y javeh intentaron como último recurso 
juntar sus mortales fuerzas

fútil esfuerzo de supersticiones

cadáveres gemelos

inquisición e intifada

una vez ahogados todos los salcedos divinos

quiso el otro pie ser útil

pisó a cupido, a la musa, a la suerte y sus 
sobrinos

así fue que comenzó el día con pie derecho
 
2.
 
muertos ya todos los dioses

mirose de pie el poeta

sus manos dos
una izquierda
la otra diestra
ambas fuertes y dispuestas
a la lucha y la caricia
diez dedos constantes y sonantes
algunos de ellos maestros espeleólogos
 
mirose incrédulo las caderas ondulosas
el vientre sosegado
sus senos prestos al asomo
y al asombro
la sedosa entrepiernas
fluviosa de recuerdos y futuros
una cueva sin tiempo
una caverna de luz y de bondades
 
dijo: soy poeta
así muerta la poetisa
supo que no sólo los dioses mueren
 
3.
 
miró entonces la poeta
el amanecer de rubro
el coito de la luz y el aire
la brisa matutina
peinando un dócil nubario
 
miró además las carátulas del canon
allí donde más señores
y menos señoras
adoraban a más dioses y patrias
mujeres y esqueletos 

donde con palabras eruditas y sencillas
se habla de universos en multiverso
todas brillaban más en los nombres
de los hombres
buscó poeta en el diccionario
“género común”

y encontró otra razón
para desconfiar del lenguaje
 
4.
 
Los colores del helio atrapado 

hablaban de perlas
de playas claras de cielos límpidos
de buganvillas y mentas
de las profundidades oscuras de un mar 
templado
chocolate y crema batida 

acompañaban la canción cuarenta y cuatro
 
5.
 
a lo lejos se oían otra vez tiros
recordó la vez que los oyó más de cerca
temió y no hubo muertos
recordó la vez 

que uno solo tiro mató a alguien cerca
recordó las veces que disparó y no mató
recordó la veces que no disparó y mató
la vez que quiso estar muerta
la vez que quiso no haber matado
otra cuando soñó la muerte
y lloró de veras el peor recuerdo fue
el de cuando hubo muerte
y no hubo lágrimas
 
6.
 
hay que ver que la gente se equivoca
funden rebeldías con amores 

sin mediar los agravios
hay que ver que quien mejor le conoce
sabe de respetar y largarse
hay quienes se quedan sin esperanza
con lo posible
y quienes se quedan con la esperanza
de un ser imposible
legado de proyecciones impuestas
de apuestas contra la casa 

de no creer las respuestas
hay veces que ser una
es el gesto más cruel del mundo
 
7.
 
existen sin final
los finales que no acaban
las veredas que se miran en el mapa
para saber donde no caminar
ha transitado la poeta caminos 
impostergables
en total negación
ha besado bocas como si no se llamaran 
adioses
ha dormido encinta de engendros
las caricias las tristezas se amigan en ese 
destierro
la multitud de silencios
es un arma homicida
 
                                                  /dia-del-poeta/
                                                           (2011)
 
(Escritoras puertorriqueñas en el siglo XXI: creación y crítica.
Aixa Ardín, Áurea María Sotomatyor Miletti, 
Nemir Matos Cintrón y Yolanda Arroyo Pizarro. 
Pequeña Antología Profética, 
preparada por 
Lilliana Ramos Collado,
TINKUY, boletín de investigación y debate, 
nº 18-2012,
Section d’études hispaniques,      
Université de Montréal.
Ana Belén Martín Sevillano, ed.)
 
Graciasss/tinkuymtl.com/2023/06/Ardin-A.pdf
 
***
 

Mar calmada

Era un agua tan quieta, tan hecha a tu medida
que simulaba un espejo sin fantasmas.
Yo me creí viento, me agiganté en tu osadía.
Soplé el caracol de la guerra
busqué en cada hoja el temblor justo y necesario
tiré por los suelos arenas amanezqueras,
deshechos antiguos, fui huracán y tormenta
para agitar tus aguas, para soltar amarras y anclas
solo para quedar más detenida que nunca al oírte llorar.


Ejecución

Igual quel lenguaje ejecuta muy mal un suspiro
el teléfono ejecuta muy mal tu presencia.
Por eso mejor no te tengo a ti ni a tus besos
que dejen de mirarme tus ojos hoy mismo
porque si no, qué haré cuando
insistas quererme en la distancia.
 
(Los otros cuerpos: antología de temática gay, lésbica y queer
desde Puerto Rico y su diáspora,
Editorial Tiempo Nuevo,
Puerto Rico,
2007.
403 p.)
 
***
 

Se ríen las máscaras

Las máscaras me miran desde sus pedestales
como sombras que han estado ya en mi vientre
y se ríen
porque aún no las veo a tiempo
aunque las reconozca
aunque muchas veces haya dicho nunca jamás.


El árbol

El árbol casi estatua
casi silogismo
apertrechado contra la intemperie
aferrado al estiércol,
marimpuñado
con un ardor soroco
cimentándolo a su madre.
Todo verdor.
El árbol.



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