JOHAN MIJAIL


 Declaración de mi imperio, primer tiempo
 
Hijo del sol.
Capitán cabeza de esta ciudad atrincherada en el ruido,
Dueño de un imperio de mármol, levantado por hormigas inquíetas.
Una santa que es la dominadora,
Trujillo vivo en el Palacio en pleno siglo XXI
Robaron mi isla hasta sumirla en la mediocridad.
Secretamente misteriosa, mística.
Esperanzado yo, en las siete potencias africanas,
De siete colores diferentes,
Con olor a tabaco y mentol
Esto soy yo.
 
Orgulloso de un sabor ancestral,
Donde lo que se enseña es a hablar con muertos de tres cabezas, sin
dedos en los pies.
Bonyé, resucitado y limpiando mi habitación a las dos de la mañana,
con un vestido hecho de vuelos lumínicos o sino dorados como el sol
del caribe
 
Y es que ahora,
La gente no camina, vuela
Salta paredes de AIRE,
Ahora no vuelan,
La gente camina las calles de la Zona Colonial a plena tarde,
Con globos en las manos.
Mascaras de dibujos animados, que lloran la muerte de María.
Callan.
Vuelan de nuevo,
Se nubla el cielo, como señal de hacer notar su presencia
Ya no están en la Zona, sino en Los Mina
En casuchas de cartón marrón, besando el río
La gente no duerme, esperando el otro día
Un enorme cementerio es una sala de espera,
Grande. Grandísima.
 

Sueño
 
A veces sueño que la torre del Malecón Center toma vida, y se
transforma en un animal enorme que come cabezas frente al mar.
Siento miedo.
Y que el mar no es de agua salada, sino de fuego.
Y todo vuelve a la normalidad cuando llega a Gazcue,
Iniciando todo nuevamente en la Ovando con Gómez, entre chóferes
borrachos, travestis y tecatos, compartiendo la luz de la luna.
A veces sueño que sueño y luego despierto,
Y lloro.
¿Por qué?
¿Para qué?
Lloro palabras y lágrimas de letras,
Mi pañuelo son notas errantes por mi casa,
Trato de abrasar la vida
Y le escribo a un mundo que nunca me ha escrito a mí.
Pero no espero que se motiven a escribirme los jevitos que van a
Acrópolis Center,
Ahí no hay nada de verdad
Todo es mentira tras mentira
Al menos que quiera pertenecer al circo, de vivir sumido en la falsedad.
Ellos escriben,
Mi buzón esta lleno de esa basura,
Palabras sin sentidos ni sentimientos
No tienen causa.
 
(Metaficción, 2011)
 
***


Me declaro ser la isla
 
“El agua de este archipiélago de papel pesa y a veces pesa muchísimo”.
 
Ya está claro: morir en una yola no es la solución. El allá, el aquí, el mundo, la maleta de sueños con perico ripiao’ incluido, los boletos para subirse en un tren imaginario y mirar-morir por la ventana. La isla se sigue hundiendo en medio de las olas que vienen por todos lados; —usted se salva si trae oro escondido en la cartera, usted se salva solo si habla inglés y paga con dólares en este Nueva York chiquito, usted se salva si tiene las rodillas blanquitas, usted se salva si quiere salvarse y por eso lee la biblia, usted se salva, usted está salvo en este espejo de país de la mierda, en este caribe que se ahoga en las palmeras y los motoconchos ¿y qué?— en el Norte: corren, en el Sur: la tierra arde, en el Este: los hoyos de las calles son cráteres y en el Oeste: no se escuchan voces. Seguimos siendo isla, isla donde ser artista es ser el diablo, un dato geográfico en algún lugar, demografía atestada de palmeras y de costas. Una llama de tres colores con un escudo católico en el centro. Horas santas, comida, todo lo que se pueda esconder en el bote que estamos armando para irnos. Ganamos un torneo donde el premio era una pelota de medias y un diccionario con tres palabras que no estaban incluidas en el diccionario anterior. Antenas y todo lo que te puedas imaginar en un techo, todo eso haciendo juego con un sol que parece volverse otra cosa. Flores que salen de la tierra y se pierden en los brazos de los espantapájaros formando un universo personal donde la música de fondo es un gagá, donde los morenos que han quedado vivos van bailando al ritmo del un-do-tré con sus brazos hinchados de tanto darle al son del pico a la calle y el sudor en la frente. Bajando, subiendo, dividiendo el pedazo de tierra en dos. ¿No caben dos? Sí. Da pa’ lo do’, para tres, para todo el que quiera morirse (pero no ahora), porque al final de la historia saldremos volando en un cometa y justamente en este tiempo es donde vemos ángeles y señoras rezando y señores que se van despertando los domingos. Arroz con pollo, arroz con habichuelas, arroz con huevo, todo en una misma habitación, al ritmo del un-do-tré mariposita linda e’. Yo particularmente, que he visto aviones aterrizando y edificios muy largos puedo dar fe que el Estadio Quisqueya un día cogerá candela por aquello de Duarte, Sánchez y Mella. Mamá Tingó dejó su corazón en la tierra y su sangre dio fruto a esta generación con el caribe entre ceja y ceja, a esta generación que se ha puesto la isla de sombrero y de escudo ante la guerra, a esta generación que inició al mismo tiempo que el cosmos nombraba a todos bajo el signo de Aries, sin importar que era diciembre u otro mes fuera del círculo y no importa, porque lo que estamos haciendo es gritándole a todos estos hijos de la gran puta que nos escupen hacia un mundo de otredades, que al caribe lo estamos reflexionando, limpiando, coordinando, transformando, viviendo, sintiendo, gozando, pensando, bailando, sufriendo, llorando, bañando el amor por esta media isla perdida, esta media isla con una energía que nos harta al grado de querer salir de ella, pero cuando estamos allá ese mismo son nos hala como si fuera el imán de una metrópolis salida de la selva con un martillo en la mano y con un cuchillo en la boca se transforma todo en nada, en olor, en sabor, en cadencia, en humo y comenzamos a flotar, porque ya no hay fuerza para caminar, incluso algunos han perdido las piernas y otros han ganado más piernas: tienen de dos y de tres organizadas como filas. Dime ¿cómo hemos podido (sobre) vivir aquí? Si no es declarándonos ser la isla y haciendo trucos de magia con el agua de coco, para mover montañas y guardar toda la caña en una caja o en un tubo donde ya nadie la vea, donde ya nadie nos haga esclavos, donde ya nadie nos venga a cambiar-comprar por oro.


Pordioseros del Caribe
 
Lo que pasó fue que ya había una isla. Yo construí una isla. Todo el que se fue también construyó la suya y ahí se armó el lío de islas. Todo el que tenía deseos de recordar o inventar lo que era, no midió el problema que estaba armando. Ahora andamos por el mundo con tantas islas que nos caemos en la de origen y se va a hundir. La mía estaba escondida en un montón de luces, después estaba sola y se fue en su nube. Entonces, comenzó la tarea: ser la insularidad. Perderse en el tercer mundo entre un mar y un océano, que no es tarea fácil, perderse entre ser un espejo o ser una avenida más, un transeúnte más, un ciudadano más, un enfermo más. Ser todo al mismo tiempo, que tampoco es tarea fácil. A veces es bueno estar solo y reflexionar el subdesarrollo que se esconde entre todos estos elevados y apartamentos de lujo entre avenidas con nombres de héroes en inglés, minimizando, minimizando todo, como si fuéramos todavía los seres sub-humanos ante la nobleza. Si ves una sonrisa, no te la creas, porque es una farsa. La alegría no es lo mismo que la felicidad. ¿Qué estás haciendo ahora? ¿A qué le temes? Deberíamos estar pensando en otra cosa que no sean ofertas de resorts todo incluido o ventas de pasillo donde lo que domina es el dos por uno: compras algo y te llevas otro algo por el módico precio de nada. La insularidad es una condición geográfica; el insularismo es una ideología y una yola es un medio de transporte donde terminamos, casi siempre, muriendo.
 
 
Una de las Postales mentía.
 
Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo, la loca, la travesti del barrio, la que anda por el mundo escribiendo poemas en los preservativos de los amantes que no quieren enfermar de SIDA. La de los rituales, la incomprendida ninfómana que prende velas a los santos.
La ninfa, la hipersexual, la del tigueraje.
La que nació macho y el destino se encargó de volver cuasi-hembra. 
Un monstruo que menstrua.
 
Entonces, comienzo el ritual:

Lo primero que hago es leer el poema diez veces, desnuda, frente a un espejo que moví del baño para pegarlo a una de las paredes de la ante-sala.

Desnuda, porque quería darme cuenta de que eso seguía ahí, de que no me lo había mochado, para ver al mismo tiempo como se me corría el maquillaje con las lágrimas que tenían su origen en entregar la corona de Miss Boca Chica mil novecientos noventa y cuatro, y ver-sentir dos medias deportivas dobladas simulando ser mis tetas.
V.M, o sea, Villa Mella City se me estaba poniendo chiquito. Chiquitico. Chiquitísimo. Tan chiquito que se estaba desapareciendo, cayendo, mutando a otra cosa. Era otro barrio más. Por eso me iba a otros lugares donde los espejos de los moteles tuviesen más espejos que me multiplicaran cuando me pusiera en cuatro y después aguantar lo que venía, que al final tó e’ ná. Ná e’ ná. Tó e’ ná cuando se tiene un culo de esponjas y una silla plástica en espera de ti, en una barra, para sentarte a beber escuchando a Zacarías Ferreira y a las amigas-amigos-maricones invitando a jugar Bingo.
Sí, señores, tó e’ ná, cuando se vive en esta hipocresía. En esta mentira travestida de
verdad.
Tó e’ ná
Ná e’ tó
Tó e’ coro
Tó e’ coro
 
Tó e’ tó cuando hay que ir con cuidado para que no venga Juan y te pague con un tiro.
No es fácil estar aquí. No es fácil darlo todo por ser, cuando no se es lo que se quiere que es. Cuando no se es lo que es que quiere que es. No es fácil ser un mujerón, una rubia de dos pulgadas, no es fácil ser la Marilyn Monroe de una ciudad que realmente es un lobo con hambre y miserias. Santo Domingo is burning. Está cogiendo fuego por las cuatro esquinas, mientras me estoy cogiendo con otro macho. Pero no se preocupen.

Yo estoy resolviendo el problema. He comenzado a salir con poetas, chiriperos, guachimanes, modelos, ingenieros, artistas plásticos, levantadores de pesas, abogados, rubios, funcionarios, toleteros, se lo mamo a los parqueadores de carros y ellos también me lo han mamado a mí, ahí mismo, en la acera y termino en el último banco de la iglesia: llorando. Orando. Hablando con mi reina hermosa Santa Marta desde esta boca ataviada con un pintalabios dorado encendido de los que usaban Las Chicas del Can.

Estoy estudiando inglés. Me llamaron. Están adelantando el proceso de visado. Comienzo a venderlo todo. Gasto todo el dinero. Me quedo en la calle. Ya hablo un poco. No necesito aprender demasiado, porque no tengo que abrir la boca muchas veces, pretendo tenerla ocupada. Eso sí, no he dejado de escribir poemas encuera. Soy una megapoeta. Me gusta escribir poemas.

Me llamaron de nuevo: ME NEGARON LA VISA. Yo fui fichada dos veces. Yo estoy acusada de intentar secuestrar a Anthony Ríos. Yo estuve presa en un destacamento de Villas Agrícolas, porque me encontraron varias hojas de yerba.

Y fui engañada. Me habían prometido no ficharme si tiraba un polvo con el comandante. Me engañaron después de ponerlo a coger su gustazo. ¿Ahora entiendes que no miento cuando digo que esto es una mierda?

La vida es una mierda
Mi barrio es una mierda
Mi historial delictivo
La peluca
Las hormonas que me inyecto en las piernas
son una mierda
El mundo es una mierda.

Estoy en Nueva York. Pude irme con un pasaporte falsificado, macheteado, alterado, truqueado, dominicanamente he estafado las autoridades migratorias para poder estar con mis seguidores. Con los que aman mis poemas, con los que me leen.
La quinta avenida is my home.
La quinta avenida es la pasarela donde modelo las tetas y las nalgas que me han pagado decimeros, poetas y raperos que conocí en el Nuyorican Café.
La casa más grande de Los Alcarrizos es la de mi mamá.
Soy aclamada, deseada, venerada. Salgo en la prensa, salgo al escenario con ropa nueva, siempre. Me idolatran, glorifican mis poemas, me publican libros.
Conocí a un moreno y me chivatió.
Me apresaron y me deportaron.
Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo
Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo
Soy la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo
Y entonces Frank, ¿qué se va a hacer?


Aleluya al rey

Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó.

Así cantará mi ejército cuando camine hacia la construcción de mi imperio de mármol. Cuando caminen hacia la victoria. Y yo, el niño de oro, sea venerado con los aleluyas más altos. Se reunirán detrás de los basureros, detrás de cualquier otra cosa para prestar ayuda en el levantamiento de lo que yo había profetizado.

Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó

A lo unísono.
Todo el mundo a una misma voz, caminando hacia la victoria, hacia la savia, a la eterna juventud.

A lo unísono.
Todo el mundo bajo mi poder, caminando hacia al sol, hacia el caribe, a la eterna juventud.

Arpas, arcas, velas, jericó
Felices
Arpas, arcas, velas, jericó
Cómodos
Arpas, arcas, velas, jericó
A gusto
Arpas, arcas, velas, jericó
Contentos.

Me paro frente a ellos:
Me ven. Se mueren. Saltan. Corren. Helicópteros. Arpas.

Levanto una mano:
Saludo. Sonríen. Lloran. Vuelan. Alucinan. Me ven. Arcas.

Aleluya. Gloria. Velas. Jericó.
Lo que yo había profetizado: el gobierno de los singafiao, el imperio de las ratas y las cucarachas, el gobierno de los monos, la dictadura del mojo.
Y cada uno en una isla muy bonita.
 
(Pordioseros del Caribe,
Editorial Desbordes,
Santiago de Chile,
2014)

***


Poesía para la posmodernidad
 
Ahora hasta los imanes están buscando beneficios, ser metales, vidrio. Todo ahora es llamar por telepatía a los otros y las otras no contestan, porque esta forma de comunicación no es fácil. Nadie se toma cinco minutos antes de tomar el café, la escritura ahora es automática, lo que salga, lo que coja mi bon, mi papel carbón, mi jeepeta 4*4, mi mamá. Lo que sí es fácil es decir que el dolor de los otros también es suyo cuando se vive en un país desde los periódicos y las notas de prensa, mientras los de arriba miran cuando los de abajo se mueren, se desproporcionan, se vuelven trigo. Tratar de salvarse es una utopía, un sueño que no deja de ser un sueño. Te levantas, porque debes correr, limpiar los cuadros, hacerte una foto 2*2 y ponerla en un Curriculum vitae que diga tu nombre y eso mismo te sella de tal forma que deberás ir al tribunal de justicia para cambiarlo o decirle cuando tienes cinco años a tus compañeros de escuela que te pongan un apodo y pases de ser Juan a Julián, Ju-tufú, Ju-chicomplote, Ju-ju, pero nunca Juan de nuevo. Entender será una pérdida de tiempo, porque los relojes ya no tienen pila. Se necesita otra cosa, algo que cambie todo lo que puede verse desde una ventana, que el malecón de Santo Domingo dejé de ser el malecón y se vuelva otra cosa que pese menos (no hay otra cosa que pese más que el agua), otra cosa que ya no permita que vengan a colonizarnos y escondernos por tanto tiempo en un pote de compota, en un pedazo de caña con un maldito vaho a grajo: grajo por el sudor, grajo por el calor, grajo por vivir en el caribe, grajo por no bañarse, grajo por no tener un bigote larguísimo, grajo por qué se vuelve de noche un pedazo de cartón. Entonces, nos quedamos solos por asunto de destino y brujería y licor y sábanas blancas y tazas con bebidas mágicas. Movimiento-catarsis-locura es lo que nos domina cuando caminamos. ¿Te besarías con un hombre sapo simplemente para que te compre un apartamento en Naco? Haré lo posible por no caerme cuando me toque ir por un traductor, para que no se me pelen las rodillas. I do not like abuse y esto es una máquina del tiempo de colores y limones también de colores por todos lados y nadie quiere apearse por lo cómodo que vamos viendo aves, cometas, lápices, lámparas, cajas, cartones, estrellas, animales que se arrastran, espermatozoides buscando un óvulo para volverse un hombre o una mujer con valores socio-morales dispuesto a respetar la iglesia y las normas divinas. Llegamos. Comenzamos a socializar con lo que vemos (hay ciegos que no ven, obvio), comenzamos a bailar mambo, reguettón, merengue, mangulina, pri-pri, de todo, hasta que nos cansamos y vienen hombres pequeños con sillas de aluminio y aposentamos nuestras hermosas nalgas en los respectivos tronos. Baila, baila, baila y no se para de bailar, porque en la nave hacía lo que nadie hacía: dormir, entonces tiene tanta energía que no le llegan los deseos que todos tenemos de sentarnos. El sol ya pesa. Hay mucho silencio y una ventana construida con una madera comprada en las Caobas o en las Palmas de Herrera. Este texto es de aquí. Señala alguien hacia un pequeño zafacón que está sobre un charquito de agua y nos paramos uno por uno frente a frente al zafacón y escondemos ahí la basura. Sencillitos, tranquilitos, normalitos, despacito. Ahora hay una nueva forma de arte, yo la he inventado, se llama POESÍA.
Poesía por potes
Poesía en los colmadones
Poesía en el Mamaya
Poesía en la Duarte con París
Metapoesía que se vuelve un acto: performance
Poesía donde puedes ir a comprar con ella al colmado
Poesía robada del apocalipsis
Poesía recitada por los huele cemento y los muchachos que suben la
Churchill a montar esqueivol
Poesía
Poesía
Poesía en los tratados evangélicos
Poesía por un tubo, rolos, preservativos y siete llaves que tratan de responder la
pregunta de la posmodernidad: ¿qué haces con tu poesía?
¿La performeas?
¿Te la comes?
¿La guardas en una cartera?
¿Es tan buena que no la compartes?
Y la posmodernidad responde desde la estatua de Montecinos y suben todos los
hombres que se bañaban en Güibia por la Máximo Gómez, con deseo de quemar la
estación del metro Casandra Damirón. Me quedo muy cerca del Hotel Lina y no me
muevo de ahí.
 
Sin datos a que libro pertenece
 
***


ánima sola. Apuntes para una epistemología travesti del sentir_estando.                                                                                  (Fragmentos)

I
 
Medellín me tiene respirando en su abrazo. En cada día que he estado aquí me he sentido cómoda. He tomado el tiempo para mirar a las personas a los ojos y recordar mis otras migraciones. La gente también me mira a los ojos, me sonríe y me preguntan de dónde soy. En ocasiones digo simulando un acento portuñol que soy brasileña. Niego a Santo Domingo porque me adeuda. He recibido cariño, compartido “mi cama” y los espacios donde he estado con maricas increíbles. Hemos caminado ebrias por el barrio quejándonos de las plataformas y los tacones, hemos bailado guaracha electrónica durante horas. Hay palmeras, plátanos verdes que compro para comerme con huevos fritos como si estuviera en Villa Mella. Estoy haciendo dos mapas mentales, el primero consiste en ir a lugares y probar la bandeja paisa comparándola con la primera que comí en un restaurante en otro viaje (Cuando pones arroz, plátano maduro, carne molida, habichuelas rojas y chicharrón en un mismo plato estás levantando un altar) ... el otro mapa es político y ahí intento encontrarme con la ciudad desde los puntos donde se ejerce el trabajo sexual. Mi hipótesis hasta el momento es que las prostitutas más hermosas son colombianas. Hay muchas muchachas con el pelo rojo como Karol G, pero Yailin es mi norte. Sobre mi piel me pongo otra como las culebras y me replanteo nuevas formas de amar por el abrazo y el beso negado de quien creí me amaba. Pero me dijo una amiga “las travestis las penas que más rápido superamos son las de amor”. Y es que ser travesti es una genealogía, una experiencia para hacer el mundo estallar poniéndonos pestañas postizas o escribiendo. Les recuerdo algo: El mestizaje es un proyecto de la blanquitud.
 
II
 
Si ahora mismo me preguntaran qué soy respondería que un arrecife. Explicaría que una especie de bosquecillo que se desarrolla encima de una roca debajo del mar pero con algunos cambios. Un bosquecito travesti que vive cambiando, donde el mar es el agua que se evapora con la luz de la bombilla rectangular que está en el techo y la roca la cama desde donde estoy escribiendo y pensando en que uno de los grandes problemas epistemológicos que me acompañan tienen que ver con el espacio, con el dónde estoy, con el cuerpo. Sobre esta cama mi semen y el ajeno debilita la idea de hombre que se le asigna a lo masculino y al pene. En esos fluidos ocurren procesos bióticos donde domina mi belleza. No soy una sirena aunque tengo amigas que lo son. Soy la más hermosa de este mar inventado. Decido mi rol y la transacción son los choques bidimensionales entre la ciudad donde nací y este mar herido. Le pregunto a una amiga cómo comportarme, me dice “Dale trato de pareja” y “No olvides la lencería”. Lavo las tangas de animal print que traje imaginando algunas de corales y algas. Pienso en ganar porque me siento frágil y pequeña. Estoy en la superficie y el agua salada refleja el Caribe que soy. El sexo con otro caribeño parece emanciparme de la forma humana por momentos mientras siento y gozo, mientras mi ano se dilata. Mientras me muevo como un helicóptero. Digo que soy un estudiante de medicina, y como en Medellín, vuelvo a mentir diciendo que soy brasileña y que soy mala. En cuatro me ponen y pido más números. Con el 69 no me canso. Me pongo un precio y el perfume de Anaisa Pyé para sentirme blindada. Este mar es una circunstancia porque ando buscando el amor: ganando he perdido. Esto es una forma de erosión donde las olas (para no decir embestidas hacia las paredes del cuarto) van planeando afloramientos rocosos donde espero que él ya no me deje en visto en el chat. Mientras eso pasa y aunque quizás es simplemente porque pagué a la familia colombiana que me permite imaginar este mar me hacen sentir un pez de ellos. Les regalo mi sonrisa en forma de agradecimiento y me mantengo escueta buscando la epistemología travesti del sentir-estando.
 
III
 
Los tigueres que se burlaron de mi amaneramiento, en el barrio, diez años después cojean. Van al colmado con muletas. La policía dominicana les disparó en una pierna o en las dos. Se cayeron del segundo piso cuando fueron a comprar perico. Los tigueres se caen de sus motos. En la Av. Hermanas Mirabal chocan con las jeepetas y a las doce en punto caen en las calles de fuego Caribe. "Se cayó El Menor", escucho. El tigueraje es una cultura que se ubica en una delgada línea entre el palomaje y el heterocolonialismo. Los tigueres aprendieron del amo quinientos años y pico después a quererse robar todo. Los tigueres son muy fuertes. Cojean para ir a votar porque la macropolítica se determina en los puntos, en los guebos morenos de los candidatos. Me dijeron que los tigueres no se equivocan. Yo soy un error andante y no creo eso. Los tigueres que se burlaron de mi amaneramiento me asaltan, me vocean; quieren eyacularme en la cara, cojean. No me agregan a WhatsApp pero nos miramos cuando camino hacia el Metro. Me detienen con la mirada y me dicen "maricón" "maldito pájaro del diablo" con sus pupilas. Me comunican que quieren penetrarme en el colmado donde cojos piden y beben. "Bebe leche", dice la canción. Cuando llegan las elecciones no puedo identificar, claramente, quién devino la víctima. No puedo identificar a quién le duele más el cuerpo, pero sí señalar quién históricamente no ha parado de vencer. Los bugarrones escenifican la homofobia nacional cuando te están dando durísimo, amiga. Cuando te dicen que quieren romperte el culo. Es mentira, el amor no duele. Desde Santo Domingo el tigueraje deja de ser totalmente poético. "¿Y cómo se gobierna con esto?", nos preguntan. El tíguere más tíguere es el que, al menos, llega a ser candidato. Mis amigas y yo, las parias de la diferencia sexual, somos una profunda actualización de la política.
 
IV
 
Los imaginarios amorosos y sexo-afectivos del régimen heterociscolonial se sustentan en el sufrimiento, la sensación y cúmulo de abandonos a personas no-blancas. Proyecto una comunización poética que descontinúe el proyecto romántico del amor ¿Cómo? que nos amemos entre nosotras. Dicen "responsabilidad afectiva", "poliamor", "sexo inter-racial" y yo digo racismo. Los activismos gays del norte global (blancos, sanos, deseados, masculinos, viriles y con ganas de vivir) dicen para lograr políticas de asimilación de la diferencia "una persona puede amar a alguien de su mismo sexo" yo digo economía neoliberal del sentir homonormativo.
 
V
 
Los altares son átomos que sostienen una crítica radical a la idea de materia. Primero porque pueden descomponerse en su estructura y segundo porque son capaces de expandirse subvirtiendo los espacios, el tiempo y el lenguaje. El altar de la 21 división es un archivo vivo sobre la memoria y el futuro de las personas negras y afrodescendientes en este planeta. Opera como un argumento poético y mágico que redefine la naturaleza, el cuerpo, el amor, el poder y la colonialidad. Es una materia viva en movimiento que se mueve con las energías de quienes creen en él. En esta fotografía la sonrisa es la descripción de la alegría y la sabiduría del altar que dejé en mi casa en Villa Mella. Otra conexión mediante el chicharrón, y los recuerdos de las frituras del barrio donde nací y crecí. El sabor era distinto pero era la misma emoción ( más seca y carnosa) y el mismo sacrificio especista. El nombre de Chompiras, Doña Casilda, Pedrito y todas las personas amigas de mami con puestos de frituras. Esta sonrisa es Santa Marta La Dominadora, Metresili, Erzulie y Anaisa en cada una de sus vueltas llevándome a la felicidad en sus brazos: me sostengo en su misericordia, las hábito y enseño sobre su potencia. El altar me sostiene donde quiera que voy y sobre una mecedora amarilla, en un patio hermoso, escucho las serpientes colombianas diciéndome sobre sus colores y respiración. Mientras más colorida más venenosa, mientras más venenosa más bonita. Cuando hablo del trance momentáneo salen las anécdotas. En internet dice que “La fauna de serpientes de Colombia excede las 270 especies de ellas 30 son elápidos (corales) y 19 vipéridos (cascabel talla equis). En Colombia las serpientes están distribuidas en casi todo el territorio, excepto en las aguas del Caribe y en las tierras altas (por encima de los 3500 metros)”... No he visto una, pero he sentido varias tomando vino, comiendo ceviche de mango y probando salsas. Damballah Wédo también me sostiene mientras invento, sin peluca, pestañas, maquillaje o tacones, la epistemología travesti del sentir_estando.
 
(ánima sola. Apuntes para una epistemología travesti



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