
Declaración
de mi imperio, primer tiempo
Hijo
del sol.
Capitán
cabeza de esta ciudad atrincherada en el ruido,
Dueño
de un imperio de mármol, levantado por hormigas inquíetas.
Una
santa que es la dominadora,
Trujillo
vivo en el Palacio en pleno siglo XXI
Robaron
mi isla hasta sumirla en la mediocridad.
Secretamente
misteriosa, mística.
Esperanzado
yo, en las siete potencias africanas,
De
siete colores diferentes,
Con
olor a tabaco y mentol
Esto
soy yo.
Orgulloso
de un sabor ancestral,
Donde
lo que se enseña es a hablar con muertos de tres cabezas, sin
dedos
en los pies.
Bonyé,
resucitado y limpiando mi habitación a las dos de la mañana,
con
un vestido hecho de vuelos lumínicos o sino dorados como el sol
del
caribe
Y es
que ahora,
La
gente no camina, vuela
Salta
paredes de AIRE,
Ahora
no vuelan,
La
gente camina las calles de la Zona Colonial a plena tarde,
Con
globos en las manos.
Mascaras
de dibujos animados, que lloran la muerte de María.
Callan.
Vuelan
de nuevo,
Se
nubla el cielo, como señal de hacer notar su presencia
Ya
no están en la Zona, sino en Los Mina
En
casuchas de cartón marrón, besando el río
La
gente no duerme, esperando el otro día
Un
enorme cementerio es una sala de espera,
Grande.
Grandísima.
Sueño
A
veces sueño que la torre del Malecón Center toma vida, y se
transforma
en un animal enorme que come cabezas frente al mar.
Siento
miedo.
Y
que el mar no es de agua salada, sino de fuego.
Y
todo vuelve a la normalidad cuando llega a Gazcue,
Iniciando
todo nuevamente en la Ovando con Gómez, entre chóferes
borrachos,
travestis y tecatos, compartiendo la luz de la luna.
A
veces sueño que sueño y luego despierto,
Y
lloro.
¿Por
qué?
¿Para
qué?
Lloro
palabras y lágrimas de letras,
Mi
pañuelo son notas errantes por mi casa,
Trato
de abrasar la vida
Y le
escribo a un mundo que nunca me ha escrito a mí.
Pero
no espero que se motiven a escribirme los jevitos que van a
Acrópolis
Center,
Ahí
no hay nada de verdad
Todo
es mentira tras mentira
Al
menos que quiera pertenecer al circo, de vivir sumido en la falsedad.
Ellos
escriben,
Mi
buzón esta lleno de esa basura,
Palabras
sin sentidos ni sentimientos
No
tienen causa.
(Metaficción, 2011)
***
Me
declaro ser la isla
“El
agua de este archipiélago de papel pesa y a veces pesa muchísimo”.
Ya
está claro: morir en una yola no es la solución. El allá, el aquí, el mundo, la
maleta de sueños con perico ripiao’ incluido, los boletos para subirse en un
tren imaginario y mirar-morir por la ventana. La isla se sigue hundiendo en
medio de las olas que vienen por todos lados; —usted se salva si trae
oro escondido en la cartera, usted se salva solo si habla inglés y paga con
dólares en este Nueva York chiquito, usted se salva si tiene las rodillas
blanquitas, usted se salva si quiere salvarse y por eso lee la biblia, usted se
salva, usted está salvo en este espejo de país de la mierda, en este caribe que
se ahoga en las palmeras y los motoconchos ¿y qué?— en el Norte:
corren, en el Sur: la tierra arde, en el Este: los hoyos de las calles son
cráteres y en el Oeste: no se escuchan voces. Seguimos siendo isla, isla donde
ser artista es ser el diablo, un dato geográfico en algún lugar, demografía
atestada de palmeras y de costas. Una llama de tres colores con un escudo
católico en el centro. Horas santas, comida, todo lo que se pueda esconder en
el bote que estamos armando para irnos. Ganamos un torneo donde el premio era
una pelota de medias y un diccionario con tres palabras que no estaban
incluidas en el diccionario anterior. Antenas y todo lo que te puedas imaginar
en un techo, todo eso haciendo juego con un sol que parece volverse otra cosa.
Flores que salen de la tierra y se pierden en los brazos de los espantapájaros
formando un universo personal donde la música de fondo es un gagá, donde los
morenos que han quedado vivos van bailando al ritmo del un-do-tré con sus
brazos hinchados de tanto darle al son del pico a la calle y el sudor en la
frente. Bajando, subiendo, dividiendo el pedazo de tierra en dos. ¿No caben
dos? Sí. Da pa’ lo do’, para tres, para todo el que quiera morirse (pero no
ahora), porque al final de la historia saldremos volando en un cometa y
justamente en este tiempo es donde vemos ángeles y señoras rezando y señores
que se van despertando los domingos. Arroz con pollo, arroz con habichuelas,
arroz con huevo, todo en una misma habitación, al ritmo del un-do-tré
mariposita linda e’. Yo particularmente, que he visto aviones aterrizando y
edificios muy largos puedo dar fe que el Estadio Quisqueya un día cogerá
candela por aquello de Duarte, Sánchez y Mella. Mamá Tingó dejó su corazón en
la tierra y su sangre dio fruto a esta generación con el caribe entre ceja y
ceja, a esta generación que se ha puesto la isla de sombrero y de escudo ante
la guerra, a esta generación que inició al mismo tiempo que el cosmos nombraba
a todos bajo el signo de Aries, sin importar que era diciembre u otro mes fuera
del círculo y no importa, porque lo que estamos haciendo es gritándole a todos
estos hijos de la gran puta que nos escupen hacia un mundo de otredades, que al
caribe lo estamos reflexionando, limpiando, coordinando, transformando,
viviendo, sintiendo, gozando, pensando, bailando, sufriendo, llorando, bañando
el amor por esta media isla perdida, esta media isla con una energía que nos
harta al grado de querer salir de ella, pero cuando estamos allá ese mismo son
nos hala como si fuera el imán de una metrópolis salida de la selva con un
martillo en la mano y con un cuchillo en la boca se transforma todo en nada, en
olor, en sabor, en cadencia, en humo y comenzamos a flotar, porque ya no hay
fuerza para caminar, incluso algunos han perdido las piernas y otros han ganado
más piernas: tienen de dos y de tres organizadas como filas. Dime ¿cómo hemos
podido (sobre) vivir aquí? Si no es declarándonos ser la isla y haciendo trucos
de magia con el agua de coco, para mover montañas y guardar toda la caña en una
caja o en un tubo donde ya nadie la vea, donde ya nadie nos haga esclavos,
donde ya nadie nos venga a cambiar-comprar por oro.
Pordioseros
del Caribe
Lo
que pasó fue que ya había una isla. Yo construí una isla. Todo el que se fue
también construyó la suya y ahí se armó el lío de islas. Todo el que tenía
deseos de recordar o inventar lo que era, no midió el problema que estaba
armando. Ahora andamos por el mundo con tantas islas que nos caemos en la de
origen y se va a hundir. La mía estaba escondida en un montón de luces, después
estaba sola y se fue en su nube. Entonces, comenzó la tarea: ser la
insularidad. Perderse en el tercer mundo entre un mar y un océano, que
no es tarea fácil, perderse entre ser un espejo o ser una avenida más, un
transeúnte más, un ciudadano más, un enfermo más. Ser todo al mismo tiempo, que
tampoco es tarea fácil. A veces es bueno estar solo y reflexionar el
subdesarrollo que se esconde entre todos estos elevados y apartamentos de lujo
entre avenidas con nombres de héroes en inglés, minimizando, minimizando todo,
como si fuéramos todavía los seres sub-humanos ante la nobleza. Si ves una
sonrisa, no te la creas, porque es una farsa. La alegría no es lo mismo que la
felicidad. ¿Qué estás haciendo ahora? ¿A qué le temes? Deberíamos estar
pensando en otra cosa que no sean ofertas de resorts todo incluido o ventas de
pasillo donde lo que domina es el dos por uno: compras algo y te llevas otro
algo por el módico precio de nada. La insularidad es una condición geográfica;
el insularismo es una ideología y una yola es un medio de transporte donde
terminamos, casi siempre, muriendo.
Una
de las Postales mentía.
Soy
la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo, la loca, la travesti del barrio,
la que anda por el mundo escribiendo poemas en los preservativos de los amantes
que no quieren enfermar de SIDA. La de los rituales, la incomprendida ninfómana
que prende velas a los santos.
La
ninfa, la hipersexual, la del tigueraje.
La
que nació macho y el destino se encargó de volver cuasi-hembra.
Un monstruo que
menstrua.
Entonces,
comienzo el ritual:
Lo
primero que hago es leer el poema diez veces, desnuda, frente a un espejo que
moví del baño para pegarlo a una de las paredes de la ante-sala.
Desnuda,
porque quería darme cuenta de que eso seguía ahí, de que no me lo había
mochado, para ver al mismo tiempo como se me corría el maquillaje con las
lágrimas que tenían su origen en entregar la corona de Miss Boca Chica mil
novecientos noventa y cuatro, y ver-sentir dos medias deportivas dobladas
simulando ser mis tetas.
V.M,
o sea, Villa Mella City se me estaba poniendo chiquito. Chiquitico.
Chiquitísimo. Tan chiquito que se estaba desapareciendo, cayendo, mutando a
otra cosa. Era otro barrio más. Por eso me iba a otros lugares donde los
espejos de los moteles tuviesen más espejos que me multiplicaran cuando me
pusiera en cuatro y después aguantar lo que venía, que al final tó e’ ná. Ná e’
ná. Tó e’ ná cuando se tiene un culo de esponjas y una silla plástica en espera
de ti, en una barra, para sentarte a beber escuchando a Zacarías Ferreira y a
las amigas-amigos-maricones invitando a jugar Bingo.
Sí,
señores, tó e’ ná, cuando se vive en esta hipocresía. En esta mentira
travestida de
verdad.
Tó
e’ ná
Ná
e’ tó
Tó
e’ coro
Tó
e’ coro
Tó
e’ tó cuando hay que ir con cuidado para que no venga Juan y te pague con un
tiro.
No
es fácil estar aquí. No es fácil darlo todo por ser, cuando no se es lo que se
quiere que es. Cuando no se es lo que es que quiere que es. No es fácil ser un
mujerón, una rubia de dos pulgadas, no es fácil ser la Marilyn Monroe de una
ciudad que realmente es un lobo con hambre y miserias. Santo Domingo is
burning. Está cogiendo fuego por las cuatro esquinas, mientras me estoy
cogiendo con otro macho. Pero no se preocupen.
Yo
estoy resolviendo el problema. He comenzado a salir con poetas, chiriperos,
guachimanes, modelos, ingenieros, artistas plásticos, levantadores de pesas,
abogados, rubios, funcionarios, toleteros, se lo mamo a los parqueadores de
carros y ellos también me lo han mamado a mí, ahí mismo, en la acera y termino
en el último banco de la iglesia: llorando. Orando. Hablando con mi reina
hermosa Santa Marta desde esta boca ataviada con un pintalabios dorado
encendido de los que usaban Las Chicas del Can.
Estoy
estudiando inglés. Me llamaron. Están adelantando el proceso de visado.
Comienzo a venderlo todo. Gasto todo el dinero. Me quedo en la calle. Ya hablo
un poco. No necesito aprender demasiado, porque no tengo que abrir la boca
muchas veces, pretendo tenerla ocupada. Eso sí, no he dejado de escribir poemas
encuera. Soy una megapoeta. Me gusta escribir poemas.
Me
llamaron de nuevo: ME NEGARON LA VISA. Yo fui fichada dos veces. Yo estoy
acusada de intentar secuestrar a Anthony Ríos. Yo estuve presa en un
destacamento de Villas Agrícolas, porque me encontraron varias hojas de yerba.
Y
fui engañada. Me habían prometido no ficharme si tiraba un polvo con el
comandante. Me engañaron después de ponerlo a coger su gustazo. ¿Ahora
entiendes que no miento cuando digo que esto es una mierda?
La
vida es una mierda
Mi
barrio es una mierda
Mi
historial delictivo
La
peluca
Las
hormonas que me inyecto en las piernas
son
una mierda
El
mundo es una mierda.
Estoy
en Nueva York. Pude irme con un pasaporte falsificado, macheteado, alterado,
truqueado, dominicanamente he estafado las autoridades migratorias para poder
estar con mis seguidores. Con los que aman mis poemas, con los que me leen.
La
quinta avenida is my home.
La
quinta avenida es la pasarela donde modelo las tetas y las nalgas que me han
pagado decimeros, poetas y raperos que conocí en el Nuyorican Café.
La
casa más grande de Los Alcarrizos es la de mi mamá.
Soy
aclamada, deseada, venerada. Salgo en la prensa, salgo al escenario con ropa
nueva, siempre. Me idolatran, glorifican mis poemas, me publican libros.
Conocí
a un moreno y me chivatió.
Me
apresaron y me deportaron.
Soy
la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo
Soy
la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo
Soy
la auténtica Marilyn Monroe de Santo Domingo
Y
entonces Frank, ¿qué se va a hacer?
Aleluya
al rey
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó.
Así
cantará mi ejército cuando camine hacia la construcción de mi imperio de
mármol. Cuando caminen hacia la victoria. Y yo, el niño de oro, sea venerado
con los aleluyas más altos. Se reunirán detrás de los basureros, detrás de
cualquier otra cosa para prestar ayuda en el levantamiento de lo que yo había
profetizado.
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
Arpas, arcas, velas, jericó
A lo unísono.
Todo el mundo a una misma voz, caminando hacia la victoria, hacia la savia, a
la eterna juventud.
A lo unísono.
Todo el mundo bajo mi poder, caminando hacia al sol, hacia el caribe, a la
eterna juventud.
Arpas, arcas, velas, jericó
Felices
Arpas, arcas, velas, jericó
Cómodos
Arpas, arcas, velas, jericó
A gusto
Arpas, arcas, velas, jericó
Contentos.
Me paro frente a ellos:
Me ven. Se mueren. Saltan. Corren. Helicópteros. Arpas.
Levanto una mano:
Saludo. Sonríen. Lloran. Vuelan. Alucinan. Me ven. Arcas.
Aleluya.
Gloria. Velas. Jericó.
Lo
que yo había profetizado: el gobierno de los singafiao, el imperio de las ratas
y las cucarachas, el gobierno de los monos, la dictadura del mojo.
Y
cada uno en una isla muy bonita.
(Pordioseros
del Caribe,
Editorial
Desbordes,
Santiago
de Chile,
2014)
***
Poesía
para la posmodernidad
Ahora
hasta los imanes están buscando beneficios, ser metales, vidrio. Todo ahora es
llamar por telepatía a los otros y las otras no contestan, porque esta forma de
comunicación no es fácil. Nadie se toma cinco minutos antes de tomar el café,
la escritura ahora es automática, lo que salga, lo que coja mi bon, mi papel
carbón, mi jeepeta 4*4, mi mamá. Lo que sí es fácil es decir que el dolor de
los otros también es suyo cuando se vive en un país desde los periódicos y las
notas de prensa, mientras los de arriba miran cuando los de abajo se mueren, se
desproporcionan, se vuelven trigo. Tratar de salvarse es una utopía, un sueño
que no deja de ser un sueño. Te levantas, porque debes correr, limpiar los
cuadros, hacerte una foto 2*2 y ponerla en un Curriculum vitae que diga tu
nombre y eso mismo te sella de tal forma que deberás ir al tribunal de justicia
para cambiarlo o decirle cuando tienes cinco años a tus compañeros de escuela
que te pongan un apodo y pases de ser Juan a Julián, Ju-tufú, Ju-chicomplote,
Ju-ju, pero nunca Juan de nuevo. Entender será una pérdida de tiempo, porque
los relojes ya no tienen pila. Se necesita otra cosa, algo que cambie todo lo
que puede verse desde una ventana, que el malecón de Santo Domingo dejé de ser
el malecón y se vuelva otra cosa que pese menos (no hay otra cosa que pese más
que el agua), otra cosa que ya no permita que vengan a colonizarnos y escondernos
por tanto tiempo en un pote de compota, en un pedazo de caña con un maldito
vaho a grajo: grajo por el sudor, grajo por el calor, grajo por vivir en el
caribe, grajo por no bañarse, grajo por no tener un bigote larguísimo, grajo
por qué se vuelve de noche un pedazo de cartón. Entonces, nos quedamos solos
por asunto de destino y brujería y licor y sábanas blancas y tazas con bebidas
mágicas. Movimiento-catarsis-locura es lo que nos domina cuando caminamos. ¿Te
besarías con un hombre sapo simplemente para que te compre un apartamento en
Naco? Haré lo posible por no caerme cuando me toque ir por un traductor, para
que no se me pelen las rodillas. I do not like abuse y esto es una máquina del
tiempo de colores y limones también de colores por todos lados y nadie quiere
apearse por lo cómodo que vamos viendo aves, cometas, lápices, lámparas, cajas,
cartones, estrellas, animales que se arrastran, espermatozoides buscando un
óvulo para volverse un hombre o una mujer con valores socio-morales dispuesto a
respetar la iglesia y las normas divinas. Llegamos. Comenzamos a socializar con
lo que vemos (hay ciegos que no ven, obvio), comenzamos a bailar mambo, reguettón,
merengue, mangulina, pri-pri, de todo, hasta que nos cansamos y vienen hombres
pequeños con sillas de aluminio y aposentamos nuestras hermosas nalgas en los
respectivos tronos. Baila, baila, baila y no se para de bailar, porque en la
nave hacía lo que nadie hacía: dormir, entonces tiene tanta energía que no le
llegan los deseos que todos tenemos de sentarnos. El sol ya pesa. Hay mucho
silencio y una ventana construida con una madera comprada en las Caobas o en
las Palmas de Herrera. Este texto es de aquí. Señala alguien hacia un pequeño
zafacón que está sobre un charquito de agua y nos paramos uno por uno frente a
frente al zafacón y escondemos ahí la basura. Sencillitos, tranquilitos,
normalitos, despacito. Ahora hay una nueva forma de arte, yo la he inventado,
se llama POESÍA.
Poesía por potes
Poesía en los colmadones
Poesía en el Mamaya
Poesía en la Duarte con París
Metapoesía que se vuelve un acto: performance
Poesía donde puedes ir a comprar con ella al colmado
Poesía robada del apocalipsis
Poesía recitada por los huele cemento y los muchachos que suben laChurchill a montar esqueivol
Poesía
Poesía
Poesía en los tratados evangélicos
Poesía por un tubo, rolos, preservativos y siete llaves que tratan de responder
la
pregunta de la posmodernidad: ¿qué haces con tu poesía?
¿La performeas?
¿Te la comes?
¿La guardas en una cartera?
¿Es tan buena que no la compartes?
Y la
posmodernidad responde desde la estatua de Montecinos y suben todos los
hombres
que se bañaban en Güibia por la Máximo Gómez, con deseo de quemar la
estación
del metro Casandra Damirón. Me quedo muy cerca del Hotel Lina y no me
muevo de
ahí.
Sin datos
a que libro pertenece
***
ánima
sola. Apuntes para una epistemología travesti del sentir_estando. (Fragmentos)
I
Medellín
me tiene respirando en su abrazo. En cada día que he estado aquí me he sentido
cómoda. He tomado el tiempo para mirar a las personas a los ojos y recordar mis
otras migraciones. La gente también me mira a los ojos, me sonríe y me
preguntan de dónde soy. En ocasiones digo simulando un acento portuñol que soy
brasileña. Niego a Santo Domingo porque me adeuda. He recibido cariño,
compartido “mi cama” y los espacios donde he estado con maricas increíbles.
Hemos caminado ebrias por el barrio quejándonos de las plataformas y los
tacones, hemos bailado guaracha electrónica durante horas. Hay palmeras,
plátanos verdes que compro para comerme con huevos fritos como si estuviera en
Villa Mella. Estoy haciendo dos mapas mentales, el primero consiste en ir a lugares
y probar la bandeja paisa comparándola con la primera que comí en un
restaurante en otro viaje (Cuando pones arroz, plátano maduro, carne molida,
habichuelas rojas y chicharrón en un mismo plato estás levantando un altar) ...
el otro mapa es político y ahí intento encontrarme con la ciudad desde los
puntos donde se ejerce el trabajo sexual. Mi hipótesis hasta el momento es que
las prostitutas más hermosas son colombianas. Hay muchas muchachas con el pelo
rojo como Karol G, pero Yailin es mi norte. Sobre mi piel me pongo otra como
las culebras y me replanteo nuevas formas de amar por el abrazo y el beso
negado de quien creí me amaba. Pero me dijo una amiga “las travestis las penas
que más rápido superamos son las de amor”. Y es que ser travesti es una
genealogía, una experiencia para hacer el mundo estallar poniéndonos pestañas
postizas o escribiendo. Les recuerdo algo: El mestizaje es un proyecto de la
blanquitud.
II
Si
ahora mismo me preguntaran qué soy respondería que un arrecife. Explicaría que
una especie de bosquecillo que se desarrolla encima de una roca debajo del mar
pero con algunos cambios. Un bosquecito travesti que vive cambiando, donde el
mar es el agua que se evapora con la luz de la bombilla rectangular que está en
el techo y la roca la cama desde donde estoy escribiendo y pensando en que uno
de los grandes problemas epistemológicos que me acompañan tienen que ver con el
espacio, con el dónde estoy, con el cuerpo. Sobre esta cama mi semen y el ajeno
debilita la idea de hombre que se le asigna a lo masculino y al pene. En esos
fluidos ocurren procesos bióticos donde domina mi belleza. No soy una sirena
aunque tengo amigas que lo son. Soy la más hermosa de este mar inventado.
Decido mi rol y la transacción son los choques bidimensionales entre la ciudad
donde nací y este mar herido. Le pregunto a una amiga cómo comportarme, me dice
“Dale trato de pareja” y “No olvides la lencería”. Lavo las tangas de animal
print que traje imaginando algunas de corales y algas. Pienso en ganar porque
me siento frágil y pequeña. Estoy en la superficie y el agua salada refleja el
Caribe que soy. El sexo con otro caribeño parece emanciparme de la forma humana
por momentos mientras siento y gozo, mientras mi ano se dilata. Mientras me
muevo como un helicóptero. Digo que soy un estudiante de medicina, y como en
Medellín, vuelvo a mentir diciendo que soy brasileña y que soy mala. En cuatro
me ponen y pido más números. Con el 69 no me canso. Me pongo un precio y el
perfume de Anaisa Pyé para sentirme blindada. Este mar es una circunstancia
porque ando buscando el amor: ganando he perdido. Esto es una forma de erosión
donde las olas (para no decir embestidas hacia las paredes del cuarto) van
planeando afloramientos rocosos donde espero que él ya no me deje en visto en
el chat. Mientras eso pasa y aunque quizás es simplemente porque pagué a la
familia colombiana que me permite imaginar este mar me hacen sentir un pez de
ellos. Les regalo mi sonrisa en forma de agradecimiento y me mantengo escueta
buscando la epistemología travesti del sentir-estando.
III
Los
tigueres que se burlaron de mi amaneramiento, en el barrio, diez años después
cojean. Van al colmado con muletas. La policía dominicana les disparó en una
pierna o en las dos. Se cayeron del segundo piso cuando fueron a comprar
perico. Los tigueres se caen de sus motos. En la Av. Hermanas Mirabal chocan
con las jeepetas y a las doce en punto caen en las calles de fuego Caribe.
"Se cayó El Menor", escucho. El tigueraje es una cultura que se ubica
en una delgada línea entre el palomaje y el heterocolonialismo. Los tigueres
aprendieron del amo quinientos años y pico después a quererse robar todo. Los
tigueres son muy fuertes. Cojean para ir a votar porque la macropolítica se
determina en los puntos, en los guebos morenos de los candidatos. Me dijeron
que los tigueres no se equivocan. Yo soy un error andante y no creo eso. Los
tigueres que se burlaron de mi amaneramiento me asaltan, me vocean; quieren
eyacularme en la cara, cojean. No me agregan a WhatsApp pero nos miramos cuando
camino hacia el Metro. Me detienen con la mirada y me dicen "maricón"
"maldito pájaro del diablo" con sus pupilas. Me comunican que quieren
penetrarme en el colmado donde cojos piden y beben. "Bebe leche",
dice la canción. Cuando llegan las elecciones no puedo identificar, claramente,
quién devino la víctima. No puedo identificar a quién le duele más el cuerpo,
pero sí señalar quién históricamente no ha parado de vencer. Los bugarrones
escenifican la homofobia nacional cuando te están dando durísimo, amiga. Cuando
te dicen que quieren romperte el culo. Es mentira, el amor no duele. Desde
Santo Domingo el tigueraje deja de ser totalmente poético. "¿Y cómo se
gobierna con esto?", nos preguntan. El tíguere más tíguere es el que, al
menos, llega a ser candidato. Mis amigas y yo, las parias de la diferencia
sexual, somos una profunda actualización de la política.
IV
Los
imaginarios amorosos y sexo-afectivos del régimen heterociscolonial se
sustentan en el sufrimiento, la sensación y cúmulo de abandonos a personas
no-blancas. Proyecto una comunización poética que descontinúe el proyecto
romántico del amor ¿Cómo? que nos amemos entre nosotras. Dicen
"responsabilidad afectiva", "poliamor", "sexo
inter-racial" y yo digo racismo. Los activismos gays del norte global
(blancos, sanos, deseados, masculinos, viriles y con ganas de vivir) dicen para
lograr políticas de asimilación de la diferencia "una persona puede amar a
alguien de su mismo sexo" yo digo economía neoliberal del sentir
homonormativo.
V
Los
altares son átomos que sostienen una crítica radical a la idea de materia.
Primero porque pueden descomponerse en su estructura y segundo porque son
capaces de expandirse subvirtiendo los espacios, el tiempo y el lenguaje. El
altar de la 21 división es un archivo vivo sobre la memoria y el futuro de las
personas negras y afrodescendientes en este planeta. Opera como un argumento
poético y mágico que redefine la naturaleza, el cuerpo, el amor, el poder y la
colonialidad. Es una materia viva en movimiento que se mueve con las energías
de quienes creen en él. En esta fotografía la sonrisa es la descripción de la
alegría y la sabiduría del altar que dejé en mi casa en Villa Mella. Otra
conexión mediante el chicharrón, y los recuerdos de las frituras del barrio
donde nací y crecí. El sabor era distinto pero era la misma emoción ( más seca
y carnosa) y el mismo sacrificio especista. El nombre de Chompiras, Doña
Casilda, Pedrito y todas las personas amigas de mami con puestos de frituras.
Esta sonrisa es Santa Marta La Dominadora, Metresili, Erzulie y Anaisa en cada
una de sus vueltas llevándome a la felicidad en sus brazos: me sostengo en su
misericordia, las hábito y enseño sobre su potencia. El altar me sostiene donde
quiera que voy y sobre una mecedora amarilla, en un patio hermoso, escucho las
serpientes colombianas diciéndome sobre sus colores y respiración. Mientras más
colorida más venenosa, mientras más venenosa más bonita. Cuando hablo del
trance momentáneo salen las anécdotas. En internet dice que “La fauna de
serpientes de Colombia excede las 270 especies de ellas 30 son elápidos
(corales) y 19 vipéridos (cascabel talla equis). En Colombia las serpientes
están distribuidas en casi todo el territorio, excepto en las aguas del Caribe
y en las tierras altas (por encima de los 3500 metros)”... No he visto una,
pero he sentido varias tomando vino, comiendo ceviche de mango y probando
salsas. Damballah Wédo también me sostiene mientras invento, sin peluca,
pestañas, maquillaje o tacones, la epistemología travesti del sentir_estando.
(ánima
sola. Apuntes para una epistemología travesti
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